El mejor amigo de mi hermano

Nota hp'sworld: Bueno, espero que guste este nuevo capitulo... Este capítulo se lo dedico a Sofia13, a Dani por ser las únicas personas que me han dedicado un comentario y también a los que me han agregado a favoritos o le han dado al GO con cualquiera de las opciones (espero que no os decepcione) Espero que guste... Dejad reviews aunque digan que soy la peor escritora de la historia... Porque sino asumiré que nadie sigue esta historia.

Este símbolo […] significa que no voy a explicar lo que pasa a continuación, porque sino, sería muy repetitivo y me cansaría de escribirlo y vosotras de leerlo…

Disclaimer de la autora: Todos los sustantivos que veáis (además de algún verbo como trasladarse) son de J.K. Rowling... Casi todo lo demás es mío (aunque no tenga la propiedad, al menos puedo fantasear).

Capítulo 4- Intoxicados

Cogieron todas las galletas. Vicky no las pudo probar porque había 4 galletas. No le importaba, podía hacer más cuando llegara a Hogwarts. Sus "nuevas amigas" la felicitaron por sus galletas. La única que no parecía muy contenta era Marietta que miraba su galleta como si fuera un pecado pero se la comió igual. Vicky ya no se sentía tan "sola", las tenía a ellas aunque tenía el presentimiento que esa amistad no iba a durar tanto.

Estuvieron una hora más hablando de cotilleos y también la pusieron al día sobre las parejas de Hogwarts o los chicos más "hot" entre los cuales destacaron a Cedric.

– ¡Mirad! – expresó sorprendida Marie.

Todas se giraron para mirar en la dirección en la cual miraba Marie. Afuera, se había hecho de noche y se perfilaba la sombra de un enorme catillo con las luces encendidas.

– ¿Es Hogwarts? – preguntó emocionada Vicky.

– Claro, ¿qué te crees que es, sino? – ironizó Marietta con tono burlesco.

– ¡Venga, a ponernos los uniformes! – gritó entusiasta Cho.

[…] (N/A: corresponde a la "puesta" de uniformes)

– ¡Te queda muy bien, Vicky! – informó Cho con un ligero movimiento de cabeza.

– Gracias – dijo la aludida pensando mentalmente en la "pelea verbal" que tuvo con Cedric por el uniforme.

– Debe faltar un cuarto de hora para que el tren se pare – concretó Marietta.

Todas sus "amigas" llevaban una "mini-mini-minifalda" y Vicky estaba segura que más que una mini-mini-minifalda parecía un simple accesorio, un cinturón. Pero dejando de lado esas pequeñeces, Vicky se sentía nerviosa y no podía evitarlo, ver la silueta de Hogwarts le recordaba que empezaría una nueva etapa con nueva gente. Ahora que se ponía a pensar, Cho no le caía tan mal como en un principio. La había ayudado y parecía simpática.

Súbitamente se paró el tren, tragó saliva. Cada vez estaba más cerca.

– ¡No tienes porque tener nervios! – dijo Cho con un tono dulce –. Todos hemos pasado por esto.

Bajaron del vagón calmadamente. A Vicky le respondían las piernas de tanto en cuando y eso no la hacía muy feliz que digamos. Estaba echa un flan y no lo podía evitar. Una enorme multitud de personas se congregaban allí, desde primero hasta séptimo.

– ¡Esto es lo mejor! – le susurró Gabrielle en la oreja –. Vamos a ir en carruajes.

Todo estaba oscuro y no se veía mucho. La oscuridad de la noche resaltaba a las personas blancas de tez como era el caso de Vicky. Estaban a punto de coger un carruaje cuando alguien le tocó levemente el hombro. Vicky se giró y sin querer gritó, allí estaba una persona enorme.

– Perdona, yo no quería gritar… ¡Lo siento! – se disculpó Vicky –. ¡Joder, vaya susto me ha pegado! – añadió por lo bajo.

– Me llamo Rubeus Hagrid – se presentó la persona enorme –. Tú debes de ser Victoria ¿no?

– Es el guardabosque de Hogwarts – aclaró Gabrielle –. Seguramente tendrás que hacer el recorrido del lago con los de primero…

– Exactamente – asintió entusiasta Hagrid –. Dumbledore me ha dicho que estaría bien que lo hicieras… Sígueme – indicó y después se giró.

A Vicky no le quedó más remedio que seguirle.

– ¡Primer año! ¡Los de primer año por aquí y tú, Victoria!

[…] (N/A: corresponde a la subida a las canoas y cuando entra en Hogwarts)

Había tenido mucha suerte. Ella había sido casi de las únicas de las que no habían caído al lago. Era como una película de miedo, el calamar gigante había salido a jugar y cogía a los alumnos caídos con uno de sus múltiples tentáculos.

Por suerte, eso ya había acabado y ahora se encontraban delante de la gran puerta que separaba el vestíbulo del comedor. Estaba nerviosa pero no tanto como los de primero. Éstos temblaban de frío, estaban helados porque se habían caído en el lago.

– Los de primer año y la señorita Victoria, profesora McGonagall – dijo Hagrid.

– Muchas gracias, Hagrid. Yo los llevaré desde aquí.

Se aclaró la garganta y comenzó a explicar.

– Bienvenidos a Hogwarts – dijo la profesora McGonagall mientras aun permanecían fuera del comedor –. El banquete de comienzo de año se celebrará dentro de unos segundos, pero antes de que ocupéis vuestros lugares en el Gran Comedor deberéis ser seleccionados para vuestras casas…

Cuando acabó de hablar, abrió la puerta de roble de par en par. Dejándonos ver en su interior el enorme comedor. Se divisaban cuatro grandes mesas de madera. El cielo hechizado reflejaba la magnífica noche de allí fuera. Encima de las mesas, millones de velas surcaban el aire iluminando cada rincón del comedor y las paredes de piedra daban un toque rústico al castillo.

[…] (N/A: corresponde a la canción del Sombrero Seleccionador)

Fueron llamando de uno en uno y por orden alfabético a todos los niños de primer curso hasta que, por fin, se "acabaron". Entonces fue el turno de Vicky la cual, nerviosa, inspeccionaba las mesas en busca de alguien que le pareciera simpático y de su edad. Los de Slytherin se sentaban a la derecha y parecían demasiado altivos como para aceptar a alguien en su grupo. A la izquierda de éstos, se encontraban los Ravenclaws donde se sentaban Cho y las demás. Más a la izquierda, estaban los Gryffindors, entre los cuales pudo reconocer a los que estuvo espiando en el vagón por error. Y, en la última mesa se encontraban los Hufflepuffs donde su hermano estaba sentado. Se preguntó porqué Cedric no estaba allá, pero su nerviosismo le podía a su curiosidad y además, lo dejó correr por si al sombrero seleccionador le daba por leerle la mente en voz alta.

– ¡Evans, Victoria! – exclamó la profesora McGonagall.

Vicky inspeccionó el Sombrero Seleccionador mientras se acercaba. Parecía un sombrero muggle pero muy antiguo, como si tuviera que estar expuesto por ello. Lo miraba con cautela y recelo, pero se lo probó, no le quedaba otra opción. «No tengas miedo» le dijo una voz interior que pudo reconocer como la del Sombrero Seleccionador. «Solo quiero seleccionarte, no es malo» expresó como en un diálogo de besugos. A Vicky le pareció que el Sombrero la trataba como una niña y pensó, sin querer, «un eres idiota». Vicky estaba segura que el Sombrero la había escuchado pero no decía nada. Podía sentir como el Sombrero movía todos sus recuerdos y como su cabeza estaba a punto de estallar. Era una sensación horrible. Estaba casi segura que lo estaba haciendo aposta.

– Vaya, vaya… Mucho veo yo por aquí – dijo en voz alta el Sombrero Seleccionador –. A cualquiera de las casa podrías ir – mencionó el Sombrero –. Pero ¿cuál sería la mejor para ti? ¿La de tu hermano? No, Hufflepuff no te pertenece… – se quedó en silencio una vez más –. Puede que Slytherin tampoco sea la mejor opción – indicó el Sombrero.

Vicky solo supo pensar cosas como «Acaba de una vez, joder» o «Esto solo me podía pasar a mí».

– ¡No seas tan impaciente! – exclamó el sombrero –. Ravenclaw sería una buena opción para una mente tan despierta como la tuya o quizás Gryffindor te ayudaría – se quedó callado unos segundos que a Vicky le parecieron horas.

Solo podía pensar en el mal rato. Todos la miraban expectantes y parecía que pudieran leer su mente con una sola mirada. En sus rostros veía el deseo de que el Sombrero acabara ya, todos parecían hambrientos y ella era la que los separaba de su cena. «¡Maldito gorro, acaba ya de una vez!» ordenó Vicky desde sus pensamientos.

– Creo que GRYFFINDOR te ayudará con tu temple – profirió el Sombrero Seleccionador.

En la cara de Vicky se pudo notar la decepción de ir a Gryffindor. No es que no le gustara la casa pero sabía que no sería bien recibida por los que estuvo espiando sin querer. Se fue directa, mirando el suelo, hacía la mesa y después de recorrerse toda ésta, se sentó al final, donde había un enorme hueco. El banquete de bienvenida empezó después de un "breve" discurso del director Albus Dumbledore sobre el Torneo de los Tres Magos.

Aunque la comida tenía un aspecto apetitoso, Vicky hizo ver que comía. Su estómago se había cerrado y no podía engullir nada. Cuando todo el mundo hubo acabado, Dumbledore volvió al atril y dijo unas cuantas palabras más. Todos se levantaron de sus asientos y Vicky los imitó sin saber a dónde ir.

– ¡Hola! – exclamó un chico detrás de ella –. Me llamo Oliver Wood – y le ofreció la mano y Vicky la encajó con la de aquel –. Soy el Prefecto de Gryffindor pero me temo que no podré acompañarte pero… – hizo una pausa mientras buscaba a alguien –. Espera un momento, ahora vuelvo…

Se fue mientras Vicky esperaba en el mismo sitio. «Genial, hoy ni siquiera encontraré el dormitorio» pensó Vicky ceñuda. Pasó un minuto y Oliver volvió.

– ¡Lo siento por la tardanza! – se excusó –. Ellos te enseñaran la Torre – dijo señalando con el dedo –. Espero que lo pases bien en tu primer día – y salió con los niños de primero por las enormes puertas de roble.

Los chicos que tenían que enseñarle la Torre eran los chicos a los que Vicky había espiado sin querer. Todos la estaban traspasando con la mirada. Vicky se acercó porque no le quedaba otro remedio.

– ¡Hola! – saludó Vicky –. Oliver me ha dicho que vosotros tenéis que enseñarme la Torre – expresó no muy convencida.

– ¡Sí! – afirmó una un tanto asqueada porque Vicky estuviera allí –. ¡Síguenos!

Lo más normal hubiera sido que se hubieran presentado todos y le hubieran preguntado de dónde venía, pero no, eso no pasó. Caminaban rápido y sin hablar. Cuando pasaron las grandes puertas de roble alguien llamó a Vicky.

– ¡Vicky! – llamaron a coro Cho y las otras –. ¡Espera! – éstas fueron corriendo hasta donde se encontraba Vicky –. Solo queríamos decirte que ha sido una pena que no fueras a Ravenclaw – hizo una pausa en la que Vicky solo pudo sonreír –. Y, además… ¡a las 8 en el tercer piso! ¿De acuerdo? – preguntó mientras le guiñaba un ojo.

– ¡Claro! – dijo Vicky sin ninguna escapatoria.

– ¿Podemos irnos? – cuestionó una de las Gryffindor –. ¡Aquí ya empieza a apestar a arpía!

– ¡Claro! – dijo Marie –. Ves a llorar por tu novio… Por cierto, Roger dice que eres una estrecha y que conmigo se lo pasa muchísimo mejor…

Por lo que Vicky pudo entender, Marie le había quitado el novio a una de las Gryffindor. Uno de los chicos de Gryffindor cogió a la gryffindor contenida para que no hiciera ninguna estupidez.

– ¡Cálmate, Alice! – expresó el gryffindor –. Solo quiere que te rebajes a su nivel… Vámonos.

Después de ese pequeño incidente entre la gryffindor y la ravenclaw. Subieron escaleras y más escaleras. A Vicky le pareció que no se acababan pero no dijo nada. Después de ese sin fin de escaleras, llegaron al último piso (según suponía Vicky). Fueron directos a un retrato gigante de una señora gorda.

Tonterías* – exclamó uno de los amigos de Alice.

El cuadro empezó a moverse hasta que se deslizó 5 metros más lejos de donde estaba antes, dejando ver un enorme agujero por el cual se veía una sala con butacas y sofá, también se podía ver una gran chimenea y la Sala olía deliciosamente.

– ¡Vaya! – exclamó Vicky y todos se la quedaron mirando mal.

Después de entrar por ese agujero, Alice empezó a hablar.

– Ésta es la sala de Gryffindor, esas escaleras dan a las habitaciones. Las de la izquierda son para las chicas y las de la derecha para los chicos – expresó con tono cansado –. Aquí acaba tu visita, adiós – dijo, todos se giraron y se fueron cada uno por su lado.

«Genial, ¿ahora por dónde subo?» pensó cabreada Vicky. Subió por las escaleras de la izquierda, por donde habían subido las otras Gryffindors, y pudo advertir que ponía los nombres al lado de la puerta. Después de subir dos plantas, vio su nombre. Picó dos veces a la puerta y respondieron con un "adelante".

– ¿Es esta mi habitación? – preguntó dudosa.

Había cuatro camas y Alice le señaló la suya sin ni siquiera hablarle. Se dirigió hacia la cama que le había señalado. Vio su baúl allí y lo abrió. Se cambió de ropa, se puso una más cómoda y de su estilo pero dejó la túnica de Hogwarts que ahora lucía el escudo de Gryffindor. Miró su reloj, eran las 07:50 y decidió salir de la habitación

Salió de la Sala Común de Gryffindor y todo estaba oscuro. Localizó las escaleras a tientas y bajó por ellas hasta llegar al tercer piso. Allí le esperaban sus "amigas" todas vestidas con mini pijamas y con unas zapatillas de animalitos. Se dirigió hacia ellas.

– ¡Hola! – saludó efusivamente Vicky.

– ¡No grites que nos pueden oír! – dijo en un cuchicheo Marietta un tanto enfadada, no sabía porqué pero presentía que no le caía muy en gracia.

– ¡Tranquila! – susurró Marie –. Aun no es el toque de queda…

Se quedaron unos segundos examinando la ropa de Vicky hasta que Marietta abrió la boca con sonrisa de satisfacción.

– Menos mal que la próxima semana podemos ir a Hogsmeade – dijo un tanto aliviada Marietta y la miró de arriba abajo –. Creo que tendremos que cambiar tu vestuario – finalizó con una sonrisa triunfal, como si hubiera ganado a Vicky.

– ¡No hará falta! – expresó Cho, la jefa en moda, que hasta ese momento había estado callada –. Me gusta tu estilo… Un poco holgado para mi gusto, pero no está mal…

– A mí, también me gusta – comentaron a coro Marie y Gabrielle a coro después de que Cho diera su punto de vista.

– ¿Entramos? – preguntó Marietta –. Dragón de color escarlata y barba canosa.

Se escuchó un clic de mecanismo y un cuadro se movió lo suficiente para que pudieran pasar una por una. Entraron en una inmensa sala con cojines y demás cosas que gustaron mucho a Vicky.

– ¡Vaya! – profirió Vicky –. ¡Es increíble!

– ¡A que sí! – exclamó Cho –. Lo construyó mi abuela y ha permanecido sellado… Nadie conoce nuestro escondite excepto vosotras y algún chico... – apuntó guiñando un ojo.

Una hora después…

– Sí, claro… Merlín, estuve a punto de que me pillara mi madre con mi vecino… lo pasé mal – detalló Cho con precisión –. Bueno, y eso no fue nada, comparado con… Perdón, me ha venido una arcada…

Y de repente, empezó a vomitar.

– Merlín… Me están dando arcadas a mí también – expresó Marietta.

Segundos después todas estaban vomitando en aquel maravilloso lugar.

– ¡Has sido tú! – acusó Marietta entre vómitos –. Han sido tus estúpidas galletas… – reveló.

– ¡Yo, no! Yo también comí galletas – puntualizó pero se dio cuenta que no había sido así –. ¡No se me acabaron antes de que las comiera! – gritó Vicky.

– Pero ¿qué has hecho estúpida? – preguntó Cho mientras vomitaba.

– Lo siento, yo… No sé lo que ha pasado – indicó Vicky apenada, ya la había cagado.

– ¡Me las pagarás! Eso tenlo por seguro y no te acerques a mi Cedric – dijo vengativa Chang mientras hacía el esfuerzo de no vomitar.

No se arrepentía de lo que había hecho. Ni siquiera había hecho nada malo. Ella no había sido. Solo se arrepentía que las hubiera probado Cedric. No era su culpa que las hubieran comido. De lo único de lo que se alegraba era de no haber comido ninguna.

– ¡Sal de aquí! Y no nos vuelvas a hablar de por vida – fijó Cho molesta –. ¡Ve-te! No me has oído…

Vicky salió de la habitación mosqueada. Se acababa de quedar sin amigas. No es que aquellas parecieran unas muy buenas, pero al menos le habían ofrecido un sitio y la habían informado de todo. Cosa que era un alivio. Pero se lo había cargado todo con lo de las galletas. Ella no les había puesto laxante y lo sabía perfectamente. Principalmente, lo sabía por qué en su casa no había un estante con especias y al lado laxante. Empezó a caminar hasta llegar a las escaleras y las subió con cuidado de no caerse en una de las malas. Mientras subía, empezó a pensar en la elaboración de las galletas.

– ¡AJÁ! – gritó sin querer cosa que hizo que los cuadros la abuchearan por no dejarlos dormir.

«Malito hermano… LO VOY A DESCUARTIZAR LENTA Y DOLOROSAMENTE» pensó chillando. «Pero, ¿cuándo?» pensó nuevamente. Sonrió como una posesa. Gracias a sus ex amigas tenía una idea de cuándo «Ahora… Se va a cagar en todo y le va parecer que Yardley Plott*2 es un amiguito de los gnomos comparado conmigo». Cho había contado una anécdota que le servía muchísimo. «– La primera vez que vi a Ced me enamoré de él a primera vista… Pero yo solo era una de esas criajas que no tenían oportunidades… A ellos les gustaban más grandes. Pero como decía mi madre: quien no arriesga no gana… Embauqué a un Hufflepuff de séptimo curso y le dije que me buscara una entrada alternativa para entrar y verle… Él era feo y no se había comido una rosca nunca – paró para reírse –. Me dijo que en la cuarta planta había una gárgola asustadiza y que si la presionabas un poco bastante entrabas directo y…».

«Como no lo había pensado» pensó Vicky. «Lo voy a matar». Bajó hasta la cuarta planta y busco a tientas una gárgola.

– ¡Ay! No me hagas nada, por favor… – dijo la gárgola nerviosa cosa que le dio pena a Vicky pero sus ganas de matar estaban aumentando considerablemente.

– ¡Déjame entrar o te reviento la cabeza de piedra a hechizazos! – exclamó furibunda Vicky.

Estuvo un rato profiriendo insultos hacia la gárgola hasta que la dejó pasar. Las luces de la sala estaban apagadas y no veía nada así que conjuró el hechizo Lumos por el cual salió un halo de luz. Fue hacia las escaleras de la derecha solo por lógica. ¿Si el dormitorio de los chicos en Gryffindor estaba a la derecha por qué allí no? Acertó cosa que la puso eufórica sin razón, se sentía como una gánster. Subió 7 pisos (cosa que la dejó medio mareada) hasta estar enfrente de la puerta correcta. Llamó a la puerta. «Pero eres tonta… No se llama a la puerta cuando se va a matar gente… Malditos y estúpidos modales que me enseñaron… Y cuando alguien te abra la puerta que dirás: Nada, pasaba por aquí y no sé cómo… Pero déjame entrar que tengo que matar» pensó mientras se daba golpes en la cabeza con la puerta cosa que hizo que pareciera que llamaba. «Estúpida» pensó y alguien abrió la puerta.

– ¿Vicky? ¿Qué haces en la Residencia de Hufflepuff? – susurró Cedric que llevaba como pijama una camiseta blanca de manga corta que se le adhería perfectamente al cuerpo.

– ¿Tú no tendrías que estar vomitando? – dijo a modo de saludo.

– Nada… Soy sonámbula… y mira… pasaba por aquí – dijo Cedric imitándola.

– Me imitas bastante mal… Y respondiendo a tu primera pregunta: sí…

– ¿Y la otra pregunta? – la cortó.

– Respóndeme tú a la mía – inquirió Vicky como una niña pequeña.

– No, porque ya lo he vomitado todo… Por eso no estaba en el Gran Comedor.

– ¡Ah, no me había fijado si estabas! – dijo con un volumen alto.

– ¡Shh! La gente normal duerme ¿sabes? Baja el volumen y ¿vas a responder mi pregunta? – susurró Cedric.

– ¡Voy a matar a mi hermano! – dijo convencida de qué Cedric la entendía.

– ¡Ahh! Entonces pasa… – dijo confiado de qué todo era una broma.

Vicky fue a pasar pero Cedric le cortó el paso viendo que iba decidida.

– ¿Sabes? Los caballeros no dejan a las damiselas esperando en la puerta…

– Lo haría si viera alguna damisela, aquí solo veo una psicópata que quiera matar a su hermano.

– Gracias por el cumplido pero ¡déjame pasar de una vez!

– ¿Por qué te tendría que dejar pasar? – preguntó con su sonrisa

– Ha envenenado las galletas y acabó de perder a las únicas personas que parecían que querían ser mis amigas…

– ¿Así que ha sido él? Pensé qué habías vuelto a contraatacar… Sabes qué, yo también me apuntó a la venganza ¿te parece bien?

– ¡Claro!

Tonterías*: he intentado buscar la contraseña que sale en el cuarto libro de Harry Potter y como yo tengo los libros en otro idioma, no sé si he acertado, pero he intentado traducirlo... Si no gusta, lo siento… Admito sugerencias.

Yardley Plott*2: Asesino en serie de gnomos (Se encuentra en el primer juego de Harry Potter, el de la Piedra Filosofal, en el apartado de Maldicciones).

En el próximo capítulo:

Matt estaba dormido en su cama ajeno a lo que estábamos planeando. Me gustaba más una venganza en frío como decía Cedric. Se iba a cagar. Yo siempre devolvía la pelota, costara lo que costara.

El próximo capítulo se llamará: Perdona mi comportamiento, ¿quién se disculpa?

Nota Hp'sworld: Espero que este capítulo guste y aquí ya hay más trama… Y ya hemos descubierto que Matt ha sido un poco malo. Lo siento, por haber tardado pero compensa la extensión del cap. ¿no? También perdonadme por no poder responder los reviews y tengo que confesar que me ponen de muy buen humor (muchísimas gracias). Con los últimos tuve buen humor para tres semanas enteras. Por favor, dejar comentarios… sino no actualizaré… (xD) Lo único que tengo que añadir es que con la llegada de la Selectividad no voy a tener tiempo de hacer nada este mes ni el que viene. Así que me conformo con un solo review.