Capítulo 4

Hermione caminaba de un lado a otro en su sala. No era la primera vez que invitaba a un hombre a su apartamento. Demonios, no era ni siquiera la primera vez que invitaba un Slytherin. Era, sin embargo, la primera vez desde su ruptura, y el hecho de que su ex novio había sido amigo alguna vez del mago en cuestión, le dejaba un nudo en su estómago. ¿Era inapropiado? ¿Estaba mal de su parte invitar a Draco Malfoy, el amigo de Blaise del colegio, a su apartamento en mitad de la noche? ¿Se habría molestado ella si Blaise invitaba una de sus amigas a su nuevo apartamento?

La respuesta era no. Ella era una mujer adulta, y tenía todo el derecho de pasar su tiempo con quien sea que le plazca. Ya no tenía que tomar en consideración los sentimientos de su ex novio. No le importaría en lo absoluto si a Blaise le gustaba alguna de sus amigas.

―Eh… - Hermione se congeló, desechando ese rumbo de pensamientos – No me gusta él – dijo en voz alta – No me gusta.

Momentos después, llamaron a la puerta.

Volteó hacia allí, mirando la puerta antes de acercarse a ella lentamente, e inclinarse para echar un vistazo a través de la mirilla. Al vivir en un edificio muggle, el llamar a la puerta era una formalidad, dado que la mayoría de sus invitados podía traspasar la cerradura con magia.

Hermione rápidamente movió su varita hacia el sistema de audio, reproduciendo música para tapar los ronquidos de Neville más fuertes que una sierra para cortar huesos, y luego la dejó a un lado para abrir la puerta.

Al otro lado se encontraba un alto mago de cabello rubio, con las manos en sus bolsillos y hombros ligeramente encogidos, que pronto encontró su mirada ― Hola – saludó él, con una leve sonrisa tirando de sus labios.

Hermione se congeló un momento, sintiendo el nudo en su estómago estirarse más con cada segundo, antes de que decidiera ignorarlo por completo – Hola – respondió, dando un paso a un costado y gesticulándole para ingresar – Entra, entra.

Malfoy entró, quitándose su abrigo y bufanda, mientras sus ojos vagaban alrededor de su confortable apartamento. Estaba, por supuesto, impecablemente limpio y decorado con colores cálidos y vibrantes, inundado con la esencia de vainilla que caracterizaba a Hermione.

Ella imaginaba que su apartamento era unas diez veces más grande, pero la mirada en su rosto no mostraba signos de crítica.

―Tienes un lugar encantador – dijo él, estudiando los distintos elementos que decoraban su salita.

Hermione colgó el abrigo y bufanda en el gancho de la puerta y lo siguió a la sala, sabiendo que encontraría la evidencia en cuestión de minutos, si no segundos. ― Gracias. No es mucho, pero… es casa.

La atención de él se enfocó en las fotografías alineadas sobre la chimenea. La mayoría era de amigos y su familia durante las vacaciones y demás ocasiones especiales, pero había una que destacaba sobre las demás. La única evidencia de su más reciente relación.

Hubo un atisbo de sorpresa en los ojos del rubio, pero rápidamente lo disimuló.

― ¿Te gustaría algo para beber? – le preguntó ella, no solo por ser educada, sino porque realmente, verdaderamente, necesitaba algo para distraer la incómoda tensión – Estoy segura de que tengo algo de Vino de Elfo en alguna parte.

―En realidad… ― Malfoy se giró, tomando un objeto del tamaño de la palma de su mano de su bolsillo, al que le regresó su tamaño regular – Espero que no te moleste.

Hermione observó la botella de Superior Red en sus manos. Era la marca de vino que la familia de él manufacturaba en Malfoy Apothecary. – Oh, no. Para nada. Yo… buscaré un par de copas – le dijo, medianamente impresionada de que no hubiera venido con las manos vacías.

Con eso, desapareció en la cocina y rebuscó en los armarios en la oscuridad, hasta localizar dos copas de vino y un sacacorchos, para regresar a la sala unos momentos después.

Para ese momento, Malfoy había dirigido su atención hacia la ventana – Parece que una tormenta se avecina – comentó, con los ojos fijos en las nubes oscuras.

Hermione descorchó la botella y sirvió una generosa cantidad de vino en ambas copas, pasándole una a él mientras tomaba su primer trago. Lentamente, la música de fondo se volvió más fuerte y el nudo en su estómago comenzó a desenredarse.

― ¿Confío en que el resto de la exposición terminó bien? – preguntó ella, encontrando su mirada.

―Sí, salió todo sorpresivamente bien – asintió él, tomando un trago de vino – Gracias, de nuevo, por ir. Espero que hayas pasado un buen rato… antes de que Longbottom drenara la mitad del bar, al menos.

La castaña cubrió su boca para evitar reír – Eso me recuerda… ― dijo ella, asintiendo hacia el pasillo – Debería comprobar cómo está. Si no te molesta, por supuesto.

―Oh, no, para nada. Adelante. Te espero aquí.

Sin más palabras, Hermione bajó su copa y caminó hacia el dormitorio donde el rostro y cuerpo de Neville yacían aplastados contra sus sábanas limpias. Suspiró, pensando en la cantidad de hilos que tenían y en cuánto dinero le costaría reemplazarlas si es que Neville vomitaba en ellas. Me pregunto qué pensará él cuando le cuente que invité a Malfoy a beber algo aquí. La bruja mordisqueó su labio inferior, desechando la idea. Quizás debería mantener esa información para mí misma.

Convocó su varita con un gesto de la mano y realizó los correspondientes hechizos para saber que estaría bien hasta la mañana siguiente. Una vez que terminó con ello, se giró hacia la puerta y jadeó, cuando el rugido de un trueno hizo retumbar su cuerpo y cortó la luz.

Parecía que la tormenta finalmente había llegado.

Lumos – murmuró, navegando entre la oscuridad.

Todo su departamento se iluminó con un brillante flash azul con la caída de un rayo. Honestamente, no era la mayor amiga de las tormentas. No le aterrorizaba tanto el ser golpeada por un rayo, sino más bien los furiosos golpes de los truenos. No le gustaban los sonidos fuertes, y especialmente no le gustaba no tener el control.

Afortunadamente, Malfoy pareció no notarlo.

―Lo siento – se disculpó rápidamente – Esto no ocurre normalmente. Yo… buscaré algunas velas.

― ¿Necesitas ayuda? – preguntó él, siguiéndola hacia la cocina antes de que tuviera oportunidad de contestarle.

Con las varitas afuera, y la lluvia golpeteando las ventanas, ambos abrieron y cerraron armarios y cajones, hasta localizar seis velas en total, antes de regresar a la salita y encenderlas todas con magia. Hermione colocó algunas sobre la chimenea y la mesita de café, mientras que Malfoy se encargó de acomodarlas sobre la cómoda y en el alféizar de la ventana.

En cuestión de minutos, el departamento volvía a estar iluminado.

Hermione volteó para encontrarse a Malfoy levantando la mirada de su cómoda. El gris de sus ojos parecía arder bajo la luz de las velas, como solía hacerlo en las clases de Pociones, frente a las llamas de su caldero de peltre.

Tan caliente – suspiró ella.

― ¿Disculpa? – preguntó Malfoy, desviando su mirada.

― Eh… ― sintió que la sangre le abandonaba las mejillas mientras aclaraba su garganta, con incomodidad. Cientos de mentirillas blancas inundaron su mente, pero ninguna escapó de sus labios.

―Sí, supongo que hace un poco de calor aquí – agregó Malfoy, salvando el día sin saberlo. Se tomó un momento para desabotonar el saco de su traje antes de acomodarlo sobre el respaldo de la silla más cercana. Debajo de él, estaba vestido con una camisa blanca de vestir, cuyo cuello se adaptaba perfectamente al de su dueño de forma elegante pero relajada al mismo tiempo.

Hermione mordisqueó levemente su labio inferior, obligándose a desviar la mirada – Así que… ― comenzó ella, bebiendo un sorbo de vino para combatir los extraños pensamientos que surcaban su mente.

―Así que… - repitió él con un tono diferente de voz ― ¿Blaise y tú, huh?

El calor volvió a inundarla. Era cuestión de tiempo. – Sí – respondió ella, mirándolo para encontrarlo enfocado en la fotografía que se encontraba más hacia la izquierda. En ella, estaban Ginny, Harry, Ron, Luna, Neville y, justo al final, con su brazo alrededor de ella, Blaise. Ambos se miraban a los ojos y sonreían: nada demasiado sugerente o entusiasta, simplemente un momento de alegría capturado en una fotografía – Dos partes un descanso laboral, tres partes de una horrible ruptura – repitió ella.

Malfoy la miró a los ojos, lo suficientemente rápido como para atrapar una chispa de melancolía en ellos antes de que ella parpadeara hasta quitarla ― ¿Cómo se conocieron?

Ella abrió su boca un par de milímetros, sorprendida por su pregunta, pero más por lo dispuesta que estaba a contestarle – Nosotros, eh… trabajamos juntos en algunos proyectos en el colegio, pero eso era todo hasta que volví a verlo. Fue poco tiempo después de que Ron y yo termináramos nuestro infantil intento de relación. Yo… ― ella sonrió, pensativa – Había salido a un club nocturno en Sussex. Sobra decir que estaba muy por fuera de mi zona de confort. Recuerdo haber planeado una salida estratégica apenas unos minutos después de llegar, pero luego vi a Blaise y… él me vio a mí. Como no habíamos tenido contacto desde la guerra, dudé que me reconociera. Resulta que sí lo hizo. Una canción, me dijo. Para mi sorpresa, terminamos bailando toda la noche, y me acompañó a casa después. Conversamos por horas. Fue… agradable. Inesperado y más rápido de lo que acostumbraba, pero… agradable.

Sintió un golpe en el pecho al recordar los eventos que había tenido lugar unas cuantas semanas atrás. En ese mismo apartamento, en el mismo horario de la noche.

― ¿Puedes creer que rompimos por una pasta de dientes? – preguntó ella, con los labios estirándose en una sonrisa que no le llegó a los ojos – Teníamos mucho interés el uno por el otro, pero tuvo razón al terminar las cosas. Realmente apresuramos las cosas. No tenemos nada en común. Nuestras vidas iban dirigidas en caminos opuestos.

― ¿Pero?

Sin sorprenderse por la intuición del rubio, Hermione continuó – Pero aun así no lo vi venir – dijo aceptándolo de una vez, pero sin estar lista para sanar del todo. –De cualquier modo… debería ir a controlar a Neville – desvió la mirada, tomando un gran trago de vino y forzándolo por su garganta, antes de dirigirse hacia el pasillo.

― Si hay algo que pueda hacer para ayudar… dímelo – la interrumpió Malfoy, deteniéndola en su camino – Lo que sea que necesites – agregó, bajando la mirada hacia los rizos chocolate que cepillaban sus codos mientras ella desviaba la cabeza hacia un lado.

Su perfil se veía delineado por la luz de las velas ― ¿Tienes… tienes tu equipo de dibujo a mano?

―Siempre.

Hubo un momento de silencio antes de que ella dijera algo, un momento en el que ambos podrían haberse retractado y elegido un curso de acción diferente, pero ninguno lo hizo.

―Prepáralo – le pidió ella, suavemente – Y yo también iré a prepararme.

-Diez minutos después-

No había forma de negar que todo era terriblemente parecido a esa película muggle que vio una vez. La película en la que Jack, el artista, moría en las heladas profundidades del Atlántico Norte. No era la mejor secuencia de eventos, según la opinión de Draco, pero no iba a quejarse. Por un sólido minuto se preguntó si todo era real, si realmente ella acababa de pedirle eso.

Y yo también iré a prepararme.

Esas palabras se repitieron en su mente una y otra vez, mientras sacaba filo a su lápiz y preparaba el resto de sus instrumentos. Como no había mucha luz, tuvo que encender la chimenea y reacomodar ligeramente los muebles. No había una diferencia drástica, solo lo suficiente como para poder capturar los ángulos que necesitaba. Había una silla otomana de terciopelo a la que transfiguró en un diván, y lo reacomodó.

Muy pronto, no le quedó más que esperar.

Draco permanecía sentado en la otomana transformada en diván, acomodando sus papeles.

En menos de lo que esperaba, se oyeron sonidos de pasos acercándose. Al levantar la mirada hacia el pasillo, encontró a Granger vestida solo con una bata. Era vintage, de un material delgado y rosa brillante. La prenda se mantenía en su lugar por un par de botones al frente, y se cruzaba en el pecho formando una profunda V.

Él bajó la mirada a su lápiz y presionó su pulgar contra la punta. Estaba bastante filosa ya, pero él siguió retorciendo el sacapuntas contra él y empujando las virutas hacia una esquina, mientras Granger caminaba hacia el diván. Cuando Draco levantó la mirada la encontró de espaldas a él, y contuvo la respiración cuando la bata cayó al suelo de madera con un fluido movimiento.

Había completo silencio mientras ella se acomodaba a lo largo del diván, en la misma pose que antes. Solo que esta vez no estaba en el medio de una clase de arte, con una docena de estudiantes observándola y tratando de capturarla en un papel de la mejor manera. No… esta vez, había solo un estudiante, un artista, y esta vez, ella no saldría corriendo.

Sus miradas se encontraron, y por un momento Draco solo pudo pensar en lo difícil que sería deslizar su lápiz por el papel y hacerle justicia a Hermione Granger.

Jamás seré tan talentoso, decidió él, obligando a sus ojos a mirar el papel, donde desdobló su máximo esfuerzo en una serie de intricados trazos.


¿Tensión sexual? ¿Un poco quizás?

Solo un capítulo más y terminamos... cuéntenme qué creen que pasará!

GRACIAS por leer, y comentar.

Pekis :)