Kuroko miró a Alex, la madrastra de Kagami; ella le regresó la mirada. Lo miraba como si estuviera desamparado. Le tenía lástima.

Kuroko había vuelto a su vida normal al día siguiente. Luego de la muerte de Kagami.

Aquel día se quedó esperando por una hora completa, solo, en el restaurante donde Kagami había hecho reservación. Se enfadó. Pensaba reclamarle por haber atendido el incendio y dejarlo plantado, por egoísta que eso sonara.

Kuroko tenía miedo de que Kagami muriera, pero jamás imaginó que de verdad pasaría.

Cuando recibió el texto de uno de los compañeros de trabajo de Kagami avisándole su corazón se detuvo un par de segundos que parecieron eternos. Dejó el lugar, dejó todo y corrió al hospital a donde habían llevado en cuerpo. Ahí estaba el compañero de trabajo de Kagami llamado Junpei, también estaba Izuki, quien había salido herido y también estaba el resto de compañeros cuyos nombres no podía recordar. Su cerebro estaba procesando la posibilidad de que todo aquello fuera un error, un mal chiste.

Midorima y Takao estaban ahí y no le dejaron ver el cuerpo.

Kuroko tuvo un ataque de pánico y terminó internado por eso esa noche, con calmantes pasándole por una sonda que Midorima hábilmente le había conectado en una vena de la muñeca.

— Quiero verlo, por favor —Había suplicado, pero tanto Midorima como Takao habían negado con la cabeza.

— De momento descansa —Le había dicho Takao mientras revisaba sus signos vitales y tomaba notas.

Eran todos tan amables con él que se asqueó. Tenía que avisarle a su hermana, pero no recordaba donde había dejado el móvil. Quizás en el restaurante. Se lo había sacado del bolsillo del traje para estar atento a cualquier noticia de Kagami, si le avisaba que llegaría tarde sería rápido al responder, pero ese mensaje nunca llegó.

El día en que pasó en el hospital se la pasó durmiendo en un sueño artificial provocado por los medicamentos, libre de pesadillas sobre hombres calcinados hasta los huesos y carne viva ardiendo frente a sus ojos. Bendijo esa noche que sería la última que pasaría en paz durante esa semana.

A la tarde siguiente fue dado de alta.

Caminó mecánicamente hacia la estación de trenes y tomó camino a su casa, sin molestarse por haber perdido el móvil. Cuando llegó a su casa de pronto se dio cuenta que estaba dentro. No recordó haber metido la llave y abierto la puerta. La puerta estaba cerrada detrás de él. Tampoco recordaba haberla cerrado.

Se dejó caer en el piso de su pequeña sala de estar, junto a la mesita de té y lloró. Lloró todo lo que había estado aguantando mientras estaba en negación. Su hermana llegó y lo miró, miró el desastre de hombre en el que se había convertido en cuestión de horas.

— Kagami está muerto —Soltó antes de que ella le preguntara cualquier cosa. Ella soltó un gemido ahogado y se soltó a llorar en su sitio. Kuroko al fin había aceptado su realidad al decirlo en voz alta y la herida interna en sus sentimientos escocía como le hubieran echado sal.

Su hermana corrió a su lado y lo abrazó, aún con lágrimas en los ojos. Kuroko regresó a medias el abrazo y se quedaron un rato así.

Riko había perdido a dos personas importantes ese día y su hermano era incapaz de consolarla. Ni siquiera podía consolarse a sí mismo.

— Deberíamos cenar —Dijo luego de un rato, cansado ya de llorar. Con eso no traería a Kagami a la vida y, aunque realmente no tenía hambre, no pensaba matarse de hambre y hacer sufrir a su hermana con eso. Era su problema y tenía que salir adelante. Ya lo sabía, desde un inicio lo sabía, la cicatriz en la cara de su hermana le recordaba el modo en que había conocido a Kagami.

Al día siguiente se llevaría a cabo un funeral solo con las cenizas, por respeto al difunto y a los dolientes. Kuroko no iría. Riko echó en falta su ayuda para dar el pésame, pero se las ingenió para explicar la ausencia de su hermano a la madrastra y hermanastro de Kagami. Mucha gente lloró ese día, incluida Riko, que se sentía terrible por el modo en que había dejado ese día a su hermano, quien había decidido ir a trabajar aunque parecía sombrío. Su hermano seguía negándose a medias a aceptar la muerte de su novio.

Si lo tenía tan cerca sentiría su muerte, si lo veía, irreconocible hecho polvo grisáceo, tendría que aceptar que estaba solo. Y no quería, no deseaba nada más en ese mundo que volver a abrazarlo. Deseaba regresar el tiempo y decirle que lo amaba, abrazarlo y hacer el amor con él entre besos tiernos y halagos comprometedores. Deseaba estar con Kagami. No le deseo nunca antes la muerte a una persona pero se preguntó si no podía haber muerto alguno de los compañeros de Kagami en el incendio en vez de él.

Pero al tercer día tendría que confrontarlo de manera obligatoria. Tatsuya, el hermanastro de Kagami, iría hasta su puerta por él, pidiéndole que lo acompañara. Kuroko obedeció, reticente.

El camino desde Tokio hasta Akita se le hizo eterno. Tetsuya no tenía parentesco sanguíneo con Kagami pero nunca parecieron tener problema con ello. A veces Kagami se enfadaba de que la gente no los creyera hermanos dadas las diferencias físicas que tenían. No, realmente no se parecían, ni siquiera en el carácter puesto que Tatsuya era mucho más tranquilo y apreciaba el silencio, sobre todo en momentos tensos como aquel, pero no por ello se trataban diferente de como él trataba a su hermana.

Llegaron. Kuroko no tenía idea de a qué iba, pero de todos modos había obedecido, movido por la necesidad de tener más de Kagami, no sentía curiosidad, quizás solo se estuviera dejando llevar ya que en esos momentos se sentía incapaz de controlar su propia vida; ni siquiera tenía ganas de intentarlo para empezar.

En la casa donde vivía la madrastra de Kagami, quien los esperaba, aún se sentía el ambiente pesado por la reciente perdida. Alex los guio hasta la sala de la cuasi mansión que tenía por hogar. En ella había un juego de sala completo con una mesita de té de un color rojizo, probablemente hecha de palo de cerezo. Sobre ella había una caja de dvd, una cajita de regalo del tamaño de la palma de una mano, cerrada con un listón azul cielo y un sobre. Alex invitó a sentarse a Kuroko. Kuroko obedeció.

— Creo… —Se mordió el labio ligeramente— Creo que de verdad deberías ver esto. Me lo dieron a mí por ser familiar, pero creo que esto te corresponde a ti —señaló las cosas en la mesa—. Siéntete como en casa, Kuroko-kun, yo estaré en la cocina por allá —señaló un pasillo— por si me necesitas.

Alex se retiró, seguida por Tatsuya que no le había dirigido la palabra más que para invitarlo a ir con él y a pasar. Les debía mucho a esas personas. Recordaría mantener contacto con ellos luego de que pasara todo aquello. Eran personas que quería en su vida, eran personas que merecían todo su respeto y por sobre todo, eran personas que eran queridas por Kagami y por lo tanto importantes para Kuroko.

Delante de él había una televisión de última generación gigantesca y, debajo de ella había un reproductor de dvd viejo que seguramente pusieron ahí por él, ya que estaba sobre un reproductor de bluray.

Kuroko tomó el control remoto de la televisión y el del dvd, viendo la cantidad inmensa de botones en el primero. La encendió y la configuró para que diera la señal del dvd, luego puso el disco en el interior del dvd y presionó el botón de inicio.

Lo recibió la imagen de Kagami en blanco y negro. Se echó a llorar.

Kagami tenía calor. Estaba muy dentro de la fábrica y pensaba 'Kuroko me va a matar por llegar tarde'. Iba a librarla también esa vez. Ya había sacado a la mayoría de las victimas encerradas en el lugar, solo estaba haciendo un último reconocimiento por si encontraba a alguien más. Solo un momento más y estaría afuera.

'Solo un poco más' se animó a sí mismo.

Pero la verdad era que ya estaba cansado y el aire hirviente lo estaba matando, aún con la máscara de oxígeno.

Una columna cayó en llamas cortándole la salida cuando se dirigía al exterior.

Entonces supo que no viviría para contar otro día.

Se sintió mal de dejar a Kuroko, de no ser capaz de proponérsele, de herirlo, pero no había culpa. Era su trabajo y aceptaba la muerte con dignidad, sin pena en su corazón.

'Perdoname, por favor, perdoname'

Había una cámara de seguridad, la había visto mientras revisaba el lugar. Era una cámara lo suficientemente baja como para que la alcanzara poniéndose de puntitas. Tenía un foquito aún encendido en rojo lo que significaba que aún servía.

Kuroko miró todo en imágenes entre cortadas, vio la lucha de Kagami contra el fuego. A Alex le habían entregado el dvd por el carácter personal de la situación. Kagami había sido el único muerto en ese accidente.

La escena se seguía desarrollando. Kagami movió la cámara para que apuntara a él en el piso y se quitó la máscara de oxígeno. Tosió un par de veces por el exceso de humo entrando repentinamente en sus pulmones y parpadeo repentinamente, tenía lágrimas en los ojos por la irritación. Cuando se arrodillo en el piso (con una sola rodilla tocando el suelo, la otra como soporte) hizo una mueca. Seguramente el suelo estuviera caliente, tanto que incluso lo sentía a través de su traje especial de bombero que estaba supuesto a repeler el fuego, aunque no podía decir si sabía qué hacía lo mismo con el calor o no.

Kagami hizo una serie de señas y Kuroko murió un poquito por dentro.

— "Te amo, por favor, dejame tocar tus pechos"

La serie de señas que su hermana le había enseñado mal a Kagami, quien en realidad quería decir "Te amo y lo haré por siempre".

Luego hizo algo más.

— "Casate conmigo".

La imagen se cortaba en partes, pero Kuroko fue capaz de entenderlo. Su mirada se volvió de inmediato hacia la cajita y deshizo el moño que la mantenía cerrada. Dentro había un anillo de platino sencillo con un grabado al interior y uno diferente al exterior.

Dentro decía Kuroko Tetsuya y fuera decía Kagami Taiga.

Había una nota que Kagami siempre guardaba dentro de su casillero por si acaso. El anillo también había salido de ahí, cuando le entregaron las cosas a la familia.

Kuroko regresó la vista a la escena del televisor donde Kagami tosía insistentemente. Luego hubo una pequeña explosión que cortó definitivamente la imagen. La pantalla se puso negra antes de dar la señal de que el dvd se había parado.

Kagami pensaba proponérsele. Abrió el sobre con la nota y leyó para sus adentros.

"Kuroko:

Sé que siempre te hago preocupar mucho y que a veces puedo ser idiota, pero te amo. Y sé que lo sabes, así como también yo sé que me amas aunque no me lo digas.

Conozco tus miedos y preocupaciones, así que, mientras lees esto, deja de pensar en mí como Kagami y comienza a pensar en mí como Taiga. Como el hombre que te amó hasta el fin de sus días."

— Taiga —Musitó para sí mismo.

Tatsuya entró y cuando Kuroko notó su presencia se limpió las lágrimas con la manga.

— Lo siento —Se disculpó con su anfitrión. Nunca había sido cercano de los familiares de Taiga aunque los había visitado un par de veces. Ambos, su madrastra y su hermanastro, aceptaban abiertamente la relación homosexual de Taiga e incluso la apoyaban; pero no por eso iba a aprovecharse de su amabilidad. Las últimas palabras de Taiga iban hacia Kuroko, se sentía culpable de robarle eso a su familia.

— Él se iba a proponer —Comentó Tatsuya, como para iniciar conversación.

— Sí —Respondió Kuroko, sonriendo con tristeza. Iba.

Ya no, Taiga ya no podría hacer nada y eso era lo que tenía molesto a Kuroko. No pudo decirle que lo amaba, no pudo esperar a verlo llegar, se tardó demasiado y ahora tenía un anillo sin significado alguno a futuro, un recuerdo del pasado que lo estaría atando por siempre al idiota que murió quemado y que le declaró su amor hasta en sus últimos momentos.

— Creo que… Creo que será mejor que me vaya —Tomó la cajita con el anillo y la nota, pero dejó el dvd y su caja.

— ¿Necesitas que te lleve? —se ofreció Tatsuya.

— No, estoy bien… Necesito tiempo para… Necesito pensar en… cosas —Las ideas no llegaban de manera coherente a su cerebro. Necesitaba espacio, necesitaba la distancia de recorrido en tren hasta su casa desde Akita hasta Tokio, necesitaba ese tiempo para pensar en Kagami, necesitaba ese tiempo para poder superarlo y así, al llegar a casa, poder seguir su vida con su hermana y sus amigos.

Necesitaba ese tiempo para convertir a Kagami, no, a Taiga, en un recuerdo feliz. Necesitaba superar el dolor de su perdida.

No había hablado con su hermana en días, no había atendido bien a los niños de su escuela, no había hecho nada de lo que estaba acostumbrado a hacer porque todo su mundo giraba en torno a Taiga. Kuroko se detestó por ser tan dependiente, por no poder sobresalir solo.

— Te juro que te haré orgulloso y seré feliz sin ti.

Más bien parecía una declaración en contra de un ex que lo hubiera dejado por alguien más que una promesa a un novio muerto. Ya era hora de que Kuroko se hiciera cargo de él mismo, de que se diera a notar.

Sí, sería feliz, daría clases en señas de lunes a viernes en la escuela, ayudaría a su hermana a entrenar a su pequeño equipo de basquetbol los fines de semana, la vería casarse con alguien e irse y él seguiría viviendo y viviendo sin abandonar el deseo de ser feliz, aún si se quedaba solo.

Sería solo y feliz, nada más.

Ese era el juramento que hizo para sus adentros cuando se colocó en el dedo el anillo que Taiga le había legado mientras esperaba el tren.

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N/A: Yo también morí un poquito al escribir esto.