¡Hola de nuevo! Aquí traigo la continuación del fic. Se desvelan muchas cosas, pero aún quedan muchas más. Les pido perdón por las faltas que encontrarás, pero se me terminó la beta y aunque continuo esforzándome a mi ritmo para no hacerlas, siempre solía corregirlas. Perdón. Sin más, les dejo el capítulo. Nos vemos abajo. Lean con atención n.n
Fic:
Título: Luz en la oscuridad.
Autora: Chia-chan.
Llevara: Fantasia, Terror, amor, angustia, Drama. (zombis, naves, ect)
Parejas: Hetero. (ya decididas y en su momento)
Avisos 1: Lemon, Au, OOC, (y por ahora creo que no más n.n)
Avisos 2: Siento que se parezca algo a Resident Evil (quien no ha jugado a esos juegosXD), pero aunque no lo parezca, muchas películas de zombis tienen la misma temáticaXD. El caso es que necesitaba algo así y lo usé u.ù. De todas formas, como les dije arriba, no se dejen engañar n.n.
Se actualizará después de: Sangre sexo y tu.
Aviso: Si no tiene buena acogida, se borrara u.ù.
Resumen:
2027. La tierra es un caos reinado por zombis. Solo unos policias trabajan en esta, intentando encontrar las mujeres sobrevivientes antes de que estas terminen de extinguirse. ¿Dónde las llevarán? ¿Realmente el sexo femenino está extinguido? ¿Las usaran como concubinas? ¿Nacerá el amor en medio de la guerra? ¿la humanidad regresará sobre todas las cosas? ¿Qué el experimento 126?
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Capítulo 3:
Tierra uno
El suave balanceo la hizo temblar ligeramente. El mareo que la recibió en el intento de abrir sus ojos la obligó a cerrarlos de nuevo. Había sido demasiado improvisto para todos. El tiempo no había sido suficiente y el temor de despertar para recibir una horrible muerte la obligó a cerrar con fuerza los ojos. Pero su cuerpo no respondía con la misma facilidad. Un fuerte ataque de tos le indicó que se negaba a permanecer más en aquella postura.
Con sus piernas al contrario de lo usual, apoyadas sobre una pared repleta de demasiados mecanismos que no comprendía, su espalda sentía un fuerte dolor y frio proviniendo del suelo. Su cabeza había sido golpeada contra el que ahora le servía como lecho y sus manos intentaron ayudarla a recobrar la forma correcta que tendría el ser humano al caminar.
Arrodillada, intentó ver a su alrededor. Sus ojos intentaron acomodarse a la oscuridad parpadeante de la nave. Las sombras de cuerpos humanos la hicieron recordar lo que horas antes habían tenido que pasar para estar donde se encontraban. Para su suerte, la nave no había sufrido grandes consecuencias y la incertidumbre a la muerte dolorosa quedó borrada por completo de su cerebro demasiado imaginativo.
Pestañeo. Sus sorprendidos ojos miraron al exterior a través de uno de los enormes cristales que mostraba el negruzco exterior, únicamente decorado con trocitos de azúcar conocidos como estrellas. Brillante en la lejanía, quedaban residuos de alguna explosión y el rumbo a la deriva del objeto en el que se encontraban.
-¿Qué...?- Susurró.
Gateó hasta el cristal pegando su nariz sobre la fria solidez. Intentando encontrar el globo azul que le indicaría que todo aquello era una enorme pesadilla. Despertaría sobre su cómoda cama de sábanas azules y su hermana le haría el desayuno mientras ella prepararía los deberes. Pero no. La tierra no se descubría en ningún lugar. Sí, podía ver otro globo parecido a la tierra, pero carecía de mar y solo leves charcos eran azules.
-No...- masculló angustiada.
El ruido sordo de algo caer a su lado la hizo ahogar un grito. Unos ojos dorados la miraron a través de la oscuridad, mareados y algo indecisos del lugar donde estaban. El chasquido del seguro colocado en la pistola hicieron que suspirada aliviada. Había estado a punto de ser asesinada al ser confundida por cualquier otra cosa que prefería no imaginar.
-Echizen era, ¿Verdad?- Preguntó. Él afirmó con un ronco sonido- no veo... la tierra...
-Explotó- respondió con indiferencia el especialista.
Abrió la boca con deseos de protestar, pero su mente comenzaba a disiparse y los recuerdos que había vivido la golpearon con fuerza. De nuevo, su personalidad comenzaba a aflorar y sus mismos ojos comenzaron a mostrar su claro desinterés por lo que sucedía. Ella misma tenía su misión y había Incumplido parte de ella. Debía de haber sido devorada, no salvada por un equipo especial de militares.
Observó a Echizen moverse entre la oscuridad. Como un felino, saltó los cuerpos de sus compañeros y con suma frialdad, empujó a su superior Inui Sadaharu, sentándose sobre el asiento de éste y tanteando los controles. La luz parpadeante quedó finalmente fija y la estancia se alumbró por completo. Echizen retomó sus andanzas por el panel de control.
Había oído hablar sobre él a Fuji Shyusuke. Este había señalado las dotes de Echizen en el manejo militar y, aunque no lo demostrara, con las tácticas mentales. Pero Inui lo sobrepasaba. Para ella, la conclusión era dada por la edad. Pero había algo más perplejo en aquel cerebro. Ryoma Echizen tenía el don de absorber cuanta cosa se posara ante sus ojos. Aunque pareciera desinteresado, con una simple mirada, logró averiguar el tanteo necesario para buscar a su antojo en el panel.
-Nya... duele...
Rodó sus ojos hacia el hombre pelirrojo que había sido enviando con la sacudida contra una especie de nevera, la cual había quedado abierta y todo un brick de leche había caído sobre el cabello rojizo. Cuando la mano del hombre se posicionó sobre el pelo, el grito que dio casi hizo temblar a la misma nave. Pero gracias a esto, logró despertar a algún que otro de los participantes. Sin embargo, Echizen ni se inmutó.
Sintió un leve movimiento bajo el asiento en el que había decidido descansar sus nervios y donde recuperó su capacidad mental al asombro. Miró hacia el lugar, encontrándose sentada señorialmente, sobre unas caderas y, por la ropa, estaba totalmente segura que eran masculinas.
Tosió, levantándose y buscando un lugar seguro. La persona sobre la que se había sentado tenía que ser uno de los más gruñones posibles. Kaidoh Kaoru, quien se frotaba un hombro con dolor. Seguramente, se había golpeado el hombro ante la explosión. La voz de su guardián la hizo volverse.
-Ryuzaki, ¿se encuentra bien?
Sakuno Ryuzaki, la chica amable que la había salvado demasiadas veces de caer en las garras de Inui Sadaharu, había recibido un golpe en su frente. Un leve corte. Se había despertado en el mismo lugar donde Echizen se había despertado. Con una curiosidad innata, se volvió hacia él y sonrió al encontrar aquella herida vendada en su mano. Había impedido que Ryuzaki se golpeara, con su propio cuerpo. No lo había visto, pero las heridas de ambos lo demostraban.
-¡Quítate de encima!
La ruda voz heló a todo los presentes. Desvió su mirada hacia la esquina más difícil de toda la nave. Tezuka, ya despierto, no tardó en gruñir en medio del dolor que acogía a su cabeza y caminar con rápidos pasos hacia el lugar, sujetando del brazo a Tachibana, la cual estaba a punto de sufrir la desesperación de un arisco Takeshi, el cual fue sujetó por Eiji y frenado por la mirada de su capitán.
-Basta- ordenó Tezuka- es suficiente, Momoshiro.
-No la quiero cerca- espetó el moreno- que otro se ocupe de ella. No quiero trabajar con la hija de un asesino.
-¿¡Quién es la hija de un asesino!?- Exclamó Ann Tachibana a la vez, desorientada- ¡Mi padre es un hombre buenísimo!
-Sobretodo buenísimo- se picó Takeshi- ¿¡Quién coño crees que ha creado todo eso!?
El ojos arilados volvió su mano hacia el lugar donde la tierra debería de estar presente, encontrando únicamente un planeta rojizo. No era Marte, entonces, ¿qué era? Incrédulo, se acercó hasta la ventanilla, imitándola cuando anteriormente había hecho tal gesto.
-¿Dónde está la tierra?
-Destruida- respondió señalando el lugar- creo que lo vi antes de caer y golpearme contra la máquina esa.
-¿Estás segura de esto, Kurumi?- Le preguntó Inui Sadaharu.
-Sí- afirmó- estoy segura.
-No miente- corroboró Tezuka- yo también lo vi. La tierra a explotado junto a los zombies.
-¿El rumbo?- Se interesó Fuji.
Echizen chasqueo la lengua, encogiéndose de hombros. El lugar donde debía indicar el lugar donde se encontraban, estaba descentrado. Ni siquiera Inui, tras mirarlo detenidamente, logró arreglarlo.
-Es imposible- se quejó el hombre de gafas rectangulares-. Es como si las coordenadas no existieran.
-¿Qué quiere... decir?- Preguntó con temor Ryuzaki.
-Que las coordenadas que marcan son erróneas. En este lugar no tendrían ni que existir estos planetas que vemos. Lo único cuerdo que puedo decirles, es que nos hemos desviado de la correcta ruta que tendríamos que coger para llegar al 126. En pocas palabras: Estamos perdidos.
La exclamación de asombro no se hizo tardar. Osakada fue la que más se agitó, gritando cada vez más fuerte por recibir explicaciones que nadie podía aclarar. Pero era bastante obvia.
-La fuerte onda de explosión nos debió de echar del rumbo correcto- Opinó Shyusuke pensativo- mal asunto.
Pero pudo ver cierta sonrisa de satisfacción escondida. Lo había observado mucho. Aquel hombre era bastante temible. Su rostro angelical no daba con su demonio interior. Aquellos ojos azules únicamente eran abiertos cuando alguien sufría algún dilema impresionante y ahora, estaba abiertos de par en par. Disfrutaba de su problema como un niño.
Si se ponía a diseccionar a cada uno de los personajes que había dentro de esa nave, bagando a la deriva, no terminaría nunca. No es que los conociera perfectamente, pero, con solo mirar sus comportamientos, ya podía comprender ciertas cosas. Y muchas, interesantes.
Humedeció sus labios mientras todos discutían sobre la situación e intentaban controlar la situación exigente de Tomoka, los problemas entre Momoshiro y Ann Tachiba y, por último, la correcta linea para llegar al 126, el cual, desconocía por completo.
-Encima, no tenemos mucha comida- se quejó Momoshiro en un intento de ignorar a Tachibana- nos moriremos de hambre.
-Es fácil con un glotón como tú- se quejó Kaidoh.
Y ahí llegó el desahogo de Momoshiro. Kaidoh no le había picado porque sí. Se notaba que sería el único de soportar la furia de Takeshi tras haber despertado con Tachibana encima suya. La actuación de dos tanques peleándose llegó y fue ignorada increíblemente bien por sus compañeros. Si querían matarse, que lo hicieran.
-¿Cómo está el oxigeno?- Se interesó Eiji.
-Bastante bien- respondió Inui frotándose la cabeza- es extraño, pero yo llevaba el cinturón puesto. ¿Cómo me habré golpeado?
Echizense encogio de hombros, alejándose y sentándose a un lado lejano, desinteresado físicamente.
-¿Estás bien?
Alzó su rostro hacia la figura masculina que le sonreía amablemente. Afirmó con la cabeza, antes de que uno de sus largos mechones azulados quedaran atrapados por las manos grandes del hombre. Fuji se sentó a su lado, sin liberar el agarre de su cabello, oliendo de forma sensual.
-Llevas mi colonía, ¿Verdad?
-Sí... era para... evitar el olor...- dudó- el olor femenino- sentenció.
Fuji sonrio altanero con un toque interesantemente misterioso. Sus labios se curvaron con una mueca y los ojos azulados se abrieron, para observar su rostro y desbocar su corazón.
-Interesante- indicó- ya me avisarás cuando la uses sin disfrazar olores femeninos.
Observando cada resto de sangre que caía sobre el lavabo frunció el ceño. Se había desahogado con la persona incorrecta, pero la única capaz de plantarle cara. Hasta que Tezuka no los detuvo, viendo la gravedad del asunto, no se detuvieron ni para tomar aire. Escupió nuevamente la sangre que salía de un corte en la mejilla izquierda, interiormente.
La furia que le había despertado apresándolo con gran fuerza entre sus brazos, había estado a punto de hacerle perder a un buen compañero, por no aceptar que su mejor amigo junto a Echizen. Aunque, decir que tenía amigos durante una masa catastrófica de zombies por todos lados, con el peligro de morir en manos de cientos de ellos, era una verdadera tontería.
Deseaba encontrarse en el 126, romperle la cara al cabrón que les estaba fastidiando el regreso a un lugar seguro. Después, se iría a beber y comer lo mejor posible, para por último, dormir hasta el cansancio. Y, en cuanto a la necesidad de una mujer, prefería someterse a una ardida noche con su fiel mano, que con una horrible hija de un asesino. Cualquier cosa antes que Tachibana.
Podría pensar en Ryuzaki, pero, que le maldijeran si era su preferencia. Además, demasiado pequeña y de poca cosa mujer. Seguramente, no soportaría una sola de las noches que a él le gustaba vivir con una mujer. Kurumi... Bueno, tenía que aceptar que tampoco se fiaba de ella y aunque no estaba malamente, tampoco era de su agrado.
La única que se podría decir que le serviría para dar una loca noche, era Osakada, por mucho que quisiera negarlo, aquella joven tenía un buen cuerpo. Lo suficiente como para cubrirle la cara con una bandera y todo por la patria. Por una buena sesión de sexo y pensando que era una de las últimas mujeres, todo valía.
Ahora, con la que se negaba con todas sus fuerzas a rezotar, era con Tachibana. Ni hablar. Su mente había sido cerrada totalmente a cualquier concebimiento de un acercamiento entre ellos. De solo sentirla cerca, las tripas se le revolvían por completo. Pero, verla encima suya cuando despertó. Entre que estaba desorientado y tenía cierta angustia encima, su furia estalló por completo.
Seguramente, si Eiji no le detenía, la hubiera ahogado con sus propias manos.
Por culpa del padre de Tachibana no únicamente había tenido que ver como sus hermanas y padres morían comiéndose unos a otros. Un noviazgo infantil se fue al garete nada más que él colocara un anillo de futuro casamiento a su novia. Esa misma noche todo comenzó.
El requerimiento de su presencia en los establecimientos de Seigaku lo sorprendió de madrugada. Un último beso en la frente y en el anillo, fue lo que dejó antes de verla por última vez. Ni siquiera una fotografía pudo recuperar de ella. Los vecinos, conscientes de lo que estaba sucediendo en la tierra, incendiaron la casa, con ella dentro. Demasiado tarde. La vio arder, gritar e intentar salir de la casa. Sus uñas se rompieron contra los cristales de la casa. Donde noches atrás había hecho el amor como locos.
Y todo por culpa de aquel ser idiota que creo aquella barbarie. Por eso no podía soportarla.
-Esto... perdone... pero...
La tímida voz de Ryuzaki le hizo volverse y abrir el cierre. Con una caja de botiquín, la muchacha pedía permiso para entrar con una tímida mirada. Afirmó con la cabeza y se sentó sobre el retrete. Ryuzaki dejó el botiquín sobre el lavabo y buscó en el interior. El agua oxigenada y las vendas fueron magistralmente colocadas sobre las manos de la chica e instantes después, sus heridas estaban siendo, con escozor, curadas.
-Auch- se quejó cuando el corte de su herida fue acariciado con Topionic- dolió.
-Lo siento...- se disculpó la joven.
-Era broma.
Le mostró la lengua divertido y sonrió cuando ella le miró perpleja. Una adolescente bastante temerosa y a la que le había tocado un rudo como acompañante. Aunque él no estaba mejor.
-Oí- llamó- ¿No prefieres cambiarme por Echizen? Las órdenes continúan hasta que no lleguemos al 126, así que...
-Lo siento- interrumpió la joven negando con la cabeza- pero hacerlo... ocasionaría problemas a todos. No quiero... empeorar la situación. No sé... exactamente por qué usted no puede ver a Tachibana, pero...- hizo una leve reverencia- por favor, compréndame.
-¿Y quién narices me comprende a mí?- Se quejó-. Por culpa del padre de esa maldita mujer perdí demasiadas cosas importantes para mí. Tú deberías de comprenderlo. Perdiste a tus padres.
-Echizen... los tuvo que matar- recordó con angustia Ryuzaki- le comprendo...
-No del todo- corrigió- No fuiste tú quien los mató. Cierto que yo no maté a mi prometida. Pero, sí que lo hice con el resto de mis familiares. Mi padre... Mi madre... mis hermanas pequeñas... Todos.
-Lo siento muchísimo, lo siento, lo siento, lo sien...
-Vale, vale, Ryuzaki- retuvo al tiempo que la miraba incrédulo-. Ya pasó.
Incrédulo, vislumbro la situación. De la nada, era él quien tenía que consolarla cuando el drama estaba siendo suyo. Suspiró, dejando que le cubriera la última herida.
-No sé qué clase de personas serás ni como has vivido- dijo sonriéndole- pero sí te diré algo, Ryuzaki: Eres la clase de persona que da gusto contarle cualquier cosa.
Ryuzaki sonrió asombrada, enrojeciendo ante aquel cumplido. Seguramente, no debería de estar tan cómoda como deseaba aparentar y que él le dijera tales cosas, podrían ser mal interpretadas por una adolescente que todavía tiene mucha vida por vivir. Y él a los veintiséis, se estaba comportando como un crío que no sabe perdonar. Pero era demasiado orgulloso como para ceder tan pronto.
Un vaivén en la nave le hizo sujetarla del talle, estirando de ella hasta el exterior del servicio y adentrándose en la cabina del piloto. Momentos antes había explorado el lugar mientras se peleaba y rompiendo una de las puertas, habían descubierto que la nave no se detenía en tan solo una estancia.
Con Ryuzaki bien cogida en su brazo, caminó hasta donde su capitán intentaba sujetarse a los respaldos de los asientos. Empujó a la castaña contra Echizen, el cual se encontraba perfectamente sujeto con los cinturones de seguridad. Con gran maestría, la apresó entre sus brazos, sentándola en el asiento contiguo y adecuando el cinturón a la joven y al perro. ¿Es que no pensaba dejar a ese animal ni muerta? Esperaba que no se hubiera contagiado, porque si no, en vez de un Yorksai, terminaría siendo una coladora canina de las muchas balas que recibiría.
-¿Qué sucede?- Preguntó acomodándose al lado de su superior- ¿Otra explosión?
-Peor- anunció Eiji con seriedad- la máquina ésta está siendo absorbida por una fuerza
gravitatoria.
-¿De dónde?- Exclamó asombrado.
-De ese planeta- señaló Inui.
Ante ellos, un enorme planeta parecía engullirlos cada vez. La cercanía era consciente para todos y la familiaridad era enorme. Se frotó los ojos incrédulo y desvió la mirada hacia la de los demás encontrándose con el mismo desconcierto en los rostros contrarios. Tezuka tragó saliva, mirando con un ceño fruncido el planeta.
-La tierra- murmuró.
-Imposible- negó Kurumi- yo misma vi como era destruida. ¡Usted también lo vio!
Kunimitsu afirmó y él meneo la cabeza. No lo había visto. Estaba de espaldas al planeta cuando la onda de expansión los golpeo. Se dio un fuerte golpe y perdió cualquier consciencia posible.
-¿No podemos cambiar de rumbo?- Preguntó nuevamente.
-Si se pudiera ya lo hubiéramos hecho- la voz quejosa de Kaidoh le golpeo nuevamente.
-Pero, ¿podremos salir de ahí?
-No lo creo- negó inui-. Es posible que la nave no soporte la gravedad tras la fuerte onda que recibió por parte de la tierra. Ya hemos tenido demasiada suerte al sobrevivir a esa explosión.
-¿Es... desconocido?- Preguntó Ryuzaki.
-Totalmente- respondió Tezuka gruñiendo.
-Eso significa- continuo Inui subiendo sus gafas- que, si ese planeta no tiene aire... en dieciocho horas estaremos muertos. Si existiera aire, tenemos una mera oportunidad de buscar algo, remota también, para poder arreglar los motores de arranque y, salir de ahí. Arreglaremos la brújula, para que entiendas este aparato- señaló el medidor de distancias- y buscaremos la ubicación de el 126.
-¿El 126?- Preguntó una Tomoka más calmada- ¿Qué demonios es el 126? Solo lo nombrais y nombrais, pero no responden nada.
El silencio reinó por completo. A estas alturas sería una ridiculez mentir, pero si no respondías, ni mentías ni aclarabas. Tezuka debía de ser quien respondiera a esa pregunta y si no decía ni una sola palabra, nadie lo haría. Era algo más que un jefe que los guiaba. Y la mutualidad de seguirle era clara entre todos. Algo más que un simple equipo era lo que ellos tenían y había que comprenderles profundamente para encontrar esa visión.
Osakada dejó escapar un gruñido rabioso al no recibir respuesta y de nuevo, las miradas fueron centradas en la causa de sus temores. Aquel planeta podría ser la tumba de once personas y ninguno podría decir que era una alegría. Sí, podría ser excitante si lo veía de cierto modo, pero una tumba, era una tumba. Y la peores de las muertes les acogería con los brazos ansiosos si no había aire con el que sobrevivir.
Inui cedió su puesto a Tezuka, indicándole que le siguiera. Con paso irregular por los vaivenes de las turbulencias, llegaron ante una gran puerta, rota por comportamientos. Únicamente ocho. Maldijo entre dientes a los creadores de una nave tan inservible. Sadaharu revisó los cargadores de oxigeno y sonrió con ilusión cuando estos marcaban su máximo apogeo.
-Solo dos de nosotros bajarán a inspeccionar el lugar- comenzó a explicar en voz alta- El resto de los trajes serán guardados para rellenar el medidor de oxigeno de la nave. Un último será dejado para una emergencia y, también, como última ráfaga de aire.
Una afirmación general llegó. Creía que el pánico caería nuevamente sobre la más adinerada de todos ellos, pero, o Osakada había comprendido que Kaidoh podía ser mejor compañía mientras controlara su pánico, o se había hecho a la idea de que de todas formas moriría.
-Yo descenderé- continuo Inui- ¿quién me acompañará?
Las mirada recayeron sobre la figura mandamás. Tezuka los observó con detenimiento y se encogió de hombros.
-Yo.
-No- negó Inui sorprendiendo a la mitad- Es mejor que te quedes, como mando que eres. Preferiría que fuera Fuji quien me acompañara.
-Yo podría hacerlo.
La voz de Tachibana le hizo sentir arcadas y ganas locas de reír. Los azulados ojos parecían enérgicos a su decisión y el pequeño cuerpo imposible de entrar en uno de aquellos grandiosos trajes.
-Tengo ciertos conocimientos- explicó Ann- hice pruebas en el laboratorio de mi padre en una de sus investigaciones. Consistía en probar los trajes espaciales. Al ser un prototipo de cuerpo pequeño, mi padre me escogió como su ...
-Rata de laboratorio- se jactó gruñón.
-Sería una rata de laboratorio- se defendió Tachibana- pero de aquí, seguro que seré de mejor utilidad que un soldado que nunca ha estado en el espacio.
Los deseos de empotrarla nuevamente contra la pared, crecieron de sobremanera. El asiento ante él no bastaría para romperle la cabeza, necesitaría una buena dosis de martilleado contra la pared.
-Respira, Momoshiro-. Aconsejó Fuji sujetándolo del brazo- o tendrás un ataque.
-¿Alguna otra queja?- Preguntó Tezuka ordenándole con la mirada silencio. Nadie respondió- entonces, Tachibana será quien ayude.
-Está bajo arresto-, recordó Eiji.
-No irá demasiado lejos si quiere aire- bufó Echizen cerrando los ojos con claro aburrimiento.
Un grito escapó de su garganta, incrédulo y caminó hasta lo que parecía ser la sala de descanso en la nave. Todos sus compañeros parecían haberse puesto de acuerdo para evitar que matara a Tachibana. Las ideas que se le venían a la mente eran demasiado excitantes como para intentar retenerlas. Y lo peor de todo, es que nunca se había comportado de aquella forma.
Sentía demaisado odio y tenía que pagarlo con alguien.
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Frotó su mentón pensativa. Su cuerpo temblaba ligeramente antes de que sus dientes apresaran la uña de su pulgar, mordisqueándo frenéticamente. Nadie parecía tener intenciones de responder a sus preguntas, especialmente, con la tensión que se respiraba tras el despertar de Tachibana. Gritar y exiguir, no serviría de nada. Especialmente, tras haber visto la dura pelea entre Kaidoh y Momoshiro.
Hasta que no fue más grave, Kunimitsu Tezuka no decidió apagarla. Y separarlos fue más difícil de lo que el capitán pensó, pues fueron los cuatro restantes quienes tuvieron que hacerles separarse. Aunque las miradas severas del capitán, fueron suficientes como para evitar que se volvieran a lanzar nuevamente.
Kaidoh estaba herido, pero no tanto como había visto en el rostro de Takeshi. Seguramente, de lo cegado que se había puesto, no había sido capaz de pelear como siempre hacía y Kaidoh se emocionó en sus golpes. Pero la tensión no parecía desaparecer como hubieran deseado todos.
Y era normal. En todos sus años de vida, mimada y consentida hasta los dientes por un adinerado padre, nunca pensó que se encontraría en medio de todo un remolino de angustia y terror irrefrenable.
Tras ser arrancada del hogar que ella creía seguro, estaba entre personas a las que jamás había visto. Podría decir que uno de ellos la había impresionado nada más verle, pero el frío que rodeaba a la persona únicamente le indicaba que podría admirarle, no tocarle. Por otro lado, la persona que se había encargado de ser su guardián, tenía ciertas dotes para el mal humor.
Su mente divagó por el pasado, a tiempo de despertar ante una fuerte sacudida y sentir una mano en su vientre, sujetándola con fuerza. Definió la figura del brazo, encontrándose con el perfíl de su guardián. Sin mirarla si quiera, intentaba que ninguno de los dos fuera expulsados de sus asientos, pese a que sus cuerpos estaban bien sujetos por las cintas de protección.
-¿Qué sucede?- Exclamó Eiji Kikumaru- ¿Por qué de repente esto se mueve tanto?
-Estamos entrando en la atmósfera de ese planeta- respondió Tachibana con costosa voz- es... idéntica a la de la tierra.
-Todos los planetas la tienen- corrigió Inui con suficiencia intelectual- este no iba a ser menos.
-Venus 32 y Mercurio II no la tiene- negó Fuji bastante interesado- son los últimos encontrados y no la tienen, por eso no son habitables.
Los observó con detenimiento. Sus niveles mentales debían de ser enormes. Hablaban de planetas y cosas extrañas que ella desconocía, pero como no ser así si desde pequeña había ignorado más estudios que los primordiales, centrándose más en chicos, pintalabios y ropas bonitas. Había perdido el conocimiento de tantas cosas que sintio deseos de golpearse contra una pared por no gustarle los estudios y no ser tan lista como la castaña que era sujeta por un aburrido Echizen.
Lo había visto. Escondido en algún punto de sus ojos se encontraba una semilla de curiosidad innata que encima, le daba el don de absorber todo lo que veía o escuchaba. Una tímida y vivaracha mujer. Nada de lo que ella podría ser. ¿De qué le servía tener un cuerpo de escándalo con un cerebro vacío? De nada. Se sentía el tonto vestido de rojo dentro de un cercado lleno de toros furiosos.
Su nuca quedó apresada por la fuerte mano que había decidido liberar su vientre y empujarla hacia abajo. Su frente se pegó contra sus rodillas y sintio peso en su espalda. Kaidoh se había extendido medianamente sobre ella, protegiéndola de las convulsiones de la nave. Un inminente aterrizaje se hizo notar.
Tras veinte minutos de unos fuertes forcejeos contra la gravedad y la estabilidad, la nave se detuvo. Un gran trozo de ciudad desierta quedó ante sus ojos, cuando Kaidoh encontró el momento oportuno para liberarla. Si su rostro mostraba asombro el de los demás no se quedaba atrás.
-Una... ciudad- señaló con incredulidad Eiji- ¿Estamos muertos?
Instantaneamente, lanzó contra la cabeza rojiza un trozo de cartón que había mantenido entre sus manos cuando se había despertado. No sabía por qué, pero aquel papelito soportó sus nervios.
-Ay... dolió- se quejó Eiji mirándola de reojo.
-No estamos muertos- sonrió Fuji divertido por la situación- Bien vivitos que nos encontramos.
Eiji ahogó un puchero, mirándola de reojo. Si no se equivocaba, aquel hombre le devolvería la peseta tarde o temprano. Tragó saliva, aferrándose a la persona a su lado. Había sido tan improvisto hasta para ella hacer algo así, que escuchar un sonido ligero de risa, la asombró más. Desvió la mirada hacia Kaidoh, encontrándoselo con la quijada apretada para evitar una carcajada y sonrió extrañamente complacida.
La curiosidad ganó nuevamente a los presentes. Con las narices pegadas a los gruesos cristales, observaron el exterior con más detenimiento. Ryuzaki fue la que nuevamente encontró algo asombroso y sintio deseos de morderle el dedo que señalaba aquel astro brillante y blanco.
-La luna- articuló la castaña.
-¡Imposible!- Exclamó Sadaharu volviéndose hacia ella.
Todas las miradas se clavaron en el disco lunar. Una luna llena que brillaba sobre una oscurecida ciudad.
-Tachibana, prepárese- ordenó Inui con el ceño fruncido- bajaremos ya mismo.
Ann Tachibana afirmó, aceptando la orden. Con asombrosa especialidad, ambos se prepararon para lanzarse al exterior. Un silencio cortante se adentró en el interior de la nave.
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No era fácil moverse con un traje más grande que tú, pero tampoco tenía pensado salir corriendo, como al parecer, ese estúpido policía llamado Momoshiro tenía en la cabeza que haría. No se le había perdido nada en un planeta en el que ni siquiera sabía si el aire sería correctamente respirable.
Era cierto que tiempo atrás había trabajado con su padre y llevar el traje de un astronauta formó parte del experimento. Justamente, ese tipo de trajes. La única diferencia era que su padre lo creo para su tamaño y el experimento consistio en ver la dureza del traje bajo una gravedad diferente a la de la tierra. Quizás era una locura poner a tu hija en aquel experimento, pero ella confiaba en su progenitor demasiado.
Por eso, no lograba comprender que Takeshi Momoshiro viera a su padre de esa forma y, tampoco, que estuviera detenida por ser hija de Tachibana. Su padre era uno de los mejores científicos y, ¿acaso no fue gracias a él que la salvaron de las garras de su enfermo hermano? Confiaba plenamente en que su padre había escuchado la respuesta a su llamada y enviado a ese horrible hombre en su ayuda.
Pensar que nunca había discutido con tanta fuerza con ningún hombre le hacía sentirse culpable en cierta manera. Él era adulto, por mucho que pareciera lo contrario cuando cogía los berrinches contra ella, y su diferencia de edad constaba de nueve años bastante considerables.
-Tachibana.
Parpadeo, observando al hombre que se movía pausadamente sobre el lugar. Pesado y de forma natural.
-Oiga... creo que aquí no existe la gravedad que esperábamos- opinó- es como la de la tierra.
-Cierto- afirmó el hombre mostrando una de las armas que había cogido antes de descender- y no es lo único parecido con la tierra.
Abrió la boca urgentemente. Necesitaba indicarle que ella no haría nada. Que no tenía pensamientos de hacer daño a nadie, mucho menos, escapar. ¿Por qué no le creía? Igual había pensado que Takeshi era el único loco y se había confiado demasiado. Sin embargo, cuando el sonido del disparo llenó el lugar, el dolor no llegó. Inui la apresó del guante, estirando de ella al instante y haciendo que su cuerpo girase sobre sus pies.
-¿Qué es... eso?- Exclamó agarrándose al traje contrario.
Sadaharu permanecía con el ceño fruncido. Sin gravedad que la hiciera saltar, no podría lanzarla contra la entrada de la nave. Y esta no podía colocarse en modo batalla sin movilidad. El miedo la acogio, sobretodo, cuando el arma que mantenía entre sus manos el policia gastó las balas sobre diez de los hombres que se acercaban amenazadoramente hacia ellos.
-Escuche, Tachibana- susurró el hombre moviéndola nuevamente- cuando yo le indique, corra hasta la nave y adéntrese ahí, estará segura.
-¡Imposible!- Exclamó aterrada- Esos hombres... tienen... el cuerpo desfigurado y gimen como lo hacía mi hermano...
-Son Zombies- respondió una voz tras ellos- haced el favor de agacharos.
No tuvo tiempo de volverse y adivinar de quien se trataba. Un fuerte rayo de luz la cegó por completo, obligándola a esconderse contra el pecho de la figura que la acogia con seguridad entre sus brazos. El suelo tembló bajo sus pies, haciéndoles perder la estabilidad de sus cuerpos y que sus huesos dieran contra el suelo, siendo protegidas por las fuertes telas de los trajes.
-¿Estais vivos?
Alzaron la vista hacia arriba. Al instante, la ridiculez se hizo notable en ella, obligándole a soltarla y quitándose el globo. El aire fresco la hizo respirar con gusto y instantes después, fue imitada por un inseguro Sadaharu. La puerta de la nave fue abierta de golpe y el resto de la tripulación, descendió, rodeándoles.
El joven ante ellos, su salvador, los miró con el ceño fruncido. Unos ojos esmeraldas los observaron con la curiosidad experta de engullir a las personas en su alma y descifrarlas. Los cabellos negros se movieron al compás de la leve brisa creada por la puerta al abrirse, sin inmutarse ser apuntado con tantas armas.
-¿Quién eres?- Interrogó Kunimitsu.
-Mejor, ¿quienes soys vosotros?- Cuestionó como respuesta el hombre, mirándola con interés.
Fruncio la nariz en desagrado y obedecio cuando su cuerpo fue empujado hasta los brazos del antipático Momoshiro, el cual la sujetó del cuello del traje, como si de un perro se tratase. Pero la mirada continuo fija en ella.
-Equipo Seigaku de las fuerzas militares- respondio Tezuka con seriedad- capitán del escuadrón, Tezuka Kunimitsu- se presentó.
-Llegáis tarde- espetó el joven- demasiado tarde. La humanidad ha sido extinguida. ¿De dónde demonios veniis?
-De la tierra- respondió incrédulo Eiji- ¿Dónde estamos?
El hombre, que seguramente no sería más mayor que su guardián, sonrió iróncio, encogiéndose de hombros, para fijar finalmente su mirada en la nave.
-La tierra- contestó.
-¡Imposible!- Exclamó Momoshiro aferrándola con más fuerza- nosotros venimos de la tierra. Este planeta tiene que ser otro. ¿Quién eres tú?
-Kirihara Akaya, el único sobreviviente del equipo Rikkaidai. Creo que estáis demasiado perdidos, señores.
-Tengo demasiadas preguntas- apuntó Inui bastante interesado- y-, añadió-, estoy seguro de que Ryuzaki también.
-¡No es la única!- Exclamaron Eiji y Momoshiro a la vez.
Gemidos angustiosos los hicieron ponerse tensos. Kirihara suspiró y miró la nave con atención.
-¿Puede navegar?- Preguntó interesado- O mejor dicho, ¿tenéis un lugar donde ir?
-Sí, pero tenemos que arreglarla- Informó Kaidoh gruñiendo.
-Ya veo... ¿Piezas?- Preguntó nuevamente- Igual las tengo.
-Oiga, ¿cuantas personas viven en este planeta?- Se interesó Inui.
Kirihara lo observó nuevamente, volviéndose de espaldas a él y caminando hacia la zona desierta cercana. El sonido a tierra comenzó a mezclarse con metálico y ante sus ojos, momentos después, una enorme puerta metalizada se alzó. Akaya se volvió hacia ellos mientras apoyaba el arma en su cadera derecha.
-Solo yo.
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La taza de café líquido era humeante, pero demasiado flojo. Su sabor dejaba demasiado que desear y su estómago se negó a aceptarla. Pero al menos, servía para distraer su mente y calentar sus manos. Podría decir que estaba tan sorprendido y perdido como sus compañeros, pero su facilidad de adaptarse a cualquier situación lo sorprendía hasta a él mismo.
Observó la estancia en la que se encontraban. La sala estaba completamente asegurada con metal antibalas. Una habitación decorada con una gran mesa de madera vieja, literas, radio transmisora, neveras y armarios con armamento. Las sillas habían sido acogidas por los traseros de todo y él optó mejor por una de las literas. Si se aburría, dormiría sin problemas. Pero tenía que reconocer que sentía curiosidad por aquellas verificaciones.
El hombre que no cesaba de observar a Tachibana con cierto interés, el cual no sabría descifrar si interés masculino o de curiosidad, no hablaba si no recibía contestación de otra pregunta. Y era precisamente Sadaharu quien se estaba encargando de la entrevista.
-Hace Cuarenta años fue creada esta tierra-. Explicó Kirihara tras beber café de su taza- yo nací aquí. Hace ocho años que comenzaron a aparecer los zombies. Comenzaron a atacarnos de improvisto y los especialistas en defensa nos pusimos en marcha.
-¿Cuántos?- Preguntó Tezuka cruzándose de brazos.
-Siete equipos- respondio Akaya encogiéndose de hombros- de todos, solo quedo yo vivo. ¿Cuantos eran vosotros?
-Diecinueve- Respondio Eiji- Solo quedamos... nosotros. Quedaba otro en la tierra... pero al explotar...
Apretó la madíbula junto a la taza. Seguramente todos ejercieron el mismo sentimiento de furia dentro de su cuerpo. Solo ellos se habían podido salvar de una muerte segura y había sido justo, ellos deberían de haber tenido esa oportunidad. Pero no. Sus superiores habían sido egoístas.
-La falta de munición es uno de los datos- señaló Inui.
-Y el traslado de los espécimenes- anunció Akaya suspirando- los de aquí se los llevaban en naves como las que habéis traido. Seguramente, se los llevarían a vuestra tierra.
-¿Cómo... pudieron dividir a la población en dos tierras...?
La tímida voz de Ryuzaki sorprendió por completo a todo el mundo en aquel bunque. Las mejillas morenas se cubrieron del teñir del rojo tomate y sus ojos quedaron cubiertos por sus párpados repetidas veces mientras intentaba esquivar las miradas.
-El gobierno puede hacer muchas cosas- sentencio Kirihara encongiéndose de hombros-. Y con engaños, todo se soluciona. Hace tres años fue cuando comenzaron a traer personas humanas para alimentar a estos malditos- señaló el techo- si no comen, terminan muriendo.
-Falta de sangre- aclaró Inui- leímos algunos de los datos que estaban en el laboratorio de Tachibana.
-¿¡Qué!?
Bingo. La verdad que se le había mantenido entre lineas a Tachibana, debía de terminar por salir a la luz, le gustara o no. La cicatriz que cruzaba su espalda le dio la sensación de ardor.
-Creo que Tachibana se merece una explicación- sopesó Inui- es injusto tenerla con mentiras.
-Estoy de acuerdo- se apresuró a decir Fuji, escondiendo bajo sus ojos la diversión que vería en adelante para él- nadie prefiere vivir engañado. Si la van a detener, mejor conocer las razones.
-Ahora lo entiendo- sonrio arrogante Kirihara- por eso me sonaba la señorita perlada.
-¿A quién llamas perlada?- Exigió Tachibana señalándole.
-Lo dice por tu piel- señaló Osakada- eres blanquita.
-Eso no me importa- sentencio la adolescente sentándose nuevamente tras alzarse- ¿Qué tiene que ver mi padre con esto?
-Es el culpable.
Directo al grano un Momoshiro totalmente irritado. Era, seguramente, el que más ganas tenía de demostrarle a todos que el dedo acusador caía sobre ella con toda la fuerza de la sangre que corría por sus venas.
-¿Cómo... que el culpable?- inquirió insegura Tachibana- ¿Estáis... insinuando que mi padre fue quien creo estos... hombres agresivos y que muerden sin razón? ¡Mi padre no hubiera transformado a mi hermano en algo así!
-Pues ya lo ves- continuo picando Takeshi- tu adorado padre creo esta masa de zombies carnivoros y asesinos. Por su maldita culpa perdimos a demiasadas personas que amabamos. Todos los presentes hemos perdido personas que amábamos. Su hijo no iba a importar si era capaz de asesinar a tantos.
Acercarse tanto a una persona que no dejas de atacar, tarde o temprano traía sus consecuencias. El golpe se escuchó en todo el lugar y la furia crecio lo suficiente como para que más llegaran por parte de la joven. Momoshiro recibio parte de los golpes, hasta cansarse y sujetarla de las muñecas. Cuando un quejido escapó de la garganta femenina, reaccionaron a tiempo de separarlos. Ellos no eran Momoshiro y Kaidoh. Era Momoshiro contra una mujer.
Kirihara rompió a reir, sorprendiéndoles mientras negaba con la cabeza y descansaba su cuello sobre sus fuertes brazos. Los verdes ojos observaban con diversión la sitación, escondiendo cierto brillo malicioso dentro de ellos. Un brillo, que le hizo tensarse sobre la cama y no apartar sus ojos de él. Al parecer, no había sido el único, pues la chica que se sentaba bajo la litera de abajo, Ryuzaki, optó por aferrar la pierna de su pantalón entre sus dedos, tragando con miedo.
-Estais muy equivocados- dijo finalmente el único superviviente- no fue Tachibana quien creo estos mostruos. Era un siervo, por llamarlo de algún modo.
Los ojos de cada sorprendido personaje lo miraron acusadoramente. La tardanza en explicar aquella importante noticia estaba sufriendo altas crisis de sus nervios y si no quería terminar con más de una pistola en su sien, debería de comenzar a hablar cuanto antes. Especialmente, por Tachibana y Momoshiro. El rostro del policía era un poema.
-No sé qué os habrán mostrado en vuestro planeta, pero éste fue el primero en el que comenzó todo y Tachibana todavía no estaba entre sus filas- Explicó Kirihara finalmente-. Precisamente, cuando Tachibana se unió a ellos, ya estaba todo creado y el primer zombie que existió, fue una mujer. ¿Sabeis lo que buscaban?
La negación llegó por parte de Kaidoh. Podría haber sorprendido su interés dado, pero nadie lo juzgaría por querer averiguar más.
-Un arma nuclear- respondio Tezuka para sí mismo.
-Bingo-. Afirmó Akaya sonriendo- un arma nuclear que sirviera para defender su pais y conquistar otros. Una mujer es sinónimo de sexualidad y hay demasiados, o, al menos, más hombres que mujeres en las filas de los ejércitos. El hombre quedaría encantadoramente seducido por una mujer, que, rato después, estaría descuellándolo sin el menor inmutismo. Sería fácil.
-Y resultó un fracaso-. Dedujo Fuji en broma.
-Totalmente-. Le siguió Inui.
-El resultado, fue todo esto- Kirihara abrio los brazos en señal de la tierra- y vosotros, sufristeis lo mismo que muchos otros planetas "tierra". El original es éste- indicó-. Los otros son solo burgares parentescos usados como laboratorios y las ratas, son la raza humana.
-Y nosotros los jugadores de un juego-. Repitio Kaidoh mirándole.
Se encogio de hombros, al tiempo que un fuerte golpe les hizo saltar. Takeshi había golpeado la mesa con ambos brazos y lo miraba furioso.
-¿Me estás diciendo que... Tachibana...?
-Le echas las culpas a un inocente que trabajó para dar de comer a su familia- aclaró Eiji entristecido-. Todos lo hicimos... estúpidamente, todos fuimos engañados.
-Como ratas de laboratorio- añadio Fuji frotándose los ojos con sus dedos- estúpidos.
-¿Qué tiene que ver Sakaki Tarou en esto?- Preguntó Tezuka.
Kirihara se encogio de hombros, negando con la cabeza.
-A eso no llego.
El silencio volvio a apoderarse del lugar. Pese a que muchas dudas habían sido rebeladas, otras muchas se alzaban. ¿Quién demonios estaba por encima de Tachibana y de Ryuzaki para crear tantos planetas? ¿Qué clase de persona tan majara podía mandar sobre millones de personas? ¿Qué sangre corría por esas venas capaces de ordenar que los seres humanos fueran conejillos de indias? No solo habían muerto adultos. Demasiados niños habían sufrido el desgarro de aquella estúpida investigación.
¿De qué... había servido matar a Tachibana? ¿De qué servía la cicatriz en su espalda ahora?
-¿Dónde se encuentra mi padre?- Preguntó Tachibana preocupada-. Hablais de él... en pasado, ¿por qué?
Las miradas recayeron en él, junto a la de una adolescente perdida. Una adolescente que sentía alivio de saber que su padre no era el culpable de aquella atrocidad, pero, que igualmente, estaba muerto. No podría volver a verle. No podría pedirle ayuda ni recibir un abrazo que la hiciera calmar sus nervios y el dolor de perder al resto de su familia. Y todo por su culpa. Sin embargo, conocía perfectamente que aquello había sido necesario. Tachibana era un zombie cuando se encontró con él y las órdenes habían sido matarle.
-Muerto- respondio finalmente- Yo lo maté- aseguró.
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Notas autora:
Bien, aquí terminó el capítulo.
La cosa a dado un giro increible para ellos. Todo lo que creían a quedado hundido en la verdad. Dos planetas con el mismo nombre, seguidos por más creados por los altos mandos. La muerte de Tachibana no era la primera tras esta sombra, pero los chicos desconocen todo lo que les queda por descubrir y siente el peso de la injusticia de haber matado a un padre de familia. En un mundo en el que el único superviviente es Akaya Kirihara, ¿podrán salir y llegar a su destino?
¿Cuántos serán los secretos que les quedan por descubrir? ¿Qué planes tenían para el ser humano?
Las respuestas continuarán en sus siguientes capítulos n.n
Pd: Como siempre, les recomiendo leerlo con atención.
