Aclaraciones para no lectoras de Lost Canvas: Soy consciente de que algunas personas (como la dulce Cyberia :3) querrán leer este fic por Shion aunque no les interese/todavía no hayan leído/no quieran hacerlo por un tema de principios/no se acuerden mucho de Lost Canvas. Por eso creo que será útil que de vez en cuando deje unas aclaraciones introductorias para que nadie necesite conocer el manga para entender. Igual les recomiendo que lo hagan, es hermoso TOT

- Por si no quedó claro en las crónicas anteriores, Hakurei es el maestro y protector de Shion. Los dos viven en Jamir presumiblemente hasta que Shion obtiene la cloth de Aries y se muda al Santuario.

- Tokusa y Yuzuriha son hermanos, ambos jamirianos. Yuzuriha es unos dos años menor que Shion y Tokusa unos cinco. En esta crónica Shion tendrá unos nueve años, Yuzuriha siete y Tokusa cuatro.

- En esta crónica aparece brevemente Aspros, el caballero dorado de Géminis.


El rumor de que podía hablar con las armaduras corrió como fuego por la región. Decían los escritos que los antiguos caballeros de Aries poseían esa habilidad, así que de pronto todo el mundo me miraba como si hubiera caído del cielo. Pronto me convertí en un claro candidato para pelear en la guerra santa.

Sin embargo, puedo decir que no nací ningún prodigio. Ser el más fuerte consumió el resto de mi niñez; me destaqué entre los demás, es cierto, pero solo a causa de las interminables horas de práctica día tras día. Y aun así, algunas veces parecía que no era suficiente.

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Era el comienzo de la temporada de lluvias y, como si estuviera atento al calendario, el cielo dejaba caer un verdadero diluvio sobre abismos y montañas. La cortina de agua no permitía ver más allá de unos pocos metros y hacía imposible cualquier tipo de desplazamiento. Por lo general hubiera sido motivo de regocijo, siendo el clima de Jamir extremadamente seco, pero en esa ocasión tres jovenzuelos veían con cierta aprensión cómo la tormenta arreciaba fuera de la sencilla morada que ocupaban. En especial el mayor, que aguardaba junto a la ventana como si aún tuviera esperanzas de ver asomar el sol.

—Quédate con nosotros, Shion. Ya voy a servir la cena, ¿pongo un plato para ti? —La pregunta provino de una mujer alta, de largo cabello lacio, que sonreía envuelta en el vapor de un enorme caldero junto a la estufa.

—Gracias, señora, pero prometí volver... —se excusó el pequeño ariano, algo incómodo. El guisado de la mamá de Yuzuriha y Tokusa olía delicioso, cien veces mejor a lo que estaba acostumbrado en su propia casa, pero si no regresaba antes de la Anoche tendría problemas con Hakurei. El viejo era bastante tolerante con todo menos con eso.

—Señor Shion, si se queda le mostraré mi colección de orugas.

—Tokusa, no molestes —reprendió una niña de unos siete años a su hermanito revoltoso. Éste la ignoró y trotó al lado del primer muchacho con ojos esperanzados.

—No puedo, ya saben cómo es él.

—Pero no puedes irte —insistió Tokusa mirando también hacia afuera. La verdad era difícil distinguir la hora dada la oscuridad que reinaba en todas partes.

—Claro que puede, tontito. Se teletransportará. —Yuzuriha le sacó la lengua al niño y siguió jugando con las brasas del fuego, reacomodándolas con chispas de pensamiento.

—¿Sabes hacerlo, Shion? —intervino nuevamente la madre de los más pequeños. El aludido asintió nervioso, tratando de recordar cada mínimo retazo de información que había aprendido en los últimos meses—. ¿No quieres que mejor te acompañe?

—No hace falta.

—¡Mamá! ¿Cómo no va a saber hacerlo? —El ariano se concentró con dificultad mientras los dos hermanos veían a su madre con la indignación pintada en los jóvenes rostros. Como si el brillante discípulo del maestro pudiera fallar en algo tan elemental.

o~O~o

Supo que algo había salido mal cuando un sol brillante le dio de lleno en el pálido rostro. Se cubrió los ojos, cegado por la luz, y casi inmediatamente oyó un coro de voces alteradas y el bramido de un animal que lo dejó sentado en una nube de polvo.

—¿¡ Cuál es tu problema, niño! —Alguien tomó a Shion del brazo y lo sacó a rastras de en medio del camino, un camino ancho como el pequeño jamás había visto. Una multitud de personas circulaba en todas direcciones, discutía enérgicamente, reía a viva voz.

Shion permaneció donde estaba, asombrado ante el mundo que se desplegaba ante sí. Retrocedió con temor al oír nuevamente el bramido de las bestias amarradas a un poste cercano. No tenía idea de qué era ese lugar pero si algo estaba claro era que Jamir había quedado muy atrás. No había ni una nube en el cielo y era pleno mediodía.

Mientras el hombre que lo había ayudado se alejaba indignado, el joven lamentó con el alma no haber esperado un poco más a que amainara la lluvia en su tierra. La teletransportación había sido su punto flojo desde un principio, se le daban bien otras cosas pero saltar en el espacio no era una de ellas. Un grupo de adolescentes lo apartó de un empujón; todo el mundo se veía ansioso por llegar a alguna parte.

Transcurrieron muchas horas antes de que alguien reparara en él. Abrumado, a Shion le había dado miedo pedir ayuda o saltar nuevamente a ciegas. Lo único que podía deducir era que aquél se trataba de algún sitio de Grecia —¡Grecia!— a juzgar por el idioma que vociferaban los muchos comerciantes y transeúntes. Entonces, alguien se detuvo repentinamente frente al viejo roble en donde había buscado refugio.

—¡Hola! —saludó alegremente un niño de rasgos orientales, como los suyos—. ¿Estás perdido?

Shion por primera vez valoró las clases de griego a las que lo habían obligado a asistir. Se puso de pie con cautela, estudiando al extraño y buscando las palabras para explicarse. Aparentaba tener más o menos su misma edad.

—¿Cómo te llamas? —volvió a insistir el niño, antes de que Shion tuviera tiempo de responder.

—¿Cómo te llamas tú? —replicó el ariano, receloso.

—Dohko —dijo el recién llegado con una gran sonrisa a la que le faltaba un par de dientes de leche.

—Shion...

—¿Te escapaste de tu casa? Porque llevas todo el día bajo este árbol.

—¿Me estabas viendo? —El joven jamiriano bajó la mirada, nervioso.

—Está bien, no voy a delatarte. Yo también me fui sin pedir permiso.

—Yo no me escapé —confesó Shion sonrojándose un poco—. En realidad estoy perdido.

Dohko lo miró divertido y no tardó en extenderle una mano amistosa.

—Entonces sí necesitas ayuda. ¿Quieres que busquemos los dos a tus padres?

—En realidad no sé qué hacer. Mi maestro está muy lejos. —Tras un momento de vacilación, Shion aceptó la mano que pronto lo arrastró a la corriente de gente.

—¿Quién es tu maestro? Yo conozco a todos en el pueblo —informó el afable joven conduciendo al ariano a través de laberínticas callejuelas.

—No vive aquí.

—¿Dónde, entonces?

—En el Tíbet —dijo el ariano en un susurro, sintiéndose bastante ridículo.

—El Tíbet... no conozco ese pueblo. —Al llegar a una casa descascada, a las claras abandonada, Dohko se detuvo.

—Esto es Grecia, ¿no?

—Sí, claro.

—¿Y esta casa?

—Mi escondite. Es un lugar secreto, nadie lo conoce más que yo —dijo Dohko con orgullo—. Podrás contarme más de tu maestro. Verás que lo encon...

—Conque aquí estás, pilluelo. —Un atractivo joven emergió del interior de la vivienda en el instante mismo en que los dos niños se disponían a entrar. Dohko se quedó congelado en el umbral, sin soltar la mano del pequeño tibetano.

—¿Aspros?

—¿Quién es él?

—Mi amigo Shion —respondió Dohko tras un instante de duda—. ¿Por qué estás aquí? Ya terminé de entrenar por hoy.

—Esta no es la actitud que debería tener un futuro caballero —dijo Aspros con firmeza—. Aldebarán se preocupó por ti, me pidió si podía buscarte. Ya que te escondes demasiado bien para que te encuentren los demás.

—Estás en mi lugar secreto...

—Tú eres de Jamir. —Shion dio un respingo ante la mención de su tierra, súbitamente consciente de que la atención del joven había recaído en él—. ¿Traes algún mensaje?

Poco después los tres se ponían en marcha en dirección al Santuario, los dos pequeños siguiendo al mayor unos pasos más atrás. Shion creyó que se volvería diminuto al comprender que había dado con la orden de Atenea, con un verdadero santo dorado y, como si fuera poco, que necesitaría la ayuda del legendario hermano del maestro Hakurei. Sin saber si maldecir o agradecer su suerte, por un momento se estremeció ante la fuerza del destino.

—Dohko. —Luego de llamar su atención, el tibetano se acercó con timidez a su nuevo amigo para susurrarle al oído—. ¿Qué son esos?

Mientras pasaban por un prado, Shion señaló los mismos animales que había visto correr en el pueblo. Una expresión incrédula se dibujó en las facciones del otro, que casi inmediatamente rompió a reír con sincero alborozo.

—¡Caballos!

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Comentarios finales XD

Esta crónica la escribí antes de que se supieran ciertos hechos sobre la infancia de Dohko, que parece que fue en China con su propio maestro. Así que hay que pensar que Dohko estaba en Grecia bajo circunstancias extraordinarias; tal vez nació en China, luego viajó y vivió un tiempo en el Santuario cuando era chico y finalmente fue devuelto a su país para perfeccionarse (como ha ocurrido con otros personajes como Hyoga, sin ir más lejos).

Dohko y Shion tienen la misma edad y en Lost Canvas se convertirán en los caballeros dorados más jóvenes (con la única excepción de Regulus, el santo de Leo), mientras que Aspros es de los más adultos y ya era caballero cuando ellos eran niños. Y sí, Aspros sería la reencarnación anterior de Saga XD~

Gracias chicas por comentar antes!