Hay un dicho polaco que dice: 'Gdzie diabel nie może, tam babę pośle.' Que se traduce en: 'Cuando el diablo es incapaz de hacer algo, envía a una mujer a hacer el trabajo.'

Bien, mis queridos lectores… ¿Creen que Annie logró convencer a nuestro querido felino rubio para que al fin hiciera las cosas bien? Vamos a averiguarlo…

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CAPITULO CUATRO: LOS DESTELLOS

Chicago, 24 de julio de 1922

Qué día, pensó Candy, retirándose del hospital, ¡No he cenado otra vez!

Estaba caminando por la calle cuando desde atrás, el sonido de la bocina de un carro hizo que se diera la vuelta.

"Súbete, te llevaré." Escuchó y para su alivio reconoció la voz de Albert. "Te ves cansada." Él agregó en cuanto se sentó al lado de él.

"¡Lo estoy! Casi no puedo sentir mis piernas. ¡Hey!" gritó cuando él giró el carro U y aceleró como poseído. "Albert, ¿Qué estás haciendo? ¡Mi casa queda por allá!"

"Te estoy secuestrando." Le guiñó un ojo.

"¿Qué estás haciendo qué cosa?"

"Te estoy secuestrando." Repitió. "¡Agárrate fuerte!"

"Albert, ¿Qué sucede? ¿A dónde me llevas?"

"Ya verás." Albert sonrió enigmáticamente.

"¡Pero ya está anocheciendo!"

"Y ese es el punto."

Albert condujo a lo largo de la 22° Calle Oeste, dejando el hospital y el Parque Douglas [1] detrás de ellos y ella pensó por un instante que él la estaba llevando a la mansión. Pero estaba equivocada; cuando llegó a la conocida intersección con el Boulevard Avenida Michigan [2], la ruta más rápida hacia la residencia familiar, en lugar de virar hacia la derecha lo hizo hacia la izquierda, dirigiéndose hacia el norte. Perpleja, observó cómo cruzaban el río Chicago y se dirigían hacia la Calzada Lake Shore [3]. Pasaron por el Embarcadero Municipal [4], el Parque Lincoln y no parecía que fueran a detenerse pronto. Ella no tenía ni la más remota idea de lo que él tenía en mente; cuando le preguntó hacia donde se dirigían, su única respuesta acompañada con una misteriosa sonrisa fue: "¿Alguna vez escuchaste que la curiosidad mató al gato?"

Cuando la Calzada Lake Shore Norte acabó, entraron en la Calle Sheridan. A medida que pasaron tres cementerios, uno por uno: Graceland, San Bonifacio y Calvario y luego la Universidad de North-Western, ella le preguntó otra vez sobre sus planes pero esta vez, él solamente respondió con una sonrisa.

Las afueras de la ciudad, con muchas obras en construcción y edificios aún no habitados, en realidad no era una zona acogedora ni siquiera a la luz del día y ahora, por la noche y sin luz, era aún más espeluznante. Él aún permanecía en silencio y esto estaba perturbándola pero una cosa sabía: lo que fuera que estuviera dañado entre ellos, no importaba cuanto se hubieran herido mutuamente, seguía siendo él y él nunca le dio una razón ni siquiera como para temerle un poco. Y no le temía; sola estaba terriblemente curiosa, porque a pesar de la complicada situación entre ellos, él la estaba llevando a un paseo muy tarde por la noche… y feliz, feliz por tener esta inesperada oportunidad por pasar algún tiempo con él. ¿Tal vez conseguiría por fin iniciar la conversación por la que ella había esperado ya por mucho tiempo…?

Cuando iban más allá de los límites de la ciudad, Albert sacó el carro de la carretera principal rumbo a la orilla del Lago Michigan y se detuvo en una playa desolada. "Todavía tenemos que esperar un poco." Ella escuchó. Estas eran las primeras palabras que el pronunció en los últimos quince minutos. "Afortunadamente llegamos justo a tiempo. Y para nuestra suerte, no hay nubes. Por el momento, come algo si deseas." Agregó. Estiró el brazo hacia el asiento trasero, halando de allí una pequeña cesta y se la dio a ella. "Apuesto que tienes hambre."

"No, no tengo…" protestó automáticamente.

Y, como si no hubiera habido un mejor momento para traicionarla, este lo fue; su estómago rugió y el sonido fue tan fuerte que ella no tuvo ninguna duda que él también lo había escuchado. Se sonrojó, siendo atrapada en una obvia mentira y solo esperaba que la oscuridad que los rodeaba, ocultara la intensidad de su rubor para que él no lo notara. ¿Por qué es tan importante de repente no parecer tonta delante de él? Se dijo avergonzada.

"Claro que no tienes hambre." Dijo él, evidentemente divertido y ella se sonrojó aún más. "Vamos. Hannah hizo tu pie favorito."

Ella se rindió y comió en silencio. No tenía sentido negarlo; tenía tanta hambre que a pesar de que trató de comer despacio, no le tomo ni siquiera cinco minutos para vaciar toda la cesta. Pero a pesar de estar en silencio, por dentro estaba gritando de impotencia. ¿Cómo podría empezar a hablar de cosas serias como sentimientos, cuando su estómago rugía?

"No tienes hambre, ¿eh? Iba a comer contigo pero veo que no tuve oportunidad para empezar a hacerlo." La molestó cuando ella puso la cesta entre los asientos. "Hey, solo estaba bromeando, yo ya había comido." Agregó rápidamente cuando ella lo miró avergonzada. Luego, él apartó su mirada y miró su reloj de pulsera. "Bien, en cualquier momento…" murmuró, abriendo la puerta de su lado. "Sal del carro. Así tendrás una mejor vista."

Ella obedeció pero no pudo contener su curiosidad por más tiempo. "¿Una mejor vista en la noche? Albert, ¿Qué estamos haciendo aquí? ¿Qué es lo que estamos esperando?"

Albert se puso a su lado y le hizo señas para que mirara hacia el lago. "No preguntes, Señorita Curiosidad, ¡solamente observa!" dijo y señaló hacia arriba.

La inmensa negrura del cielo de la noche con sus estrellas y la tenue luna creciente, era algo hermoso pero no era algo que ella no hubiera visto antes. No había nada fuera de lo común, salvo por un excepcional cielo despejado tanto que ella se preguntó si eso era suficientemente especial como para observarlo. Y entonces, después de un par de minutos más de espera y de estar especulando, sucedió.

El cielo repentinamente se iluminó por un largo hilo de luz plateado y volvió a oscurecerse. Entonces sucedió otra vez y luego otra vez hasta que sin previo aviso, más y más explosiones de luz irrumpieron simultáneamente a través del cielo nocturno, corriendo en todas direcciones. No había ruido, los destellos continuaron cayendo en absoluto silencio, interrumpidos solamente por el sonido del agua rompiendo contra la costa a pocos metros de ellos. Oh si, por ese tipo de vista sin duda valía la pena venir aquí, ¡aunque fuera tan tarde!

"¿Te gustan?" él preguntó sin mirarla.

"¡Oh, sí! Espera," agregó rápidamente, recordando algo. "¡Creo que sé lo que son! Nunca había tenido la oportunidad de verlas pero estoy bastante segura que son estrellas fugaces… porque lo son, ¿no es así?" preguntó, pero él no tuvo tiempo de confirmar si ella estaba equivocada o en lo correcto ya que Candy sin siquiera dar una leve pausa continuó con entusiasmo, "He oído que vuelven todos los años, pero que no necesariamente son visibles desde un lugar específico de la Tierra. Incluso recuerdo que son llamadas… como era… ¿Perseas?... ¿Perseinas?" hizo una pausa e intentó de nuevo, frunciendo el ceño. "Emmm… ¿Perseidas?"

"Si, Perseidas." Él suspiró en la oscuridad y otra vez, ella percibió un atisbo de diversión en su voz, "Gracias por la lección, que se suponía iba a ser mi parte… Debí haber recordado tu capacidad para echar a perder la sorpresa…" murmuró y volvió a suspirar. "De todas formas, si por casualidad me permitieras continuar a partir de ahora, solo puedo agregar que no son exactamente estrellas. El nombre correcto de este fenómeno es en realidad 'Lluvia de Meteoritos' y son escombros cósmicos, ni más ni menos, que se queman al entrar en la atmósfera de la Tierra."

"Claro, pero sea lo que sean, estoy segura que el primer nombre, 'estrellas fugaces', ¡no fue dado sin una razón…!" Candy se encogió cuando una de las estrellas salió disparada más cerca y más rápido que las demás, "Son tan brillantes como si estuvieran encima de nosotros… ¿Van a caernos encima?"

"¿Realmente crees que estaría parado aquí, estoicamente observando cómo se acerca el Apocalipsis?" respondió con una pregunta. "No te preocupes; ellas se vaporizan muy alto por encima de nosotros y si algo alcanzara la superficie terrestre, sería solamente polvo o pequeños fragmentos de meteoritos."

¡Uf!" Candy suspiró de manera melodramática, "Es bueno saber que tengo la oportunidad de envejecer… ¿Pero qué hay con la cola?" retomó el tema señalando uno de los meteoritos. "¿Qué es eso?"

"Ajá, ¿Así que después de todo hay algo que me queda por explicar? Gracias…" sonrió burlonamente. "Verás, Señorita Curiosidad, cuanto mayor sea la velocidad, se iluminan más al quemarse y debes saber que vuelan a una velocidad que ni siquiera podemos imaginar. Es por eso que son tan brillantes. Y esta cola no es nada más que un rayo de luz que queda atrás cuando entran en la atmósfera."

Candy lo miró y se mordió la comisura de su labio inferior como siempre lo hacía cuando estaba pensando detenidamente sobre algo. Y en efecto, una idea estaba carcomiendo su camino en su mente. "¡Ya sé! Como… ¡como destellos detrás de la abrasadora antorcha cuando la mueves!" hizo la comparación.

"¡Exactamente!"

Feliz con su acertada conclusión, ella asintió.

"¿Cómo sabías todo eso acerca de ellas?"

"Hablé con un profesor en la Universidad y él me dijo para cuando estaban pronosticadas. Yo solamente escogí el lugar correcto. Pero Candy…" él hizo una pausa cuando la vio temblar. "Es de noche y solo llevas puesto un ligero vestido. Debes tener frío…" Sacó un tibio tartán tejido de atrás del asiento de ella y se lo dio. "Toma…"

Candy se cubrió pero el tartán era bastante pesado y seguía deslizándose por sus hombros. Él debió haberse dado cuenta de eso porque ella sintió como su mano, envolvía la tela escocesa apretadamente alrededor de ella. Si ella estaba sorprendida por esta actitud, lo ocultó muy bien. Pero no pudo ocultar su sorpresa cuando el brazo de él descansó sobre su hombro y permaneció allí como si fuera la cosa más natural del mundo.

"¿Mejor?" ella lo escuchó.

Lo miró pero él no le devolvió la mirada, aún concentrado en el maravilloso espectáculo en el cielo.

"Mucho mejor, gracias." Respondió. ¿Qué es lo que está pasando aquí…?

Y permanecieron allí por algún tiempo sin decir una sola palabra. Ella dejó de preguntarse sobre el comportamiento de él y en lugar de eso, simplemente disfrutó del momento. ¡Se sentía tan bien estar entre sus brazos! Era tan natural, tan seguro y tan… dulce… había anhelado esto por tanto tiempo y ahora todo lo que ella deseaba era ¡quedarse así por siempre!

Entonces ella se dio cuenta que su brazo se había movido más arriba de su espalda y que sus dedos habían empezado a acariciar lentamente su cuello. Esta caricia era casi imperceptible, sin embargo tan íntima que ella sintió como una cálida oleada de deseo envolvía su cuerpo lenta y gradualmente. Ella se estremeció; él percibió eso pero no retiró su mano.

"¿Quieres que me detenga?" preguntó él.

"No…" ella susurró, "No lo hagas…"

Y él no lo hizo. Movió su mano lentamente más arriba, pasó sus dedos por sus cabellos y acarició su oreja. Su mano deambuló en el arco de su cuello y cuando finalmente descansó sobre su clavícula… ella se puso tensa y se deslizó fuera de sus brazos. Y en la ausencia de su brazo, Candy sintió como el tartán se resbalaba de sus hombros otra vez. Cayó sobre la grama antes que ella tuviera tiempo de agarrarlo.

"Perdóname." Dijo secamente Albert girando la cabeza hacia otro lado ni siquiera tratando de ocultar su insulto. "¡Fue un error!" ¿En qué estaba pensando? Se dijo, sintiendo como una amarga decepción llenaba su corazón.

Candy se quedó allí, incapaz de pronunciar una palabra. Oh, no, no, ¡Él no lo entendió! Ella se alejó porque su cuerpo respondió a sus caricias con una fuerza que le daba miedo. ¿Cómo podía decirle lo que me estaba haciendo? Se dijo. ¡Dile, dile algo, antes de que sea demasiado tarde! Le gritó una pequeña voz en su cabeza.

"No es lo que tú crees, Albert…" empezó. No, eso no se oyó bien. ¡Vamos, Candy, adelante! Suplicó la voz "Tú solo… me sorprendiste…" No. Te equivocaste de nuevo. Él ni siquiera la miró. "Pensé que nunca sentiría algo como eso…"

Por fin… Se volvió hacia ella. "¿Eso es todo?"

"¿Qué quieres que te diga?" estalló repentinamente "¿Cómo puedo comunicarme contigo si tú estás escondiéndote de mí?"

"¡Tú tampoco estas siendo completamente honesta conmigo!" le replicó.

Todo estaba tan agradable al principio; ¿En dónde está esa cálida atmósfera ahora? Se quejó consigo misma. Siempre y cuando estemos hablando sobre cosas neutrales, todo pareciera como si nada hubiera cambiado, pero tan pronto como tocamos algo personal… ¿Qué pasó con nuestra confianza? ¡Solíamos compartirlo todo…! ¡No, no, no! Otra voz gritó. T ú eras la que compartía y hablaba; él siempre estuvo escuchando, dándote consejos pero ¡apenas decía algo sobre él!

Candy se quedó quieta, inmóvil. El frío aire que rodeaba sus brazos desnudos hizo que su piel se apretara y con ello se le puso la piel de gallina de nuevo pero ni siquiera se dio cuenta de esto, estaba tan concentrada en su epifanía. Acababa de darse cuenta que este hombre seductor y aparentemente abierto que estaba parado frente a ella, era como un gran misterio para ella y no lo conocía en absoluto. Probablemente nunca lo había conocido en el pasado… y eso dolía un poco.

"Pero quiero serlo." Dijo en voz baja. Quiero ser honesta y quiero conocerte… "Me perdí a mí misma en alguna parte… creo que ambos estamos perdidos…"

Albert pareció relajarse un poco. "Candy, creo que definitivamente necesitamos hablar."

"Te debo eso, lo sé."

"No me debes nada. Pero necesitamos explicar muchas cosas…"

"Lo sé." Repitió.

"…pero no ahora." Él finalizó. "Ya es bastante tarde y tú debes descansar. Sería negligente de mi parte mantenerte despierta por mucho tiempo."

"Hey, ¿No debería yo decidir a qué hora me voy a la cama?" protestó sorpresivamente con avidez, levantando la barbilla, "Puedo cuidarme muy bien, ya estoy grande. Tú me dijiste eso, ¿recuerdas?"

¿Lo hizo? Oh si, hace un millón de años, en su cumpleaños. Ella ya no era una niña… ¡Él sabía todo eso muy bien! ¡Ese era el origen de su dolor! Podía ver su rostro resplandeciendo bajo la tenue luz de la luna. También miró su delicada silueta, tan frágil y sin embargo, al mismo tiempo, tan fuerte y tan vivaz… Ella era una maravillosa mezcla de inocencia y madurez que sostenía con tanta fuerza e impotencia su corazón…

Annie tenía razón, hay algo diferente en Candy pero aun así queda un largo camino por recorrer… se dijo, esto no es ni siquiera el principio… luchando contra su debilidad, una vez más levantó un muro contra la marea de emociones que inundaban su alma. Después de todo lo que había pasado, temía tener esperanza.

"Si, ya eres una persona adulta pero aun así los adultos necesitan descansar." Dijo, tratando de hacer lo mejor que podía para que su voz sonara normal. Se agachó, recogió el olvidado tartán y se lo dio a ella. "Vámonos, ¿quieres?"

La noche estaba oscura, así que condujo con cautela voltear a verla y solo cuando finalmente llegaron a los límites de la ciudad y las lámparas de la calle le brindaron suficiente luz, se sintió más seguro. Solía encontrar su camino alrededor de la casi y total oscuridad pero eso era cuando iba a pie. Conducir era otra historia. Después de un año de andar casi solo a pie o en una silla de montar, se sintió un poco extraño estando otra vez detrás del volante.

Candy había estado extrañamente callada desde que habían dejado la playa y temía que él fuera el causante de ello. Finalmente, mientras la carretera se habría paso delante de ellos, sintió que solo entonces era seguro mirarla. Y una rápida mirada fue suficiente para comprender su silencio; estaba dormida.

Albert negó con la cabeza, asombrándose por su negligencia. Si estos pocos minutos de estar conduciendo por un camino lleno de baches entre los campos fueron suficientes para hacerla sentir somnolienta, quería decir que estaba más cansada de lo que quería admitir. Tan típico de ella, pensó. Debí haber recordado lo testaruda que es cuando se trata de ocultar su cansancio. Necesitamos hablar pero haberla llevado a una pequeña cita bajo las estrellas fugaces, no fue la mejor manera de hacer las cosas de manera correcta. Y aunque esa atmósfera entre nosotros parecía agradable e incluso un poco romántica por un instante, solo era fachada engañosa. Rasguña la superficie y… No, no podemos seguir actuando como si el año pasado nunca sucedió. Si Annie tiene razón, si en realidad hay una oportunidad para empezar de nuevo, solamente será posible explicando todo primero. Necesitamos hablar pero no debemos hacerlo apresuradamente. Y definitivamente no cuando ella está tan cansada…

Tenían unos veinte minutos de camino por delante y él no vio la necesidad de despertarla. Condujo, parcialmente concentrado en la carretera, parcialmente escuchando su lenta y tranquila respiración y parcialmente en sus pensamientos. Su mente seguía imaginando nuevas posibilidades, él seguía considerando, rechazando y reconsiderando un poco más y para el momento que se detuvieron frente a la casa de ella, ya sabía que era lo que tenía que hacer.

No pudo evitar mirarla una vez más. Ella dormía envuelta en el tartán, con la cabeza ligeramente hacia un lado y su rostro parcialmente cubierto por su rubio cabello. Antes de darse cuenta de lo que hacía, estiró su mano hacia su mejilla para mover hacia un lado algunos de sus rizos. Ahora tenía una vista completa de sus bien formados labios, ligeramente entre abiertos. ¡Esa forma lo había estado persiguiendo por tanto tiempo…! A pesar del tiempo que había transcurrido, todavía recordaba como sabían y como se sintió él al probarlos…

¡No! Justo antes que sus dedos alcanzaran sus labios, retiró su mano rápidamente, como si la piel de ella pudiera quemarlo. Apartó la mirada e inhaló profundamente, necesitaba calmarse y despejar su mente. Todo tiene su tiempo.

Albert salió del carro y se dirigió hacia el lado del pasajero. Abrió la puerta y suavemente tocó su brazo. Ella no se movió y él repitió el movimiento solo que esta vez con más firmeza. Ella parpadeó por fin y abrió los ojos.

"Vamos, dormilona, te llevaré arriba." Dijo.

Ella no se resistió cuando él la tomó por el brazo y esto fue suficiente para que se diera cuenta que ella debió haber estado más exhausta de lo que él había pensado. "Ya no eres más una niña, pero en realidad siento que debería halarte de las orejas." Dijo cuando llegaron finalmente llegaron hasta la puerta. "Trabajas demasiado y no comes adecuadamente."

"No es nada, estoy bien…" intentó protestar pero sonó débil. "Dormiré algo y por la mañana estaré como nueva."

"No estoy seguro de eso." Dijo seriamente. "Buenas noches, Candy."

"Buenas noches, Albert. Y…" hizo una pausa y sonrió levemente, "…gracias por secuestrarme."

O O O

"Cuatro días, es lo más que puedo hacer por el momento. Con todo respeto, estamos verdaderamente ocupados." Dijo el director a su visitante.

"Debería ser suficiente. Lamento haber tenido que molestarlo por esto pero era necesario. Es un asunto familiar."

"Por supuesto, comprendo perfectamente. Pero si me permite serle sincero, señor, debo decir que el hospital se sentirá vacío. ¡Nuestros pacientes están bromeando que se enfermarían nuevamente solo para tener la oportunidad de estar bajo el cuidado de ella!"

"Le creo. Ella siempre ha traído una gran cantidad de luz con ella." Dijo el visitante. Entonces se puso de pie, estrechó la mano del director y se dio la vuelta para salir "Ah, una cosa más: por favor infórmele sobre el descanso como parte de sus políticas. No quiero que ella se entere de nuestra conversación."

"Por supuesto, señor."

"Gracias por su cooperación."

"Siempre es un placer estar a su servicio, señor." Dijo el director a su visita y este último se dio la vuelta para irse.

Albert sonrió para sí mientras cerraba la puerta. Candy, la incorregible niña-mujer, en efecto era una adulta pero eso no importaba. Lo deseara ella o no, él después de todo había decidido cuidar de ella a la distancia…

Ella solo no tenía que saberlo.

[1] El Parque Douglas que mencioné, realmente existe en Chicago. Hay un hospital real allí sobre la parte sur de este parque y lo que es interesante, es que se llama San Anthony ;) y fue construido en 1879… así que ¿Quién sabe…?

[2] Hoy el Boulevard Avenida Michigan es conocido como Calzada Lake Shore Sur.

[3] Los orígenes de la Calzada Lake Shore se remontan a Potter Palmer, quien obligó a la ciudad para construir la calle adyacente en la parte frontal de su propiedad para elevar su valor. Palmer construyó su 'castillo' en el 1350 de la Calzada Lake Shore Norte en 1882. La calzada fue pensada originalmente para que los ricos pasearan en sus carruajes pero cuando la era del automóvil llegó, cobró un papel completamente diferente. Hoy en día la Calzada Lake Shore está dividida por el Río Chicago en dos partes: la Calzada Lake Shore Norte y la Calzada Lake Shore Sur.

[4] El Embarcadero Municipal (hoy conocido como El Embarcadero Naval) fue construido en mayo d 1914 y abrió sus puertas en 1916 para el público. En ese momento de la historia, era el embarcadero conocido más largo del mundo (1,010 metros (3,300 pies)) que se haya construido y su propósito principal era una instalación de carga para los cargueros del lago. Sin embargo, no solo se construyeron almacenes a lo largo de todo el embarcadero sino también espacios para que vapores con excursionistas atracaran y la era del pre-aire acondicionado surgió del muelle, especialmente de la punta exterior que estaba diseñada para servir como un lugar fresco para reuniones públicas y el entretenimiento. El embarcadero tenía incluso su propio tranvía. Hoy, el Embarcadero Naval de Chicago es una de las atracciones turísticas.

[5] Todos los lugares y calles descritos arriba (El Embarcadero Municipal, el Parque Lincoln, Calle Sheridan, los cementerios Graceland, San Bonifacio y Calvario y la Universidad North-Western) aún existen hoy en día bajo los mismos nombres.

O O O

Muchísimas gracias a Quevivacandy (www . fanfiction / u /4715731 / ), por traducir mi historia.