Como prometí, actualización los mates. Espero que lo disfrutéis, como dije en el primer capítulo, he modificado la edad de Lucius Malfoy pues sino ellos no coincidirían en ese momento en Hogwarts.

Advertencias: Suben las temperaturas, saquen sus abanicos!


Capítulo 4

"¿Cómo era posible que con unas simples palabras pudiera llevarle de punta a punta?" pensaba el Gryffindor al despertar a la mañana siguiente.

De lo más alto, sentirse deseado, incluso protegido a sentirse así de humillado, estúpido Malfoy, lo que tenía de guapo lo tenía de imbécil, esa era una realidad que no quería olvidar Remus bajo ningún concepto. La voz ronca de la serpiente no debía llevarle a errores, el muy jodido se estaba burlando de él con todo ese jueguecito.

No iba a negar que le había encantado lo que había experimentado, demasiado, había sido espléndido, notó sus mejillas arder ante el recuerdo. Sería estupendo poder desligar el recuerdo del rubio, pero era imposible separar esa sensación de éxtasis a sus ojos, a su olor embriagador, a sus manos tomándolo de la cadera, hebras de pelo platinado moviéndose a la vez que la fricción entre ambos.

¡Mierda! Odiaba que aquello tuviera que estar asociado a él, pero no podía evitar sentirse duro tan solo con recordarlo, y una parte de él, seguro que ese maldito lobo, al que tanto nombraba la serpiente, estuviera expectante por más.

Pero no era estúpido, una vez le pasara la novedad, Malfoy seguiría y ¿él tendría que verlo? Sintió un nudo en la garganta.

"Fin del tema Malfoy por hoy, Remus" se dijo a sí mismo.

Un nuevo día, no quería dejar que aquel nudo en su garganta creciera, demasiado temprano para esos pensamientos tan tétrico.

-x-

Unos duros días de clases, a finales de curso tendría los exámenes para los TIMOS y con esas escapadas nocturnas no estaba durmiendo apenas estando cansado durante el día. Se aproximaba la luna llena y aquello lo ponía de un humor terrible, mala combinación, mala combinación.

Lo que menos necesitaba era una nueva lechuza del rubio, pero como nadie leía su mente, no iba a engañarse a sí mismo que parte de ese mal humor no fuera provocado por la ausencia de contacto con él.

"Mismo sitio, misma hora. L."

No pudo obviar la mirada interesada de Sirius, su amigo sabía que alguien de Hogwarts le estaba escribiendo, él mismo recibía al día varias lechuzas de anónimas enamoradas que usaban el mismo método de Malfoy, mucho más discreto que el águila del rubio.

—¿Algún día me contarás quién es tu admirador, lunático?—le dijo al oído Sirius.

—¿Qué?—Estaba dudando que su amigo no fuera un as en legeremancia y se lo hubiera tenido callado todo ese tiempo.

—Notitas de amor… —dijo el moreno señalando la nota que tenía entre las manos con su tenedor lleno de beicon.

—No digas tonterías.—Se levantó dejando la mesa del comedor, no tenía más argumentos de momento, estaba todavía en shock de que su amigo supiera que eran esas notas y el sexo del remitente. ¿Quizás era tan obvio para otros lo que para él era un misterio?

Esperaba llevar todo aquello en secreto, no esperaba tampoco que Malfoy lo fuera aireando por ahí, él no era ningún buen partido del que alardear, así que había asumido que ese "chantaje" sería en secreto. Sirius husmeando no era algo que quisiera, pues ¿qué le diría que entre ellos había nacido de la nada pura pasión…? No era nada creíble, realmente no es que fuera creíble el interés del rubio en él. Y sabía que ante la más mínima duda de amenaza sobre él, sus amigos reaccionarían mal.

¿Por qué se le habían tenido que complicar las cosas así?

Esa noche cuando iba a dejar la habitación se encontró con la mirada azul de Sirius, sólo esperaba que no le siguiera. Pero parecía que no era la intención del moreno que se dio media vuelta en su cama.

Con los nervios a flor de piel, mirando hacia todos lados de un modo un tanto paranoico llego a la torre de Astronomía, eran las 12 en punto cuando pisó el último escalón.

Unos brazos le agarraron con fuerza sin darle tiempo a pensar en nada más, tenía los labios del rubio sobre los suyos, y por mal que le supiera la idea, se relajó en ellos, no sabía que lo había estado necesitando.

¿Se podía considerar chantaje a algo con lo que estaba disfrutando completamente? Una parte de él le ordenó que dejara esos pensamientos y se dedicara a disfrutar de Malfoy todo cuanto pudiera, y esa parte se comunicó muy bien con su entrepierna que volvía a estar dura como una piedra.

El rubio se apartó solo unos centímetros separando sus bocas, Remus quiso protestar, se quedó mirando lo que hacía el otro, sacó su varita y transformó un armario en un cómodo sofá verde.

Lo vio dirigirse a él con paso lento mientras se quitaba la túnica y la dejaba en un brazo del sofá, él parado aún cerca de la puerta lo miraba sentarse. Sin sus brazos sujetándolo se sentía fuera de lugar, pero no le dio mucho tiempo a pensar.

—Ven—dijo la ronca voz del Slytherin, sentado de un modo totalmente erótico.

Remus se estremeció de pura excitación, esa voz suya sabía cómo hacer que todos los vellos de su cuerpo se erizaran.

Su cuerpo se puso en marcha sin cuestionarse la orden, quedando frente al mayor, iba a sentarse a su lado, pero el rubio negó levemente, Remus no sabía bien qué quería el otro que hiciera, y le miraba totalmente ruborizado.

—Siéntate aquí—indicó dando una palmadita a sus propias piernas. A pesar de su vergüenza obedeció sin rechistar y pasó sus piernas sobre las del rubio quedando a horcajadas sobre él.

Colocó una mano sobre el respaldo del sofá y otra sobre el hombro del chico. Cuando tomó contacto al sentarse notó la dureza de este en su trasero, lo que le provocó una pequeña exclamación.

El rubio rió sin ningún gesto altanero, y ver su rostro exento de malicia al hacerlo podría considerarse de las cosas más hermosas que había visto Remus. ¿Por qué no podía lucir siempre así? Aproximó sus labios sin poder contenerse, algo que el rubio notó y tomó complacido.

Poco a poco Remus se fue sentado sobre la erección del otro, era algo incómodo, pero a la vez excitante, tratando de acomodarse mejor provocó unos leves roces que hicieron gemir al rubio dentro de su boca.

Sí, Merlín, quería tener al rubio en ese estado para él, ¿cómo podían volverse adictivas las expresiones de una persona? Su propia erección estaba pegando duro contra su pantalón. Estaba claro que estos encuentros cada vez le excitaban más.

Remus se envalentonó y comenzó a acariciar al rubio, sus manos comenzaron por sus hombros, bajando por su pecho, constatando que bajo ese aspecto aristocrático había un cuerpo bien formado y duro, realmente se moría por ver más de esa blanca piel. A los únicos chicos que había visto desnudos eran a sus tres amigos, Sirius y James, tenían unos torsos mucho mejor formados que los que Peter y él tenían que no jugaban a Quidditch, ¿cómo luciría el de Malfoy? Estaba sumergido en sus pensamientos cuando se dio cuenta de que sus manos curiosas estaban desabrochando los botones de la camisa del mayor, este le miraba atento.

Ninguna frase hiriente, iban bien de momento.

La piel que iba surgiendo debajo de la camisa era tan pálida cómo la había imaginado, descubriendo unos pectorales bien formados, jodido Malfoy, sencillamente era perfecto.

—¿Te gusta lo que ves?—le dijo este alzando una ceja.

—Sí.—Sería estúpido mentir, le estaba acariciando y deseando besar, sería estúpido decir que aquello no le estaba gustando.

El rubio parecía complacido con la respuesta del castaño, y depositó un suave beso sobre sus labios, alzándose un poco y clavando un poco más la erección en el culo de Remus.

—Yo también quiero verte—aquellas palabras cayeron como un jarro de agua fría sobre el castaño.

No es que le hubiera importado nunca su aspecto, era delgado, tirando a escuálido, el lobo le comía muchas de sus energía cuando se transformaba. En su pecho albergaba la mayoría de las cicatrices que se había hecho en sus primeras transformaciones cuando no contaba con sus amigos.

No, no quería mostrar las diferencias ante ese atractivo espécimen, absurdamente pensaba que sí le veía tal cual no querría tener más contacto con él. Y en el fondo, llegados a ese punto, le gustaban esas citas nocturnas que estaban teniendo.

La duda debía estar reflejada en su rostro, pues Malfoy depositó otro beso, este mucho más profundo en sus labios. Duró unos instantes, hasta que dejó vagar sus labios sobre su cuello, allá donde tenía una línea blanca, una cicatriz que le bajaba hasta el pecho. El rubio sacó su lengua y la lamió hasta que esta se sumergía por debajo de su camisa.

Se separó de él apenas, para mirarle a los ojos. Quería más de esa boca suya sobre su piel, definitivamente. Si no era lo que él esperaba, no podría hacer mucho para cambiarlo.

Comenzó a desabrochar los primeros botones de su camisa, y Remus contuvo la respiración. Era condenadamente excitante y a la vez estaba muerto de miedo por el posible rechazo.

Uno a uno los botones de su camisa fueron abriéndose, no podía ver los ojos plateados pues estos estaban fijos en la piel que estaba siendo mostrada.

Trago duro cuando el rostro de Malfoy fue subiendo para mirarle. No quedaba prácticamente nada de la plata de sus ojos, devorada por el negro de su pupila, totalmente dilatada.

Sin previo aviso, pasó su lengua por cada una de las cicatrices profundas y abultadas que poblaban su pecho. No solo le resultó excitante sino que aquella aceptación le conmovió a un nivel que ni siquiera sabía que estaban conectadas.

¿Cómo alguien que era capaz de humillarle con una sola mirada era capaz de tocar su corazón?

"Estás jodido" le dijo el lobo "no le voy a dejar escapar, él es mío" su lobo sólo se comunicaba con él en momentos de pura tensión o cuando dominaba a su parte humana. Jamás hubiera podido adivinar que pudiera albergar sentimientos, para él sólo era la bestia que lo poseía cada luna llena.

Las manos siguieron a la lengua, besos y manos por todo su torso y no pudo dejar de pensar que él también quería estar ahí, que él tampoco le quería dejar escapar. Y que la dureza dentro de su pantalón le estaba desesperando.

Se vio a sí mismo deseando que el rubio cumpliera sus amenazas de no poder controlarse e introducirse dentro de él. Algo abrumado por el pensamiento parecía como si Malfoy estuviera leyéndolos abiertamente. La mano que le recorría la espalda dibujo la curva de su nalga derecha. Terminando la caricia con un fuerte apretón que le hizo jadear. Se sentía maravilloso, tener sus manos agarrándole del culo mientras podía sentir la erección cálida del rubio.

Sin poderse contener comenzó a frotarse de nuevo, lo que hizo que el rubio clavara sus pupilas en él y le diera un fuerte empujón apretando más su culo.

—Demasiada ropa—gruñó el mayor.

Lo más que pudo articular Remus fue una tonta risa, ¿desde cuándo se había vuelto una Hufflepuff de tercero?

Lo maravilloso fue ver esa auténtica sonrisa en el Slytherin, dos en una noche.

Este agarró la varita que estaba olvidada en el brazo de sofá y la pasó levemente con un sencillo susurro. Rojo de vergüenza Remus vio como ambos estaban completamente desnudos. Shockeado el primer instinto del moreno fue cubrirse la erección que golpeaba dura contra su abdomen. Pero el rubio fue más rápido y le agarró ambas manos, dejándole totalmente expuesto.

Se sintió devorado con la mirada y no pudo obviar el placer que sintió al ver esa mirada en el rubio, obsequiándolo con una brillante gota que se escurrió por su glande. El Slytherin se lamió los labios al verla caer por todo su tronco. Y Remus percibió cómo el bulto que había sentido antes en su culo, era un buen trozo de carne caliente y húmeda que comenzaba a frotarse contra su entrada.

La sola imagen de la polla de Malfoy acariciando aquel punto que ni tan si quiera él se había acariciado nunca le hizo gemir. Y Malfoy buscó su boca, pegando su cuerpo al suyo dejando aprisionada su polla entre el abdomen de ambos.

Enredó sus dedos en la sedosa melena plateada, sin poder dejar de moverse notando la cabeza de Malfoy resbalando entre sus nalgas siempre acabando en su entrada.

¿Cómo sería tener el miembro del rubio dentro de sí? ¿Sería doloroso? Le encantaba la sensación de su polla húmeda resbalando entre sus nalgas, pero no sabía si estaba preparado par ser penetrado.

El rubio volvió a colocar sus manos en su culo lo que hizo que ante el agarre este se separase y la polla de Malfoy quedara totalmente colocada en su entrada, noto el tamaño de su glande, demasiado grande. El pánico le recorría el cuerpo, estaba excitado no le cabía duda pero no se sentía preparado y su cuerpo se había quedado rígido.

—No voy a penetrarte—le dijo a la vez que un dedo acariciaba la piel fruncida que que rodeaba su ano—.No así, no sin prepararte.

La voz ronca de Malfoy era casi como un lubricante, le hacía sentir como si su cuerpo fuera de gelatina. Solo que una gelatina con una parte muy dura en su anatomía.

Le levantó del sofá haciendo que Remus tuviera que rodearle con las piernas para no caer. El rubio le tumbó sobre el sofá mientras él se erguía. Los ojos de Remus se fueron hambrientos a la entrepierna del chico, Malfoy era casi como una de esas esculturas griegas que sus padres le habían llevado a ver al British Museum, cincelado y perfecto, su polla se erguía orgullosa, acorde con su lechosa piel con la punta rosada y húmeda.

Malfoy se mostraba a sí mismo orgulloso, él no se imaginaba en esa postura, con la piernas ligeramente abiertas, mostrando sus testículos hinchados y su deliciosa polla. Con esa sonrisa tan característica suya.

Remus sólo pudo lamerse los labios, y su boca se desencajó cuando el desvergonzado rubio comenzó a masajearse la polla delante de él, los labios separados dejando entre ver su rosada lengua. Abrió las piernas de Remus que parecía hipnotizado por el movimiento de la mano del Slytherin sobre su polla. Éste se situó de rodillas entre las piernas del castaño,y Remus se incorporó para poder observar mejor cómo se masajeaba.

La imagen era totalmente erótica y más cuando el rubio acunó sus propios testículos con su otra mano. Remus no pudo contenerse más y comenzó a acariciarse a sí mismo, no era un gran experto haciéndose pajas pero ni se fijo, solo tenía ojos para el extasiado rubio que tenía delate y que le miraba intensamente.

No podía ir tan rápido o se correría en seguida, quería disfrutar de la situación, más cuando vio cómo descendía buscando su boca. Remus la abrió encantado aunque eso le impidiera mirarlo, podía notar la mano del rubio moverse y sus dedos chocaron. El rubio dejo su erección para atacar la suya. Remus se la soltó y se dejó hacer mientras se miraban fijamente. Remus jadeaba sin poder contenerse y Malfoy parecía beberse sus jadeos y acelerar el movimiento de su mano.

Cuando lo soltó quiso protestar, no quería que parara, no quería que parara nunca, aquellas caricias era lo más jodidamente bueno que había experimentado nunca, pero el condenado rubio lo sorprendió abarcando con su mano ambas pollas, las junto y el calor que recibió fue maravilloso. Dura y caliente podía sentirla sobre la propia, el movimiento volvió pero esta vez el lado que se frotaba contra la de Malfoy parecía que le fuera a estallar, mirándole Remus no tenía ya control sobre sí mismo.

Le deseaba, le deseaba muchísimo, y le estaba llevando al mismísimo cielo con sus caricias, mientras la cara de Malfoy reflejaba que él también estaba disfrutando, puro deseo. Sí que almacenaría esa imagen en su memoria, sabía que esa expresión le iba a acompañar toda la vida.

Notaba que estaba subiendo al culmen de su excitación y estaba apunto de correrse, deseaba tanto poder mirar como Malfoy se venía que deseo poder hacerlo a la vez.

—Córrete conmigo, Remus—como si hubieran estado sincronizadas sus mentes, el chico no pudo más que obedecer. Su nombre en su boca era como una extensión de sus caricias.

—Lucius—se atrevió a jadear, su nombre era una especie de afrodisiaco para su mente, quería decirlo una y otra vez, mientras este le regaba el pecho con el semen entre mezclado de ambos.

Se supo suyo y por una vez, lo supo suyo y aquel descubrimiento le hizo temblar, de nervios de emoción, Lucius, Lucius, Lucius.

El tiempo se demoró mientras ambos retomaban una respiración sosegada.


Ahora es cuando una servidora deja aquí aquello de que los reviews le alimentan, le alegran el día, son termómetro de lo que gusta la historia... ^^

Hasta el martes que viene.

Gracias por leer, Shimi