Clases particulares.

Capítulo 4: Te quise olvidar.

—¿QUÉ? ¿¡Q-qué, qué, qué a mí qué!? —Me levanto de golpe, echándome un par de pasos hacia atrás hasta caer de sentón sobre el pasto—. ¡Lana! ¿Pero por qué me preguntas cosas tan extrañas?

—Tú sólo contesta y ya. Si me dices, te diré por qué te lo pregunto.

Rápidamente me levanto y miro a Lana a los ojos, con cierto aire de desdén. Mis mejillas ahora mismo deben estar bañadas en rojo, pues puedo sentir cómo los torrentes de sangre hirviendo se aglutinan en mi cara.

—¡Por supuesto que no! —grito ofuscada y mostrando total indignación. Y con los ojos cerrados y fruncidos, mis coletas de punta y apretando bien los puños, le reprocho—: ¿Cómo se te puede ocurrir algo así?

—¿Lo dices en serio? —me responde ella, que a diferencia mía se mantiene tranquila.

—¡Sí, lo digo en serio!

—¿En serio, en serio?

—¡EN SERIO!

—Ah, ya veo. —Lana baja la mirada, como sintiéndose apenada—. Menos mal…

—Caramba. —Me vuelvo a sentar a su lado, dejando escapar un resoplido—. Yo no sé de dónde se te ocurren semejantes disparates.

—…porque, sabes, a mí sí me gusta.

Al oír esto, mis venas, que hace sólo unos segundos hervían al rojo vivo, se congelan por completo, convirtiéndome en un abrir y cerrar de ojos en una estatua de sal.

—¿Q-qué… ¿Qué es lo que acabas de decir?

—Qué a mí me gusta Kukui-sensei —masculla en voz baja.

—No… no es cierto —niego moviendo la cabeza—. Tienes que estar bromeando, ¿verdad? Vamos, Lana, dime que sólo es una broma.

Las mejillas de Lana se sonrosan.

—Sé que es algo muy complicado, por eso quería hablar de esto contigo, Mallow. Porque quería que me dieras algún consejo sobre cómo le podría hacer para confesarle mis sentimientos a Kukui-sensei.

Esto no puede estar sucediendo.

No me quiero ni imaginar las cosas horribles que Kukui-sensei le podría llegar a hacer a Lana si se llega a enterar de esto. ¡Tengo que evitarlo a como dé lugar!

—¡NOOOOO! —Sujeto a Lana de los hombros y la zarandeo con fuerza—. ¡Escúchame bien, Lana: por nada, pero por nada de este mundo vayas a acercártele a Kukui-sensei! ¡Ni mucho menos se te ocurra decirle algo sobre tus sentimientos hacia él! ¿Me oíste? ¡Nunca, jamás, nunca! ¡T-te lo prohíbo! ¡Así que vete olvidando de él ahora mismo! Porque yo no voy a permitir que él y tú… qué él… y… tú…

Los ojos de Lana han cambiado. Pasaron de la vergüenza y la timidez a la satisfacción y el regodeo.

—Te pillé —me dijo sonriente, con voz jactanciosa y guiñando un ojo.

—Estabas —balbuceo atónita, en lo que la suelto y retrocedo unos pasos—…, ¿entonces sólo estabas bromeando?

—Así es. —Lana se lleva la mano a la nuca y me sonríe sacando un poco la lengua—. Lo siento, Mallow, pero tenía que hacerlo.

"Oh, no." Y entonces me doy cuenta del gravísimo error que acababa de cometer. "¿Y ahora cómo se supone que voy a salir de ésta?"

—No, Lana, verás, yo… No es lo que tú estás pensando. En verdad… quiero decir… yo… yo…

¿Y ahora cómo le explico que me enfadé porque sé que Kukui-sensei es un pervertido al que le gusta aprovecharse de sus alumnas para hacer cosas indecentes con ellas, y que yo sólo estaba tratando de protegerla de sus garras? ¿Y cómo consigo siquiera que me crea semejante mamarracho sin tener que confesarle qué yo misma fui una de sus víctimas?

—Entonces tenía razón —me dice—. Era por eso que te ponías así de nerviosa cuando Kukui-sensei te hablaba y tú siempre tratabas de evadirlo. Bueno, eso sólo al principio, porque ahora te le quedas viendo durante largo rato, como si te olvidarás de todo a tu alrededor. Y pones una mirada de, mmm ¿cómo lo explico? ¡Es que tendrías que verte!

—Lana, escúchame por favor, tienes que creerme. Yo no siento nada por Kukui-sensei, nada de ese tipo. Al contrario, yo en realidad lo detesto muchísimo.

—¿Ah, sí? ¿Y por qué lo detestas? ¿Acaso Kukui-sensei te hizo algo malo?

Oh, la ironía. Que sea mi propia amiga la que me esté retando a revelar mi secreto, el mismo que juré que nunca le iba a confesar a nadie. Por poco y me tengo que morder la lengua para no ahogarme en mi propia saliva. Estoy atrapada, ya no hay nada que pueda decir para convencerla.

Agacho la cabeza y guardo silencio. ¿Qué más me quedaba por hacer?

—No tienes por qué sentirte tan apenada —me consuela Lana dándome palmaditas en la espalda—, entiendo perfectamente cómo te estás sintiendo. Sé que te da mucha vergüenza admitirlo porque Kukui-sensei ya es un hombre mayor y es nuestro profesor, y además porque él ya está casado con la profesora Burnet. Pero no te sientas mal, en realidad no estás haciendo nada malo. Es algo más común de lo que te imaginas.

'Nada malo.' 'Más común de lo que te imaginas.' Pero qué buenos chistes. No me queda de otra que aguantarme las ganas de llorar mientras aprieto los puños con fuerza.

—Es como cuando te enamoras de un actor famoso —continua hablándome—, de una súper estrella de los deportes o del vocalista más apuesto de tu grupo favorito. No es como si buscaras ser correspondida por esa persona algún día ni nada, es solo que no puedes evitar sentir lo que sientes por él. Ya sabes: un amor platónico.

—P-¿Platónico? ¿Un amor platónico?

—Así es. —Me sonríe con ternura—. ¿Ya ves que no es tan extraño cuando lo miras de esa manera?

Mis ojos se abren como dos enormes platos, mi quijada por poco se desploma al suelo. Lana se lleva la mano a la boca y se echa unas risillas. Luego se levanta y se prepara para marcharse.

—Mallow, tú eres mi amiga desde hace mucho tiempo, te conozco mejor que nadie. Sé el tipo de persona que eres. Eres del tipo de persona que siempre sonríe y contagias a los demás con tu alegría y tu optimismo. Y también eres del tipo de persona que les muestra a los demás sus sentimientos sin esconderlos ni disfrazarlos. Pero últimamente, esa sonrisa tuya… Esa sonrisa tuya ya no es la misma de siempre. Te estás forzando a ti misma para sonreír, y eso no es bueno. Una sonrisa forzada no puede contagiar a los demás porque ésta carece de verdadera alegría en su corazón. Quiero que esa sonrisa honesta y contagiosa de antes vuelva otra vez. Por eso creo que deberías dejar de negar tus sentimientos por Kukui-sensei y hacer las paces contigo misma. No te estoy pidiendo que te le confieses a Kukui-sensei ni nada parecido, pero sí que dejes de reprimir tus sentimientos y los dejes fluir. Me da mucha tristeza la cara que pones cuando él quiere hablarte y tú buscas una excusa para salir huyendo. Verás que si intentas llevarte mejor con el profesor te sentirás mucho mejor.

Lana se retira, no sin antes girarse de vuelta hacia mí y decirme:

—Tranquila, guardaré el secreto. Pero si no quieres que nadie más se entere aprende a ser más discreta, ¿ok? —y me guiña un ojo.

No, Lana, lo entendiste todo al revés: Yo no estoy enamorada de mi profesor, al contrario: lo detesto con toda mi alma. Solamente pretendo llevarme bien con él porque no quiero que tú y los demás se enteren de lo que pasó. Si por mí fuera, hace mucho que me habría alejado para no tener que volver a verlo nunca.

Pero en algo sí tienes razón.

No poder exteriorizar mi rabia, mi culpa y mi pena, es lo que me mantiene así de agobiada. ¿Algún día podré, como dices, volver a sonreír de corazón justo como lo hacía antes de que todo esto pasara? ¿O estoy condenada a cargar con estas cadenas por el resto de mi vida? ¿Acaso este es mi castigo por haber hecho lo que hice aquella tarde? Porque si es así, entonces acepto mi destino.

Pero hay algo que no me parece justo.

"Kukui-sensei."

Él es quien lo provocó todo. Y, sin embargo, a diferencia mía él no parece estarla pasando mal ni parece remorderle la consciencia como a mí. No es justo. Él no es igual de culpable que yo: lo es todavía más; y si esto se supone que es un castigo, ¿entonces por qué sólo a mí? ¿Por qué Kukui-sensei no está sufriendo también?

"Ya veo. ¡Así que es por eso!"

El motivo por el cual no puedo superarlo todavía es porque me parece injusto que solamente yo me esté sintiendo mal mientras Kukui-sensei se la vive tan campante.

Necesito encontrar una manera de hacerlo pagar por lo que hizo. Tengo que vengarme de él a toda costa.

Esa noche, los recuerdos volvieron a atormentarme en la cama, más persistentes y pesados que la última vez. Me tomó por lo menos más de media hora calmarlos a base de mis ya habituales estímulos con los dedos. Además, tuve una pesadilla donde Kukui-sensei y yo nos quedábamos a solas en el salón y él trataba de obligarme a que le chupara otra vez su cosa. Al final le conecté una patada en la entrepierna y salí huyendo. Corrí por las calles suplicándole a todos los que me cruzaba que me ayudaran, pero nadie me hacía caso; era como si todos estuvieran sordos y no pudieran verme. Llegué al restaurante de Papá, estaba vacío. El profesor Kukui entra. Estoy acorralada. Luce muy molesto, temo que quiera matarme. Chillo.

Me desperté a las cuatro de la madrugada, con la respiración agitada y sudando frío.

En el salón de clases tenía unas ojeras enormes, estaba mal peinada y no paraba de bostezar.

Cuando el profesor Kukui entra al salón, las palabras que Lana me dijo ayer hacen eco en mi cabeza:

¿Te gusta Kukui-sensei?

—¡Alola! —nos saluda.

—¡Alola! —le saludamos.

El profesor toma asiento en su escritorio y se pone a leer su tablet. Tsareena y los Pokémon de mis compañeros juegan alegremente alrededor del aula mientras mis compañeros y yo preparamos nuestras libretas y esperamos a que las clases comiencen.

Es como cuando te enamoras de un actor famoso, de una súper estrella de los deportes o del vocalista más apuesto de tu grupo favorito.

Kukui-sensei se pone de pie. Escribe unas cuantas oraciones en la pizarra y nos dice:

—Muy bien, clase, el día de hoy vamos a hablar de los Pokémon con tipo dual.

Y yo, entre tanto, me dedico a mirarlo de reojo.

No es como si buscaras ser correspondida por esa persona algún día ni nada, es solo que no puedes evitar sentir lo que sientes por él. Ya sabes: un amor platónico.

"Con que amor platónico dices, ¿Eh, lana?" Sin quererlo, poco a poco me voy sumiendo a mí misma en mis pensamientos.

—¿Alguno de ustedes me puede nombrar una combinación de tipos que no haya sido descubierta hasta el momento? —nos pregunta el profesor. Tal vez sólo sea mi imaginación, pero su bata está mucho más abierta que de costumbre. Se le ven los pezones.

—¡Yo, yo! —Sophocles alza la mano—. Eléctrico-veneno.

—Correcto.

Y su bermuda la lleva más abajo de lo normal, estoy segura. La distancia entre su ombligo y el resorte de su bermuda es mayor a lo común. Eso hace que… eso hace que 'aquello' que hay ahí debajo se le marque todavía más.

"No, Lana, te equivocas."

Me llevo el pulgar a la boca. En mi imaginación ahora mismo Kukui-sensei no lleva puestos sus pantaloncillos ni su ropa interior. Su cosa de hombre está completamente al descubierto, grande y dura, al igual que aquella tarde cuando nos quedamos él y yo a solas. Es hermosa. Es perfecta.

"A mí no me gusta Kukui-sensei…"

Desearía poder tenerla otra vez entre mis manos. Acariciarla. Tocarla.

Saborearla en mi boca una vez más.

"…al menos no de la manera que piensas."

—¡Mallow! Te estoy hablando.

—¿E-eh? —despierto de mi trance. El profesor Kukui me está mirando, todos me están mirando—. ¿Sí, sensei?

—¿Qué pasa contigo? Llevo hablándote desde hace rato y no contestas.

—Lo siento. —Me encojo de hombros—. Es que anoche no pude dormir bien.

—Sí, se te ve. Si te sientes cansada puedes ir a la enfermería y dormir una siesta.

—No, no. —Ladeo la cabeza—. Estoy bien. En serio.

—¿Segura?

Kukui-sensei se acerca a mí. Mi corazón empieza a palpitar con fuerza.

"No, por favor, sensei, no se me acerque ahora mismo. O si no…"

En el preciso instante que su mano toca mi frente, mi pecho estalla hacia adentro.

—Qué raro, no tienes fiebre —me dice—. Como tu cara está tan roja pensaba que a lo mejor te había subido la temperatura.

Me levanto de golpe y salgo corriendo de ahí.

—¡Espera, Mallow! ¿A dónde vas?

—¡Al baño! —contesto estando ya a mitad del pasillo.

Encerrada en uno de los cubículos con Toilette, con mi overol en el suelo y mis bragas a la altura de las rodillas, me dedico a masajear mi lugar más íntimo, con una demencia tal, que es como si ahora mismo estuviera siendo poseída por otro ser.

"No, esto no puede estar pasando."

Y entierro ya no uno sino dos de mis dedos al mismo tiempo. Mi coñito por dentro está tan caliente que casi me quema los dedos. Separo mis labios, dejando al descubierto mi botón secreto, y lo pellizco jalándolo hacia afuera. Me estremezco y mis piernas se desploman cayendo de rodillas. Pese a ello, no puedo parar de frotarme y estocarme a mí misma con total desenfreno.

"Esto no está bien. No está bien."

Hasta que alcanzo por fin el tan anhelado sobresalto final, aquel con el que siempre consigo apagar esta maldita ansiedad que me invade cada vez que los recuerdos de mi indecente experiencia de aquella tarde vuelven de nuevo a atormentarme.

"Tengo que controlarme. O si no…"

Pego un profundo gemido el cual no logro contener a tiempo. Mi coñito explota liberando un abundante líquido caliente, mientras se contrae y dilata por dentro, una y otra y otra vez. La sensación es tan deliciosa, tan intensa, que creo que estoy a punto de enloquecer.

"Si empiezo a hacer este tipo de cosas también en la escuela, no va a pasar mucho tiempo para que alguien me descubra."

Caigo rendida, apoyándome sobre el retrete, jadeando y con mi cuerpo bañado en mi sudor. Estoy hecha un desastre, me va a tomar un buen tiempo arreglar todo el desorden antes de volver al salón. Tuve mucha suerte de que nadie más estuviera en los baños, o si no me hubieran oído.

"Tengo que encontrar una solución a esto, antes de que sea demasiado tarde."