Disclaimer: Pokémon, al igual que los personajes de esta historia, no son de mi propiedad.

Nota de Autor: Dos años después de la publicación original, he editado mi obra para hacer pequeños cambios y correcciones ortográficas. ¡Espero sea de su disfrute!


CAPÍTULO IV

Una parte de mí logró descansar toda la noche, mientras la otra estaba consciente y alerta del más mínimo sonido, sin embargo, otro que no fuera el del viento, no logré escuchar. Por cuanto podría decir que este nuevo acompañante es "fiable". El alba llega, el viento sopla generosamente y acaricia mi piel, lo cual me da ganas de continuar durmiendo, pero no puedo darme ese lujo, no ahora. ¿Qué debo hacer: Dar a Oddish por perdida o continuar la búsqueda? Mi atención repentinamente es captada por una sombra que aparece justo enfrente de mí, es de un color negruzco, y le rodea una especie de polvo púrpura, sus ojos están rojos y clavados directamente en los míos, me intimida. Me incorporo y me pongo en posición de batalla (a pesar de que aún estoy algo inconsciente, lo cual es una clara desventaja), pero la sombra no se mueve. Parece susurrar algo aunque su boca no se mueve, puedo oírlo, sí, ¿Será mi imaginación, tal vez? ¿Telepatía? El punto es que puedo entender lo que dice: Y su mundo será restringido y su vida limitada… Y repite esto un par de veces hasta el punto en que considero que es lo único que sabe decir, me causa mareo, el lugar me da vueltas, parece una pesadilla…

En efecto, lo era. Despierto gracias a Pidgey, cuya voz me saca del trance; aún estoy mareado y la imagen de aquella negruzca sombra no parece querer salir de mi mente: es como si cada vez que cierro mis ojos, aparece, y me mira fijamente.

―¿Qué ha pasado? ―Pregunta.

―Pues… Dímelo tú…

―No despertabas, me has dado un buen susto… ¡Mira! Parece que tenéis fiebre…

―¿Fiebre?

Mi cuerpo está algo débil, agotado. Mis párpados quieren cerrarse pero los obligo a permanecer en su sitio, y mi voz suena tan ronca y poco audible que parecería que estoy falleciendo. Medicina, necesito medicina, ¿Dónde está la reserva? Intento levantarme de mi cama y consigo moverme un poco, para luego volver a desplomarme en mi lugar de descanso. Frustrado, frunzo el ceño.

―Medicina… ―Es lo que alcanzo a decir.

―¡No! ¡No te levantes ni intentes hacerlo! ¿Medicina? ¿Es eso lo que quieres? Pues… Eh… Déjame ver si consigo…

Acto seguido, se pone a buscar en el refugio y luego sale de él, dejándome todavía más vulnerable y solo.

Fiebre, eso explicaría mi extraña alucinación… Sin embargo, ¿Realmente fue eso? ¿Una alucinación? ¿Un sueño? Lo dudo, se ha sentido muy sospechosamente real como para haber sido producto de mi enfermedad.

Dado que estoy solo, intento incorporarme de nuevo, sin éxito. Sólo me queda esperar y reflexionar acerca de la situación. Comienzo a rascar generosamente mi cama hecha de hojas y pequeñas ramas similares a paja, y hago un recuento de los más recientes giros y acontecimientos extraños que ha sufrido mi vida en… ¿Un día? Es impresionante. Reflexiono, figuro mi próximo movimiento en base a las condiciones de mi cuerpo y finalmente llego a una conclusión: Tengo una maldición y no sé cómo romperla, las alternativas son escapar y mudarme a otro sitio, quedarme aquí, o ir a la llanura y buscar a los misteriosos pokémon que se hacen llamar a sí mismos "Guardianes del silencio". He de decidir cuál es la mejor opción luego de curarme, que es mi objetivo primordial por los entra con cara de duda, la cual me expresa poco después:

―¿Si completo un "trabajo", puedo obtener la medicina?

―Si Kecleon la tiene disponible de recompensa, entonces sí. De lo contrario, hay que pagar por ella.

―Pues, ¿Qué os parece si yo hago el trabajo y tú te quedáis?

―¿Crees poder hacerlo?

―No ha de ser muy difícil, y si me dan explicaciones detalladas será pan comido.

―Vale, ¿y si alguien entra y me ataca?

―No, me aseguraré de dejar el refugio bien camuflado como un arbusto, y siempre que no hagas ruido, estarás a salvo.

―Entonces te lo agradezco mucho, esperaré aquí…

―No he de tardarme.

Acto seguido, sale del refugio y comienza a tapar la entrada y demás cosas con palos, piedras pequeñas, algo de tierra y hojas, muchas hojas. Ahora, el refugio está oscuro, pues la luz del exterior no entra, y no me deja más opción que reanudar el sueño.

Entonces la veo, ¿Es ella? Sí, es ella, su silueta es inconfundible para mí. Identifico sin dificultad cada minúsculo rasgo de su apariencia, está rodeada por una blanquecina luz que resalta por sobre la neblina, neblina relativamente espesa y entonces recuerdo todo: Estamos nuevamente en la Llanura, justo momentos antes de que desapareciera. Intento acercarme, pero cada vez que lo hago, ella se aleja más, no entiendo por qué, no puedo tocarla, ni acercarme, así que intento hablarle:

―¡Oddish! ―Grito.

―No apartes tu vista de ellos, lo lamentarás.

―¿Ellos?

―Ellos… Sí, ellos.

―¿Estás bien?

―Estoy en donde debo estar a consecuencia de lo que hicimos.

―¿Perdón? ―Seguidamente suspiro, para luego continuar― ¿De qué estás hablando? ¿Quiénes son ''ellos''?

―Ellos son quienes nos han condenado, ya no estoy allá, pero estoy aquí. Tu aún estás allá, aléjate de aquí, haz lo que puedas para que no te tomen ni a ti ni a los tuyos ―Hace una pausa― Como lo hicieron conmigo.

―¿Hablas de los Guardianes del Silencio? ¿Y la maldición? ¿No hay solución?

―Solución… Existe, sí. Pero, no sé cuál es.

Y entonces el resplandor se desvanece, pero su silueta sigue ahí, hablo, pero no contesta. ¿Qué quiso decir con "allá" y "aquí"? ¿Quiénes son "los míos"? Si la solución existe, ¿Cuál es exactamente? La alternativa que consideraba de volver a la Llanura, por mucho que deteste, es ahora un objetivo: Debo encontrar la manera de averiguar una sola cosa: ¿cómo acabar con la maldición?, Ésa es la pregunta que planeo contestar cuando me encuentre con algún Guardián del Silencio. Mi situación es cada vez más confusa, me siento estresado, tenso, no hay tiempo para digerir, y ni siquiera sé exactamente los efectos del hechizo, sólo sé que tampoco quiero descubrirlos. Me acerco a la silueta de mi ex-compañera, pero, ahora no es más que una especie de roca idéntica a ella, toco su superficie, es lisa, me recuesto junto a ella mientras me entretengo con mi propia respiración, ¿Qué clase de sueño es este?. Pues, parece ser más un mensaje mental que un sueño. La neblina se despeja gentilmente, en un fúnebre silencio, y deja ver un prado. No recordaba haber visto semejante cosa cuando estaba en las cercanías de la llanura; la curiosidad me invade, comienzo a caminar en dirección al prado lentamente, mientras me giro cada cierto tiempo para observar la estatua de Oddish, que sigue ahí, y me da una sensación que me hace sentir vigilado; sencillamente me vuelvo y continúo con mi camino.

Abundan las flores a cada lado del camino, resplanden colores blancos, amarillos y rosados, hay uno que otro árbol y no hay arbustos; huele a pureza, me siento cómodo, y a medida que continúo la caminata poco a poco se va divisando algo en el horizonte, hasta que lo veo: Un lugar con varios desniveles, que incluso parecen rampas, al final del cual puedo divisar un pequeño arroyo que corta el terreno a la mitad, y al otro lado hay una cueva. "¿Qué yace ahí?", es la pregunta que me invade mientras sigo caminando para adentrarme en el terreno desnivelado. Una vez allí comienzo a aferrarme al suelo para subir y luego deslizarme para bajar, esto último es bastante divertido, y disfruto mucho de cada bajada, hasta que llego al punto en que tengo que volver a subir. Las sendas de flores a los lados del camino desaparecen aquí, y percibo un poco de humedad en el aire, como si acabara de llover. Sigo con el camino hasta llegar al arroyo, intento divisar mejor la ahora más cercana cueva y parece que hay alguien adentro.

Me invade la curiosidad y me preparo para saltar la calmada y no muy ancha corriente de agua, cuando una voz masculina me detiene:

―¡Espera!

―¿Perdón?

Entonces lo veo: Sale de la cueva con elegancia y delicadeza, tiene ojos hipnotizantemente rojos, pero, no como el de los Guardianes del Silencio, sino un rojo más claro y cautivante y notablemente menos agresivo, y un pelaje sedoso y suave. Me mira, entonces me pregunta:

―¿Qué haces aquí?

―Pues, seguí una dirección que captó mi atención y llegué hasta aquí…

―Entonces, se supone que deberías estar aquí.

―¿A qué te refieres?

―Sólo logras darte cuenta del camino que da a este lugar si es ese tu destino.

―Comprendo… Mi nombre es Bulbasaur.

―Soy Ninetales, un pokémon particularmente espiritual. ¿Qué te preocupa?

Me estremezco ligeramente al escuchar "espiritual", y aún más cuando sabe que algo me preocupa. Aclaro mi garganta antes de responder:

―Pues… Creo tener una maldición…

―¿Qué pokémon es responsable de eso?

―Haunter… Gastly… Ambos tal vez… No estoy seguro… ―Al ver que Ninetales ladea la cabeza, añado―: Se hacen llamar "Guardianes del Silencio".

―Mala elección para recibir una maldición. ―Dice, esboza una sonrisa, luego ríe un poco y finalmente añade―: ¿Quieres que vaya al grano o te dé detalles?

Medito un poco la pregunta, ¿Quiero detalles? ¿O sólo quiero que me digan cómo deshacerme de esto? Cuando me doy cuenta de que Ninetales está comenzando a incomodarse por mi silencio digo lo primero que pienso:

―Supongo que como no sé nada acerca de ellos no estaría mal conocer detalles, digo, para saber con firmeza de quiénes estamos hablando.

―Pues primero que nada, debes conocer que existen pokémon con alto grado de misticismo que son capaces de ejecutar hechizos, lo cual abarca maldiciones, que es tu caso. Ejemplo de estos son Mismagius, Honchkrow, Spiritomb, Gastly, Haunter, Gengar, Dusclops, Dusknoir, y Ninetales como yo, entre muchos otros. Los Guardianes del Silencio son un grupo de Haunter y Gastly que protegen la paz de la Llanura Silenciosa. Y tengo que destacar que son la razón principal por la que ese lugar es poco visitado, pero con una paz única, por lo que es frecuentado para meditación o reposo.

Mientras almaceno la información, Ninetales se pone cómodo y, con su típica elegancia, se acuesta boca abajo y pone una pata sobre la otra. Bosteza, mira alrededor hasta llegar a mí, luego continúa:

―Entonces, cada maldición tiene su propio grado de intensidad, las más poderosas son las de nosotros los Ninetales, luego están las de los Spiritomb, y luego las de los Guardianes del Silencio. A partir de ése punto las maldiciones son muy muy débiles, al punto de que frecuentan poca efectividad. ¿Recuerdas algo de lo que dijeron?

―No, no en realidad. Sólo recuerdo la silueta de ojos rojos, pero, más allá de eso, no. Y ahora que lo pienso, mis recuerdos en la llanura son muy, muy borrosos. Sólo recuerdo la pérdida de Oddish y la aparición de abundante neblina.

―Hmm… ―Dice, luego aclara su garganta y guarda silencio un rato.

―¿Y bien?

―Pues… ―Comienza a mover dos de sus colas a un lado, luego al contrario, luego al anterior, en forma repetitiva― ¿Qué tan grave fue lo que hiciste?

―Supongo que solamente rompí el silencio…

― ¿Qué tanto?

―Bastante.

―Pues entonces, creo que tal vez esto tiene solución. Para que la maldición desaparezca…

Pero jamás sabré lo que dijo, pues soy despertado repentinamente por Pidgey, ha regresado muy rápido.

―¿Cómo estás? Ya hice el trabajo y traje un pequeño remedio para tu fiebre.

―Estoy igual, supongo, tardaste poco. ―Comento.

―No. ―Niega con la cabeza― He estado fuera durante todo el día, y ya el sol se pone para dar paso a la luna.

―¡¿Perdón?! ―¿Significa eso que he estado durmiendo todo el día?

―Lo que escuchaste, estoy algo hambriento, ¿Te apetece comer algo antes de que te de la medicina?

―No gracias, otra cosa que no sea remedio no la deseo, al menos, no hoy.

―Pues deberías considerar al menos un pequeño aperitivo, ya sabes, para "matar" el hambre.

―No hay hambre para ''matar'' hoy.

―¿Y qué pasa si el medicamento afecta tu estómago? ¿Pretendes que escuche tus quejidos mientras intento conciliar sueño?

―Pues, no, pero…

―No, debes comer, luego, te daré esto y luego descansaremos y veremos qué tal amaneces.

―Vale.

Y luego de comer unas Bayas Wiki y de tomarme una botella con un líquido amargo, me acuesto en mi cama y comienzo a rascarla lentamente como tanto acostumbro a hacer, hasta que mis propios pensamientos me adormecen, "Ojalá pudiera reanudar la conversación con Ninetales", pienso, mientras me pongo más cómodo y me dispongo a descansar.