CAPITULO III

El Misterio de Egipto

En Egipto, Dohko acababa de llegar al pueblo del muchacho, después de un poco más de un día de viaje por el desierto. Como le había informado este último, el pueblo se encontraba a unos pocos kilómetros al sur de El Cairo. Este pueblo era muy pequeño, solo contaba con unas quince casas construidas en forma de círculo. En el centro del pueblo había una especie de roca, la cual media unos tres metros de alto y que estaba enterrada en la arena. En medio de esta estaba tallada en relieve la imagen de Horus y debajo de ella se encontraban grabadas unas escrituras. Dohko se acerco para ver que decían pero no pudo comprender nada, ya que estas eran jeroglíficos, un tipo de escritura antigua de la cual Dohko solo había oído hablar en relatos de su maestro. Debido a la grandeza de la roca y la extrañeza que le provocaron las escrituras, Dohko se olvido por completo de su alrededor y no se fijo en un principio que el pueblo estaba totalmente abandonado. El suelo estaba lleno de pisadas que iban en todas direcciones, pero que ninguna salía del pueblo, solo tres que se dirigían al sur. Al interior de las casas, por lo que pudo apreciar Dohko, todo estaba como si sus habitantes hubieran desaparecido de repente. Habían platos de comida servidos en unas precarias mesas, vasos con agua a la mitad, ropa desparramada por el suelo y unas bancas volteadas como si hubieran sido empujadas por alguien.

-Al parecer llegue muy tarde… -pensó Dohko mientras veía el estado en que se encontraba el pueblo-. Ya todos fueron capturados… Tendré que seguir caminando rumbo al sur para tratar de averiguar donde fue que se llevaron a toda esta gente. Salió de la casa en que se encontraba y se dirigí— al centro del pueblo para ver una vez más la roca. Algo le decía que ten'a que ver con que los pobladores hayan desaparecido del lugar.

-Esta imagen del halcón es la misma que tenía tatuada el muchacho –pensó Dohko mientras se ponía frente a la imagen-. Quizás sea algún dios tribal que ellos adoren o solamente les agraden este tipo de aves… No se mucho de las culturas extranjeras para poder averiguarlo… -dijo para sí finalmente mientras con su mano derecha tocaba la cabeza de la figura. En ese instante sintió una presencia que se aproximaba detrás de él. Al darse vuelta, vio que una figura envuelta en una túnica de color café claro se acercaba a gran velocidad hacia él, impidiéndole reaccionar a tiempo para evitar que con un golpe lo aturdiera. Casi al instante Dohko comenzó a perder la conciencia poco a poco, hasta que todo se volvió negro para él.

Al día siguiente, al mediodía, Hamal, Régulus y Kaus llegaron a las afueras del pueblo.

-Aquí es donde al parecer Dohko tenía que haber llegado –dijo Hamal a sus compañeros-. Este debe ser el pueblo del que nos hablaba el Patriarca.

-Tienes razón, pero este lugar se ve abandonado… -le respondió Régulus-. No debe haber nadie aquí.

-Así es… -dijo Kaus mientras miraba perplejo el estado en que se encontraba el pueblo-. Ya deben haber esclavizado a todos los pobladores de aquí. Será mejor que entremos a investigar.

Los tres caballeros estuvieron de acuerdo y entraron de inmediato al pueblo. Mientras caminaban se daban cuenta de la realidad, que anteriormente, se había dado cuenta Dohko. Todas las casas del lugar estaban deshabitadas como si alguien hubiera venido y raptado a sus pobladores sin que estos hubieran podido hacer algo para impedirlo. Llegaron al centro del pueblo y se encontraron con la extra–a roca que había visto Dohko. Hamal se adelantó y comenzó a examinar los jeroglíficos que estaban grabados en ella, mientras los tocaba con su mano.

-Puedes leer lo que dice ese texto Hamal? –le preguntó Kaus al ver la mirada con que Hamal miraba el grabado.

-Sí… Pase un tiempo estudiando diversas formas de escritura antigua en mi juventud – comenzó a decir Hamal a sus compañeros-. Dentro de esas estaba la escritura jeroglífica del Egipto antiguo. Esta es una forma más estilizada… Más moderna diría yo, ya que no sigue los patrones convencionales, pero la idea de este texto al parecer es: "Horus, el que vive… todo poderoso…"

-Que significa eso Hamal? –pregunto Régulus.

-Al parecer este texto dice que Horus vive… o por lo menos así lo consideran en este pueblo, y lo reconocen como un ser fuerte y poderoso…

-Me parece como una señal de respeto por parte de los habitantes de este pueblo – comentó Kaus mientras miraba el escrito.

-Es verdad… -dijo Hamal mientras seguía mirando la roca-. Quizás esta roca sea un símbolo de adoración hacia Horus o sus seguidores, ya sea por miedo o respeto…

-Esto confirma entonces nuestras sospechas –dijo Régulus a sus compañeros-. Horus o sus seguidores puede que estén con vida, y quizás hayan sido ellos los que secuestraron a los habitantes de este pueblo.

-Es lo más probable… -le respondió Hamal pensativo mientras se daba vuelta hacia sus compañeros-. Tendremos que descubrir donde los han llevado y tratar de rescatarlos…

-Áh! Miren! –dijo Régulus de pronto fijando su mirada en el suelo-. Estas huellas que están cerca de la roca son diferentes a todas las demás en este lugar. Son huellas de los calzados que usamos en el Santuario…

-Tienes razón –dijo Hamal asombrado mientras se agachaba para verlas con más detenimiento-. Esto quizás quiera decir que este pueblo era el correcto… Dohko estuvo acá, parado frente a esta misma roca, pero donde fue después, no hay más huellas que vallan a algún lugar.

- Crees que haya sido secuestrado junto con las personas de este pueblo? –preguntó Kaus mirando a su alrededor.

-No lo creo… -respondió Hamal-. Estas huellas son mas recientes que las otras que están por todo el pueblo. Las demás están más cubiertas de arena que las de Dohko, lo que indica que el secuestro de los habitantes de este lugar ocurrió mucho antes de que llegara el aprendiz del Patriarca aquí… Lo mas probable es que él halla visto la misma desolación que estamos viendo nosotros en este momento.

-Creo que sé hacia donde se llevaron a las personas de aquí –dijo Kaus de repente mientras se–alaba en dirección al suelo-. Esas huellas son diferentes al resto y a las supuestas huellas de Dohko. Son dos y son las únicas que salen del pueblo y se dirigen hacia el sur.

-Entonces sigámoslas –dijo Régulus-. Ya no creo que podamos averiguar nada más en este pueblo…

-Así es –respondió Hamal mirando las huellas que había descubierto Kaus-. Vallamos hacia el sur, pero debemos tener más cuidado a partir de ahora, estos seguidores de Horus puede que estén cerca de aquí todavía.

Régulus y Kaus asintieron a la advertencia de Hamal y se pusieron en camino rumbo al sur del pueblo, siguiendo las huellas que aœn estaban presentes en la arena del desierto egipcio.

.o:O:o.

-D…Dónde estoy? Qué es este lugar…? –comenzó a pensar Dohko mientras abría los ojos nuevamente. Se preguntaba que haba pasado con él, luego de que sufriera ese golpe en el pueblo. Miraba a su alrededor y lo único que podía ver en medio de la oscuridad que lo envolvía, era un pequeño haz de luz que se filtraba por un agujero muy pequeño que se encontraba en el techo de piedra de aquella construcción. No sabía cuanto tiempo había estado inconsciente, pero al menos sabía que afuera era aún de día, por lo que tal vez, solo haya estado en ese estado unas pocas horas, aunque su cabeza le daba vueltas como si hubiera estado durmiendo por mucho tiempo. Trato de moverse pero algo se lo impidió. Sus brazos y piernas estaban sujetos por unas fuertes cadenas de metal que lo tenían prisionero y sujeto a una de las paredes de piedra de la habitación. A pesar de que trataba de romper las cadenas con toda su fuerza, le era imposible, debido a que se encontraba muy débil a causa del golpe que había sufrido en la cabeza. Mientras trataba inútilmente de romperlas, en el oscuro fondo de la habitación, se escucho un suave crujido que llamó su atención, luego este crujido se hizo más fuerte y le pareció que una gran roca estaba moviéndose lentamente frente a él. Rápidamente aquel sonido ceso y dio lugar a otro sonido, mucho más preocupante. Se escuchaban unos pasos que entraban en la habitación, que pertenecían a dos figuras se pusieron frente a Dohko. Estas estaban cubiertas completamente por un manto negro que hacia mucho más difícil distinguirlas del entorno oscuro de la habitación. Casi al instante una de las figuras se adelantó y comenzó a hablar.

-Quién eres forastero? –dijo la figura en un tono serio-. Identifícate!

-Soy un arqueólogo, vine a Egipto a estudiar ruinas antiguas… -dijo Dohko tratando de sonar convincente para no revelar su verdadera misión.

-Mientes! –dijo la figura con una voz áspera. Al mismo tiempo la otra se puso al lado de Dohko y sacando un látigo golpeó fuertemente a Dohko en las costillas. – Quién eres forastero? Responde! –pregunto nuevamente la figura.

-Ya lo dije! Soy un arqueólogo que… -pero no pudo terminar la frase, ya que la segunda figura lo golpeó en la cabeza con el mango del látigo haciendo que este perdiera la conciencia nuevamente.

Luego de unos momentos, según le pareció a Dohko, este despertó. Pero la verdad era que habían sido cerca de tres horas las que permaneció inconsciente. Estaba totalmente adolorido y su cabeza le daba vueltas. Poco a poco comenzó a recobrar el sentido y pudo ver mejor en donde estaba. Ya no era aquella habitación oscura en donde se encontró con los hombres vestidos de negro, sino que esta habitación tenía más luz y podía ver bien a su alrededor. Aquel lugar era igualmente de piedra, como la otra habitación, pero esta era un poco más grande. Delante de él habían unos barrotes de metal, y delante de estos, se encontraban más barrotes, detrás de los cuales pudo ver a personas tiradas en el piso durmiendo, lo que lo hizo pensar que estaba en una especie de prisión, a su alrededor también había gente que estaba acostada en unas especies de camastros improvisadas, hechos de paja. Todos ellos tenían un aspecto famélico, como si estuvieran en ese lugar hace bastante tiempo. Se dio cuenta que él también estaba acostado sobre una de estas camas y que ya no tenía los grilletes que lo sujetaban.

-Por lo que veo –comenzó a pensar mientras sujetaba su cabeza-, esta puede ser la gente del pueblo que ha sido esclavizada… No se quienes hayan sido los sujetos que me estuvieron interrogando hace unos momentos, pero supongo que son los mismos que me atacaron en el pueblo y me trajeron hasta aquí… Debo averiguar como salir, ya que al parecer, estos sujetos no son del gobierno que rige Egipto, sino que siento que hay algo más…

-Esta bien? –preguntó una voz femenina y dulce que interrumpió el hilo de sus pensamientos-. Te veías bastante mal cuando llegaste…

-Si, me encuentro mejor –contestó retirando las manos de su cabeza y volviéndose para poder ver a quien le estaba hablando-. Quién eres tú?

-Mi nombre es Sati –respondió una joven de al parecer unos 19 años de edad. Esta tenía el cabello largo, de color negro, poseía ojos de color verde oscuros, mirada dulce, tez morena, de contextura delgada-. Usted es un extranjero también, no es así?

-Esta en lo cierto… no soy Egipcio, sino que provengo del norte de aquí… de Grecia –comenzó a relatar Dohko, extrañado del por que le contaba su verdadera procedencia a la joven mujer.

-Ya veo… -le respondió Sati-. Mi hermana y yo tampoco somos egipcias, fuimos capturadas y vendidas como esclavas a esta gente en nuestro pueblo natal, en la India. Fuimos traídas hace poco, solamente dos días antes de que usted llegará… Cuál es su nombre? –le preguntó, al ver que este se estaba incorporando y tomando asiento en el lecho de paja.

-Mi nombre es Dohko… Le agradezco sus cuidados– dijo finalmente con una sonrisa en el rostro.

-No tiene que agradecérmelo a mí, sino a mi hermana, ella es la que te estuvo curando la herida que tenía en la cabeza. Es aquella de allá, la que está alimentando al anciano, su nombre es Savitri –comentó Sati mientras señalaba a una joven mujer que estaba de rodillas dándole de comer a un anciano que se encontraba acostado en el suelo. Savitri era muy parecida a su hermana, tenía el mismo color de cabello y el mismo tono de piel, aunque se podía apreciar que Savitri era mayor, Dohko al verla, se levantó con ayuda de Sati y se dirigieron hacia donde aquella joven se encontraba.

-Savitri? –pregunto con algo de timidez-. Le agradezco el haber cuidado de mi; Sati me ha contado todo y le doy las gracias por ello.

-No hay de que –respondió la joven con una sonrisa-. Aquí todos somos esclavos, tenemos que cuidarnos unos a otros.

-Tiene usted razón… Pero sabe donde estamos? – preguntó Dohko intrigado.

-No lo se… Nos trajeron aquí con los ojos vendados, solo se que estamos en algún lugar de Egipto, pero nada más…

-Entiendo, por lo que veo estaremos aquí por un largo tiempo… -comento finalmente Dohko forzando una sonrisa.

En ese instante se escucharon unos pasos que provenían desde el pasillo detrás de los barrotes. Casi al instante un hombre con una túnica café claro se detuvo frente a ellos seguido por otros dos que vestían de igual manera, pero sus túnicas eran negras, como la de los hombres que interrogaron a Dohko en la celda anterior. Este al parecer tenía unos veinticuatro años de edad, tenía el cabello liso, medianamente largo, que le llegaba un poco más arriba de los hombros y de un color negro. De tez era morena, miraba seriamente a todos los prisioneros con sus ojos de un tono tan oscuro que se asemejaban a un profundo abismo negro.

-He venido por uno de ustedes… -habló sin mostrar expresión alguna en su rostro-. Mi dios quiere que elija a uno de ustedes y lo lleve ante su presencia para que sea castigado y sirva como advertencia para los demás esclavos que no desean seguirlo…

Al decir esto, abrió la reja y entro a la celda donde estaba cautivo Dohko y los demás. Observó a cada uno de los presentes detenidamente y uno de ellos le llamó su atención.

-Tú vendrás conmigo –le dijo a un anciano que momentos antes habia sido alimentado por Savitri.

-No! –grito Sati al escuchar esto-. Como se atreve a llevarse a un pobre anciano… Lleveme a mí en su lugar, por favor!

-No, no te quiero a tí, sino al anciano…Vamos! Levántate! –ordenó aquel hombre.

-Por favor, Helios –habló Savitri al hombre parado frente a ellos, al parecer, ya lo conocía anteriormente-, no te lo lleves, ni a mi hermana… No hagas caso a lo que te dice tu supuesto dios… No lo escuches… Sabes que lo que estas haciendo no está bien.

Helios miró solamente a Savitri y al hacerlo, algo en su mirada cambió, pero solamente unos instantes, ya que el anciano se levantó de su lecho y salió acompañado de los escoltas hacia el fondo del pasillo. Luego Helios salió tras ellos cerrando la reja, mientras veía una ultima vez a Savitri antes de marcharse.

-No puede ser… -dijó Sati-. Un dios no debería buscar castigos ni esclavizar a la gente… Un dios debería ver por su pueblo, y ayudar a las personas… No lo entiendo... Que tipo de dios haría esto? –se preguntaba sin poder entender.

-Sabe a que dios se refiere? –preguntó Dohko a Sati.

-No lo se… -le respondió-. Lo único que he podido averiguar es que aquellos hombres que vinieron, son sus seguidores y que este dios es el que nos ha esclavizado a todos nosotros…

-Si es un dios verdadero, entonces estamos en peligro… -dijo Dohko-. Debemos tratar de salir de aquí cuando antes… Savitri, ud. conoces al sujeto que se acaba de ir? – preguntó a la joven mujer, quien aún miraba el pasillo vacío por donde se habían llevado al pobre anciano.

-Si, pero no mucho… – respondió mientras giraba para mirarlo-. Solo se su nombre y que es el jefe de los hombres que sirven a ese dios… Lo conocí aquí en el cautiverio, pero no he podido hablar mucho con él… Por que lo pregunta?

-Es que note que te miraba de un modo diferente al que nos miraba a todos los demás…Quizás podrías convencerlo de que nos deje salir de aquí…

-Cree que haría eso? –le respondió Savitri dudosa-. Recuerde que él se llevo a aquel anciano para que sea castigado…

-Lo se… pero tengo un presentimiento de que nos podría ayudar… Algo en él me dice

que puede hacerlo…

-Espero que tenga razón… -dijo Sati, mientras se sentaba en el suelo en uno de los lechos de paja.