Notas: Gracias por los reviews, favoritos y alertas. Mozart sabe de sus reviews y dice que le alegra mucho que esta historia les guste.
Este capítulo lo acabo de traducir, pero como la espera ha sido larga, decidí actualizar. Perdonen si hay algún error, lo repararé a la brevedad posible.
Psycho-pacgirl: Leí el review como cuatro veces para poder responderlo correctamente. Sobre Reborn: sí, puede que lo sea, pero después se revelará por qué actúa como lo hace. Todo tiene un por qué. Algo de Mukuro se verá en este capítulo, incluida la pelea con Hibari. Y descuida, puedes llamarle como te parezca cómodo, a fin de cuentas, se está hablando de lo mismo. Gracias por leer.
Hitomi Hozuki: Gracias por seguir leyendo y por tu review. Respecto a lo que me comentas, creo que este capítulo te gustará aún más (por la relación de Kyouya y Tsunayoushi).
Cyan Reed: Muchas gracias por tu review. A veces me pregunto lo mismo... pero en un sentido un poco diferente al que, tal vez, te lo preguntes tú.
Capítulo 4
Café
Hay un hombre sentado justo frente a mí en un café abarrotado. Estamos en nuestro punto usual que ha venido a ser conocido como "nuestro punto" cuando lo encontramos en una caminata aleatoria. El punto está cerca de esa fuente de agua en la que le gusta arrojar monedas. Y cada vez que bromearía sobre tomar algunas de ellas para mí, él voltearía hacia mí y diría "¡No hagas eso! ¡Te estarías llevando los deseos de las otras personas!".
Él no lo sabe pero cuando voltea tomo rápidos borradores de su perfil. Siempre le gustó usar tweed y patrones y cuerdas que lo hacen lucir más alto, su moda y estilo le hacen parecer como esos pequeños chicos ingleses de los 1800 o tal vez del periodo Rococó. Otros días usaría moda callejera, la usual sudadera, algunas deportivas. Era demasiado cómodo, pero se veía como un desorden, su ropa arrugaday sin planchar.
No sabe esto, pero siempre he tenido esta fascinación en mi deseo por pintarle. La verdad sea dicha, nunca le he preguntado que pose para mí pero aún así, estoy seguro de que si le preguntara, accedería.
Sé que es el tipo de persona que cuando le pides algo, te lo dará un millón de veces.
No quiero pedirle nada. Quiero llevarlo lejos de él. Y realmente no sé por qué.
Somos amigos, pero una parte de mí quiere herirlo.
—Así que, explícame nuevamente, ¿por qué comenzaste a atacar a Hibari-san tan repentinamente? —Parece un poco nervioso, tímido y jugueteaba con la servilleta que yacía frente a él. Una taza de té a su lado.
Mukuro sabe que no toma mucho avergonzar a Tsunayoushi, así que abusa completamente de este hábito del hombre.
—He explicado esto tantas veces Tsunayoushi —el italiano levantó sus enguantadas manos y las colocó mostrando sus palmas—, mis manos y pies se movieron por su cuenta. En el momento en el que esa… monstruosidad pisó la habitación tuve que hacerles un favor a todos y encargarme de esa inconsistencia.
Los muebles y sillas eran de color blanco bosque, un largo árbol falso en el centro del cuarto, extendía sus ramas hacia el resto del café. Los clientes restantes cenaban pacíficamente también, estaban conformes con dar a cada quien su privacidad. Tsunayoushi amaba ese lugar, le había dicho a Mukuro que le recordaba a los jardines de la familia Hibari en Namimori. Estaban abiertos al público de vez en cuando, pero dejaron a un Tsunayoushi de cuatro años hipnotizado.
Mukuro sonrió cuando vio al otro hombre encogerse a sus duras palabras, siempre hacía eso, era demasiado blando. Le gustaba eso de él y también le irritaba hasta el final.
—… ¿Ambos se habían conocido anteriormente? —el castaño inquirió mientras tomaba un mordisco a su emparedado.
Un suspiro exasperado llenó el aire.
—No del todo. —Los rasgos de Mukuro se torcieron. Su boca una línea recta.— ¿Y por qué sólo me interrogas a mí? No fui el único que destruyó el mobiliario.
Una mano golpeó la mesa dramáticamente.
—¡Porque Hibari-san me aterra! —la verdad podía ser un poco patética.
Cejas alzadas y ojos hetero-cromáticos entretenidos brillaron cuando la luz los golpeó.
—¿Y yo no?
El otro ignora su pregunta y comienza a devorar una pieza de pan de su vajilla. Ignorante, y sospechando del par de ojos enfocados en él.
—Tsunayoushi, ¿aún tienes a Nuts?
El castaño se detiene en medio de su masticar para mirar fijamente al otro.
—Sí, por el momento está con Enma-kun. Le dije que cuidara de él cuando me fui a la ciudad. —Una pausa.— Pero pensé que ya te había dicho esto… sobre mi gato y todo.
—Soy consciente de eso —Mukuro toca el borde de su boca con rápida elegancia—. Sólo estaba preguntando si aún lo tenías, queriendo decir que si estaba vivo.
El otro infló sus mejillas, como una ardilla.
—¡Por supuesto que lo está! ¿Por qué no lo estaría? ¡Enma-kun es un gran cuidador de gatos! ¡Es responsable y confiable!
Amas más a ese maldito gato que tu…
Ambos continuaron hablando sobre nada, terminando su almuerzo en risas, pero Tsunayoushi aunque era ignorante de lo que pasaba en la cabeza del otro, podía sentir una pequeña fuerza presionando a sus costados. Siempre se sentía de esta manera con Mukuro. Siempre se sentía enfermo. Aún así adoraba su compañía.
Los dos caminaron lado a lado a través de pequeñas tiendas para llegar a la sede de Vongola, era sólo una caminata de treinta minutos, y en ese tiempo tenían más oportunidades de charlar y cotillear sobre muchas cosas. Una opción y tema popular eran arte y sueños. Aunque Tsunayoushi no entendía mucho el arte o dibujar, Dios le prohíbe que le guste. En contraste con Mukuro quien era un artista que tenía su arte en muestra en muchas ocasiones. Cuando ellos terminaran esa conversación saltarían a los sueños. (Siempre terminaba con eso.) Que era básicamente sólo Tsunayoushi elaborando sus "terrores nocturnos" mientras los contaba.
Tsunayoushi es imposible de dibujar. Cada vez que tengo mi pintura lista y tomo una brocha y comienzo, puedo dibujar su estructura completa, su cuerpo, la forma en que su mano se posiciona a sí misma cuando alcanza una taza de café, la manera en que su cuerpo se estrecha cuando está nervioso, pero cuando llego a su tolerancia, no puedo levantar un solo dedo. Todo lo que trato termina siendo una falla. Nunca puedo dibujar su rostro.
Así que Tsunayoushi va sin importarle el mundo. No sabe que yo también sueño. Lo he visto morir en todos ellos, mi mano alcanzándole y pidiéndole que no vaya, otro donde lo lastimo físicamente, fuego a nuestro alrededor; siempre estoy atrapado en mis sueños. En un ataúd, o en un tubo, un espécimen, viviendo pero sin vivir. Sólo ahí. No sabe que cuando le pregunté sobre Nuts estaba tratando de esconder el entusiasmo en mi voz, estaba esperando que ese animal muriera ya y él no sabe que estoy encaprichado con él al punto de tener cuadernos dedicados a dibujarlo. Pero como dicen, la ignorancia es una bendición.
Estos son los pensamientos de Mukuro, preocupándose a sí mismo mientras cruza las calles.
Cuando Mukuro y Tsunayoushi llegan al frente del edificio Vongola, los primeros en saludarlos son Yamamoto y Gokudera. La cara del hombre con cabello plateado iluminándose considerablemente mientras los ojos del más alto estaban arrugados y con su sonrisa habitual.
—¡Yo, Tsuna! El almuerzo no ha terminado, hay como… —Yamamoto revisa su reloj digital y levanta la manga de su muñeca— … quince minutos restantes.
Mukuro rió por lo bajo.
—Llegamos temprano porque tengo algo de papeleo qué hacer —observó a Gokudera quien lo miró intensamente, como si haciéndolo Mukuro explotaría en un millón de pedazos. Cambiaron a italiano. —Oye perro, he traído de vuelta a tu maestro. — el hombre hetero cromático se burló mientras hacía una reverencia, mostrando a Tsunayoushi detrás de él.
Pero antes de que el otro pudiera responder, se desapareció como si nunca estuviese ahí, como la niebla.
Yamamoto pareció perplejo por un momento, pero entonces procedió a reírse como si fuese una pequeña broma.
—Ja, ¿cómo llegó tan rápido a los elevadores? Siempre hace eso.
—Te lo diré —Gokudera comenzó fieramente—. ¡Está haciendo brujería, tú nunca me crees! ¡Asesinó animales y los sacrificó! Usted me cree, ¿verdad Décimo?
Pero Tsunayoushi continuó sonriendo agradablemente, ignorando la cuestión a propósito. Se giró hacia Yamamoto antes de que el otro continuara y recitara un increíble y profundo ensayo sobre "Por qué Mukuro es una monstruosidad".
—¿Cómo está tu padre?
—Ah, papá está bien. Quiero decir, me dio un susto y todo cuando se desmayó. Pero lo está haciendo bien. Ya conoces a mi papá, ¡es el chico más fuerte que conozco!
La expresión de Gokudera era plana, no mostrando trazos de ira (lo que quería decir que estaba interesado en lo que el otro tenía que decir).
—Sí, lo sé. Deseo que esté saludable en el futuro.
Yamamoto le sonrió cálidamente y chasqueó sus dedos, siempre había hecho eso. Chasquear sus dedos cuando había querido cambiar el tema.
—Adivinen qué compre ayer chicos. Estaba en Amazon el otro día y compré un programa de televisión de América que salió cuando éramos niños. ¿Lo recuerdan? Se llamaba… —cambió a su inglés, sólo tenía un poco de su ligero acento— Tales from the Crypt (1).
Gokudera y Tsunayoushi sonrieron en reconocimiento, mirándose el uno al otro, tratando fuertemente de no reír. (Estaban en la oficina, ¿sabes?)
—Ahhhhh —Tsunayoushi comenzó—. ¿No decíamos que el que vigilaba las tumbas era el novio de Gokudera?
—¡Décimo! ¡Eso es vergonzoso! Recuerdo… —Gokudera comenzó a mover sus dedos, y Tsunayoushi y Yamamoto supieron que estaba tocando una pieza de piano en su cabeza. Le hacía pensar mejor, era lo que les había dicho. —… que vimos un maratón de ello cuando nos quedamos a dormir en su casa Décimo, fue esa vez que ese estúpido poni vino a su habitación para una pelea.
—Pensé que había venido para decir "hola". —Yamamoto se cruzó de brazos y miró cómplice al de cabello plateado.— Te enojaste con Dino-san porque tropezó accidentalmente sobre nuestro proyecto de Ciencias.
—¡Ese bastardo! —Gokudera apretó un puño en el aire mientras Tsunayoushi sonrió débilmente.
—De todos modos, estábamos viéndolo y esa fue la primera vez que vi a un extraterrestre en la ventana.
—Gokudera-kun, pudo haber sido un truco de la luz, ¿o tal vez estábamos viendo demasiados episodios que sólo alucinaste?
Yamamoto sabía que esto no iría a ningún lado, así que intervino nuevamente al chasquear sus dedos.
—Bien, quería invitarlos para que pudiéramos verlo juntos. ¡Una noche de chicos!
Antes de que Gokudera pudiese comentar cuán estúpido y patético se escuchaba eso, Tsunayoushi dio unos pasos hacia adelante y habló emocionado.
—¡Seguro! No hemos estado juntos en mucho tiempo, ¡hemos estado tan ocupados y es una gran idea! —tal vez la razón por la que seguía teniendo esos dolores de cabeza y alucinaciones era porque necesitaba salir a algún lado.
—Bueno, si el Décimo va…
—¡Bien! Entonces está decidido, los recogeré el viernes en el departamento de Tsuna.
Y esa era la primera fase del plan de Yamamoto.
Faltaban quince minutos para las dos cuando el teléfono de Tsunayoushi sonó. Protestó en su sueño, contorsionando su rostro en disgusto por ser despertado a la mitad de la noche. Sólo podía ser una persona quien le haría esto a él.
—Reborrnnnnnnn —gimió—. ¿Qué es lo que quieres?
En la otra línea de su nuevo, costoso teléfono Docomo (cortesía de los demonios Vongola), Tsunayoushi podía escuchar música a alto volumen y risas. Tal vez el otro estaba en un club nocturno o algo parecido.
—Hmph —el barítono profundo del otro hombre arrastraba desagrado. Parecía que bebía agua, mientras se mantenía pausando a ciertos momentos (o tal vez no podía seguir hablando por encima de la música).— Qué rudo, bueno para nada Tsuna. Ad ogni modo, che ore sono?
—¿Qué hora es? ¡Me hablaste sólo para preguntarme la hora! ¿No puedes usar tu reloj de muñeca Dolce and Gabanna que siempre llevas? ¿Qué hay sobre el estado de tu Iphone?
El hombre medio dormido pudo sentir la sonrisa en la cara del otro.
—Il tempo ragazzo stupido (La hora chico estúpido).
—Bien, justo ahora es la 1: 46.
Un tarareo de aprobación.
—¿Qué estás haciendo? —Reborn dijo esto como si estuviese inspeccionando sus uñas, buscando suciedad lo que, en efecto, estaba haciendo.
—Dormir, ¿qué más? —un suspiro pudo ser escuchado en el receptor.
—Qué aburrido, estaba esperando que hicieras algo emocionante el día de hoy. Pero nuevamente, siempre serás mi bueno para nada Tsuna. Cuyo único talento en la vida es cocinar.
Tsunayoushi sintió una migraña acercarse así que cambió la conversación rápidamente.
—No importa, ¿qué hay de ti?
—Estoy sólo aquí, en un club nocturno con algunos clientes, ya he logrado que firmaran lo que quería.
Sólo son negocios con él, ¿no? Bien, ese es Reborn. Tsunayoushi sonrió mientras se enterraba bajo las sábanas. Se estiró cuando habló.
—Como sea, estaré ahí en menos de treinta minutos. Me quedaré a dormir.
Y así es la fuerte personalidad de Reborn. Cuando quería algo siempre lo decía, no importando cuán franco podía ser, y siempre lo lograba.
—Bien —el otro comenzó— tengo un sofá disponible —insinuando que no quería compartir la cama, dando a entender "Dormirás en el sofá porque siempre me golpeas y quitas las mantas".
—Bien, tienes dónde dormir.
Y con eso la llamada terminó.
—¡Espera, Reborn!
—Hazme algo de Caffè.
Esas fueron las primeras palabras que salieron de la boca de Reborn cuando entró en la sala de estar, quitándose su abrigo y tendiéndolo hacia Tsunayoushi quien solo suspiró.
¿Cómo sabía que iba a decir eso?
—No Reborn, es tarde y no podrás dormir —Tsunayoushi dice esto cuando coloca el abrigo en el perchero. Pero el otro continuó como si no hubiese dicho nada.
—Hazme un Marocchino con vino en él.
—No puedo hacerte eso, pero puedo prepararte un té Camomilla, de todas formas ya está hecho —el castaño pausó cuando notó que el otro le miraba curiosamente—. ¿Qué?
Reborn coloca una mano en la barra de la cocina y la otra en su barbilla, observando a Tsunayoushi quien ya ha empezado a cubrir el té con crema ligera y espolvoreando un poco de canela.
—Difícilmente te escucho hablar en italiano, eso es todo.
—Bien, tú —el más joven le tendió su bebida al mayor—, Mukuro, Collonello-san y mis hermanos mayores Giotto y Dino siempre lo hablan muy seguido. Se pega. Además, ¡porque siempre me pides comida y bebidas! A veces no sé qué es lo que estás pidiendo y tengo que consultar libros de cocina y todo eso.
Reborn coloca su fedora en el espacio entre ellos.
—Lo que sea que haces es delicioso. No puedo poner mi dedo en ello pero el café no sabe igual si no es el tuyo —añadió como un pensamiento—, me disgusta.
Y el hombre introvertido no supo qué decir, pero nuevamente, en los veintidós años de su vida nunca ha sabido exactamente qué decir.
Cuando su bocadillo nocturno terminó y los platos fueron lavados, sólo había una cosa restante por hacer. Discutir los arreglos para dormir. Ambos hombres estaban en la recámara principal, sentados al lado de la cama, hombro a hombro.
—¿Por qué no dormir juntos? —Reborn sugirió como si no fuese extraño.— Cuando eras más pequeño querías hacer todo juntos, dormir, bañarse, defecar…
—¡Ya no soy un niño, Reborn!
—Y ese es precisamente el por qué deberías meterte en la cama conmigo.
—¿Qué? —Tsunayoushi pestañeó.
—¿Qué? —el otro imitó mientras arrojaba una almohada a la cara del más joven.
Al final, decidieron dormir juntos. Así que, ¿por qué todo el escándalo?
—Haz algo de espacio —Tsunayoushi se quejó—. Estás acaparando todo.
—No lo estoy, tú tienes sobrepeso.
Un bostezo fue escuchado cuando ambos trataron de ponerse cómodos y Reborn, mientras daba de vueltas, decidió que compraría una cama King size para su inútil Tsuna. Honestamente, ¿alguna vez había sido capaz de cuidar por sí mismo? Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando (hablando del diablo) su compañero de dormitorio decidió hablar.
—Gahh, la última cosa que quería ver justo antes de ir a dormir era un documental horripilante de ciencia sobre el gato de Schrödinger.
Reborn se movió en la cama de manera que pudiera ver el rostro de Tsunayoushi. Los ojos del castaño estaban cerrados y ya en posición de dormir con las mantas, aún así habló.
—Era sobre universos paralelos y Física Cuántica… funciones de onda universal…
Su voz hizo eco a través de la habitación.
—¿Por qué estabas viendo eso? De cualquier manera no lo entenderías.
—Decidí ver televisión un poco mientras esperaba que llegaras. No pude encontrar el control remoto dado que rara vez lo utilizo. Así que se quedó ahí…—continuó y bostezó nuevamente, lágrimas formándose en las esquinas de sus ojos— Lo siguiente de lo que iban a hablar era sobre el fin de la existencia y teorías, da miedo, ¿no es así?
—Difícilmente. ¿Crees en algo de eso?
—No, no realmente… siempre he creído… bien, no sé en qué creo —Tsunayoushi pausó y miró inexpresivamente al otro.
—Hm.
—¿Qué hay sobre ti Reborn?
—No creo en el fin del mundo. Creo que en cada una de nuestras vidas, en algún punto en el futuro, el mundo se reiniciará o regenerará y simplemente iniciaremos de nuevo en un ciclo interminable, nos demos cuenta o no.
Los ojos de Reborn parecían completamente negros, una piedra aliviadora, y ambos permanecieron observándose el uno al otro por algún tiempo, como si buscaran por algo que quisieran mantener. Las narices de ambos se estaban tocando, Tsunayoushi no supo cuándo el mayor se había acercado a él, tampoco lo alejó.
Está sucediendo de nuevo, este salto de tiempo. El tiempo se detiene, cualquier cosa que esto sea. Este mundo extraño, está pasando nuevamente. Todo se parece a la estática y no puedo escuchar correctamente.
Entonces todo volvió a la normalidad cuando la expresión facial de Reborn cambió.
—Sólo bromeo.
Y ambos fueron a dormir.
En la mañana, la luz del sol le dio a la habitación de Tsunayoushi una luz etérea. Reborn meramente pestañeó y continuó observando al muro arriba de él. Empezó a recordar cuando era un niño pequeño en Italia, excepto que no era un niño realmente. Nunca lo había sido, antes de que supiera quiénes eran sus padres, asesinó, y antes de que supiera cómo asesinar aprendió a mentir.
—Tsunayoushi, ¿qué soñaste el día de hoy?
Pero antes de todas esas cosas, sabía cómo soñar.
—Aves muertas.
Justo después de que Tsunayoushi entregara el desayuno de Kyouya, los tres (Reborn, Hibari y él mismo) se apresuraron hacia el elevador. Iba a estar cerrado por mantenimiento en tres minutos, así que querían irse temprano.
Los tres hombres se deslizaron en el elevador, tranquilamente y sin problemas. Reborn estaba donde se encontraban los botones y destinos, sus brazos cruzados y ojos cerrados, su peso siendo apoyado en el muro. A su lado estaba Tsunayoushi, un rostro pensativo y sus brazos yacían juntos, mirando fijamente hacia las puertas del elevador. ¿Y Kyouya? Kyouya estaba al lado de ambos, con una buena distancia lejos de ellos, bueno tanto espacio como el elevador podía proveer. Tenía sus brazos a sus lados, uno llevando su portafolio negro mientras la otra mano estaba cerrada.
Justo ante la mirada de Tsunayoushi, el elevador se atenuó en un vidrio de color rosa claro, (Tsunayoushi se preguntó por qué, puesto que eso se suponía que sucediera sólo cuando estás enamorado, su madre le había dicho) así que voltea hacia Reborn y Hibari, porque está asustado y temeroso y se está preguntando si ellos también pueden verlo. Pero ambos tienen sus ojos abiertos, observando al delgado aire, pero sus miradas eran serias y urgentes, miradas muy fuertes. A Tsunayoushi le recordaban los ojos de los peces muertos y cómo cuando sólo tenía dos años su padre le obligó a comerlo.
Lloró esa vez.
Un zumbido fue escuchado repentinamente, uno bajo, oscuro y lleno de ambiente. Su corazón acelerado y podía escuchar su nombre "Tsunayoushi, Tsunayoushi, Tsunayoushi".
En esos momentos, cuando ninguna luz vendría a él y donde el tiempo se detendría, se sintió como si no hubiese nacido. No aún. Todavía estaba atrapado en una matriz.
"Tsunayoushi, Tsunayoushi".
Recuerda ese día en el que morirás. Recuerda el momento de tu muerte. Recuerda que debes morir.
Su cabeza comenzó a girar.
¿Quién? ¿Qué? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Por qué?
memento mori memento mori memento mori memento mori memento mori memento mor…
Y con eso colapsó en sus rodillas, acurrucándose con sus brazos en su cabeza… y comenzó a gritar.
Era un grito que helaba la sangre, que parecía romper la ilusión, o tal vez le enviaba "de vuelta". Donde él estaba, no tenía ni idea, y mucho menos entendía a dónde fue enviado "de vuelta". Urgente, desesperado, doloroso. Fue sólo un segundo, pero de la nada, ve rostros familiares mirando por encima de él, y extraños mirándole con preocupación. Reborn ya estaba a su lado, sus brazos alrededor de él en un abrazo intranquilo.
Una multitud se había formado alrededor del elevador en el momento en que Tsunayoushi se desmayó. Reborn lo sacudió ligeramente, mientras que Kyouya permaneció en el mismo punto en el elevador observando la escena.
Y Kyouya sólo le pudo mirar fijamente. El herbívoro que estaba en los brazos de las garras del otro carnívoro y no pudo evitar pensar "No me gusta".
—Tsunayoushi, Tsunayoushi. ¿Cuál es el problema? ¿Qué sucede? —'Caos' pensó Reborn.
Y Tsunayoushi giró su rostro, lenta y delicadamente, con los ojos muy abiertos. No estaban más que pilares, y esa fue la única cosa que pudo hacer mientras miraba el rostro del otro y apenas respondió en un susurro:
—Me estoy volviendo loco.
Reborn cargó a Tsunayoushi como un novio cargaría a su esposa, llevándole a su apartamento. Ignoraron las miradas de los otros, ignoraron su ayuda.
—Te tomarás un día libre del trabajo. No estás en condición de ir. Tienes fiebre. —Cuando el otro protestó, Reborn meramente lo calló con una mirada y habló.— Te estoy ordenando.
Así que Tsunayoushi permaneció en su departamento, cubierto en las mantas cortesía de Reborn, todo el tiempo temblando porque no importaba. No importaba porque seguía frío.
—Reborn, deberías ir a trabajar, estaré bien aquí. De todas formas, hoy haré curry, estaré ocupado. Todo estará bien. Por favor, no te preocupes por mí.
Pero el otro no cedería, así que al final ninguno fue a trabajar (en su lugar, Reborn escuchó sus cintas favoritas todo el día) y mientras Tsunayoushi dormía, él se mantuvo escuchando una orquesta, la ligera voz de una mujer alcanzando todas las notas. La partitura musical de su vida y recuerdos le golpearon como una roca. Porque cuando Reborn ponía sus cintas le hacían pensar sobre su infancia, las cosas buenas y la mayoría grandes, pequeñas y dolorosas cosas que herían su corazón como agujas.
Y cuando Kyouya estaba solo en el elevador no entendió por qué, pero abrió su boca y dijo:
—Ese era mi derecho.
Kyouya no quiere estar en la casa del herbívoro, pero fue enviado ahí por Reborn, por negocios (además tenía que recoger su cena). Cuando hubo llegado, Reborn había salido hacia la tienda de la esquina por algo de vino e ingredientes. Nunca admitiría que estaba pensando en Tsunayoushi el diecisiete por ciento del tiempo. Considerándolo todo, aún no podía entender la relación que el carnívoro y el herbívoro tenían uno con otro. Porque, obviamente, usualmente el Carnívoro habría comido al otro.
—¿Quién es él?
Tsunayoushi levantó su cabeza mientras cortaba cebolla y responde de la mejor manera en que puede describir al hombre.
—Él es Reborn, ja, ja.
Pero el otro hombre no lo dejaría así y continuaría presionando, toma dos pasos hacia adelante, empujando en la situación aún más, mostrando cuánto deseaba saber (cuán importante era para él).
—¿Quién es él para ti? —era más como un interrogatorio que una conversación y Tsunayoushi está un poco nervioso. El aliento de Hibari puede sentirse en su cuello y él estaba un poco más que incómodo.
—Alguien importante —dice cortante y tranquilamente. El silencio siguió y sus brazos comenzaron a sudar. Sabía que era un hábito repugnante pero no podía evitarlo. El señor Fong le había dicho que cuando sudara de esa manera comiera una naranja. No tenía idea qué es lo que haría, pero lo de todas maneras lo hacía.
—Siempre haces las verduras encurtidas un poco saladas.
Esa declaración fue recitada antes muchas veces por su madre, y sólo ella podía decirle porque todos los demás comían dichosamente, así que se giró hacia Kyouya y le dio una expresión curiosa.
—¿Cómo sabes eso?
Y Kyouya le dijo la verdad.
—No lo sé.
Cuando el curry estuvo hecho, Tsunayoushi tomó siete platos. Sirvió arroz generosamente, así como salsa con vegetales encurtidos. Tenía que asegurarse que estuviesen en grandes porciones desde que todo el que conocía tenía un gran apetito. Reborn le había dicho que preparara suficiente ya que se dirigía a su propio apartamento esa noche. Ofreció llevar la comida para los otros.
—Vamos a ver —se dijo a sí mismo—. Uno para Fong-san, otro para Collonello-san, uno para mis hermanos Giotto y Dino, Reborn, Luce-san, y… debería sólo añadir arroz para Lal-san porque no le gusta el curry, pero le gustan las verduras. Espera, llamaré a Reborn y preguntaré si Verde-san está ahí también, probablemente hará un berrinche si le doy a Verde-san cualquier…
Hizo su camino hacia la sala para tomar su teléfono celular cuando notó una pequeña libreta negra en el suelo, parecía fuera de lugar y estaba a unos pocos pies lejos de un portafolio. ¿Tal vez era de Reborn? Tsunayoushi no era de los que fisgonearan las posesiones de otros, pero unos cuantos trozos de papel estaban en el piso y él sólo las estaba devolviendo. Haciéndolo, sus ojos se obligaron a leer las primeras hojas, pero cuando lo hizo, no pudo evitar el continuar.
"Sigo viendo a ese herbívoro en mis sueños, y siempre está en un ataúd. Flores blancas le rodean y no puedo dar un paso hacia adelante. Hay otros en el cementerio, y miro al ataúd pero no recuerdo sentir algo, ni siquiera desprecio. Esta no es la primera vez que sueño esto, es la decimosexta vez esta semana…"
Tsunayoushi la cerró rápidamente, porque cuando lo hubo leído, había comenzado a hiperventilar. Algo se estaba acercando, sintió una energía siendo emitida mientras jadeaba en busca de aire.
—No toques eso.
Kyouya permaneció al final del pasillo, saliendo del baño, en sus ojos nada a excepción de ira. Y para el hombre tímido, todo encajó. Esta libreta estaba en el portafolio de Kyouya, no en el de Reborn. Esta era la libreta de Kyouya, en la que escribió sus sueños. Mientras sumaba dos más dos, supo que su mejor opción era disculparse profusamente por invadir la privacidad del otro, pero en cambio, dijo:
—¿Escribes tus sueños? —No hubo respuesta.— Pensé que era el único que conocía que hacía eso… tal vez… tus sueños no son tan extraños como los míos… pero sé… te han estado molestando tanto que tuviste que dejarlos en algún lado.
Cuando alguien insinuaba que Hibari Kyouya tiene algún tipo de debilidad, o algo como la expresión fría que siempre tiene, los apartaba.
—Permanece en silencio, herbívoro. Es inútil hablar sobre esto. Es inútil estar aquí y es inútil hablarte a ti.
Y con eso se giró, pero no esperó que una mano alcanzara su hombro. El contacto físico fue suficiente para detenerle, para hacerle escuchar. Y a la larga, después de lo que iba a escuchar, le haría reevaluar el carácter de Tsunayoushi. Kyouya aprendería que en cierto punto, en la vida de Tsunayoushi, el hombre tendría pequeños momentos de coraje que le harían parecer estar encima de un carnívoro. No sólo le intrigaba a Hibari, también le confundía. No sabía qué pensar o qué decir cuando el otro estaba cerca.
—Las cosas inútiles también tienen un lugar y aún si tienes una vida imperfecta sería absolutamente nada sin las cosas pequeñas.
Nunca había visto nada tan extraño. Una pequeña cosa frágil mirándole fijamente, desafiándole a él. Enseñando sus pequeños dientes a él, al depredador. ¿Qué era lo que esta persona estaba pensando?
—Ese sueño, sobre mí en un ataúd… también lo tuve. —Esto ganó la atención de Hibari, no alejó la mirada del otro.— También te vi ahí, tú sólo me mirabas mientras algunas personas ahí lloraban… pero no estaba asustado… no estaba asustado porque, por alguna razón, me sentí contento. Y todo en lo que podía pensar era en cuánto confiaba en ti.
La habitación se volvió tranquila nuevamente, las trompetas sonaban apagadas, las plumas volvieron, excepto que eran negras, y sorpresivamente empezó a llover adentro. Un ruidoso diluvio les golpeó a ambos.
—¿Lo ves? —Tsunayoushi estaba al borde de las lágrimas— ¡Dime que no estoy loco! Me estoy empapando y tú…
—Lo siento. Puedo ver que está lloviendo Tsunayoushi, puedo ver que el televisor se encendió y puedo ver que es estática.
Esa es la primera vez que me has llamado por mi nombre.
—También pude ver el extraño color que viste en la mañana, pude escuchar el zumbido en el elevador esta mañana. Sé que te atemorizó.
Ambos se miraron fijamente mientras la lluvia les engullía, el curry, las mezclas y especias. Y justo antes de que el agua hubiese alcanzado el cielo (era extraño porque podían respirar bajo el agua) Tsunayoushi mueve sus labios y extiende su mano al otro.
—Tú y yo —Tsunayoushi dijo suavemente— estamos entrelazados.
Hibari se siente obligado a hacer esto. Justo ahora no tiene control de sí mismo, así que toma la mano del otro.
—Vamos a averiguar qué es lo que sucede. Vamos a encontrar la diferencia entre los sueños y la realidad.
Hibari sólo pudo asentir mientras los papeles y su portafolio empiezan a nadar alrededor de ellos, pero después de un tiempo, pestañeó y todo volvió a la normalidad. Todo estaba en su lugar, nada estaba húmedo o mojado, no dejando restos de lo imposible.
Lo único que permaneció fue ambos y sus manos conectadas.
Y una alianza nació. Pero lo que ellos esperaban no era lo que recibieron, y lo que recibieron era algo más grande que ambos. Y al final, no importaría porque el destino se reía de ellos.
(1) Tales from the Crypt: Cuentos de la cripta. Serie de televisión que fue transmitida en Estados Unidos en 1989 y también en España y varios países de Latinoamérica.
memento mori: En latín quiere decir "recuerda la muerte".
