Algún lugar al que pertenezca
Disclaimer: No soy dueña de Harry Potter, ni de sus personajes, ni de nada de lo relacionado con los libros; todos los derechos son propiedad de J.K. Rowling. El título del fan-fic, así como los nombres de los capítulos, están inspirados en la canción "Somwhere I Belong" del grupo Linkin Park. Fuera de eso, la idea es 100 mía.
Advertencias: No hay ninguna; es un fan-fic apto para todo público. POV de Severus Snape.
Sinopsis: La vida de Severus Snape, contada desde su punto de vista.
Capítulo IV. Nothing to lose
"Simplemente atorado/ Vacío y solo y la culpa es mía y la culpa es mía..."
Me parece risible que ahora me preocupe por algo así, pero un pensamiento me ha asaltado sorpresivamente... ¿Le importará a alguien mi muerte?... creo que ya conozco la respuesta. No hay una sola persona en este mundo que se preocupe por mí. Todos aquellos a los que alguna vez llegué a importarles, ya han desaparecido... si al menos hubiera podido decirles lo que significaban para mí... pero que caso tiene lamentarse ahora... ya no tiene importancia. Siempre estuve solo y creía que así era como quería vivir. Solía pensar que si no creaba lazos sentimentales con nadie, no habría forma alguna en que pudieran lastimarme... supongo que algunos lo llamarían cobardía... en cierta forma así era.
Muy pronto descubriría que de nada me habría valido el pretender despojarme de mis sentimientos.
Las vacaciones de verano se aproximaban, los exámenes habían pasado y disfrutábamos de una relativa tranquilidad. En aquellos días, si bien había asesinatos y desapariciones, no se sucedían con la misma frecuencia que ahora. El Señor Tenebroso estaba en la cúspide de su poder y tan seguro de sí mismo, que sus demostraciones de maldad eran realizadas con mayor mesura. No había motivo para pensar que algo particularmente desagradable sucedería.
Yo me encontraba tranquilo en la sala común de Slytherin oyendo las tonterías que mis compañeros tenían planeadas para las vacaciones. No era un tema de mi especial interés, ya que sabía lo que me esperaba. Me dedicaría todo el verano a recolectar hierbas y hongos junto con mi madre, mismas que ella malbarataría en el callejón Diagon, para continuar pagando mis estudios. Aún me quedaba un año de escuela y a pesar lo tentador que resultaba el no regresar el próximo año, me era fundamental finalizar mis estudios para conseguir un empleo bien remunerado.
En esto estaba yo, cuando un estudiante de tercer curso, se me acercó inseguro a hablarme:
- Disculpa, ¿tú eres Severus Snape? – Asentí sin decir nada y el chico continuó. – El Profesor Slughorn me pidió que te dijera que vayas a verlo de inmediato.
Asentí nuevamente y me encaminé hacia el despacho de Slughorn, preguntándome que podría ser tan importante; no podía pensar en nada, ya que el curso estaba prácticamente finalizado y hasta donde sabía, no había roto ninguna regla.
Llamé a la puerta y esperé unos segundos sin obtener respuesta. Llamé nuevamente y penetré en la habitación. Slughorn se encontraba sentado ante su escritorio, mirando al vacío. Parecía estar perturbado por algo y no se percató de mi presencia hasta que estuve frente a él y le hablé:
- ¿Me mandó llamar profesor? – Miró hacia mi fugazmente y luego volvió a desviar su mirada al vacío. Después de una breve pausa, asintió con la cabeza y con un ademán me invitó a sentarme. Se cubrió la cara con una mano y respirando profundamente finalmente habló:
- Severus, tengo... hay algo muy importante que tengo que comunicarte y me resulta muy difícil hacerlo; sin embargo, es más conveniente que te informe de esto personalmente, ya que no tardará en hacerse público... – Volvió a guardar silencio y un creciente desasosiego se apoderó de mí. Si bien consideraba que Slughorn era un excelente mago y muy buen maestro de pociones, nunca me había agradado su manera frívola de ser; no obstante, era la primera vez que lo veía actuar con tanta cautela; definitivamente, algo andaba muy mal. Slughorn tomó aire y lentamente me dijo: - Severus, tu madre ha muerto.
Me quedé completamente helado. Mi mente se encontraba distante y casi no ponía atención a las múltiples palabras de consuelo y simpatía que Slughorn me dirigía. Volví a la realidad de golpe y casi sin pensarlo, lo interrumpí diciendo:
- ¿Cómo sucedió?
Slughorn parecía desconcertado, aparentemente no estaba preparado para esta pregunta. Titubeó por unos segundos y finalmente se rehizo, diciendo:
- No tengo los detalles exactos, muchacho. Dumbledore me informó hace unos minutos... espera, ¿A dónde vas?
Me puse de pie sin dejarlo terminar. Me dirigí a toda prisa hacia la puerta, resuelto a hablar con Dumbledore. Fuera lo que fuera, yo tenía que saber. Corrí casi sin detenerme hasta las gárgolas que custodiaban el despacho de Dumbledore; para mi buena fortuna, McGonagall se encontraba cerca y probablemente ya estaba enterada de lo sucedido, así que ni siquiera dudó en dejarme entrar. Llamé a la puerta del despacho, con el corazón latiéndome con fuerza contra el pecho y con la respiración agitada por haber subido las escaleras corriendo. Dumbledore respondió casi de inmediato y entré en el despacho. El se encontraba a un lado de su escritorio, mirando expectante hacia mí, como si supiera de antemano de quién se trataba. Yo me acerqué y sin más preámbulo dije:
- ¿Cómo fue que pasó, profesor? Tengo que saberlo. - Él no respondió de inmediato, simplemente me miraba a los ojos y por varios segundos permanecimos así. Finalmente se sentó ante su escritorio y me invitó a hacer lo mismo:
- Siéntate Severus, esto no va a ser fácil de escuchar.
- Así estoy bien, gracias. -Dije mecánicamente. No deseaba condescendencias, ni quería ser consolado. Todo lo que quería era la verdad.
Dumbledore me miró por unos instantes y sin más preámbulos habló:
- Esta madrugada, en una residencia perteneciente a un muggle, encontraron el cuerpo sin vida de tu madre. Aparentemente, murió a causa de varias heridas que parecen haber sido producidas por un cuchillo... no obstante, el muggle también murió, y de acuerdo con las investigaciones... fue tu madre quién dio cuenta de él, antes de morir.
- Eso no puede ser. Mi madre jamás... ella nunca podría haberle hecho daño a nadie... a ella le... ella jamás tuvo nada en contra de los muggles.- Dije apresuradamente, sin poder contenerme. Una idea repentina me surgió y entonces añadí: - ¿Cuál era el nombre del muggle?
Dumbledore me dirigió una mirada penetrante y entonces dijo con voz queda:
- No fue posible identificarlo. Su rostro fue desfigurado y no se encontró identificación alguna. Los vecinos no lo conocían, ya que acababa de mudarse a ese sitio.
Me quedé callado y sin saber que más decir. Casi sin darme cuenta, me acerqué a la silla que anteriormente había rechazado y me dejé caer. Sentía como si me estuviese hundiendo en un abismo. Mi madre no había muerto simplemente: había sido asesinada y por si eso fuera poco, inculpada de un crimen el cuál yo sabía que no podría haber cometido. Me ardían los ojos y un nudo en la garganta me sofocaba; temía que en cualquier momento perdería el control. A penas noté cuando Dumbledore se levantó de su silla y se paró junto a mí, poniéndome una mano en el hombro. Yo no resistí por más tiempo y dejé que las lágrimas salieran libremente. Me cubrí el rostro, mientras Dumbledore permanecía a mi lado en silencio... yo no podía hacer nada más que pensar en todas las cosas que no le dije; ni en todas las demostraciones de afecto y admiración que no le di a ella... ahora era real... verdaderamente estaba solo.
Llegar a casa y encontrarla totalmente vacía fue mucho peor de lo que jamás estuve dispuesto a admitir. Dejé mi baúl en medio de la pequeña estancia y me dejé caer en una silla, con la mente acosada por múltiples pensamientos. Por una parte, lamentaba profundamente lo que había pasado y por otra, el deseo de venganza comenzaba a crecer en mi interior como una hiedra venenosa que se abría paso a través de mi piel, envolviéndome y asfixiándome. Tardé mucho tiempo en aquietar mis pensamientos para poder concentrarme en los motivos que alguien podría haber tenido para matar a mi madre y al mismo tiempo, inculparla de un crimen. Yo suponía que no tardaría en saberse la identidad del muggle asesinado y también estaba seguro de quién se trataba; por eso me parecía inverosímil el que mi madre hubiese sido la responsable de quitarle la vida... ella jamás dejó de amarlo.
Después de varias horas, me puse de pie, harto y cansado de pensar; con gran esfuerzo me dirigí hasta la habitación de mi madre, para reunir sus cosas, las cuales arrojé al fuego de la chimenea, decidido a borrar para siempre todo vestigio de ella. Su ropa, sus efectos personales, los pocos retratos que había... observé impávido como todo se consumía lentamente en el fuego, al tiempo que me hacía la firme promesa de descubrir la verdad a toda costa, aún si en ello me iba la vida. No olvidaría nunca lo que le habían hecho y no me detendría hasta hacer pagar al culpable.
El fuego continuó ardiendo y me fui a mi alcoba a dormir. Me recosté sobre la cama, con la ropa puesta y cerré los ojos, pero no conseguí conciliar el sueño; entonces me incorporé rápidamente al darme cuenta que una lechuza había entrado rápidamente, había soltado una carta en mi regazo, posándose en la mesita de noche junto a mi cama. Encendí una vela y leí la carta, desconcertado. Era de Lucius Malfoy, dándome el pésame por la muerte de mi madre y preguntándome si podría visitarme en mi casa esa misma noche. Lucius era mi único amigo fuera de la escuela y admito que me sentí muy confortado con sólo leer su breve carta, así que sin siquiera preguntarme el cómo es que se había enterado de lo sucedido, le respondí afirmativamente, enviándole mi respuesta con la misma lechuza.
En cuestión de dos horas, Lucius se hallaba a la puerta de mi casa, llamando quedamente. Me cercioré de que era él y le permití pasar. Entró con aire solemne y le invité a tomar asiento; me dirigí entonces a la bodega, traje algo de vino de elfo que tenía y se lo ofrecí un tanto apenado; después de todo, Lucius era muy rico, seguramente tenía acceso a las mejores cosas y me parecía que nada de lo que yo pudiera ofrecerle estaría a su altura. No obstante, él se mostró cortés y agradecido y no tuvo ningún empacho en beberse el vino que le había llevado. Finalizada su copa, se aclaró la garganta y comenzó a hablar:
- Severus, me imagino que debes estar sumamente contrariado por lo de tu madre, y créeme que lo lamento profundamente; sé también que no existen suficientes palabras que sirvan de consuelo; aún así quiero que sepas que estoy contigo y que haré todo lo que esté en mis manos para ayudarte.
- Gracias, Lucius. Aunque realmente no hay gran cosa por hacer. – Respondí tranquilo, aunque en ese momento se me ocurrían miles de cosas que Lucius podría hacer para ayudarme; era sencillo, realmente. Todo lo que yo quería era venganza.
- Entiendo que esto pueda ser muy duro para ti y disculpa mi impertinencia por insistir con el tema; pero me he enterado de algunos detalles sobre el caso y puedo decirte con toda seguridad que ella no fue la responsable de la muerte de ese muggle.
- ¿Qué quieres decir?
- Severus, recuerda que tengo excelentes amigos en el ministerio de magia; he contactado con algunos de ellos y sé de buena fuente que tu madre no murió a causa de las heridas de cuchillo que se encontraron en su cuerpo... ella fue víctima de una maldición imperdonable.
Miré a Lucius fijamente, demasiado impactado para poder responder. Casi sin pensarlo, murmuré más para mí, que para él: - Mortífagos...
Lucius se levantó de su asiento y caminó hacia la ventana, descorriendo ligeramente las cortinas y escudriñando el exterior; las cerró nuevamente y se puso en cuclillas cerca de mí, hablándome en voz baja.
- Escucha amigo mío. No sé a ciencia cierta cuáles fueron los motivos, ni quién fue el verdadero responsable; pero puedo averiguarlo. – Miré hacia él y en su rostro había una extraña expresión que no lograba descifrar.
- ¿Cómo?
Entonces se descubrió el brazo izquierdo dejándome ver la marca tenebrosa. Era la primera vez que la veía, pero sabía de sobra lo que representaba. Mucho tiempo atrás, Lucius había expresado no sólo su gran interés en las artes obscuras, sino también en el Señor Tenebroso. Así que había completado su más grande anhelo.
Me puse de pie aturdido, mirándolo de hito en hito. No comprendía cuales eran sus intenciones. Entonces dije alarmado:
- Eres... ¡eres uno de ellos! ¿Cómo esperas que confíe en ti...?
El se levantó entonces y con voz tranquila me dijo:
- No te confundas Severus. Yo no soy como ellos. Hay una sola cosa que a mí me interesa y es el poder. Te estoy ofreciendo la oportunidad de vengarte de los que asesinaron a tu madre; a cambio solo pido tu confianza. No irás a caso a denunciarme, ¿verdad?
- Eso es exactamente lo que debería hacer. – Respondí con firmeza, mientras apretaba con fuerza mi varita, la cual llevaba oculta en un bolsillo de la chaqueta.
- Por favor, Severus. Date cuenta de que nadie te creería... ¿sabes? Aún recuerdo esa simpática historia que me contaste acerca de tu padre australiano, muerto hace varios años... ¿me crees acaso tan estúpido para no saber que te lo inventaste? Yo lo supe desde entonces, amigo mío; y aún así jamás dije una palabra. Todos aceptaron tu historia porque yo no le di mayor importancia. Ahora, ¿piensas que alguien se tomaría en serio la acusación de un mestizo como tú, que ni siquiera fue capaz de aceptar su verdadero linaje? Más aún, siendo el hijo de unos padres que se mataron entre ellos.
Me quedé completamente rígido y con la mente envuelta en una vorágine de pensamientos confusos. Lucius lo sabía todo y ahora estaba justo frente a mí chantajeándome. Todo este tiempo se había fingido mi amigo... ¿pero por qué razón? ¿Qué era lo que Lucius Malfoy, quería de mí? Estaba completamente en sus manos y él lo sabía. Se acercó a la mesilla de centro y se sirvió un poco más de vino. Se sentó de nuevo tranquilamente y tras dar unos sorbos a la copa, habló de nuevo.
- Lamento mucho haberte hablado de esa forma, Severus; pero no me gusta la ingratitud. Todo lo que te pido es que te sientes y me escuches con mucha atención. Después de que hayas oído lo que tengo que decirte, serás libre de actuar como lo consideres más pertinente.
Estaba completamente desarmado. Era claro que no tenía otra opción; lancé una fugaz mirada a las cenizas que quedaban en la chimenea y luego me senté. Era necesario obtener la mayor cantidad posible de información. Lucius continuó:
- Escucha Severus. La única razón por la que nunca dije nada acerca de tus verdaderos orígenes, fue porque desde que te conocí, supe que tenías mucho potencial. Yo no soy como los demás, a mí esa tontería de la limpieza de la sangre me tiene sin cuidado. Ambos sabemos que existen cosas mucho más importantes.
Lo miré incrédulo. Lucius siempre había explotado su linaje tanto como le había sido posible y jamás le faltó una palabra de desprecio para los muggles o para los magos o brujas de padres muggles. Él debió notarlo, porque entonces añadió:
-No me malinterpretes. No es que los muggles me agraden; por el contrario, considero que no son otra cosa que seres inferiores cuyo único propósito en la vida debería ser el de servirnos a nosotros, sus superiores; respecto a los sangre-sucia... ¡Vaya! Disculpa, a veces lo olvido; lo que quiero decir es que, siendo brujas o magos de padres muggles, no siempre es posible que se desliguen de ellos, así que es natural que no los considere siquiera como verdaderos magos... claro que, ese no es tu caso. – Dijo mirándome fugazmente y volviendo a llenar su copa de vino y sirviéndome a mí también; entonces continuó: - Tengo grandes planes para el futuro, amigo mío. Planes que requieren gente Inteligente y hábil como tú. No obstante, hay un obstáculo: El Señor Tenebroso.
Esta vez no pude evitar dejar escapar una leve risa y sin poder contenerme, le dije:
-¿Estás hablando de que tú quieres ser el próximo señor tenebroso? Disculpa tú ahora si te parezco incrédulo, pero dudo mucho que logres hacer algo así, es más probable que termines muerto. – Dije yo, sonriendo con ironía; Lucius me miró fríamente y respondió:
-No deberías subestimarme, Severus. Tengo más recursos de los que te imaginas.
-Y supongo que convertirte en un "fiel" seguidor del Señor Tenebroso, es uno de ellos... ¿Crees acaso que te permitirá compartir el poder? Un hechicero como él estará al tanto de tu juego cuando menos lo esperes y te eliminará en el acto.
- Él caerá, Severus. De momento lo adecuado es estar de su parte, pero llegará el día en que las cosas se le salgan de control y yo estaré ahí para tomar lo que me corresponde.
Hizo una pausa, y continuó bebiendo. Sujeté la copa que me había servido, luchando para controlar el temblor en mis manos. Bebí un leve sorbo y en cuando sentí que podía hablar sin que se me quebrara la voz, dije sin mirarlo directamente:
- Y qué tengo yo que ver en todo esto. Esos son tus planes y tus sueños, Lucius. No los míos.
Él se puso de pie lentamente y volvió a sentarse en cuclillas frente a mí; me miró directamente a los ojos y dijo:
- Fueron mortífagos los que asesinaron a tus padres, negarlo no cambiará las cosas. Desde mi punto de vista, hay solo dos caminos para ti: puedes dejar que el odio y la ira te invadan y salir en búsqueda del asesino, por tus propios medios; acabarás muerto antes de terminar la escuela... o... puedes unirte a nosotros y encontrar al responsable y hacerlo pagar. Yo puedo arreglarlo. Si yo te respaldo, nadie pondrá en tela de juicio tus orígenes... ni siquiera el Señor Tenebroso lo sospecharía...
Guardó silencio, sin dejar de mirarme intensamente. Aparté la mirada por unos instantes y entonces pregunté:
- A cambio de qué...
- A cambio de que estés de mi lado. A cambio de que, cuando el momento de elegir llegue, elijas ser mi aliado. ¡Solo imagínatelo, amigo mío! –dijo al tiempo que se ponía de pie y caminaba alrededor mío-, con mis recursos y tú talento, seremos invencibles. Siendo un mortífago llegarás a obtener conocimientos que te serían inaccesibles en Hogwarts. Adquirirás nuevas habilidades y aprenderás a sacarle provecho a las artes obscuras... no habrá quién se compare contigo. Todos esos imbéciles que te subestiman y te menosprecian, muy pronto aprenderán a temerte... pero debes tomar una decisión ahora mismo... no hay mañana, Severus. Si ahora dices no, yo me alejaré de ti y no volveré a tenderte la mano... estarás completamente solo...
Me sujeté la cabeza con las manos, tratando de organizar mis pensamientos. No tenía por qué hacerlo; no había ninguna razón auténtica para ceder ante las exigencias de Lucius... no obstante, él me conocía perfectamente... mucho mejor que nadie... él comprendía muy bien lo que yo quería. Me levanté bruscamente y me acerqué a la chimenea en la cual aún quedaban unas débiles brazas; me di la vuelta lentamente y me acerqué a Lucius, mirándolo fijamente a los ojos, él tendió una mano hacia mí y yo la sujeté con firmeza. Ya no hubo más palabras, ni explicaciones. Yo había hecho mi elección... a final de cuentas ya no me quedaba nada por perder.
