Disclaimers:

-Code Geass no me pertenece, si me perteneciera, no sería ni de cerca tan bueno como es.

-Esto es un AU.

-Está mal escrito, lleno de faltas, pero le sobra amor. De hecho es el amor lo que lo mantiene vivo. ¡Viva el amor!

-¡Y aquí un nuevo capítulo que nadie se esperaba!, porqué ni los fantasmas leen esto.

-Por cierto, esto cada vez se vuelve más difícil de leer, ¿Será que padezco de esquizofrenia?, ¿O siempre he sido así?


[ El área 11, anteriormente conocida bajo el nombre Japón, era un conjunto de islas que formaban una península en el pacifico sur. Un país prospero y tradicionalista, que a pesar de sus hondas raíces, supo convivir, con lo ancestral y lo venidero, siendo un modelo a seguir para otros países de la región.

Poseedor de una de las fuentes de Sakuradite más grandes del mundo, comenzó a tomar conciencia de su poder y a negociar con sus enormes fuentes de minerales, posicionándose como un referente en el tema. Este era Japón y los Japoneses se sentían orgullosos del país que habitaban, y por sobretodo de su honor y orgullo. Además de ser un ejemplo ante la política exterior, y éste era el sello de Japón ante el mundo.

Dentro de sus normas, leyes y tradiciones, constaba una en particular. Su Gobierno, ya que eran regidos por un primer ministro, un hombre que se ocupaba tanto de la vida política como militar del país. Un nexo entre su dinastía y su gente. El puente necesario, útil y respetado a dónde sólo llegaban los más aptos.

Gembu Kururugi fue último Primer Ministro de Japón, el último hombre a cargo de la gran dinastía, en manos de quién el llamado imperio del son naciente se derrumbó.

Cuentan que al verse derrotado por Britannia escogió salvar su honor y cometer Seppuku, frente a su único hijo y futuro candidato a su puesto. Suzaku Kururugi. Pero este hecho era un rumor conocido sólo entre los japoneses, para Britannia no existían los perdedores y menos los que escogían la muerte.

Con la muerte del Primer Ministro Kururugi, el desarme de Japón era cosa de horas, sin quién los dirigiera; el antes gran Imperio del Sol Naciente se venía a bajo, las pocas facciones que aún seguían de pie se veían sobrepasadas y optaron por atrincherarse en los lugares qué aun no eran totalmente conquistados.

Los Japoneses habían perdido su patria, su honor y todo lo que fueron, y aún ahora once años después algunos seguirían culpando al fallecido primer ministro por su horrible suerte, porqué quienes eligieron vivir, vieron como todo lo que conocían era ahora un infierno.]

Historia del Área 11, vista de una forma mundana.


Capítulo 4: Pesadillas de ti.

"Las calles, todas violentas

con la excitación asesina

El cazador y la presa bailan a diario

El vals del Jibberish*

Donde lo propio se vuelve extravagante

Yo soy un desastre con cada día que pasa"

Pendragón, Capital de Britannia

1 de Septiembre de 2027

Salón de las Valkirias, SilverClover.

A veces se preguntaba, si todas las molestias que se tomaba valían la pena, por lo que iba a recibir a cambio, y es que si bien su posición era un privilegio, que muchos solo podrían soñar en momentos de desesperación. Eran incontables las ocasiones en las que sentía que daba mucho por nada, que si la manera, en la que retorcía su espíritu era un precio justo. Si, doblegarse y rebajarse tanto, valdría de algo... Suspiró y comenzó a trazar todo nuevamente en su mente.

Estaba en un salón luminoso, repleto de opulencia y elegancia, que llegaba a ser de mal gusto, pero bueno, los nuevos aristócratas no comprenden las maravillas de lo simple, ni la nobleza que esto acarrea.

Miró hacía los lados, la blanca alfombra lo cegaba levemente, por el reflejo del sol que pasaba por los enormes ventanales, que mostraban la magnificencia de Pendragón a través de si mismos. Las mesas y los floreros que adornaban la estancia, oscilaban entre el oro y la plata, y quizás qué otros materiales, todos caros, eso seguro.

Pensó en quizás tirar alguno, y ver cuanto se demorarían en venir los encargados a recoger y disculparse por lo ocurrido. Era gracioso, porqué podría hacer lo que quisiera, y aunque fuese su culpa, siempre pedirían disculpas. El mundo se movía de maneras extrañas. Y su mundo era aún más extraño, complaciente y de ensueño, pero tan extraño que a veces, sin que nadie lo supiera lo aterraba...

Se estiró levemente en el prístino sillón en el que se encontraba, movió el vaso en su mano, viendo como su contenido iba y venía, mientras el hielo flotante golpeaba a los lados, lo miró fijamente, mientras murmuraba.

-Valor líquido, ¿eh?...- Y de un solo movimiento, lo acercó a sus labios, para tomárselo de un sólo trago. Para luego carraspear, debido a la incomodidad del liquido pasando por su garganta.

Miró uno de los enormes relojes de la estancia, y suspiró por... ¿Décima vez? quizás. Ésta reunión lo había hecho suspirar demasiado y no era algo que hiciera a menudo, y más alguien como el.

Esperaba que nadie lo viera en ese lamentable estado, y si alguien tuviese la horrible suerte de verle, que lamentable sería para esa persona, se debería inventar una excusa y hacerlo ejecutar. Nadie podía ver preocupado al Primer Ministro de Britannia, Schneizel El Britannia. Eso, en este mundo y mientras estuviera vivo, no iba a ocurrir. A menos que eso le diera algún beneficio, pero en este momento no lo hacía.

Sacudió su rubio cabello, mientras, después de sentirse tan incómodo, pasar a sentirse realmente enojado, era la primera vez en su vida que alguien lo hacía esperar, pero ese alguien, era realmente importante para sus propósitos, para lograr aquello, por lo que tanto sacrificaba.

Suspiró, otra vez.

Él era un hombre ocupado, pero realmente ocupado. Quién solapadamente dirigía el imperio, eso lo sabían todos, hasta el mismo emperador, pero era más que sólo eso. Schneizel es un hombre de grandes ambiciones, tan grandes, que podrían asustar hasta al más férreo enemigo. Ya que a pesar de saber que su posición era la del más poderoso candidato a suceder a su padre al trono; no se fiaba de su suerte, no, eso no es algo qué el haría. No dejaría nada al azar y menos aún conociendo mejor que nadie como funcionaba el imperio. No, más que como funcionaba el imperio, era la certeza, de que era la única persona en el mundo que podía ligeramente, hacerse una idea de como pensaba su padre. Y era eso lo que más le preocupaba, y esto porqué a que hace once años atrás él no era él favorito para suceder a su padre.

La razón era bien sabida, por él, por todos. Y esta era que la persona más digna para suceder, era aquel que les diera la supremacía por sobretodo lo que les rodea, era aquel que fuera capaz de enaltecerse por sobre todo el mundo, aquel que hiciera de la guerra el mejor de los métodos, alguien al que nadie, pudiera oponerse.

La guerra, para los Britannian era algo así como su bien más preciado, era a lo que todos aspiraban, estaban tan militarizados, que era algo tan normal como respirar, pero para él la guerra, era más un arte el cuál admirar, que algo de lo cuál formar parte. El no era un artista, si bien sentía que ciertamente el talento podría estar en su interior, realmente no deseaba ser parte de eso, jamás estaría frente a las tropas, no de esa manera, él no sería conocido como un sanguinario guerrero, bruto y despiadado, aunque pensándolo bien, apartando lo de bruto, el adjetivo de despiadado, si era muy propio de su persona, pero no era la imagen que quisiera entregarle a nadie y a Schneizel le importaba mucho su imagen. Pero dejando de lado su imagen y sea lo que fuese que quisiera proyectar, el mayor de sus problemas era que Britannia siempre estaba en guerra, y para poder suceder al trono, que tanto ansiaba y por el cual tanto sacrificaba, debía de ser un artista en el arte de la guerra, no sólo un mero crítico y era esto lo que día con día alimentaba el temor de Schneizel. Un temor que sólo se veía opacado por su ambición, pero debido a que los hombres ambiciosos, suelen tener mucha suerte, y la suerte de Schneizel era realmente grande, sucedió algo que nadie tenía previsto, que ni siquiera el mismo habría llegado a contemplar. Y así como una enorme puerta que se abre en un cuarto oscuro. Hace once años su temor se dispersó como la bruma matutina, dejándolo a el sólo con su camino a la gloria.

El destino obraba de maneras realmente retorcidas, y era por eso que a diario sentía que debía entregar un trozo de su alma y espíritu, para que este siguiera brillando a su favor, para que esa puerta, acompañada de ese camino iluminado, jamás se cerraran, porque sabía que una jugada como la que le otorgo esta enorme oportunidad no se volvería a repetir jamás, porqué jamás en la vida había sucedido, lo que ocurrió hace once años, algo tan impactante que el común de la gente lo cuenta como un rumor, más que una realidad... Pero para Schneizel era una prueba fehaciente de que sol siempre alumbraba de su lado, porqué lo que ocurrió. Eso jamás volvería a ocurrir, ni ahora, ni nunca.

Después de terminar sus cavilaciones y dejar de lado su viaje por el pasado, cosa que a menudo hacía, y lo cual por cierto no se explicaba, ¿Quién en su sano juicio, se pasaría la vida pensando en como algo bueno le podría causar un mal?, bueno el lo hacía y en momentos de estrés, se volvía más recurrente el recordar todo hacía atrás. A eso en este momento había que agregarle el hecho que sentía que le habían plantado, por primera vez en su magnánima vida, le habían plantado. Esto llegaba a causarle risa, era todo una broma, un blooper, justo ahora, sintió que quería reírse, pero con ganas.

Se levantó, arreglo su elegante traje blanco; sólo él podía vestir de blanco y verse así de bien, eso le decían su sequito de consejeros lame botas, bueno, para eso les pagaba. Estiró las arrugas imaginarias, que pudieron haberse formado por estar tanto rato sentado y mientras disponía a mover la dorada campanita que descansaba sobre la mesa más cercana a su persona, para llamar al encargado y avisar que disponía a macharse e inventar alguna excusa, o que Kanon, su asistente se la inventara, para no quedar en evidencia de que alguien sobre la faz de la tierra, había osado plantarle (eso sería una deshonra espantosa, la cual no se iba a permitir). Pero la puerta en cuestión se abrió antes de que el pequeño y dorado instrumento cumpliera su función, tomándolo desprevenido, aunque no lo aceptara. Para a continuación dejar entrar a un joven, de aspecto despreocupado, de cabellera castaña rojiza, quién se encontraba en sus treintas, alto y bien vestido, con una enorme, luminosa y horrible sonrisa, sonrisa, que parecía ser la disculpa ideal. Porque esta persona era justamente quién había estado esperando durante tanto tiempo.

-Príncipe Schneizel, su alteza, disculpe mi demora, es que sólo hace algunas horas que acabo de arribar a la capital, y usted sabe, cuando se camina por el paraíso, es difícil ocuparse de la hora que es-

¿De qué hablaba este tipo?, era la excusa más espantosamente lisonjera que haya escuchado nunca, y más aun hacerlo delante de los encargados, quienes se encontraban impávidos, en el umbral de la puerta, mirándolos sin saber muy bien como actuar.

Sir Nicholas Lee-Berry, el hombre en cuestión, un Marqués de sepa alguien de dónde, era la persona que ahora le sonreía con estupidez y a su vez lo hacía ver igual de estúpido ante los encargados, quienes aún no sabían como actuar. Pues claro ellos también habían notado que el Príncipe Schneizel (¿Qué es un Marquecito, al lado de un Príncipe?) había sido casi plantado, y eso no era bueno, menos en este lugar.

Los encargados miraban el piso, sin saber muy bien si retirarse o quedarse, porque el Marqués Lee-Berry, había irrumpido en la estancia sin siquiera anunciarse y ese era trabajo de ellos, además había tomado desprevenido al Príncipe, quién, claramente lucía molesto, pero que aún así sonreía. Ambos, dos tristes encargados, que llevaban años haciendo bien su trabajo, no sabían si vivirían un nuevo día después de esto, porqué claro está que por esto, se quedarían sin trabajo, y ese era el menor de sus males, ya que, no podían preocuparse como alimentar a su familia, si de partida estaban muertos y no ayudaba en nada el incómodo silencio, que llenaba la fastuosa estancia, el cuál se podía cortar con el lujoso abre cartas de plata que se encontraba en una de las mesas.

Todos aguantaban la respiración, al menos los encargados, podrían jurar que todos, cuando una risa, estalló. Provenía del Marqués, quien se llevaba las manos a las caderas y miraba al príncipe con mucha (quizás demasiada) simpatía.

-Pero bueno, ya pasó, ¿Por qué no nos relajamos?-

Dicho eso, miro al par de casi desfallecidos encargados y les dijo

-Chicos, tomen aire, y nos traen un par de tragos, que tenemos asuntos Su Alteza y Yo-

Y mientras ambos encargados, se miraban mutuamente, intentando reiniciar sus cerebros, el Marqués se pronuncio, otra vez.

-Dígame su Alteza, ¿Qué desearía tomar?, para que nuestros amigos puedan hacer su trabajo y no parecer estatuas.

Schneizel, quién no sabía bien en qué nivel de indignación se encontraba, tomo toda su entereza y trató de imitar a este idiota que tenía delante y tratar de hacer como si nada pasara, ya que tener que matar a dos encargados, le derivaría mucho papeleo y Kanon estaba ocupado, en otro piso, arreglando lo concerniente a su muy atrasada reunión de ahora.

-Yo quiero lo mismo que estaba tomando hasta hace poco-

Mientras sonreía con mayor naturalidad y rearmaba su máscara, además de vislumbrar su futuro, si es que todo salía como el deseaba. Además, ¿Qué es un simple y trivial esfuerzo, ante lo que iba a lograr, si todo salía bien?. Pues Schneizel podía vivir con la desfachatez de este tipo, sobretodo si le aportaba lo qué él necesitaba.

-Ya escucharon a su Alteza, y para mi, me traen... hm lo mismo qué él esté bebiendo, que de seguro debe ser bueno-

Ambos encargados, hicieron un leve arco, para retirarse, sin poder creer aún que salían indemnes de lo ocurrido.

Pero la vida no era tan sencilla.

- Y chicos...- Habló Sir Nicholas -Si sale de aquí lo ocurrido recién, mandaré sus cabezas por correo a sus familias. Pueden retirarse-

Schneizel alzó una ceja, mientras se acomodaba en el sofá y hacía el ademán de invitar a sentarse a su recién llegado invitado, quién había mostrado un lado un tanto inquietante. Sabía que el tipo no tenía escrúpulos y era una de las razones del porqué estaban reunidos, pero demostrar tan fácilmente su naturaleza, era algo que no se esperaba.

-Marqués Lee-Berry, no quiero sonar impertinente, pero desconocía esa faceta suya-

-Príncipe Schneizel, me puede llamar Nicholas si así lo prefiere, y tengo muchas facetas que no suelo mostrar en público, pero siento qué así lo ameritaba la ocasión, además usted sabe, los de menor clase deben comprender su situación, y entender que no corren con suerte. Solamente tienen nuestra bondad para sobrevivir y es bueno recordárselos siempre que se de la más mínima de las oportunidades-

Mientras hablaba, se acomodó en el blanco sofá en frente de Schneizel.

-Además es una costumbre mía- Continuó, mientras recorría despreocupadamente la estancia con la mirada.

-Usted sabe, tengo una casita de campo en el área 11, con muchos esclavitos. ¡Los Elevens!. Son de lo más entretenidos; Cuando joven jugaba con ellos como soldaditos, y bueno, aprendí que las personas son muy resistentes, les costaba mucho morir, aunque muchas veces se oponían a matar a sus amigos, al final siempre se traicionaban, pero de igual manera quedaban tan maltrechos, que terminaban siendo inútiles, y los echaba a la calle. ¿Quién necesita a unos esclavos lisiados?, aunque ahora me traje a uno, qué es una maravilla-

- Vaya, trajo uno de sus juguetes consigo, debe ser muy especial para traerlo a cuestas... O es un simple capricho, o quizás algo más?- Dicho lo último Schneizel le dedicó una mirada socarrona a su interlocutor, quién a cambio se miro las manos, con un dejo de desden, para luego volver a mirar a Schneizel a los ojos.

-Ciertamente no es eso último que usted piensa. Verá su alteza, este chico, tiene una formación militar excelente, además de una inmejorable educación-

-¿Un Eleven con una inmejorable educación y formación militar? me tiene intrigado-

-Pues, aun qué no me crea, se lo diré. Este chico, porque aún está en sus veinte, es nada más ni nada menos que el hijo del ex primer ministro del antes llamado Japón. Cuando supe que era el, no dudé en hacerlo mi esclavo personal. Jajajaja, además quién puede ostentar al hijo de un ex mandatario, aunque arruinado, como su esclavo personal, el chiste se cuenta sólo. Además, puede servir, para lo qué usted desea.- Y se rió por lo bajo con una gran sonrisa en su rostro.

El aire se había enrarecido y ya no surgía la necesidad de la muy bien actuada cordialidad entre ambos.

-Veo, que entramos en materia. Nicholas-

De repente, la puerta se abrió, dejando a uno de los encargados, entrar con dos finos vasos de cristal cortado, seguramente a mano, llenos hasta la mitad de un dorado liquido, muy acorde con todo lo que los rodeaba. Con una profunda reverencia, dejo un vaso a cada lado de la dorada mesa que separaba a Schneizel y Nicholas, para luego ser despedido con un movimiento de manos de Schneizel.

Una vez solos y mientras el silencio reinaba, fue Nicholas quién habló primero.

-Príncipe Schneizel, antes de comenzar, me gustaría saber si Usted aceptó mis condiciones para el trato, porqué lamentaría que estas fueran rechazadas-

Schneizel, tomo el vaso entre sus manos y luego de meditar unos segundos contesto.

-Creo qué ningún precio, es demasiado alto, para nuestro cometido.- Dijo clavando sus ojos en Nicholas, quién sonreía de manera oscura pero complacida-

-Me alegra escucharle. Verá que al final de nuestros asuntos, usted tendrá lo que desea y yo, lo que se me fue negado.-

Y ahora ya no existía ninguna cara de póker, en el rostro del Marqués, quien ni siquiera oculto su malestar ante lo recientemente dicho.

-Nicholas, antes de comenzar, tengo unas preguntas. Comprendo lo de querer ser Conde, pero... ¿Por qué desea que obligue a Lady Kallen Stadtfeld, para que sea su esposa?. Ella tiene una fama un tanto discutible... Y es que la señorita Stadtfeld, no sólo ha demostrado una ostentosa falta de modales, si no, que su carácter y rebeldía la hacen una persona non grata en los círculos de la nobleza, además, se corre el rumor de que es producto de una aventura con una sirvienta, quién además es un número, así como su hermano. ¿Está seguro de querer a una mujer así a su lado?... No es qué me moleste realmente, pero creo que sólo traería problemas.

Y a Schneizel no le agradaban los problemas, menos de alguien de quién solo había escuchado malas cosas.

-Porqué Lady Kallen Stadtfeld, es una mujer, que necesita a alguien como Yo, para comprender que los collares de diamantes, sólo son cadenas y grilletes muy caros. Y cabe destacar, su Alteza, que amo los desafíos y esa mujer necesita más que un simple sermón. Ella recibirá un trato especial.- Mientras hablaba los ojos le brillaban con algo oscuro y casi indecente, y eso Schneizel podía notarlo, aunque no quisiera hacerlo. -Y bueno, usted sabe. La subyugación es un arte, nada fino, pero si muy placentero-

-Le deseo suerte en su cometido, espero, salga indemne.- Y Schneizel apreciaba que Kallen Stadtfeld no fuera una persona muy querida.

-No se preocupe por mi su Alteza, como mencioné tengo mis métodos, que ahora serán suyos. Así que dígame... ¿A quién debo matar?-

Nicholas se frotaba las manos, como si fuera a jugar algo que realmente lo hacía muy feliz.

Qué hombre tan desagradable pensó Schneizel. Justo lo qué buscaba. Muy desagradable.

-Espero, Nicholas, no le moleste convertirse en un magnicida-

Y entonces ya no había vuelta atrás.

Schneizel sonreía, mientras el sol iluminaba su rostro y sus ojos se volvían más claros y su piel, tomaba una tonalidad etérea, casi parecía un ángel, uno muy despiadado.

Para un lugar, tan hermoso y lujoso, como lo era el Salón de las Valquirias, podía ser inimaginable, lo sucio y despreciable, del plan que allí se estaba urdiendo, un plan que sólo podía salir de una mente muy enferma. Pero a Schneizel no le importaba, total, nadie puede cuestionar al Emperador y él lo iba a hacer.


SilverClover, Cuarto salón de empleados, segundo subterráneo.

Estaba harto, cansado, aburrido, hambriento, le dolía la espalda y sinceramente se quería morir y por sobretodo, quería que este nefasto día se terminara, pero aún faltaban un par de horas para que su turno se terminará y a eso había que agregarle los 45 minutos que tenía que quedarse para compensar, los tristes 15 minutos que había llegado tarde por la mañana.

Ja! tener que agregarle media hora más a su falta era un abuso, pero su jefe siempre abusaba de su superioridad, aunque fuera una leve e insignificante superioridad en comparación con resto de quienes trabajaban ahí y menos aun si los comparaba con quienes iban de visita y armaban sus reuniones en los fastuosos pisos de arriba.

A veces entre cavilaciones se preguntaba como el maldito edificio no se había desfondado, con tanto peso que cargaba. Misterios de la humanidad. Aunque sería genial que eso pasara, y mejor aún que los desagradables de quienes estuvieran adentro murieran aplastados entre todo su oro y lujos. Habrían victimas inocentes... bueno, no, eso era imposible. No en SilverClover.

Sonrío.

Por otro lado, su jefe se la paso dándole un discurso sobre como ser mejor persona, mejor empleado y por sobretodo, que debía agradecer la infinita bondad de quienes le rodeaban, por permitirle, a él, una persona tan insignificante, el poder si quiera pisar el mismo suelo, que pisa gente que vale su peso en oro, riquezas, propiedades y otras cosas de un incalculable valor. Lo cuál hacía su horrible día aún más miserable, además por alguna razón estaban todos, tanto simples empleados (no como el, porqué el iba más allá de lo simple, como le repitió muchas veces su jefe en su diatriba), como empleados de más alto rango. Andaban como si viniera la familia imperial de camping a la terraza, corrían y sonreían de manera extraña, se arreglaban la ropa y ordenaban sus puestos de trabajo, como si hubiera una inspección anunciada, en pocas palabras, era todo un lío.

Aunque Lelouch tenía una sensación, peor que con la que se despertó, de que se iba a enterar quién era la persona que tenía a todos tan tensos. Se iba a enterar quisiera o no.

Mientras tanto, hacía su 'simple' trabajo como cualquier otro día, sólo que con más hastío que de costumbre, además su trabajo consistía en ser invisible.

Si hasta un uniforme tenía. Un uniforme de invisibilidad, que gritaba:

- ¡No soy nadie! Perdone mi presencia-

Un uniforme que consistía en una camisa anodina verde musgo y unos pantalones rasos a juego, casi como un conserje, pero al conserje le pagaban mejor. Además para coronar su atuendo una gorra, del mismo hermoso y profundo verde musgo. Y ni hablar de una identificación con su nombre y cargo, eso sería una falta de respeto, si a fin de cuentas, él estaba allí para entregar la correspondencia, o mejor dicho, hacer aparecer la correspondencia en donde debía.

Aparte de todo, podría asegurar que nadie se enteraba de su existencia y eso no le molestaba, ya que estar relacionado con esa gente sería sinceramente molesto.

Aparte de la entrega de correspondencia, debía encargarse de ir a buscar y entregar pedidos de último momento, que se generaran afuera del edificio, eso era una ventaja, porque podía ausentarse del edificio y ver la ciudad, sentir el clima y ver a la gente siendo gente, no siendo modelos de perfección como todos a quienes les trabajaba. Claro que a veces le tocaba arrastrar, literalmente cajas con contenidos desconocidos, y que sus endebles brazos no soportaban, pero aparte de eso, no se quejaba demasiado, porqué tenía su revancha, porqué era alguien insignificante, pero necesario dentro de un lugar dónde sólo existen personas sumamente necesarias.

Porqué por mucho que su queridísimo jefe le repitiera la simpleza de su labor. Para hacer lo que hacía (y que nadie se haya percatado de ese hecho) era necesario conocer completamente el edificio y todos quienes allí trabajaban, conocer sus ubicaciones, nombres y cargos. Información valiosa, para que fuera manejada por alguien tan insignificante, pero eso, la culpa de eso, se la podía echar a su jefe, quién sólo se ha fijado en lo poco motivado qué es 'El chico de los mandados' y en como llenaba su autoestima dándole discursos al más mínimo error.

Pero dejando todo el desastre de lado, hoy le había tocado, solamente trabajo al interior del edificio, se hubiera inventado un encargo con tal de salir, además extrañamente no había ninguna pista de quién era la persona que tenía tan nerviosos a todos y su jefe no era una fuente de información. Porque nadie le diría al encargado de los empleados del segundo subterráneo lo que ocurría, además este edificio era como el infierno de Dante, entre más abajo, peor estás.

Y sólo habían dos subterráneos.

Pero a pesar de todo, necesitaba saber quién era la persona que tenía a todos tan nerviosos, pero el día de hoy no se había movido literalmente una sola hoja en todo el edificio. Si la finalidad era ser discretos, no lo estaban siendo.

Ingresó a su 'oficina', el cuarto salón de empleados, ubicado en el segundo subsuelo (más abajo no podía estar, o encontraba petróleo), aunque eso fuera un eufemismo para la triste bodega en dónde gestionaba su 'simple' trabajo. En ese lugar sólo había correspondencia, polvo y cosas olvidadas que a nadie le hacían falta.

Lelouch comenzó a pasearse por el lugar, apretándose el puente de su nariz en señal de molestia e irritación, además de sentir que venía una jaqueca que anunciaba ser fenomenal.

Hoy más que nunca su trabajo daba asco, pero, tenía que hacer algo pronto y el reloj iba contra tiempo.

Se frotó el rostro y de una vez por todas, encaró al par de ojos verdes, que lo miraban desde un rincón, desde que había entrado al lugar.


(Ese día en la mañana.)

-Entonces, ¿Este es SilverClover?, es un alivio, ¡Gracias!-

Dijo Suzaku mientras miraba hacía lo alto del imponente edificio.

Lelouch le dio por toda respuesta, una mueca. Luego se sacudió el polvo, por haber estado arrodillado, miro su reloj de muñeca, ya había perdido mucho tiempo, así que comenzó a caminar pasando del lugar en donde Suzaku se encontraba, dando por zanjado el asunto. Cuando sintió una mano tomando su hombro. La ignoró y trato de seguir, pero el agarre era más fuerte, con fastidio se volteo.

-Suzaku, ¿Cierto?. Mira, tengo que trabajar, debo irme ahora, que te vaya lindo, no te vayan a matar y no te preocupes por mi, no le contaré a nadie que te he visto, de hecho ya ni te recuerdo. Adiós.

Y se sacudió el agarre, y siguió caminando, pero nuevamente algo lo detuvo. Suzaku había apurado el paso y se había puesto delante de suyo, para hacer algo que no podía creer que estaba haciendo. Suzaku se arrodilló, se arrodilló ante el y poniendo su frente contra el piso dijo:

-Por favor, no sé tu nombre pero has sido la única persona que me ha ayudado y sé que estoy abusando de tu amabilidad, pero se lo ruego señor, como un último favor, podría ayudarme a encontrar a mi amo, o al menos preguntar por él, es una persona importante, de seguro usted podría. ¡Por favor!-

Lelouch lo miro aún más exasperado, ahora tenía a un tipo, arrodillado hasta su máxima expresión (¡Con la frente tocando el piso!, ¡Por dios!) delante de el, a mitad de la avenida más transitada de Pendragón, y la gente ya comenzaba a mirarles raro, pronto se darían cuenta que Suzaku era un número y comenzarían las sospechas, además él no tenía pinta de ser alguien que pudiera tener un sirviente; no uno tan bien vestido. Y en cuanto todo les pareciera más sospechoso de lo que ya era, llamarían a la policía y eso si sería un problema y no pensaba en el problema de llegar tarde o perder su trabajo, no, este lío arruinaría más que eso. Debía pensar en algo pronto y en vista de que Suzaku, como odiaba ese nombre ahora, no tenía intenciones de dejarle en paz y el hecho de qué podría fácilmente alcanzarle si decidía huir, lo hacía peor.

¿Qué podía hacer?, se paso las manos por la cara y miro hacía ambos lados, la gente ya había sacado sus teléfonos móviles y podía ver avecinarse el desastre. Su mente trabajaba a toda maquina, pero una idea se asomó entre la penumbra. Entonces decidido, se agachó levemente y le murmuró a Suzaku:

-Párate y sígueme la corriente en todo lo que yo te diga.

Suzaku levanto la cabeza con un ligero brillo en sus ojos, al parecer, si le iban a ayudar. Quizás iba a seguir vivo. Quizás.

Suzaku se paro, muy recto, sacudió el polvo de su ropa y quedo en frente de Lelouch, como esperando ordenes y entonces al mirarle bien a la cara, hubo algo que Suzaku quiso recordar, pero no sabía que, era una mezcla de algo extraño que se arremolinaba en su pecho, había algo en la cara de Lelouch, que le inspiraba cierta distancia y antes no se había percatado de ello, hasta ahora que le veía bien. A lo mejor había sido mala idea pedirle ayuda a alguien de quién de repente no se fiaba demasiado, pero ya estaba hecho y al parecer a el tampoco le agradaba mucho la idea. Ya estaban los dos en eso y era su culpa, había qué seguir.

-Suzaku es tu nombre, ¿No?... Responde cuando se te hable, ¡O lo lamentarás!, ¡¿Me oyes bien?!-

La voz de Lelouch sonó muy autoritaria y su porte se sentía diferente, parecía alguien con mucha autoridad ahora, entonces por acto reflejo Suzaku se irguió aún más y se cuadro, como si estuviera ante alguien de mayor rango, alguien a quién debía de obedecer, porqué esa era la sensación que tenía, que este tipo podría hacerle algo muy malo. Entonces como pudo, trago fuerte, pese a la impresión que se acababa de llevar y respondió.

-Si Señor, Suzaku Kururugi es mi nombre y lamento, las molestias que le he ocasionado, espero seguir sus ordenes-

-Pensé, que a parte de todo eras estúpido, o más de lo normal. La gente como ustedes siempre se comportan como se les da la gana, no pueden olvidar su naturaleza bruta y desprolija, Nuestro Señor nos está esperando y no puedo asegurar tu sobrevivencia. Maldito bastardo sin modales, que ni siquiera entiende que me repugna su vista-

Y acto seguido acorto la distancia quedando muy cerca de Suzaku

Suzaku, quien seguía bastante impávido ante toda la charla de recién y de la sensación que le provocaba Lelouch. Pero su desconcierto no permanecería por mucho, porqué sintió como de repente su vista cambió de ángulo y su mejilla izquierda se había ido de vacaciones al infierno, porqué la sentía con un dolor horrible, además de ardiente, por un momento estaba aún más desconcertado que desde cuando se paro, pero así como todo paso tan rápido comprendió, que había recibido una bofetada del tipo sin nombre que le dijo que le siguiera la corriente. Intento llevarse la mano hacía el sector que ahora le dolía horriblemente, pero decidió no hacerlo, si no, volver a fijar la vista en su interlocutor, quién a pesar de ser delgado, tenía bastante fuerza. Aún así Suzaku decidió que ante este último acto, era mejor guardar silencio y mantenerse en posición. Y al parecer era eso lo que debía hacer porqué Lelouch, le dedico una mirada de asco, para luego con un gesto de su cabeza, como si lo hubiera hecho toda la vida y con una autoridad que desconocía, indicarle que lo siguiera. Cosa que hizo.

Por su parte Lelouch, sentía que todo esta representación le revolvía su muy vacío estomago, y le traía recuerdos desagradables, porqué el no creía que esa fuera la forma de tratar a una persona, eso era muy inhumano, pero al menos todo el acto anterior, bofetada incluida, había dispersado a quienes los miraban con sospecha y que luego de dejarle marcada la mano al pobre de Suzaku en la cara, habían sonreído y seguido su camino. No entendía como esta gente era feliz de tan absurda superioridad, si a ellos sólo les toco estar de parte de quienes ganaron. Bueno si entendía su actuar, pero lo despreciaba profundamente. Al menos Suzaku, había comprendido el pequeño acto y le había seguido el juego. Ya le pediría disculpas, cuando estuvieran a solas.

Comenzaron a caminar, hasta llegar a un costado del enorme e imponente edificio, frente a lo que parecía una puerta de servicio. Esto debido a lo poco ostentoso que lucia todo a su alrededor, eso y los contenedores, de diferentes colores, para la basura que se encontraban a los lados. Lelouch saco de su hace poco retornada billetera, una identificación y antes de hacer cualquier cosa con ella, se volteo hacía Suzaku, a quien le había dado la espalda, todo el camino hasta allí. Le miro a los ojos, mientras metía una de sus manos a su abrigo y sacaba algo, para luego indicarle con los ojos que mirara su mano. Allí había una moneda de mediano valor, luego de asegurarse de que Suzaku vio lo que tenía en la mano le dijo con el mismo tono con el que se había dirigido a el anteriormente.

-Ya te puedes ir y dile a tu amo que te encierre, si escapas lo sabre y lo lamentarás-

y Luego de decir esto, Suzaku un poco confundido hizo un arco e hizo el ademán de marcharse por dónde habían entrado, pero en cuanto comenzó a girar su cuerpo, Lelouch lanzó la moneda en dirección contraria, por dónde habían entrado, haciendo que ésta al caer, causara mucho ruido al ir a dar cerca del contenedor de los metales y entonces Suzaku comprendió. Sobre ellos había una cámara. Una cámara con censor de ruido, porqué dejo de inmediato de apuntarles en cuanto la moneda hizo el estrépito contra el metal, en busca del nuevo ruido en el sector. Y mientras eso pasaba, Lelouch paso su identificación sobre el mando de la puerta, haciendo que esta se abriera, jalando de Suzaku a toda prisa, metiéndolo hacía el edificio y cayéndose ambos debido a lo rápido de la acción.

Una vez dentro, Lelouch soltó un largo suspiro y se quedó sentado en el piso, mirando la nada por unos segundos, mientras Suzaku, también en el suelo, inspeccionaba con la mirada todo lo que le rodeaba.

Era un pasillo largo y gris, con un par de puertas, contenedores que parecían de basura, versiones pequeñas de los que estaban afuera, por lo demás no había mucho que mirar salvo que al final del mismo pasillo había algo que parecían las puertas de un ascensor. Era todo muy confuso si contrastamos esto con el aspecto exterior del edificio.

Lelouch después de recuperarse de su reciente acto de valentía, se puso de pie y miro hacía los lados, luego miro a Suzaku quien aún seguía en el suelo, se puso a su lado, haciendo que este se fijara en el, para luego tenderle una mano, para ayudarle a levantarse. Suzaku miro la mano que se le ofrecía y ladeo la cabeza en señal de extrañeza.

Todo pasaba tan rápido a su alrededor.

Lelouch se inclino un poco aún con la mano estirada.

-Siento haberte golpeado y haberte jalado de repente y por sobretodo haberte hablado de la manera en la que lo hice-

Suzaku, quién aún no se recuperaba de todo lo que había pasado, sintió que hace mucho tiempo que nadie le hablaba así y se sintió feliz, feliz en medio de todo un enredo que no tenía ni pies ni cabeza, pero ya no tenía, esa sensación extraña en torno a Lelouch y eso le aliviaba enormemente, así que decidió tomar la mano que le ofrecían.

Y Así ambos una vez ya de pie, comenzaron a caminar en dirección al ascensor.

-Señor, ¿Le puedo hacer una consulta?

Suzaku habló aún manteniendo una postura y tono dóciles.

- No me digas Señor por favor, debemos tener la misma edad, creo. Además tu me devolviste mi billetera, sin ella no podría haber entrado, Y aparte yo me comporte mal contigo desde un principio-

-Ahh bueno, pero... es normal, ¿No?, me veo... me veo muy diferente de ustedes, y bueno, igual estoy acostumbrado a que no sean demasiado indolentes conmigo, además es así como debe ser. Yo soy un número y mi país fue vencido, entonces no soy más que un peón descartable, y... y no se muy bien porqué me aferré tanto a pedirte ayuda, si de todas maneras si moría no era algo que alguien lamentara... Y se ve que te causé un enorme problema al pedirte ayuda, entonces me siento mal, por todo esto.

Ambos entraron al ascensor y Lelouch sacó de su bolsillo una llave, la cual coincidía con uno de las cerraduras del panel de botones, una vez en la cerradura la hizo girar y a su vez se encendió un botón que decía "2B". Qué luego fue presionado.

Las puertas hicieron un pequeño chasquido y se cerraron, para dar marcha hacía abajo.

Lelouch se había quedado callado, después de que Suzaku había terminado de hablar. Si bien era verdad que no había una razón real para brindarle ayuda a Suzaku y meterse en problemas, tampoco sentía que debía dejarle allí. Todo era confuso, además a Lelouch le gustaban los problemas, aunque el no se hubiera dado cuenta aún, y todo se sentía extraño, todo se sentía tan, tan extraño, como si más que un problema, fuera un error, uno muy feo, pero también sentía que no podía detenerse. Qué simplemente no podía.

El corto viaje en ascensor había transcurrido en silencio. El cubículo, al parecer tenía muy poco uso real, más parecía dedicado al transporte de cosas que de personas, porqué estaba sucio y descuidado, además no tenía ninguna cámara ni medida de seguridad y metía bastante ruido. Las poleas no estaban engrasadas y más parecía una trampa mortal que un ascensor, pero aún así funcionaba y con eso bastaba.

Con un pequeño remezón, el artefacto anunciaba que habían llegado a su destino, pero antes de que Lelouch apretara el botón de apertura de puertas, poso su mano sobre el panel de botones y se encorvó un poco hacía adelante. Suzaku le quedo mirando, pero sin abrir la boca, pero no hizo falta, ya que, fue Lelouch quién habló.

-Mira, Suzaku, verás... Yo sé que todo esto es muy raro, para mi también lo es, de hecho el ayudarte también era en parte para ayudarme a mi, ya que no me convenía que apareciera la policía haciendo preguntas, esto te lo digo para que no te sientas mal o más mal, ¿Me entiendes?... Y una cosa más, yo no te conozco de nada, ni sé de donde vienes, intuyo que desde algún lugar de Asia, pero sólo es una impresión... A lo que voy es que...-

Tomó una pausa. Lelouch no sabía demasiado bien como exteriorizar esto, pero, era algo de lo que se había dado cuenta hace bastante tiempo y que a el le había ayudado cuando sentía que ya nada tenía sentido y sobretodo cuando el valor había sido una estupidez y no un acierto, pero al escuchar a Suzaku hablando de si mismo como si sólo fuera una cosa que sirve a un propósito, y no una persona, algo en su interior comenzó a gritar.

-Suzaku, es verdad que eres un número y que a vista de los demás no eres más que un esclavo, pero eso es sólo un hecho, algo que forma parte de la realidad en la que vivimos, pero la realidad siempre está cambiando, quizás mañana Britannia se hunda o quizás exista una gran rebelión a manos de alguien lo suficientemente estúpido y valeroso y todo esto cambie de rumbo o quizás todo siga igual por muchos, muchos años más, pero por sobre todas esas cosas, hay algo que es mucho más importante y es que estas vivo, sigues aquí, sigues respirando, teniendo deseos, sintiendo pena, arrepentimiento, alegría. Tu existencia aún está aquí y eso vale más que cualquier otra cosa, porqué aunque no lo creas, aún en estas circunstancias tienes el poder de decidir que hacer con tu vida; aún te aferras a tratar de hacer algo, como cuando te arrodillaste en frente de mi en medio de la avenida, aún, mientras estés con vida, puedes hacer algo y eso ninguna realidad te lo puede quitar, y mientras estés con vida, siempre habrá la oportunidad de que hagas lo que tu desees aunque te hayan hecho creer todo este tiempo que esa no es la verdad... Suzaku estás vivo, si comienzas a vivir ahora, harás algo más que revelarte, harás que tu mera existencia, sea la batalla contra la que, quienes te oprimen jamás ganarán-

Suzaku, sintió que el corazón le latía tan rápido que se le podía escapar, un desconocido sin nombre, le había dado algo que parecía irreal, pero que era cierto. Se miro las manos y sintió algo cálido correr por sus mejillas. Había pasado los últimos once años de su vida, sin vivir realmente, sin entender que la desesperación y sus acciones, eran su propia rebelión, sin entender que también podía hacer algo.

Las puertas del ascensor se abrieron, Lelouch fue el primero en avanzar. Suzaku levantó la vista, y antes de comenzar a caminar dijo.

- No sé tu nombre...-

Y ambos se quedaron quietos.

Suzaku solo veía la espalda de su salvador, quien se había quedado detenido ante su pregunta.

-Mi nombre es Lelouch, Lelouch Lamperouge- Y se volteo para quedar en frente de Suzaku, quién sintió que ese nombre iba a significar algo muy importante -Encantado de conocerte - Dijo mientras estiraba su mano.

Suzaku, quién dio un paso hacía adelante, para salir del ascensor, sonrió y estiró su mano también devolviendo el gesto.

-Encantado de conocerte Lelouch, soy Suzaku Kururugi y vengo del Área 11.

Ese sería el primer paso a algo que jamás hubieran imaginado.

Pesadillas de ti.

Capitulo 4 Fin.


*Jibberish: Es un juego de niños. Bueno, es la palabra que se le da a cualquier lenguaje propio, también se puede entender como Jerigonza. Un lenguaje en clave.

** Si bien, esta es parte de una canción, deje la traducción un tanto literal, ya que más que referirse a algo realmente violento, a lo que hace alusión es a la sensación de no estar realmente bien en ninguna parte, lo que eso produce y de la exclusión que conlleva. A la distorsión que se siente de la realidad al no sentirse bien consigo mismo.

Notas:

Hey! Ha pasado tiempo desde la última vez, sé que ha sido mucho tiempo, pero es que soy una persona indecisa y he transmutado (qué mejor manera de decirlo) mucho éste capitulo desde que lo escribí, pero siempre para bien, además ha quedado bastante larguito y disfrute muchísimo escribiéndolo, creo que es importante disfrutar lo que se hace. Por otro lado, aún hay cosas que no me dan mucha seguridad, sobretodo en cuanto a redacción y redundancias, pero siempre trato de mejorarlas, así que si por casualidad han leído esto, y aunque no les haya gustado, agradecería que dejarán el porqué no les gustó o qué cosa mejorarían y a quienes les gusto, agradecerles por leer, me hacen muy feliz y también invitarles a dejar sus impresiones, ya que me ayudarían mucho a mejorar. De ante mano muchas gracias.

Por otro lado también quiero agradecer y presentarles a Black Solaris, mi beta! Black Solaris, You Rock!, siempre ayudándome, pero dejándome ser yo, gracias.

Y por último hacer un par de aclaraciones sobre ciertas cosas que considero pueden ser de importancia.

1.- Siento que se puede malinterpretar un poco la actitud pasiva de Lelouch y su falta de interés, pero tomemos en cuenta de que ya tiene 27 años y han pasado muchas cosas, que por su puesto les invito a descubrir. *Inserte aquí mirada intrigante*

2.- Suzaku. Bueno, para mi siempre ha sido complejo el tema con Suzaku, lo amo, pero siempre he sentido que ser un chico bueno, es su peor debilidad, pero así como Lelouch, este Suzaku también carga con 10 años más.

3.- Esto avanza lento, a mi se me hace lento, pero creo que en los detalles, se encuentra lo entretenido, al menos para mi. Además, todo es por algo.

4.- Schneizel. ¿A quién no le parece entretenido Schneizel?, Es que es sublime, no puedes ser un desgraciado y verte tan compuesto. Con él siempre hay cosas nuevas por hacer. Gracias Schneizel por darnos todas estas bajezas, pero siempre con mucho encanto. Y bueno, Schneizel, tampoco es el mismo que conocemos, no es que sea tan diferente al original, sólo que este ya aprendió de sus principescos errores. Qué el pecar de ignorante, por ser muy inteligente es de principiantes y nuestro Schneizel ya no es uno de esos.

5.- Nicholas. Es mi primer Ooc en este fanfic, al menos uno con nombre y cargo. Cuando pensé en el pensé en alguien con mucha mala y fina leche, así que siempre esperen lo peor de el. Pero con amor.

6.- Se fijaron que estas son las notas peor redactadas de la galaxia. Púes yo si.

Sin extenderme más, espero demorarme menos en actualizar la próxima vez, y que también hayan disfrutado la lectura.

Amor para todos.

SpaceSonic, marca casi registrada.