Hete aquí el capítulo 4 de este fic tan "especial", por llamarlo de alguna forma… jaja!

Espero que les guste y más espero sus comentarios!!

Gracias a todos por esperar y por seguir leyendo mis locuras!

Celos. Dolor. Besos

Otra vez el baño, pero ahora era el verdadero Haruto y la tenía contra la pared. Sentía su mano fría y húmeda por los nervios que seguramente pasó frente a la rubia y la castaña que lo acechaban en la entrada del salón… bien merecido se lo tenía por haber mandado a Kon a cuidar su cuerpo… era más que seguro que no sabía que aquella gikongan era él… pero bueno… de todas formas el punto era que había mandado un sustituto a la fiesta… ¿por qué? Si le había prometido… o casi… ir con ella… estar allí cuando bailaran… simplemente estar, no dejarla sola… ¿por qué tuvo que hacer eso?...

La había arrastrado hasta las escaleras y luego las subió rápidamente, sin tener en cuenta los zapatos de tacón de Miyu, que le costaba controlar… Pero en fin, vio la puerta del tranquilo y solitario baño y entró, sin importarle nada más… Tenía que arreglar las cosas con ella sea como sea… explicarle… ¿explicarle qué? Si supuestamente no tenía por qué haberse enterado de nada… Además las explicaciones no iban con él y menos si tenía que contarle que había ido a ver a Byakuya para reprocharle cosas sobre su madre y la relación con Ichigo…

Haruto la sostenía con suavidad contra la pared, con la mano derecha en el hombro de la chica. Podía notar la respiración agitada de ella y sin querer notó la ropa que tenía puesta, recordando que no la había visto en el desfile de modas privado de la tarde… Un hermoso vestido de seda crema, largo hasta los tobillos, pero con un tajo en la parte derecha que dejaba al aire la pierna de Miyu hasta la mitad del muslo; un escote sencillo por delante y la espalda al aire de forma atrevida. Gruñó al pensar en todas las miradas que seguramente fueron dirigidas a la espalda de la chica y ni pensar en lo que habrán dicho. Cerró de un golpe la puerta con la otra mano y le puso traba, que por suerte tenía una.

La miraba a los ojos secamente, como lo hacía siempre, pero notó un brillo extraño en los orbes negros de ella… ¿Estaría enfadada realmente por lo ocurrido? ¿Se habría dado cuenta? ¿O simplemente la maldita gikongan le había prometido a ella también bailar? No podía asegurar nada, tratándose de Miyu seguramente sabía la verdad… no podía ignorar ningún comportamiento tan extraño por parte de él…

- ¿Qué te pasa? Suéltame – ella hablaba suave, pero se notaba su enojo en la voz.

- Nada… ¿a ti qué te pasa? ¿Por qué me dijiste eso enfrente de esa? Además… ¿cómo yo voy a decirles a todas que bailaría con ellas? – fingió enfado para no mostrar su nerviosismo… ¿por qué estaba nervioso? Era sólo la humana tonta que estaba haciéndose la enfadada…

- No eras tú, no te hagas…

- Hmp – lo había descubierto… entonces, ¿por qué había dicho aquello?

- Sólo dije lo que dije porque quería zafarte de la rubia… no la soporto… - respondiendo a la pregunta silenciosa de Haruto y adelantándose a todo soltó la respuesta para el chico. Luego, miró hacia otro lado debido a que comenzaba a sonrojarse. ¿Por qué tuvo que salvarlo? Si en definitiva él se lo merecía… tenía que haber dejado que Rei le colgara del cuello toda la noche…

Haruto la soltó y se giró, mirando al espejo. Miyu levantó su mirada, casi furiosa, hacia él.

- ¿Dónde fuiste? – esa pregunta la tenía atravesada… tal vez por eso lo sacó del embrollo con las "chicas".

- No te importa – otra vez el hielo en las palabras del chico afloraba… esta vez hubiera no querido ser tan duro y cortante…

- ¡¿Dónde fuiste?! ¡Me prometiste que estarías conmigo en esta fiesta! ¿Y ahora me dices que no me importa dónde estuviste mientras mandaste un reemplazo a estar conmigo? – gritaba… no podía hacer otra cosa más que gritarle todo lo que pensaba… él no haría nada más que responder escuetamente a sus preguntas… y eso la ponía más rabiosa aún…

- A la Sociedad de Almas

- ¡¿A qué?! ¡¿Qué cosa es tan urgente que no podías esperarte hasta mañana?! – ella gritaba con más rabia y unas lágrimas aparecían en sus ojos… No sólo estaba enojada por el plantón, sino porque ahora estaba segura de que él había ido a la Sociedad de Almas para asegurarse de que podía volver allí si quisiera escapar de la situación…

- Fui a hablar con mi tío – él no la miraba, sólo veía parte de su reflejo en el espejo. Ella seguía contra la pared con la misma mirada extraña y su cara seria… Esa seriedad podía mostrar más de lo que Haruto hubiera querido ver… ¿por qué estaba tan enojada? Si simplemente… no… él se fue… la dejó plantada… pero iba a volver, no tenía intenciones de no ir a la fiesta…

- ¿Le preguntaste si podías volver, no? – las lágrimas salieron. Era eso… seguramente volvería a la Sociedad de Almas… dónde pertenecía…

- Si – fue directo y frío, realmente no quería serlo… pero si no respondía la verdad ella se pondría peor luego…

- ¡¿Por qué no te quedaste entonces?!

- Porque no era mi intención irme ahora

- ¡No sigas con eso! – no sabía bien por qué, pero no quería seguir escuchando lo que él diría, y menos con ese maldito tono – Dirás que no pudiste quedarte porque te habías comprometido conmigo a venir y pretendías volver antes de que termine la fiesta y que yo no notara que no eras tú… ¿crees que soy idiota?

- No es eso

- ¡¿Sí?! ¡Y me ibas a decir después de la fiesta que te quieres ir! ¡Entonces aprovecha y vete ahora! ¡Vete! ¡Déjame sola! ¡Ya sé qué es lo que quieres! Quieres seguir sin vivir… – estaba más que furiosa, estaba dolida. Sentía que su pecho se llenaba de angustia y una presión desagradable que llegaba hasta sus ojos y hacía que brotaran esas malditas lágrimas que no quería mostrar. Se deslizó por la pared hasta sentarse en el suelo.

- Yo no me iré, no quiero irme – Haruto permanecía serio, inmóvil y mirándose al espejo, con su ceño fruncido y su mirada fría. Había visto el movimiento de la chica, pero su cuerpo no reaccionaba a lo que su corazón le pedía… quería correr y abrazarla, pero aún no había terminado de decirle todo lo que tenía que decir…

- ¿Por qué fuiste a hablar? – ella seguía llorando, pero ya no tenía las suficientes fuerzas para gritar.

- ¿Por qué estás llorando? Si te estoy diciendo que no quiero irme

- Porque sé que es mentira… tú te irás… ese es el mundo al que quieres pertenecer… no éste…

- Eso… no es cierto… - dijo en un tono de voz muy bajo. Se giró a medias, viendo a la chica, que miraba el suelo con los ojos cubiertos de lágrimas.

- ¿A qué fuiste? – Miyu secaba sus lágrimas con un pañuelo.

- Tenía que averiguar por qué mi tío aprobó que mi madre viviera en este mundo – seguía observándola. Miyu lo miró.

- ¿Tu madre? ¿Qué tiene que ver tu madre con lo que tú quieres hacer?

- Es que no puedo soportar

- ¿Soportar? ¿Soportar qué? ¿Que sea feliz una vez en su vida…? Estoy segura de que ella sufrió tanto como Ichigo con su separación y sin embargo te crió con fuerza y valentía, sola… queriendo estar con el hombre que ama… y sin poder hacerlo… ¿y tú estás diciendo que tienes que soportar que ellos se amen? Haruto – lo miró, enfrentando sus ojos dolidos con los fríos de él – ellos te aman y tú… tú… los tienes para ti… ellos quieren que seas feliz como ellos lo son ahora… ¡y sólo piensas que…! – otra vez salieron sus lágrimas, quebrando su voz. Haruto se acercó, se agachó y la abrazó. Ella abrió sus ojos algo sorprendida, no esperaba eso de parte del chico – Yo… quisiera ser como tu – Haruto abrió los ojos… ¿cómo él? ¿A qué se refería? – Tienes a tu papá y a tu mamá juntos, y se aman… incluso van a tener otro bebé como prueba de su amor… y yo… yo no tengo a mi mamá… ella se fue hace más de año y medio y nunca más me llamó siquiera por teléfono… ¡y tú te quejas! – lo empujó con toda la fuerza que pudo de su lado… ¿cómo podía abrazarla sin siquiera decirle nada? Sus lágrimas seguían saliendo, su cuerpo temblaba, sus manos estaban frías y húmedas y su pecho seguía obstaculizándole la respiración.

- Eso… no digas eso…

- ¿Qué? ¿Qué quiero ser como tú? ¿Quién no quisiera serlo? Eres rico, perteneces a una familia noble y eres el heredero de un clan entero. Eres poderoso y talentoso, teniente de los trece escuadrones con altas posibilidades de convertirte en capitán. Tienes a tu mamá y a tu papá juntos, se aman y te aman y hacen lo imposible porque estés bien, feliz y junto a ellos… y me tienes a mi… yo… te amo… y no quiero verte sufrir así…

¿Sufrir? Si él no estaba sufriendo… pero ella tenía razón el algo… ella estaba ahí, con él… lo amaba, estaba seguro de eso y podía sentirlo con sólo tenerla cerca… ¿y él? ¿La ama? Llevó sus manos a la cara de la chica, secando sus lágrimas.

- ¿Otra vez me vas a besar? ¿Otra vez sólo eso? – Haruto la miró sorprendido… ¿no era un beso más que suficiente para demostrarle que la quería? – Tus besos… son más de lo que puedo imaginar… pero… necesito más que eso… - él no quería seguir escuchando y la besó, con algo de fuerza, pero dulcemente. Ella correspondió al beso, pero unos segundos después lo separó poniendo las manos en su pecho – yo… no puedo seguir así… - otra vez brotaban las lágrimas – necesito que me ames…

- Yo… yo te – Miyu puso uno de sus dedos índices sobre la boca del chico.

- No quiero que me lo digas – la presión en su pecho aumentaba y ya casi no podía hablar – quisiera que… me lo demuestres… - Haruto volvió a intentar besarla, pero ella volvió a detenerlo – no así… sino frente a todos…

- Yo… no puedo hacer eso

- Entonces no me amas… - se levantó creyendo que caería debido al dolor que sentía en su interior, pero eso era lo mejor… él no podía demostrarle más de lo que hacía y ella ahora necesitaba más… no un simple beso y una frase alusiva al amor encerrados entre cuatro paredes.

- Pero… - la tomó suavemente por la muñeca, aún agachado y la miró. Ella abrió la traba de la puerta.

- No, Haruto… esto no es vivir… quiero que vivas… y si tu vida está del otro lado… ve y vive – salió sin decir nada más.

Entró en una de las habitaciones de la casa. Sabía que esa era la de servicio y que seguramente no habría nadie allí, pero se sorprendió al notar que estaba la ventana abierta y el humo de un cigarro se asomaba. Entro sin hacer ruido y cerró la puerta. Todo estaba oscuro, sólo alumbrado por la tenue luz que entraba por la ventana. Secó sus lágrimas con el pañuelo y aspiró lentamente, intentando amenguar el dolor de su pecho. Volvió a mirar hacia la ventana y una sombra se contorneaba entre la penumbra. Un hombre con un celular en la mano y un cigarrillo en la otra, apoyando los codos en el marco de la ventana.

Miyu se acercó, descubriendo que esa sombra era de Uryu… ¿qué estaba haciendo allí solo en medio de la fiesta?

- Hola – dijo suavemente.

- Ah… hola Miyu – él se oía abatido.

- ¿Pasó algo? – la chica se acercó y tomó la misma posición en la ventana, mirando hacia afuera.

- No. La música estaba aturdiendo mis oídos… Estoy demasiado cansado

- Hoy estuviste demasiado tiempo en el hospital… ¿por qué no te tomas unas vacaciones?

- No puedo… sabes como es este trabajo… - quiso sonreír, pero no pudo… era evidente que algo le estaba sucediendo.

De pronto el móvil comenzó a vibrar. Miyu se alejó un poco, sentándose en la cama.

- Hola… si… ¿cómo estás? Bien… - la voz de Uryu se iba tornando más sombría y apagada – en la casa de Tatsuki… me dijo que no llamaste… ¿Por qué?... está bien… Espera… si, lo sé… es que… ¿no puedes hablar siquiera?... Está bien… Llámame pronto… - cortó y metió el teléfono en el bolsillo del pantalón. Arrojó la colilla por la ventana y se sentó al lado de Miyu, que lo miraba con una cara entre curiosa y triste… sin sonrisas.

- ¿Quién era? – le preguntó, pero luego se arrepintió… no tenía por qué meterse entre los asuntos de su padre.

Uryu dudó… su cara se fue tornando cada vez más seria y preocupada. Se quitó los anteojos y se refregó los ojos con la otra mano. Luego la miró, con decisión.

- Era Orihime – Miyu se sorprendió.

- ¿Mamá? Y… ¿Qué te dijo?

- Ella… no es la primera vez que me llama…

- ¿Siempre lo hizo, verdad?

- Si

- ¿Por qué no me lo dijiste?

- Ella no quiere que lo sepas… no quiere que te diga que habla conmigo

- ¿Por qué? ¿Qué le hice para que no quiera ni siquiera hablarme?

- No le hiciste nada… y conmigo tampoco habla… Ella sólo me pregunta si estás bien… y dónde estoy…luego, corta… sin más…

- ¿No sabes de dónde llama?

- No, siempre sale desconocido y nunca puedo volver a comunicarme con ella…

- ¿Por qué se comporta así? – Miyu se apoyó en el hombro de Uryu y él la abrazó.

- Ella… te quiere… pero está demasiado dolida por lo que hizo… realmente creo que ya nadie le tiene rencor por lo que pasó… pero no lo entiende… realmente no sabe el mal que nos está haciendo ahora…

- Papá… gracias – se aferró fuerte a su pecho, necesitaba desahogarse… primero Haruto, y ahora esto… ¿Por qué el destino se empeñaba en hacerla llorar esa noche?

Haruto volvió a encerrarse en el baño y se miraba en el espejo, apoyándose en la pileta. ¿Qué le estaba pasando? ¿Por qué se comportaba de aquella ridícula manera? Demostrar… ¿demostrar? No tenía por qué demostrarle nada a nadie… él era Haruto Kuchiki y nada más…

Pero… las lágrimas de la humana habían logrado impactar más de lo que él pensaba… ¿Por qué lloraba tan desconsoladamente? ¿Realmente lo amaba tanto? ¿Qué era lo que él sentía? Además… tantas cosas que le dijo… tantas verdades que le refregó por la cara… su mamá… su madre lo amaba… y aunque no quiera reconocerlo también amaba a ese humano repugnante… y era por ese amor que él estaba allí ahora…

Se agarró la cabeza con las dos manos y se despeinó aún más. Volvió a verse en el espejo y vio claramente los rasgos de Ichigo en su rostro… Realmente se parecía a ese humano… Cerró los ojos con fuerza y la imagen de Miyu apareció en sus pensamientos…

- Miyu… - dijo muy suavemente.

Volvió a abrir los ojos y a ver su reflejo. Unos golpecitos distrajeron su meditación.

- Ocupado – dijo seco.

- Haruto, ábreme – sentenció Ichigo desde el otro lado… ¿y ahora qué quería ese viejo?

Abrió la puerta y la cara de Ichigo no le gustó nada.

- Rukia se siente algo descompuesta, nos vamos a casa… ¿vienes?

- No

- Está bien, nos vemos después – Ichigo se alejó rápidamente mientras Haruto lo miraba, casi inspeccionándolo.

¿Rukia se sentía mal? No era algo anormal en los últimos días… seguramente a causa del embarazo… "embarazo"… otra vez esa palabra… Amor y embarazo… ¿Por qué esas dos miserables palabras estaban acabando con lo poco que tenía? Ah… y otra palabra más, que engloba a todas las otras… vida… ¿tenía una vida? ¿O simplemente era algo inventado por los humanos para creer en el destino, en el amor y en otras cosas tan inútiles?

Vida… ¿Quería vivir? ¿Prefería estar en la Sociedad de Almas como uno más del montón? De pronto recordó las nuevas marcas de su cerezo… Miyu volvió a su mente… Esas marcas las había hecho pensando en ellos dos… no sabía bien el por qué todavía… pero sus corazones entrelazados demostraban que el vínculo que los unía era más grande de lo que él pensaba o creía.

Salió del baño y buscó a Miyu. Vio a Uryu salir de una de las habitaciones.

- Ishida – Uryu lo miró fijo.

- Ella está dentro, pero será mejor que no la molestes

- Yo

- No quiere verte – se acomodó los lentes con el dedo mayor y siguió su camino.

- Ishida – volvió a llamarlo, Uryu se detuvo – Ichigo se llevó a mi mamá a casa porque se sentía mal

- Gracias por avisarme

Uryu y Miyu seguían abrazados en silencio.

- ¿Por qué estuviste llorando? – Uryu acariciaba el cabello de la chica.

- Haruto

- No era él hoy – afirmó… sabía que Uryu había notado el cambio…

- No – lo confirmó.

- ¿Por qué hizo eso? Si no quería venir no hubiera venido – la voz del quincy la tranquilizaba de alguna forma.

- Él… fue a la Sociedad de Almas

- ¿A qué?

- Me dijo que a preguntarle cosas a Byakuya sobre Rukia

- ¿Está celoso por el embarazo?

- Si… pero no puede demostrarlo… y yo… yo no puedo… - volvía a llorar.

- Él no pertenece aquí… y tienes que entender que eso será así siempre

- Pero Rukia está aquí

- ¿Cuántos años pasaron para que eso sucediera?

- Tienes razón… pero… yo lo amo

- A veces tienes que aprender a amar en silencio – la voz de Uryu comenzaba a quebrarse… - no puedes interferir en su vida

- Él… ¿tiene una vida?

- No es una vida exactamente… pero allá en la Sociedad de Almas… él tiene un lugar… y es dónde pertenece… aquí está de paso… no puedes forzar a que viva, Miyu

- Tú… ¿quisieras volver el tiempo atrás y forzar a mamá a que viva? – Uryu se sorprendió ante aquella pregunta.

- Tu mamá vivió la vida que quiso vivir, ella… eligió… y se equivocó… eso es todo… tu no hagas lo mismo… no dependas de que otros olviden lo que son o lo que quieren para estar contigo

Estaba parado como un tarado frente a la puerta de la habitación sin saber qué hacer. Por primera vez en su vida estaba nervioso, agitado, las manos le sudaban, unas mariposas revoloteaban por su estómago, el corazón le latía con fuerza y sus ojos ya no se mostraban tan fríos. Suspiró y abrió sin llamar. No permitiría que ella hiciera lo que quisiera sin antes escuchar algunos gruñidos de su parte.

- No quiero verte – sentenció Miyu desde la cama, donde estaba sentada.

- Vine a decirte que Ichigo se fue con Rukia a su casa

- Ya lo noté – se cruzó de brazos. Él se acercó hasta quedar de pie al pie de la cama.

- ¿Por qué me dijiste eso?

- Porque tú no me amas, sólo me besas cuando te viene en gana… y luego me tratas como a un trapo o peor, como a una humana tonta y repugnante – dijo esto con un tono muy harutista… (o byakuchesco, como quieran :P)

- Sí te amo – él seguía tan nervioso como antes, pero no podía modificar su frío tono de voz.

- ¿Sabes? Mi mamá habló hoy con mi papá y no quiso siquiera saludarme… ¿Por qué no vas con la tuya que seguramente te necesita en este momento? – no sonaba irónica, sino dolida.

- Ella está con Ichigo, que es con quien realmente quiere estar

- ¿Estás seguro de eso? ¿Y qué quieres tú? ¿Qué es lo que quieres realmente?

- Estar aquí, contigo – se acercó y se sentó en la cama, al lado de la chica, que lo miró. Estaba seria.

- ¿Conmigo? ¿Entonces por qué saliste así a buscar a tu tío para hablar de tu madre si quieres estar conmigo?

Haruto no contestó, sólo desvió la mirada. ¿Cómo se las arreglaba ella para dar en la tecla todo el tiempo? Las contradicciones tan temidas por él volvían a aparecer con más fuerza… ¿Qué le estaba pasando? ¿Amor?... ¿Vivir?...

- Eso que te pasa… son celos… - no sonreía, estaba muy seria y eso preocupaba a Haruto.

- ¿Por qué no sonríes?

- ¿Cómo crees que sonreiría en este momento?

- ¿Celos?

- Tú estás celoso porque realmente quieres a tu mamá… y ahora tendrás que compartirla y no sólo con Ichigo

- Miyu – se miraron – yo quiero vivir mi vida contigo.

- Yo no quiero que vivas nada conmigo, tú no estás vivo – sentenció con la voz y la mirada más fría que tenía – y yo no quiero que estés vivo por mi

Haruto se acercó más y la besó. Otra vez la besaba en vez de decirle cosas, en vez de salir y gritar a todos los invitados que quería quedarse al lado de Miyu para siempre y vivir… tener una vida…

Ella correspondió al beso, no podía negar sus propios sentimientos… pero recordaba cada palabra que le había dicho Uryu antes… "no dependas de que otros olviden lo que son o lo que quieren para estar contigo"… ¿Él olvidaría su vida como shinigami para estar con ella? Se separaron y se miraron entre las penumbras.

- Nunca olvidarás quien eres para vivir… - le dijo tristemente.

- Yo no voy a olvidar nada… sólo quiero estar contigo… aquí y ahora…

- No podemos… no así… este no es tu lugar… y siempre harás lo mismo… te irás… volverás a tu casa… a tu tío… a tu familia…

- Mi familia eres tu – le dijo sin más… no podía cambiar su tono de voz, ni su mirada atemorizante… no podía demostrarle frente a todos que la amaba… pero él quería estar con ella… ser Haruto Kuchiki, pero vivir con Miyu Kurosaki, aunque sea humana, aunque viva con los humanos… él la amaba… y ya no tenía caso negarlo… Miyu lo miró con sorpresa y tristeza a la vez…

- ¿Y Rukia?

- Rukia es mi mamá… y ahora tendrá alguien que la cuide en mi lugar

- ¿Por qué sigues con eso?

- Porque yo no podré cuidarla más… ahora tendré que cuidarte a ti – la abrazó con ternura. Miyu podía sentir el corazón de Haruto latiendo muy fuerte… Realmente estaba siendo sincero. Ella también lo abrazó, pero con fuerza, dejando salir todas las lágrimas que tenía acumuladas en su pecho.

Haruto besó su cabeza, su cara y llegó a su boca, rozando sus labios.

- No… no sigas… - le pidió Miyu… Haruto se separó, mirándola con decepción – yo… no puedo aceptar esto… no sin que antes me muestres que…

- Te amo – le dijo con la voz más blanda que pudo.

- No es eso… no quiero que me lo digas a mi… ni que me beses y me toques… me gustaría que… todos sepan que me amas… - por fin sonrió, una sonrisa leve y triste.

- Yo… no puedo…

- Se que es difícil que lo logres… pero… - se acercó y agarró su cara con ambas manos – quizá – lo besó. Ahora era ella la que reclamaba sus labios… pero de una forma un tanto eufórica…

Haruto estaba confundido… Le acababa de decir que no quería ese tipo de demostraciones ¿y ahora era ella la que lo buscaba? Respondió al beso, haciéndolo más intenso y la recostó suavemente sobre la cama.

"No es que no te ame… y sé que tú me amas… pero… quisiera que todos lo sepan"