Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia completamente mía.


CAPITULO IV

El salón estaba repleto de personas, muchas de ellas políticas, muchos familaires y conocidos, otros compañeros de trabajo de su hermano o incluso de su cuñada. El círculo social más alto de Berlington. Incluso para un duque dueño de unos cuántos acres, no había tantas familias aristocráticas o incluso que le dieran tanta importancia como lo hacía él mismo. La música era suave y apenas estaban sirviéndose los aperitivos, el retrazo no era tanto pero si notorio. Si es que había alguien tomando el tiempo, y ese alguien tenía nombre y apellido.

Edward la llevó dentro, casi sin poder creer que ella estaba a su lado. Esa mujer. Dentro de todas esas personas había muchos que los habían conocido a ambos en el instituto. Ahora estaban volteados hacia ellos. Como la comidilla más reciente, el chisme más jugoso de la alta sociedad. Lo más importante aquí y ahora, era mantenerse en línea para que los comentarios fueran positivos. Un paso en falso y todo el rechazo de una sociedad se te echaba encima. La oportunidad más grande para Charlie. Saliendo del estupor, notó cada mirada sobre ellos, sobre Bella. Llevaba tiempo escondida de los eventos sociales y ciertamente hacer una reaparición de esa clase, era para ser notado. Y así como él se había quedado impactado de verla. Muchos lo hacían también. La acercó a su cuerpo y la miró. Ella se había puesto pálida de repente.

-Estas lista para esto, estoy a tu lado y lo estaré toda la noche.

La sonrisa débil de su rostro borro cada rastro de frustración que tenía con su esposa. Era tan víctima como el de todo lo que les estaba ocurriendo. De pronto se puso en su lugar, siendo una niña desvalorizada, desprotegida y luchando contra la malicia de su propia sangre, durante toda su vida. Se dispuso a bailar frente al enemigo, hacerla sonreír cada vez que pudiera. Proyectar la felicidad que realmente le gustaría darle.

Tomando dos copas se adentraron hacia la masa amontonada en pequeños grupos. Bella divisó a su hermano menor acercándose. El más parecido a su padre, lamentablemente.

-Así que mi hermanita menor se casa y soy el último en enterarme.

Su sonrisa era tan falsa como cínicas eran sus palabras.

-Alec.. Siempre un placer verte.

Devolvió en el mismo tono. Su hermano le sonrió.

-¿No vas a presentarme a tu querido esposo?

Ella sabía de sobra cual era el arreglo aquí.

-No. ¿Que haces aquí?

Alec volvió a la realidad, demostrando la actitud soberbia y la mirada altanera que siempre había tenido con ella.

-Haciendo negocios, ahora que es de la familia.

-Olvídalo.

Edward apretó su mano, no queriendo intervenir en la diatriba familiar, siendo testigo del horror real que solo se había animado a imaginar. Ella lo miró brevemente, pero Alec volvió a atacar.

-¿Que, el ratón te comió la lengua?

Bella perdió la poca paciencia que nunca le había tenido a Alec. Se interpuso entre su marido y su hermano.

-¿Que, aprovechando una migaja a las sobras de tu hermanita? Patético, Alec.

Antes de que pudiera hacer una confrontación directa de nuevo, Charlie apareció frente a ella.

-Bella.. Tarde, como siempre.

Una sonrisa grande apareció en su rostro. Había aprendido como ser una buena actriz de reparto cuando se trataba de enfrentamientos verbales con su padre. Se dejó caer sobre suavemente en el pecho de su esposo. Edward tardó en salir de la sorpresa y la envolvió para no dejarla caer.

-Oh. Ya sabes como son los recién casados… siempre salir de la cada es difícil. Mejor tarde que nunca.

Charlie la fulmino con la mirada. Siendo consumido por el odio.

-¿Hijo?

Isabellademoró en retirar la mirada de su padre. Por el simple hecho de que había estado preparándose durante toda la vida para la presencia de padre. Pero no para esto. Incómodo, pensó. Había conocido a la señora Masen en otras circunstancias, en las peores y secretos corrían entre ellas como demonios en el infierno. Deseosos de salir a luz del sol. Pero no podía arriesgarse con Edward allí de pie, tenía que fingir que él sabía todo o gran parte de las verdades de su pasado. Ciertamente, ellas nunca se habían llevado mal, pero la señora no tenía las mejores referencias de ella misma. Edward se apartó de ella para abrazarla, era cálido y por un momento pensó que tan reconfortante era abrazarlo. Levantó la vista hacia la mujer. Ella no le había sacado los ojos de encima. Midiendo, analizando. Si, ciertamente tampoco lo hice bien esta vez. Casándome a escondidas con su otro hijo.

-Bella...

-Señora Masen. Es un placer verla de nuevo.

Difícil de decir esas palabras. No era un placer, nada de esto estaba bien. El remordimiento le carcomía los huesos. Esmeralda Masen sonrió, y estuvo segura de que era auténtica. Ésto, sí que era todo un asombro.

-Es una sorpresa, tengo que decirlo. Pero también me alegra verte.

Deslizó la vista entre su hijo y ella misma, sonriendo realmente. Casi frunció el ceño. Casi. ¿Qué se había perdido en el medio? Edward volvía a estrecharla en sus brazos.

-Madre..

Edward volvía a abrazar a su madre con una dulzura y cuidado, como si la pequeña mujer fuera a romperse. La ternura invadió su corazón. Esme seguía siendo como la recordaba, esbeta y su cabello siempre perfecto. Tenía un atuendo color azul oscuro que hacía sus ojos brillar.

-Te he extrañado madre.

Ella se apartó de él con una suave sonrisa.

-Bueno, espero verte por aquí más seguido, que puedas visitarme con tu nueva... esposa. Ponernos al día.

De por qué demonios hicieron lo que hicieron, casi pudo completar en voz alta. Bella se acercó a Edward, en un intento de esperanzado que Alec saliera de su entorno. Su plegaria fue oída cuando arrastraron a Charlie lejos de ellos. Bella se volvió hacia las palabras de Edward. Mucho más nerviosa de lo que se había encontrado nunca en su vida. Su suegra estaba frente a ella y sonrió ante la necesidad de hacer lo mejor que podía. Hacerlo por Edward, porque para él era importante.

-Se que es sorpresivo, impulsivo y descabellado. Pero…

La acercó a su cuerpo, ajustándola a su costado. Sus palabras iban clavándose en ella como la gran mentira que eran. Los ojos le picaron. Pero solo pudo sonrió dulcemente.

-..no podía dejarla ir.

No de nuevo, pensó. Edward la miró a los ojos, Bella conectó en ese segundo. Eso había sido para ella, con toda la intensión de que latiera tan en el fondo de su corazón como lo hacía en el suyo. Edward admiró la belleza de sus rasgos, una corriente eléctrica lo atravesó completo. La necesidad de poseerla por completo. De besarla en ese mismo momento, alejando a las razones que los habían obligado a casarse. Edward presionó su mano todavía entre las suyas.

-¿Cierto?

Susurró. Ardiendo por dentro.

-Cierto..

Edward sonrió. Casi creyendo que realmente tenía una conexión con su esposa. Y a decir verdad creí que la tenía, la había extrañado, la había necesitado. Sin ella en la cama no había podido pegar un ojo. No podía dejar de rondar en su mente todo el misterio que la envolvía.

Bella se apartó primero.

-¿Nos sentamos a cenar?

Una camarera los alineó en la mesa correcta, su cuñada lanzaba la noticia como una bomba, hacía cuatro meses solamente que estaban casados. Por lo que no parecía ser bien recibido. Cieramente se había acercado a felicitarla cordialmente, pero la amistad que tenía con Alice era algo superficial. Ella estaba más unida a su otra cuñada Rose, su abogada. Ahora mismo su vida era una farsa como para siquiera entablar una amistad. La velada fue tensa, las conversaciones eran superficiales, la cercanía de Edward y su familia estaba por enviar su cordura por el suelo. Hiperventilando por la incómoda situación se excusó.

Esme fue la primera en ponerse de pie junto a ella.

-¿Te encuentras bien? ¿Quieres que te acompañe al aseo?

Bendijo a la mujer y sonrió. Sentía que las paredes estaban a punto de presionarse contra su cara, quedarse sin aire y desmayarse.

-Por favor..

Bella estaba blanca como un papel. Edward mantuvo un ojo en ella mientras se retiraba con su madre, y frunció el ceño. Apenas había tocado su comida. No había bebido el vino. Se puso de pie para ir tras ella.

Estaba segura de que el aire faltaba en esa habitación, abrió la puerta del baño de mujeres y se acercó al lavabo, se mojo el cuello y suspiró, tenía que calmarse. Se acercó a la ventana y se dejó caer en la corriente de aire, cerró los ojos, respirando por primeramente en la noche.

-¿Náuseas?

-Mejor ahora.

Abrió los ojos. Esme estaba tan silenciosa como el lugar.

-No estoy embarazada.

Dijo rápidamente. Esme enarcó una ceja mientras se sentaba a su lado.

-Dios.. No.

Río con ganas, con el poco aire que le quedaba en los pulmones.

-Tengo claustrofobia.

La mujer se vio notablemente más relajada. Demasiado como para ser bueno, pero no tenía fuerzas para pensar en ello.

-Es solo que..

La puerta se abrió. Edward entro convertido en una furia. Se acercó a su altura, acariciando su rostro. Con más colores ahora.

-Dios, me asustaste.

Le susurró. Su piel siempre tan suave estaba más fresca, acarició la mejilla.

-Tienes colores en el rostro ¿Necesitas algo?

Bella trago pesado, en muchos años nunca había habido una persona que se preocupara por ella. Descubrió que le gustaba. Que le gustaba de él.

-No, necesitaba aire. Estoy mejor.

Edward miró a su madre, captando el mensaje. Esme se disculpó hacia la salida.

-Los dejo, volveré a la mesa o comenzarán a hablar.

-Gracias..

Edward tomo el asiento vacío, sin poder evitar acercarla a su cuerpo. Bella cerró los ojos.

-¿Que fue eso?

-Pánico. Creí que podía controlarlo. No puedo estar encerrada en el mismo espacio que el, sabiendo que esta observando, analizandome y tratando de aplastarme a la vez. No puedo...

-Bella, detente.. Necesitas relajarte. Estamos juntos en esto ¿Recuerdas?

El arrepentimiento batalló con todas sus defensas.

-¿Y tu familia?

Edward se mantuvo callado. Sopesando lo horrible que había sido tenerlos a todos frente a su esposa.

-Tu padre parece decepcionado, apenas me ha dirigido la palabra. Tu madre cree que estoy embarazada y tu hermano.. Dios. Esto es un desastre.

Se puso de pie para darle la espalda. Edward la siguió.

-Lo siento, lo siento mucho.. Todo siempre es por mi culpa..

La envolvió en un abrazo, escondiendo su rostro en su pecho. Suspirando, siendo fuerte por ella también.

-No es tu culpa. Me encontraba a merced de tu padre hacia tiempo. Le pedí un favor económico cuando mi padre estuvo a punto de fundir la empresa, tenia que hacerlo y sabia las consecuencias. Charlie Swan no juega limpio jamás.

Ella se relajo en sus brazos. Dejando su mejilla en su pecho, disfrutando del calor que emanaba. Sientiendo la seguridad reconfortante, su confianza la abrazaba.

-Somos víctimas de un idiota.

Edward rió, la atrajo más a su cuerpo. Bella era pequeña, su cabeza daba justo por debajo de su mentón y eso le gustaba. Ese vestido la hacía parecer una ninfa, sus curvas siempre habían sido pecaminosas. Pero era su mujer y si Dios supiera todo lo que él la deseaba en ese momento. Un extraño sentimientos de posesión le atacó profundo. La necesidad de protegerla de todos sus monstruos.

-¿Volvemos?

Edward se apartó sin mirarlo y salió del baño. El cuerpo le temblaba, estaba muy segura de que no se debía al ataque de pánico. Edward siempre había sido apuesto y ahora era todo un hombre. Grande, que la había envuelto en sus brazos como si la pudiera reclamar. Se rió para sí misma, él podía hacerlo todo lo que quisiera, pues ya la tenía donde siempre había estado. A su merced. Pero sin saberlo esta vez. De todas formas, se consumiría por dentro antes de que él lo descubriera. Ella iba a liberarlos a los dos de todo los males para que cada uno pudiera ser feliz con su camina.

Aunque eso incluyera perderlo de nuevo.