Disclaimer: La historia como los personajes, no me pertenecen para nada. Yo solo los adapto porque me gusta como encajan.
Capítulo doble.
Capítulo 3
El Entrenador Amanogawa se mantuvo ante la pizarra hablando monótonamente sobre algo, pero mi mente estaba lejos de las complejidades de la ciencia.
Estaba ocupada formulando razones de porqué Seiya y yo no deberíamos ser compañeros y estaba haciendo una lista sobre ellas en la parte trasera de un viejo examen. Tan pronto la clase terminara, le presentaría al Entrenador mis argumentos.
"No es cooperador con las asignaturas —escribí—. Demuestra poco interés en trabajar en equipo."
Pero eran las cosas no enlistadas las que me preocupaban más. Encontré inquietante la localidad de la marca de nacimiento de Seiya y estaba asustada por el incidente en mi ventana la noche anterior. No estaba completamente segura de que él me estaba espiando, pero no podía ignorar la coincidencia de que estaba casi segura de que vi a alguien mirando por mi ventana solo horas después de que me encontré con él.
El pensar que Seiya me está espiando me provocó alcanzar el interior del compartimiento delantero de mi mochila, sacar dos píldoras de hierro de la botella y tragármelas enteras. Por un momento se quedaron atoradas en mi garganta, pero luego lograron bajar.
Por el rabillo del ojo, cacheé a Seiya arqueando sus cejas. Consideré explicar que soy anémica y que tengo que tomar hierro varias veces al día, especialmente cuando estoy bajo estrés, pero luego decidí no decir nada. La anemia no era una amenaza contra mi vida… siempre y cuando tomara hierro regularmente.
No estaba paranoica hasta al punto de pensar que ese chico querría hacerme daño, pero de alguna manera, sentía que era mejor guardar en secreto mi vulnerable condición médica.
— ¿Serena?
El Entrenador se detuvo en el frente del salón, con su mano extendida en un gesto que mostraba que estaba esperando por algo ―mi respuesta. Un suave incendio se abrió camino hasta mis mejillas.
— ¿Podría repetir la pregunta? — pedí. La clase rió.
— ¿Qué cualidades te atraen en una potencial pareja? — Dijo el Entrenador con un poco de irritación.
— ¿Una potencial pareja?
—Vamos, que no tenemos toda la tarde.
Podía escuchar a Minako riendo tras de mí. Mi garganta pareció estrecharse.
— ¿Quieres que mencione las características de…?
—De una posible pareja, sí, eso ayudaría bastante.
Sin proponérmelo, miré a Seiya de soslayo. Él estaba recostado en su silla, estudiándome con satisfacción. Luego mostró una de sus sonrisas piratas y me dijo por lo bajo…
—Estamos esperando.
Yo puse mis manos sobre la mesa, esperando lucir con más compostura de la que en realidad sentía.
—Nunca he pensado sobre ello.
—Bueno, pues piensa rápido.
— ¿Podrías preguntarle a otro primero?
El Entrenador señaló con impaciencia a mi izquierda.
—Tu turno Seiya.
Contrario a mí, Seiya habló con seguridad, posicionó su cuerpo de una manera que quedaba levemente inclinado hacia mí y nuestras rodillas estaban a solo pulgadas de distancia.
—Inteligente. Atractiva. Vulnerable.
El Entrenador estaba ocupado escribiendo los adjetivos en la pizarra.
— ¿Vulnerable? — Preguntó.
— ¿Cómo así...? —Añadió Mina —: ¿Esto tiene algo que ver con lo que estamos estudiando?; Porque en el libro no aparece nada sobre las características deseadas en una pareja.
El Entrenador dejó de escribir y miró sobre sus hombros.
—Todo animal en el planeta atrae a la pareja con el propósito de reproducirse. Los sapos inflaman sus cuerpos. Los gorilas machos golpean su pecho. ¿Alguna vez has visto a una langosta macho levantarse sobre las puntas de sus patas y chasquear sus pinzas, para llamar la atención de la hembra? Atracción es el primer elemento de toda la reproducción animal, incluyendo a los humanos. ¿Por qué no nos das tu lista, señorita Aino?
Minako levantó cinco dedos.
—Guapo, rico, indulgente, fieramente protector y un poquito peligroso— cada vez que mencionaba una descripción, bajaba un dedo.
Seiya rió por lo bajo.
—El problema con la atracción humana es que no se sabe si ésta será correspondida.
—Excelente punto —observo el entrenador.
—Los humanos son vulnerables —continuó Seiya —, porque son capaces de ser heridos.
Al decir eso, su rodilla chocó con la mía y yo me alejé porque no me atrevía a permitirme pensar qué quiso decir con ese gesto. El entrenador asintió.
—La complejidad de la atracción humana ―y la reproducción―, es una de las cosas que nos apartan de las otras especies —creí escucharlo bufar, pero fue un sonido muy suave, así que no podía estar muy segura. El entrenador continuó —. Desde el comienzo de los tiempos, la mujer ha sido atraída a hombres con fuertes destrezas de supervivencia ―como inteligencia y fuerza física― porque los hombres con esas cualidades tienen más probabilidades de traer a casa cena al final del día — Él levantó sus pulgares y sonrió abiertamente —. Cena; equivale a supervivencia, equipo — nadie rió — Además —agregó — los hombres están atraídos por la belleza porque eso indica salud y juventud. No tiene sentido emparejarse con una mujer enfermiza que no durará mucho para criar a los hijos.
El Entrenador acomodó sus gafas en el puente de su nariz y soltó una risa ahogada.
—Eso es tan sexista — Protestó mi amiga —. Dime algo que se relacione con la mujer del siglo XXI.
—Si observas la reproducción con ojos científicos, señorita Aino, verás que los hijos son la llave de la supervivencia de nuestra especie. Mientras más hijos tengas, mayor es tu contribución para los genes.
Prácticamente escuché a los ojos de Mina ponerse en blanco.
—Creo que finalmente nos estamos acercando al tema de hoy. Sexo.
—Casi — comento el Entrenador, alzando un dedo —. Antes del sexo viene la atracción, pero antes de la atracción viene el lenguaje corporal. Tienes que comunicarle a tu potencial pareja que estás interesada, pero debes hacerlo sin muchas palabras. El Entrenador señaló al lado mío—. Muy bien, Seiya. Digamos que estás en una fiesta. La habitación está llena de chicas de toda clase de formas y tallas. Ves rubias, morenas, pelirrojas y unas cuantas con pelo negro. Algunas son habladoras, mientras que otras parecen tímidas. Has encontrado una chica que encaja con tu perfil: atractiva, inteligente y vulnerable. ¿Cómo le dejas saber que estás interesado?
—La saco aparte y hablo con ella.
—Bien. Ahora la gran pregunta: ¿Cómo sabes que ella está interesada o solo quiere que te vayas?
—La estudio — dijo coquetamente Seiya —. Descubro qué está pensando y sintiendo. Ella no va a decirme las cosas directamente, por lo cual debo prestar mucha atención. ¿Inclina su cuerpo hacia mí? ¿Me mira directo a los ojos y luego mira a otra parte? ¿Se muerde el labio y juega con su pelo de la manera que Serena está haciendo justo ahora? —Las risas aumentaron en todo el salón. Yo dejé caer mis manos en mi regazo —. Ella está interesada— dándole otra vez a mi pierna. De todas las cosas que pude hacer, me sonrojé.
— ¡Muy bien! ¡Muy bien! —aplaudió el entrenador con voz cargada y sonriendo abiertamente por nuestra atención.
—Los vasos sanguíneos de la cara de Serena se están ensanchando y su piel se ha acalorado— dijo Seiya divertido —. Ella sabe que está siendo evaluada. A ella le gusta la atención, pero no está segura de cómo lidiar con ello.
—Yo no me estoy sonrojando.
—Ella está nerviosa— largo con una sonrisa triunfal —. Ella está acariciando su brazo para desviar la atención de su cara y llevarla hacia su cuerpo o quizá su piel. Ambos son puntos fuertes de interés.
Yo casi me ahogo. Él está bromeando, me dije a mí misma. No, él está loco. No tengo experiencia lidiando con lunáticos y ahora se ha presentado. Sentí como si hubiera pasado la mayor parte de nuestros tiempos juntos mirando boquiabierta a Seiya. Si tenía alguna ilusión de ponerme a la par con él, iba a tener que encontrar alguna otra manera para lograrlo. Situé mis manos sobre la mesa, puse mi mentón en alto y traté de parecer que aún me quedaba algo de dignidad.
—Esto es ridículo.
Estirando su brazo con exagerada lentitud, Seiya lo acomodó en el respaldo de mi silla.
Tuve la extraña sensación de que esto era un reto dirigido directamente a mí y que a él le importaba poco lo que la clase pensara. Ellos rieron, pero él pareció no escucharlo, mirándome directamente a los ojos y sosteniendo la mirada de una manera que casi creí que él había creado para nosotros un pequeño y privado mundo que nadie podía alcanzar.
Vulnerable, él articuló sin pronunciar palabra. Yo junté mis tobillos a las patas de mi silla y me incliné hacia delante, sintiendo el peso de su brazo caer tras la silla. Yo no era vulnerable.
— ¡Y ahí lo tienes! — finalizó el Entrenador —. Biología en marcha.
— ¿Podríamos ahora hablar sobre sexo? — Preguntó Minako.
—Mañana, lee el capítulo siete y prepárate para discutirlo.
La campana sonó y Seiya arrastró su silla hacia atrás.
—Eso fue divertido. Repitámoslo en alguna otra ocasión.
Antes de que pudiera decirle algo menos lamentable que "no gracias", él se fue detrás de mí y desapareció por la puerta.
—Estoy comenzando una petición para que despidan a Amanogawa — protestó Minako mientras se acercaba a mi mesa —. ¿Qué pasó con la clase de hoy? Esto fue como porno. Prácticamente los acostó a ti y a Seiya sobre la mesa de laboratorio, horizontalmente, sin ropa y haciendo el gran acto… — La corté en seco con una mirada que decía "¿Parezco que quiero que me lo recuerden?" —, cielos — Minako balbuceó apenada y retrocediendo.
—Necesito hablar con el Entrenador. Te veré en las taquillas en diez minutos.
—Seguro.
Me abrí camino hacia el escritorio del Entrenador en donde él estaba inclinado sobre un libro de jugadas de baloncesto. A primera vista, todas la parecían como si él hubiera estado jugando al tic-tac-toe.
—Hola Serena —saludo él sin mirar —: ¿Qué puedo hacer por ti?
—Estoy aquí para decirte que el cambio de compañeros y el plan de clase me está haciendo sentir incómoda.
El Entrenador se echó para atrás en su silla y puso sus manos detrás de su cabeza.
—Me gusta cómo están acomodados casi tanto como ésta nueva jugada que estoy trabajando para el juego del sábado en la noche.
Puse justo sobre el libro de jugadas una copia sobre los derechos del código de conducta escolar.
—Por ley, ningún estudiante debería sentirse amenazado en propiedad escolar.
— ¿Te sientes amenazada?
—Me siento incómoda y me gustaría proponer una solución —como el Entrenador no me interrumpió, respiré con más seguridad —. Seré tutora de cualquier estudiante de cualquiera de tus clases de Biología, si me sientas otra vez junto a Minako
—Seiya podría usar un tutor.
Resistí tronar mis dientes.
—Eso contradice mi punto.
— ¿Lo viste hoy? Él estaba envuelto en la discusión. Nunca lo había escuchado decir ni una palabra en todo el año, pero lo siento a tu lado y bingo. Sus calificaciones aquí van a mejorar.
—Y las de Minako van a empeorar.
—Eso es lo que pasa cuando ya no puedes mirar hacia tu lado para saber la contestación correcta — respondió secamente —. El problema de Aino es falta de dedicación.
—Seré su tutora.
—No puedes hacer eso — miro su reloj, y luego añadió —: Llego tarde a una reunión. ¿Tienes algo más que decir?
Me quedé con la boca abierta a medias, escurriendo mi cerebro para que escupiera algún otro argumento, pero parecía que estaba falto de inspiración.
—Vamos a darle un par de semanas al asunto de los compañeros de silla. Ah, y estaba hablando en serio acerca de ser la tutora de Seiya. Estoy contando contigo.
El Entrenador no esperó por mi respuesta, comenzó a silbar la tonada de "Search for Your love" y salió por la puerta.
A las siete de la tarde el cielo se puso azul oscuro y subí la cremallera de mi abrigo buscando más calor. Mina y yo salíamos del cine, después de ver El Sacrificio, y nos dirigíamos al estacionamiento. Mi trabajo en el eMoon era hacer reseñas de películas, y como ya había visto todas las demás películas en cartelera, nos resignamos a ver lo último del cine urbano.
—Ésa —señalo Minako —. Fue la película más grotesca que he visto en mi vida. Como norma, ya no volveremos a ver nada que tenga que ver con terror.
Bien por mí. Estaba comenzando a sentirme un poco paranoica tomando en consideración que anoche alguien estuvo acechando tras la ventana de mi cuarto y a eso le sumamos que hoy vimos una película que trata sobre un acosador.
— ¿Puedes imaginar… — agregó mi amiga —, vivir toda tu vida sin saber que la única razón por la cual sigues con vida es porque serás usada como un sacrificio? — Ambas nos estremecimos —. ¿Y qué pasa con ese altar? — Minako prosiguió sin darse cuenta de que me estaba fastidiando y de que preferiría hablar sobre el ciclo de vida de los hongos antes de hablar sobre la película —. ¿Por qué el chico malo prendió la piedra en fuego antes de atarla a ella? Cuando escuché su piel chisporrotear…
— ¡Ya está bien! — prácticamente grité —. ¿A dónde vamos ahora?
— ¿Y puedo decir que si alguna vez un chico me besa así, vomitaré? Repulsivo ni siquiera describe qué estaba pasando con su boca. ¿Eso era maquillaje, verdad? O sea, nadie tiene una boca así en la vida real…
—Mi reseña tiene que estar lista para la media noche — dije parándome frente a ella.
— Ah. Sí. A la biblioteca entonces — Mina abrió las puertas de su Dodge Neon del 95 color violeta —. Estás siendo demasiado susceptible ¿Lo sabías? —Me deslicé en el asiento del pasajero.
—Culpa a la película.
Culpa a Tom el Espía, que estaba anoche en mi ventana.
—No estoy hablando solamente de hoy. He notado — hablo ella con una mueca traviesa —, que durante los últimos dos días has estado inusualmente malhumorada por una buena media hora después de la clase de Biología.
—Eso también es fácil. Culpa a Seiya.
Los ojos de Mina se posaron en el espejo retrovisor, lo ajustó para ver mejor sus dientes, los lamió y luego dio una sonrisa practicada.
—Tengo que admitir que su lado oscuro llama mi atención.
Yo no tenía ningún deseo de admitirlo, pero Minako no era la única. Me sentía atraída por Seiya de una manera que nunca había sentido por nadie. Entre nosotros había un siniestro magnetismo. Cuando estaba cerca de él me sentía atraída al borde del peligro. Se sentía como si en cualquier momento él podría empujarme por el abismo.
—Escucharte decir eso me hace querer…— hice una pausa, intentando pensar qué era exactamente lo que nuestra atracción hacia Seiya, me hacía querer hacer... algo no placentero.
—Dime que no crees que él es guapo — Dijo inquisitoriamente ella —, y prometo nunca más hablar de él.
Extendí la mano para encender la radio. Con tantas cosas que hacer, debe haber algo mejor que arruinar nuestra noche hablando abstractamente de Seiya. Sentarme una hora al lado de él todos los días, cinco días a la semana, era más de lo que podía soportar. Tampoco le iba a dar mis noches.
— ¿Y bueno? —me presionó Mina.
—Él puede ser guapo, pero yo seré la última en saberlo. En esto soy un jurado corrupto, lo siento.
— ¿Qué se supone que significa eso?
—Significa que no soporto su personalidad. Ninguna cantidad de belleza podría arreglar eso.
—No es belleza. Él es… difícil de explicar. Sexy —yo puse mis ojos en blanco. Mina sonó la bocina y frenó en seco mientras otro coche se ponía frente a ella —. ¿Qué? ¿No estás de acuerdo, o es que no es tu tipo?
—No tengo un tipo —respondí seriamente —. No soy tan estrecha.
Minako rió.
—Tú, nena, eres más que estrecha. Estás confinada. Hacinada. Tu espectro es tan ancho como uno de los micro-organismos del entrenador. En la escuela hay pocos chicos, si es que hay alguno, de los cuales podrías enamorarte.
—Eso no es cierto— respondí automáticamente. No fue hasta que lo dije que me pregunté cuán ciertas eran mis palabras. Nunca he estado interesada en nadie. ¿Tan rara era? —. No tiene que ver con los chicos, es sobre… amor. No lo he encontrado.
—No se trata de amor —Mina sonó comprensiva —. Se trata de divertirse.
Dudosa, junté mis cejas.
—Besar un chico, no sé. No me interesa. ¿Es divertido?
— ¿No has estado prestando atención a la clase de Biología? Es mucho más que besarse.
—Ah — solo salió de mi boca como si hubiera descubierto el mayor de los conocimientos –. La población humana ya está bastante elevada sin tenerme a mí para contribuir a ello.
— ¿Quieres saber quién creo que sería muy bueno en eso?
—¿Bueno?
—Bueno — Repitió con una sonrisa indecente.
—No quiero saberlo.
—Tu compañero.
—No le llames así —replique —. Compañero tiene una connotación positiva.
Minako acomodó su coche en un espacio cerca de las puertas de la biblioteca y apagó el motor.
— ¿Alguna vez has fantaseado con besarlo? ¿Alguna vez lo has visto de reojo y has imaginado lanzarte y cerrar tu boca con la suya?
Yo la miré con una mirada que deseé que luciera bastante alarmada.
— ¿Tú lo has hecho?
Mina sonrió abiertamente. Traté de imaginar qué haría Seiya si supiera esta información. Con lo poco que sabía de él, sentía que su aversión hacia ella era lo suficientemente concreta como para tocar.
—Él no es lo suficientemente bueno para ti.
Ella gimió.
—Cuidado. Solo estás haciendo que lo desee más.
Dentro de la biblioteca ocupamos una mesa en el primer nivel, cerca de la sección de ficción para adultos. Abrí mi ordenador portátil y escribí: El Sacrificio, dos estrellas y media.
Dos y media era probablemente demasiado bajo, pero tenía tantas cosas en mi mente que no me sentía particularmente equitativa. Minako abrió una bolsa de frituras de manzana.
— ¿Quieres?
—Estoy bien, gracias.
Ella miró a la bolsa.
—Si no te las comes tendré que hacerlo yo, y en realidad no quiero.
Minako estaba en la dieta de frutas. Tres frutas rojas diarias, dos azules y muchas verdes… Ella alzó una fritura y la examinó.
— ¿Qué color? — le pregunté.
—Verde-hazme-vomitar. Creo.
Justo en ese momento Kakyuu Millar, la única estudiante de segundo curso que logró ser porrista en la historia de Coldwater High, se sentó en la esquina de nuestra mesa. Su cabello rojizo estaba recogido en trenzas y, como siempre, su piel estaba cubierta por media botella de maquillaje. Estaba segura de que había acertado en la cantidad de maquillaje porque no se notaban sus pecas. No he vuelto a ver ninguna de sus pecas desde séptimo grado, el mismo año que descubrió Mary Kay. Había tres cuartos de pulgada entre el final de su falda y el comienzo de su ropa interior… si es que llevaba puesto algo.
—Hola talla grande — saludo burlonamente Kakyuu a Minako.
—Hola fenómeno — le contestó Mina.
—Mi madre está buscando modelos en esta semana. El pago son nueve dólares la hora. Pensé que estarías interesada — La madre de Kakyuu maneja el Silver Millenium local y en los fines de semanas tiene a Kakyuu y al resto de las porristas desfilando bikinis en las vitrinas que dan a la calle —. Se le ha hecho muy difícil conseguir modelos para ropa interior de talla extra grande— Kakyuu sonrió.
—Tienes comida atorada en tus dientes — Minako le dijo a Kakyuu mientras le señalaba —. En la grieta que hay entre tus dos dientes frontales. Parece como chocolate laxante…
Kakyuu lamió sus dientes y se bajó de la mesa. Mientras ella se alejaba ostentosamente, Minako―a espaldas de la otra―, metió su dedo en la boca y fingió que se provocaba el vómito.
—Tiene suerte de que estamos en la biblioteca — me susurro Minako —. Tuvo suerte de que no nos hubiéramos encontrado en un callejón oscuro. Última oportunidad, ¿quieres una fritura?
—Paso.
Minako se fue para tirar las frituras. Minutos más tardes regresó con una novela de romance. Se sentó al lado mío y, mostrando la carátula, dijo:
—Algún día éstas vamos a ser nosotras. Violadas por dos vaqueros medio desnudos. Me pregunto cómo se sentirá besar labios tostados por el sol y manchados de barro…
—Sucio — Murmuré mientras seguía escribiendo en mi portátil.
—Hablando de sucio — Y alzó la voz inesperadamente —. Ahí está nuestro chico.
Dejé de escribir, miré sobre mi portátil y mi corazón soltó un latido. Seiya estaba parado al otro lado de la habitación, haciendo fila para llevarse un libro. Como si él sintiera que lo estaba mirando, se volvió y nuestros ojos se encontraron por tres segundos. Yo fui la primera en mirar a otra parte, pero no sin antes recibir una lenta sonrisa. Mi corazón comenzó a latir erráticamente y me dije a mí misma que me tranquilizara. Yo no iba a seguir por este camino. No con Seiya. De ninguna manera, a menos que estuviera loca.
—Vámonos — Le dije a Mina mientras cerraba mi portátil, lo guardaba y metía mis libros dentro de mi mochila, dejando caer unos cuantos mientras lo hacía.
—Estoy intentando leer el título del libro que tiene… espera… Cómo ser un Acosador.
— Él no se va a llevar un libro con ese título — pero no estaba segura.
—Es eso o Cómo Ser Sexy Sin Intentarlo.
— ¡Shhh! — silbé entre dientes.
—Cálmate, él no puede escucharnos. Está hablando con la bibliotecaria. Está registrando el libro para llevárselo.
Confirmando esto con una rápida mirada, me di cuenta de que si nos íbamos ahora probablemente nos encontraríamos con él en la salida y entonces tendría que decirle algo. Me acomodé de nuevo en la silla y comencé a buscar en mis bolsillos ninguna cosa en particular mientras él terminaba el proceso del libro.
— ¿Crees que será raro que él esté aquí a la misma vez que nosotras? — Preguntó Mina.
— ¿Tú lo crees así?
—Yo creo que te está siguiendo.
—Yo creo que es una coincidencia — esto no era del todo cierto. Si tuviera que hacer una lista de los primeros diez lugares en donde pensaría encontrar a Seiya en cualquier noche, la biblioteca no sería uno de ellos.
La biblioteca no estaría ni en los primeros cien lugares. Entonces, ¿qué estaba haciendo él aquí? La pregunta era particularmente perturbadora después de lo que pasó anoche. No se lo había mencionado a mi amiga porque pensaba que se iba a reducir y marchitar en mi memoria hasta que dejara de existir. Punto.
— ¡Seiya! — susurró Minako teatralmente —. ¿Estás acosando a Seiya?
Yo planté mi mano en su boca.
—Deja eso y lo digo en serio —le regañé adoptando una expresión severa.
—Apuesto a que te está siguiendo — Dijo Minako apartando mi mano —. Apuesto a que ya tiene un historial en esto. Apuesto a que ha tenido órdenes de alejamiento. Deberíamos colarnos en la oficina, podría estar todo en su archivo estudiantil.
—No nos vamos a meter en la oficina.
—Yo podría crear alguna distracción. Soy buena en eso. Nadie te vería entrando. Podríamos ser como espías.
—Nosotras no somos espías.
— ¿Sabes cuál es su apellido? - Preguntó Minako.
— No.
— ¿Sabes algo sobre él?
— No, y me gustaría mantenerlo así.
— ¡Ay, vamos! Te encantan los misterios y éste no podría ser mejor.
—Los mejores misterios están relacionados con cadáveres. No tenemos un cadáver.
— ¡Todavía! — Chilló Minako.
Saqué de la botella dos píldoras de hierro y me las tragué. Después de las nueve y treinta, Minako estaba entrando en la carretera de su casa, apagando el motor y sacudiendo las llaves enfrente de mí.
— ¿No me vas a llevar a casa? — le pregunté. Una pérdida de aliento porque ya sabía qué iba a responder.
—Hay neblina.
—Neblina parcial.
Minako sonrió abiertamente.
—Ay, niña. Estás pensando en él. No te culpo. Personalmente, espero soñar con él esta noche. Y la neblina siempre se pone peor cerca de tu casa — Continuó Minako —.Me asusta cuando ya es de noche.
Agarré las llaves.
—Muchas gracias.
—No me culpes. Dile a tu madre que se mude más cerca. Dile que existe este nuevo club llamado civilización y ustedes podrían unirse.
—Supongo que mañana te tengo que recoger para ir a la escuela. ¿Cierto?
—A las siete y media estaría bien. Haré el desayuno.
—Más vale que sea bueno.
—Sé buena con mi bebé - Ella acarició el dash del Neon —. Pero no demasiado buena. No quiero que piense que hay alguien mejor que yo.
Mientras conducía a mi casa, me permití pensar un poco en Seiya. Minako tenía razón, algo en él era increíblemente seductor y también increíblemente espeluznante. Mientras más pensaba en ello, más me convencía de que algo en él era… extraño. El hecho de que a él le gustara contrariarme no era exactamente algo nuevo, pero había una diferencia cuando a molestarme en la clase se le suma el que posiblemente me esté siguiendo a la biblioteca para contrariarme aún más. No mucha gente se tomaría tantas molestias… a menos que tenga una muy buena razón. A mitad de camino, la lluvia comenzó a caer, dividiendo mi atención entre el camino y el volante, mientras intentaba localizar los limpia-parabrisas. Las luces de la calle comenzaron a parpadear y me pregunté si se avecinaba alguna tormenta más fuerte.
El clima cambia constantemente estando tan cerca del océano y un aguacero puede rápidamente convertirse en una inundación. Decidí acelerar el Neon. Las luces de afuera volvieron a parpadear. Una sensación fría recorrió mi nuca y se me puso la piel de gallina. Mi sexto sentido gradualmente se puso en alerta máxima. Me pregunté si pensaba que estaba siendo perseguida. Por mi retrovisor no veía ninguna luz y al frente tampoco había ningún coche. Estaba completamente sola. No era un pensamiento muy reconfortante. Aceleré el coche a cuarenta y cinco.
Encontré los limpia-parabrisas, pero aunque estaban a velocidad máxima, no podían contra la pesada lluvia. La luz del semáforo que estaba más al frente cambió a amarillo. Me detuve lentamente, verifiqué que no hubiera tráfico y luego atravesé la intersección. Escuché el impacto antes de que registrara la oscura silueta deslizarse a través del techo del coche. Grité y frené en seco. La silueta dio un golpazo contra el parabrisas y lo agrietó. Por impulso, moví el volante bruscamente hacia la derecha. La parte trasera del Neon patinó, haciéndome dar vueltas en la intersección. La silueta dio vueltas y desapareció en el borde del techo. Yo estaba aguantando la respiración, apretando el volante entre los nudillos blancos de mis manos. Levanté mis pies de los pedales y el coche se detuvo.
Él estaba agachado a poca distancia, observándome.
Él no parecía para nada… herido.
Estaba vestido completamente de negro y se confundía con la noche, haciendo difícil ver cómo era. Al principio no pude distinguir ningún rasgo facial y luego me di cuenta de que llevaba puesta una máscara de esquiar. Se paró y aminoró la distancia entre ambos. Plantó su mano en el cristal de la ventana del conductor y nuestros ojos se encontraron a través de los agujeros de su máscara. Una sonrisa letal pareció crecer en los suyos. Nuevamente aporreó el cristal y éste vibró entre nosotros. Arranqué el coche, intenté sincronizarlo poniendo el cambio en primera, apretando el pedal de gasolina y soltando el embrague. El motor hizo el intento de prender, pero luego se volvió a apagar. Arranqué el motor una vez más, pero estaba distraída por un gemido metálico y desentonado. Observé con horror cómo la puerta comenzaba a arquearse.
Él la estaba arrancando.
Con fuerza, puse la palanca de cambio en primera. Mis zapatos resbalaban en los pedales. El motor comenzó a gruñir y el contador de revoluciones subió hasta la zona roja. Su puño atravesó la ventana con una explosión de vidrios. Su mano pasó torpemente por mi hombro y luego se aferró a mi brazo. Lancé un ronco grito, pisé fuerte el pedal de gasolina y me liberé de su agarre. El Neon comenzó a moverse haciendo chillidos.
Él por un tiempo se mantuvo corriendo al lado del coche y agarrando mi brazo, pero luego me soltó. Aceleré más actuando bajo los efectos de la adrenalina. Miré por el espejo retrovisor para asegurarme de que él no me estaba siguiendo y luego giré el espejo para que diera a otra parte. Tuve que morderme los labios para evitar sollozar.
Capítulo 4.
Conduje a toda velocidad hasta llegar a mi casa y luego di la vuelta y me dirigí al centro de Coldwater, atajando por Beech y utilicé el marcado rápido de mi celular para llamar a mi amiga.
—Pasó algo… yo… él… eso salió de la nada… el Neón…
—Te estás entre cortando. ¿Qué?
Me limpié la nariz con la parte trasera de mi mano. Estaba temblando de la cabeza a los pies.
—Él salió de la nada.
— ¿Quién?
—Él…— Intenté juntar mis pensamientos y formularlos en palabras — ¡Él saltó frente al auto!
—Ay, hombre. Ay-dios-ay-dios-ay-dios. ¿Golpeaste un venado? ¿Estás bien? ¿Qué le pasó a Bambi? — Ella mitad gimió y mitad gruñó —. ¿El Neón? — Yo abrí la boca, pero Minako me interrumpió —. Olvídalo. Lo tengo asegurado. Solo dime que no hay pedazos de venado sobre mi bebé… no los hay ¿cierto? — Cualquiera que fuera la respuesta que le iba a dar se quedó atrás. Mi mente estaba dos pasos adelantados.
Un venado.
Quizá podría fingir que impacté a un venado. Quería contarle la verdad, pero tampoco quería parecer una loca. ¿Cómo iba a explicar que vi al chico que impacté ponerse en pie y arrancar la puerta del auto? Gire mi cuello hacia un lado de mi hombro. Hasta donde podía ver, no había marcas en dónde él me había agarrado… De repente reflexioné. ¿De verdad estaba considerando negar lo que había pasado? Yo sé lo que vi. No fue mi imaginación.
—Ay rayos — dijo —. No me estas respondiendo. El venado está pegado en los focos del auto ¿cierto? ¿Estás conduciendo por ahí con él, atascado en el frente como si fuera una pala para la nieve?
— ¿Puedo dormir en tu casa? — Quería salir de las calles. Fuera de la oscuridad. Con una súbita inhalación me di cuenta de que para ir a su casa, tendría que volver a la intersección en donde lo impacté a él.
—Estoy en mi cuarto, puedes venir. Te veo en un rato — Con mis manos fuertemente apretadas contra el volante, conduje el Neón a través de la lluvia, rezando para que el semáforo en Hawthorne estuviera verde en mi favor.
Lo estaba y pasé la intersección mirando directamente hacia el frente, pero a la vez mirando con el rabillo del ojo las sombras de los lados de la carretera. No había ninguna señal del chico con la máscara de esquiar.
Diez minutos más tarde estaba estacionando el Neón frente a su casa. El daño en la puerta fue mucho y tuve que patearla para poder salir. Luego corrí hasta la puerta de entrada, entré a toda prisa y bajé corriendo las escaleras hasta el sótano. Minako estaba sentada en su cama con las piernas cruzadas, tenía un cuaderno sobre sus rodillas, llevaba puesto audífonos y su iPod estaba encendido.
— ¿Quiero ver el daño hoy, o debería esperar a dormir al menos siete horas? — Me preguntó a través de la música.
—Quizá deberías escoger la opción número dos.
Minako cerró su cuaderno y se quitó los audífonos.
—Terminemos con esto de una vez.
Cuando salimos, me quedé mirando al Neón por un largo rato. No era una noche cálida, pero el clima no era la causa del escalofrío que recorrió mis brazos. La ventana del conductor no estaba rota. Tampoco la puerta.
—Algo no está bien — dije. Pero Minako no me estaba escuchando.
Ella estaba ocupada inspeccionando cada pulgada del Neón. Yo me adelanté para inspeccionar la ventana del lado del conductor. Cristal sólido. Cerré mis ojos. Cuando los volví a abrir, la ventana seguía intacta. Caminé hasta la parte de atrás del auto, casi terminaba de rodearlo cuando de repente me paré en seco. Había una pequeña grieta en el parabrisas.
Mina lo vio al mismo tiempo.
— ¿Estás segura que no fue una ardilla?
Mi mente volvió a los letales ojos tras la máscara de esquiar. Ellos eran tan azules que no podía distinguir las pupilas. Eran parecidos a los de… Seiya.
—Mírame, estoy llorando de alegría —tumbándose de forma poco elegante en el Neón para abrazarlo—. Una pequeña grieta ¡Eso es todo!
Yo fingí que sonreía, pero mi estómago estaba revuelto. Cinco minutos antes, el cristal de la ventana se había deshecho y la puerta estaba encorvada. Ahora, mirando al auto, todo eso parecía imposible. No, parecía una locura. Pero yo vi como atravesó el cristal con su puño y sentí como sus uñas se clavaban en mi hombro.
¿Verdad?
Mientras más intentaba recordar el accidente, menos podía. Pequeñas lagunas de información perdida llenaban mi memoria. Los detalles se estaban perdiendo. ¿Era él alto? ¿Bajo? ¿Delgado? ¿Musculoso? ¿Me dijo algo? No podía recordar. Esa era la parte más aterradora.
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A la mañana siguiente, Mina y yo salimos a las siete y quince y conducimos a Plutón Bristol para tomar un desayuno de leche vaporosa. Con mis manos envueltas alrededor de mi taza china, intenté aliviar el frío que recorría el interior de mi cuerpo. Sí me bañé y me puse una camisola y un cardigán que me prestó mi rubia amiga, también me puse un poco de maquillaje, pero casi ni recuerdo cuando lo hice.
—No mires ahora — comentó Mina por lo bajo —, pero el señor Suéter Verde sigue mirando para acá, estimando tus largas piernas a través de tus jeans… ¡Ah! Me acaba de saludar. No estoy bromeando. Me acaba de dar un pequeño saludo militar, de esos que hacen con dos dedos. Que adorable.
Yo no la estaba escuchando. El accidente de anoche se estuvo repitiendo en mi cabeza durante toda la noche, llevándose consigo toda posibilidad de dormir. Mis pensamientos estaban enredados, mis ojos estaban pesados y no podía concentrarme.
—El señor Suéter Verde se ve normal, pero su copiloto parece un chico muy malo— agrego—. Emite cierta señal de no-jodas-conmigo. Dime que no parece al hijo de Drácula. Dime que estoy imaginando cosas.
Alzando mis ojos lo suficiente como para verlo sin parecer que lo estaba viendo, me fijé en las facciones finas y atractivas de su rostro. El pelo rubio platinado colgaba hasta su cintura. Sus ojos eran de color esmeralda. No estaba afeitado. Estaba impecablemente vestido con una chaqueta a la medida y unos jeans oscuros de diseñador.
—Estas imaginando cosas — dije
— ¿No te fijaste en ese par de ojos profundos? ¿En esa forma de uve que la raíz de su cabello deja en su frente, al estilo Drácula? ¿En su cuerpo alto y delgado? Él puede que sea hasta más alto que yo — Minako mide casi seis pies de alto y le encantan los tacones. Tacones altos. También tiene la costumbre de no salir con chicos más bajos que ella —. Bueno ¿cuál es el problema? — Preguntó —. Te has vuelto incomunicable. ¿Esto no tiene que ver con la grieta en mi parabrisas, verdad? ¿Qué importa que hayas golpeado un animal? Le pudo haber pasado a cualquiera. Aunque está comprobado que las probabilidades hubieran sido menos si tu mamá se mudara fuera de la jungla.
Le iba a contar a ella lo que había pasado de verdad.
Pronto.
Solo necesitaba un poco de tiempo para juntar los detalles. El problema era que no veía cómo podría hacerlo. Los únicos detalles que recuerdo estaban incompletos. Era como si un borrador hubiera dejado mi memoria en blanco. Pensando, recordé que un aguacero caía en cascada sobre las ventanas del Neón, causando que todo afuera se viera borroso.
¿Habré golpeado de verdad a un venado?
—Mmm, mira eso — susurro Mina —. El señor Suéter Verde se está levantando de su silla. Vaya, eso sí es un cuerpo que visita el gimnasio regularmente. Definitivamente está caminando hacia nosotras. Sus ojos están buscándote.
Medio latido después, fuimos saludadas con un simpático:
— ¡Hola!
Minako y yo lo miramos al mismo tiempo.
El señor Suéter Verde estaba parado tras nuestra mesa, sus pulgares estaban enganchados en los bolsillos de sus jeans. Tenía ojos verdes esmeraldas y el pelo rubio platinado estratégicamente recogido y tenia mechones de pelos despeinados que caían sobre su frente.
—Hola a ti — saludo simpáticamente mi mejor amiga —. Soy Minako Aino y ésta, es Serena Tsukino.
Miré seriamente a Mina. No me gustó que ella diera mi apellido, se sintió como si hubiera violado el contrato entre chicas y mejores amigas cuando se encuentran con chicos desconocidos. Hice un leve movimiento de mano como saludo y llevé la taza a mis labios, quemando mi lengua inmediatamente.
Él arrastró una silla de la mesa de al lado y se sentó al revés, sus brazos descansando en donde se suponía que estuviera su espalda. Extendiendo una mano en mi dirección, dijo —Soy Yaten Black — Sintiéndome demasiado formal, le estreché la mano —: Y éste es Darien — añadió, alzando su barbilla en dirección a su amigo, al cual Minako subestimó cuando le llamó 'alto'.
Darien inclinó todo su cuerpo y se sentó en una silla al lado de mi amigo, y bajo su cuerpo, la silla parecía muy pequeña.
—Creo que eres el chico más alto que he visto en mi vida. En serio. ¿Cuánto mides?
—Seis pies, diez pulgadas — masculló Darien, hundiéndose en su silla y cruzándose de brazos.
Yaten aclaró su garganta.
— ¿Puedo comprarles algo para comer?
—Estoy bien —respondí levantando mi taza—. Ya ordené — Mina me pateó bajo la mesa —. Ella quiere una dona rellena de crema de vainilla.
— ¡Qué sean dos!
— ¿No es eso demasiado para tu dieta? — Le pregunté.
—El grano de la vainilla es una fruta. Una fruta marrón.
—Es una legumbre.
— ¿Estás segura sobre eso? —No lo estaba.
Darien cerró los ojos y se apretó el puente de su nariz. Aparentemente, él estaba tan contento de estar sentado con nosotras, como yo lo estaba por tenerlos a ellos allí. Mientras Yaten caminaba hacia el mostrador, permití que mis ojos lo recorrieran. Definitivamente, él estaba en la secundaria, pero nunca antes lo había visto en la escuela. Lo hubiera recordado.
Él tiene una personalidad un poco carismática, a veces malhumorada pero llevadera, de esas que no pasan desapercibidas. Si no me hubiera sentido tan trastornada, definitivamente me hubiera interesado para una amistad, o tal vez para algo más.
— ¿Vives por aquí? — Le preguntó Minako a Darien.
—Mmm.
— ¿Vas a la escuela?
—Kinghorn Prep.
Había un aire de superioridad en la manera en que él lo dijo.
—Nunca he oído de ella.
—Es una escuela privada en Portland. Comenzamos a las nueve.
Levantó su manga y miró su reloj. Mina sumergió un dedo en la espuma de la leche y luego lo lamió.
— ¿Es cara? —Por primera vez, Darien la miró directo a los ojos. Sus ojos se estrecharon, mostrando un poco de blanco alrededor de los bordes —. ¿Eres rico? Apuesto que lo eres.
Darien miró a Minako como si ella hubiera matado una mosca en su frente. Alejó su silla un par de pulgadas, distanciándose de nosotras. Yaten regresó con una caja con media docena de donas.
—Dos cremas de vainilla para las damas — dijo, empujando la caja hacia mí —, y cuatro glaseadas para mí. Supongo que me tengo que llenar ahora porque no sé cómo es la cafetería de Coldwater High.
Mina casi escupe su leche.
— ¿Vas a ir a CHS?
—Comenzaré hoy. Me acabo de transferir de Kinghorn Prep.
—Serena y yo vamos a CHS. Espero que aprecies tu buena suerte. Cualquier cosa que necesites saber —incluyendo a quién deberías invitar para el baile de primavera—, solo pregunta. Ella y yo no tenemos pareja… todavía.
Decidí que era tiempo para separarnos. Darien estaba obviamente aburrido y molesto, y el estar en su compañía, no ayudaba a mi ya agotado ánimo. Hice un gran espectáculo mirando al reloj de mi celular.
—Será mejor que nos vayamos a la escuela. Tenemos que estudiar para el examen de biología. Yaten, Darien; fue un placer conocerles.
—Nuestro examen de biología es para el viernes — Me regaño Minako sin comprender lo que yo decía. Mi interior se estremeció, pero aún así sonreí entre dientes.
—Correcto. Me refería a que tengo un examen de inglés. Las obras de… Geoffrey Chaucer.
Todo el mundo supo que estaba mintiendo. De una manera lejana, mi rudeza me molestó un poco, especialmente porque Yaten no había hecho nada para merecerlo. Pero no quería estar sentada aquí por más tiempo. Quería seguir adelante, distanciándome de lo que paso anoche. Tal vez la desvanecida memoria no era tan mala después de todo. Mientras más temprano olvidara lo que pasó, más rápido mi vida volvería a retomar su normalidad.
—Espero que pases bien tu primer día de clases y quizá nos veamos en el almuerzo — lo salude. Luego tomé a Mina por el codo, la obligué a levantarse y la conduje hasta la puerta.
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El día escolar casi se había acabado, solo quedaba biología y me dirigí a la clase después de que hiciera una parada rápida en mi casillero para cambiar los libros.
Mina y yo llegamos antes que Seiya, ella se deslizó en su silla vacía y buscó en su mochila, sacando una caja de Hot Tamales.
—Por aquí va una fruta roja — dijo, ofreciéndome la caja
—Déjame adivinar… ¿La canela es una fruta?— Alejé la caja.
—Tampoco almorzaste —comento, frunciendo el entrecejo.
—No tengo hambre.
—Mentirosa. Siempre tienes hambre. ¿Esto tiene que ver con Seiya? ¿No piensas que él de verdad te esta acosando, verdad? Porque anoche solo estaba bromeando con todo ese asunto en la biblioteca.
Comencé a masajearme circularmente las sienes. El sordo dolor que tomó por residencia mis ojos aumentó por la mención de Seiya.
—Seiya es lo menos que me preocupa — Eso no era exactamente cierto.
—Mi asiento, si no te molesta.
Mina y yo miramos simultáneamente al sonido de la voz de Seiya. Él sonó lo suficientemente simpático, pero siguió observando a Minako mientras colgaba su mochila en su hombro y parecía que ella no se podía mover lo suficientemente rápido porque movió su brazo hacia el lado, invitándola a que se saliera del medio.
—Luciendo bien, como siempre — me alago mientras se sentaba en su silla. Se recostó en ella, extendiendo sus piernas. Sabía que era alto, pero nunca me había puesto a medirlo. Ahora, mirando sus piernas, supuse que él medía más de seis pies. Quizá seis y una pulgada.
—Gracias — respondí sin pensar e inmediatamente quise retirar lo dicho.
¿Gracias?
De todas las cosas que pude haber dicho, gracias era la peor. No quería que Seiya pensara que me gustaban sus cumplidos. Porque no me gustaban…la mayor parte de ellos. No se necesitaba mucha percepción para darme cuenta que él era problemático y ya tenía demasiados problemas en mi vida. No tenía necesidad de invitar más. Quizá si lo ignoraba, eventualmente él dejaría de intentar iniciar conversaciones y entonces podríamos sentarnos uno al lado del otro en silenciosa armonía, como los demás compañeros del salón.
—También hueles bien —volvió a alagarme.
—Se llama tomar una ducha — Yo estaba mirando directamente hacia el frente. Cuando él no contestó, miré hacia el lado—. Jabón. Champú. Agua caliente.
—Desnuda. Sé el proceso— Abrí mi boca para cambiar el tema, pero la campana me interrumpió.
—Aparten sus libros— el entrenador desde detrás de su escritorio—. Les voy a repartir un examen corto para prepararlos para el examen del viernes. Se detuvo frente a mí, lamiendo sus dedos mientras intentaba separar las hojas de los exámenes—. Quiero quince minutos de silencio mientras responden las preguntas. Luego, discutiremos el capítulo siete. Buena suerte.
Trabajé con las primeras preguntas, respondiéndolas con un rítmico desplazo de hechos memorizados. Si no fue otra cosa, el examen robó mi concentración, apartando el accidente de anoche y la voz que cuestionaba mi salud mental. Haciendo una pausa para quitarme el calambre que le había dado a la mano con la que escribía, sentí a Seiya inclinado hacia mí.
—Te ves cansada. ¿Tuviste una noche agitada? — Susurró.
—Te vi en la biblioteca — Tuve el cuidado de mantener mi lápiz moviéndose sobre mi examen, pareciendo que estaba trabajando duramente.
—Lo más destacado de mi noche.
— ¿Me estabas siguiendo?
Él movió su cabeza hacia atrás y rió suavemente. Intenté otro ángulo.
— ¿Qué estabas haciendo allí?
—Buscando un libro.
Sentí los ojos del entrenador sobre mí y me dediqué a mi examen. Después de contestar otras cuantas preguntas, miré disimuladamente a la izquierda y me sorprendí al descubrir que Seiya me estaba mirando.
Él sonrió.
Mi corazón dio un inesperado vuelco, sorprendida por su extrañamente atractiva sonrisa. Para mi horror, estaba tan desconcertada, que se me cayó el lápiz, rebotó varias veces sobre la mesa y luego rodó hasta el borde. Seiya se dobló para tomarlo, lo sostuvo en la palma de su mano y tuve que concentrarme en no tocar su piel mientras lo tomaba.
—Después de la biblioteca— susurré—, ¿a dónde fuiste?
— ¿Por qué?
— ¿Me seguiste? — Exigí en tono bajo.
—Luces un poco agitada, Serena. ¿Qué pasó?
Sus cejas se juntaron con preocupación, pero era todo fingido porque había un brillo burlón en el centro de sus zafiros ojos.
— ¿Me estas siguiendo?
— ¿Por qué querría perseguirte?
—Contesta la pregunta.
—Serena.
La advertencia en la voz del entrenador hizo que me volviera a concentrar en mi examen. Pero no pude evitar especular sobre cuál hubiera sido su respuesta y eso hizo querer alejarme de Seiya, estar lejos de él en el salón. Al otro lado del mundo. El entrenador sopló su silbato.
—Se acabó el tiempo. Pasen sus exámenes al que está en frente. Esperen preguntas similares en el examen del viernes. Ahora — él juntó sus manos y el sonido seco que causó, hizo que me estremeciera —. A la lección de hoy. Señorita Aino ¿quieres decir cuál será nuestro tema?
—S-e-x-o — anunció Minako. Precisamente, luego de que ella hablara, yo me desconecté.
¿Seiya me estaba persiguiendo? ¿Era su cara la que estaba tras la máscara de esquiar, si es que había una cara tras ella? ¿Qué quería él? Abracé mis codos, sintiendo súbitamente frío. Quería que mi vida volviera a ser como era antes de que Seiya irrumpiera en ella. Al final de la clase, lo detuve antes de que se fuera.
— ¿Podemos hablar?
Él ya estaba parado, así que se sentó en el borde de la mesa.
— ¿Qué pasa?
—Yo sé que tú tampoco quieres sentarte conmigo y creo que el entrenador consideraría cambiar nuestros asientos si tú hablas con él. Si le explicas la situación…
— ¿La situación?
—Nosotros no somos… compatibles.
Él pasó su mano sobre su mandíbula, un calculador gesto con el cual ya me he familiarizado en el poco tiempo que he ido conociéndolo.
— ¿No lo somos?
—No estoy anunciando que se partió la tierra.
—Cuando el entrenador me pidió las características que deseo en una compañera, le di las tuyas.
Mi boca se abrió levemente.
—Retira lo dicho.
—Inteligente. Atractiva. Vulnerable. ¿No estás de acuerdo?
Él estaba haciendo esto con el único propósito de contrariarme y eso solo me puso más nerviosa.
— ¿Le pedirás al entrenador que nos cambie de asiento o no?
—Yo paso. Me he acostumbrado a ti.
¿Cómo se supone que respondiera a eso? Obviamente su objetivo era que yo reaccionara, lo cual no era difícil porque nunca sabía cuando él estaba bromeando o hablando en serio. Traté de que mi voz sonara tranquila.
—Creo que estarás mejor sentado con otra persona y creo que lo sabes.
Sonreí tensa, pero cortésmente.
—Creo que podría terminar sentado con Aino —Su sonrisa parecía igual de cortés que la mía —. No voy a presionar mi suerte.
Mina apareció al lado de nuestra mesa, mirándonos a mí y a Seiya.
— ¿Interrumpo algo?
—No— dije, cerrando mi mochila —. Le estaba preguntando a Seiya sobre la lectura de esta noche. No recuerdo cuáles fueron las páginas que el entrenador asignó.
—La asignación está en la pizarra, como siempre. Como si no lo hubieras leído— respondió Mina. Seiya rió, pareció que estaba compartiendo una broma privada con él mismo. Sin ser la primera vez, deseé saber qué él estaba pensando. Porque a veces estaba completamente segura de que esas bromas tenían todo que ver conmigo.
— ¿Algo más, Serena?
—No — respondí escuetamente —. Te veo mañana.
—Eso espero — él guiñó el ojo. De verdad guiñó. Después de que Seiya estuviera lo bastante lejos para que no pudiera escuchar, mi amiga agarró mi brazo.
—Buenas noticias. Kou. Ese es su apellido. Lo vi en la lista del entrenador.
— ¿Y eso es algo por lo cual alegrarse porque…?
—Todo el mundo sabe que los estudiantes tienen que registrar en la enfermería las medicinas recetadas— Ella tiró del bolsillo frontal en mi mochila, en donde yo guardaba mis píldoras de hierro —. Además, todo el mundo sabe que la oficina de la enfermera esta convenientemente localizada dentro de la oficina principal, donde, da la casualidad, están también guardados los archivos de los estudiantes — Con los ojos brillantes, Minako enlazó su brazo con el mío y me arrastró hacia la puerta —. Es hora de hacer trabajo detectivesco de verdad.
N/A: ¡Mil gracias por los reviews! Sinceramente, al ser mi primera adaptación, me da miedo que me salga algo mal jaja, estoy tratando de estar al cien por ciento con los detalles. Disculpen si hay partes que marean un poco, pero el archivo en el que edito, es una traducción y no conseguí (por el momento) un archivo mejor, pero espero encontrarlo pronto para poder trabajar mejor, ya que por culpa de eso, me tardo más de la cuenta en hacer los arreglos.
Espero que les haya gustado, y ya falta poco para otro capítulo de mi otro fic… no me odien, está es mi forma de recompensar.
¡Saludos! PaulaLunatica.
