Disclaimer: YOI no es de mi pertenencia (¿se imaginan la plata que tendría? Dx). Todo pertenece al don Kubo, pero el fic sí es de mi autoría.

Advertencia: mismo que el anterior, eh… nada serio. (?)

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Navidades rusas

Navidad

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Los primeros en llegar a la casa de la anfitriona fueron Yurio y su abuelo, gracias a la cercanía. Estaban con Mila en la cocina cuando empezaron a aparecer los demás.

Primero Sergey (y Yurio maldijo en todos los idiomas que supo), después Yuuri y Víktor, seguidos de Yakov y Lilia, que trajeron al rezagado Georgi con ellos. Las últimas fueron un par de compañeras de entrenamiento, que huyeron tras el moreno patinador ruso, al ser con quien más tenían amistad y porque la dueña de casa estaba ocupada.

En la cocina, Yurio se encontraba echado prácticamente sobre la mesa, mientras veía las notificaciones del celular y husmeaba por las redes sociales. Ya estaban todos los arreglos y las cosas necesarias y generales acomodadas, faltaba la comida, que no era su fuerte y que no pensaba tocar (no fuera a ser que arruinara algo).

Ya era de noche, por lo que el horario apto para cenar ya estaba en pie y cierto japonés estaba sentado del otro lado de la mesa con la cara pálida. Yurio lo miró ligeramente por arriba del celular y sonrió burlón.

—¿Tienes hambre?

—Sí… ¡no seas cruel, Yurio!

—No seas llorón, tazón de cerdo. Espera unos minutos más.

Yuuri gimió de forma agonizante, con algo de vergüenza porque sus tripas se escucharan altas. Víktor le había dicho todo el día que no era necesario que ayunara como ellos, que se tomara por lo menos un té o terminaría desplomado en el suelo al menor esfuerzo. Pero un té no ayudaba tanto a solventar el hambre de alguien que acostumbraba a todas las comidas del día, más algún tentempié ocasional entre las mismas.

Por lo menos Yurio la pasaba bien con eso.

Mila traía puesto un suéter blanco debajo de un delantal azul, con las mangas arremangadas a la altura de los codos y un cuello ancho que dejaba al descubierto sus hombros casi por completo. Ella solía utilizar mucho ese tipo de prendas, incluso para entrenar su remera negra dejaba los hombros al aire, aunque tuviese tiras.

Solo que era la primera vez que Yurio tenía que evitar prestarle atención.

La chica estaba preparando los platillos para comenzar a llevar a la sala donde estaban los demás, en compañía de Víktor. Solo ellos cuatro estaban en la cocina, entre conversaciones más bien triviales y tranquilas. Hasta que apareció por la puerta el invitado conocido.

—¡Mila! ¿Podrías venir un momento? —Sonreía con toda una carita compra almas, a la cual Yurio habría arrojado su celular sin pensárselo.

—Claro —Ella igual le sonrió, desapareciendo tras él y dejando al trío de oro a solas. La mirada verde clavada por donde acababa de salir su compañera, en busca de alguna actitud sospechosa.

Nikiforov se sacudió las manos y terminó por quitarse el delantal de la cintura, se lo arrojó a la cabeza al muy fijo menor, que se lo quitó de la cara y le envió una mirada furibunda. Pronto, el dueño de la cabellera plateada se había sentado a su lado y lo rodeaba con sus brazos, ganándose un par de insultos.

—No lo tortures, Víktor —pidió Yuuri, al ver al joven enojándose cada vez más.

—Pero es que creo que necesito darle la charla ahora o acabará rompiéndole la nariz a alguien —dramatizó el mayor, sorprendiendo a ambos y poniendo en alerta al rubio.

—¡¿De qué demonios estás hablando, anciano?! —bramó, tratando con más fuerza liberarse del hombre que lo apresaba como si no hiciera el mínimo esfuerzo—. ¡Suéltame! ¡No quiero escucharte!

Yuuri hizo ademanes con las manos de que se tranquilicen. —No hagan tanto escándalo…

—¡Eso, Yurio, no hagas tanto escándalo!

—¡Maldito viejo de…!

—Te prometo que mi conversación va a servirte. Estuve charlando con tu abuelo hace un rato, me dijo que anoche tuviste una visita un tanto… ¿inesperada?

Los colores le inundaron el rostro, hasta Yuuri se detuvo de tratar de calmarlos y pestañeó repetidas veces, pasando la vista de uno al otro y abriendo y cerrando la boca, como si fuera a decir algo y se arrepintiera. Al final le salió una exclamación del tipo "oh, vaya…", que se perdió en el aire, mientras se volvía a sentar.

—Anda, Yurio, yo igual tuve novias de joven. Me habría gustado tener a alguien que me respondiera las dudas —Víktor disfrutaba, la voz le salía fresca y divertida, lo que llegó a irritarlo y avergonzarlo más. Quiso gritarle la excusa pobre de que Mila no era su novia, pero tampoco le quedaba muy en claro qué eran entonces y temía que su boca le trajera más comentarios incómodos por parte del mayor.

Observó cómo al japonés se le coloreaban las mejillas también. Genial, ahora sufrían ambos.

—Pero, hablando en serio —siguió Nikiforov—, ¿no es una lástima que Sergey sea tan cercano a ella? Apuesto a que han pasado mucho menos ratos juntos —Miró de reojo a Yurio, que sentía cómo el fuego quería salirle por las manos y las orejas de la rabia que sentía otra vez. Para peor, sabía que estaban provocándolo, pero no podía evitarlo.

La sola idea de que ese tipo estuviera tratando de acercarse a algo que pronto estaba a ser reclamado como suyo lo molestaba. Lo enfadaba, lo irritaba.

¿Por qué no podía simplemente irse al lugar de donde había venido y dejar en paz a la presunta acosadora, que llevaba metiéndose en su cabeza desde hacía un par de años ya? ¡Él tenía la ventaja! Estuvo a su lado durante todo aquel tiempo desde conocerla, en malas, en buenas, en molestas y acosos. ¿Por qué simplemente tenía que existir la persona que mirara a Mila de la misma forma que él lo hacía? ¿Por qué ella tenía que ser tan… como era?

Nunca pensó llegar a sentirse así de alborotado por algo de este estilo, pero definitivamente era más irritante que Chris persiguiéndolo para tocarle el trasero.

Yuuri observó cómo las manos de Yurio temblaban mientras apretaba el celular entre las manos. Iba a partirlo al medio o arrojarlo contra algo en cuestión de segundos (la cara de Víktor como primera opción). Se puso en pie y rodeó la mesa, rescató la vida del pobre aparato, uno de los que más le venía durando a las rabietas del chico.

—Es suficiente —El japonés prácticamente rogó con la mirada al ruso mayor, que pareció algo decepcionado de que le corten el juego.

—Está bien —bufó, dejando que Yurio se librara de sus brazos finalmente y alejara su silla unos cuantos centímetros—. ¡Igual te daré la charla!

—¡Cállate! —gritó estridente Plisetsky.

—¡Víktor! —regañó Katsuki.

El entrenador comenzó a reírse con ganas.

—A ver, a ver, a ver…

Yurio supo que hablaría de todas formas sobre lo que tenía pocas intenciones de escuchar, y que lo perseguiría imprudentemente por el resto de su vida hasta que lo atendiera. No podía negar que en parte tenía una pisca de curiosidad por saber qué era lo que le diría que no supiera, además del pavor horrible de salir traumado de las explicaciones de Nikiforov.

Peor sería Chris o alguno de los otros amigos pervertidos que éste tenía, ¿verdad?

Pero lo que el mayor de los tres allí quería, además de solventar las dudas del muchacho que inconscientemente había apadrinado, era seguir picando esa reacción de posesividad que apenas hace poco descubría que tenía el chico. Todavía no podía creer que las probabilidades estuvieran así de altas, en su mente era como ver al muchachito volverse hombre.

Oh, estaba tan orgulloso de presenciar eso…

—¿Dónde estarán, que se demoran tanto? —Para sorpresa de los rusos, fue Yuuri el que sacó las perfectas palabras que despertarían a su joven compañero, con una pregunta sumamente inocente y notándose la frustración por saberse solo en medio de aquel par que se incomodaba entre sí.

Víktor se sintió orgulloso.

Yurio se puso en pie y se fue de la cocina.

En la sala, su abuelo, Yakov y Lilia estaban en los sillones conversando, Georgi y las otras dos chicas en la mesa más grande. El muchacho sintió un tic en el ojo. ¿Dónde estaban?

Aparecieron bajando por las escaleras del pasillo que daba al fondo de la casa, en medio de una aparente conversación seria que le calmó solo un pelo la necesidad de marcar lo que quería.

Sintió que detrás de él salía la pareja de patinadores con las cosas listas para dar inicio a la cena. Todos fueron acercándose sin dudar un solo segundo, con sus estómagos vacíos del día rogando por comida.

No dieron mucha ceremonia más de la que era notablemente estricta y Yuuri solo se logró comportar hasta el segundo bocado, que estiró el cuello hacia atrás, como si probara el sabor de la gloria, para comenzar a atragantarse después. Les habría robado a todos el apetito si no fuera que estuvieran hambrientos por igual, y aquello logró que la cena fuera amena y ligera desde el principio, entre chistes que tenían que ver con aquel tipo de hambruna.

—Una vez casi me desmayo. Yakov nos pidió que fuéramos a entrenar temprano el día de Navidad, no podíamos comer nada y el esfuerzo me tumbó…

—Yo no les dije que fueran a entrenar, yo les dije que necesitaba que se reúnan porque debía hablarles de algo importante. Cuando llegué, estabas con el trasero hacia arriba en medio de la pista. Tenías la edad de Yuratchka más o menos, Vitya. Y eras tan o más terco.

Hasta Nikolai se rió de la respuesta que dio el hombre. El único que no sonreía, aunque tampoco era mucha sorpresa, era Yurio.

Mila lo observaba desde su lugar, justo frente al suyo, cada que todos se distraían lo suficiente. Los ojos verdes del chico iban en varias direcciones, demostrando lo perdido de sus pensamientos y cómo éstos le provocaban alguna molestia rabiosa. Apretaba los puños y arrugaba el entrecejo, después le lanzaba una mirada furibunda a ella o a quien estaba a su lado.

Sonrió con más fuerza, a medias entre ternura y cariño.

A cada instante le era más confirmado lo que ocurría y, a cada instante, algo le decía que lo mejor sería hablar con él antes de que acabara pasando otra cosa. Sergey le sujetó una de sus manos por sobre la mesa, acercándose después a su oreja para susurrar.

—Muchas gracias, eres una muy buena amiga —Él era una dulzura y una compañía muy querida. Llevaban siendo amigos desde la escuela primaria y no verlo por más un año la llenó de una necesidad notable por pasar más tiempo a su lado, una que no descubrió hasta verlo.

Quizá por eso no hubo visto todo lo que eso significó en el jovencito frente a ella, que lanzaba una mirada de odio a su amigo por las acciones y libertades que se tomaba.

—No te preocupes, sabes que no es nada —Trató de alentar, se dio cuenta en seguida de que volvía a estar como hacia un rato atrás.

Sergey había ido a Ucrania por problemas familiares, que hizo a la familia terminar viviendo allá y los cuales acabaron resueltos, aparentemente, de forma algo brusca y cruda. Sus padres lo enviaron otra vez al lugar de procedencia en espera de que se reanimara un poco y no pasara aquellas fiestas en medio del caos en el que estaban allí.

Encontrarse con su amiga no había estado tanto en sus planes, pero se alegraba en serio de tener a alguien cercano. No quitaba que se sintiera menos solitario por aquel momento. Era la única a la que podía aferrarse allí, hasta que volviera. Y ella lo sabía, aunque no estuviese ayudándola mucho en su vida diaria.

Plisetsky no volvió a mirarla de forma directa, ni a otro de los invitados tampoco.

Después de la cena, todos volvieron a los sillones de la sala otra vez, a charlar y beber alegremente en espera de la media noche. Mila no bebió, ya que la esperaba al otro día una sesión de limpieza y rejunte. Prefería mantenerse en forma y que en la mañana no le doliera abrir los ojos. Por suerte, a su amigo se le había pasado la amargura gracias al alcohol y ya también Yakov la tranquilizó con que él podría llevarlo a donde se alojase.

Incluso el abuelo de Yurio se notaba relajado y fresco, riendo de manera tranquila de algunos comentarios salidos de los demás, especialmente de Víktor y Georgi, que sin dudas eran quienes más hablaban y decían idioteces al cabo de una hora de bebidas. Eran cerca de las doce ya, y lo notó más porque todos observaban cada vez más seguido sus relojes que por ver uno ella misma.

Veinte minutos.

Se puso en pie y se dirigió al baño, bajo una atenta mirada verde, cuyo dueño esperó unos exactos cinco minutos, aprovechando que todos estaban distraídos, para seguirla.

No supo muy bien qué fue lo que lo invadía, pero era una mezcla de emociones mezcladas entre los celos, que tanto comenzó a acatar y reconocer, con una pisca de dolor y con un tanto de ansiedad. En ese momento sentía una enorme desazón, más que todo lo que notó hasta entonces, y unas increíbles ganas de ir a exigir respuestas para los reclamos que tenía, gracias a los alborotos hormonales que se le despertaron.

Necesitaba que Mila dijera cualquier cosa, por más mínima que fuese, para que lo tranquilizara, porque su mente comenzaba a creer que ella podía ser de otra persona en algún descuido mínimo que tuviese. Y no era normal, Yurio no quería que la pelirroja se fuera de su vida en ese instante…

Ya era muy importante. Hasta el punto de frustrarlo y preocuparlo.

Ella estaba de pie, esperándolo como si hubiese sabido desde el principio que vendría.

—Eres el segundo que viene a hablarme en la noche a escondidas —murmuró, acercándosele y tomando su rostro entre sus manos, él se notó sorprendido y, apenas cayó en sus palabras, arrugó el entrecejo e hizo una mueca de desagrado. Mila sonrió automáticamente—. Sergey se va mañana a casa, Yuri —dijo, suavecito, casi como si fuera un secreto entre ambos.

Los pulgares le acariciaron las mejillas que se tornaron rosadas. El chico chasqueó.

—Como si me importara…

Ella se rió.

—Debo admitir que me sorprendiste —confesó, pasando sus brazos por sobre sus hombros y acercándose un paso hacia él, que se quedó en su lugar permitiendo la cercanía. La miró de soslayo una vez la tuvo tan cerca—. Debí decirte antes que era un amigo nada más, pero no imaginé que fueras justo a ponerte así.

Sonó con un tinte de decepción, Yurio levantó una ceja con curiosidad y se sintió tan o más molesto que antes. Era como si algo en su mente hubiese recibido un pinchazo de razonamiento extra: se dio cuenta de por qué la insistencia de Víktor en conversarlo y al mismo tiempo de esa decepción que sonaba en la voz de Mila.

Ninguno lo creyó capaz de estar tomando seriamente en cuenta algo como lo que tenía con ella. No hasta entonces, al menos.

No eran pareja oficial, claro, pero no porque no quisiera, si lo razonaba. Había sido la muchacha quien demostró preferir algo más bien al margen, pese a sus insistencias por lograr tenerlo a su lado. No es como si él hubiera pedido algo más tampoco, tenía casi dos años menos que entonces, un completo terror y desconocimiento al mundo de las relaciones.

En ese entonces lo único que quería era ser el mejor patinador de su generación y del mundo en sí. Con el tiempo seguía queriendo serlo, pero con ella sonriéndole a sus espaldas, con su compañía tal y más que como la tenían en ese momento. Ser el mejor siempre y tenerla a su lado no concordaban de ninguna manera con la idea de ser reemplazado y que ella se fuera…

No había que ser idiota para descubrir que su madurez con respecto a Mila era enorme en ese instante, si la comparaban con el chiquillo que ella conoció.

¿Vieron eso? Volvía a pensar en cómo de importante era para él, en cómo de metida estaba en su cabeza y corazón y en cómo quería que fuera suya y de nadie más. Porque nadie era mejor que Yuri Plisetsky y eso su ego lo avalaba enormemente, aunque su rostro se tornara de rojo ligero por lo que iba a decir.

—Fue una mierda —declaró, desviando los ojos hacia un lado. Mila sonrió con ternura.

La verdad era que sentía una enorme e idiota alegría.

—Yo igual te quiero, gatito —dijo, y sonrió más al verle sonrojarse por sus palabras. Sin embargo, borró su sonrisa al instante siguiente—. Además, ¿no crees que te busqué mucho como para irme con otra persona así no más? Y mira que hubo que tenerte paciencia —Le tomó de las mejillas y se las pellizcó, moviéndole la cara y provocándole una expresión de completa molestia combinada con el sonrojo—. Si no fueras tan hermoso no hubiese valido la pena.

Yurio le detuvo las manos, gruñendo con molestia. Tratando de acaparar los latidos desbocados de su corazón.

Le habría respondido que ella también era hermosa, que no por nada dudó y su cabeza maquinó sobre la idea de que otros supuestos mejores que él pudieran apreciarlo, pero no lo diría jamás en voz alta por obvias razones de su personalidad.

—Eres muy molesta, vieja bruja —Las palabras tan usuales no pegaron con la mirada intensa que atravesó a la chica, ni con lo sugerente que se veía apresándole las manos y acercándose para decirlas.

Yurio le soltó las manos y llevó las propias a la cintura de Mila, atrayéndola a su cuerpo y atrapando sus labios en cuestión de segundos, besándola con la misma intensidad de su mirada. Ella sintió en seguida los latidos de su corazón desbordándose, seguido del sabor de la boca de Plisetsky.

Esta vez pensó más rápido. La acorraló entre su cuerpo y la pared más cercana que tenían, presionándola. Ella sintió las manos comenzando a viajar de forma sugerente por su sistema, entornándole la cintura, subiendo sin despegarse un segundo de su cuerpo y pasando de forma tentadora muy cerca de su pecho.

—¡Yuri, espera un segundo…! —Se alarmó, tratando de ojear al pasillo para ver que no viniera nadie, intentando tomarle los hombros para frenarlo.

Pero Yurio sabía que no podía esperar un segundo, por lo que aprovechó que ella despegó sus labios para dirigirse al cuello desnudo. Los ojos azules de Mila se abrieron enormes y miraron en dirección a donde podían venir los invitados otra vez. En ese instante, los dientes del chico se enterraron en su hombro, haciéndolo notar las uñas en uno de sus hombros, a través de la ropa.

Al verla de reojo, la vio cubriéndose la boca con la mano derecha, siendo que la izquierda ahora empuñaba su ligera campera de cuero (con animal print que bordeaba la cintura y el cuello, para variar, eso era algo que los años no habían cambiado ni cambiarían, al parecer). Sonrió contra su piel, repartiendo besos hasta regresar a sus labios y depositar en éstos uno casto y corto.

Ella lo veía con el sonrojo a flor de piel y con reproche.

—¡¿Por qué hiciste eso?! —reclamó, tratando de verse la marca de propiedad y tratando ahora de cubrirla con el cuello del suéter. Él sonrió burlón.

—Porque quería —respondió, satisfecho de lograr lo que deseaba momentáneamente, incluido en ello el sonrojo casi imborrable en el rostro de Mila y el cambio de situación entre ellos.

El sonido de pasos acercándose y una voz que vociferó, con aparente propósito, "¡Yo voy a buscarlos!", hizo que se separara de ella a regañadientes. Cuando Víktor apareció en escena, solo descubrió a la dueña de casa enfurruñada y regañando con la sola mirada al más joven, que sonreía con diversión y orgullo.

No pudo evitar la mirada de complicidad cuando llegó hasta ellos.

—Si quieres puedo darles mi regalo ahora y decirles a los demás que aproveché el topármelos para ello —alegó, con una mano cercando su boca y una sonrisa maliciosa y pícara. Se ganó una mala mirada del rubio y una avergonzada de la chica—, y que también por eso se demoraron al menos quince minutos juntos, "en el baño"… —Enmarcó con sus manos las comillas.

—¡Cállate, anciano!

—Sí, gracias, Vitya… —Mila fulminó con la mirada al chico, ahora los dos compartían un sonrojo y una increíble incomodidad. Al menos el ruso mayor se notó bien cómplice y optó por ayudarlos.

Yurio aguardó a que Víktor entrara al cuarto contiguo, donde habían dejado sus pertenencias. Tomó con sutileza una de las manos de Mila, notándola un tanto fría, pero suave. Ella borró el reproche en su rostro, pasando ahora a mirarlo con sorpresa y curiosidad.

Plisetsky se permitió que los nervios lo invadan a un grado de control sorprendente, omitiendo los rubores y pareciendo tranquilo. Deslizó sin ningún inconveniente su regalo por la mano ajena, hasta ponerlo en su lugar y después llevó la extremidad a sus labios, besándole el dorso con igual ternura.

Al levantar la mirada, la encontró tan pasmada que los nervios controlados se fueron por el caño, sonrió seguro y altanero, notándose a sí mismo agrandarse más por dentro.

—Feliz navidad —murmuró, levantando uno de sus brazos para mostrar su propia muñeca.

La expresión de Mila se relajó hasta volverse en una mueca enternecida y conmovida. Antes de poder ver más, Yurio la sintió tirándosele encima y besándolo, corto y conciso, para después abrazarlo contra ella con el mismo cariño y efusividad.

—Feliz navidad, Yuri —susurró, ahora con una sonrisa abierta y completamente dichosa.

¿Podía un gesto tan vago, como recibir de regalo una muñequera con el logo de un tigre blanco (mientras él tenía una con el de uno rojo), ponerla tan contenta?

Podía. En especial pensando que no recibiría nada, como los otros años, y considerando todo lo ocurrido hasta entonces, significaba algo mucho más allá de lo que la simpleza parecía mostrar.

—Lo siento, gatito. Pero mi regalo de este año solo será piroshki —Lamentó, sin despegarse de él, que le correspondía al abrazo al menos hasta que la escuchó y se soltó parcialmente para mirarla de frente.

—Eres una desconsiderada.

—No seas malo, gatito celoso.

—¡Cállate! —La chica se rió divertida.

—Ay, pero mírense, me va a dar algo —Nikiforov logró que volvieran a separarse, a regañadientes pero sin tanto furor (sabían que él sabía, ¿qué más daba?), mientras lo veía con ensoñación, mano en el pecho y cargado de bolsas en los antebrazos. Pese a la mirada de fastidio de Yurio y la encantadora de Mila, que se acercó a éste último a susurrarle algo que le crispó los pelos y lo hizo chillar como niño.

Sí, no podía estar más orgulloso de su compañero más joven.

De ese modo, los tres aparecieron exactamente medio segundo después en la sala, portando Yurio un gorro con orejeras y de animal print también (para seguir variando, conviniendo el chico con que Víktor no tenía tan mal gusto) y Mila un pañuelo azul que justo le cubría todo lo que el escote del suéter le dejaba a la vista y hacía que sus ojos resaltaran como estrellas.

Al finalizar el intercambio de regalos, los mayores optaron por irse, entre ellos Sergey, que muy borrachamente se despidió de todos y alegó amarlos por toda le eternidad, incluso al "mocoso" que a su parecer le faltaba por crecer para "hacer las cosas que hacía". Tuvieron suerte de que los otros invitados lo tomaran como idea de borracho y se apuraron más en llevárselo, después de que también prometiera regresar a repetir aquel rejunte.

Nikolai envió una mirada entrecerrada a su nieto, a diferencia de los demás, que tragó saliva nervioso y se encogió un poco. Le hizo una seña con las manos de mantenerlo vigilado y que tuviera cuidado, enervando más al muchacho de lo posible. ¿Ya había mencionado que su abuelo no era para nada idiota?

Cuando la puerta se cerró, todos suspiraron casual y sigilosamente aliviados.

Mila y Yurio se sentaron juntos en el sofá y comenzaron a hablar, lo que terminó en un intento de irritar al menor con comentarios vergonzosos e insinuantes. Fue notable para todos que se veía mucho más relajado de lo que estuvo los últimos días, y que se trataba por los mismos motivos que ahora hacían reír a la chica.

No pasó nada para que Georgi y el par de chicas se acercaran a hablar con más soltura y confianza, sin la intimidación de los mayores y con la idea de continuar bebiendo y pasándolo bien.

Yuuri, al cabo de otro rato más, en el que Mila aplastaba las mejillas del rubio y éste le decía algunas amenazas entre dientes, les prestó una atención más clara de lo usual y se acercó a Víktor para hablarle en susurros. Éste estaba en el sofá de al lado, por lo que se inclinó con cautela y los señaló con un ademán de la cabeza.

—¿Has visto que comparten la misma muñequera?

—¿No son tiernos? —dijo, con los ojos cristalinos de emoción.

Katsuki se notó sorprendido y volvió a mirar de ellos a su acompañante, un par de veces seguidas, hasta que se hizo a la idea y se echó hacia atrás en su lugar, meditando con una mueca clara de sorpresa. El dueño de la cabellera plateada le rodeó con uno de sus brazos y lo atrajo hacia sí, riendo divertido.

—El amor es tan bonito cuando se hace de verdad, ¿no crees, Yuuri?

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Fin

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Ok, no fue un final de las mil luces, pero es el final que se daría a esta historia, sin más.

Son las cuatro y media de la mañana y yo estoy flasheando con esto, disculpen si hay errores, tengan compasión por mis ojos y el insomnio que abraza mi cabeza como pulpo. :v

Sin más, agradezco mucho a todas/os los que me han seguido hasta ahora y lamento si decepcioné (ya que con el paso de capítulos estos decayó espantosamente). Tengo otra idea que va a ser publicada por estos días y que se atrasó bastante, no sé si será one-shot o two-shot, pero se llamará "Año nuevo ruso" y sabemos por el título que es la conti de éste. XD

Sin más, mil gracias a mis lectoras, no esperaba siquiera que le gustara a nadie, así que fue toda una sorpresa ver más gente que shippee el YuMila. Amor para todas/os *tira corazones indiscriminadamente*

¡Cuídense muchísimo! Sé que tarde, pero les deseo un buen año, que apenas arranca y nos puede traer cositas nuevas.

¡Dejen sus reviews!

Ciao!