Aviso que le quedan tres capítulos de ahora en adelante.

*reparte café caliente*

DISCLAIMER: Los personajes de SNK no son míos, son de Hajime muertes locas.

GENERO: TIPO: Romance/crack/Riren/Levi-loboxEren/humor/AU/familiar/lemon/lenguaje malsonante.


Erwin se incorporó de la cama con cuidado, la cabeza le daba vueltas y por primera vez en toda su vida el impecable corte de cabello rubio, que cuidaba con esmero, ahora parecía un deplorable nido de pájaros.

En la mano izquierda apresaba al bloc de notas repetidas del pequeño rubio.

"Gracias por regalarme la mejor noche de toda mi vida, espero que seas feliz."

Poco a poco, los recuerdos vergonzosos sobre lo que le hizo al rubio se abrieron camino en su mente todavía atontada por el severo impacto de placer que había experimentado.

De vez en cuando lograba rememorar la carita asustada de Armin cuando se encontraba en cuatro sobre el piso, o sus gemidos atolondrados. En esos momentos solo pensó que por fin había encontrado a la pareja perfecta, luego se dejaron llevar...

—Y pensar qué, no volveré a verlo nunca más —se dijo a sí mismo— así que eso se siente cuando te rompen el corazón.

Sonrió de manera imperceptible pasándose los dedos por el cabello, como si en cualquier momento el pequeño Armin entrará a la habitación nupcial mostrando esos dientes blanquísimos y sus enormes ojos color del cielo para decirle: "Era una broma, te engañe."

La nota cayó al suelo cuando alguien abrió la puerta.

—¿Armin? —musitó el rubio con cierta esperanza en su tono de voz.

Era el viento, la brisa del lago que venía a burlarse y a recordarle que estaba enamorado.

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

Cerca del mediodía un individuo de menuda estatura, con el rostro cubierto por una capucha ploma y ropa deportiva, bajó de un auto negro dirigiéndose a la clínica del centro comercial. Compró un par de pruebas de embarazo ante la mirada llena de curiosidad del vendedor y se encerró durante dos horas enteras en el baño de hombres.

Lo último que vieron fue su lento caminar hacia el mismo auto que lo esperaba.

—¿Y bien? —apremio Levi, empuñando el volante del coche como si se tratara de una bomba

Armin descolgó la capucha de su cuello liberando el par de orejas castañas que tenía.

—Negativo —sonrió con suficiencia— soy increíble. ¿No lo crees?

—La cola y orejas desaparecerán dentro de una semana —le dijo el pelinegro— si te incomodan te enseñare a ocultarlas, solo relaja tu cabeza y piensa en algo bonito.

El rubio siguió las órdenes del novio de su amigo, segundos después un cosquilleo le obligó a abrir los ojos.

Ya no había nada.

—Eres un genio —exclamó— vamos, te invito a comer.

—No es necesario, te llevaré a casa —Levi aceleró el vehículo— tengo que ir al trabajo.

—Sabes —interrumpió Armin luego de media hora de silencio— no soy la puta que todos creen, solo que a veces...necesito olvidarme del mundo.

El ojigris asintió, no le importaba Armin en lo absoluto, si follaba con diez o veinte hombres ese no era su problema. Tampoco quería ser el psicólogo de nadie, pero el ataque tan cargado de confesiones lo hizo dudar un poco, Armin actuaba extraño. Demasiado.

—Bájate —ordenó de repente— llegamos, Eren está esperándote.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó el rubio mirando a través de la ventanilla hacia los departamentos del edificio.

—Estoy familiarizado con su olor

—...En verdad lo amas —Armin bajo la vista para que viera la envidia reflejada en su cara— olvídalo, yo me voy —abrió la puerta del coche despidiéndose de Levi y entró al edificio.

A veces quería conocer a esa persona especial, la persona que lo protegería de cualquier situación, que le daría un hogar, un perro chihuahua y volviera del trabajo cada tarde con un ramo de flores o algún regalo.

No todo se trataba de sexo, aunque casi siempre demostraba lo contrario ante sus amigos.

A pesar del trio que formaba con Jean y Marco, sabía muy bien cuál era su lugar ahí. A pesar de haberse acostado con muchos hombres de todas las edades, ellos buscaban placer, el buscaba placer...siempre se iban.

—Erwin —susurró en voz baja antes de atravesar la entrada de vidrio— Erwin...

Sus ojos comenzaban a volverse húmedos, metió la mano en su bolsillo apretando las dos pruebas. Una usada con dos rayas azules y la otra nueva.

—Estoy embarazado —confesó el rubio

Los ojos del castaño se ensancharon en cámara lenta, su boca se abrió para decir algo, volvió a cerrarse y sus espesas cejas se juntaron de manera dramática.

Eren le señaló el ascensor.

Subieron en silencio, como si alguien hubiera instalado una cámara escondida allí adentro. De vez en cuando el castaño alisaba su camisa blanca, aquella que a Levi le gustaba porque los botones eran fáciles de abrir.

—¿Levi lo sabe? —preguntó el ojiverde apenas ingresaron al departamento de Armin

—Claro que no, yo le mentí —el rubio cerró la puerta con nerviosismo— por favor no se lo digas.

—Erwin merece saberlo

—No puedo volver, quiero hacer algo con mi vida —protestó— tengo sueños, Eren. Necesito cumplirlos.

—Si piensas en abortar...

Hablaban en susurros sin darse cuenta.

—¡No! —levantó la voz sujetándose el vientre de forma protectora.

—Eso pensé —el castaño se mostraba comprensivo, casi maduro— de acuerdo, no se lo diremos a nadie. Pero ocultarlo será un problema —hizo una mueca— Levi dice que comienza a notarse mucho al cuarto mes y nacerán a los siete meses.

—Pediré un permiso por accidente —solucionó el rubio paseándose por la salita— puedo tomar los cursos por web y utilizar ropa holgada, también necesitaré vitaminas, comida y mis ahorros se irán a la mierda.

—Eres un descarado —se sorprendió el ojiverde— esto es como si lo hubieras planeado todo.

—Pienso rápido Eren —respondió el rubio— yo soy Armin Arlet, no la esposa de un alfa mitad lobo.

Sus ojos azules reflejaban una firme decisión y temor.

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

La estantería, del oscuro garaje compartido, se encontraba repleta de catálogos de jardinería, bolsitas con diversas semillas, guantes, palas pequeñas y macetas. La regadera plateada dormía en la otra esquina, con su redondo pico, pidiendo ser usada.

Eren tomó algunas cosas, junto con la regadera, metiéndolas en un cesto de mimbre. Esa mañana vestía una polera verde, jeans gastados y un sombrero de paja bastante grande.

Tarareó la melodía de Paradise Dark que sonaba desde su Ipod nuevo, la música alegraba a sus plantas, subió de nuevo al departamento dirigiéndose hacia el balcón del cuarto piso.

—¿Cómo están? —saludó a una docena de macetas colgadas, en el piso y puestas en los descansaderos.

Cuidadosamente catalogó los cascarones vacíos de huevo donde germinaban sus mejores semillas, se puso los guantes para sacar la bolsa de tierra y abono. Volvió a cantar entre dientes acuclillándose junto a sus verduras, dentro de un par de días tendría suficientes como para cocinar un pastel de verduras para Levi y guardar un poco para Armin.

Tendió medio metro de plástico en el piso antes de desmembrar los retoños de su trepadora importada, si dejaba caer un solo gramo de tierra sobre el suelo encerado, Levi lo mataría.

Si tan solo tuviera su propio jardín... al menos su novio le había prometido una mecedora para su cumpleaños. El solo hecho de sentarse por la tarde junto a sus adoradas plantas seria hermoso.

Un par de horas después, el pelinegro entró al departamento en el preciso instante cuando Eren se agachaba hacia adelante para terminar de regar las macedonias y lechugas que convivían juntas en una maceta rectangular.

—Eres como un niño —opinó sobresaltando al menor, quien no lo escuchó entrar.

—Mis bebés necesitan atención —dijo el ojiverde mostrándole su mejor sonrisa— bienvenido a casa —levantó las manos llenas de tierra para excusarse y evitar darle un beso.

—Cuando te gradúes, compraremos una casa donde puedas enterrar a esas cosas. Ahora tengo hambre.

—Dame un minuto —Eren guardo todo en el cesto— déjame guardar esto.

—Apresúrate, cachorro —el ojigris lo manoseó en los lugares limpios de tierra— estoy hambriento

—Pervertido —le dijo Eren antes de salir

Con un ligero rubor en las mejillas, bajó hacia el garaje pensando seriamente en algo que impresionara a Levi.

Su mente continuaba exprimiendo alguna idea, incluso cuando se sentó a comer luego de preparar algo rápido.

—Últimamente no veo a tu amiguito Armin —mencionó el pelinegro provocando que Eren se atragantara con su último pedazo de carne.

—E-está ocupado —mintió tartamudeando— no debería preocuparte.

—Eso creo —Levi recogió los platos vacíos disponiéndose a lavarlos— escucha Eren, acabo de pedir unas vacaciones de cuatro días.

—¿Vas a hibernar? —interrogó

—Si

El agua del lavaplatos salió a chorros, limpiando la vajilla.

Eren hizo un puchero que nadie vería, hibernar significaba tener a Levi con su otra forma durante algún tiempo, sin toques ni noches calientes como antes.

No sabía si sentirse afortunado o no, él y Armin estaban planeando visitar a un ginecólogo durante esos días. Sin la intromisión de Levi todo sería más fácil.

—Cuando eres un lobo hablas en sueños ¿lo sabias? —el ojiverde se levantó de la mesa repasando la tesis de mañana, nada difícil, podría terminarla mañana.

—Lo lamento —se disculpó el ojigris

—Estoy acostumbrado —bromeó el menor ocultando un dejo de tristeza— ¿terminaste?

Consiente de su impaciencia trató de pensar en alguna otra cosa, antes de preparar la cena se le ocurrió darse una ducha larga colocándose la sorpresa con la que pensaba sorprender a su novio.

Apoyo ambas manos sobre el sofá oscuro, mañana tenía una tesis muy importante que atender, medio examen y la cita al ginecólogo con un Armin disfrazado de mujer. Pero esta noche, su última noche con Levi, era especial.

—Terminé —escuchó como Levi se secaba las manos y las ponía sobre su parte baja oprimiendo con delicadeza.

—..ahh —gimió Eren cerrando los ojos y dejándose llevar por los masajes, sin dejar de oprimir el respaldo del sofá con los dedos, aferrándose a este como si fueran garras.

—Vaya, estas impaciente —mencionó el pelinegro delineando el borde del pantalón con la yema de los dedos, adentrándose en este para bajarlo y descubrir la sorpresa. Lencería de encaje negro.

Eren ya la tenía dura, por un momento creyó que el pelinegro lo cargaría hasta la cama pero al escuchar cómo se quitaba el cinturón dejándolo a un lado, considero gravemente el hacerlo ahí mismo. De pie, por eso se agachó hacia adelante entregándose totalmente.

El sonido de una botella al destaparse volvió a ponerlo sobre la tierra, en un momento morboso el menor meneó las caderas tratando de apresurar a Levi para que vertiera el líquido y sentirlo corriendo por sus muslos.

Aun así no pudo evitar pensar en su amigo, se encontraba tan tranquilo aceptando el embarazo con mucha calma, incluso parecía haber olvidado a Erwin. Aceptando el fantástico hecho de que las orejas y cola continuaran allí y sus sentidos cada vez más agudos no lo dejaran dormir por las noches.

La última vez que lo vio no pudo evitar pensar que él, algún día, también llevaría al fruto de Levi dentro de su vientre.

Los dedos del pelinegro toquetearon su entrada estirándola con cuidado, buscando invadirla hasta hacerlo gritar, el ojiverde reprimió un quejido aspirando algo de aire antes de entrar en un completo éxtasis.

A veces quería que Levi lo tomara y lo dejara preñado.

Emitió un jadeo al escuchar el sonido de los labios del mayor sobre su espalda, como apartaba la liga de encaje a un lado para ubicarse en el lugar más confortable y comenzar a entrar.

A veces quería hijos.

El pelinegro le dijo que lo amaba, fue algo rápido y mágico. Luego comenzaron las embestidas simétricas y sintió unos dientes enterrándose en su hombro, mordiendo. Una lengua repasando la herida y un beso en la clavícula. Las manos de Levi trabajaban arduamente, en sus pezones, en su miembro que dolía mucho. A veces pellizcando la piel otras entrelazando las palmas con las suyas.

Gritó un poco cuando Levi apresó sus caderas gimiendo bajito al momento de anudar en su interior.

A veces quería olvidarse de todo y formar su propia familia...

Cuando despertó sobre la cama destrozada, el ojiverde tuvo que ocultar su frente del rayito de sol que pretendía cegarlo. La espalda le dolía un poco, se le había acalambrado media pierna al mantenerse en la misma posición toda la noche y tenía la garganta seca.

—¿Levi? —dijo buscando a tientas el cuerpo de su lobo

Ahí estaba, dormía profundamente. Tan grande como cualquier can, con el pelaje mezclado con las sábanas y las patas tiernas.

—Voy a extrañarte amor —volvió a decirle intentando ponerse de costado para besar la frente peluda.

Recordó la forma en la que le rogaba a Levi que lo metiera con su otra forma para poder tener a sus hijos, el mayor solo pudo sonreír entre dientes diciéndole que les quedaba mucho tiempo para hablar de aquello.

Eren gimoteó en voz alta avergonzándose por el comportamiento de anoche, se pellizcó la mejilla regañándose a sí mismo. Entonces decidió salir de la cama con cuidado de no despertarlo, ya era tarde. Dentro de unas horas él y Armin irían al hospital para saber cuántos niños albergaba dentro.

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Tus labios

Nunca confíes en alguien que mienta y nunca mientas a alguien que confía en ti.