¡Wola! Ya mismo cuelgo :3¡Ojalá les guste algo el capiXD. Nos vemos abajo n.n.
Fic:El caballero de la bruja.
Autora:Chia-Uchiha.
´Capítulo cuatro: Herida a traición.
"No te fies de nadie.
La traición está donde menos te esperas".
El calor recorrió sus cuerpos, embriagándolos de un relax tranquilo. Ambos hermanos disfrutaron de aquel pequeño baño, cada uno concentrado en sus pensamientos. Extrañamente, Ryoga había permanecido en silencio. Ryoma podría apostar que su querido hermano estaba molesto por detener su momento de Don Juan. Pero realmente es que lo cabreaba. Siempre mostrándose a todas las mujeres que encontraba, sin importarle si eran fea o guapas. Muchas veces había logrado escuchar sin el menor interés, una conversación entre su cuñada y él. La joven se maldecía por no poder darle hijos y él, simplemente la escuchaba y el único consuelo que sabía ofrecerle, no era otro que una noche entre sus brazos. Su madre, muchas veces había comentado que una de las razones posible para que Shiba no terminara embarazada, era que hacían demasiado el amor y eso, terminaba hiriendo al bebé. Por eso, cuando estubo embarazada de ambos, no cedió al sexo con Nanjiro, entregándolo a los brazos de cualquier otra cortesana.
-¿Y bien?-. Preguntó Ryoga rompiendo el silencio-. ¿Qué tiene en mente nuestra princesa?
Guardó silencio. Su mente dibagó hasta aquel encuentro, dónde había dado rienda suelta a parte de sus deseos. Por suerte, su mente seguía siendo lo suficientemente fria como para detenerse. Sakuno no podía ser tomada tan fácilmente. Según había comentado Banji, debía de pasar cierto ritual en cierta noche. Solía decir una frase realmente especial para eso: "Las mujeres nacidas con este don, no pueden ser tomadas por simples hombres". Y él era uno. Maldecía serlo, pero no le quedaba más remedio que serlo. No era como Sakuno, no tenía ningún poder especial. Aprendió a la fuerza el manejo de la espada, la defensa con el escudo, a no caerse ante un empujón, a romper y cortar cabezas sin el menor esfuerzo. Sin embargo¡a saber las de cosas tan simples que lograría hacer la castaña con una simple de sus miradas!
En sus ojos llevaba el fuego, en sus cabellos la tierra, en su boca el agua, su aliento era el aire y su cuerpo, la virginidad. Ya había roto una, no más. No podía. Sin embargo, pese al momento, juró ser su caballero, protegerla, y lo cumpliría hasta el final. Sakuno había guardado silencio, perdiendo su ver rojizo en los suyos, asegurándose que no mentía. ¡Y que le tirasen al mismo infierno si lo hacía! No había mentido. Sus palabras continuaban firmes, pero no fue suficiente. La joven murmuró que se lo pensaría esa noche y por ello, se encontraban en aquella casa.
-¿Y bien?-Se interesó de nuevo su hermano.
-No lo sé-. Respondió indiferente.
-Deberías de atarla a la montura y devolverla a su padre.
-Ambos sabemos que pasaría si hago eso-. Miró incrédulo al mayor-. ¿Es eso lo que quieres hacer?
-Esa chiquilla no es mia-. Sonrió Ryoga encogiéndose de hombros-. Si no, créeme que de un buen azote en el culo, aprendería.
-Igual que Shiba.
-¿Por qué la metes a ella en medio?
-Porque es tu mujer-. Recordó señalándole con la cabeza-. ¿O eso siempre se te olvida?
La mueca de Ryoga no se hizo esperar, así como el levantamiento de su cuerpo, molesto e hirritado por adorado hermano pequeño. Se frotó los mojados cabellos y caminó por el agua, señalándole finalmente y encogiéndose de hombros.
-¿Tu crees que puedo estar con una mujer que no me da hijos?
-¿Has escuchado alguna vez lo que dice nuestra madre?
-¡No!-. Negó señalándole con ambas manos-. ¡Mírate a ti por escucharla! Andas detrás de una exhiliada, esperando que decida qué o no hacer. Si se queda, estaremos perdiendo el tiempo. Ryoma, cuanto antes regreses a la corte y digas que te atacaron y la raptaron, mejor. ¡Qué se quede aquí si lo desea! Nosotros tenomos muchas cosas por delante. Tu...-. Se llevó una mano al mentón pensativo-. Tu puedes casarte con alguna hija de uno de los amigos de papá, que sea hija única y heredarás sus tierras.
-¿Y crees que eso me hará feliz?
-No lo sé, maldita sea, no lo sé. No estoy en tu pellejo.
-Pues no, no me hará feliz-. Aclaró alzándose también.
En medio de la bañera, ambos hombres se observaron mútuamente, directamente a los ojos, centelleantes de orgullo. Cada uno con diferentes creencias, pensamientos, fé, decisión. Ryoga suspiró, dándole por perdido, para regresar de nuevo al baño. Ryoma, sin embargo, abandonó aquel placer amargado. ¿Por qué realmente no podía ambiciar lo mismo que muchos otros hombres? Una buena mujer, aunque no la amara, hijos, dueño de buenas tierras y excelente servidor de su rey.
"No puedes ambiciar lo que cualquier otro hombre desearía, porque no has nacido como ellos".
Quizás ahora tenían sentido las palabras de Banji. Pero aún quedaba algo entremedias. ¿Qué clase de hombre era entonces¿Un demonio?
Secó su cuerpo con uno de las toallas entregadas anteriormente por Eiji, a regañadientes. El muchacho no estaba nada de acuerdo con dejarles pasar la noche ahí, sin embargo su hermana sí. ¿Quizás pensaba realmente tener algo con su hermano, o, le estaba probando a él? Se vistió con aquellas telas simples, aunque mejores que nada. Mientras escuchaba relatar a Ryoga aún en la bañera, salió, acercándose hasta la cocina, donde Sakuno reía divertida junto con Eiji Kikumaru. Postrado al lado de la puerta, la observó. Por orden de el chef, Eiji, se había recogido el largo cabello con cintas de blancas en dos largas coletas. Sintió ganas de reir. Siempre peleando con las monjas de el castillo y sus mandres por tener el cabello suelto y ahora, lo recogía como si nada. Sí, definitivamente, había dejado de ser aquella niñita de caracter dócil, pero de fuerza escondida en su caracter. Ahora era toda una mujer.
Sí. Aquel largo vestido marcaba su figura, resaltaba las curvas de sus caderas, de sus delgados hombros, de sus senos... Basta. Debía detenerse. No era lujuria, pero tampoco era la mirada de un niño. Ser adolescente era algo complicado, teniendo en cuenta que siempre podía tener lo que deseara, a cualquiera, excepto a ella. Ya no era respeto hacia la joven, si no a su deber. Un deber que maldecía. Todo estaba escrito por su culpa. Si nada de eso hubiera pasado, seguramente, Sakuno aún estaría en su hogar, y seguramente, su padre no la habría vendido, obligándola a casarse con él. Sería parte también de la familia Echizen, sin embargo...
"Todo el futuro esta escrito, Ryoma, tan solo¡vívelo!"
¿Vivirlo¿Cómo se vivía algo que ya se conocía? No lo entendía. Pero al menos, era algo que podría vivir con ella. O mejor dicho, por ella.
-¿Ryoma?
Alzó la mirada, encontrándose con los rojizos ojos y una amplia sonrisa. La rojez en la cara de la chica era sumamente notable y torpemente, posicionó su mano sobre su frente.
-¿Estás bien?
-Sí-. Respondió Sakuno sin dejar de sonreir-. Cenemos. ¿Ryoga estará bien? Aún no salió de el baño.
-Yo que sé-. Se encogió de hombros, dispuesto a marcharse, pero una mano lo retuvo-. Está bien, ya miro haber.
Suspiró, caminando hasta el baño, deteniéndose a tiempo. Frunció las cejas y regresó sobre sus pasos. Sakuno le miró sin comprender. Se sentó sobre la mesa, esperando la comida, mientras que esperaba el momento oportuno. Su hermano le iba a escuchar de nuevo.
-.-.-.-..-.
Regresó a la cocina confusa, pero apenas ver el rostro sonriente de Eiji, sonrió. Aquel chico tenía algo que le producía alegría, tranquilidad y extrañamente, protección. Sabía que nada podría compararse con un rey, con el hijo de uno, el bástago de muchos otros hombres, incluido Ryoma Echizen. Eiji era amable y demasiado hablador. Expresaba lo que sentía, sin importarle nada y fue así como se enteró que no se sentía seguro con la visita de Ryoma y Ryoga. Por Ryoma no le había explicado claramente, pero de Ryoga, sí. Al parecer, este había hecho modo de su plan Don Juan con su hermana. Era normal que Eiji se molestara, al fin y al cabo, era lo único que tenía.
Llevó el último plato a la mesa, al momento en que Aoko hizo apareción, tras disculparse de tener asuntos pendientes que hacer. Cuando llegó hasta el mueble, se encontró a Ryoga, totalmente sonriente, sentándose junto a su hermano y mirándola atentamente.
-¿Sastifecho?-. Preguntó Ryoma notablemente enfadado.
-Venga, no seas cínico, Ryoma-. Protestó el mayor angustiado-. Soy adulto.
-Eres un crio-. Negó en risa irónica-. De verdad... No vengas con nosotros-. Ordenó.
-No me mandas-. Se picó el mayor alzándose bruscamente-. Iré, te guste o no. Aunque claro está, la chica ni irá. Si no la domas, no te hará caso.
-Ella no es como las demás, y no la insultes delante de sus narices-. Aconsejó Echizen alzándo la cabeza-. Sientate. No me avergüenzes más.
Ryoga clavó sus ojos duramente en el menor, que mantuvo la mirada y de nuevo, el mayor terminó por rendirse. Sakuno se extremeció. Aquel acontecimiento lo había visto anteriormente. Cada vez que alguno de los jóvenes de el castillo, de cualquiera de los dos apellidos, venían a molestar, siempre terminaba escondiéndose tras el moreno y este, con dos simples palabras y una mirada gélida, los hacía callar y marcharse. Con Ryoga parecía ser igual. Era como, si Ryoma hubiera nacido antes y Ryoga fuera el hermano pequeño obediente. De todas maneras¿Por qué peleaban¿Qué había hecho Ryoga para molestar al pequeño¿Qué tenía ella que ver?
-¿Qué sucede?-. Preguntó tímidamente.
-Nada que una mujer deba saber-. Respondió friamente el mayor.
Un golpe fue directamente a su rostro. Con torpeza, rodó por el suelo, para alzarse y recoger el primer objeto que encontrara, dispuesto a lanzárselo a su hermano pequeño. Este se había alzado, mirándole con dureza, todavía más que anteriormente. Aterrada, se interpuso entre los dos, aferrando los brazos de Ryoma con delicadeza.
-No se peleen-. Rogó-. Cierto, me pasé de mis valores al preguntar. No luchen por eso...
Ryoma suspiró tras ella, dejando sobre la mesa el cubierto que había recogido. Observó las largas hebras, caidas y liberadas de el agarre ante la carrera ejercida por la joven. Se volvió, soltándose y lentamente, se alejó de la habitación, encerrándose en la que esa noche sería su dormitorio. Ryoga bufó, dejando el objeto sobre la mesa por igual, sentándose de nuevo y preparándose para deborar toda la comida que fuera necesaria. Sakuno le miró incrédula. Realmente, ahora que comprendía que todos los barones terminaban siendo hombres, no los comprendía. Aoko se acercó hasta ella, entregándole un plato con comida y bebida caliente.
-Llévaselo y cálmalo-. Ordenó suavemente-. Necesitará hablar con alguien.
-Sí...
Tomó con cuidado el plato y copa, caminando con lentitud hasta el cuarto. Llamó y tras recibir un simple gemido,entró. Ryoma estaba tumbado sobre la gran cama, boca abajo y su frente apoyada en el brazo izquierdo. Los ojos semicerrados y respiraba altamente alterado. Sakuno cerró tras ella, permitiéndose el lujo de admirar aquella habitación y dejar a la vez los cubiertos sobre una pequeña mesa.
-Ryoma, la cena-. Dijo mirándole por fin-. Deberías de cenar... Siento haberme metido...
-No importa-. Interrumpió el chico alzándose. Caminó hasta el lugar, recogiendo entre sus dedos dos trozos de carne y llevándolos hasta su boca-. Simplemente está nervioso-. La observó, curiosa, pestañeando confusa-. Se ha acostado con la hermana-. Explicó finalmente. Sakuno se asombró-. En el baño.
-¡No hacen falta tantos detalles!-. Exclamó avergonzada-. Ya entendí desde el primer momento.
Una sonrisa de superioridad se mostró en los labios masculinos. Suspiró, volviéndose, dispuesta a marcharse, sin embargo, una mano ya conocida la retuvo. Desbió sus rojizos ojos hasta esa parte de el cuerpo, frunciendo las cejas en movimientos de confusión. ¿Por qué quemaba esa mano en su piel?
-Espera-. Ordenó él serio-. Quiero una respuesta. La necesito.
Arrugó la boca, soltándose delicadamente, sin brusquedad. Seguramente, si lo hiciera, terminaría de crispar aún más los nervios de el caballero. En su mente todavía se mostraba clara la escena. Él arrodillado ante ella, jurando protegerla, y le creía. Ryoma era capaz de hacerlo. No juraba en vano. Sonrió. Aún quedaba cosas que conocía de él. Señas infantiles. Caminó lentamente hasta la ventana, sintiendo la mirada profunda de el muchacho en su espalda. Frotó sus brazos desnudos, calientes por la fuerte calefacción de la gran chimenea.
-Iré-. Respondió finalmente. Un suspiró escapó de la boca masculina-. Pero... deja de mentirme. Dime a dónde me llevas.
-¿Otra vez, Sakuno?-. Preguntó cansado. Ella le miró seria-. Está bien...-. Suspiró de nuevo-. Al lago helado.
-¿¡Qué!?-. Exclamó incrédula-. ¡Ryoma!¡ No puedes llevarme a ese lugar!-. Gritó-. ¡Eso está... demasiado lejos!
-Ya, y lleno de peligros, duendes, hadas, ect, ect-. Dijo sarcásticamente-. Sakuno, despierta y crece. Esas cosas no existen.
-Ni las brujas en las que creías de pequeño-. Protestó ofendida-. ¡Mira por donde!
-Te aseguro, Sakuno, que existen-. Rió burlón-. Tu misma lo creerás-. Se rascó el cabello, mirandoa su la rededor-. ¿Dónde está el libro que te entregé?
-En mi cuarto-. Respondió-. ¿Por qué?
-Nunca lo pierdas.
-Mi madre me dijo eso mismo-. Suspiró caminando hasta él-. Ryoma¿Qué tiene ese libro?
-No lo sé. ¿Tu madre no te dijo nada?-. Preguntó intrigado.
-No...
-Está bien-. Suspiró de nuevo-. Mañana saldremos temprano, dejar más tiempo a mi hermano aquí, traería problemas.
-Pero si Aoko quiso, no es ningún problema-. Dudó la joven.
El chico la miró incrédulo. Seguramente, porque horas antes se había quejado de él, que lohabía encontrado en los brazos de una mujer. Le parecería Imposible. ¡Ahora hasta felicitaba a su hermano! Pero la culpa no era suya. Sakuno había sido enseñada como muchas otras mujeres. El hombre y su libertad de amar. Aunque, era novata en esto, podía decir que si Aoko tuvo algo con Ryoga, fue porque le apetecía no, por otras cosas. Creía a Ryoga imposible de forzar a nadie. ¿Ryoma sí lo creía? Ahora continuaba aquella duda. ¿Por qué había golpeado a Ryoga?
-Ryoma...
-¿Mh?-. Preguntó este comiendo.
-¿Por qué te has peleado con Ryoga cuando me ha callado?
Las orbes doradas la miraron molestas. De nuevo había metido la pata. Sin embargo, él tan solo sonrió, negando con la cabeza. Se acercó hasta ella, acariciando su cabeza y gruñendo. Sakuno sonrió. Conocía mejor que nadie aquel gesto y era simplemente, para que se tranquilizara. Como si nada hubiera pasado. Él se volvió, regresando hasta la cena y continuando con su comida.
-Buenas noches, Sakuno-. Despidió.
-Buenas noches.
Le miró por un instante.Ya no se volvería, esperando el beso infantil de buenas noches ante la puerta de el castillo de su padre, ni tampoco estiraría de una de sus largas hebras, murmurando que tenía sueño y se iba. No. Ya no eran niños. Debía aceptarlo. Por mucho que doliera.
-.-.-.-.-.-.-.
La cara de Eiji era un auténtico mar salado. Lloraba a moco tendido, murmurando palabras sobre Sakuno. Realmente, el sueño de convertirse en marido, se esfumaba con la castaña. Ryoga, invitó a Aoko a la corte, tras besarla apasionadamente y seguro, que aquella noche habían vuelto a tener más que palabras. Arrugó el entrecejo. Hacer eso tan solo le ocasionaría problemas con Shiba. Si por una casualidad dejaba embarazada a cualquier otra mujer, seguramente las demás mujeres de palacio, comenzarían a despreciarla, insultarla, culparla de ser inservible. Shiba tendría dos opciones: O regresar a su casa, donde ya nunca más sería tomada por otro esposo, o bien, resguardarse en un combento, tomar los hábitos y olvidarse que una vez existió el hombre. Parecía que su hermano no era consciente de ello.
Acarició el hozico de Karupin, recibiendo un embiste como respuesta. A su lado, Sakuno hizo el mismo gesto con Dolç, solo que esta, tan solo pegó su frente contra la de su dueña. En definitiva, la chica tenía el don de amansar hasta a los animales.
-¿Llevas el libro?-. Preguntó.
-Sí-. Respondió ella enseñándoselo-. ¿Puedo abrirlo?
-Cuando llegemos al lago.
-¿Por qué no antes? Solo es un libro-. Protestó.
Frunció las cejas. ¿Por qué se había vuelto tan protestona y desobediente?
-Solo hazme caso, por favor.
Ella suspiró, recogiendo su cabello de nuevo, pero esta vez, en dos largas trenzas a cada lado de su cabeza. Tentado, cogió una de ellas, llevándola hasta su rostro y aspirando el suave aroma que desprendían. Sonrió, al encontrarse con los rojizos ojos asombrados.
-Ey, si os vais a poner melosos, mejor una cama¿no creeis?-. Interrumpió Ryoga molesto-. Aunque mi hermano es experto en hacerlo en lugares extraños.
Sakuno enrojeció levemente, regresando a sus preparativos, mientras que Ryoma chasqueó la lengua, enviando una mirada aterradora a su hermano. Desde luego este desde que se había lenvantado, lo había echo con la idea de amargarles el día, y en eso estaba.
Finalmente, tras despedirse de sus anfitriones, lograron ponerse en camino. Sakuno iba por delante de ellos, bajo la atenta mirada ambarina, mientras que el mayor de los Echizen, canturreaba una canción bastante conocida para ellos, por supuesto, sin lograr entonar nada bien.
"Cuentas los bardos más antigüos
que una dama de rostro palido los embrujó.
¿Será este el destino de los hombres?
Mujer, no seas cruel, no hagas daño al que te da descendencia
no grites en su cama en mentira,
no maldigas su boca ni su fuerza, que alimento te da".
-Ryoma¿Cómo seguía?-. Preguntó colocándose a su altura-. Seguro que la debes de conocer.
-No-. Respondió secamente.
-¡Venga¿Por qué no quieres pasártelo bien¡Solo es una canción!
-La canción que cantas-. Interrumpió Sakuno-. Fue cantanda por unos bardos vecinos. ¿Sabes qué hacian?-. Él negó, sorprendido-. Está escondido dentro de esas letras. "Dama de rostro pálido". Querido, eso no es más que un elixir creado por los curas que crean alucinaciones. Lo suelen usar para que no sientan dolor las personas que necesitan operaciones por alguna razón. " ¿Será ese el destino de los hombres?"-. Continuó-. Es una frase también con trampa. En realidad quiere decir¿Lograrán los hombres rendir sexualmente sin la necesidad de ese elixir? Después: "Mujer, no seas cruel, no hagas daño al que te da descendencia" Suplanta el miedo que los hombres realmente tienen a las mujeres. "No grites en su cama en mentira", también indica que muchas mujeres, por miedo a defraudar a sus maridos, cuando tienen sexo, gritan para que ellos no se ofendan. "No maldigas ni su boca ni su fuerza, que alimento te da". Esa frase, querido Ryoga, es lo que los hombres temeis de nuevo.
-¿¡Cómo demonios sabe todo eso!?-. Gritó el mayor asombrado-. ¡Y yo que creía que era modosita¿Cómo puede...?
-Piensa, querido Ryoga-. Aconsejó Sakuno sonriendo maliciosamente.
-¿Qué demonios?-. Miró a su hermano pequeño, el cual también sonreía malicioso.
-Esa canción, Ryoga-. Explicó el menor al verse observado-. La compuso una mujer.
Ryoga gruñó, molesto y defraudado. Espoleó al caballo, colocándose en cabeza y lo suficientemente lejos como para que apenas escucharan sus maldiciones. Sakuno rió tímidamente, acoplándo la yegüa al caminar de Karupin. Miró al peliverde un poco preocupada.
-¿Estará bien?- Preguntó.
-No le viene mal una buena experiencia-. Opinó el otro-. Qué aprenda a dejar de burlarse de las mujeres.
-¿Está molesto con Shiba?-. Preguntó en un suspiro.
-No tener hijos no creo que sea culpa de una persona...-. Murmuró en un susurro-. Pero eso ya es cosa mia.
-Shiba... Lo sabe. Se siente culpable por ello-. Continuó-. Cree que no sirve para Ryoga. Aunque no lo diga, creo que realmente le ama.
-¡Uaaaa!!
La conversación fue rota rápidamente por un grito por parte de el mayor. Sakuno y Ryoma desviaron la mirada hacia él, encontrándoselo colgado, junto al caballo, de unas grandes cuerdas. Ryoma aferró rápidamente a Sakuno contra él, pero su agarre fue roto. Una punzada de gran dolor golpeó su cintura. Desbió la mirada, encontrándose con una flecha traspasando su carne.
-Mierda-. Gruñó aferrándose la cintura. Tanteó hasta lograr arrancarla, pero su brazo sufrió las mismas consecuencias-. ¡Demonios!
Golpeó las riendas de Karupin y las de Dolç a la vez, corriendo hasta la altura de Ryoga, que se debatía en poder salir de el lugar. Sakuno aferró una de las flechas entre sus manos, mirándola a conciencia.
-¡Ryoma, escucha!
-Sakuno, no creo que este sea el mejor momento para tener una charla de viejos amigos-. Gruñó.
-¡No es eso!-. Gritó la joven-. Estas flechas, han sido creadas en tu casa. ¡Llevan el estandarte de los Echizen!
Detuvo los caballos, aferrando la flecha manchada con su propia sangre, sangre que cubrió los dedos de la joven y los suyos. A tientas, logró encontrar el escuco sellado en la larga varilla y gruñó, tirándola contra el suelo.
-Debe de ser alguien conocido por mi padre-. Murmuró furioso-. ¿Se habrán dado ya cuenta?
-¿Tu crees?-. Preguntó la chica asustada.
-No te preocu...
-¡Siento interrumpir vuestra escena romántica!-. Gritó Ryoga zarandeándose-. ¡Pero vosotros no estais siendo aplastados por un caballo enorme¡Me está aplastando cierta cosa dolorosa!
-¿Lo bajamos?-. Preguntó en un jadeo el menor.
-¡Claro que sí!-. Exclamaron a la vez los otros dos.
Rápidamente, el muchacho desenvainó y echando hacia atrás ambos caballos, cortó la cuerda. De nuevo, el sonido de las flechas llegó hasta ellos. Ryoga, ya recompuesto, corrió junto a ellos en el escapé. Debía detenerse, intentar pelear, pero con Sakuno a su lado no podría. Además, si aquel funesto personaje era parte de los amigos de su padre, por mucho que quisiera, no podría enfrentarse a él.
-¡Ryoma Echizen, Ryoga Echizen, detenerse!
Ambos detuvieron el caballo a la vez. Sakuno los miró alternadamente, para encontrarse con dos miradas furiosas.
-Ese imbécil-. Maldijo Ryoga-. Nos ha seguido hasta aquí y ahora nos ataca.
-Ese era...-. Murmuró la chica.
-Satoshi-. Escupió Ryoma agarrándose el costado-. Si no estuviera herido yo mismo le golpearía.
-¿¡Estás herido!?-. Exclamó Ryoga-. ¿¡Dónde!?
-El brazo y la cadera-. Respondió Sakuno-. Pero no quiere detenerse.
-Sakuno, en estos casos, hay que hacer esto.
Y de un rápido movimiento por parte de su hermano, perdió la conciencia. Antes de cerrar los ojos, logró ver como por igual, Sakuno caía de el caballo, siendo sujetada a tiempo por Ryoga.
-.-.-.-.-.-.-.
Recuperó el aire, mientras que dejaba la jarra de cerveza sobre aquella mesa improvisada y agarraba con fuerza la cintura de aquella mujer. Miró frente a él, como su hermano desbiaba la mirada hasta las dos jaulas, cubridas por dos guardias por centinelas. Vió a su cuñada. Tomoka Ryuzaki, o ahora Echizen, como desearan llamarla. Caminaba altiva, con un vestido de hombre y llevando el cabello recogido suavemente. Jamás pensó en hacer con ella nada, no le atraía, tenía demasiado caracter. Así como Shiba era tranquila, pero demasiado revoltosa y nerviosa, Sakuno, tímida y tranquila, Tomoka era un huracán. No lograba comprender como su hermano había logrado quedarse con ella. Aunque pasar tiempo fuera de casa, debía de ayudar.
-¿Por qué la has traido?-. Se interesó señalándola.
-Quería ver a Sakuno-. Respondió Satoshi amargado-. Me ha dado un viaje de lo lindo. Nunca más la vuelvo a llevar. Encima, ustedes parecían querer huir de nosotros.
-¿Tan mal te parece cuando nos has atacado con flechas?
-No era mi intención. Fue orden de Tomoka.
-¿Cómo?
Satoshi terminó la cerveza que quedaba en su jarra y desvió la mirada hasta la tienda, ocupada por Sakuno. Frunció las cejas en un toque de seriedad. Ryoga no había pasado demasiado tiempo con él, por ser más grande, de diferente madre y carácteres. Nunca habían peleado, pero tampoco tenían confianza. Se había volcado más en Ryoma. Quizás por ser hijos de la misma madre, por sen tan parecidos en físico o cualquier otra idea. Sin embargo, con Satoshi sí podía mantener una conversación cuerda.
-En el castillo todavía no saben lo que sucedió. Ryuzaki empieza a sospechar, pero nada de el otro mundo. Ya sabes que él nunca quiso a Sakuno. Cuando nació, estuvo apunto de matarla¿recuerdas?-. Preguntó el más mayor-. No está tan preocupado. Sin embargo, se me escapó lo sucedido ante Tomoka y esta, enfureció. De tal forma, que obligó a seguiros. Por suerte, os encontré hoy. No sabía dónde estábais y las flechas, ya te digo, fue cosa de Tomoka.
-¿Crees que quería matar a Sakuno?
Satoshi sonrió extrañamente y Ryoga tardó poco en comprender que así había sido. Desde siempre, Tomoka había estado celosa de la menor de sus hermanas. Ella no tuvo una infáncia tan libre, ni siquiera conocía a Satoshi cuando se casaron. Estubo ingresada por un tiempo en un combento, donde las monjas terminaron por regresarla hasta su hogar, indicando que ya se había convertido en mujer y, o tomaba los hábitos finales, o la dejaban en su casa. Sakura rogó a su marido porque la dejara quedarse y Echizen, lo convenció para casarla con Satoshi. Nadie corrió a por ella, impidiendo el casamiento y llevándosela lejos, sin dar explicaciones.
-¿Qué tiene en mente el pequeño?-. Quiso saber Satoshi.
-No lo sé-. Respondió sinceramente-. No le cuenta nada a nadie. Así como de pequeño siempre estaba gritando ciertas cosas, ahora mantiene la boca bien cerrada y firme en su camino.
-Pero¿qué le lleva a cometer esta locura?-. Preguntó el castaño frotando su barbilla, cubierta por una visible barba-. Esto es extraño.
-Está embrujado-. Respondió Ryoga pícaramente-. Esa mocosa le ha embrujado.
-¡Eso no es nuevo, por dios!-. Exclamó el otro moviéndose nervioso en el asiento-. Lo tiene embrujado desde que eran crios.
-Entonces, no tengo ni idea-. Respondió encogiéndose de hombros-. Veamos cómo termina todo, ahora, que tu mujer está en medio.
-.-.-.-.-.-.-.-.
Sintió que dejaban bruscamente algo a su lado obligándola a despertar de una cachetada. Se alzó. Tenía las manos atadas, al igual que sus pies. Buscó con la mirada, asustada, encontrándose con una dura y conocida.
-Tomoka...
-Al fin despiertas-. Saludó esta-. ¿Te parece bonito todo esto?
-¿Qué... quieres decir?
-¿¡Qué qué quiero decir!?-. Exclamó Tomoka golpeándose la ropa-. ¡Sakuno! Mira lo que has echo. Has engatusado un hombre para que te lleve a dios sabe dónde. Seguro que te has comportado como una tabernera cualquiera. ¡A saber qué juegos hacíais cuando érais pequeños!
-¡No hemos hecho nada!-. Protestó-. ¡Libérame!
-No-. Negó Tomoka firme. Sus manos apresaron los largos cabellos, alzándola de ellos-. Volverás al castillo y te casarás con quien debes.
-¡No quiero!-. Negó.
-¡Maldita sea, obedece!-. Exclamó la mayor-. Si no, te juro que yo misma te mataré... O mejor, mataré a Ryoma, ahora que no puede moverse.
-¿¡Qué le ha pasado!?-. Exclamó asustada.
-Está gravemente herido-. Sonrió alzándose y soltándola-. Creéme, de todas las personas que están aquí, yo soy la única que podrá curarle, tengo las medicinas.
-Déjame verle-. Rogó-. Yo.. sí puedo curarle también.
Tomoka bufó arta, golpeando con fuerza su vientre, obligándola a perder el sentido. Se apartó los cabellos de el rostro y escupió al lado de la desmayada joven.
-Ya me encargaré yo de que no te quedes con él...
-.-.-.-.-.-.
"Ryoma, despierta, muchacho, abre los ojos..."
La voz retumbó en sus oidos, sin embargo, sus pesados párpados se negaron a abrir. Sentía diversas boces a su al rededor, algunas familiares, otras que ni recordaba. Su mala memoria a la hora de recordar a ciertas personas. Un fuerte dolor se cernía en su costado izquirdo y otro, en su brazo derecho. Seguramente, por las flechas. Una de ellas había atravesado más de la cuenta y por preocuparse de Sakuno, ni prestó atención al modo en que se la arrancaba. ¿Estaría bien la joven? Dejarla con Ryoga no era seguro, pero si no quería que lo matara después, mejor no tocarla. Estaba seguro que él lo sabría y la llegaría a respetar, si no, hacía tiempo que ya se hubiera insinuado a la castaña. Y seguramente, si lo hubiera hecho, se habría enterado por fuerza.
"¡¡Ryoma!!Despierta".
Arrugó las cejas. Aquella voz golpeaba incesantemente en su cabeza, sin embargo, ya no pertenecía a Banji. Sintió presión en su pecho. La voz era femenina, fuerte y ordenativa. Una vez la escuchó. Sí, lograba recordarlo. Cuando cayó desde el precipício a los trece años, recien comenzado su entrenamiento. Sí, la primera vez que la vió. Sumire, la sacerdotisa de cristal. Sin embargo, su cuerpo continuaba aferrado al sueño, tanto, que terminó perdiéndose de nuevo entre la oscuridad.
Continuará...
Notas autora:
¡Hola! Pues muchas gracias a las personas que me dejaron sus rw!
¡Siempre me hacen felices, y lo digo de sinceridad!¡ I'm happy!
Bueno, este capítulo ha mostrado el rostro oscuro de la parte familiar de Sakuno.
No tengo nada en contra de ella, si es lo que pareceXD. Tomoka solo me parece gritona y a veces metida, pero no la odio :3
Aunque en esta historia le tocó el papel de malaXD.
Ahora ya se sabe hacia dónde van n.n. ¿Lograrán llegar¿Ryoma saldrá de esta herida?
¡Todo eso y más en el próximo!
Por cierto, el próximo fic a actualizar será Prohibido.
¡Nos vemos en él!´
Chia.
