Las generaciones pasaban, y los humanos aumentaban, se extendían por todo el mundo, y solo dos guardianes ya no eran suficientes, a medida que había más personas, había más miedos, ellos ya no abastecían. Ella tuvo una idea para que la luz de él llegará a todo el planeta en las noches. Inmediatamente se lo propuso, debían crear una gran bola en la que el debería concentrar todo su poder. Les tomó más de un siglo construir la gran bola, y otro siglo más llenar la su luz, pero a partir de entonces, durante la noche nunca más abría oscuridad en el mundo. Y lo más importante, ellos no tendrían que separarse nunca.
Todo era oscuridad, era de noche, pero en el cielo no se alcanzaba a ver aquella luna que tanto amaba. Se encontraba sola, y la desesperación empezaba a adueñarse de ella, ¿Porqué no había nadie a su alrededor? Algo estaba mal.
Escuchó un sonido, como un paso tras ella, dio media vuelta, tratando de ver quien era. Sabia que no debía salir de su casa tan tarde, maldita arena dorada, pero, hablando de eso...¿Qué no había vuelto ya a su casa?
-¿Quien eres? ¿Puedes verme?
¿Qué tipo de pregunta era esa? Claro que podía verlo, como todos...¿O no? Sin entender el porqué, ella se sintió emocionada de que aquel extraño la pudiera ver, y no sabía que decir, como si nunca había hablado con alguien en toda su vida.
-Sí...¿Y tú acaso también puedes hacerlo?
Pequeñas lágrimas de emoción empezaron a recorrer su rostro, y se acercó hasta donde estaba el joven, de el irradiaba una especie de luz que la tranquilizaba, trato de mirarlo, pero estaba escondido tras un tronco de árbol, y lo único que alcanzó a ver, es unos ojos violetas, los ojos más hermosos que había visto en su vida y un sonido irritante llegó a su cabeza...
Abrió los ojos y miró alrededor suyo, buscando el aparato que seguía sonando indicando la hora de levantarse. Se levantó, e inmediatamente se dirigió al baño a asearse, volvió a su habitación a vestirse con el uniforme correspondiente de su colegio, se arregló un poco el pelo y bajó a servirse el desayuno.
- (t/n), buenos días. - Su madre estaba tomando un café, mientras se apresuraba para recoger sus materiales para ir a trabajar.
-Buenos días, madre. - (T/n) apenas abría los ojos.-¿Ya te vas?
-Sí, tengo muchas cosas que hacer. -Se acercó a depositar un beso en la frente de su hija. -No olvides desayunar.
-Nunca, adiós, madre.- Una vez que se madre se marchó, subió de nuevo a buscar sus cosas y salió, desayunar no era una de las cosas que disfrutara hacer.
Salió de forma tranquila, caminando pausadamente, tratando de encontrar la paz en todo el ruido de la ciudad. Se puso los auriculares, y con cada paso la ciudad se convertía en un recuerdo, la noche pasada. Empezó a tararear la canción Memory, en la versión de Épica, y su mente alzó vuelo, unos ojos violetas se clavaron en sus pensamientos, unos ojos de los cuales podría enamorarse sin problemas. Unos ojos que expresaban más de lo que las palabras podrían decir. No recordaba su sueño, pero si aquellos ojos. Y también a aquel chico que había visto en la noche...
-!(T/n)! - Una voz chillona la sacó de su ensoñación con un pequeño toque en la cintura.
-¡Eh! ¿Qué hacés, Jane? - Se sacó los auriculares y presto más atención a su amiga.
-¡Te he estado llamando durante toda la calle! ¿Acaso la gripe ya afecto tus oídos? ¿O es que aún tienes nieve en ellos? -Ella había estado presente cuando aquella molesta bola de nieve cayó sobre (t/n)
-Claro, como si no fuera a derretirse ahí dentro.
-Tienes razón, estas candente, mujer, me sorprende que no traigas el verano contigo. -Ambas soltaron unas carcajadas, mientras seguían caminando hacía su institución.
Ingresaron a clases, y se encontraron con Lacie, ahora el grupo estaba completo, estaban las tres amigas juntas. Se dirigieron hacia sus asientos, ubicados uno detrás de otro.
La campanilla sonó, indicando el inicio del horario escolar. (T/n) observó por la puerta, al mismo tiempo que un chico iba entrando dentro de la clase. Era delgado y alto, su piel carecía de mancha alguna, su cabello rubio estaba un poco largo y cada tanto iba despeinandose. Se ubicó en diagonal a (t/n) y la saludo con un guiño. Ella respondió en voz muy baja, como para que nadie la escuche. No estaba lista para que todos siquiera sospechen que podrían tener algo.
Cuando la profesora Ingresó, la sala quedó en silencio, la hora de química estaba iniciando, y (t/n) debía de atender bien, puesto que no le iba tan bien. La maestra dictó unos cuantos ejercicios, y (t/n) se puso a intentar de resolverlos, algunos le habían salido a la perfección, y otros...tan sólo aun no le tomaba el hilo.
-¿Necesitas ayuda? -El chico la observó con interés, clavando su mirada a los intentos de resolver los problemas que no salían.
-En realidad, si. No encuentro la forma de resolverlos, Adrian.
-Claro, para empezar, hubieras copiado bien los números.- El soltó una risa, y le pasó los números correctos, mientras una avergonzada (t/n) se sonrojaba y asentía a todo lo que el chico iba explicando.
-Gracias, Adrián. -Ella se río, sin saber porqué, al igual que él.
-De nada. - Sus ojos cafés quedaron fijos en el rostro de (t/n). Luego volvió a sentarse correctamente en su lugar.
El rostro de la joven empezó a sonrojarse, siempre terminaba sonrojandose luego de que todo lo emocionante pase.
- ¡Adriiiaaan! -Una voz demasiado aguda captó la atención de (t/n), que disimuladamente observó hacía allí.
Lacie se había mudado tras Adrián mientras le enseñaba sus apuntes. No era un secreto que el era uno de los mejores en la clase. El le había mostrado el proceso, a lo que Lacie había agradecido con un gran abrazo.
Ella siempre era así, ¿no? (T/n) no debía pensar mal de ella. Ella ya estaba con alguien, así que no debería de preocuparse por cosas absurdas.
Química finalizó, dando lugar a la clase de religión. Era una de las horas preferidas de (t/n), pues todo se trataba de hablar y reflexionar, nada más, y entonces ella podría dejar volar su imaginación.
-Hey. -Jane pellizco a (t/n) en la cadera, provocando un saltito por su parte.
-¿Qué?
-¿No notas quien te está mirando? De seguro le gustas.
-No, no me fije, ¿A que te refieres? O más bien, ¿a quien? -Había decidido mantener en secreto, y eso es lo que haría, se haría la tonta.
-¡ADRIAN! -(T/n) cubrió su boca lo más rápido que pudo, pero este había soltado una risa y había vuelto la mirada hacia el profesor.
-Habla más bajo. Y no, no creo.
-Lo siento, mujer. Yo creo que si, ¡ay! que emoción, el chico del que te gustas se gusta de ti. -Jane hizo algunos gestos y (t/n) resoplo.
Se acomodó en su asiento, y pensó en los últimos sucesos que había pasado. Adrián, el chico que la tenia hechizada desde hace un año, empezó a mandarle mensajes hace unas semanas. El tenía todo, era guapo, inteligente, divertido y tenía una hermosa mirada color café enmarcada por unas largas y espesas pestañas. Era demasiado perfecto para ser real.
Si tuviera que hacer un ranking de las miradas más hermosas que había visto, sin duda pondría la suya en primer lugar, aunque, en sus sueños había visto una mirada tan preciosa, se veía tan real, orbes violetas que quedarían incrustados en su mente durante toda su vida. ¿Y el chico que vio a la noche? Era real, sus ojos eran azules como el zafiro, y estaban cargados de emociones que ella sintió como suyas. Oficialmente el primer puesto lo tenía el chico albino, el segundo el de sus sueños, puesto que no fue real, y el tercero, Adrian.
Esa mirada violeta...¿existirán ojos así en la realidad? Ojos tristes y solitarios como los de su sueño, el chico que resplandecía tras el árbol, esa horrible noche sin luna, ¿habrá existido alguna vez? ¿Y que decir del chico en la nieve? Su mirada pareció absorberla, aquellos orbes color zafiro se habían vuelto unos agujeros negros, atrayendola con una fuerza gravitatoria increíble, su atracción fue involuntaria, y esos sentimientos. Oh dios, ¿Qué le estará pasando? Si algún día lograra verlo de nuevo, iría a preguntárselo sin dudar.
¡No, no y no! No se iba a resignar, no ahora que podría preguntar a aquella niña si realmente lo vio, debía hacerlo, debía tratar. La siguió hasta el colegio, la veía caminar distraída, sonriendo de vez en cuando mientras movía la cabeza, como si estuviera escuchando algún tipo de balada musical. La vio reunirse con sus amigas, y entrar al salón, también la contempló sonrojarse luego de hablar con uno de sus compañeros, ¿Cuando saldría? Sería mejor ir a jugar un momento y volver luego, ¿no? Dio media vuelta, dispuesto a salir volando del lugar, hasta que reconoció a una de las haditas se Tooth, traía consigo un trozo de papel, el cual se lo entregó con un poco de nervios y voló de nuevo hacia el palacio.
Jack abrió el recado en el cual estaba escrito:
"Reunion en el palacio de Tooth. Ahora.
-North"
El guardián fue volando tan rápido como pudo, ¿Porqué usarían este método para contactarse? ¿Porqué seria en el palacio de los dientes y no en el taller de North? Hablando de eso, ¿Porqué el no tenía un palacio? ¡Todos lo tenían! ¿Porqué el no? Maldición, una vez más, era él el excluido. Siempre está tratando de dar su mejor esfuerzo, ¿para qué? Para al final ser reprendido por North o Bunnymund, no era algo lindo, nunca lo entendían, ni nunca lo harían, ellos eran diferentes a él, y eso trae problemas.
Llegó al palacio, y todos ya estaban reunidos en el salón principal, parecían muy serios, y North estaba hablando en un tono muy bajo. Jack se quedó en la puerta, y no se animó a entrar y estropear el ambiente.
-Jack, llegaste...-Tooth lo observó durante un segundo, y luego el conejo se puso de pie, tomando una apariencia aterradora.
-Se supone que somos compañeros, Jack, ¿se puede saber en donde andabas? Mandamos a todas las hadas a buscarte y simplemente no estabas. Deberías obtener un poco de responsabilidad y comunicarte con nosotros de vez en cuando. -El conejo se acercó a el guardián y lo miro fijamente -El palacio de North fue destruido, y no había forma de que te enteres y nos ayudes, gracias a tu irresponsabilidad.
-Conejo, basta, siéntate. -El viejo North llevaba una cara muy cansada, parecía más viejo y cansado la. -El chico no tiene la culpa, paso sin avisar, el hacia su trabajo en el lugar en el que le tocaba y ya, nosotros tampoco previmos estas cosas, estábamos tan seguros que el rey de las pesadillas no causaría problemas en mucho tiempo. El no tiene la culpa, simplemente no sabíamos donde estaba.
-¿Tu palacio? ¿Qué fue lo qué pasó? ¿Y porqué mencionan a Pitch?
North invitó a sentarse a Jack, y con una voz muy cansada relató: -Estábamos trabajando en los regalos para la Navidad, ya sabes, trenes, aviones, muñecas y demás. Los elfos se estaban comportando extraños, si bien no son muy inteligentes, si son bastante intuitivos. No te culpo, yo tampoco lo sabía.
El caso es, que, estaban actuando muy extraños, mande a lo yetis a que los encerraran hasta que se tranquilicen. Al final del día hacían demasiado ruido, así que fui a verlos. Al ingresar al cuarto, todo se volvió oscuro, era como un apagón, pero mucho peor, fui corriendo a mi oficina, tropezaba con todo, y no estaba seguro de adonde iba, cuando llegué, mi oficina estaba destruida, tantos años de trabajo, tanto sistema, tal vez un sistema que nunca volveré a recuperar, Jack, los papeles estaban por todos lados, me enfureci, y vi algunas luces en la parte de construcción, al principio creí que todo volvió a la normalidad, que lo que sea que haya buscado no lo encontró y se fue de nuevo, pero la alarma de incendios sonó, y los yetis hicieron todo lo que pudieron, pero todo por lo que siempre trabaje fue destruido. -El mayor se masajeo las sienes tratando de aclarar sus pensamientos.
-¿Por qué dicen que fue Pitch?
-No lo sé, Jack, simplemente lo siento...
-Entonces Pitch tuvo que buscar algo allí, ¿No te hace falta ningún documento?
-No he pensado en eso.
-Deberíamos empezar por ahí, tal vez tenias algún documento importante, algo que hable sobre nosotros o algo parecido.
-Es una locura -Bunnymund se levantó de la silla de forma brusca.- Conocemos a Pitch, el quiere destruirnos, y que mejor forma que destruyendo lo que hacemos.
-Estoy de acuerdo -Tooth, que se había mantenido callada en todo momento había mirado Señor del invierno con lastima al contradecirlo.- No sería la primera vez que hace esto.
-Por eso es sospechoso, ya lo intento y no lo consiguió -Observó a North que claramente estaba muy cansado- Estoy seguro de que North tenía documentos importantes, algo que le ayudará contra nosotros.
Bunnymund soltó un bufido.-¿Es así North? ¿Tienes algo que podría ayudarle?
-No lo sé, tengo varios pergaminos muy antiguos que hablan sobre Manny, algunas que otras leyendas, no estoy seguro de que eso pueda ayudarle.
-Hacer todo esto por unos cuentos antiguos, no tiene sentido. -Tooth no estaba de acuerdo en lo que decía el guardián de la diversión.
-Tiene sentido si estas desesperado, y tal vez el sepa algo que nosotros no. -El Albino se puso a pensar, ponía una cara como de sufrimiento cuando lo hacia, que hizo sonreír a Sandman. -Los guardianes nacieron por el terror que Pitch hacia sufrir a los humanos, ¿verdad?
-Sí. -El mayor aun no entendía a donde quería dirigirse con eso.- El hombre de la Luna nos eligió para eso.
-¿Y antes?
-No lo sé, tal vez en los pergaminos de mi oficina haya algo. -El viejo pareció animarse un poco más.
Las clases habían terminado, y (t/n) recogió sus cosas y se fue al igual que todos, desde que empezó el día tuvo la sensación de que la seguían, echó a andar más rápido sin mirar hacia atras.
Ya llevaba bastante tiempo caminando cuando unos brazos la rodearon desde atrás, la chica sonrió y supo de quien se trataba inmediatamente.
-¡Sueltame! -Se apartó de un saltito travieso y se incorporó al lado del chico. -¿Qué no vienes en dirección contraria?
-Sí lo hago. -Adrián tomó de la mano a (t/n) -Te acompañaré hasta tu casa, ¿Te parece?
-¡Claro!
Caminaron hablando de cosas sin sentido, a veces hablando de sus clases, y a veces de canciones, no tenían mucho de que hablar, dado que estaban en la misma clase, no pasaban cosas interesantes sin que el otro ya lo sepa.
-Entonces...ya llegamos...-Adrián soltó la mano de (t/n) y le dio un abrazo. (T/n) sabía lo que vendría después, se sentía emocionada, seria su primer beso con Adrián.
Adrián acarició el cabello de (t/n) y se acercó más a ella, sintió su aliento golpeando suavemente sus labios, ella sonrió, y cerró los ojos dejándose llevar por aquel chico, sus labios se movían, mientras ella peinaba sus cabellos, se separaron, y ella sólo pudo observar esos ojos cafés durante un rato. Él se despidió, y ella observó el camino por el cual el se marchó.
