Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La historia me pertenece. No al plagio.

Capítulo 3

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La venganza perfecta no es aquella en la que se devuelve el daño hecho, la venganza perfecta es demostrar que por mucho que se esfuercen en destruirte, tú seguirás de pie y con una sonrisa enorme en el rostro. — C. S.

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—¿Lo hiciste?

—Lo hice

—¿Tuviste sexo?

—He dicho que sí.

—Ya, ya, ¿Y qué tal?

—¿Qué tal qué?

—Bella por favor no te hagas la loca —contestó Jessica con un mohín al escuchar cómo Isabella seguía dándole avión con las preguntas. El caso es que Bella no tenía muchos ánimos de hablar de aquello. Estaba ligeramente anonadada. No, estaba estúpidamente sorprendida por aquel sexo con Edward Cullen.

—Jessica, no deseo hablar de eso. —susurró mientras se levantaba del sofá.

—¿Tan mal estuvo? —Bella se tocó la barbilla con la mano y después negó. Para expectación de Jessica tardó en contestar.

—Bien, estuvo excelente, tiene un tamaño olímpico, y muy bueno en lo que hace, y solo diré eso, no daré más detalles.

—Entiendo. —contestó la castaña mientras sonreía abiertamente. Bella rodó los ojos y caminó directo a la cocina por un jugo de naranja.

Jessica la tenía sometida a un interrogatorio desde que la había visto esa mañana. Era sábado y no iría a la manufacturera ese día. Por lo que supuso que había sido mala idea ir a enfrascarse a casa de su amiga.

Jacob la había llamado la noche pasada y estaba interesado como Jessica en saber qué tal había ido la noche. Claro, él no esperaba saber del sexo, a comparación de Jessica él estaba más interesado en los avances de Bella por su infiltración en la vida del hombre.

Habían hablado poco rato pues ella había decidido cortar la llamada cuando las cosas se tornaban sobreprotectoras por parte de él. No deseaba preocupar a Jake, pero tampoco iba a permitir que él se metiera en ese asunto que sólo le confería a ella.

Definitivamente no se permitiría otra muerte como la de su padre y si algo le llegaba a pasar a Jacob ella nunca se lo iba a perdonar.

Después de despedirse de Jessica fue directo a su departamento. Buscó ropa y entró a darse un refrescante baño con sales para relajarse. Minutos después se calzó uno de sus pantalones desgastados favoritos, una camisa igual de desgastada y holgada y decidió sentarse frente al televisor.

Las noticias no mencionaban nada de importancia a excepción de asaltos en Seattle y uno que otro chisme del espectáculo. Fruslerías, pensó.

A las cinco de la tarde se levantó para checar unos asuntos de la empresa que Ángela le había mandado por correo. Tardó más de dos horas en aquel asunto y a las siete de la noche se apresuró a buscar de nuevo ropa para ir a la mansión de afrodita, el primer paso ya lo había dado, así que los siguientes deberían resultarle más fáciles.

Mientras, Edward se recreaba observando a las nuevas bailarinas que trataban de conseguir un casting para el show que empezaría esa semana. Cada semana contrataba una que otra bailarina para atraer la atención de más clientes.

Llevaba apenas ocho años en el negocio, pero lo conocía mejor que nadie. Había aprendido rápido el teje y maneje de los asuntos dentro y fuera del club. Años atrás él había sido guardaespaldas del antiguo dueño. Carlisle Cullen, el mismo hombre que lo había adoptado después de la muerte de sus padres.

Emmett era su guardaespaldas. Una masa completa de músculo. Aunque Edward había estado en su lugar años atrás, y su cuerpo no se comparaba con la roca de Emmett, su manejo del arma compensaba el físico.

"Donde pongo el ojo, pongo la bala"

Se había jactado millones de veces al decir eso, pero era la verdad. Nunca se le había ido ningún blanco. Todos y cada uno de sus disparos iban directo a donde él quería. Por eso, Carlisle lo había elegido a él entre muchos otros hombres musculosos y de apariencia temible.

Su único blanco desperdiciado había sido hace diez años. De eso ya hacía mucho y sabía que no valía la pena traer fantasmas del pasado.

Se dedicó a mirar a las mujeres bailar. Una de ellas lo miró descaradamente y comenzó a mover las caderas a un ritmo lento, conforme a la música y en un contoneó embelesador. Ella se tiró al suelo y comenzó a caminar hasta él como una leona. Su melena negra como la noche cayó a los lados mientras lo miraba con aquellos ojos negros como las plumas de un cuervo.

—Ni pienses en contratar a otra que no sea yo —le susurró ella cuando estuvo levantada. Le rodeó por la espalda y le pasó la lengua por toda la longitud del cuello.

—Eres única Zafrina —le contestó él con una sonrisa perversa.

Ella se contoneó mientras regresaba a la tarima y se retorció de manera provocadora mientras tocaba su cuerpo.

Edward la miró embelesado. Zafrina era la estrella del club y aunque le costara admitirlo era una mujer de belleza encantadora.

Salvaje y única en su especie, pensó.

Entonces ella se movió más rápido mientras la música finalizaba.

—Aunque no te guste reina, esta noche tendrás compañía en la tarima —le dijo mientras se levantaba. Tomó el celular y regresó directo al despacho. Pasó a un lado de Emmett y le señaló a una pelirroja parada al fondo con las otras chicas del casting—, Zafrina y ella. Las quiero a ambas para la próxima semana.

Emmett asintió y le hizo una señal a la pelirroja para que se acercara. Las otras chicas se alejaron al saber que Edward Cullen había tomado su decisión.

Se encerró en el despacho y se sirvió una copa de whisky mientras miraba desde el vidrio como iban las cosas del otro lado. Zafrina tenía una cara de enojo, pero a la princesa no le quedaría de otra más que compartir el escenario.

Mientras miraba el escenario y las luces, no pudo dejar de pensar en la mujer despampanante de la noche pasada. ¿Cómo sería en el escenario? Un gato ronroneando a su amo en busca de suaves caricias.

Se la imaginó yendo a gatas hacia él con aquellos ojos chocolate brillando de deseo. Mientras se mojaba los labios y su cabello castaño caía por su cuerpo de forma seductora. El pene le dio un tirón de solo imaginar aquella imagen tentadora.

Necesitaba ver a esa chica esa noche, necesitaba volver a tenerle entre sus brazos una vez más.

Era una mujer en esencia fascinante por naturaleza y si a eso le agregaba la seducción la volvía una diosa.

Isabella dejó caer su cabello después de tanto pensar en cómo lo llevaría esa noche. Sin la ayuda de Jessica, el maquillaje y peinado le resultaban casi imposibles. Por ultimo decidió que su cabello rebelde se amoldara como quisiera.

Se calzó los tacones y se puso un ligero color carmín en los labios.

Cuando escuchó el pitido del taxi, tomó su bolso y caminó directo al recibidor. Jacob estaba parado en la puerta con una mano en el aire a punto de tocar.

—Jake, que sorpresa —susurró mientas miraba por encima de sus hombros. El taxi estaba parado enfrente y esperaba por ella.

—Pensé que podíamos cenar juntos, pero creo que vas a salir. —ella asintió. Se acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja y negó.

—No sabes cómo me encantaría quedarme, pero sabes que hoy no puedo.

—Lo entiendo Bella, no te preocupes.

Jacob se hizo a un lado y la dejó pasar.

—Te quiero Jake —le dijo y le dio un suave beso en la mejilla.

Subió directo al taxi y diez minutos después estuvo frente a la mansión de afrodita.

La música del club la inundó nada más entrar. Y para su sorpresa, el gorila que la noche pasada les había abierto la puerta del despacho a ella y a Edward, la tomó del brazo y la llevó por los pasillos hasta dejarla frente a la puerta del despacho.

—Él ya te está esperando. —ella asintió y giró el pomo de la puerta.

El interior del despacho olía a la colonia de Edward. Un olor que se le había quedado impregnado en las fosas nasales desde la noche pasada para su deleite.

Él estaba con una de las manos dentro del bolsillo y en la otra sostenía una copa de whisky. Iba ataviado con un traje negro que le daba un aire aristocrático e imponente. Estaba de espaldas a la puerta y miraba atento el espectáculo que se estaba ofreciendo del otro lado del cuadro de afrodita.

En cuanto escuchó la puerta cerrarse se giró a verla y torció los labios en una sonrisa que hizo que el corazón se le paralizara por un momento. Un delicioso retortijón en el estómago le continuó a eso.

—Supongo que me has visto entrar. —él dejó la copa sobre el escritorio y caminó directo hasta ella.

—Sé exactamente quién entra y quién sale de mi club. —le extendió una mano y ella la tomó. Una corriente eléctrica le recorrió el cuerpo entero. Su cuerpo recordaba la sensación de aquellas manos sobre ella.

—Eso debería darme miedo —sugirió ante su respuesta. Él sonrió satisfecho y la acomodó en el sofá de frente al vidrio.

—No lo creo. Sólo si intentas asesinarme y salir huyendo —bromeó él y a ella se le erizó la parte baja de la nuca.

—Ya lo creo —contestó con una sonrisa—, por cierto señor Cullen, ¿Cuántos pasos del ligue nos salteamos la noche pasada? —comentó desviando el tema.

—Creo que todos los posible bebé.

—Eso debería estar prohibido. Las cosas llevan un proceso.

—Si el producto del proceso amerita acelerar las cosas, siempre se pueden tomar atajos. —le susurró cerca de la oreja. Y otra corriente eléctrica le bajó por la columna vertebral. Cerró los ojos con añoranza sin ser consciente de sus actos— Isabella —le volvió a susurrar.

—Edward. —gimió.

—Tu nombre es un dulce en mi paladar.

—Soy un caramelo cariño —contestó ella tratando de ser arrogante.

—Ya lo creo.

—Un caramelo de cianuro —entonces se puso a horcajadas sobre él y comenzó a besarlo de manera desesperada. Edward sonrió y la giró sobre el sofá dejándola debajo de él.

—Un hombre siempre debe proteger a la dama.

—¿Ahora resulta que te sale lo caballeroso? —él se encogió de hombros y la tomó ahí mismo encima del sofá. Con la gente y el show desarrollándose del otro lado del cuadro.

—¿Qué hace un hombre como Edward Cullen cuando no está en el club? —preguntó mientras jugaba con el cabello cobrizo del hombre.

Él se giró a verla y la atrajo hacia él.

—¿Un hombre como Edward Cullen? —ella asintió—. Un hombre como yo se dedica a resolver asuntos que una mujercita como tú no debe saber.

Ella se levantó. Sus senos brincaron por el movimiento y Edward clavó la mirada ahí.

—¿Eres casado? —él sonrió altanero y la devolvió a su lado.

—¿Te interesa eso?

—Tal vez, no pienso terminar golpeada por alguna mujer despechada y traicionada.

—No creo que alguien venga a golpearte. Al menos no esta noche.

Ella sonrió y se levantó para buscar su ropa interior. Se metió las bragas por las blancas piernas y luego se acomodó el sostén. El vestido le siguió y los tacones resonaron una vez que se los puso.

—Señor Cullen, fue un placer estar con usted esta noche.

—No tan rápido linda. Ésta noche yo te llevaré a casa. —Isabella abrió los ojos de sobremanera—, ¿Qué pasa? ¿Algún hombre despechado y traicionado puede golpearme? —ella soltó el aire contenido y volvió a sentarse a horcajadas sobre él.

—Nada de eso.

—Entonces no debería haber ningún inconveniente.

Ella negó.

Una hora después el Volvo negro de Edward se detuvo frente a la puerta del departamento de Isabella.

Ella bajó y se dispuso a ir directo a su puerta. Antes de siquiera dar un paso escuchó la puerta de Edward abrirse. Se giró a verlo.

—Mañana pasaré por ti. A las diez de la mañana, iremos a desayunar y después te llevaré a que veas lo que un hombre como Edward Cullen hace cuando no está en el club.

—No sabes si tengo asuntos para mañana a las diez. —él se encogió de hombros.

—Cancélalos. —le susurró. A continuación le dio un beso en los labios y regresó a su auto—. Soy puntual y estaré aquí a esa hora.

Ella abrió la boca para decir algo más, pero la cerró. Edward Cullen además de ser un sicario, era un hombre posesivo y aunque eso le desagradaba por completo, le daba cierta ventaja. Ahora se estaba metiendo más en la vida de aquel hombre y no podía dar marcha atrás.

Hola princesas. Hoy les adelanto el capítulo porque posiblemente mañana no tenga tiempo para publicarlo. Además se lo merecen. No llegamos a los 10 reviews, pero me encantó que hayan comentado. Anímense a dejarme su opinión. Eso siempre anima mucho y es la mejor paga que uno puede tener.

Andrea 17 de Cullen; ; guest; gina.

Gracias por el comentario y espero sus reviews para éste capítulo. Les dejaré otro capítulo el martes.

¡Nos leemos!