Bienvenida

Habían transcurrido tres horas desde que la pelirrosa se había desmayado, sin embargo, el equipo Taka seguía en marcha. Necesitaban un lugar donde pasar la noche, y a estas alturas lo mejor sería invadir uno de los escondites abandonados por Orochimaru. Conocían todas las entradas y salidas, las trampas y los cuartos más seguros. Siendo ellos estarían a salvo, y podrían resguardarse ahí. Después de todo, quedarse al aire libre sería demasiado riesgoso para ellos. Se expondrían al enemigo, estando en territorio ajeno, pero… ¿acaso tenían un lugar al cual llamar hogar? Rodaban de escondite en escondite.

Sasuke estaba seguro que en estos momentos Konoha ya había cercado el área donde había tenido su segundo encuentro con la pelirrosa, aunque para ella hubiera sido el primero. Ninjas de alto rango estarían vigilando los alrededores y la seguridad posiblemente llegaría a ser reforzada en las entradas principales. Le sería más dificultoso atravesar la barrera nuevamente. Todo se había complicado gracias al bulto que llevaba cargado en su espalda. Le gustara o no, ella era la única pista con la que contaba ahora, y no la dejaría escapar.

La idea de que la memoria de la pelirrosa estuviera turbia aun merodeaba en la cabeza del Uchiha. La única razón por la que la había llevado con él fue por las últimas palabras que le había dicho antes de colapsar. Pero ahora todo era diferente… ni si quiera sabía quién era él, mucho menos recordaría…

–Sasuke ¿estás bien? –lo llamó Suigetsu, sacándolo de su laguna de pensamientos, la cual estaba igual de turbia que la de Sakura, si no era que aun más. Sasuke iba al frente del equipo, dirigiendo el camino, pero sus pensamientos lo habían consumido demasiado, a tal punto que su mente y cuerpo estaban disociándose poco a poco, angustiando a los miembros del equipo Taka. Su cuerpo permanecía en la tierra, pero su mente vagaba libremente en otros lados.

La más clara evidencia colgaba de su rostro, una mueca de incertidumbre, de la cual todo su equipo se había percatado, pero nadie se animaba a preguntarle el por qué. Hasta que Suigetsu se armó de valor y avanzó un poco más rápido para ir a la par de Sasuke, quien al escuchar su voz giró al verlo con total serenidad. Casi haciendo dudar a Suigetsu si estaba en lo correcto preguntarle al jefe la razón de su preocupación. Aquel semblante de duda había sido remplazado en cuestión de segundos por uno tranquilo.

–Sí, sólo necesito descansar un poco –le respondió honestamente, sorprendiendo a Suigetsu. No estaba acostumbrado a escuchar que la verdad saliera de la boca de Sasuke, especialmente tratándose de su estado físico. Sabía que no todo el tiempo compartía con total trasparencia sus planes para proteger el éxito de las misiones, pero este tipo de sinceridad no se lo esperaba. –Pregúntale a Karin cuánto falta para llegar –le ordenó acelerando el paso, podía sentir cercas la que alguna vez fue su casa.

– ¡Sí jefe! –respondió Suigetsu con una sonrisa en su rostro. Ese era el Sasuke que conocía. Lleno de determinación y siempre preparado para avanzar.

Después de pocos minutos bajaron la velocidad, habían llegado finalmente al escondite de Orochimaru. El sol calentaba sus espaldas, y faltaba poco para el ocaso. Después de ese recorrido se merecían un buen descanso. Al entrar a la guarida cada miembro tomó su propio rumbo, no había necesidad de palabras, todos sabían dónde se encontraba sus respectivas habitaciones, sabían cuales pasillos evadir, y por cuales caminar. Antes de que el sol se escondiera entre las montañas la comida empezaría a cocinarse y cada quien sabía lo que les tocaba hacer.

Sasuke caminó rumbo a su cuarto, aun con la pelirrosa dormida en su espalda. Entró a su habitación y recostó con delicadeza a la muchacha en su cama. Se sentó a un lado de Sakura y la contempló mientras dormía. Realmente se encontraba indefensa y la merced de él. Levantó su mano decidido, ahora sí lo haría y no duraría como el día anterior. Acarició la frente de ella, despejándola de los como cabellos que la cubrían.

Y como una punzada en la cabeza, aquel pensamiento lo invadió nuevamente, la segunda ocasión en el día. Tenía que tranquilizarse para seguir con la misión. Pero… la incertidumbre no lo dejaba en paz, y mucho menos avanzar. Tenía que analizar todos los posibles escenarios y rápido, el tiempo se le agotaba y Sakura podría despertar en cualquier momento. Aunque no quisiera aceptarlo, era lo que más ansiaba que sucediera desde que Karin le había dicho que simplemente era agotamiento lo que había derrumbado a la pelirrosa. Quería que despertara y ver su sonrisa.

Se escuchó un rechinido en la entrada, y poco a poco la puerta se abrió, dejando ver la cabeza de Suigetsu y escondiendo el resto de su cuerpo detrás de ella. No sabía de qué humor se podría encontrar Sasuke. Pero estaba decidido a entrar y hablar con él, no quería meter la pata, no tenía permitido hacerlo –Lo siento, no quería interrumpirte –fue lo primero que dijo al ver como detenidamente Sasuke acariciaba el rostro de la muchacha a un lado de él. Rápidamente desvió la mirada al suelo, esperando no molestar a su jefe.

– ¿Qué sucede? –le preguntó Sasuke tranquilamente, dejando de acariciar a la pelirrosa. Tanta serenidad asustaba a Suigetsu, que sentía que en cualquier momento Sasuke explotaría contra cualquier cosa que cruzara su camino, y él rogaba no encontrarse ahí cuando sucediera.

– ¿Qué pasará con ella? –preguntó el muchacho de cabello azul celeste levantando su mirada del suelo y dirigiéndola hacia la única mujer en la habitación.

–Hablaré con el resto de ustedes en la cena –le respondió levantándose de la cama en dirección hacia él. –No le dirijan la palabra por ahora –le ordenó al salir de su cuarto y cerrar la puerta detrás de él –y NO la despierten –lo sentenció haciendo énfasis en lo que habían fallado en cumplir esa mañana –Iré a tomar aire.

Era temprano en la mañana, así que aún no había muchas personas caminando por la aldea, e incluso un poco de niebla se hacía presente al adentrarse en el bosque. Todo lucía en completa tranquilidad, como si nada hubiera sucedido, pero el corazón del rubio era todo lo opuesto, especialmente por lo poco que les había hecho saber Sai. El par de ojos azules observaban con desesperación el área que apenas estaba siendo cercada. Acaba de llegar junto con Kakashi, quienes habían sido informados por un ave mensajera de parte de Sai, el único testigo. El paso no le era permitido a ninguna persona, a menos de que estuviera involucrados en la búsqueda.

– ¡¿Búsqueda?! –cuestionó el rubio con exasperación a uno de los ninjas que se encontraban bloqueando el camino y desviando a las pocas personas que pasaban por ahí. ¿De qué hablaban? Sakura no podía estar extraviada. La había visto el día anterior en este mismo lugar. Tenía que ser un mal entendido.

–Vámonos, Naruto –lo llamó Kakashi tocándolo del hombro –Déjalos hacer su trabajo –sabía de aquella impotencia y angustia que lo agobiaba al no saber del paradero de su compañera de equipo, pero no debía dejar que su coraje lo cegara. Kakashi se dio la vuelta y fue seguido por su alumno.

Al no poder brindarle el tipo de información que ellos buscaban, Kakashi y Naruto emprendieron su camino hacia la oficina de la Hokage. Donde el Uzumaki no tuvo la mas mínima cortesía de tocar la puerta al llegar. Abriéndola de par en par, y exigiéndole respuestas a la Hokage, quien se encontraba en su oficina con Sai, y una caja muy peculiar en el centro del escritorio. El rubio conocía a la perfección aquella caja, y sabía que era lo que residía dentro de ella.

–Llegan a tiempo –dijo Tsunade sin tomarle importancia al escándalo con el que había llegado el rubio a su oficina. Realmente no le interesaba eso en lo absoluto por el momento, lo único que le importaba era el bienestar y paradero de su alumna – ¿Conocen esta caja? –les preguntó a Kakashi y Naruto, manteniéndola cerrada.

–Es de Sakura-chan –respondió el rubio instantáneamente, recordando cuándo había sido la última vez que la vio. Raramente su amiga la sacaba. Nadie a excepción de él tenía conocimiento de su existencia. Trató de tocarla con su mano, pero fue alejada al instante por Tsunade.

–Basados, hasta ahora, en el testimonio de Sai, –empezó a hablar con lentitud y calma la rubia mayor en la sala –Sasuke estuvo en la aldea –les informó a ambos, dejándolos en completa conmoción. Miles de pensamientos empezaron a flotar en la cabeza del Uzumaki, nada tenía sentido. Sin embargo, había dos pensamientos que resonaban como eco en su mente.

¿La había secuestrado?

O… ¿Se había ido con él?

¡Claro que no! Que idea tan más absurda se había atrevido a siquiera contemplar como una posible opción. No podía ser cierto. Apenas ayer habían quedado en salir a cenar y disfrutar su último día de descanso. ¡Él la había raptado! ¡¿pero por qué?! Nada de lo que procesaba su mente tenía congruencia. Tenía que escuchar el informe completo de Tsunade antes de apresurarse y saltar a conclusiones que lo confundían aún más, creando una maraña de caos dentro de su cabeza. Por unos segundos perdió el equilibrio y tambaleó un poco. Kakashi notó el malestar en el rostro de su alumno y posó su mano en el hombro del rubio, sacándolo del pantano de pensamientos en el que se estaba ahogando.

–Pero, –prosiguió Tsunade con el informe –si es lo que pienso… me temo que esto será más complicado de lo que parece –les reveló, preocupando aún más al resto de su equipo, especialmente al rubio. Levantó la tapa que cubría la caja, y de ella colgaba algo –no pensé que tuviera la suficiente capacidad para hacerlo –les confesó cerrándola nuevamente, incluso ella estaba sorprendida –al menos no aun…

Había decidido recostarse en una roca para despejarse. No era lo más cómodo, pero sí que lo llenaba de tranquilidad. Miraba al cielo manchado de rosa y naranja, observando las pocas nubes que esporádicamente paseaban. Era el mismo cielo que veía desde la ventana de su casa. Esperando a que su hermano regresara de su misión y pudiera entrenarlo un poco. Su padre no lo ignoraba del todo, pero tampoco le prestaba por completo su atención. El único que siempre estaba para él había sido Itachi ¿por qué…?

Sacudió su cabeza y desechó aquellos recuerdos. Levantó su brazo, y con su mano simuló tocar una de las nubes que adornaban el cielo. Era del mismo color que el cabello de ella. Era del mismo color que el algodón de azúcar que ella le había regalado en aquella feria que habían asistido los cuatro; había sido extremadamente dulce, pero si se esforzaba por percibir aquel tenue sabor, podía saborear fresas. Exactamente igual que ella, saturado de dulzura y con un toque de frescura.

Si Sakura no recuperaba su memoria todo lo que había hecho sería en vano, y únicamente les había complicado el regreso a Konoha. Estaba seguro que no fingía su amnesia, pero no se explicaba cual había sido la causa de la perdida. Tenía que actuar rápido y tomar decisiones.

De una u otra forma tenía que sacarle provecho a esta situación. Aunque los planeas habían cambiado… su objetivo seguía siendo el mismo. Simplemente tenía que adaptarse a la situación. Nada le impediría obtener…

–Sasuke, la cena esta lista –lo llamó Juugo desde el suelo. El pelinegro agachó su mirada y bajó de la roca, siguiendo a Juugo de regreso al escondite. Tendría una larga platica con ellos.

Lentamente abrió sus ojos, sacando de aquel largo descanso a su mente y cuerpo. Intentó levantar su brazo para descobijarse, pero la pesadez aun no la abandona del todo. Giró su cabeza hacia la izquierda y sintió como toda la habitación había girado junto con ella. ¿Dónde estaba?

¡El bosque! La golpeó como un rayo aquel escenario. Estaba rodeada de personas que la atacaban, pero de entre ellos había alguien que la sostuvo en su regazo… aquel muchacho de cabello negro que la llamaba con cierto nombre… pero… ¿Cuál era? ¿Dónde estaban todos?

¿Dónde estaba él?

–Ya despertaste –escuchó una voz profunda a un lado de ella que le heló la piel. El lado contrario a donde había girado su cabeza. Ahí estaba él, no cabía duda… ¡era él! No sabía cuál debía ser su reacción. ¿Miedo? ¿Alivio? ¿Desconfianza…? Pero después le había dado un techo para descansar y había estado a su lado velando por su bienestar, debía ser una buena persona, ¿verdad? Estaban del mismo lado ¿cierto...? – ¿Cómo te sientes Sakura? –decidió llamarla por su nombre, esperando a que respondiera y digiera que recordaba su nombre. Aunque muy en el fondo también deseaba que no tuviera conocimiento de nada…

– ¿Sakura? –respondió con duda ¿Acaso ese era su nombre? No le parecía familiar en lo absoluto, y la incertidumbre la empezaba a invadir poco a poco. Como si una víbora se enredara en su cuerpo, empezando por sus pies, subiendo poco a poco hasta llegar a su garganta y ahogarla por completo.

– Sigues sin recordar… –se lamentó sobándose las sienes. Estaba realmente agotado, pero tenía que darle algún un tipo de explicación si no quería que desconfiara de ellos. Volteó a verla y trató de inspirarle confianza. No sonrió, pero se podía decir que en su semblante se notaba preocupación. –Tu nombre es Sakura, Sakura Haruno –era momento de rendirle una buena explicación.

–Sakura Haruno… –repitió ella después de él, pero nada conectaba en su mente. Eran palabras vacías.

–Sé que estas confundida –empezó a hablar el pelinegro –al igual que nosotros, pero tenemos que descansar por ahora –dijo haciendo sonrojar a Sakura, lo que él notó rápidamente, pues no le había quitado la mirada de encima desde que la vió abrir los ojos. Ambos se encontraban acostados en la misma cama, ella estaba cobijada y él no, pero la pelirrosa había mal interpretado sus palabras. Haciéndola dudar aún más del tipo de relación que había entre ellos ¿Quién era él? Era una pregunta que no dejaba de rondar en la mente de la muchacha. –Te mostraré tu habitación –se levantó él primero y la invitó a levantarse, le ofreció su mano para que saliera de la cama, había notado que aún seguía un poco adormilada. Salieron de la habitación del pelinegro y caminaron unos escasos paso. –Tu habitación es ésta –agarró la perilla de la puerta con su mano y la abrió. Se encontraba un poco oscuro el cuarto, pero sin duda alguna era mejor que dormir acampando, como era originalmente el plan. Ambos se pararon en la entrada de la habitación, pero después la muchacha siguió avanzando hasta llegar a la cama. –Yo duermo al lado, por si necesitas algo –le informó retirándose del lugar.

– ¿Cómo te llamas? –le preguntó Sakura al darse cuenta que él ya casi se encontraba afuera de la habitación de ella.

–Sasuke… –le respondió tomando nuevamente la perilla de la puerta. –El mueble a un lado de tu cama, en los cajones tienen Kunais –le ofreció el pelinegro para hacerla sentirse más segura, y así ganarse más su confianza. Al fin y al cabo, tomaban turnos haciendo rondas de vigilancia.

–Gracias Sasuke-kun –agradeció la ahora nueva dueña de la habitación con una sutil sonrisa. El pelinegro salió del cuarto, arrastrando con él la puerta, pero antes de que se escuchara el clic se detuvo.

–Sakura… –la llamó el Uchiha detrás de la puerta.

– ¿Sí? –le respondió mientras abría los cajones y exploraba el contenido de ellos, creyendo en las palabras de Sasuke. Efectivamente había Kunais en algunos de ellos, y en otros había ropa que Karin había traído del almacén por órdenes de Sasuke.

–Bienvenida de regreso –dijo cerrando la puerta detrás de él. Dejando encerrada en aquel cuarto una pelirrosa muy confundida. ¿A qué se refería? Aquella palabra se había quedado atorada en su mente… regreso.

A pesar de que él se encontraba agotado, no creía que le fuera posible cerrar los ojos, no con ella aun lado de su cuarto y tan cercas de él.