¡Hola! He vuelto con otro drabb, tenía un poco olvidado el fanfiction por razones que me desagradan, perdón.
Sin más, les dejo el capítulo.
Leyendas antiguas
By: Hinayo-sempai
Parejas: Kataang, Maiko
Resumen: Zuko le sonrió con amor y se tomó su té entre toses y maldiciones. Odiaba estar enfermo, se sentía como un animal a punto de ser sacrificado.
Disclaimer: ¿Por qué no me puedes pertenecer, Avatar?
Zuko avivó el fuego de la lumbre, temblando como gelatina. Gruñó por entre los dientes y Mai le puso una gruesa manta encima por sobre los hombros. Le acarició el brazo, tratando de infundirle calor, y siguió escuchando la historia de "miedo" de Sokka. A pesar de estar resfriado, Zuko se negaba a permanecer sentado dentro de su habitación en el Palacio, aburriéndose como una ostra, mientras que Aang, Katara, Sokka y Suki disfrutaban de su última noche en la Nación del Fuego.
Toph se estaba limpiando los oídos, bostezando del aburrimiento. El fuerte de Sokka no era precisamente contar historias.
—Y entonces, el fantasma le partió la cara a la pobre niña y ésta terminó condenada a vagar por el mundo por… —dijo Sokka, tratando infructuosamente de sonar tétrico y gesticulando exageradamente.
Lo interrumpió Aang, un poco contrariado.
—Discúlpame, Sokka, pero los espíritus no pueden manifestarse en el mundo material, así que no pudo haberle partido nada a la niña… —comentó, mirándolo un poco ceñudo. No le gustaba que hablaran de los espíritus sin tener la menor idea al respecto.
—¡Vamos, Aang! ¡Es una historia de miedo, se supone que debe ser estúpidamente aterradora! —se quejó Sokka.
—Aang tiene razón, Sokka. Tu historia no tiene sentido —dijo Katara maliciosamente, recostándose contra Aang y disfrutando del frío de la noche. Le pasó los brazos por la cintura y se acurrucó contra su pecho, feliz. La noche era fría, ya que estaban acercándose al invierno.
—Ya sabía yo que tanto ugui terminaría por volverte más aguafiestas…—murmuró Sokka, malhumorado. Suki rio entre dientes y lo invitó a sentarse a su lado.
Aang, Katara y Sokka decidieron pasar esa noche junto a Zuko como en los viejos tiempos, donde eran prácticamente nómades huyendo de la Nación del Fuego. La opulencia del Palacio Real había quedado relegada a un simple recuerdo y Mai, a pesar de no haber estado con ellos, estaba allí para cuidar a su esposo, que no paraba de estornudar y toser fuertemente.
Katara frunció el ceño y se levantó dispuesta a gritarle a su hermano, pero Aang la cogió por una muñeca y la obligó a permanecer sentada. Katara lo observó, malhumorada. Él, sólo con mirarla, le hizo saber que no tenía por qué importarle lo que dijera Sokka acerca del ugui de su relación, sólo tenía que concernirles a ellos dos.
Katara se volvió a sentar, ceñuda y lanzándole dagas a su hermano con la mirada. Estaba cansada de que no pudiera estar con Aang porque su hermano dijera ugui cada vez que los veía juntos. Le daban ganas de lanzarlo al frío océano del Polo Sur.
—¿Y bien? ¿Quién contará la siguiente historia? —preguntó Toph, un poco aburrida porque nadie le hiciera estremecer el espinazo de pavor. Al ver que nadie decía nada, gritó —¡No sean nenas! ¡Tengan las agallas de hacerme temblar del miedo! ¡Así como Zuko, mírenlo! ¡Parece como si tuviera un cubito de hielo en la espalda!
Zuko frunció más el ceño. Un fuerte dolor le taladraba el cráneo, haciéndolo enojar.
—Toph, no hay necesidad de gritar… —dijo Aang, mirando preocupado a Zuko. Lucía realmente mal. Katara le había dado unas infusiones especiales y lo había librado de los dolores febriles con agua control. Pero contra un resfriado sólo restaba esperar.
—Vamos, Aang, si quieres cuenta algo tú. Así sea del mundo de los espíritus, algo espeluznante. —dijo Suki, acurrucándose contra Sokka.
—Sí, Pies Ligeros, cuéntanos algo de los espíritus. ¿Qué tal de Koh el roba rostros? —dijo Toph, recostándose sobre un tronco y jugando con su brazalete de meteorito.
Aang se estremeció de sólo recordarlo. Ni en sus sueños hablaría de él, escupía bilis de sólo pensar en él y en su cuerpo de… bicho.
—Nunca, ni por toda todas las tartas de natilla de huevo del mundo hablaré de Koh o de algún espíritu como él. —dijo Aang enseguida, siendo bastante contundente al mencionar su postre favorito.
Zuko, ya harto de su dolor de cabeza, decidió hablar para ver si todos se callaban y le daban un minuto de silencio.
—Yo tengo una historia —"y voy a hablar, así que cállense de una puta vez", pensó, abrigándose más con sus mantas.
Todos pestañearon, extrañados. Zuko no era de los que les gustaran esas cosas, es más, en una ocasión dijo que eso era estúpido.
—Pues adelante —dijo Sokka, mirándolo con sospecha.
—Está bien. Ésta es una leyenda de la Nación del Fuego, no sé si haya sido cierta, pero igualmente todos aquí la conocemos. —Mai lo miró de reojo y supo a qué historia se refería.
"Hace miles de años, antes de que existiera la Nación como tal o siquiera el control de elementos, existió una princesa. Esa princesa era hermosa, fina y elegante, como todas las princesas de su época. Pero sin embargo, tenía una gran obsesión: la comida. Ella había probado todos los platos del mundo. Desde los más picantes hasta los más excéntricos, todos. Sus padres se lo patrocinaban todo, gustosos de que su hija tuviera tan buena salud. Pero a medida que fue creciendo, sus gustos culinarios se hicieron cada vez más insalubres, llegando casi a rozar el asco. La princesa no hacía caso de las miradas de sus súbditos cuando se paseaba por el pueblo o el castillo, ella siempre esperaba ansiosa la hora de la comida. Sus pedidos eran asquerosos, obligaba al cocinero a preparar cosas que nunca se le hubieran pasado por la cabeza a alguien y que, además, sabían horroroso.
"Cuando la princesa cumplió dieciséis años y se anunció su adultez ante el pueblo, sus padres murieron en el banquete, intoxicados por la horripilante comida que la princesa había ordenado servir. A ella no le importó, estaba tan concentrada en acabarse todos sus platillos que la muerte de sus padres pasó a último plano. Siguió comiendo su banquete de cumpleaños, dejando los inertes cuerpos de sus padres pudrirse en la misma mesa donde estaba comiendo. Nadie acudió para ayudar al rey, todos los esclavos tenían expresamente prohibido entrar al comedor a menos que trajeran comida para la princesa consigo. Poco a poco, a la princesa se le fueron acabando las ideas para sus platillos, lo cual la estaba volviendo loca. Su opsomanía era cada vez peor.
"Un día, el cocinero real le pidió vacaciones, cansado de tanto trabajo. La princesa, hermosa como siempre, y con una macabra mirada en su rostro, lo mandó a matar, diciendo que ya no se encontraban buenos cocineros en esos días. Ella, por supuesto, encontró otro, pero éste no la satisfizo y terminó por matarlo también. Con una loca idea en la cabeza, se le ocurrió ordenar a una sirvienta a que le prepara un guiso con los restos del cocinero. La mujer, aunque reacia, lo hizo, porque no quería hacer enojar a su loca princesa. La princesa comió el guiso, feliz de poder tener más comida. Sin embargo, al quedarse sin nada, y no haber más comida en todo el reino que la perteneciente a los aldeanos, decidió empezar a comerse los platos sobre los que le servían la comida. Insatisfecha, miró los putrefactos cuerpos de sus padres, se acercó a ellos y empezó a mordisquearlos, hambrienta.
"Luego de varios años, la princesa ya había devorado a todos sus sirvientes. Mucha gente del reino había huido, temiendo ser víctimas de ella. No había nadie más en el castillo aparte de ella. Nadie. Todos habían sido devorados por ella. Pero tenía hambre, y no había nadie que le preparara la cena. Sentada en su larga mesa, llena de restos podridos, la princesa estaba muriendo del hambre. Mientras se quejaba, miró como por accidente su pálida y delgada mano. Sonrió afablemente y murmuró que su sueño se haría realidad: ella conocería todos los platillos del mundo, pero nadie conocería el sabor de ella. Al fin, entre repugnantes murmullos y mucha babaza, la princesa terminó por probar su propia carne, matándose en el proceso.
"Al enterarse los aldeanos de que la epicúrea princesa había muerto, volvieron todos al reino, felices de poder disfrutar del buen arroz que se producía allí, y sin miedo a ser devorados. Pero sin embargo, se cuenta que el espíritu de la princesa habita en el reino, vagando como una hambrienta alma en pena, buscando a los niños que no se comen su comida para llevárselos por la noche, junto con sus platos, para devorarlos y así poder saciar su infinita hambre".
Zuko tosió y Mai le ofreció té caliente mezclado con infusión de limón, para aliviar los síntomas de la gripe.
—No te preocupes, ya verás que te pondrás como nuevo cuando menos te lo esperes. —le dijo al oído, con voz dulce. Zuko le sonrió con amor y se tomó su té entre toses y maldiciones. Odiaba estar enfermo, se sentía como un animal a punto de ser sacrificado.
Todos los miraron como si estuvieran locos. ¿Zuko había contado una de las historias más espeluznantes que habían escuchado nunca y se encontraba hablando con su esposa como si nada?
Suki estaba verde de las náuseas y Sokka se estaba escondiendo tras ella, espantado. Zuko tenía un don especial para crear ambientes crípticos y terroríficos. Incluso a Aang le había asustado aquella historia, de lo asquerosa que era. Juraría tener arcadas aún. Katara atónita, con un pequeño tic en su ojo, tapándose la boca con su mano derecha. Miró a Aang con desesperación y éste le sonrió nervioso.
—Te aseguro que los monjes considerarían ese tipo de historias como un delito, la muerte por intoxicación no es nada buena. —le dijo en voz suave, a sabiendas de que si alzaba más el tono terminaría devolviendo su cena o algo peor.
Toph silbó y luego se echó a reír con sadismo. Por dentro estaba que vomitaba, pero por fuera tenía que hacer valer su reputación de mujer dura y medio-psicótica.
—Suena divertido. —dijo, llamando la atención de todos.
Zuko bufó y Mai sonrió a Toph. Desde que se había casado, se había vuelto una mujer extremadamente feliz y, además de deshacerse de sus dos moños a los lados, sus hábitos y comportamiento habían devenido en unos mucho más elegantes y comprensivos.
Zuko al parecer también era mágico con las mujeres.
—Sí, bueno, no es la única. Hay centenares de historias así en el país, todo depende del lugar y los habitantes. —explicó, acariciando la espalda de Zuko.
—Sí, cada cual es más absurda que otra, pero hay otras divertidas. Creo que principalmente se debe a la desobediencia civil en épocas antiguas, antes de la monarquía esto era prácticamente un matadero humano. —continuó Zuko, con la voz ronca y sorbiéndose los mocos con pesadez. El dolor de cabeza lo iba a matar.
—¿Qué les pasa a ustedes los "llamitas"? ¡¿Están locos?! —gritó Sokka, dándose una bendición y dejándose al amparo de cualquier espíritu benévolo que estuviera transitando por ahí.
—No jodas, Sokka, y no grites. Si no, te rostizo. —advirtió Zuko con mala cara, abriendo la mano y formando una gran llama en su palma. El sureño palideció y se sentó al lado de Suki, mirándolo con pánico.
—Estos cuentos de miedo, más bien parecen vomitivos de la Tribu Agua del Norte. —murmuró Katara, un poco turbada. Aang le cedió la razón.
—Recuérdame no volver a dejar a Zuko contar historias mientras está resfriado, terminaremos como Bumi—musitó Aang a su oído, haciéndola reír ligeramente. Era un poco irónico que precisamente él sacara a aquel rey a colación, pero no le importó.
—Está bien. La próxima vez dices algo tú. —respondió ella, acercándose a él para besarlo.
Sokka hizo un gesto de fastidio y Toph se metió un dedo a la boca, a sabiendas de lo que estaban haciendo. Suki susurró lo lindos que se veían, lo que provocó más arcadas a su esposo.
Mai ofreció más infusión a Zuko, quien tembló y se arrebujó entre las mantas.
El viento sopló con más fuerza y una figura etérea se desdibujó entre el bambú del Jardín Real. Se acercó a Zuko como pólvora, sumergió dos dedos en su té y se los llevó a la boca.
—Le falta sal —murmuró la princesa opsomaníaca, que en su delirio por la comida creía poder saborear los alimentos humanos.
Este drabb es más un OneShot que un drabble, jeje.
La historia de la princesa comelona se me ocurrió cuando estaba escuchando la Saga Devil Sins de VOCALOID, específicamente la canción Banika Conchita de MEIKO. Yo sólo tomé parte de la trama, le agregué unos detalles y la ambienté de forma diferente. Todos los derechos por la historia a Yamaha.
¿Me dejan reviews? ¡Mi gato (?) y yo queremos, incluyendo a mi Word! ¿Qué les pareció el OS, les gustó o me quieren obligar a tomar cianuro? Todo me lo pueden comunicar en un comentario.
Gracias por leer.
Matta~ne! Hinayo
