Nuevo proyecto. Ninguno de los personajes de DC o Harry Potter me pertenece, yo simplemente juego con ellos a mi manera.

ADVERTENCIA: Está historia puede contener parejas homosexuales. O no Depende de como vaya desarrollando la historia. Sobre la advertencia no hay engaño, si no te gusta, abstente de leer.


PENDRAGÓN

Harry Potter murió protegiendo a su padrino a los 15 años. Pero la muerte le dió otra oportunidad para vivir en un mundo diferente al suyo. Al sentir que falló protegiendo al mundo mágico, Harry tomará la decisión de defender a su nuevo mundo bajo el nombre de Pendragón.


3. UN MAL DE MILES DE AÑOS

"Porque algunas cosas, aunque parezca lo contrario, más que una casualidad, son obra del telar del destino."

Billy jadeo exageradamente, aún anonadado por lo que acababa de pasar. Incluso sabiendo que todo era real, todavía alguna parte de él dudaba de ello.

¿Cómo podría ser posible?

Magia.

Tan solo esa palabra provocaba una extraña sensación en él.

El niño sacudió la cabeza, intentando sacar esos pensamientos de su mente. Debía concentrarse en decidir que hacer después, algo grande había pasado y él no tenía ni idea de que vendría después.

Suponía que su vida se volvería cada vez más rara.

Ahora... ¿qué debía hacer?

"Corre, Billy" escuchó en alguna parte de su cabeza "Corre en busca tu destino".

¿Correr?, ¿por qué?

No, no debía cuestionar más, ahora mismo no tenía una mejor idea.

Tal vez, ¿por qué no?, pensó. Escuchar una voz en la mente no es algo que pase a menudo. Era... una señal.

Bien, Billy. Corre.


En alguna parte de Egipto, sólo unos días atrás.

"¡Doctor Sivana!" llamó un hombre al entrar a la tienda.

Thaddeus Sivana, pipa en boca, volteó a ver al sujeto con molestia. Él no era un hombre de paciencia, más le valía haber irrumpido por una buena razón, de lo contrario las consecuencias serían... nefastas.

"Tenía razón" le dijo. "Encontramos algo".

Aquello lo cambió todo. Después de meses y meses de buscar, por fin había encontrado aquello que buscaba: el camino hacia las respuestas que necesitaba.

"Al fin" exclamó.

Pero en todo aquel regocijo, un pequeño pensamiento amargó su victoria.

Podía haberse ahorrado mucho tiempo. Si tan solo ellos no hubieran interferido.

En un principio le había asignado la tarea a los Batson. Aunque molestos, eran bastante efectivos, la investigación avanzaba a una velocidad prodigiosa, tanto que Sivana casi podía sentir el triunfo entre sus manos. Pero de alguna manera ellos se enteraron de sus verdaderas intenciones. Mediante pistas falsas intentaron engañarlo y alejarlo del verdadero hallazgo.

Él se dió cuenta, y tuvo que hacer algo al respecto.

¿Los asesinó?

No. Él solo dió la orden.

Los Batson fueron sorprendidos en un hotel de el Cairo que les servía de hospedaje. Ambos obtuvieron una bala en la cabeza, producto de su estupidez.

¿Y la niña?

No era necesario matarla. Hizo los arreglos necesarios para abandonarla en algún mísero orfanato de la ciudad.

Nadie nunca sospechó de él, después de todo, Thaddeus Sivana era un hombre de respeto a nivel internacional.

Ahora, pese a los intentos de los Batson, por fin lo había conseguido.

"Excelente", sonrió. "Conduce el camino".

El hombre lo guío hacia un sitio de excavación que nunca habría considerado. Sivana se adelantó al hombre, bajando por la gastada escalera de madera que llevaba al descubrimiento subterráneo.

"Ellos desenterraron esta puerta luego de una sección de excavar. Fue indetectable por infrasonido. ¿Sabe lo que dice?", le informaron.

Thaddeus Sivana se paró en seco, deleitándose con la visita frente a él, una antigua puerta de piedra con extraños símbolos finamente tallados.

"Conozco miles de dialectos antigüos, pero este lenguaje... estos símbolos jamás los había visto. Tiene que ser la tumba de Black Adam, ¡tiene que serlo!", dijo extasiado. "Ábrela", le ordenó a uno de los hombres. "¡Muévete, ábrela".

El hombre tomó inmediatamente una palanca e intentó abrir, en vano, la puerta.

"¡Inútil!"

Sivana, desesperado, apartó al hombre bruscamente y probó abrirla por sí mismo.

Algo pasó, y un rayo salido de la nada lo atravesó directo en el ojo derecho.

El golpe lo entumecio por unos momentos, hasta que, no mucho después se hubo recuperado, dió paso a un increíble descubrimiento.

"¡¿Doctor Sivana?!, ¡Doctor Sivana!, ¿se encuentra bien?", preguntaron.

"La magia... ¡puedo verla!".

El hombre dió un vistazo hacia la puerta, la enorme descarga la había destruido completamente, dejando libre el paso. No lo pensó mucho, se puso de pie y se adentró en la tumba, mientras sus hombres lo seguían por detrás.

"¡Doctor! ¡espere!"

Sivana llegó a una habitación sencilla, aunque bien conservada del paso del tiempo. Una enorme estatua de un guerrero custodiaba la entrada a dos pasadizos, pero eso no era importante para él; en cambio, Sivana se dirigió a una de las paredes.

"¿Doctor Sivana? Ahí no hay nada. Solo es un muro", le dijeron. "Pero en la habitación siguiente podemos ver un brillo. ¡Hemos encontrado un tesoro!"

"No, Gregory", contestó. "Es un distracción del real premio. Una tentación dejada a propósito ahí para los débiles de futuro y fácilmente seducibles. No se compara con lo que hay tras esta pared. Puedo ver a través de la magia, intentando conciliarlo".

"¿Su ojo...?"

"Mi ojo brilla con el poder de la magia. Está conectado al mundo mágico, puedo leer estos símbolos ahora... ¡el lenguaje de la eternidad!"

Todos sus empleados lo miraron conmocionados, tal vez dándose cuenta de la verdadera naturaleza de su patrón, pero a Sivana poco podía importarle, estaba tan cerca.

"Aquí dice que Black Adam estará prisionero hasta que un ser que pueda destruirlo sea encontrado", Sivana continuó mientras analizaba los grabados. "Sus enemigos lo pusieron aquí pero podemos sacarlo y traer la magia de vuelta al mundo. Dice que está tumba no puede ser abierta sino con una palabra..."

Gregory y los demás abrieron los ojos aterrorizados.

"¡Espere!"

"...¡Shazam!"

Lo que siguió a la palabra fue un lapso de confusión y dolor. Al igual que poco antes, una gran descarga eléctrica destruyó la puerta, pero había algo diferente, y ellos lo sabían. Sivana había liberado algo terrible, un mal de miles de años.

"¿Donde está él?", preguntó una voz. "¡¿Donde está el hechicero?!"


Fawcett City, presente.

¿Y ahora que haré?, pensó.

Harry se encontraba sentado en la oxidada banca de un semi abandonado parque. No hacía mucho que Clark lo había dejado en la ciudad, y ahora mismo no sabía qué hacer a continuación.

El muchacho apretó la maleta contra su pecho como una extraña manera de auto consolación.

La maleta.

Lo había olvidado. Se supone que la maleta contenía todas sus propiedades como Potter, pero a Harry se le complicaba imaginarselo.

¿Cómo funcionaría?

Harry tomó la maleta y se adentró a la parte más boscosa del parque. No quería que nadie lo viera, y menos que llegara a curosear mientras estuviera dentro.

Encontró un pequeño espacio entre unos arbustos y un árbol. Miró a su alrededor una última vez para asegurarse de que no hubiera nadie y se adentró en ella.

La primera impresión que tuvo del lugar fue buena, le dió una cierta sensación de familiaridad, justo como... Grimmauld Place. Las paredes estaban pintadas de verde olivo, muy elegantes, y los muebles que llenaban la casa eran de muy buen gusto, al menos para un mago.

El chico sonrió por primera vez.

De pronto, oyó un ruido seco en la habitación contigua. Con cuidado, Harry se acercó a la puerta y la abrió, rezando para que no fuera nada peligroso.

Quedó sorprendido. Frente a él se encontraba un dragón dorado de aproximadamente un metro de largo, que se movía, como desperezándose después de un largo sueño.

"¡Amo!", exclamó la criatura, mientras se inclinaba en señal de disculpa "Perdone que no lo haya recibido como merece".

"No te preocupes, eh..."

"Beak, señor, mi nombre es Beak", dijo inclinándose de nuevo.

"Bien, deja de hacer eso Beak, por favor, y llámame Harry, no amo o señor", pidió.

Pese a lo que acababa de decir, Beak hizo otra reverencia con alegría

"Usted es muy generoso, señor".

"¡Beak...!"

"Como usted desee, amo", dijo agachando la cabeza.

Harry se tocó la sien, frustrado. Se detuvo, respiró hondo y decidió continuar.

"¿Siempre estuviste aquí, Beak?"

"Oh, si, seño... Harry. Mi creador fue uno de sus nobles ancestros, Gregorius Potter, un mago magnífico de gran talento. Después de su muerte sus hijos me desactivaron y guardaron en la bóveda familiar principal, donde he permanecido hasta que su magia me despertó."

"¿Mi... magia?"

"Mi propia magia está ligada al linaje Potter, Harry. No podría servir a ningún otra familia. La magia en su sangre me despertó"

"Ya veo", dijo Harry, dió una rápida mirada a la puerta y volvió a enfocarse en Beak . "Estaba pensando en dar un paseo por la casa, ¿me acompañas?"

"Por supuesto, Harry", respondió haciendo otra reverencia.

. . .

"... deja de hacer eso".

Por lo que Harry pudo ver la casa era casi un laberinto. A decir verdad, era más grande de lo que parecía en un principio, había una multitud de escaleras y puertas que, si te distraías, te podían llevar a un lugar de la casa completamente diferente al que querías ir. Era una casa magnífica, pero le faltaba algo importante: habitarla. Además de lo esencial, la casa estaba vacía, como una casa recién comprada.

Ya veré después que hacer con ello, pensó.

Instantes después se encontró con una enorme puerta de madera, más como la entrada a un castillo que como una puerta de habitación. En su centro, hecho de oro puro, se encontraba el escudo de armas de los Potter.

"Esto es..."

"La bóveda familiar, mi señor", le informó Beak.

"Eso pensé".

Sin dudarlo, Harry abrió las puertas para encontrarse con lo más espléndido que pudo haber imaginado.

"Todo esto... ¡¿es mío?!".

"Por supuesto. Aunque, me parece, su riqueza ha menguado un poco desde la última vez que vine con el señor Gregorius".

"¡¿Menguado?! Esto es excesivo".

Cuando la Muerte le había mencionado que todas las pertenencias de los Potter se encontraban en la maleta no había considerado algo así. En la bóveda no sólo habían toneladas y toneladas de oro y joyas, sino que había una impresionante riqueza cultural. Habían montañas de libros, cientos de cuadros e incontables objetos mágicos como armas, armaduras y otras cosas que Harry jamás podría identificar.

El chico suspiró.

"Al menos sé que por dinero no debo preocuparme". Harry recorrió todo con la mirada. "Oye, Beak".

"¿Si, Harry?"

"De algo que me he dado cuenta durante el poco tiempo que he estado en este mundo, es que hay seres con poderes increíbles, héroes que siempre salvan el día; pero si hay héroes también deben haber villanos igual de poderosos."

Harry miró a Beak pensativo. El pequeño dragón sólo asintió esperando que continuara.

"Dices que ya habías estado aquí antes, ¿no?".

"Si, el señor Gregorius me traía a menudo".

"Bien, ¿sabes si hay algún objeto o arma que me pudiera ser de utilidad?"

Beak se quedó en silencio unos minutos meditando su respuesta.

"Si, hay algo. El señor Gregorius me lo mostró una vez, me dijo que era el objeto más valioso y peligroso de toda la bóveda, un arma de gran poder, y que si se presentara la situación debía impedir que cayera en las manos equivocadas. Por lo que veo, todo está casi tal como lo recordaba, así que debería estar en esa dirección", Beak señaló un lugar más allá de todo el oro. "Sígame, por favor".

Ambos recorrieron el lugar hasta llegar a un pequeño espacio en el que solo había un una estatua: un dragón de piedra y, frente a ella, una vieja mesa de madera.

"En un mundo como el que me cuenta, solo esto podría ayudarlo", le dijo.

Beak se acercó a la mesa, tomó el único objeto allí: un antiquísimo diario con cubiertas de cuero, y se lo entregó.

¿Un diario?

"Hay muchas cosas allí que son peligrosas en manos de la persona equivocada. Sin los Potter ahí para protegerlas, tenía que asegurarme de que eso no pasara. Por cierto, cuando lo necesites, busca bajo la sombra del dragón."

Así que esto era lo que la muerte quería que buscara, pensó.

Lo abrió. La primera hoja estaba en blanco, y la segunda, y la tercera... todas.

"Beak, esto está en blanco".

En cuanto hubo dicho esto, varias palabras comenzaron a formarse con tinta negra, en la misma página en la que se encontraba.

Acércate, hechicero, y déjame probar la pureza de tu magia

"¿Qué demonios? Beak, ¿sabes a qué se refiere esto?", preguntó mostrándole el diario.

"Creo, señor, que quiere sangre".

"¿Sangre?".

"El señor Gregorius había dicho algo así, el libro necesita probarlo, Harry, de esa forma comprobará que tan poderosa es su magia. No cualquiera puede acceder a los secretos que contiene, muchos Potter, incluído el mismísimo señor Gregorius intentaron develar su contenido, pero nadie pudo. Tal vez usted pueda."

Harry miró el libro con duda.

¿Cuál sería la probabilidad de que fuera capaz de acceder a su poder, cuando muchos antes de él ya lo habían intentado?

No mucha, pero si algo era cierto, es que no perdía nada intentándolo.

"Beak, busca una daga o..."

No hizo falta, algún tipo de magia le hizo un corte poco profundo en la palma de la mano. El chico observó la herida con algo de recelo y temor, pero aún así la llevo al libro y dejó caer algo de su sangre en él, que inmediatamente fue absorbida por las amarillentas páginas.

Después de un momento, letras rojas hechas con fina caligrafía aparecieron donde antes estaba la sangre.

Harry Potter, eres digno de ser llamado mi heredero, la magia es fuerte en ti. Tu corazón es noble, tu voluntad es fuerte, posees la inteligencia para saber cómo lograr lo que quieres, y la audacia para hacerlo. Harás un buen uso de este libro

Una vez hubo acabado de leer, el texto desapareció y tinta negra comenzó a derramarse de las páginas, concentrándose en un punto medio entre ambas páginas, para formar una reconocible estructura alargada de unos treinta centímetros de largo.

Una varita