¡Se ruega que, a ruego de la autora (que solo creen que ignoran sus "Nota de la Autora" porque no quieren saber nada de ella), lean el pié del capítulo para no desinformarse de los capítulos y la problemática y melodramática vida de esta desdichada autora. (Ya ven, que si lo soy xD )
¡A leer se ha dicho! -
Capítulo cuarto
El sol, siendo en esta época un incentivo en el otoño-invierno de cada año, era un alivio para toda persona de hoy en día cada vez que sus rayos se filtraban a su cuerpo, ya que había empezado a, poco a poco, refrescar. Pero en estos momentos, en una habitación de paredes rojas con detalles de mariposas y ramas de cerezo en flor en color negro, la sacerdotisa empezaba a refunfuñar por el astro que le pegaba en la cara.
-Kagome… - la voz de su madre le hizo abrir un ojo. Eran ocho y media de la mañana. – en una hora y media tenemos que irnos a Charing Cross Road. – comunicó ella. La Miko hizo un sonido de afirmación, mientras levantaba levemente su cabeza y se le cruzaba una locura por la mente.
-Mamita… - dijo levemente somnolienta. – quiero cortar mi cabello. ¿Si?
-Está bien, cielo. – arrulló ella. – cuando bajes, lo haremos. – le besó en la frente, y la dejó con la mitad de su cuerpo sin sábanas, revelando su camisón de invierno color verde. Segundos después, ella se reincorporó, refregándose los ojos y se estiró mientras bostezaba sonoramente. Parecía un gato.
Adormilada, se cambió por su traje de Miko (haori blanco y hakama rojo, sabiendo que en estos tiempos era mejor verse así antes que con ropa normal, por culpa de los Mortífagos y porque no tenía ropa de bruja) y guardó dentro del haori la carta de Sesshomarû, para dirigirse al baño.
En el camino, se cruzó con Sota y Harry, a quienes saludó distraídamente en medio de un segundo bostezo.
Quince minutos más tarde, los cuatro se encontraban desayunando unos Hot Cakes con un café cada uno (menos Sota, quien tomaba un té con leche). Buyo y Kirara tomaban leche fría con un cuenco cada uno lleno de alimento balanceado.
-No me había fijado de tu traje. - el ojiverde miró las ropas de su 'prima'. - ¿Eso es lo que normalmente usas en tu Templo? – preguntó mientras se rascaba la nuca.
-Podría decirse. – sopesó ella, queriendo no entran en detalles. – además, las túnicas no son lo mío, así que… aparte, no tengo túnicas o cualquier cosa parecida.
-Tsk… - Sota negó con la cabeza. – no sé por qué no quieres usarlo… ¡te queda bien! – dijo casi sobreactuando. Su hermana le dio un golpe suave, haciéndolo callar.
-Mamá, ¿Empiezas? – le avisó la joven, mirando a la susodicha, sentándose en una silla y acomodando su cabello hacia atrás del toallón que se había colocado en la espalda con anterioridad.
-¿Qué…? – empezó Sota, siendo interrumpido por la imagen de su madre con una tijera en mano.
-¿Cómo lo quieres, hija? – le preguntó Naomi a su hija.
-Más o menos por los hombros, desmechado. – hizo un gesto cerca de su hombro derecho, mientras que su madre empezaba a deslizar el peine húmedo.
-¿Te vas a cortar el cabello? – se escandalizó Sota. Parecía ultrajado.
-El corte de cabello en una mujer, significa cosas nuevas, cariño. – explicó su madre dulcemente.
-Pero… - Sota intentó protestar nuevamente, pero le ganó la mirada de advertencia de su hermana, mientras que las personas restantes reían por su berrinche. - ¡Oigan! – protestó él, casi tratando de que pararan.
-Mejor hazlo antes de que me arrepienta, mamá. – apuró la Miko mientras que se agarraba las manos firmemente.
-Muy bien… - rio ella.
Kagome sintió las gentiles y suaves manos de su madre por lo largo de su cabello (hasta un poco más arriba de la cintura), agarró un grueso mechón cerca de su oreja y lo acomodó, bajo la mirada atenta de los dos chicos. Una vez acomodado ese mechón, lo alzó hacia arriba. Lo sostuvo entre dos dedos, y Naomi empezó.
Pasada la fase del alivio, porque Kagome no se arrepentía, ella se dejó llevar por esa sensación no directa del corte de cabello, sintiendo como esa sensación iba de arriba hacia abajo, mechón por mechón, preguntándose qué tan bien y libre quedaría. Secretamente, ella lo decidió, aparte de empezar algo nuevo en su vida, para que su parecido con Kikyo no fuera tan marcado.
Se hicieron las nueve y media, por lo que Kagome, acompañando a Harry, fue al Nº 4 de Privet Drive para que éste último recogiera todas sus pertenencias, porque lo que quedaba del verano iba a pasarla en el Nº1. (Ya sabía que solo era unos metros, pero, con resignación, Harry no doblegó a si mismo de dejar de llamar "casa" al Nº 4). Lo que le alegraba de pasar lo que restaba del verano en la casa Higurashi, era de no verle la cara al estúpido de su primo.
-¿Alguna vez viste Rurouni Kenshin? – preguntó Kagome, con gestos que mostraban inocencia.
-Claro… Creo que era lo único en que congeniábamos con Dudley. – después, Harry hizo una mueca, mientras Kagome soltaba una risita.
-Escucha esto: - y empezó a cantar el conocido opening de la serie, sin entender nada (Puesto que lo hacía con el idioma original).
Dai kirai datta sobakasu o chotto
Hito nadeshite tameiki o hitotsu
Hevii kyuu no koi wa migoto ni
kakuzatou to issho ni toketa
Maeyori mo motto yaseta mune ni chotto
"Chikuu" to sasaru toge ga itai
Hoshi uranai mo ate ni naranai wa…
Motto tooku made issho ni yuketara nee
Ureshikute sore dake de
Para asombro de algunos a su alrededor, y del mismo Harry, Kagome elevó la voz.
Omoide wa itsumo kirei dakedo
Sore dake ja onaka ga suku no
Hontou wa setsunai yoru nano ni
Doushite kashira?
ano hito no namida mo omoidasenai no…
omoi dasenaino…
Dou...? La,la, la, la, la, la…
Doushite na no?
-¡Guau! – alabó el pelinegro, con los ojos abiertos de par en par, junto con su boca. – No sé muy bien lo que significa la canción pero tú lo cantas tan rápidamente como lo escuché hace unos años atrás en el opening. – comentó mientras se detenía frente al nº4.
-Mh… No es para tanto…- Kagome se abstuvo de hablar nuevamente, ya que habían llegado a la puerta de la casa.
Harry, un tanto incómodo, abrió la puerta del Nº 4, y dejó pasar a la joven de, ahora, cabello corto. Al dar unos pasos adentro, lo primero que ella vio, fue todos los objetos de la casa asquerosamente ordenados.
Ella bufó. Por lo menos podrían darle un poco de estilo: sillones ladeados, libros semi-acostados, etc. Pero, no… ¡Puaj! ¡Muy limpio! Era como si esa casa la limpiaran a fondo todos los días.
-Maniáticos de la limpieza… - susurró Kagome, haciendo reír a su compañero de atrás suyo. A los pocos segundos, una mujer de cara huesuda, delgada y alta miraba a los dos jóvenes de forma molesta.
-¿Qué haces con ella aquí? – espetó revoleando un trapo casi limpio, a penas usado. La Miko hizo una mueca ante eso.
-Vine a buscar mis cosas, tía Petunia. – le tranquilizó Harry, casi sin paciencia. – estos últimos días lo pasaré en casa de ella. – y, con su mano, apuntó hacia su 'prima'. – Es mi prima Kagome. Recibiste la visita de su madre, mi madrina, ayer, ¿No? – dijo como quien no quiere otra cosa. La mujer lo fulminó con la mirada.
-Bien. – bufó la mujer de cara de caballo. ¿O cara de jirafa? – Que sea rápido. – dijo mientras miraba de mala manera la ropa de Kagome. Ahí supo que a ella no le gustaba las cosas fuera de lo normal, y que esa vestimenta, sabiendo de antemano que la tal Petunia estaba enterada de lo que era una "Miko" o una Sacerdotisa, era de muy mal gusto e indignante.
-Es solo un verano más, y no tendrás que soportarme más, Petunia. – le dijo con frialdad, haciendo que la mujer se sobresaltara. Para sí misma, la mujer se acordó de Lily y su forma de hablar en sus últimos años de vida.
-Vamos a por tus cosas, Harry. – le cortó la sacerdotisa, antes de que la mujer soltara un reclamo escandaloso, al ver que se había recuperado.
Con el pelinegro de guía, subieron las escaleras, hasta una puerta alejada de la mayoría de las habitaciones principales. Abriendo la puerta, una pequeña habitación totalmente desordenada hizo sonreír a Kagome.
-¡Esto está mejor! – alagó ella. Harry bufó de risa.
-Lo mismo dijo Tonks, hija de la prima de Sirius, el año pasado cuando me vinieron a buscar. – comentó entre risas.
-Oh… bien. - la chica sacudió la cabeza, y jugueteó con sus manos, haciendo que las cosas de Harry temblaran y empezaran a guardarse perfectamente en un gran baúl con las iniciales de su dueño.
-¿Cómo…? – empezó este, ante tal descaro de hacer magia.
-La magia sin varita muy rara vez se nota. – dijo ella en forma confidencial. – además, sería raro que la detecten estando tu varita a varios metros de nosotros. – y, juntos, rieron.
-Tienes que enseñarme a hacer magia sin varita. – suspiró con deseo. Luego, recorrió su habitación con la mirada. – Da miedo de cómo esta ordenada. – dijo él, al ver las paredes, el piso y los pocos muebles limpios, ordenados y vacíos. – No es que tenga muchas cosas… - y se encogió de hombros.
-Pues, di eso frente a mi madre y te llenará de cosas. – susurró la viajera del tiempo. Harry no la entendió.
Tan rápido como llegaron, se fueron casi a trote, con los baúles de Harry a cuestas, nuevamente al Nº 1.
-¡Ya se tardaban! – les recibió Sota, con Kirara en su cabeza. – Ya pensaba que Kagome estaba purificando a un demonio… - opinó pensativamente.
-Un demonio, no… - dijo su hermana. – sino a una mujer con cara de caballo. – eso hizo carcajear a Harry, y que Sota la mirara de forma confundida.
-¿Ya tienen todo listo? – la voz de Sirius, hizo disminuir las carcajadas del ojiverde. - ¿Y a ti que te pasa? – se extrañó él.
-No es nada… - se tentó el chico de la cicatriz. – ya te contaré.
-¿Nos vamos o no? – insistió el animago.
-Vamos… - Naomi apareció detrás de su hija, con expresión un tanto seria y en un tono de "no me reclamen", que asustó a su hijo y a su amigo de antaño. Le tendió una varita a Harry (la varita de él). Dejando en el living las cosas de Harry, los cinco salieron presurosos de la casa, cerrándola con llave y sellos de Kagome, para luego empezar a caminar hacia la calle Magnolia, haciendo que, inmediatamente, Harry mirara a su padrino con ojos entrecerrados.
-¿Qué? – le dijo el "intimidado".
-Nada… Solo recordaba, hace tres años y cuando huía del número cuatro y en esta misma calle vi a un perro grande negro y con aspecto feo y desparpajado. – dijo como quien no quiere otra cosa. Kagome, entendiendo, se rio al ver la cara de indignación del último Black.
-¿Ya tiene sus listas de libros y materiales? – preguntó la madre de la Miko, buscando entre su cartera.
-Sí, Mamá/Madrina. – afirmaron los de dieciséis años con tranquilidad.
En cambio, Sota…
-¡Sí! – su tono era de entusiasmo y saltaba en su lugar, despidiendo una leve sensación mágica y contagiosa.
-Parece que a alguien le cuesta controlar sus poderes de Sacerdote. – bromeó Sirius junto con Kagome. Sota les sacó la lengua.
-Atrás. – dijo Naomi, sacando su propia varita, y alzándola hacia la calle. Harry rezongó por lo que venía.
Un enorme estallido envolvió a la calle solitaria y, al segundo, un autobús rojo brillante aparecía frente al pequeño grupo. Un joven chico (de unos dieciocho o veinte años) se encontraba en la entrada de este, sonriéndoles afablemente.
-Buenos días. – saludó con cordialidad. Sirius devolvió el saludo, ignorando la mirada de interés hacia él (puesto que lo había reconocido) y dejó subir a sus compañeros primero. – cinco galeones, y lo que resta, es tuyo. – dijo el mago de cabello negro.
-Muchas gracias. – tartamudeó el chico.
-¿Qué habrá pasado con Stan? – se preguntó Harry, distraídamente.
-No sé de qué me hablas. – Kagome hizo una mueca, mientras los dos se sentaban en unas sillas y se sostenía de una baranda fija.
-El anterior, el que ocupaba su puesto. – y señaló disimuladamente al chico que los atendió.
-¿Te crees que lo sé? – rio ella, escéptica. – es la primera vez que vengo, conscientemente, a Inglaterra.
-No importa. – el ojiverde hizo un gesto con su mano, quitándole importancia.
La Miko negó con la cabeza, y, mientras Sirius decía su destino, ella sacó de sus ropas la carta de Sesshomarû.
A diferencia de Naraku, ese mago puede ser muy difícil si se lo propone. No te confíes demasiado. Aunque en la época de cuando Inu no Taishô estaba vivo, los magos eran muy respetados por simples humanos y por Youkais pacíficos, siendo mi padre uno de ellos.
Los magos de hoy en día se han olvidado de muchas cosas, que tienen que ver con su habilidad. Una de ellas, es "el arte de la magia sin varita". Una habilidad en la que tú destacas y no tienes ningún problema al ser una Miko. (¿Eso fue un cumplido? – susurró Kagome, incrédula. Harry la miró sin entender).
Según Padre, hará mil años atrás, me informó sobre cuatro magos formidables, que, si juntaban fuerzas, podían ser igual de poderosos que él mismo, pero eran muy modestos (por lo menos, tres de ellos).
Seiscientos años antes del nacimiento de Inuyasha, me los presentó mientras visitábamos la escuela de magia: En estos momentos no me alcanza el tiempo para relatar lo que sucedió, pero sé que uno de esos cuatro magos, estuvo disconforme sobre algunas afinidades de sus compañeros y se desligó de los otros tres. Desde ese entonces, las cosas se complicaron y, a sabiendas de nuestro lugar y nuestras obligaciones, tuvimos que marcharnos hacia el palacio de mi padre.
Es importante que recibas algunos libros que tengo en mi poder sobre estos cuatro magos, ya que una de mis tareas obligatorias es de velar a sus descendientes y observar detenidamente a su… "especie".
Viajaré a Inglaterra en cuanto pueda para llevarte los libros e informarte más sobre los llamados fundadores.
Ten mucho cuidado.
Taishô S. – Lord Youkai del Oeste.
Al terminar de leer la carta, apretó los labios y fijó varias veces más la vista en oraciones referentes a esos cuatro magos, que ella estaba segura de que trataba de Godric Gryffindor, Helga Huffelpuff, Rowena Ravenclaw y Salazar Slytherin.
-¡Kagome! – el grito de Sota le hizo respingar.
-¿Qué sucede? – se desconcertó ella, mirando de un lado hacia el otro.
-Ya llegamos. – informó Harry, señalando la entrada que solo había visto en oscuras.
-Oh… - se limitó a decir ella.
Se precipitó a guardar la carta de Sesshomarû entre su haori y caminó con destreza hacia fuera del autobús, todavía con la mente en las frases de la carta.
-¿Qué tiene esa carta que te desconcierta, hija? – preguntó su madre, viendo a su hija con la mirada perdida desde que guardo ese pedazo de papel.
-No es nada… - le tranquilizó la joven, sonriendo. – solo que ahí, hay mucho de que pensar y discutir. – Kagome no quería soltar todo de un sopetón, así que solo guardó silencio y entró al sucio bar con cierta altanería, muy impropia de ella misma. - ¿Por dónde es? – preguntó hacia Sirius.
-¡Síganme los primerizos! – exclamó en un tono parecido a un capitán de un barco. El animago de cabello negro azulado caminó hacia detrás de la gran barra que el tabernero atendía, hasta llegar a una enorme pared de piedra tosca y con algunos derrames de piedra caliza entre los ladrillos de la misma. Sirius sacó su varita, y empezó a pinchar algunos que varios ladrillos. – dos… cuatro… ocho… - murmuró con diversión, hasta tocar el tercer ladrillo a la derecha encima de un barril.
Para exclamación de Sota, la pared tembló y los ladrillos empezaron a juntarse, mientras se formaba un enorme arco de cemento en sus cabezas, y mostrando una calle medio vacía y tiendas.
-Ha cambiado mucho… - suspiró Naomi, haciendo que su hija la mirara. – A veces pienso que en cualquier momento viene tu padre por detrás de mí acompañado por James y Remus, mientras que yo lo esperaba junto con Lily y Alice… - suspiro nuevamente, recorriendo con su mirada al callejón. – Lo que son los tiempos de guerra. – y fue ella la que se movió en primera, yendo hacia delante de todos.
-¿A dónde vamos primero? – preguntó Sota, mirando de un lado a otro.
-Gringotts. – anunció Sirius, señalando hacia un edificio enorme, blanco y ciertamente, parecía que su estructura estaba inclinada. – Supongo que en la cámara de tu padre, pequeño Sota, debe de tener lo suficiente para ti y tu hermana para estos estos años. – y se encogió de hombros.
Kagome, al entrar en el edificio, frunció el ceño.
-Dragones. – dijo inmediatamente. – Harry y Sota la miraron. – debajo nuestro… - aclaró ella. – deben de ser cinco u ocho dragones…
-¿Tantos? – exclamó Sirius, mirando al piso de forma asombrosa. – Bueno… supongo que los utilizan para cuidar las cámaras de Alta seguridad. – y se encogió de hombros.
-Bien… ¿Qué? – preguntó la Miko mientras recorría el lugar con sus ojos. - ¿Esperamos o los acompañamos? – ella captó en las paredes y en cada cinco metros, carteles amarillentos de "Se Busca", aparecían con la imagen de un hombre de nariz aplastada, de ojos redondos y el cabello rubio y corto. - ¿Quién es ese? – preguntó al no poder divisar su nombre.
-Ludo Bagman. – Harry le dijo con una mueca de desprecio. – es buscado por los duendes por deberles dinero. Hace dos años engañaron a un par de amigos míos gemelos en los mundiales de Quidditch. Te lo explico más tarde. – zanjó el asunto. – lo más simple, es que el los duendes lo buscan porque debe mucho oro. – y luego, negó con la cabeza con resignación.
-Ustedes esperarán aquí. – indicó Sirius con seriedad. – Recuerda, Harry que Hermione te pidió que la esperaras aquí. – se dirigió a su ahijado.
-Lo sé. – miró hacia la puerta del banco. – ya no debe de tardar.
-Y… por favor… - Naomi se dirigió a sus hijos. – No hagan nada que llame la atención. – le hizo señas a su amigo animago y, detrás de un duende, se perdieron entre los pasillos.
-Como si eso fuera tan fácil. – masculló la Sacerdotisa. – Teniendo estas ropas, tener un acento para nada británico y contar con la compañía del Niño que Vivió. – luego, bufó mientras que Sota y Harry reían levemente.
-Disculpen. – un duende de aspecto tosco y con muchas más arrugas que el abuelo de Kagome y Sota, se dirigió a ellos. - ¿Están aquí para hacer algún retiro o cambiar su dinero en gallones o en libras?
-Lo siento, pero estamos esperando a mi madre que fue a una cámara. – se disculpó Kagome enseguida. – Sepa disculpar. – el duende, comprendiendo, hizo un movimiento con su mano, restándole importancia.
-No se preocupe, señorita. – le respondió quedamente, casi sorprendido de su trato igualitario.
-No es nada… - rio ella, pero luego se detuvo. – Pero yo tengo una pregunta. – vaciló ella. La criatura, ya visiblemente sorprendido, le alentó a seguir. - ¿Cuándo fue la última vez que vieron a Bagman?
El semblante de la criatura cambió drásticamente a una de furia y llena de odio. Mentalmente, la Miko se auto regañó a si misma por haberle preguntado a una criatura que tenía a los magos como non gratos.
-Gomen ne… - Kagome hizo una mueca y una reverencia, siendo sincera. – Pregunté algo que no debía.
-No tiene el por qué disculparse. – le negó el duende, recuperándose. – pero con solo nombrarlo, toda mi raza hoy en día no está precisamente contenta. – La criatura adoptó una expresión pensativa, y luego suspiró.- Ante su pregunta, pues… No lo hemos encontrado desde que el Torneo de los Tres Magos finalizó hará casi dos años… - el duende, como si se hubiese percatado de algo, miró penetrantemente a Kagome. - ¿Por qué la pregunta?
-Además de que soy muy curiosa, no me gustan las injusticias y los engaños. – ella se encogió de hombros. – Ya he tenido bastante con la batalla contra Naraku. – dos duendes que estaban a cada lado de la criatura con quien hablaba, la miraron estupefactos, al igual que el duende interrogador.
-¿Naraku? – repitió el duende con evidente sorpresa.
-¿Quién? – preguntó Harry.
-Naraku, u Onigumo. – ella le restó importancia. – Como quieras llamarle.
-Discúlpeme, Señorita pero, ¿Cómo sabe de la existencia de ese medio-demonio? Existió hace más de quinientos años y muy pocas criaturas saben que existió en la era feudal de Japón– comentó el duende de la izquierda, agachando la cabeza y posando sus redondos ojos color ocre sobre ella.
-Estuve ahí. – dijo la Miko, escuetamente.
-¿Quinientos años atrás? ¿Estás bromeando? – le dijo Harry con incredulidad.
-No está bromeando. – interrumpió Sota. – En el Templo de casa hay una choza con un pozo donde ella podía viajar a ese tiempo hace un año. – le informó, con la cara molesta y sus mejillas infladas. A Kagome le pareció tierno, pero eso no evitó lo siguiente.
Tan rápido como lo dijo Sota, su hermana lo vio con cara de enfado, mientras que los tres duendes se pusieron a susurrar en su idioma, siempre mirando de reojo a la chica de cabello corto y traje de Sacerdotisa, que ya empezaba a llamar la atención por la cantidad de magos que entraban al banco. Suspirando, Kagome decidió cabecear en dirección a los duendes que seguían murmurando, y se dispuso a ir a una banquilla a sentarse a esperar. Al mismo tiempo, una joven chica de, más o menos su edad, cabello espeso y castaño y vestida con ropa moderna, entraba a Gringotts y corría hacia Harry, haciendo ladear su rostro y el de Sota.
-¡Harry! – exclamó ella, abrazándolo y haciéndolo respingar. El pelinegro había estado distraído.
-¡Hermione! – una vez identificado a la persona, el chico cambió su expresión confusa a una contenta. - ¿Cómo has estado? – indagó con curiosidad.
-Muy bien– la voz de la chica era un tanto chillona, pro sin llegar a ser desagradable. – Recibí los TIMO's, ¿Y tú?
-Lo recibí ayer en la tarde, ¿Cómo te fue? – Hermione había pensado que le iba a decir cuántos TIMO's había conseguido, pero le restó importancia.
-Bien, tengo todos los TIMO's con Extraordinario menos Defensa Contra las Artes Oscuras, que tengo Supera las Expectativas. – e inmediatamente, hizo una mueca. El ojiverde rio con ganas.
Kagome, que prestaba la mitad de su atención a ella y mitad a Sota (quien le contaba de su noviecita Hitomi), se levantó de su asiento, y se dirigió al duende con quien había hablado con anterioridad, porque la llamaba con señas.
-¿Sucede algo, Señor? – preguntó con cortesía.
-Nos gustaría hacer un negocio con usted, Lady Sacerdotisa. – al instante, la aludida frunció el ceño. Esas criaturas debían de tener poderes espirituales para captar su esencia. A menudo, los que no tenían poderes espirituales (tanto muggles como magos), sentían que ella era una persona imponente, respetable y poderosa. Nunca se había encontrado con algo así.
-¿En qué puedo…? – empezó ella, cautelosa.
-Kagome. – la voz de su madre hizo que tanto ella como la criatura voltearan a verla. - ¿Sucede algo, Señor? – Naomi repitió a su hija.
-Queremos los servicios de, me imagino, su hija, como Sacerdotisa, ya que, al mismo tiempo de brindarnos un poco de información faltante en los pergaminos históricos del mundo, queremos que nos ayude a encontrar a un mago en particular. – la criatura movió sus dedos de forma espeluznante. – pero preferimos continuar en otro momento, ya que, como se puede ver, nuestro banco se está llenando y estaremos muy ocupados hasta pasado el primero de septiembre. - Naomi miraba de forma alternativa al duende como a su hija, curiosa.
-Como usted diga. – accedió la mujer, dando una escueta reverencia. – Gracias por sus servicios. – el duende, sin ninguna duda de que eran el par de brujas que mejor le habían caído bien, imitó a la mujer, bajando la cabeza y haciendo un movimiento de mano.
-Que tengan un buen día. – despidió el duende cuando vio que se marchaban. Las Higurashi solo sonrieron con amabilidad.
-¿Y bien? – Sirius miró a su sobrina postiza con extrañeza. - ¿Qué fue todo eso? – indagó.
-Himitsu. – dijo ella, para indignación del animago. - ¿Vamos a hacer las compras o no? – se "enfadó" ella.
-Oye, tranquila, que te volverás vieja. – le paró Harry, palmeándole el hombro. – Sota, Kagome, madrina, - se volvió a la chica de cabello castaño, sonriendo. – Ella es Hermione Granger, mi mejor amiga en Hogwarts. Herms, - el ojiverde l miró un segundo y señaló a los desconocidos para ella. – Mi madrina, Naomi Higurashi, y mis primos…
-lejanos, pero primos, al fin y al cabo. – acotó Sota, para risa de su hermana e interrumpiendo al ojiverde.
-Eso. – rio el joven Potter, contagiando a la chica recién llegada. – Por lo que me dijeron por aquí… - miró a Sirius, que está al lado de la chica. – Mi madre era prima de ella. – resumió, haciendo que Hermione mirara con escepticismo a padrino y ahijado.
-Siempre he dicho que el mundo es muy pequeño. – dijo ella con una mueca divertida.
-Demasiado, diría yo. – acotó Kagome.
-Ella es Kagome, y su hermano, Sota. – continuó Sirius, presentando. – Kagome va a entrar en el mismo año que ustedes y Sota al primero. – informó como de pasada.
-Hogwarts les va a encantar, ya lo verán. – aseguró la chica de ojos avellana, simpática. – incluso les va a gustar Peeves. – Harry le enarcó una ceja. – bueno… - trató de defenderse ella.
-ya, ya… - Harry rio. - ¿Vamos? – animó después.
-¿Cuántos TIMO's sacaste? – preguntó Hermione a su amigo.
-Ocho de nueve. – y se encogió de hombros. – después te muestro la lista. A propósito, ¿Dónde están tus padres? – preguntó después el ojiverde.
-En Madame Malkin. – contestó mientras revisaba la lista de libros. - ¿Te parece ir primero a Flourish y Blotts?
-¿Vamos? – preguntó este hacia Kagome.
-¡Ya quiero ver los libros! – se entusiasmó Sota.
-No, cariño, tú tienes que ir primero a por la túnica. – le atajó su madre al más pequeño.
-¡Ufa! – protestó él.
-¡Sota! – regañó su hermana. - ¡Has pasado mucho tiempo con Inuyasha! ¡Jamás debí hacer que venga del otro lado del pozo! –se indignó ella.
-¡Eso no te lo crees ni tu misma, ane-hue! – se burló el niño. – Es más, creo que lo aprendí más de ti que de orejas de perro.
-Eso ofende. – bromeó Sirius. Harry giró los ojos, y Hermione se vio curiosa.
-Vamos, Sota… - empujó Naomi a su hijo.
Viendo a Sota con sus quejas e indignaciones, Kagome, Harry y Hermione empezaron a caminar de lado contrario, cruzándose con grupos de personas viendo los escaparates de las tiendas, hasta llegar a una con un inusual silencio. Al entrar, Kagome se sorprendió, porque la librería parecía estar hecha de libros mismos. Había pila tras pila de libros de todos los tamaños y grosor. Y muy pocos, llamaron la atención de la Miko.
-¿Crees que habrá libros relacionados con los fundadores de Hogwarts? – Preguntó ella en tono distraído.
-En realidad, nunca he investigado sobre libros de ellos, -fue Hermione quien le respondió. – lo único que he leído de ellos es muy poco y trata de cuando Slytherin abandonó el colegio por no coincidir con ellos al respecto de enseñar o no a los hijos de muggles.
-¿Hijos de muggles? – se extrañó ella. - ¿Te refieres a los que son hijos de humanos sin poderes mágicos y espirituales?
-No sé a lo que te refieres a con lo "espiritual", pero sí, a eso me refiero. – le contestó la chica con asentimiento. – Te recomiendo que preguntes tanto aquí como en la biblioteca en el colegio, si no hay, no creo que puedas encontrar información de ellos nada más que en Hogwarts: Una Historia.
-Es una lástima. – se lamentó la Miko.
-Sí que lo es. – coincidió la chica de la misma manera.
-Buenos días, jóvenes. – saludó el dependiente detrás de un mostrador. – Hogwarts, ¿No? – los tres asintieron, mostrándole las listas de libros de cada uno. - ¿Alquimia? – se extrañó al ver la lista de la chica Higurashi. Hermione la miró con sorpresa.
-Me sirve de mucho. – musitó ella.
-Bueno, no es que me incumba, pero debo de añadir que esta materia no la han pedido desde hace un siglo. – informó el dependiente con sutileza. – y con usted, bella jovencita, hacen siete los alumnos.
-El número mágico por excelencia. – murmuraron tanto la Granger como la japonesa. Se miraron.
-Por lo demás… - miró el resto de los libros. – Magia Terrestre es un tema muy solicitado para aquellos que tiene un sumo interés sobre el rastreo y lo provechoso de la magia que dan los elementos rocosos, ya les traigo sus libros. – desapareció entre dos hileras de libros gruesos como una biblia, y regresó con tres cajas marrón oscuro de distintos tamaños, una más pequeña que la otra. -Diez libros para la señorita Higurashi. – la caja más grande quedó frente a Kagome, mientras esta la tomaba al instante sin ningún esfuerzo. – ocho para la señorita Granger. – la mediana quedó frente a la castaña. – Cinco para el señor Potter. – la más pequeña de las cajas al aludido. El dueño del local le dirigió una mirada de soslayo al lugar donde la cicatriz estaba.
-¿Cuánto es? Por separado. – le pidió amablemente Kagome.
-Veinticinco galeones, veinte galeones y diecisiete galeones, respectivamente. – dijo inmediatamente. Esa chica, pensó el dependiente, era de armas de tomar y poseía un aura de respeto.
-Muy bien. – la Miko le entregó sus monedas correspondientes, seguidos de los otros dos. – Vayamos por pergaminos, tinta y pluma, quiero hacer todo rápido porque necesito responder una carta del extranjero.
-¿Las lechuzas aguantan llevar una carta a otra parte del mundo? – preguntó Hermione, un tanto preocupada.
-Yo no tengo lechuza. – dijo la chica de Japón. – Yo mando mis cartas de otra manera. – instintivamente, hizo un movimiento de mano, con sus dedos índice y medio pegados uno al otro.
-¿Tus padres, Herms? – preguntó el pelinegro, al percatarse de que habían entrado y salido de la librería sin ellos.
-En el pub, dije. – contestó ella, recriminándole. Él sonrió con inocencia. – necesitan completar unos pedidos que vienen de Tailandia para su consultorio.
-¿Tus padres son dentistas? – curioseo la de cabello corto. La chica de cabello castaño asintió, casi distraída por leer uno de los nuevos libros.
-¡Hermione! – protestó Harry por tercera vez, ya saliendo de la tienda de Madame Malkin. - ¡Deja los libros para cuando estés en tu casa, por los pantalones de merlín! – exclamó un tanto exasperado.
La exclamación hizo trastabillar a la aludida y hacer reír a la Miko.
-Va-vayamos por algo de beber que ya es más de medio día. – Rio la pelinegra, sacándose sus lágrimas de risa. – Debemos almorzar. – acotó mientras se sobaba el estómago.
Concordando, Harry y Hermione la siguieron hacia la pared al final del callejón, de donde habían entrado. Pero, al poner un pie en la taberna, chocó con alguien.
El estrepitoso sonido que hizo al caer al suelo, llamó la atención de algunos transeúntes del Callejón.
-¡Cuánto lo siento! – se disculpó la mujer, un tanto escandalosa. La mujer de cabello negro y de figura esbelta, se hincó para ayudarla. - ¿Te encuentras bien? – preguntó preocupada.
-Lo peor ya pasó, no se preocupe. – Kagome hizo una mueca y sacudió la cabeza, tratando de que todos sus huesos estén en buen funcionamiento. Como si no hubiese pasado nada, la chica se levantó y se sacudió el haori y el hakama. – Creo que estas caídas no son nada si lo comparas con algunos golpes de cien metros de alto pasando por árboles. – bromeó un poco.
-¡Tú eres…! – la mujer, que tendría la edad de su madre, la señaló con la boca abierta, en un estado caótico y emocional. - ¡Por Merlín! - exclamó dirigió la vista a Harry. - ¡Yo… yo… yo…! – tanto la Miko como sus dos compañeros se empezaron a preocupar por el estado de la mujer.
-¿Está usted bien? – preguntó Harry, visiblemente preocupado.
-¡Marlene! – una voz, detrás de la mujer, les hizo respingar. - ¡Marlene, espéranos, niña! – ahora, la voz que identificaron como otra mujer, sonaba un tanto regañona.
-Yo… yo… - la mujer de cabello negro seguía como disco rayado. Sus ojos azules parecían que iban a derramar una cascada de lágrimas. Harry observo a una mujer un poco más grande que su madrina acercarse.
Tenía cabello negro como la noche, recogido en una coleta baja, ojos negro azulado y piel pálida. Era hermosa, pero su rostro aristocrático notaba preocupación al ver a la mujer que repetía la misma palabra.
-Marlene, niña… - le llamó a la más joven. Harry ladeó la cabeza, tratando de recordar de dónde escuchó ese nombre. - ¿Qué te sucede? ¿Estás bien? – al instante, sin percatarse de la presencia de los tres adolescentes, se giró detrás suyo. - ¡Arashi, cariño! – llamó en tono levemente autoritario. - ¡Ayúdame con ella! – Pidió-mandó. Al segundo, un hombre de piel trigueña, de ojos color miel y cabello platinado, se acercó con expresión serena. Al instante, tomó delicadamente por los hombros a la mujer llamada "Marlene", y la obligó a sentarse en una silla.
-Bien, bien, bien… - casi canturreó el hombre, dirigiéndose a los tres adolescentes. – Ya veo el porqué de la reacción de la pobre Mary… - miró a Harry, y luego a Kagome con un brillo travieso y con felicidad. – Déjame decirte, Harry, que eres igual a tu padre. Pero debo añadir que de seguro te pareces más a tu madre además del color de ojos. – los ojos del susodicho se agrandaron hasta tomar medidas casi insospechadas.
La mujer que trataba de tranquilizar a "Mary", miró de reojo hacia donde Harry estaba. Sonrió, dando a entender que concordaba con su pareja.
-Y yo puedo decir que la pequeña Kagome se parece mucho a Yusuke, solo que debe de tener una propia personalidad fomentada hace muchos años. – añadió ella.
-Así es, Misao. – rio el hombre llamado Arashi. Tanto Harry como Kagome dieron un paso atrás, extrañados y desconfiados (de parte de Kagome, muy incómoda, como si los hubiese visto en alguna parte).
-¡Hasta que al fin llegan! – exclamó la voz de Sirius, pasando rápidamente entre su ahijado y su "sobrina", poniéndose al lado de Arashi y rodeándolo con un brazo. Miró en dirección a las dos mujeres- ¡Marlene! – exclamó al instante, yendo hacia la mencionada, y que hiciera que su ahijado se acordara de dónde conocía el nombre.
-La esposa de Sirius… - susurró él para las dos jóvenes. Tanto la Miko como la castaña se tranquilizaron, relajándose.
-¡Ane-hue! – Kagome volteó el rostro, viendo como Sota llegaba corriendo, seguido de su madre. - ¡Ane-hue!
-Vaya… - comentó Naomi al ver el semblante de Marlene. – Sí que le afectó. – soltó un suspiro pesado, y fue hacia la mujer Misao a saludarla, no antes, siendo levantada por el compañero de esta última, a modo saludo. - ¡Yo también me alegro de verte, Arashi, pero bájame! – rio la mujer. Las mujeres se saludaron emocionadas, mientras que los hermanos Higurashi, Harry y Hermione los seguían con la mirada, sin entender nada.
-Mamá… - llamó Kagome, casi exasperada. - ¿Podrías...?
-¡Sí! – una vez que Marlene se tranquilizó, Naomi se paró entre los nuevos y sus hijos con sus ojos brillando. – Arashi y Misao Inouto. – presentó con simpleza. – Marlene McKinnon de Black, de los tres oyeron hablar. – ante eso, todos, menos Hermione, asintieron. – Amigos de Hogwarts.
-Ante lo que comentaron Misao y Arashi anteriormente… - Marlene volvió a hablar con voz un tanto conmocionada y apagada, siendo rodeada por el brazo de Sirius. – tienen razón. Kagome tiene el cabello de Yusuke y Harry es tan tranquilo como Lily. – y compuso una mueca de melancolía, mientras que los mencionados se removían incómodos. – Pero el pequeño Sota es igual a ti, Naomi. – esbozó una sonrisa sincera, mientras que Sota se ruborizaba.
-Propongo una reunión de emergencia. – dijo, al segundo, Misao Inouto. Los adultos la miraron con sonrisas. –En casa de Naomi porque la nuestra está cerrada temporalmente. – balanceó su cabeza de lado a lado.
-Está bien. – la matriarca Higurashi le dirigió una sonrisa. – Traje un poco de té de hierbas caseras que traje de Japón. – y, junto con Misao, suspiraron soñadoramente.
-No sé yo, pero prefiero un café. – murmuraron Arashi, Sirius y Kagome, para risa de las tres mujeres mayores y confusión de los demás. – Igual a Yusuke… - comentaron los primeros con nostalgia y diversión.
Kagome se ruborizo, esbozando una sonrisa.
Nota de la Autora:
¡Tadaima! (Que bien que me esta yendo, merlín santo con todo esto!)
#Primero y principal, quiero recalcar que si tienen alguna duda me la escriben en un review o me mandan un PM.
#Segundo y... no se si tan principal... sé que hay algunos puntos no aclarados todavía, pero por eso recalco el primer punto, para poder arreglarlo más adelante y , bla, bla, bla. Me arreglaré como pueda.
#Tercero, me voy a esforzar en estos días hasta el sábado para terminarles de escribir el siguiente capítulo, porque me tengo que poner a estudiar para el martes que tengo un "simulacro de examen" para el seis de agosto. (Historia Argentina desde el siglo XVII hasta 1930, me mata T.T)
#Cuarto: gracias a "Maria" por el review-guest, ¡Ya leíste la carta de Sesshomarû!; y gracias a Mariana por el otro review-guest.
¡Me gustan los reviews que contengan críticas largas y puedan influir para mejorar al escribir!
Si me sincero, es que con un "Sigue, por favor", no me basta.
¡Necesito más! Yo no obligo a nadie a comentar en los capítulos. Pero, ¡Quiero que mi ánimo suba hasta el tope al leer los reviews! Pero eso no significa que desvalore a los cortitos "Sigue, por favor". Ese review hace que yo note que leen la historia, y que, de algún modo (creo yo), les gusta.
Mierda, ya les aburrí con tanta charla.
Mejor los dejo para que sigan con lo suyo.
Besos de
~Serenity94
