Capítulo III
Desde aquella petición hecha con tanto anhelo, el pavo real se había rendido. Había dejado su pataleta al ver que no conseguiría nada con ello, y se desparramó nuevamente en su comodisísima silla de madera, para observar todo desde un lugar privilegiado, mientras se bebía una infusión de melisa para pasar el mal rato.
Había habido fotos varias, de todos modos, en las cuales se veía que Viktor parecía tener una fascinación por las mejillas del japonés, y por cualquier parte blanda que el otro pudiera mostrar.
Y parecía que Yuuri admiraba de manera bastante fehaciente al pentacampeón. El hombre se había proclamado el fan número uno de Nikiforov, jactándose de que había asistido a cada evento en Japón en el que Viktor tuvo que participar, y alardeando, además, de la vasta colección de posters que guardaba sobre la leyenda.
Aquello había hecho que las desobedientes plumas de la cola del pavo se irguieran sin su permiso, y que Nikiforov soltara un «¡Wow, amazing!» que había hecho que el animal se sintiera traicionado. ¿No debería sentirse un poco asustado por todo aquel amor de fan que Katsuki parecía proclamar? Pero no. Parecía que Viktor veía al otro patinador bajo una luz completamente rosa, celebrando todo lo que decía.
Así que el ave decidió rendirse, y dejar que todo fluyera.
Porque no parecía ser tan terrible, al fin y al cabo, ¿verdad? Viktor y Katsuki parecían ser ya los mejores amigos del mundo, y para él, mientras aquel japonés del demonio no fuera un peligro para su integridad física, estaba todo bien.
―¡Viktoru, serás mi entrenador ¿verdad?! Vas a irte a Hasetsu conmigo, ¿verdad? ―A medida que Katsuki había seguido bebiendo, había comenzado a ser bastante insistente con el tema.
Viktor solo asentía, con una sonrisa de tonto deslumbrado. El pavo real, por su parte, solo miraba todo desde su silla, pensando en lo ingenuo que era ese japonés. Porque claro, aquel hombre estaba loco si pensaba que Viktor iba a abandonar las competencias para entrenarlo; Viktor no sería tan idiota, ¿verdad? ¡¿Verdad?!
―Hey, Viktor ―llamó Chris―, ¿no deberías ya llevarlo a su cuarto?
Viktor, soltó una risita ebria. Aunque no estaba en las mismas condiciones que Katsuki, sí que ya estaba pasado de copas.
―¿Debería…?
No, por supuesto que NO debería, pensaba el pavo real.
―Pues claro que sí ―gruñó Yuri Plisetsky acercándose―. Su entrenador ya está inconsciente un poco más allá ―señaló el lugar donde estaba un hombre de cabello largo completamente knock out en una de las mesas― y este tipo parece que no se quiere separar de ti.
Viktor soltó otra risita.
―Pues siendo así… no me queda de otra.
Y Viktor debería, definitivamente, ser menos evidente en sus deseos, pensaba el ave, decepcionado. ¿A dónde había ido a parar aquel galán que solía hacerse de rogar? Pues ya no estaba. Un huracán de apellido Katsuki se lo había llevado y había dejado a un colegial en su lugar.
.
¿Merece un review?
