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Risas risueñas espabilaron a Christa cuando aún no había amanecido y los búhos y lechuzas producían vocales de terror debajo estrellas incoloras.

Transitó un corto tiempo observando el pasillo oscuro. Convencida de que imaginación suya había sido, se estiró de nuevo al interior del colchón para regresar al placido sopor junto a hadas bailarinas y payasos de circo.

Inmediatamente, pasos acelerados escapaban en la noche, alrededor de las habitaciones e inmuebles, y la niña jadeó; asustada lanzó fuera de su alcance la colcha y sábanas; huyó directa a despertar a Armin, que dormía en la cama de al lado.

-¿Qué pasa…?-somnoliento dijo, a lo que histérica Christa respondió metiéndose en el lecho que era solo de uno-Eh, Christa, ¿qué pasa?

-¡Hay un fantasma!-murmuró, encogiéndose plenamente en el estómago del chico que de igual manera escuchó entonces la alegría y el juego fuera del cuarto, poniendo su piel caucásica erizada de bello rubio y obligándole a ejercer el mismo acto de su hermana-Ve a ver-comentó Christa de repente, haciendo que Armin negara así la cabeza-… ¡Por favor, tengo miedo y… tú eres el chico!

Tras suplicas, lloros y peticiones, el pequeño de once años acabó aceptando el reto que le imponía la fémina y se descubrió de su escondite [no así a su gemela, quién se aferró a donde estaba cobardemente].

Zancadas quedaditas era lo que daba a causa del miedo que propagándose por su cuerpo le impedía avanzar; con frecuencia haciéndose oyentes ruidos externos que le animaban a proceder un paso atrás, y dos adelante por promesa.

A punto de cruzar el umbral entre la escalera y el resto de compartimentos, una figura surgió de entre uno de estos que le detuvo. Robusta, dos metros o más de alto, cabello y brazo largos llenos de pelusa… Un ser tenebroso que fijó la vista igualmente hacia Armin, que con ojos vidriosos y suspirando a retroceso cubrió los suyos. Caminando poco a poco hacia dónde había venido…

El ser le seguía, imitándolo…

De pronto, Armin tropezó con la barra de seguridad, tocando trasero y suelo en un segundo propiamente rápido; comenzó a lloriquear al comprender que el otro no se retiraría. Continuaba hacia adelante, esta vez a paso normal… ¡No! A un paso veloz que al jovencito asustó.

Gritando, paralizado de miedo, no pudo contemplar como la mano de piel muerta se acercaba fogosamente a su aniñado rostro, seducido quizá por lo bonito que lucía el niño a sus ojos.

-¡Terrie!

La mano retrocedió en un jadeo y, corriendo, se encerró en su habitación de un portazo.

Murmurando palabras inteligibles para de momento el único oyente allí fuera, Reader [en camisón; pies descalzos que no hacían ruido] se quedó estática al costado de Armin, que continuaba arremolinado en el lugar, viendo primero el cuarto cerrado y después a su acompañante junto a una cínica indiferencia.

-Levántate-dijo sin mostrar ayuda-. Ya se ha ido.

Armin negó con la boca y el cuerpo, soltando lágrimas como nunca antes a causa del horror vivido por primera vez.

-Levántate-ordenó, pero enseguida comprendió que el niño no se movería ni un milímetro, y menos si ella lo juzgaba de ese modo. Cuidadosamente se acercó; vacilante coló ambos brazos bajo sus axilas e hincó los pies en el último escalón teñido de rojo terciopelo para alzarlo y encaminarlo a la cama de donde se había escapado al oírles.

Una vez introducido en la de Christa [que aún era un bulto en la otra cama], le arropó tal como lo haría una madre, pero con menos cariño.

-Ahora duerme.

Armin la vio alejarse otra vez desde la almohada con ojos muy rojizos y aun dejando ir agua salada en forma de gotas irregulares.

Al tiempo que Reader se adentró en el compartimento de Terrie, Christa regresó a su camastro y abrazó al muchacho tenso, preguntándole miles de cosas lógicas, también miedosa, que Armin solo respondió a base de un silencio lacrimoso.

Dos o tres minutos después, papá y mamá regresaron de la fiesta; la niña comenzó a nombrarles hasta que estos, raudamente, llegaron al cuarto donde la pequeña, completamente tétrica y triste, se acomodó en el pecho blando de su madre, contándole lo ocurrido entre chillidos que despertaron a más de uno.

[…]

-No voy a darte la satisfacción de comer con las criadas y hacer su trabajo. A partir de hoy, quieras o no, pues voy a obligarte a patadas si hace falta, saldrás al exterior y te comportarás como una buena niña-Mike se balanceaba de un lado a otro tras la espalda de su hija que, en cuclillas sobre el suelo de madera lisa, sostenía dos gordos ejemplares bíblicos junto a las extremidades perfectamente estiradas a cada costado suyo-. Comerás a la hora correspondiente con la familia, por los menos dos horas al día jugarás con tus hermanos en el jardín aunque sea y después leerás la Biblia de cabo a rabo, ¿entiendes? Cada mañana te preguntaré un párrafo de ella y quiero que me lo dictes de memoria-respiró hondo para continuar-. Y, por último, en vez de pasarte el día tocando para tu hermano lo harás para Nanaba. Se te da muy bien la música y creo que podrías ser una concertista de primera. Pero para ello te debes esforzar y, lo primordial es que aprendas modales-se detuvo entonces a su espalda; ella no movía un músculo ni aun cuando debería asentir de aceptación-. Hemos… Nanaba y yo creemos que estaría bien que tuvieras un profesor, como Annie. Hemos contratado a un profesor de música para ti-retrocedió hasta quedar parado en la puerta-. No lo desperdicies. Y no molestes más a Terrie. No quiero que te acerques a él, con que lo haga Dolores ya está bien-estuvo a punto de salir, pero no lo hizo. Necesitaba dictar algo más-. Ahora, cumple las dos horas de castigo impuestas por tu comportamiento de anoche. Asustaste mucho a tus hermanos…

-No son mis hermanos…-susurró a sí aun Mike lo oyó.

-¿Deseas que vuelva a atizarte?

La conclusión fue que no y hombre alto desapareció de la sala para lagrimacer de frustración comenzaran a recorrer carrillos sonrosados ya de aguantar gemidos de angustia cuando la paleta elástica y de cuero se clavaba contra la piel de su espalda; enrojecida ahora.

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Viandante de faz arrugada se suavizó al instante de aparecer Armin frente a él, deslumbrando una timidez adorable que le provocó una mueca feliz, poniéndose en cuclillas al verlo quieto, esperando un impulso que le ayudase a hablar.

-¿Qué pasa, Armin?

-Ehm…

-Tranquilo, puedes decirme lo que sea que te ronde por la cabeza-y le despeinó con apego.

-Ehm-carraspeó como vio hacer en una ocasión a algún adulto [probablemente el viejo Pixis]-… se… ¿se quedará mucho rato castigada?

-Por lo menos dos horas. ¿Por qué? ¿Tienes miedo de que vuelva a pasar lo de anoche?-no le dio tiempo a contestar-No debería haberos dejado solos-su mirada se tornó turbia, escandalizante-…Menos ella no tendría que haber sacado a Terrie…

-N-no-dijo, encogiéndose bajo las enormes manos de Mike, que lo sostenían por los hombros tal y como hacía con su madre-… No es eso.

Mike se extrañó, demostrándolo junto a sus cejas.

-¿Qué es entonces?

-Me… Me gustaría darle las gracias-eso todavía mostró más su sorpresa-. Estaba… Tenía mucho miedo y ella me ayudó-apretó los labios, un gesto involuntario y hereditario de Erwin Harlet-. Me gustaría darle las gracias… por eso…

La seriedad y tumulto que infundió el adulto acongojó al niño al extremo de apretarle este donde sujeto lo mantenía contra él. Pero tal y como apareció se esfumó en una agradable sonrisa.

-Eres igual que tu padre-acarició el rostro del menor, intimidándolo más que dándole apoyo-. Primero tendrá que cumplir el castigo. No está bien eso de andar asustando y revoloteando a las tres de la madrugada. ¡Anda-de un brinco se hizo en alto y acomodó al pequeño a su costado, aun posado mano derecha en la espalda cubierta de aquel trajecito agua marina-, vamos! ¿Quieres probar a montar a caballo como tu hermana?

-No se me da nada bien…-aclaró, causando la risa en el mayor que pasó un día entero con ellos [Reiner, Annie, Christa y él]. Fueron al lago a nadar y después hicieron un picnic en una colina donde Christa cazó luciérnagas que iluminarían el terrorífico cuarto [pues desde aquella fatídica noche no querría dormir sin luz que la protegiese].

El día pasó tan deprisa entre tantas diversiones que Armin acabó por olvidarse de las gracias que debiera dar.

[…]

Levi Ackerman había venido expresamente desde un recital de París para atender las peticiones caprichosas de Mike Harlet, que lo atendió entre bienvenidas y "Dios te bendiga" junto a su preciosa esposa y algunos miembros de la servidumbre. Que llevaron el poquísimo equipaje que llevaba encima; por las prisas.

En medio de los criados, justo detrás la escalera yaciendo se encontraba la treceañera a la que debía dar clases. Vestida de blanco y seriamente esperando con el cabello (color de pelo) arrastrando, a que la música y el aprendizaje comenzara a sonar aun si ese no era su decisión.

Ambos al encontrarse se inclinaron el uno frente al otro.

A ella le pareció demasiado pretencioso e incansable.

A él le pareció una asquerosidad que fuera limpiando como una mopa humana con su largo pelo el suelo escarlata.

Para Nanaba y Mike Harlet el encuentro fue un auténtico éxito y velozmente los dejaron entrar en una enorme sala para que comenzara la música durante dos horas y media [aunque si era necesario podría alargarse hasta cuatro].

[…]

Montada en un hermoso caballo mestizo, Annie atravesó las vallas correspondientes sobre su lomo a cámara rápida, influida por una elegancia y agilidad propias de ella.

-Entonces la veremos más por la casa-mencionó Reiner, apoyado fuera del recinto y aplaudiendo a cada rato a su hermana que, de hecho, se encontraba haciendo un espectáculo envidiable-. Eso es bueno, ¿no? Aunque vaya estorbo tener que leer y releer la Biblia una y otra vez… ¡Y aprendértela de memoria! ¡Yo no me acuerdo ni del "Padre Nuestro"!

Armin rió secamente, absorbiendo las letras de Eugenie Grandet.

-No seas así.

-¿A ti que te parece?-preguntó de pronto, recogiendo a Christa del suelo que llevaba rato demandándole que la alzara para ver a Annie lucirse.

-Bien.

-No es muy habladora…

-No te fíes de las primeras apariencias.

Recordaba la terrorífica noche en la que Reader y Terrie rondaban como fantasmas endemoniados por el hogar Harlet. Y como en un movimiento le hubo ayudado inclusive si se mostraba desquiciada por tener que actuar de esa manera.

Continuaba sin darle las gracias. No había tenido oportunidad porqué los nervios de un rechazo inmediato eran de una magnitud inimaginable que ni las sonrisas fraternales podrían desencadenar. La decisión de agradecerle se esfumó como los pétalos de una rosa encerrada en un monumento de cristal.

Reiner continuó con un discurso al que no prestó mínima atención. Su mirada se desvió plenamente a la muchacha de blanco que, recogiendo a un pequeño pato del establo, se alejó con él a algún lugar que él bien desconocía. No se movió de allí.

¿Adónde va?, pensó, discontinuando con la lectura que cerró portada y visión del interior. Cosa que no podía hacerse con las personas… Mucho menos con Reader Harlet.

[…]

-Perdón por la tardanza.

¡Era increíble lo mucho que había cambiado en tan solo dos días!, murmuraba Armin, en su sitio como todos, devorando el plato principal ya comenzado: cordero y berenjenas al aroma de grosellas, mientras creía ver una versión diferente de "La Gruñona". Esta vestía un precioso traje violáceo y un lazo adornado el cabello que siempre le había impresionado. Al sentarse quedó atrapado bajo sus nalgas y muslos, haciéndole cosquillas en el talón enzapatado como nunca antes había visto en ella.

-¿Dónde estabas?-Mike habló, enfurruñado por la poca puntualidad.

-Oh-exclamó la otra, comiendo de manera educada el agradable animal cortado, servido y cocinado-. En la biblioteca.

Mike sacó el sarcasmo que hervía dentro él, partiendo al tiempo un pedazo de carne y metiéndoselo en la boca para hasta que no estuviese en su estómago, continuar con sonrisa macabra.

-No sabes mentir. Siempre se te ha dado fatal. Dime dónde estabas-al no tener respuesta sacó raudal sus propias deducciones-. ¿Con Terrie? Recuerda que te lo prohibí…

-No he estado con Terrie-una mirada del color del Mar Negro le fue infundada, rabiosa.

-Mentira.

Nanaba se encontraba incomoda; odiaba las discusiones y ya notaba sudor en las axilas de los nervios.

-Querido…-advirtió, rozando su extremidad que apartó de inmediato, para su disgusto.

-¡No! Tiene que aprender a respetar a sus padres-regresó la vista a la niña Rapunzel-. Y especialmente a dejar de mentir. Dónde estabas.

-En ninguna parte.

La tensión crecía considerablemente, igual el dolor de cabeza de Nanaba Harlet, que en voz baja intentaba afrontarse otra vez a una situación repetitiva de desconfianza y mentiras por esa desconfianza. Armin la veía deleitarse en un sin vivir, escondiendo así el rostro y removiendo la berenjena sobrante [su madre detestaba bastante la verdura].

En el momento que Mike regresó a preguntar de nuevo la estancia anterior donde la joven había yacido, el muchacho rubio alzó el rostro, sonrosado.

-¡Estaba con nosotros!-chilló casi, buscando complicidad con los ojos azules en Reiner, a su costado y reprimiendo las ganas de ir a abrazar a su madre-¿Ve-verdad, Reiner?

El ambiente cálido de horror le advirtió claramente que debía ponerse del lado de la mentira para dejar de ser el galante hombre que debiera ser. Y no por ayudar al pequeño, sino a la desquiciada mujer ahora que le dio la vida.

-¡Sí!-dijo, brillando su mirada de sinceridad hacia el padrastro, que esperaba respuestas-Annie estaba actuando tan estupendamente en su clase de equitación, padre, que Reader no pudo evitar unirse a nosotros y observar tal espectáculo.

Al principio pareció dudar, pero acabó cediendo a la mentirijilla.

-Lo siento-se dirigió a su esposa-. He perdido los nervios, perdón. Vamos a disfrutar de la comida, en silencio.

La dulzura espolvoreó el ardiente horno que era la sala a medida que el segundo plato [sopa de bacalao con coliflor] invadía al primero. Desapareció la conversación anterior y lo que había derivado aunque Harlet no conseguía estarse tranquilo. Cualquiera sabría que había estado haciendo Reader con un pato en la bosqueja que rodeaba el lugar. Intentó desquitar sus cuencas de color del mar de ella, pero no lo conseguía. Quería que ella también le diese las gracias como él acababa de hacer. Pero no hubo nada que indicase gratitud en la joven.

[…]

Antes de dirigirse a los dormitorios, los niños tenían una hora para disfrutar del aire del atardecer para cazar insectos o tumbarse en la hierba que el jardinero cortaba para dejarla suave y artificial.

Aquella tarde, Christa propuso jugar al pilla pilla. Y aunque a regañadientes, los mayores aceptaron porqué el infantilismo de su hermana les conmovía realmente.

Solo faltaron tres segundos para coger a Armin escondido en un matorral; no se le daban bien esos juegos y, riendo a mares ante la incertidumbre pero valentía de la niña para continuar buscando a los más creativos hermanos, se fue a beber de la fuente iluminada. Con cisnes pintados de azul debajo agua cristalina. Era agua natural, y nadie le importaba que bebiera de ahí. Inclinado y sujeto a las palmas abiertas sobre el mármol del monumento, abrió la boca e introdujo la lengua vivaracha [más de lo que era él] en busca de energía que pasaba con más rapidez a su garganta. Abruptamente, una sombra cubrió el sol y le hizo abrir los ojos cerrados, ahogándose un poco cuando descubrió a un ser negruzco mirarlo desde lo alto de donde se posaba; cayó hacia atrás, mojándose. Y Reader le siguió de un brinco dado que colocó sus extremidades a cada costado de su tripa. Sin dirigirse la palabra pero con la mirada atenta ambos en ambos, la menor dio su mano al niño en el suelo, que indeciso cogió lo ofrecido para de un estirón de los dos ponerse en pie. Uno delante el otro.

Mudos.

Reader quiso decir algo, aun solo un suspiro surcó sus labios (finos/gruesos), hinchándose el pecho en pleno desarrollo desde los diez años. Armin, contrariado y confuso, hincó la vista en el suelo y no la levantó ni cuando un beso se posó en su mejilla tras treinta y seis segundos de espera de acción.

-Gracias-dijo al fin la jovencita, alejándose al haber efectuado su misión de honor que dejó estático a su primo.

…Hasta que volvió a sonreír junto a rojos carrillos y asentimiento de palabras que tuvieron que salir mucho antes:

-De nada…