Pues como estoy regurgitando de alegría por la cantidad de tarea que me dejaron para regresando de vacaciones, pues me puse hoy a editar unos capítulos. Tengo 3 ya listos para servir, este es el primero y en una semana subiré el que sigue, y así.
*editado*
Una Voz Angelical
Original by SandyGuapa
Capitulo IV
Me levanté de la cama con mucho cuidado, tratando de aclarar mi mente. Por supuesto, mi madre no me dio respiro alguno:
– ¿O acaso no fue para ti, una experiencia que te marcó?... ¡Te comportaste absolutamente sexy y coqueta, chica! ¡Y qué habilidad tienes para mover el culo!... Puedes negármelo ahora, pero creo que ya estás disfrutando el ser mujer...
Nada respondí. Mi madre sonrió y llevó su discurso por otros rumbos:
– Caíste en la cama, como tronco... Apenas si pude quitarte la peluca y los pupilentes... ¿Descansaste?
Asentí. ¡Cómo me pesaba la nuca!
– En fin... Casi es la una y media de la tarde, así que arréglate...
Me desnudé lentamente y fui al baño. Me quedé un buen rato bajo la ducha, dejando que el fresco goteo masajeara mi cabeza y se llevara la absurda sensación de depresión y todas las demás molestias. Luego puse especial cuidado en retirar de mi entrepierna los restos de cinta adhesiva.
Cuando salí, mi madre me ayudó a ponerme una de sus batas de baño y me envolvió el pelo con una toalla.
– Antes de que te vistas – disparó en el trayecto - te daré tus complementos alimenticios...
– ¿Cuales? – me intrigué...
– ¿Recuerdas que se los pedí al doctor Kon?
– Más o menos...
– Él me sugirió dos productos naturales para que desintoxiques tu cuerpo: grageas de alga espirulina e inyecciones de lecitina de soya... Así, la dieta que te prescribirá te hará mayor efecto...
Me encogí de hombros, plenamente consciente de que cualquier discusión resultaría inútil. Entramos al cuarto rosa y, en efecto, sobre el tocador había un vaso de agua, un platito con una pastilla y una jeringa pre llenada...
– ¿A qué hora compraste todo esto?
– Tú duermes, yo trabajo... Tú me apoyas, yo te apoyo...
Tragué el medicamento. Después me abrí la bata y me acosté bocabajo en la cama, mi madre, tras pasarme por el glúteo un algodón empapado en alcohol, me clavó la aguja hasta el fondo: pronto noté la penetración de un líquido levemente espeso, distribuyéndose entre mis tejidos...
– ¿Y ahora? – cuestioné...
– A comer...
Me incorporé y me fui, en bata de baño a la cocina: en la mesa para mi decepción sólo había un plato con un pequeño filete de pollo asado y verduras cocidas, un vaso de limonada sin azúcar y una taza de insípido té.
– ¿No sobró comida china? – pregunté.
– ¿Estás loca? ¡Tuve que terminármela! A partir de ahora cuidarás siempre lo que comes...
Suspiré. No tardé en devorar mis alimentos.
– ¿Hay más pollo?
– No por ahora... Vamos a que te arregles.
– Tengo hambre
Pese a mis protestas regresamos al cuarto rosa. En cuanto me retiré la bata mi madre me vio el torso, con una carga de repulsión:
– ¡Qué horror!, te está saliendo vello en el pecho, pareces hombre
Me miré. Nada distinguí.
– ¿Cuál vello?
– ¿Me llamas mentirosa?
Temblé...
– ...
– Cállate y deja todo en mis manos...
Mi madre fue a su cuarto y regresó con un frasco cilíndrico.
– ¡Qué bueno que tengo el Decolette 3D+ y el Suprem'Advance! Son excelentes depiladores
Abrió los frascos: resultaron ser sprays. Me disparó la sustancia del primero en los pectorales de manera generosa y comenzó a untármela con delicados movimientos en círculo. Luego, repitió la acción con el segundo.
Tras la aplicación de los sprays mi madre me oculto el pene y los testículos con la cinta adhesiva, vistiéndome una pantaleta hipster cheeky de algodón, con acabado de picot. Luego me pasó unas delgadísimas copas adhesivas de silicona...
– ¿Y esto?
– Tus tetas...
Ante la simpleza de los materiales, una expresión me salió del alma:
– ¿Y los ex plantes?...
La carcajada de mi madre no se hizo esperar:
– Mira a la niña: le encantó ser voluptuosa...
Aún sin querer admitirlo, tuve que reconocer internamente la veracidad de esa afirmación…
– No es eso – titubee, buscando justificaciones
– Recuerda que anoche fuiste una edecán mayor, desde este momento debes actuar como una adolescente
– ¿O sea?
Mi madre comenzó a adherirme las copas...
– Las chicas de tu edad no están tan formadas aún. Pero descuida: conforme tu cuerpo se vaya desarrollando, podrás irlo luciendo.
– ¿Qué quieres decir?
– Que te despreocupes...
Finalmente, me pasó un muy femenino conjunto deportivo Nike (integrado por un pantalón pirata negro, con cordón de ajuste en el interior; y por una chaqueta de cuello alto y manga corta), y unos impresionantes tenis guess de tacón alto.
– Ven al espejo – invitó mi madre...
Caminé, pues, viendo mi reflejo desde el primer momento. Noté para mi estupefacción, que el éxtasis consumido en el evento había generado un condicionamiento operante en mí, que ya no podía dejar de imitar los provocativos aunque delicados gestos de las edecanes porque tal cosa me generaba una especie de placer físico. Para rematar, otras dos peculiaridades subrayaban aún más, mi transformación: el par de "tímidos senos" estampándose en mi ropa, y de nuevo, la obligación de balancear mis caderas para mantener el equilibrio. Me faltaba exuberancia por la ausencia de los ex plantes, sí, pero no me veía menos mujer: simplemente lucía joven y fresca.
– Vaya…
– Acostúmbrate a tu nueva imagen – me siseó mi madre mientras me recogía el pelo en una coleta – Será tu compañera por mucho tiempo...
Al oír estas palabras, temí por primera vez, que todo el absurdo proceso iniciado por mi madre me marcara, que me dejara secuelas permanentes... Si ya mis gesticulaciones y mi manera de vestir habían perdido masculinidad, ¿qué otros efectos debía esperar?
– ¿Cuándo volveré a ser niño?
– No mientras estás en el concurso desde luego – reconoció mi madre, y comenzó a perfumarme.
Me estremecí.
Justo a las cuatro, una camioneta hummer color rosa se detuvo frente a la puerta. El amabilísimo chofer, un simpático hombre de unos cincuenta años se anunció con formalidad extrema:
– El señor Kuznetov me indicó ponerme a sus órdenes – dijo – Soy Brooklin
– Mucho gusto –respondió mi madre, pasándole una mochila
Llegamos a la televisora en un santiamén. De inmediato, nos condujeron a la oficina de producción, donde nos aguardaba el mismo equipo que había yo conocido el día anterior. Max Mizuhara fue el primero en acercarse a mí: me saludó de beso y me separó de mi madre.
– Acompáñame... ¡Qué bueno que vienes así Ekaterina, cómoda y bien dispuesta!...
Atravesamos un pasillo y llegamos a una pieza larguísima, con apariencia de salón de belleza: la actividad ahí, frenética se desbordaba: en cómodos sillones, un montón de famosas estrellas estaban siendo arregladas: desde un anciano actor de carácter (leyenda en el país) hasta una polémica vedette cubana, pasando por un galán de telenovelas y la vocalista de un grupo de rock... Max me asignó un lugar, y llamó a un amanerado estilista.
– Ekaterina, él es Daichi y te atenderá... Ya le he dado instrucciones precisas de lo que queremos...
– Hola, hermosa – saludó...
– Hola – respondí – Mucho gusto
Max regresó al estudio, no sin antes ordenar:
– Llámame en cuanto termines, Daichi... El señor Kuznetov quiere verificar personalmente el look...
Daichi asintió. Luego, se dirigió a mí, guiñando un ojo:
– Max es guapo, pero muy autoritario... ¿No crees?
Un rayo frío me atravesó la columna vertebral. "Daichi es homosexual... ¡Y yo no quiero serlo!", concluí. "Aunque me exita parecer mujer, no pueden llegar a gustarme los hombres"... Traté de poner la mente en blanco, pero una pregunta del estilista me sacó de equilibrio:
– Qué callada estás, niña. Si no quieres que las dos nos aburramos como ostiones, ¡cuéntame algo!... ¿Tienes novio?
No fue el hecho de que Daichi, cuadrado de cuerpo, hablara de sí mismo en femenino lo que me desconcertó (él, al igual que yo, usurpaba simbólicamente un género), sino el recordar de golpe mi comportamiento como edecán horas antes: no quería que me gustaran los hombres, pero en el evento de la constructora había hecho todo lo posible por calentarlos.
Antes de poder frenarme, unas palabras de tono sugestivo salieron de mis labios:
– Sí, se llama Gary
– Muchos machitos se ponen celosos cuando sus novias se vuelven famosas, ojalá que tu galán entienda tu nueva carrera.
Dos mujeres se acercaron para apoyar a Daichi.
– ¿Qué hay qué hacer? – preguntaron.
– Es una chica de Bryan Kuznetov, ya saben lo que a él le gusta
Una de las mujeres le guiñó el ojo:
– Entonces no la maquilles antes de que el rusete la revise...
Las siguientes dos horas, de hecho fueron estresantes. Desconocía cuáles eran los criterios establecidos, así que me sometí con mansedumbre: me arreglaron las manos (cambiándome las uñas postizas), me realizaron pedicura francés, me depilaron las cejas, me dieron un tratamiento facial y me colocaron extensiones en el pelo
– Voy por Monsieur Kuznetov – indicó Daichi
Al ver los primeros resultados en mí, el productor se mostró complacido.
– Hiciste bien en pedirme que la revisara antes del maquillaje – le dijo al estilista - Colócale un poco de colágeno en los labios, casi nada y el pelo un poco más rizado...
– ¿Qué tonos quiere en el rostro, señor?
– Son tu elección, sólo recuerda su papel del reallity
– ¿Algún piercing? ¿En el labio quizás… como la antagonista de su actual telenovela?
– Buena idea; pero no se lo pongas en el labio, sino en el ombligo.
Si el piquete en los labios me dolió pese a los anestésicos, el del ombligo fue brutal: mientras yo sostenía mi chaqueta, apenas abierta a medias para no revelar la falsedad de "mis senos", Tony me atrapó la piel con unas pinzas y luego me insertó la aguja, seguida por un delgadísimo tubito de plástico esterilizado entre dos marcas previamente trazadas.
– Disculpa que no me espere el efecto de la crema – se encogió de hombros Daichi, retirando con habilidad el tubito y colocando el piercing – Nos queda poco tiempo...
Puede relajarme un poco durante el maquillaje, aunque no demasiado: Spencer llegó con gesto de urgencia.
– El fotógrafo está listo... Vamos a tu camerino...
Cuando me levanté y me vi al espejo, casi me voy para atrás: el arreglo a que mi madre me había sometido la noche anterior era nada frente al que ostentaba en ese momento. Mi rostro absolutamente feminizado (con la nueva apariencia de mis cejas finísimas y de mis labios carnosos), estaba enmarcado por un larguísimo cabello de abundantes reflejos; de hecho, emanaba una sensualidad desconocida para mi... ¡Nunca pensé que podía portar este magnetismo!...
En el camerino me esperaban mi madre, Ming Ming y Max, frente a un armario portátil, desbordante de ropa.
– ¡Qué guapa estás! – me saludó Ming Ming...
– Gracias – contesté...
Ming Ming me señaló la ropa:
– Un regalo del señor Kuznetov... ¿Te gusta?
Eché un vistazo: todas las prendas eran de inmejorable gusto y a la última moda, de los mejores diseñadores rusos y extranjeros… Quedé en shock.
Con energía imparable, Max comenzó a elegirme el primer atuendo: combinó una minifalda azul marina con una camiseta Zara de manga corta en estilo juvenil. Añadió un cinturón muy vistoso, unos aretes largos y una pulsera, ambos de plata, para rematar con unos buenos botines de tacón generoso.
En cuanto terminé de vestirme, Spencer me llevó a un set cuidadosamente preparado. El exceso de luz de los reflectores sobre un fondo blanco me arrojó un inesperado golpe de calor...
– Súbanle al aire acondicionado – gritó alguien
Max entró tras de mí y señaló a un tipo, sentado al frente de una computadora.
– Ekaterina, te presento a Michael Parker, uno de nuestros mejores fotógrafos.
Michael se levantó y, empuñando una Nikon se acercó. Lo vi mejor, evidentemente estadounidense de pelo castaño y barba de varios días, se movía con una seguridad impresionante.
– Tienes un rostro precioso... ¡Qué ojos!... ¡Qué piel!... Creo que retratarás muy bien...
Spencer mientras tanto, daba instrucciones a unos camarógrafos y al resto del staff.
– ¿Qué debo hacer? –le pregunté a Michael.
Él me respondió con un gesto seductor.
– Ser tú misma, bebé... Ven...
Me tomó de la mano y me dejó en el centro mismo de la luz.
– Regálame una sonrisa – pidió...
Oí el primer clic, y como en automático, me brotó el comportamiento de la noche anterior: volví a sentirme sexual, terriblemente sexual. Mientras tanto las instrucciones de Michael me llegaban como irresistibles desafíos:
– Voltea a tu derecha... Menos... Así... Dobla tu pierna... ¡Muy bien!... Deja que se te suba un poco la falda; como por descuido... ¡Excelente!... Eres muy natural... Agáchate... Las nalgas, paraditas... ¡Quédate así!... ¡Te ves riquísima!... Mírame... Separa los labios... ¡Genial!...
Cuando Michael comenzó a descargar mis primeras fotos en la computadora, mi madre se hizo presente.
– ¡Tu hermana es toda una modelo! – le dijo
Mi madre vio el material y dejó traslucir emociones paradójicas: regocijo mezclado con envidia. ¡Mi imagen de mujer era ahora mucho más fotogénica que la de ella!
– Así que la pequeña de la familia ha superado a la mayor – bisbiseó con amargura
Preferí callar y regresé con Spencer al camerino. Ramiro ya había elegido ropa: un mini-vestido muy ajustado, en mezclilla, complementado por unos aretes de oro bellísimos, por una cartera de Carolina Herrera y por unos originales zapatos transparentes con plataforma en el mismo tono.
Así, foto tras foto, cambio tras cambio, perdí la noción del tiempo.
– ¡Hemos terminado! – anunció Michael.
Me sentí feliz: él cansancio me estaba haciendo su presa. Fui al camerino y me derrumbé sobre la cama... Mi madre entró y se sentó a mi lado.
– Tengo hambre – me quejé – Me voy a morir
– ¡Qué poca resistencia, hermanita!
Aunque la puerta estaba abierta, Ming Ming tocó con desparpajo:
– ¿Se puede?
Levanté la mano y dije que sí con el dedo
– Ekaterina es una perezosa – me acusó mi madre
Ming Ming rió:
– Tenemos algo que te reconfortará.
El doctor Kon entró, acompañado de una cocinera:
– Buenas noches, linda...
– Doc – balbucee
– Te traigo la cena
Me incorporé como un rayo. Ming Ming desempotro de la pared una mesita y la cocinera depositó en ésta una charola con un apetitoso filete de pescado, ensalada, fruta con queso cottage y un agua mineral helada.
– Comienza a cenar – me sugirió Ming Ming – Por hoy, terminaste...
La cocinera vio a mi madre.
– Siéntese usted también señorita. Le traeré su cena de inmediato.
Kon le dio a mi madre un consejo:
– Ekaterina debe seguir esta dieta... A partir de este momento prácticamente comerá y cenará aquí, así que usted sólo tendrá que lidiar con el desayuno... ¿Puedo confiar en que vigilará la alimentación de su hermana? ¿Qué no habrá colaciones o sorpresas desagradables?
– Absolutamente – asintió mi madre.
– ¡Me alegro!... Toda la información está organizada por día: hoy es el uno, siga el orden, y ya. La revisaré en dos semanas.
En cuanto terminé de cenar mi madre me pidió que la acompañara al baño. Una vez ahí me abrió la blusa que llevaba yo en ese momento, me retiró las copas y sacó de su mochila el Decolette 3D+.
– ¿Otra vez? – me quejé
– El Suprem'Advance sólo requiere aplicación por las mañanas, pero este depilador va después de cada alimento.
– Valeska, no sé de qué vello me hablas
– ¿Vamos a comenzar con diferencias de opinión, otra vez? – se alzó, belicosa.
Callé y me dejé hacer, sintiendo una franca incomodidad. Justo cuando me estaba yo re adhiriendo los "senos", para después ponerme el conjunto deportivo e irme a descansar, Max me alarmó:
– Ekaterina – gritó a la puerta del baño – hubo un cambio de planes... Te llaman en el estudio "C"
– ¿Dónde hice el casting?
– Sí. Pero primero pasas con Daichi.
– ¿Qué?
Por órdenes de Kuznetov el estilista me cambió el peinado, dejándolo con un look más natural y me retocó el maquillaje.
– Puse tu cambio en ese vestidor de la esquina, para que no pierdas tiempo en el camerino – me dijo Max
Obedecí: encontré un mini-short True Religión de mezclilla, una ombliguera negra y unas botas de caña alta (un poco arriba de la rodilla) con aplicaciones en metal. El mini short, debo admitirlo, fue toda una revelación: ajustadísimo, me estrechó la cintura, me aplanó el vientre y me levantó el trasero.
Afortunadamente, no tuve que caminar: un carrito de golf me recogió y me dejó en el estudio en menos de dos minutos. Me sorprendió lo que vi: la escenografía, la iluminación, la mesa de los jueces. Todo lucía igual que el día del casting, salvo que ahora, aparte de los camarógrafos, sólo había dos personas en el auditorio: Bryan Kuznetov y un floor manager
– Repetirás tu actuación, con una actitud coherente a tu papel – me indicó...
– ¿Mi actuación?
–Sí. Canta "Ésta soy yo". Pero más sexy.
– Está bien
El floor manager me dio la señal, e inicié mi interpretación de manera audaz, dejándome dominar por el mismo espíritu que había surgido en mí como edecán. Incluso, recordé y copié la forma en que Alyssa se paraba, a fin de lucir más las nalgas, y un movimiento pélvico incitante que era especialidad de Estefanía. Cuando terminé, el productor lucía satisfecho:
– No me equivoqué, ¡eres mi próxima cantante de pop!
Un golpeteo de pasos desde la entrada me hizo voltear: Irina, Yuriv Ivanov y Tyson Kynomiya, entraban partiendo plaza.
– Buenas tardes, Kuznetov – saludó Tyson
Irina me guiñó un ojo.
Los jueces ocuparon su mesa... Kuznetov me vio:
– Ahora, vamos a grabar el principio... Sal, vuelve a entrar y preséntate como Katty...
– ¿Katty?
– Tu nombre artístico
Me retiré tras bambalinas y oí el conteo del floor manager. Entonces avancé con paso felino. Como en el casting original, Tyson Kynomiya gritó:
– ¡Número dos!
Irina intervino:
– ¿Cómo te llamas?
– Katty – contesté.
Yuriv Ivanov dedicó una sonrisa genuina:
– Eres muy guapa, Katty... Bienvenida
– Gracias
Bryan Kuznetov interrumpió la grabación:
– ¡Corte! Que regresen sobre Katty, en full shot – le dijo al floor manager; luego un tanto reflexivo, me vio – Katty no digas sólo gracias... Coquetea un poco con Yuriv. ¡Luce tu cuerpo!
– Va de nuevo – indicó el floor manager - En cinco, cuatro, tres...
Conté mentalmente y traté de recordar las estrategias tantas veces vistas en mi madre.
– Eres muy guapa, Katty – volvió a decir Yuriv – Bienvenida
Con sutileza femenina natural, doblé levemente la rodilla izquierda y eché todo el peso de mi cuerpo sobre la pierna derecha, mis caderas dieron un requiebre. Clavé mis ojos en los de Yuriv, tratando de mostrar atrevimiento y timidez en partes iguales. Ladeando un poco la cabeza, sonreí:
– Gracias... Me siento feliz de estar aquí, contigo – sonreí de nuevo – Y con todos ustedes...
Hubo algo eléctrico en el ambiente. Yuriv se quedó genuinamente boquiabierto e Irina tuvo que reaccionar:
– ¿Qué vas a cantar, Katty?
– "Ésta soy yo"...
– ¡Corte! – Gritó Kuznetov – ¿Cómo quedó la toma?
El floor manager consultó al personal de cabina, usando su diadema de audífono con micrófono
– Perfecta señor. ¿Quiere que hagamos una de protección?
– ¡No, no! Me encantó así ¡Fue muy natural! ¿Te comieron la lengua los ratones, Ivanov?
El compositor y pianista movió la cabeza, divertido:
– ¡Estás muy cambiada, Ekaterina! – Me declaró – ¡Ten cuidado con los consejos que te están dando!
– Terminemos con esto – ordenó Kuznetov – Sólo faltan los comentarios de los jueces... Y grabar tu reacción: la vez anterior casi regresas a las butacas ¡Celebra el haber sido seleccionada y entra con júbilo a bambalinas!...
Fue Irina quien comenzó ahora:
– Tienes una voz maravillosa
– Y mucha energía – agregó Yuriv
Tyson Kynomiya permaneció en silencio.
– Voto a favor – siguió Irina...
Yuriv sonrió:
– ¿Qué opinas tú, Tyson?
Kynomiya suspiró. Tomó su copa de vino y la olió...
– Katty, evidentemente eres una chica a la que la vida nada le ha negado... ¿Por qué darte esta oportunidad a ti y no a alguien más?
No esperaba la pregunta. Tyson ignoraba lo que era mi vida real: no hablaba conmigo, de hecho, sino con el papel que estaba yo actuando. Lo absurdo fue que no pude contestar como Kai (francamente hubiera mandado a todos al demonio, y me hubiera largado de ahí)... Ser Ekaterina, en cambio me daba una fuerza nueva, una influencia que no había conocido como varón.
Con exquisitez, me pasé la lengua por los labios, y sólo dije:
– Porque soy capaz...
Y le guiñé el ojo.
Tyson se encogió de hombros:
– Pues felicidades Katty. Bienvenida a "Jugar y cantar"
Oído el "veredicto", acerque los codos a mi cuerpo en un movimiento rápido, al estilo "yes". Luego, me fui a bambalinas...
Spencer me alcanzó:
– ¡Lo hiciste muy bien! ¡Conozco al señor Kuznetov y sé que estará complacido! Sólo espera unos minutos... Te harán una entrevista breve, y podrás irte a descansar...
– Gracias, Spec.
– Si gustas, en lo que llega Don, pasa al teatro estudio...
Lo hice... De hecho iba a acomodarme en una butaca del extremo, pero kuznetov me indicó que me sentara a su lado... Ahora iban a grabar la actuación de un chico llamado Hitoshi.
– Él será el chico fresa del reallity – me explicó – uno de los que se enamorarán de ti.
Cuando lo vi en escena me sentí terrible. No sólo por lo absurdo de lo que acaban de revelarme, sino porque el muchacho me cayó mal: era el típico prepotente de colegio rico.
– ¿Qué vas a cantar? – preguntó Yuriv
– "Ritmo total"
Hitoshi comenzó su interpretación con carácter, pero justo en la parte de "para mi ese algo especial; viva la música, dámelo ya", le salió un "gallo" horrendo... Ni siquiera el estilo caprino de Enrique Iglesias justificaba el accidente vocal...
– ¡Corte! – gritó Kuznetov...
Hitoshi apenadísimo, se retiró por propio pie.
– Localicen a Ian Papov – berreó el productor – Lo quiero aquí, mañana temprano. Sustituirá a este imbécil.
Luego me vio, con rostro compungido.
– ¿Ves a lo que me refería en tu casa?... ¡Odio esto!
Asentí. Sus ojos adquirieron un brillo especial. Me vio las piernas, después el rostro:
– Contigo las cosas son distintas – agregó depositando como con descuido, su mano tibia en mi muslo derecho – Puedo ver tu futuro
Spencer me llamó:
– A bambalinas, Ekaterina. Don está listo.
Kuznetov me tomó la mano y me la besó. Me levanté en confusión y fui a la entrevista... Comencé a preocuparme: tarde o temprano siendo niño, la voz me cambiaría... ¡Mi destino, pese a lo que mi madre deseara, era el mismo de Hitoshi! De cualquier modo traté de mostrar una actitud coqueta y festiva ante la cámara.
– Katty, eres la primera niña seleccionada para el reality show. ¿Cómo te sientes?
– Feliz de estar alcanzado mi sueño...
Cuando llegué al camerino mi madre y Ming Ming bebían vino y charlaban como grandes amigas.
– ¿Cómo te fue? – me preguntó Ming Ming
– Bien – contesté – He terminado, quiero cambiarme y huir
– Tendrás que irte vestida así – me sonrió mi madre, ligeramente ebria
– ¿Y eso?
– El señor Kuznetov ordenó que trasladarán toda tu ropa al departamento plata, incluyendo tu conjuntito deportivo – informó Ming Ming
Spencer entró con evidentes muestras de fatiga:
– Ian Papov está Alemania con su familia – le dijo a Ming Ming – Consígueme un pasaje de avión para cuatro personas
– Yo ya les había dicho que ese niño era mejor opción
– Conoces al jefe... Si no nos mete en apuros, no está feliz
Max se unió al grupo con un llavero en la mano
– ¡Qué horror con el cambio de participante! ¿No? Tendremos que retrasar la producción del reality uno ó dos días...
– En fin – se consoló Ming Ming – Eso nos dará tiempo de mejorar la escenografía: no me terminan de convencer las líneas amarillas huevo que le pusieron...
– Disculpen – intervine– ¿Me puedo ir?
– ¡Por supuesto! – Reaccionó Max – Tengan las llaves de su nuevo departamento... Brooklin los espera en la hummer
Spencer me detuvo:
– El horario que comenzamos a integrar en tu casa, quedó listo para las próximas dos semanas... A partir de mañana a las 11, tienes entrenamiento y clases de canto y de etiqueta... Así nos dará tiempo de seleccionarte las canciones... Con el repertorio decidido, trabajarás las coreografías...
– ¡Rayos! – me queje
– Tu copia del horario ya está en tu habitación. Buenas noches.
El departamento plata, en realidad el pent-house de un edificio en la zona más exclusiva de la ciudad, me resultó apabullante no sólo por el despliegue de lujo y de tecnología, sino por un detalle concreto: nada masculino había en la decoración.
– El señor Kuznetov fue muy específico – nos explicó Brooklin mientras dejaba la mochila en la sala y nos explicaba los intríngulis de controles remotos, apagadores y botones – Quiere que sus niñas estén a gusto
En efecto: el sitio era perfecto para dos mujeres. En mi habitación de hecho, descollaban una computadora de diseño vanguardista en color rosa y un montón de finísimos peluches, acomodados con buen gusto; sobre mi tocador y a sus lados, se acumulaban varios equipos de maquillaje (incluyendo un neceser repleto).
– ¿Ya vio su vestidor, señorita? – me preguntó el chofer, señalándome una puerta – Ahí le puse lo que traje del camerino... La mera verdad, quedó chulo...
La abrí: encontré un espacio amplísimo, plagado de armarios y entrepaños. Ahí, en perfecto orden, contemplé ropa muy fina y cara (en todos los estilos), accesorios (aretes, pulseras, diademas, relojes) y calzado (zapatillas, botas, botines... siempre con tacones altos)...
– ¡Ay, Don Broo! – suspiré
Una vez que el chofer se retiró, intercepté a mi madre.
– ¡Esto es demasiado!
– Creo que le gustas a Kuznetov – me sonrió
– ¡Basta, Valeska! Ya corrieron a un niño porque le cambió la voz... ¿Qué onda cuando eso me pase?
– Tranquila, hermanita; un día a la vez... Si tal cosa llega a ocurrir, nos despedimos y ya... Pero mientras habremos juntado dinero y vivido como reinas...
Las siguientes dos semanas, en efecto, nos dedicamos a pasarla bien. Es cierto que tuve que partirme entre las desgastantes sesiones de entrenamiento (con Johnny McGregor), y las exigentes clases (de canto, con Oliver Polanski; y de etiqueta, con Enrique Giancarlo); sin embargo, el no tener mayores preocupaciones (escolares o económicas) me resultaba adictivo. Casa espléndida, chofer y camioneta a la puerta, juegos en la computadora...
Hubo un detalle perturbador sin embargo: tener que pasármela de chica las 24 horas comenzó a despertarme una fascinación cada vez más morbosa. En especial lo reconozco, me excitaba acudir al gimnasio con ropa entallada y sexy, e integrarme con las mujeres biológicas hasta hacerme indistinguible.
Por si fuera poco, el incorporar a mi conducta las delicadas maneras de la aristocrática profesora Cavaliere (siempre aderezadas con las bien establecidas metas de Kuznetov) se transformó en fuente inagotable de feminización.
– Sé más sutil con el coqueteo – me dijo una vez por ejemplo – Intenta, cuando estés con un hombre, bajar la voz a un tono casi inaudible. Con eso, lo obligarás a acercársete.
Los resultados de la dieta y del ejercicio pronto fueron evidentes: mi cintura estaba un poco más estrecha y, en general, mi cuerpo adquirió una firmeza maravillosa. No falta decir que mi madre no se separaba un ápice de lo establecido por Kon, y que continuaba aplicándome tanto los suplementos alimenticios (las grajeas), como los depiladores.
Obvio: ¡Kuznetov estaba encantado conmigo! Al principio de la tercera semana, de hecho en su oficina, se mostró eufórico:
– Con tu talento, con la disciplina de tu hermana, y con mi apoyo visionario, llegarás lejos – me enfatizó.
Spencer entró y me saludó de beso.
– Señor, se espera buena audiencia para el domingo. Aquí están los índices reportados hasta el momento.
– ¡Maravilloso!
Me extrañé:
– ¿Puedo saber que hay el domingo?
– ¿No has visto los promocionales en televisión? – rió Spencer
– No he tenido tiempo, con tanta clase...
– ¿Y tu hermana no te lo dijo?
Torcí la boca, por lo que no se me requirió de más explicaciones.
– Katty, Katty – me dijo Kuznetov – este domingo comienzan las transmisiones de reality, con una selección de los castings
– ¡Wow! – me incorporé del sillón
– Es más – agregó el productor – Se me ocurre una gran idea: iremos a San Petersburgo, con todo el equipo y ahí lo veremos... Encárgate de la logística, Spencer
– ¿Todo el equipo, señor? ¿Participantes incluidos?
– ¿De qué otra manera? Dispón cámaras, incluso, lograremos buenas tomas...
Luego, volteó hacia mí:
– Además, no quiero dejar de pasar la oportunidad de admirarte en la playa, mientras te doras al sol...
Me alegré mucho y aunque parezca extraño, de regreso en el departamento, me fui derecho al vestidor: recordaba haber visto algunos trajes de baño, y quería probármelos. Seleccioné el más llamativo y pese a la cinta adhesiva, la brevísima tanga no alcanzaba a disimular mis genitales por completo. De cualquier forma, intenté con la parte superior. Para mi consternación, noté que mis pectorales se habían endurecido, marcado, y puesto más anchos. De hecho, mi torso comenzaba a verse tan bien formado como el de mis ex-compañeros de futbol de la colonia... "¡Claro!", reflexioné. "¡Mi cuerpo es de hombre, y ya estoy comenzando a cambiar!". Consciente de que la comedia estaba por concluir, no supe si sentirme triste o alegre... Sin embargo un rato después, al ponerme el depilador, mi madre no emitió comentario alguno. Me extrañó un poco. "No tardará en darse cuenta", deduje...
Dos días después cuando desperté, las cosas habían cambiado. Me pareció que mis pectorales no sólo se habían desarrollado más: parecían estarse afilando de manera cónica. Esperé algún comentario de mi madre, pero no llegó. Al tercer día, cuando empezaron a redondearse y a sentirse suaves, me resultó evidentísimo que había algo extraño.
Con suspicacia, se me ocurrió entrar en la computadora y buscar información acerca de las grageas de alga espirulina y de las inyecciones de lecitina de soya: en efecto, eran suplementos alimenticios y supuestos des intoxicantes. ¿Entonces?
Pensé en silencio. De repente, brinqué. Obvio: los depiladores. Teclee los nombres a toda velocidad. Mi madre no me había mentido respecto al laboratorio o al precio, sino acerca de los efectos. Leí, con asombro del Decolette 3D+: "Su complejo exclusivo de principios activos potentes e innovadores permite fijar la grasa procedente de la alimentación a la altura del pecho, compuesto en sí mismo fundamentalmente por grasas. Con una tonicidad recuperada, más generosos, los senos ganan en volumen, redondez y firmeza. Favorecen la entrada de grasas en el adipocito estimulando la lipoproteína-lipasa. Favorecen la lipogénesis (almacenamiento de grasas)... Tensor... Antiestrías". Del Suprem'Advance: "Rico y consistente, este extraordinario tratamiento palía los déficits de belleza de los senos. Sus micro esferas inteligentes liberan sus activos sólo allí donde la piel los necesita, para que la Volufiline y LPL Stimuline vuelvan a dar volumen y re densifiquen visiblemente los senos. Anti gravedad asegurada gracias a la Kigéline, completada por la acción re afirmante y tonificante de la Centella Asiática. Recupere un escote perfecto y de vértigo, con senos de belleza sublime".
En furia, en incredulidad, grité:
– ¡Valeska, me has estado chingando!
Mi madre entró al cuarto con displicencia. Cuando me vio frente a la pantalla, entendió todo.
– ¿No que extrañabas los explantes, reina? – Se justificó – Esto es mejor. Nada de silicón. Son tus tetas, tu carnita...
Comencé a llorar:
– No así...
Nota: San Petersburgo es una ciudad Europea que se encuentra en el Mar Mediterraneo, frecuentada comúnmente por cruceros.
