Una vez más, muchas gracias por vuestros reviews (los contestaré individualmente al final del capítulo) :) También a quienes seguís el fic! He aquí el capítulo 4. Sé que que el fic ha ido muy lento hasta ahora, pero creo que con este se acaban los capítulos introductorios :)

Capítulo 4

Magnus no tardó mucho en aparecer. Se deslizó elegantemente en la silla junto a Alec, hasta quedar sentado a su lado. Sobresaltado, aún si lo esperaba, Alec se echó un poco hacia el lado contrario, intentando recuperar su espacio vital. Lo miró entonces, encontrándose con la media sonrisa de su compañero. Estaba, obviamente, muy diferente a la noche del sábado. Ya no había maquillaje en su cara (no tanto, desde luego, apenas una raya azul oscuro que delineaba sus ojos) y vestía con ropa menos llamativa, unos vaqueros negros y una camisa roja que dejaba al descubierto su cuello y parte de su pecho por los tres primeros botones abiertos.

—Hola –lo saludó Magnus con aquel acento cantarín-. Creía que me estabas dando largas para no verme. ¿Siempre comes aquí?

—Oh, no… Solo hoy –respondió Alec con sequedad.

Nunca había sido muy sociable, y debía admitir que la gente, por norma general, no le gustaba. Pero no recordaba que se pusiera tan nervioso ante la presencia de los demás. No tenía la seguridad en sí mismo de la que Isabelle hacía gala, desde luego, pero tampoco era un ser indefenso ante el resto del mundo. Aquella era una reacción absurda y ridícula que solo Magnus provocaba, lo cual no ayudaba para sentirse un poco más confiado cerca de él.

—¿Te importa si te hago compañía?

Alec se encogió de hombros por toda respuesta, concentrándose en el tupper de comida que había dejado sobre la mesa. Magnus, en cambio, no dejaba de mirarlo y no parecía tener reales intenciones de comer algo. Incómodo ante su exhaustiva mirada, Alec volvió a mirarlo también.

—Creía que estaba prohibido comer en la biblioteca –susurró Magnus acercándose a él.

—Lo está, pero solo si tienes libros delante o si está muy llena.

—Pero puedes manchar la mesa y poner un libro sobre ella después. ¿No sería lo mismo?

—Nadie se sienta en una mesa sucia –replicó Alec. ¿De verdad estaban teniendo aquella conversación?

—De todos modos, ¿por qué no comemos en otra parte?

—Yo… yo prefiero quedarme aquí –respondió Alec en un murmullo.

Magnus arrastró un poco la silla junto a él, arrebatándole de nuevo el espacio que había intentado adquirir ante su llegada. Alec se concentró en la comida aún intacta cuando sintió el aliento del otro acariciando su cuello.

—¿Me tienes miedo o algo parecido? –preguntó Magnus muy serio.

Alec rió, tratando de tomarse aquello a broma. O, al menos, queriendo aparentarlo. Volvió a mirarlo, arrepintiéndose enseguida al encontrarlo demasiado cerca. Los rasgados ojos de Magnus se clavaban con intensidad en los suyos, como si pudiera ver a través de ellos. O, en el mejor de los casos, como si lo intentara. Y a pesar de lo tenso que estaba, a pesar de que creía que realmente podía inspeccionar su interior profundamente, Alec era incapaz de retirar los ojos de los contrarios, tan sumergido en ellos como asustado.

—Claro que no –respondió con voz temblorosa, desacreditando sus propias palabras.

—No hay motivo para ello… -afirmó Magnus acercándose un poco más.

No había dejado de sonreír y seguía hablando de aquella forma embaucadora. Su cercanía era como un hechizo del que era imposible desprenderse. Sus ojos lo tenían atrapado. Y su voz lo afianzaba junto a él. Su cuerpo no le respondía y su mente no quería funcionar. Solo sentía su respiración sobre la propia, y sus labios, tan cerca, que si volvía a hablar, estaba seguro de que acariciarían los suyos.

—¡Alec, estabas aquí!

El encanto fue roto por la voz de Jace. Alec se levantó con torpeza para apartarse de Magnus, provocando un estrepitoso ruido que hizo que Simon y Clary, aún un par de mesas más allá, levantaran las cabezas de sus libros para mirarlo.

Jace avanzó sonriente ante ellos, no sin echar una mirada recriminatoria a la chica pelirroja. Magnus, más calmado, se acomodó en su sitio y miró a Jace cuando se detuvo frente a ellos.

—Oh, hola, Magnus –dijo Jace alegremente-. ¿Qué hacéis aquí los dos? –Miró a Alec con una ceja alzada-. Creía que no os conocíais.

—Tuvimos el honor en mi última fiesta –explicó Magnus tranquilamente-. Debo agradecerte que lo invitaras.

—Bueno, apenas intercambiamos un par de palabras –intervino Alec avergonzado, como si hubiera sido pillado haciendo algo muy malo.

—No fue una tarea fácil –replicó Jace, ignorando a su amigo-. Así que deberías invitarme a la próxima si de verdad quieres agradecérmelo.

—Eso está hecho. –Magnus se levantó-. De hecho, he venido para invitar a Alexander este fin de semana. –Sacó un pequeño papel doblado del bolsillo-. Pero puedes quedártela tú –añadió tendiéndola hacia Jace-. Mañana te traeré la tuya –concluyó mirando de nuevo a Alec y sonriendo con intención.

¿Esa sería su excusa para volver a encontrarse?

—No es necesario –dijo Alec encogiéndose de hombros-. No iré de todos modos.

—Bueno, por si cambias de idea… Vuelvo a clase, nos vemos.

—¡Gracias! –exclamó Jace mientras Magnus se alejaba. Una vez perdido de vista, se sentó junto a Alec y sonrió de oreja a oreja-. No me has contado que os hicisteis amigos.

—No he tenido tiempo, no dejabas de quejarte de esa chica –replicó Alec señalando a la pelirroja con la cabeza. Resopló cuando Jace también perdió la mirada en ella-. Además, no era nada importante.

—Es Magnus Bane, claro que es importante.

—No para mí.

—Bueno, entiendo que teniendo un amigo como yo todo lo demás es insignificante –bromeó Jace, aunque quizás no bromeaba en absoluto. Rodeó los hombros de Alec y rió en su oído-. Tienes que venir, te prometo que te lo pasarás bien.

—Apenas me he recuperado del dolor de cabeza del sábado –espetó Alec zafándose del brazo de su amigo. No dejaría que lo convenciera de nuevo-. ¿Cómo puede Magnus estar pensando ya en organizar una fiesta nueva?

—Vive para ello, es normal que haya repetido dos veces.

—¿Es dos años mayor que nosotros? –se sorprendió Alec.

—O más. –Jace se encogió de hombros-. Tú piénsatelo, ¿eh? Vas a ser invitado por el anfitrión, eso es todo un lujo.

—Tú también.

—Pero en mí es normal, soy Jace Wayland, todo el mundo me ama. –Se levantó, resuelto, como si acabara de enunciar una verdad universal-. Volvamos a clase, me estoy poniendo enfermo.

Queriendo o no, desvió la mirada hacia Clary y Simon, y Alec se preguntó cómo habría sido su encuentro con la muchacha para que le hubiera afectado tanto. Era cierto que no muchas chicas, por no decir ninguna, le habían rechazado. Pero empezaba a creer que no se trataba solo de una cuestión de ego.

Como buen bocazas que era, Jace le contó a Isabelle lo que había ocurrido en la biblioteca, así que Alec tuvo que aguantar durante el camino a casa, una vez que se habían despedido de su amigo, las pullitas y bromas de su hermana que, para cuando llegaron, ya había organizado su boda y se había autoproclamado como madrina.

Y supo, al día siguiente, que no sería mucho mejor que el anterior cuando vio que Magnus lo esperaba frente a su aula. Jace, con quien se había encontrado de camino al instituto, le dio un codazo y él se espantó ante el gesto. Era algo que Isabelle haría para burlarse de él, como diciendo "te está esperando tu amor". Pero Jace no debería saberlo, ni siquiera podía intuir nada de aquello.

Para empezar, ¿cómo demonios había averiguado Magnus dónde daba clase?

Jace saludó escuetamente a Magnus, pero entró en la clase sin detenerse a hablar con él. La sonrisa del mayor dirigida a Alec fue suficiente para que él se detuviera, no sin antes comprobar que no había mucha gente a su alrededor. No conocía a Magnus realmente, pero él había dejado sus intenciones muy claras desde el primer momento.

—Buenos días, Alexander –saludó Magnus con su habitual desparpajo-. Te he traído la entrada para mi fiesta del fin de semana.

—Ya te dije que-

—Ya, y ya te dije que espero que cambies de opinión. –Le dio un papelito doblado por la mitad. Y Alec lo cogió resignado, dibujando una sonrisa en el rostro de Magnus solo con eso-. Gracias.

Distraído, Alec abrió la entrada, que era exactamente igual a la de Jace, por supuesto.

—¿Prometes que te lo pensarás?

—Sí, de acuerdo.

—Con eso me conformo por ahora.

Se despegó de la pared donde estaba apoyado y apoyó una mano en el hombro de Alec, sobresaltándolo y situándose a su lado.

—Y relájate, eres demasiado obvio. –Lo soltó, y Alec lo miró confundido. Magnus sonrió, señalándole con la cabeza el interior del aula.

Antes de que pudiera preguntar algo más, Magnus avanzó por el pasillo y se alejó de él. De todas formas, sabía a qué se estaba refiriendo y eso le produjo un doloroso escalofrío. De un modo inexplicable, Magnus parecía estar averiguando cada uno de sus secretos. Incluso sus sentimientos por Jace, esos que tanto había tratado de esconder hasta de sí mismo.

La semana pasó mucho más rápido de lo que había imaginado. Pensaba que podría tomarse las cosas con calma y decidir tranquilamente si acudía a la fiesta o no. El "no" ganaba al principio, pero la insistencia de Isabelle y Jace empezó a resultar tan molesta que finalmente volvió a decir que sí sin darse cuenta.

Al menos, esa era la excusa que se daba a sí mismo mientras se contemplaba al espejo antes de dirigirse a la dichosa fiesta. Isabelle le había recomendado unos vaqueros negros rotos por las rodillas, una camiseta blanca sin ningún tipo de adorno y una chaqueta de cuero negra, a juego con los pantalones. También se había empeñado en peinarlo y Alec había dejado que hiciera lo que le diera la gana. A estas alturas, discutir con su hermana pequeña no tenía sentido.

Se había arrepentido a lo largo de toda la semana, y aún sentía que estaba a tiempo de dar marcha atrás. Ni siquiera le había asegurado a Magnus que iría. No lo había vuelto a ver, aunque habían intercambiado cortos mensajes. Todos los días, Magnus le preguntaba qué tal estaba. Alec le contestaba secamente. Y él seguía con la conversación como si le hubiera contado algo fascinante. Sorprendido por su capacidad para hablar, Alec se encontró respondiendo sus mensajes y esperándolos casi con impaciencia. Por eso, de alguna manera, sabía que iría a la fiesta… aún si no dejaba de renegar de ella.

Con Isabelle enganchada a su brazo, abandonó la casa tras despedirse de sus padres y Max. Jace los esperaba apoyado sobre la moto que no solía usar muy a menudo, porque solía beber el suficiente alcohol como para que lo multaran o tuviera un accidente.

—¿Quién viene conmigo? –preguntó Jace.

—¿No vas a beber? –ironizó Alec.

—Claro que sí –rió Jace.

—¿Qué haces con eso entonces?

—Oh, ¿no lo sabe?

Isabelle rió también de forma cantarina, se soltó de su hermano y corrió hasta Jace admirando la moto. Alec había reaccionado igual cuando la había visto por primera vez, tan nueva y brillante. Jace ni siquiera había pasado por su casa tras comprarla, sino que lo había recogido para dar una vuelta juntos. Desde entonces, solo la había usado un par de veces.

—Bueno, si no quieres, ya voy yo con Jace –resolvió Isabelle.

—¿Vais a dejarme solo?

—Seguro que Magnus está encantado de recibirte –bromeó su hermana.

—¿Y qué es eso que no sé? –inquirió Alec intentando ocultar el rubor de sus mejillas.

Isabelle se colocó el casco rápidamente y subió tras Jace, encaramándose a su cintura para sujetarse. Los dos rieron, y sus risas se perdieron en el aire cuando el rubio arrancó. La moto resonó en la oscuridad y los faros de la misma avanzaron con rapidez hacia la inmensidad de la noche.

Anonadado, Alec contempló la carretera por la que habían desaparecido. Maldijo entre dientes y comenzó el camino, aunque no sabía muy bien adónde se dirigía. Sacó la entrada para asegurarse de la dirección, prestándole real atención por primera vez en ese momento. Y entonces vio lo que Jace e Isabelle le ocultaban:

48 horas de fiesta continuada.

La magia durará todo el fin de semana.

...

DaniBeltran28: Cuando empecé a leer el libro y vi que describían a Magnus súper alto, me hizo mucha gracia porque yo sigo imaginándolo como Harry, para mí seguirá siendo Magnus jaja. Em y Matt son maravillosos, junto a Harry, son mis tres favoritos del cast ^^

xunbrokenlovex: Me alegro mucho de que te guste. ¡Gracias a ti por leer!

Janusa: Muchas gracias por tu review, no te preocupes por la extensión :) Mi miedo haciendo AU (y cualquier fic en general) siempre es que los personajes no se parezcan a los del original, pero me alegra que sí creas que lo son :) Yo estoy acabando ahora mismo el tercero y sí, me doy cuenta de que es una adaptación bastante libre, también sospechaba que no habría boda, lo cual me duele en el alma por el maravilloso momento que vamos a perdernos XD. Creo que ese capítulo fue uno de los favoritos de la gran mayoría de los seguidores de la serie jajaja. La verdad es que, por ahora, solo estoy haciendo el punto de vista de Alec, aunque sí es cierto que se deja entrever algo de los demás. Oh, dios, los ojos de Matthew son los más hermosos que he visto nunca, así que se le perdona que no sea completamente Alec *fangirlea también*. No sé si te respondí todo lo que quería, pero muchas gracias de nuevo! :)

Helidra1: Oh, sí, yo no lo habría sabido decir tan bien como tú. "Alec es de todos, pero Alexander es solo suyo". Me ha encantado esa descripción :) Sé que te decepcionará la escena de la biblioteca jajaja, espero que no te hicieras muchas expectativas, pero a partir de ahora habrá más acción, lo prometo :)

¡Nos leemos en el siguiente!