Disclaimer: Ningún personaje me pertenece, son de Meyer. Ideas, sacadas del tema Snow - Red Hot Chilly Peppers y Snow (manga). Mía, solo es la historia. :)

Pairings: Edward/Bella

Warning: Puede haber leguaje adulto.

Summary: Bella Swan es una joven que ha nacido con una disfunción en su corazón, tiene sus días contados. Pero, una noche de invierno, un angel de la noche se le cruza en su camino y ella comienza a ver un brillo de esperanza en su vida, muy a pesar de los deseos de ese ser con colmillos afilados y sed de sangre. AU y un poco de OoC.


Capítulo III: ¿Cita?


Luego de que Edward se fuera por la ventana de mi habitación, entró Carlisle. Se veía preocupado por mí, pero eso no le quitaba la belleza o la sonrisa que tenía en la cara.

Carlisle Cullen, mi médico, tenía la piel extremadamente pálida, incluso más que la mía. Estaba cerca del metro noventa, por lo que era demasiado alto para mi metro sesenta; su pelo era de color rubio y sus ojos de un hermoso celeste.

Se supone que tenía cerca de cuarenta y tantos años, pero parecía de veinte o treinta años. Por su belleza parece que es el hermano menor y guapo de Zeus. Siempre le dije que, por su atractivo, ninguna de sus enfermeras se concentraban en su trabajo.

- Bueno, Bella, ahora estás bien. Sólo fue un gran susto, no fue exactamente un ataque, pero estuviste cerca. ¿Estuviste nerviosa? ¿Hubo algo que te alteró para que reaccionaras así? – preguntó leyendo mi historial.

En mi fuero interno, me debatí entre contarle sobre Edward o no. Lo más probable era que, si le contaba, me creería una loca y me sedaría, y yo quería verle esta tarde. Necesitaba verlo.

- No Carlisle, vino sólo, estuve muy tranquila.

Carlisle anotó lo que le había dicho, asintiendo levemente. Cuando terminó, acercó una silla a mí y se sentó mirándome.

- Heidi me ha dicho algo sobre unos vampiros – comentó Carlisle, mirándome severamente.

Mis mejillas se tiñeron de un rojo vivo.

- Y que esta mañana, cuando te encontró en el pasillo, un joven estaba arrodillado junto a ti. Se supone que debía de estar aquí adentro, pero desapareció – hizo una pausa y me miró-. ¿Podrías decirme qué es lo que sucede?

Rehuí su mirada, y las sabanas me parecieron de lo más importante.

- Bella…

Suspiré y asentí.

- El chico se fue, vino a buscar algo que yo tenía. Él no sabía el horario de visitas, así que se marchó para no tener problemas. Y lo de anoche, tan sólo fue una broma que le jugué a Heidi, nada más – mentí, intentando sonar creíble.

Carlisle examinó mi rostro unos momentos, en los cuales creí que iba a saber que le había mentido y, finalmente, sonrió cálido como si fuera mi padre.

- Está bien, Bella. Pero no le juegues esas bromas a Heidi, anoche te sedó y eso pudo haber causado tu ataque, ¿está bien?

Asentí y Carlisle se paró, listo para irse.

- Carlisle, antes de que te vayas, quería pedirte permiso para salir esta tarde a dar un paseo – pedí agachando la cabeza para que no viera mi rubor.

- ¿Irás con Alice? – cuestionó y yo negué con la cabeza-. ¿Con Emmett? – volví a negar-. ¿Con quién irás?

- Con ese amigo que vino hoy a la mañana – respondí y levanté rápidamente la vista, para mirarlo-. ¡Te prometo que me cuidaré y estaré a la hora que me digas! ¡Haré todo lo que me digas! Pero por favor, déjame salir, ¿si? – pedí haciendo un puchero como me había enseñado la pequeña duende.

Carlisle se rió.

- Claro que si, pequeña. Pero debes volver para tomar las pastillas de todas las noches, ¿ok?

- ¡Claro Carlisle! ¡Muchas gracias!

Mi padre me sonrió y se marchó.

El resto de la mañana me la pasé más que nerviosa. Estaba ansiosa por ver a Edward, quería escucharlo hablar, por más que me tratara con desprecio. Quería saber todo sobre él, era un enigma para mí. Su tristeza, oculta tras el manto de egolatría, y su soledad oculta por su carácter frío como un témpano.

Como si hubiera sido un ángel, Alice había venido antes de la hora de marcharme, con un conjunto de ropa muy bonito. En realidad, seguramente la había llamado su padre, puesto que me negaba a aceptar sus visiones.

Alice también tenía la piel pálida característica de su familia. Bajita, de metro cincuenta, delgada y con el pelo corto de un color negro intenso, cada mechón de pelo para un lado. Bella la describe como un duendecillo de facciones finas. Sus ojos eran de ese celeste intenso como el de su padre. Su voz era cantarina, como la de un soprano pero aguda, y su caminar era tan grácil, que parecía que bailaba ballet.

Hay veces que creía que podría haber sido hija de los Cullen, de no haber sido que conocí a mis padres, y que yo no era tan hermosa como ellos.

Cuando terminé de cambiarme en el baño de mi cuarto, salí para encontrarme con Alice, que estaba sentada en mi cama, balanceando sus piernitas. Al verme, sonrió de oreja a oreja.

- Da una vuelta, quiero verte – pidió.

Rodé los ojos e hice lo que me pidió.

- Estás perfecta, como siempre – dijo dando rápidos, y emocionados aplausos.

Debía admitir que mi amiga tenía muy buen gusto por la moda, no por nada quería ser diseñadora. Me había escogido un jean negro ajustado, con una camiseta roja informal, la cual hacía resaltar mi palidez. La ropa estaba acompañada por unas zapatillas de lona en color rojo.

Alice me hizo un ademán para que me acercara. Me senté a su lado y me observó con sus penetrantes ojos azules.

- Bella, sabes que soy tu mejor amiga, ¿no? – preguntó enarcando una ceja.

Asentí levemente, intentando adivinar por dónde iba la charla.

- Es por ello que me vas a decir con quien sales, ¿no? – cuestionó mirándome a los ojos.

La miré y no supe qué contestarle, al igual que me pasó con Carlisle. Probablemente Alice me creería pero… vamos, ¡hasta yo aún creo que es todo una broma! ¡Los vampiros NO existen! O eso es lo que creía hasta la noche anterior.

- ¿Es Mike Newton? No, él no es, no lo soportas. ¿Acaso James Lefebre? Tampoco, demasiado popular – habló más para sí misma que para mí.

- No es nadie que conozcas Alice, es un amigo mío – contesté.

- Bells, ¿recuerdas que tenemos las mismas amistades?

Miré a Alice, y ella me observaba con una ceja enarcada. Tenía razón, no podía negárselo, pero tampoco darle la razón, mi orgullo y terquedad propia me lo impedía.

- Alice no lo conoces y ya – expuse hastiada.

Alice me miró atónita y agachó la cabeza, al momento en que comencé a escuchar unos pequeños sollozos.

Maldita duende actriz.

- Está bien Alice, discúlpame. Te diré quien es – suspiré y Alice alzó la cabeza contenta-. No sé mucho de él, lo conocí anoche. Su nombre es Edward Masen, y es lo único que sé – además de que es vampiro, claro está.

- Quiero conocerlo Bells, si es tu enamorado, debo conocer a mi cuñado porque…

Dejé de escucharla, mi móvil acababa de sonar por la alarma que le había puesto, la hora había llegado e iba a ver a Edward.

- Adiós, Allie, hablamos al rato – le besé la mejilla y salí corriendo.

Me encontraría con Edward en la plaza cerca del hospital, puesto que no quería que nadie lo viera. Quería comprobar si era real o no, así como no quería que nadie más viera su hermosura. De tan sólo pensar que alguna chica más pudiera apreciar su hermosura… ¡Para ya, Bella! Me reprimí mentalmente. No podía pensar tan posesivamente con su persona, no debía hacerlo.

Mientras que caminaba hacia el parque, me di cuenta que nubarrones oscuros cruzaban el cielo, sin permitir que los rayos del sol los atravesaran. Eso era bueno, ya que Edward podría salir sin que su piel brillara. Porque brillaba, ¿no es cierto?

Entre todas mis cavilaciones, fijé la vista en el parque y, sentado en una de las bancas principales, se encontraba Edward. Vestía un jean azul oscuro, una camiseta verde y una campera de cuero negra. Aparentemente, no se había percatado en mi presencia, porque tenía los ojos cerrados y la cabeza echada hacia atrás. Ni siquiera se movió cuando me senté a su lado.

- Hola niña – susurró.

- ¿Cómo sabías que era yo si ni siquiera abriste los ojos? – pregunté sorprendida.

Edward sonrió con una media sonrisa, sin abrir los ojos aún.

- Porque nosotros, tenemos todos los sentidos más desarrollados.

- Eso no responde, del todo, a mi pregunta.

Edward suspiró.

- Es por tu fragancia, niña – respondió en tono duro.

Me permití observarlo. Ahora ya no tenía la cara serena, sino que apretaba la mandíbula con fuerza.

- Esto no está bien, no debería estar aquí. ¿Qué rayos hago aquí? – masculló entre dientes.

- Pues, te sentías culpable de haberme provocado un ataque – siseé.

No podía creer que fuera tan estúpido y arrogante. Maldito vampiro.

- Eso es chantaje – contestó mirándome.

Sus ojos tenían un brillo realmente extraño.

- Vamos pequeña humana, debes comer algo – dijo parándose.

- Claro, señor vampiro.

Edward rió y sonó como miles de campanas.

Emprendimos camino a un restaurante. Se creó un silencio incómodo, en el cual no sabía qué decir ni hacer. Iba preguntarle algo cuando, de repente, dejó de estar a mi lado. Lo busqué con la mirada, y lo encontré cerca de una niña, y le estaba dando un globo.

- ¡Mami! – gritó la niña-. ¡Ese chico voló por los aires y agarró mi globito!

Observé a Edward, que tenía una hermosa y sincera sonrisa. Tal vez no era tan malo, sólo tal vez.

- ¿Qué es lo que tanto miras? – preguntó escrutándome con la mirada.

- Que eres muy bueno…

- ¡Idiota! Soy vampiro, no estaba intentando ser bueno, ni lo soy.

- Si tú lo dices… - comenté restándole importancia.

Continuamos caminando hasta que me entraron ganas de beber un refresco, por lo que me detuve en un puesto y me compré una lata de cola. La abrí de manera apresurada, provocando que me cortara con el metal. Enseguida, el líquido oscuro de mi sangre, comenzó a brotar, haciendo que me mareara. Pero, por primera vez en mi vida, eso fue lo menos importante y sentí miedo. Mucho miedo.

Edward miraba mi mano cortada. Sus ojos, antes dorados, volvieron a ser de ese oscuro ónix que tan poco me gustaba. Un gemido gutural se escapó de sus labios y pude ver, por primera vez, sus afilados colmillos.

- Edward, no pasa nada, ya corto la hemorragia – dije intentando sonar firme.

- No me mires – rugió.

- Es mi sangre, ¿no? Me dijiste que no te afectaba, ¡me mentiste! Tu cuerpo está reaccionando ante mi sangre, no puedes negarlo y pasar por esto – iba a continuar hablando, pero me interrumpió.

- ¡Cállate! ¡Cállate ahora mismo!

- Edward…

- ¡Es que no entiendes! Yo puedo controlarme al sentir la sangre de otros humanos, lo hacía antes de que tú te cruzaras conmigo. ¡No puedo estar cerca de ti sin desear matarte!

Sus palabras me chocaron como un balde de agua helada. No encontré manera alguna de responderle, y Edward se echó a correr, dejándome sola en medio de la calle, con un único problema, Edward quería beber mi sangre.


Nuevo capítulo!!

Si, si, lo sé. Soy la peor persona que puede existir... hace más un mes que debí haber actualizado y no pude hacerlo. El 24 iba a hacerlo, después de rendir mi examen de ingles, pero no pude hacerlo (como habran notado) porque la pandemia de Gripa A H1N1 atacó argentina, paralizando todo, por lo que tuve montones de tarea escolar. Aún así, cuando las termine, a principio de agosto, los profesores creyeron que no tenían nota, así que anduve estudiando a FULL-TIME para poder tener esas benditas notas! La buena noticia, es que ese examen de inglés lo rendí bien, así que ya soy profe :) (Por ahí más delante pido algo para traducir)

No se crean que la historias van a quedar a medias, NUNCA! las terminaré aunque me lleve la vida :)

En fin, hablando del tercer capítulo. No hemos averiguado mucho más acerca de Edward, pero si pudimos conocerle mejor. Hemos visto a Alice, un poco de Carlisle, y la relación Edward-Bella. ¿Qué creen que es lo que sucedera? ¿Se volveran a ver? ¿que pasara con la salud de Bella?

Espero que les haya gustado :)

Críticas, rosas, tomates, maldiciones, todo por un comment!