Disclaimer: Los personajes de esta historia no me pertenecen. Son propiedad de CLAMP. "Don't Panic" es propiedad de la maravillosa banda Coldplay.
Nota Importante: Este Capitulpo va dedicado especialmente a Chocolate-con-Menta por su cumpleaños. ¡Espero que lo disfrutes un montón! :'D
Nota Importante 2: Los espero en las notas al final del Capitulpo.
Sakura's POV
La sensación de estar finalmente a bordo del avión era indescriptible. No obstante, era lo bastante consciente de que lo que estaba sintiendo, no era todo gracias a este acontecimiento. Por mucho que había deseado escuchar que podríamos abordar y retornar el viaje, llevaba sintiéndome incómoda y hasta asustada la mayor parte del tiempo, incluso antes de que éste comenzara.
¿Debo explicar el por qué, verdad?
Asustada, por el hecho de que alguien en el mundo pudiera ser capaz de leer mi mente, pudiendo revelar todos mis secretos, pensamientos y opiniones con respecto a lo que veía a mi alrededor. ¿Cómo se sentirían ustedes, si en un momento equis, aparece una persona totalmente desconocida y te regala algo que describe toda tu vida en él? Simplemente, no sé si debería guardarlo como una reliquia, dejarlo olvidado en el avión como un accidente a propósito… o agradecer el bonito gesto, porque era el dije de piano más hermoso que había visto en mi vida.
Pero yo nunca había mirado en menos un regalo, y éste era especial. Lo sé, por ese motivo lo guardaré.
El sentimiento de incomodidad que tenía se tornaba mucho más grande a medida que pasaban las horas. Realmente no me gusta centralizar lo que me ocurre en un sólo punto… pero si estaba segura de algo, tal vez había comenzado a percibir esta molestia desde que mi compañero se sumó a mi aventura.
Syaoran no es el culpable, quiero creer que no. Oh, pero creer es una palabra con mucho poder, sin embargo, no encontraba otra explicación para el problema.
¿Por qué de repente una dulce sonrisa se transforma en algo tan oscuro?
¿Por qué al ver en sus ojos ya no existía seguridad?
¿Por qué sigo hallándome de esta forma?
No negaré que tuve muchísimas ganas de correr. Escapar de esa esfera negra que lo envolvía a él y que me observaba como si yo fuera la siguiente en la lista. No tengo la menor idea de qué sucesos habrán ocurrido en su vida, o el por qué de su repentina actitud fría cuando pasamos por aquel antiguo Teatro abandonado. Sin olvidar aquella escena que había divisado a través de un ventanal empañado, protagonizada por dos siluetas bajo la tormenta.
Yo sabía que algo andaba mal, y me molestaba el no poder hacer nada al respecto.
Y no estaba a gusto con la situación. No me gustaba tener que recibir malos tratos, de tener que estar con un extraño que en el fondo era similar a un baúl llego de secretos, tener que aguantar la impotencia y las ganas de llorar por la angustia ajena…
Hasta imaginar qué hubiera pasado en el caso de perderme camino a casa con él.
Las luciérnagas no se pueden echar a volar porque sí. No existe una mejor guía si estás perdido y asustado.
Hay cosas que no puedes cambiar. Acciones que realizas inconscientemente sin saber qué podrían causar. Tomar una guitarra y comenzar a tocar una canción, la cual luego escucharás más adelante, pero sin el valor suficiente como para cantar. Y entiendes que tu voz está ahí, despierta pero cautiva. No estás preparada, pero sí insegura… o incómoda.
¡Vamos, canta!
Dime tú, ¿cómo te digo que pronto la oscuridad desaparecerá?
~Capitulpo cuatro: Don't Panic
—No.
Me quedé sin palabras casi al instante después de escuchar su respuesta. Fue tan fría y con tanta indiferencia, que no iba a quedarme callada. Insistiría de todas maneras. Si él pensaba que con ese tonito de voz iba a lograr que me resignara, que lo pensara dos veces. Porque, vamos, ni siquiera me había dado la oportunidad de terminar de preguntarle lo que quería.
Antes de volver a intentar, quise pretender que no lo haría, entonces suspiré de una forma tan dramática, que mi mano debió ir en apoyo de mi cara ligeramente inclinada. Procuré observar a mi compañero de reojo, sólo para estar segura de que no notaría lo que estaba a punto de hacer. Syaoran revolvía sin parar el café que acababa de recibir, y miraba un par de veces la pequeña pantalla que estaba frente a nosotros. Si quería salirme con la mía, tendría que actuar rápido.
Encendí la cámara fotográfica, la cual estaba cuidadosamente oculta entre los pliegues de mi vestido. Pero…si tan sólo el sonido de la lente al deslizarse hubiera decidido quedarse en silencio, todo habría resultado de maravilla. En menos de un segundo, la mano de Syaoran se detuvo, dejando que el remolino de café se detuviera.
Ay, no.
Mi expresión cambió de estar sonriendo a una totalmente diferente. El reflejo de la pantalla mostraba a una chica con cara de póker, tan quieta, casi con el rostro blanco que sería la estatua perfecta. Cerré los ojos con fuerza, esperando que el despiste de Syaoran haya sido por cualquier otra cosa, excepto por la cámara traidora que había decidido joderme el plan.
¡Porque yo le sacaría una foto! Con o sin su permiso.
—Niña, te he dicho que no.
—¡Es sólo una fotografía! —Aseguré cuando me di el tiempo de girar la cabeza para encararlo. Con todo mi entusiasmo y mi peculiar talento de convencer a las personas, sonreí—. Es para el recuerdo, Syaoran. Sabes, sería lindo tener una foto para no olvidar nuestra llegada a Londres.
No, yo no servía para este tipo de cosas. Nunca podría llegar a ser igual a Tomoyo en algo así. Ni siquiera acercarme un poquito.
Lo vi negar con la cabeza reiteradas veces.
Me quejé disimuladamente con una mueca en los labios, hasta que tuve una idea que me hizo volver al camino de mi travesía. —No vas a morir por una fotografía, lo prometo —En respuesta, alzó una ceja y frunció el ceño—. Por favor…
Prolongué lo último, poniendo mi mejor cara de súplica para hacerlo cambiar de opinión. Ahora, ustedes pensaran, ¿por qué podría importarme tanto una foto con él? Pues, la verdad es que no sé muy bien de dónde vino la idea a mi cabeza. Tenía la intención de escucharlo y ver sus labios curvos en una hermosa sonrisa como las que Yukito solía regalarme hace varios años atrás.
Quería ver un poco de luz en su rostro.
Sus ojos color ámbar se fijaron en los míos, y no me quitó la mirada de encima. Comencé a sentirme incómoda una vez más, llegando a pensar que tal vez, él estaría jugando conmigo a un juego del cual desconocía. Sin otra cosa para agregar, diré que su mirada provocaba que todo tu cuerpo se congelara y sintieras una variedad de escalofríos, además de la necesidad tremenda de querer tener un escudo allí contigo para protegerte de tales ojos.
—Por favor…
—¿Para qué la quieres? —Preguntó un poco molesto.
Porque quiero verte sonreír.
—Porque… porque…
—Olvídalo, Sakura.
¿Realmente era así de complejo? ¿Es que acaso él tenía un problema con las cámaras? En ningún momento abandoné la idea, pese a que me detuve por un instante, procurando calmar los malos ánimos que envolvían el entorno. Me preocupé de apagar la cámara y de mantenerla cerca de mis manos en caso de encontrar la oportunidad perfecta. Pero nada me sacaba de la duda. ¡Tomoyo hacía las cosas tan fáciles! Aceptémoslo, el momento sería muy diferente si ella estuviera aquí. Probablemente ya tendría a Syaoran caminando por una pasarela, y a mí detrás esperando mi turno para caminar.
Ideas absurdas, pero no muy lejanas de la realidad.
Pero no se comparaba con la que se me acababa de ocurrir.
—Sería perfecto poder retener en la memoria todo lo que haces. Ya sabes, escribiéndolo en tu diario, componiendo una canción sobre el tema, incluso actuándolo, ¿no lo crees? —Comenté mirando a través de la ventana las pomposas nubes negras. Pensando, al mismo tiempo, en mis próximos argumentos.
—Sí…
Escuché su afirmación, proveniente de una forma que me indicaba que si seguía hablando incoherencias como éstas, pronto lo conseguiría.
—Porque es horrible cuando buscas inspiración para algo, y entonces te das cuenta de que viviste algo que podría ser tan útil, pero no puedes recordarlo —Manifesté—. ¿No te ha pasado, Syaoran? A mí me ha pasado un montón de veces…
—Bueno…
¡Ajá! Sin esperar más, lo interrumpí.
—Entonces, por casualidades extrañas de la vida… encuentras una fotografía…
—Ah, hazlo ya, Sakura.
¿Eso era todo? ¿Lo-lo había conseguido? Acababa de dar su aprobación y la había conseguido utilizando los métodos de Tomoyo. ¿Quién diría que aprendería algo así? Aunque si pensamos en todos los años que llevo pasando por lo mismo, no es cosa de sorprenderse. ¡Como sea! Saqué la cámara de su improvisado escondite y enfoqué en un ángulo que me permitiera tomar una imagen completa.
Y cuando lo hice, encontré un pequeño problema.
—¿Oye, Syaoran?
—¿Qué pasa? —Me contestó lo bastante irritado, más aún cuando alejé la cámara sin haber tomado la fotografía. Pero es que, es que…
—¿Te importaría sonreír?
Esperé que le tomaría algo de tiempo responder, pero terminé sorprendiéndome con lo que escuché.
—No sonrío en las fotos.
Oh.
Esto era demasiado como para ser verdad. ¿Cómo que no sonreía? ¿Tenía las mejillas oxidadas o algo? Me aparté y volteé para mirarlo. Ahora era mi turno de levantar una ceja y molestarme, tal cual él lo había hecho conmigo hace un rato.
Mi increíble habilidad de suplicar con los ojos no funcionaba dos veces seguidas, y tengo que recalcar que fue un golpe de suerte que funcionara esta vez. No quedaba de otra. Debía intentarlo… una vez más. Si no resultaba, entonces me daría por vencida. Pero resultaría, estaba un cien por ciento segura de que lo lograría.
—Oh, por favor…—Supliqué— Una sonrisa para mí.
Syaoran, quien había levantado la taza para beber un sorbo, paró a medio camino y giró para mirarme. ¡Una mirada tan incómoda! Que me provocaba de todo, menos una sensación agradable.
—Ni siquiera te conozco lo suficiente como para regalarte una de mis sonrisas.
Oh, discúlpame. No sabía que existían las sonrisas de oro. ¿Dónde está tu libro de "Pride and Prejudice"? sería perfecto que comenzaras a leerlo justo ahora. Pero hablando en serio, ¿qué tenía este hombre? Algo dentro de mí no calzaba, me molestaba. La presencia de alguien con actitudes así nunca me ha atraído.
—¿Qué acaso te operaron en la boca que no puedes sonreír? —Pregunté, consciente de mis palabras, pero no logré resistirme.
Syaoran se atragantó instantáneamente con el café que estaba bebiendo.
—¿Qué mierda, Sakura?
Sí, esperaba una cosa más o menos así.
—¡Pues eso! Tal vez el hecho de que no sonrías se deba a que te operaron hace poco —Me encogí de hombros—, entonces te cuesta trabajo…
—¡No, joder!
Su repentina queja me hizo reaccionar, pero a la vez le había quitado a mi hipótesis la posibilidad de ser escuchada por alguien. Ya no estaba molesta, quizás estaba peor que antes. No en el sentido de querer lanzarme de un puente, claro que no. Me sentía un poco apenada… es que… no entiendo cómo pueden existir personas como él.
Entonces me pregunto, ¿qué estoy haciendo aquí con él?
—Si te pones así de pesado… —Comenté en un susurro, poniendo mala cara y sin importarme.
—¿Seguirás poniendo malas caras hasta que cambie de opinión? Lo cual, por cierto, no está en mis planes.
Respira hondo, tranquila, seguro que no está hablando en serio… ¿verdad?
No era tan fácil como yo pensaba.
Syaoran's POV
—¿Es esa rosada de allá? —Pregunté, mientras visualizaba la maleta de Sakura.
Llevábamos alrededor de un cuarto de hora esperando pacientemente —a este paso ya éramos profesionales en esto de esperar— a un lado de la cinta con el resto de los pasajeros del avión. Comprendo el hecho de que el proceso de las maletitas es largo, pero ¿tienen que tardar tanto? Lo sé, probablemente quince minutos no es nada, aunque podrías considerar cuánto llevo tiempo he perdido.
—Sí, ¿la sacarías por mí? —Pidió. Justo después abrió su bolso y comenzó a revolver un montón de cosas dentro de ese agujero negro—. Tengo que llamar a Eriol y ver si está aquí —Dijo, apoyándose con toda la confianza del mundo sobre mi maleta verde, tomando su teléfono celular dispuesta a marcar el número de su amigo. Se quedó unos segundos mirando a la nada y en completo silencio hasta que le contestaron la llamada.
—¿Eriol? Hey, soy yo, Sakura…
No pretendí ni me interesó escuchar el resto de su conversación. Me encerré en una burbuja, cuestionándome un montón de cosas sin sentido. Estaba cansado, quería llegar a mi departamento y dormir el día entero si es que fuera posible.
¿Cuánto tiempo más tendré que seguir soñando con esa idea?
Oí un ligero suspiro junto a mí, y me di media vuelta para quedar frente a frente con Sakura, quien ya había terminado su llamada.
—¿Está aquí? —Curioseé refiriéndome a su amigo, tomando con fuerza su pesada maleta rosada y la cargándola hasta el carrito junto a nosotros.
—Ajá —Respondió, deteniéndome de pronto cuando comenzaba a mover el carrito—, me está esperando en la salida. El pobre lleva aquí dos horas sin hacer nada.
Que conste, eso es toda culpa de la maldita tormenta. Pero, siendo serios, ¿dos horas sin hacer nada? Vamos, no puedes estar hablando en serio. ¿Acaso este tipo era aburrido? Hay muchos panoramas disponibles para pasar el rato, y se los digo yo quien tuvo que aguantar un día completo. No me vengan con que se quedó sentado pacientemente aguardando la llegada del vuelo. Por otra parte, ¿con qué derecho puedo hablar yo si ni siquiera lo conozco?
Ah, mierda, nadie me quita el derecho de pensarlo.
Con una seña le indiqué a Sakura para que se apartara de enfrente, y así poder empujar el carrito hacia la salida, en donde estaba repleto de gente desconocida, y cada quien tenía un letrero con el nombre de la persona que esperaba. Me fijé en los que pude e identifiqué el nombre de Sakura Kinomoto. Y sí, obviamente también al chico de lentes que lo sostenía.
Ja.
Él debía ser el famoso Eriol, alias desperdiciador de dos horas. Si será…
No obstante, mi feliz recorrido al exterior no consistió en más de tres pasos… porque la voz de Sakura hizo que frenara. La observé con toda la intención de preguntarle qué demonios pasaba ahora, pero la respuesta me llegó a través de una vuelta de ciento ochenta grados en mi lugar.
—Eh, Syaoran… aún falta otra maleta.
Me miró con una expresión de pena y vergüenza al mismo tiempo. Yo alcé una ceja en ese mismo instante. Que alguien me explique a qué se debía eso. Entonces seguí con la mirada el punto que me indicaba ella y…
Oh.
Dios.
Mío.
Ésa, definitivamente… no era una maleta.
Y si no hubiera sido por el maldito o maravilloso carrito, yo me encontraría ahora mismo de trasero en el suelo. Así, tal cual.
Sobre la cinta, aparecía una maleta de color amarillo y blanco, casi beige en realidad. En sus costados se lograba distinguir un logotipo en cursiva, en donde se leía la palabra Daidouji. Esta cosa era tres veces más grande que un equipaje normal y ocupaba bastante espacio. ¡Ah!, pero aún no llegaba la mejor parte, no claro que no. Mientras dicha maletita avanzaba hacia nosotros, en mi mente formulaba una estrategia rápida para poder levantarla y arrastrarla hasta un nuevo carrito, porque desde ya era lógico que de ninguna manera iba a encajar en el espacio que teníamos.
Cuando el equipaje de Daidouji pasó por la última curva y estuvo frente a mí, tomé con ambas manos el mango que se encontraba a uno de los costados laterales. Pero justo como lo predecía, la mierda ésta era demasiado pesada, y antes de que pudiera siquiera pestañear, estaba avanzando junto con ella.
O más bien… siendo arrastrado con ella.
Traté jalarla hacia mí con la poca fuerza que me quedaba. En pocas palabras: La falta de sueño, la incomodidad y todas esas malditas cosas que me quitaron energía, me habían dejado tan débil, que era incapaz de moverla un sólo centímetro. Además, ya había cargado tres anteriormente. ¿Cómo se suponía que iba a cargar ésta? No iba a lograrlo yo solo. Sin embargo mi mente procesó una idea:
Necesitaba ayuda, y la dueña iba a entregármela.
—¡Sakura!
La llamé con un tono de voz totalmente alarmado. Ella, quien se había volteado unos segundos para buscar al como se llame, al escuchar su nombre de repente, se giró para ver qué pasaba. Tardó en encontrarme, no obstante cuando sus ojos hicieron contacto con los míos, se abrieron de par en par al ver cómo intentaba levantar el equipaje que, supongo, contenía todas las prendas que la maravillosa Daidouji había diseñado exclusivamente para ella.
—¡Syaoran! —Exclamó, acercándose con prisa.
—Mierda, Sakura ¿Qué traes en esta cosa? —Manifesté con dificultad, apenas siendo capaz de hablar y sin conseguir caminar por cuenta propia.
—Déjame ayudarte.
¡Por supuesto, niña! Tienes todo el permiso para hacerlo.
Sakura dejó su bolso de mano en el piso junto con el peluche de león que llevaba cargando todo el día, y tomó la manga superior de la maleta. Debía admitir que el espectáculo que ambos estábamos dando era de lo mejor. Fue tanto, que de pronto la gente se olvidó de sus propias maletas y se quedó de pie contemplándonos. Los dos, luchando por levantar algo que parecía de todo, menos una maleta normal.
¡Y nadie era capaz de ayudarnos, joder!
Nuestros intentos fueron insuficientes una vez que la maleta desapareció tras la cortina, dispuesta a dar una segunda vuelta. No, esto tenía que ser una broma del día de los inocentes o alguna cosa por el estilo. Llegué a pensar que tal vez, estos tipos encargados de hacer este trabajito, pegaron con cualquier sustancia estúpida la maleta a la cinta. No podía ser otra cosa.
Nos quedamos quietos mirando la cortina de plástico sin decir ninguna palabra. La gente seguía a nuestro alrededor mirando con toda la naturalidad del mundo. Esto era humillante en todos los sentidos posibles. De hecho, si Meiling hubiera estado aquí conmigo, seguramente estaría a mi lado riendo a carcajadas. Para qué decir de Luke...
Si me permiten decir algo al respecto, las burlas de mi prima junto con las de mi amigo, son un millón de veces peores a que una maleta te gane. Tu dignidad se va a lo más profundo del océano y por sobre todo… olvídate de que la recuperarás. Aunque ya había ganado bastante experiencia en soportarlos a ambos.
Por otro lado, esta cosa no iba a ganarme. No iba a avergonzarme y definitivamente no iba a permitir que me quitara mi dignidad.
Tenía que actuar y rápido.
Esta vez, me dirigí al otro extremo de la cinta y llevé conmigo a Sakura tomándola del brazo.
—Tenemos una segunda oportunidad, cuando esa cosa aparezca —Dije apuntando la cortina—, yo tiraré por los costados y tú subes a la cinta y la empujas.
—Entendido —Respondió ella, asintiendo con la cabeza y murmurando palabras en voz baja, pero algo la detuvo de golpe—. Espera, espera —Se interrumpió a sí misma, moviendo los brazos frente a mí—. ¿Quieres que… me suba a la cinta?
La miré con mi mejor expresión de "me-estás-hablando-en-serio" y suspiré.
—Escucha, es la única manera de sacar esa maldita cosa.
—P-pero…
Oportunamente, antes de que pudiera protestar sobre cualquier pendejada, vi cómo la maleta aparecía nuevamente. No había tiempo para escuchar a la pequeña, así que exclamé:
—¡Aquí viene! Sube ahora.
Lo próximo que nuestro fiel público pudo ver, fue a Sakura Kinomoto subiendo a la cinta de equipaje con la ayuda de Syaoran Li. ¿Los conocen? Pues espero que no, porque si yo hubiera formado parte de la audiencia, en ese instante probablemente estaría de pie entre la multitud mirando a dos pobres idiotas tratando de solucionar algo. Resulta que ahora YO soy uno de los dos idiotas, y esto indudablemente tiene que ser obra de mi tan querido y viejo amigo llamado Karma.
Cuando Sakura logró subir a la cinta, y sin caer milagrosamente, tomó con sus manos una vez más el mango superior. Debía esperar por mi señal para comenzar a empujar. Esperé a que pudiera encontrar un equilibrio y así evitar una humillación peor. Le eché un último vistazo a mi compañera, asegurándome que estaba bien y le di la señal.
Sí, la situación era un asco. ¡Qué bonita primera impresión que estábamos dando!
Creyendo que esto no podía ponerse peor, de repente escuchamos a un enojado guardia gritando a medida que se acercaba hacia nosotros. Se oía tan insoportable, que con su griterío cerré los ojos y maldecí un montón de veces en mi mente.
—Oh, por favor. —Me dije a mí mismo, queriendo ocultar mi rostro con mis manos, aunque claro, no podía por razones obvias. Era o tirar u ocultarme, pero nunca ambas.
—¡Hey! Baje de allí inmediatamente, la cinta no es para jugar.
Jo, un momento señor, ¿qué está ocurriendo aquí? Me indigné al escuchar un comentario tan… tan, ustedes saben. Aunque yo no fui el más afectado. Sakura, quien estaba bastante concentrada por cierto, dejó de empujar la maleta y miró con seriedad al guardia. Imagino que él tenía grandes planes para nosotros, menos ayudarnos.
—¡¿Qué? —Expresó ella con sus manos cruzadas frente a su pecho.
Ajá, ¡había soltado la puta manga! ¡Gracias por la ayuda!
—¡Baja ahora, niña! —Le ordenó el hombre, elevando la voz como un maestro de universidad. Este tipo estaba loco.
Levanté la vista como pude, porque seguía empujando la maletita, y me encontré con la expresión facial de mi ingenua compañera. En menos de un segundo rogué a todo lo que pudiera escucharme, para que ella hiciera algo al respecto. Y que ese algo fuera productivo.
—¿Y usted piensa que estoy subida aquí porque estoy jugando? —El tono de voz de Sakura se elevó de un momento a otro, casi repentinamente.
Asentí. Muy bien. Muy, muy bien.
Pero… tal parece que se había olvidado de la pequeña e insignificante misión que tenía. Con el fin de continuar su discusión con el guardia, se puso de pie olvidando completamente la bendita maleta, y dejó de ayudarme. Yo, por mi parte, seguía tirando de la manga sin mucho éxito.
Una broma de mal gusto, reitero.
Quise bloquear todo sonido molestoso que llegaba a mis oídos. Llegué al punto de preferir estar con la mente hecha mierda por obra del mago. Realmente lo prefería. Díganme una cosa, ¿de verdad parecía que estábamos jugando? Por favor, no llevábamos ni media hora en Londres y el ambiente de bienvenida ya era un verdadero infierno.
Sakura seguía discutiendo con el hombre, yo seguía siendo arrastrado por la maleta, nos acercábamos a una de las cuatro curvas… ¡y esta cosa no se movía!
Si lo que ocurrió después hubiera sido gracias a mi imaginación, tal vez estaría contando esta historia de manera diferente. Quizás brindando con una taza de café de vainilla o fumando un cigarrillo de chocolate contigo. Lamentablemente, la realidad te hace caer…
Caer de la cinta, por ejemplo.
No hablo de mí. Me refiero a la pequeña de ojos verdes que parecía querer volar con esa manera de agitar sus brazos. Su mente estaba lo bastante enfocada en discutir… y bueno, era una cosa o la otra. Ayudaba con la maleta y se sujetaba de ella o se quedaba batallando con el desconsiderado guardia logrando perder el equilibrio.
¿Qué pasó?
Pues digamos que lo siguiente que nuestro público pudo contemplar de esta humillante situación, fue cómo la chica de vestido naranja dejaba salir un pequeño chillido de su boca, para terminar en el suelo de un sólo y brusco golpe.
Un espectáculo gratuito y sin fines de lucro, señoras y señores. No querrá perdérselo por nada del mundo. ¡Yo no tenía planeado que mi primer show fuera así!
Las risas de pronto se volvieron más sonoras e insoportables. Por otra parte, debo repetir que si yo hubiese sido parte de los espectadores, estaría riendo y probablemente llorando de risa. Claro, ya sé a quién le está haciendo gracia todo esto.
Escucha, querido Karma, ¿no crees que ya he aprendido mi lección? ¡Ya tuve suficiente con esta basura, maldita sea!
Dignidad, lo lamento. Sabes que hice todo lo que estaba a mi alcance para salvarte. Me abandonas, aquí echado a mi suerte, rodeado de idiotas insensibles... ¡No! No comiences con tus cuentos de que soy una roca que no sonríe.
¿Quién mierda me mandó a viajar? De seguro algún pobre perdido habrá sugerido la idea sin estar consciente de que… oh, esperen ¡Soy yo! Genial, Syaoran. Mereces un millón de aplausos por tu brillante decisión. Sabía que algo pasaría, y para ser sincero, no me sorprende lo que está ocurriendo.
En el instante en que Sakura hizo contacto con el suelo, apareció un chico rápidamente, acercándose hasta ella para ayudarla a ponerse de pie.
—Eriol…
¡Ah, miren! El gran desperdiciador de horas ha llegado al rescate, todos aplaudan. ¿No? ¿Nadie? Bien, yo tampoco lo haré.
¿Pero quién me ayuda a mí?
Oh, sí. Se me ha olvidado cómo se siente caminar libremente, cómo era pasar desapercibido, cómo mirar con desprecio a todo ser humano que pasara por mi lado, el hecho de inquietar con la mirada a quien me parecía interesante.
No iba a perdonarme nunca si llegaba a la cuarta curva con las manos aún sobre la maleta. Ya no podía. ¡Jodida Daidouji! ¡Jodida peque…!
—Necesitas ayuda con eso.
El ceño fruncido de mi cara desapareció y mis ojos se abrieron, permaneciendo así por obra de lo que tenía frente a mí.
Nota mental: No te burles de quien puede salvarte más tarde.
Solté la manga lateral al momento que ésta tocó el piso. Mis manos estaban rojas y me costaba trabajo sentirlas. Mi respiración estaba agitada y lo único que quería era llegar al bendito departamento, saltar a la cama, mantener mis párpados abajo por horas y así poder descansar.
Quise recuperar un poco de fuerzas sentándome en el piso, apoyando mi espalda junto a mi maleta. La oscuridad me envolvió, y se sentía tan jodidamente bien. Yo no venía a Londres para este tipo de niñerías. A fin de cuentas, había terminado salvando a la damisela en peligro. No como en los cuentos de hadas que suelen leer las niñas, pero ¿qué importa eso ahora?
Permanecí en esa posición unos minutos hasta que me sentí un poco mejor.
Sakura's POV
Uno de los tacones se había estropeado en el momento en que caí de la cinta. Una cosa estaba clara: Tomoyo iba a matarme cuando los viera.
Obviando un poco el tema del tacón, ¿las cosas podrían marchar en otra dirección? Me limité a caminar junto al carrito, con la cabeza mirando hacia abajo y llena de vergüenza por lo ocurrido hace un momento. Yo sólo quería que este viaje terminara pronto, junto con todo este embrollo.
Cuando todo volvió ligeramente a la normalidad, los tres nos dirigimos a la puerta de salida, soportando los ojos de todas las personas que habían sido parte de nuestro show, sobre nosotros. Me encargué de buscar a una de ellas en particular. Al dar con ella, le entregué mi más amable mirada de toda la vida. Cierto, el amable guardia tenía toda la culpa, no mi falta de energía.
¿Por qué?
Es bastante sencillo. Si él no se hubiera aparecido con su carácter de oso gruñón, yo jamás hubiera terminado en el suelo, recibiendo mi trasero todo el golpe. Y ahora es cuando le doy las gracias a Tomoyo por haber confeccionado unas pantaletas cortas para usarlas bajo el vestido. ¿Se imaginan el espectáculo si esa prenda de vestir no existiera? Todo se vuelve irónico poco a poco.
Él se había percatado que estaba pendiente de él, sin embargo se quedó de pie como un idiota, pretendiendo que nada había pasado hace un rato. Dios, si tan sólo…
—Puedes mirarlo con todo el odio del mundo, pero jamás se te ocurriría golpearlo, Sakura.
La voz de Eriol me hizo volver en sí, girando al mismo tiempo para encontrarme con sus oscuros ojos azules, los cuales no intimidaban tanto como los de Syaoran cuando hacían contacto con los míos.
Y sí, probablemente él tenía razón. Poseía un corazón tan bueno y una actitud tan caritativa, que no podría siquiera matar una mosca. Aunque debía admitir que algún día, algo me haría cambiar de opinión, y fuera lo que fuera que me hiciera enojar yo no iba a responder por mis actos. Me refiero a algo mucho peor que aplastar a Touya si hubiera sido del porte de un poste. ¿No era un monstruo después de todo? Pues entonces que no se quejen.
—Algún día, Eriol… espera y lo verás.
Eriol se rió con mi comentario y lo imité unos segundos más tarde. La manera en que suele reír es realmente contagiosa, y me hacía recordar a aquel niño británico que conocí cuando estaba en la primaria. La felicidad que me rodeó en ese instante me hizo caer en cuenta de que no había visto a Eriol hace mucho tiempo. ¿Qué estaba haciendo aquí de pie sin hacer nada? ¡Es Eriol!
—¡Ha pasado muchísimo tiempo! —Exclamé tan alegre como pude, arrojándome a sus brazos para poder saludarlo. Eriol respondió mi abrazo, y con él comencé a sentir que no todo estaba tan mal como yo pensaba.
A decir verdad, Eriol había regresado a Inglaterra en cuanto terminamos el segundo año de secundaria. Desde entonces, sólo habíamos tenido contacto con él por teléfono y correo electrónico. A diferencia de mí, Tomoyo tuvo la oportunidad de viajar aquí hace un tiempo para visitarlo. Gracias a los exámenes finales me perdí la opción de viajar. ¡Pero todo estaba bien ahora!
Cuando decidí terminar el abrazo, me distancié un poco de mi amigo sin quitar la sonrisa de mis labios. Sin embargo, él sólo estaba mirando fijamente hacia el frente. Permanecí junto a él con una ceja levantada, no comprendiendo nada. Luego lo vi esbozar una pequeña sonrisa, y me pregunté por un momento si me estaba perdiendo de algo importante. Mi curiosidad fue más grande que yo, obligándome a seguir el punto de atención. Curiosamente di con Syaoran, quien tenía la mirada fija en Eriol.
—¿Qué estás mirando, Eriol? —Pregunté, aferrándome de su brazo para llamar su atención.
Las sonrisas de Eriol eran siempre tan misteriosas, tanto como las de Tomoyo.
—¿Quién es tu amigo, Sakura?
¿Mi amigo? ¿Qué amigo? Amigo… ¡Oh, claro!
—¡Ah! Qué despistada soy —Dije llevándome la mano a la boca, ¿cómo pude pasarlo por alto?—. Eriol, él es Li Syaoran… ¿Syaoran estás bien?
Al darme la vuelta para presentarlo, lo vi con una mueca y un cigarrillo entre los labios recién encendido. Por la expresión de su rostro, algo me decía que debía permanecer callada. Por otra parte, sabía que tenía que llegar al fondo de lo que le ocurría. Abandoné el brazo de Eriol para acercarme a él, pero con cada paso que yo daba, Syaoran se volteaba para darme la espalda.
—Syaoran, ¿qué…?
—Hey, ¿estás bien? —La pregunta de Eriol me dejó con las palabras en la boca. No me había percatado que él también se había acercado, incluso un poco más hacia Syaoran. ¿Qué está sucediendo aquí?
Tanto Eriol como yo centramos nuestra atención en Syaoran. El cigarrillo en su boca, su permanente mueca, la sonrisa invisible que nunca aparecería, junto con la respuesta que ambos queríamos saber. No existían palabras en este momento, sólo miradas. Las miradas valen mucho, ¿no es así?
Una calada más bastó para romper el silencio.
—Sí.
Tras su respuesta, volví a quedar con un gran signo de interrogación sobre mi cabeza. Eh… ¿Qué debo hacer ahora? ¿Seguir con la presentación?
Con el viento que rondaba por Londres, mi cabello se mecía de un lugar a otro frente a mi cara. De pronto todo se había vuelto en un juego de izquierda, derecha, izquierda… y nuevamente a la derecha. Eriol seguía sonriendo, mientras que Syaoran encendía otro cigarrillo, aparentemente de chocolate por el aroma que se desprendía con cada calada que le daba. Estar en medio de ambos, me dio a entender que uno de los dos no pretendía ignorar los movimientos del otro.
—Eh… Eriol, ¿te parece si nos vamos a casa? —Sugerí, intentando lograr algo en esta historia— Estoy cansadísima, sólo quiero acostarme a dormir en una cama, por favor— Le dije, dejando salir de mi boca un suspiro agotador.
Eriol asintió.
—El auto está en el estacionamiento —Buscó las llaves en su bolsillo—. Iré por él. ¿Está bien… si esperas aquí?
Escuché un repentino gruñido junto a mí.
¿Ah?
—Estará bien. —Comentó Syaoran, quejándose y cruzándose de brazos.
Mi cabeza comenzaba a ser un lío tremendo, y si no llegaba a darme una jaqueca pues entonces era mi día de suerte. El mundo es un lugar hermoso, ¿no?
Pero no me sentía bien.
Y ahora que volvía a estar a solas con él…
—Lo siento.
Syaoran detuvo su plan de abrir la cajetilla nuevamente. En su lugar, me dirigió una mirada un tanto confundida. Supongo que era la misma expresión que traía yo desde hace un buen rato.
—¿De qué hablas?
Realmente lo siento.
—No has tenido un buen viaje, y gran parte del problema ha sido por mi culpa. —Agaché mi cabeza, apenada. En el fondo sabía que cargaba con un montón de responsabilidad por todas las cosas que estaban ocurriendo. No las comprendía del todo, pero sentía la necesidad de disculparme por ello.
No recibí una respuesta. Sólo un par de ojos ámbar.
—Sé que el incidente de las maletas fue por un descuido mío y lo siento muchísimo. Verás, no era mi intención que esto pasara, es sólo que…
—Sakura.
—…de verdad, se suponía que Tomoyo enviaría el equipaje directamente a la Hostal de Eriol. No debía aparecer en la cinta…
—Sakura.
—… pero entonces apareció el guardia y tropecé…
—¡Sakura, no eres el problema!
Dos manos se aferraron a mis brazos, agitándome ligeramente para hacerme reaccionar, dejándome sin habla. Acercándome a él.
—Escúchame, tú no eres el problema.
Syaoran's POV
Mi problema no es un montón de frases, ni un momento vergonzoso en público, el cual por cierto no tendría ni el más mínimo sentido, siendo que he pasado por cosas peores en las tablas. ¿Entonces qué me sucede? ¿Por qué de pronto atesoro esta puta cajetilla de cigarrillos? Luke siempre tiene la razón, y claro que la necesito… habría fumado el tercero si alguien no hubiera comenzado con un patético drama de responsabilidades. Patético, infantil e incluso torpe, pero no puedo esperar otra cosa a cambio, ni pretender que me importa.
Soy muy frío en ocasiones.
Vamos, no me salgas con que aún no te habías dado cuenta.
Al estar sobre un escenario, tienes que estar consciente de que tendrás al menos media centena de ojos sobre ti, vigilando cada movimiento que haces, pendientes de algún error que probablemente jamás ocurrirá porque estás haciendo un buen trabajo. Las cosas tienden a ser así la mayor parte del tiempo. Señores, yo no estaba sobre un escenario cuando ese par de ojos azules me perturbaron.
Claro, los mismos que habían sido un socorro para mí, pero que al siguiente minuto me tenían bajo una lupa para inspeccionar cada detalle de mi vida. Aunque el vistazo que recibí no fue lo más angustioso. Debo admitirlo, yo también miro a la gente. Pues claro, me divierte hacerlo… pero ¡mierda! Yo no andaba por todas partes sonriendo como si quisiera matar a alguien o incluso… a comerlo.
Esa jodida sonrisa en su cara de señor inglés me hizo ponerme en alerta de inmediato. ¡Y tener la estúpida necesidad de refugiarme en el chocolate!
Las cosas más absurdas pasaron por mi cabeza, una y otra vez. ¿No estaba teniendo el mejor día de mi vida? Que conste que es el segundo.
Y así como él no me quitó la mirada de encima, yo tampoco lo hice. No me importó la sonrisa de mierda que me enseñaba mientras abrazaba a Sakura de esa manera. Ni que al momento de tener que decir algo no haya sido capaz de formular una frase decente. ¿Para qué? Además, ¿desde cuándo yo me entusiasmaba cuando tenía que conocer gente? Conmigo no, señores. Si esperan algo tan absurdo de mí, pues les tengo una muy mala noticia.
¿Qué se supone que debo hacer? Simular que todo marcha de maravilla. A menos que este tipo lea mentes igual que Luke y me mande todo a la mierda.
Por si fuera poco, tener que remediar con lo que estaba pasando justo ahora no me hacía mucha gracia. Porque, en realidad, y aunque niegue con la cabeza en silencio, no logro entender a esa odiosa voz de mi conciencia que dice que sí cuando lo que yo quiero es decir que no.
Sentado en el asiento trasero, con mi maletín y guitarra… en el auto de Eriol.
¿A que no lo creen? Si tan sólo vieran la mueca que tengo, y escucharan la risa de te lo dije en mi cabeza, comprenderían mucho mejor de lo que estoy hablando. Pero si pudiera nombrar a mi conciencia, entonces le pondría algo así como… verde.
Lo sé, no tiene mucho sentido. Déjame explicar un poco, pero créeme que no te será difícil. Verde, por el simple hecho de que fueron esos ojos de pequeña, con la excusa de que se sentiría mejor si permitía que me llevasen a casa en lugar de tomar el autobús.
Vale, he dicho que soy frío y que no me importa. Es sólo que ver a Sakura de esa manera, tan confundida, disculpándose como si no hubiera un mañana… yo no pude decirle que no. Pero aceptar la oferta de mala gana no fue lo peor, ni hacerla reaccionar un par de veces sujetándola por los brazos. Supongo que el sonido fingido proveniente de la garganta de su amigo se llevaba todos los premios. Porque claro, después de que te tengan en la mira, te sonrían como un imbécil y que te encuentren poco menos abrazando a su amiga, debe significar un montón de huevadas para él, las cuales no tengo intensión de saber.
Quiero llegar a mi departamento, por favor.
Sakura's POV
Después de dar un paseo improvisado por las calles de Londres, buscando el departamento de Syaoran, todo alrededor se tornó más cálido. Mi conciencia estaba un tanto tranquila, pero el calor de mis mejillas no me lo quitaba nadie, ni siquiera el viento frío que golpeaba el auto y lo rodeaba.
Insistí, incluso sin tener claro por qué lo estaba pidiendo. Sin ver una sonrisa a cambio, sólo un saludo con la mano y un intercambio de números por si algo ocurría.
Mis intentos habían fallado después de todo. No quedé satisfecha conmigo misma, pero en parte el saber que estaba solucionando las cosas… bueno, de algo tendrá que servir ¿no?
Eriol había cambiado de ruta camino a casa para pasar al supermercado. Comprar cosas para preparar la cena de esta noche, y alguna golosina para mi cara larga, habían sido las palabras que utilizó para convencerme. Vamos, ni la mejor golosina del mundo logrará alegrarme el resto del día.
¿Cuánto falta para llegar a la hostal?
Un lugar que sólo vi en fotos un par de veces, pero siempre seguía siendo todo un misterio para mí. Porque las cosas nunca resultaban ser lo mismo en la vida real. La hostal Eriol quedaba a unas ocho cuadras del supermercado según él. Ocho maravillosas y distantes cuadras de aquí. Sabes, caminar puede parecer una buena idea. Casi lo suficientemente tentadora como para hacer que desabrochara el cinturón de seguridad y…
No, olvídalo. Está demasiado calientito aquí dentro del auto. Tan acogedor que quedarme dormida justo ahora me parecía una maravilla. Aunque he aguantado lo suficiente como para echarme aquí a descansar. En todo caso, Eriol no puede tardar tanto en hacer unas cuantas compras.
Busqué el botón para encender la calefacción. Iba a terminar congelada si no recibía aunque sea un poco de aire caliente. Llevar un vestido me iba a matar… o congelar. El sonido de los tacones chocando con el piso del auto, las manos del viento golpeando las ventanas, la radio que transmitía una antigua canción ochentera y yo abrazándome a mí misma. Nunca había sido una persona tan friolenta… y no me explicaba el escalofrío que me dio cuando mis propios brazos me abrazaron. Mis manos estaban tan frías como el cristal empañado junto a mí. Sin embargo una chispa de calor se encendió.
Y sonreí.
Sonreí porque al fin estaba aquí, en Londres. Lo que estaba sintiendo era nuevo, bueno, y no quería que desapareciera. Miré hacia abajo, alejando las luces de mis ojos, refugiándome en los recuerdos de estos dos días de largo viaje y en el sonido de la lluvia que comenzaba a cubrir nuevamente la ciudad. Entonces, ¿eres la responsable de todo esto que me pasa? Quiero creer que lo eres.
Reaccioné cuando una ráfaga de frío hizo contacto tomándome desprevenida. Miré hacia la puerta para ver a Eriol con un par de bolsas en las manos, empapado por la lluvia y con sus anteojos empañados. La imagen me pareció muy divertida y no aguanté una carcajada. En serio, ¿cómo logró encontrar el auto?
—¿Por qué te ríes así, Sakura? —Preguntó molesto. Su tono de voz lo delataba, pero yo seguí riendo.
—No lo sé, es sólo que tú… —Lo vi alzar una ceja mientras abrochaba su cinturón de seguridad. Me callé y mordí mis labios—. No sé qué decirte.
—¿No sabes qué decirme? ¿Desde cuándo?
—Ya te lo he dicho —Respondí apenas, rogándole a cualquier cosa que estuviera aquí para que Eriol cerrara la puerta de una buena vez—, además me ha hecho gracia.
—Ya veremos si te hace gracia más adelante.
—¿A qué te refieres?
Eriol encendió el motor, limpió un poco el parabrisas y finalmente me respondió:
—Oh, nada.
~Till I find you ~
Con cada vuelta en una esquina, mi ansiedad aumentaba a un nivel más arriba. Eriol de pronto había decidido guardar silencio, por lo que opté por hacer lo mismo. Me limité a centrar mi atención en la ciudad, en las personas bajo sus paraguas protegiéndose de la tormenta. Por mi cabeza pasaban imágenes mías, yendo a la universidad, caminando cerca del Big Ben o bebiéndome un café en el camino.
Sentí una pequeña presión en el pecho y cómo mis labios se curvaban ligeramente. Imaginé entonces lo que sería mi habitación. Puede sonar algo loco y extraño, pero lo que yo sentía en esos momentos era algo parecido a la noche antes de Navidad. ¿No es maravillosa esa sensación que te da cuando miras cada treinta segundos el reloj? Mientras estás esperando a que éste marque por fin la medianoche. Me cuestioné si es que resultaría bueno empezar con el famoso ¿Cuánto falta? que suelen preguntar los niños siempre.
Puede resultar irritante, incluso si yo lo hiciera justo ahora. Pero antes de que pudiera abrir la boca y decir algo, me arrepentí. No por no querer aparentar ser una niña pequeña haciendo semejante cosa. Creo sinceramente, que fue en el momento en el cual el auto se detuvo frente a una casa enorme de tres pisos con una apariencia británica y única.
Me apegué a la ventana de inmediato, intentando limpiarla al mismo tiempo para observar mejor. Quizás lucía como una boba, pero lo que tenía justo en frente valía la pena.
¿Ésta era la hostal de Eriol?
¡Era más grande que mi propia casa!
—Espera a que la veas por dentro, es aún más impresionante de lo que parece a simple vista.
—O por fotografías —Agregué, impaciente por descender del auto y empujar aquella puerta de madera.
Después de que Eriol apagó el motor, me apresuré en salir para llegar al umbral. Creo haber corrido, no muy exitosamente, y haber pisado por accidente y despiste un charco de agua en el camino. Eriol me había entregado las llaves al notar que mi paciencia ya estaba por el suelo. Así de simple y sin tener que decir palabra alguna. ¡Me conocía tan bien!
Luego de un juego de adivinanzas e intentar con unas cinco llaves, logré dar con la correcta. Claro, la única de un tamaño razonable como para encajar en la cerradura de una puerta como ésa. Introduje la llave dentro de la cerradura y la hice girar hacia la derecha, tal como me habían indicado. Cuando escuché ese peculiar sonido, empujé la puerta con ambas manos.
~Till I find you ~
Subir los escalones para llegar al segundo piso fue todo un reto. Pero la travesía no terminó ahí. Pasé por cuatro puertas, un cuarto de baño, incluso por una especie de biblioteca. Llegué a pensar en que podría aparecer el hombre de rojo y entregarme un mapa.
—¿No puedes darme una pista? —Grité, haciendo eco por todo el lugar. Maldición, Eriol no me decía nada.
—Ya te he dicho que está en el segundo piso, ¿qué otra pista quieres?
—¡Hay muchas habitaciones en este piso, Eriol! ¿Cómo voy a…? —En ese instante, me topé con una lámpara. Recordaba algo sobre esta lámpara, pero tenía que asegurarme antes—. ¿Eriol?
—¿Ya estás?
No te preguntaría de ser ese el caso.
—¿Es normal que quiera cruzar una puerta color beige, con una lámpara arriba de ésta?
El tiempo que tardó en responder bastó como para que el eco desapareciera. Estaba inquieta, necesitaba que me dijera algo, joder.
—Felicitaciones. Me parece que has encontrado tu refugio.
Mi repentino trance me dejó como si fuera una estatua humana, pero al despertar… reí, aplaudí y me acerqué lo más rápido que pude hasta ella. ¡El momento que había estado esperando durante dos días y con muchísimas ansias al fin estaba aquí!
Mis ojos se abrieron de par en par cuando entré a mi habitación.
Contuve la emoción que tenía dentro antes de atreverme a echarle un vistazo a cada detalle. Era un poco más grande que la de Japón y tenía una ventana enorme que entregaba una vista increíble y envidiable por cualquiera. Noté que la cama era dos plazas, y puse mala cara al verla. Ésta era muy grande para mí. En serio, yo no necesito una cama de princesa. Estaba dispuesta a preguntarle a Eriol si es que tenía alguna otra más pequeña para poder cambiarla, pero luego de pensarlo un poco mejor descarté la idea.
Di unos pasos hasta llegar a una nueva puerta que daba paso a un baño individual. ¡Y es que no pude haber pedido algo mejor que un baño para mí sola!
Bien, con respecto a las paredes… no eran de color rosa, más bien eran de un tono gris casi negro y las cortinas le hacían juego. No me importaba en absoluto. De hecho estaba al tanto de qué con las luces encendidas que tenía a cada costado de la cama, de noche se vería todo muy bien. Incluso podría adquirir algunas luces navideñas y colgarlas entre algunos cuadros que estaban en las paredes. ¡Sí! con ellas la habitación deslumbraría.
—¿Qué te parece? —Preguntó Eriol desde el umbral de la puerta. Di un brinco de sorpresa al escucharlo de repente— Me parece que está perfecta para ti.
—Lo es, muchísimas gracias —Expresé, sentándome al borde de la cama para luego apoyar mi cabeza sobre una de las tantas almohadas—. No tienes idea cuánto me gusta. Acertaste con lo de la vista.
—Lo mejor para ti, pequeña Sakura.
—¡No me llames así! ¡Ya no soy pequeña, Eriol! —Protesté ante su comentario. Sí, quería que por una vez, mi amigo me viera como la adulta joven que era.
—No me digas. Pues aparentabas ser toda una adulta mientras jugabas en la cinta del aeropuerto —Me aguanté las ganas de tomar una almohada y arrojársela directo en el rostro, sólo para no darle la razón—. En serio, ¿es que no leíste las instrucciones a un costado de la cinta?
¡Estaba cansada! ¡¿Por qué tendría que leerlas?
—DO NOT walk on conveyor. Will result in…-
—Sí, sé en qué terminaría —Interrumpí molesta—. Lo he comprobado yo misma.
Me crucé de brazos y desvié la mirada hacia la ventana. El recuerdo del bochorno me hizo recordar aquel molestoso dolor en el trasero gracias a la caída.
—¿Te molesta si duermo un poco? —Le pregunté antes de poder cerrar mis ojos y entrar al país de las maravillas, que me llamaba con urgencia desde hace varias horas. La pequeña Alice estaba perdida y yo debía ir en su búsqueda. Claro, desde que soy buena en esto de perderse por los mundos.
—Tuviste un viaje larguísimo, tienes todo el derecho para descansa lo que quieras —Comentó mientras cerrada un poco la ventana—. Estaré abajo si me necesitas para cualquier cosa. Te enseñaré el Piano en ese entonces.
Oh, no.
Un momento, por favor. Alice definitivamente puede esperar, y si no puede, pues entonces que se pierda porque yo no iré a buscarla. Pero es que… él no acababa de decirme una cosa así.
Entonces me senté de golpe y lo miré fijamente. Él parecía muy divertido y no paraba de reír. Déjenme decirles que a mí, su comentario no me cayó bien. Oh, ¿se refería a esto? Debí imaginarlo desde el principio.
—¡Eres un Idiota! —Exclamé, tomando una almohada y arrojándola. Sí, había ido muy lejos—Sabes qué no podré dormir tranquila sin ver antes el Piano, y estás al tanto de que una vez que lo tenga en frente, estaré horas sentada tocando algunas canciones. ¿Cómo puedes ser tan cruel?
Eriol volvió a sonreír. Pero esta vez su sonrisa daba miedo.
—Vamos, un poco de respeto o te vas de aquí —Refunfuñé al mismo tiempo que negaba con la cabeza rápidamente—. ¿Lo ves? Sigues siendo la misma de siempre. Ahora duérmete.
Escuché el sonido de la puerta cerrándose suavemente. Volví a recostarme sobre la cama, sobre mi grande y fría cama. Comencé a hacer pucheros y sentí unas ganas enormes de levantarme e ir tras el Piano. Debía despistar a mi mente, por lo que volteé para apreciar la vista del exterior, quizás así lograría relajarme después de lo que acababa de ocurrir.
—Me pregunto si podré ver las estrellas cada noche antes de dormir.
Eso deseaba, aunque si el clima seguía comportándose así… las únicas estrellas que iba a ver serían las que pintaría más adelante en el techo de la habitación.
Y lo haría en cuanto tuviera la energía para ir de compras y redecorar un poco. Puede que sea perfecta para mí, pero le falta un montón para tener el calor y la esencia para llamarla algo así como, mi hogar.
Syaoran's POV
—Aquí está la llave —Me dijo una joven chica de cabello rojizo mientras me entregaba un par de llaves doradas—. Si necesitas algo, en el departamento hay un teléfono que conecta directo con la recepción, ¿está bien? Sólo tienes que presionar el botón rojo, no es muy complicado.
Asentí con la cabeza, pero con una mueca. De verdad, no hacía falta tanta instrucción, digo ¿por quién me tomaba? Yo sabía hacer estas cosas. Pero aun así, la chica no se preocupó de apreciar mi gesto.
—Welcome to London! —Sonrió, mirándome rápidamente para regresar toda su atención a la pantalla de su laptop, ignorándome como si yo nunca hubiera estado allí con ella. Qué sonrisa más forzada había sido ésa. No iba a valer la pena responderle, y tampoco tenía ganas de hacerlo. Después de semejante bienvenida, ¿quién querría?
Levanté mi equipaje y mi maletín. Con suerte sí pude levantar la guitarra, pero si la soltaba estaba claro que sería por pereza mía. No iba a darme dos viajes para subir todo el equipaje. Busqué el camino hasta el ascensor más cercano, y por fortuna se encontraba en el piso número nueve. No tendría que esperar demasiado para abordarlo. Presioné el botón y permanecí de pie frente a la puerta por unos segundos, hasta que finalmente ésta se abrió.
Mi departamento se hallaba en el tercer piso a unos pasos del ascensor —muchas gracias—, y aunque me parecía excesivamente lujoso para mí, agradecía infinitamente a mi familia por escoger un lugar que quedara a menos de treinta minutos de la Casa Central. De modo que sólo debería manejar un poco para llegar a la bendita casa de estudios. Y era una maravillosa ventaja porque significaba que podría dormir muchos minutos más de los que solía dormir cuando estaba en Hong Kong. Mi universidad en China estaba casi a una hora y cuarto en auto. En resumidas cuentas, era una mierda. Esa era la consecuencia de vivir en una ciudad relativamente… enorme.
¿Me creerían si les digo que el ascensor tenía una musiquita de fondo? Jamás pensé que una cosa así fuera real. ¡Era jodidamente odiosa! En serio, si tenía que soportarla por más de treinta segundos juro que me volvería loco. Sin embargo, ¿voy a tener que escucharla todos los días? Cada puto día de aquí hasta seis meses más. Oh, sí, qué maravilla.
Cuando la pequeña pantalla marcó el número tres, la puerta se abrió nuevamente. Y si pensaba que las sorpresas se habían acabado, estaba bien equivocado. Frente a mí había un niño de no más de seis años, quien se quedó inmóvil mientras me miraba detenidamente con su cabeza ladeada hacia el lado izquierdo. Alcé una ceja esperando a que se apartara de mi camino, pero al no hacerlo, terminé suspirando de mala gana. Lo saludé con un movimiento de cabeza y comencé a caminar, haciéndome a un lado para no chocar con él.
305 era el número de mi departamento. Por algún motivo que desconozco, aquí usaban números impares y no pares.
—Tú debes ser el chico nuevo.
Una vocecita se escuchó justo detrás de mí. El mismo niño del ascensor caminaba junto a mí, y seguía con su cabeza ladeada… como si hubiera nacido así o algo por el estilo. Tal vez tenía un problema serio. Me resigné ante las posibles estupideces que estaba pensando justo ahora. No podía evitarlo, ni aunque lo quisiera.
—My name is Elliott, what's your name? —Preguntó con un acento inglés lo suficientemente marcado para alguien tan pequeño como él—. Are you from another planet? You seem very quiet… —Su cabeza seguía ladeada— ¿Cuál es tu nombre? Es muy descortés no responder a una pregunta, tu madre debería…
—Syaoran —Interrumpí antes de que pudiera continuar con un monólogo que prometía ser larguísimo si yo no abría la boca y decía algo. Los únicos monólogos sin sentidos que tolero son los de Luke. Pero… ¿y si este mocoso era un mini Luke?
Oh, dios, ¿por qué?
Elliott, porque así creo que se llama o si llegué a escuchar bien… como sea. El mocoso dio un ligero brinco en su lugar y juntó sus manos dejando salir un aplauso bastante torpe. La verdad es que no tenía ni la más puta idea de lo que buscaba, pero de mí no recibiría nada. ¡Joder, quiero descansar!
—Oye, Syaoran, ¿sabes una cosa? No, claro que no la sabes, tú no sabes nada…
Cálmate. Aguanta un poco. ¿Listo? Bien, déjalo salir.
—…tengo una hermana menor, ¿acaso te casarás con ella?...
Whoa… Alto ahí mocoso.
¿Qué mierda estaba pasando aquí?
¿De dónde había salido este niño?
Lo miré con una pésima expresión en el rostro. Él niño raro éste simulaba una apariencia adorable. Sí, ahí está el error: Simulaba, Syaoran. Era impresionante cómo hablaba cada cosa se le pasaba por la cabeza, porque tenía muy claro que ni siquiera se detenía a pensar las huevadas que decía. Simplemente llegaba a ser muy irritante.
Mi ánimo no se encontraba en un nivel razonable como para soportar a un niño ahora. El asunto era cómo hacérselo saber, y con una pizca de ayuda, tal vez entendería que no pretendía socializar, menos con él.
—Escucha, tú, niño… Elliott —Comencé— No, no voy a casarme con tu hermana. No, tampoco soy de otro planeta. Sí, soy una persona callada y que odia a los niños llorones… y por último, ¿cómo supiste que llegaría?
El niño se encogió de hombros y sonrío.
—Es un secreto que no puedo revelar. Si lo hago, Aslan se enojará conmigo y no podré entrar a Narnia otra vez… ¡Oh no! —Gritó de repente, llevándose ambas manos al rostro provocando que diera un paso hacia atrás— ¡He dejado la puerta abierta! Syaoran, debo regresar o estaré en graves problemas —Agregó dándose la vuelta y comenzó a correr hasta el ascensor, no sin antes decir—. I'll see you tomorrow! —Se despidió agitando su mano, y desapareció cuando la puerta del elevador se cerró delante de él.
Ahora yo estaba inmóvil, con una cara de póker épica, frente a la puerta 305.
¿Qué… demonios acababa de pasar?
Bueno, no podía anhelar otra cosa. Desde mi llegada al Reino Unido, nada había sido normal, así que...
Por favor, todo el maldito viaje ha sido una verdadera mierda. Bien por mí que no es al cien por ciento similar a mi llegada a Francia cuando tenía dieciséis años. Sin embargo, este niño se encargó de imitar a Luke de una manera increíble. ¿Saben? Nunca dejó de ladear su cabeza. Tendría sentido que mi cabeza estuviera ladeada también, y que diera tortícolis.
He vivido antes esta situación. Sé cómo es y en qué resultará si no pongo un límite desde ya.
En fin.
Suspiré antes de empujar la puerta y entrar al departamento. Y volví a hacerlo cuando me di cuenta que sobrevivir los próximos seis meses aquí sería más sencillo de lo que yo pensaba. Me tomé libremente la molestia de correr las cortinas para dejar entrar un poco de luz… bueno, poco en el sentido de que prácticamente, no había luz natural. Culpen al cielo y no a la capa gris de tierra que cubría el ventanal.
Me quejé al pensar que tendría que dedicarme a limpiar esa asquerosidad. Como estaba tan agotado por el viaje, negué con la cabeza y golpeé la ventana. No me verían por un buen par de días, pues yo no iba a levantarme de la cama de aquí hasta que la semana terminara. Le propuse una idea interesante a mi cerebro: ¿qué te parece si vamos directo a la habitación? Y él pareció escuchar mi petición, porque inmediatamente después de eso, caminé hacia el pasillo del departamento, sin siquiera dedicar unos minutos de mi tiempo para ver con más detalle el lugar.
Olvidé a propósito las maletas y todo lo demás en la entrada. Me prometí a mí mismo que iría por ellas después de dormir una siesta. Entonces atravesé el pasillo a paso lento, sin que nadie me apresurara. Sólo mis ganas de olvidarme de todo. Paso a paso, hasta que di con la habitación.
No hizo falta que caminara como un subnormal. Bastó con mirar detenidamente hacia el frente, dar un patético salto y alcanzar la cama, la cual parecía tener un enorme cartel dándome la bienvenida, pero esta vez, una bienvenida más al estilo Broadway.
Imaginen una enorme marquesina rodeada de luces brillantes. En el centro con letras verdes se leía mi nombre cada dos segundos debido a su parpadeo. Pero obviamente, nada de eso era real.
Abre los ojos, Syaoran. Nada de eso puede llegar a ser real. Sólo había una cama normal, con almohadas normales y una estúpida alfombra blanca a un lado. ¡Ni siquiera me gustaba el color blanco!
Todo lo anterior perdió importancia –si es que la tuvo– cuando me recosté, dejando en evidencia cuánto extrañaba la comodidad. En serio, los asientos del aeropuerto… no son camas después de todo, y ni hablar de los asientos del avión.
Un verdadero asco.
Tendido sobre la cama, me giré hacia el costado derecho queriendo mirar un poco el cielo y descansar la vista. No sin antes sacar la cajetilla de cigarrillos de mi bolsillo, y arrojarla sin cuidado sobre la mesa de noche. Me dije a mí mismo que la dosis de chocolate que me había mandado hoy se me había escapado de las manos. ¿Qué importa? lo deseaba con toda el alma. Es un muy buen motivo.
El cielo amenazaba con gran seguridad comenzar a llorar una vez más, entonces aproveché la oportunidad para relajarme… y escuchar de alguna forma el sonido de las gotas de lluvia.
Sólo oigo lo que quiero oír.
No pasaron muchos minutos cuando ésta, de pronto, empezó a empañarse poco a poco. Miles de gotitas caían desde las nubes sin cesar, como si estuvieran escapando de algo. Golpeándose torpemente contra el vidrio, finalmente para descender derrotadas. Una lástima por ellas.
Aunque estos climas son totalmente deprimentes para mí, el sonido de la lluvia siempre es una excelente canción de cuna para dormir. Me concentré en capturar cada sonido, tanto del viento como el de la tormenta, cerrando mis ojos y cubriéndome con unas cuantas mantas.
Esta, señoras y señores, sería una larga, larga siesta.
El agotamiento físico me torturaba como quería en estos momentos. Debería comprender que este pobre chico merece reposar sin interrupción. Lo más probable es que mañana le tomaría el peso a la situación, y me daría el tiempo de ordenar y desempacar.
La función debía llegar a su fin, el telón debería caer pronto, y yo debería irme a mutis cuando el público dejara de prestarme atención. Qué show, ¿no? Me refiero al que me ocasionó la famosa maletita de la señorita Daidouji.
Vamos, tengo fuerza, pero es que esa mierda era imposible de levantar.
Tanto mi ánimo físico y psicológico estaban quizás en dónde, pero no conmigo. Ni siquiera había telefoneado a casa para avisar que ya estaba en Londres. Tomaré esta situación como un entreacto.
Nadie por aquí, nadie por allá.
Sakura's POV
¿Han notado en sus sueños una ligera pero fuerte conexión con la realidad?
Cuando todo parece cobrar sentido, y te das cuenta que estás a la salida de un mundo utópico. Hay algo allí afuera que te llama, grita tu nombre sin parar, canta y sigue llamándote con la sensación de que no puede vivir si no le prestas tu atención. Aunque lo que tú realmente piensas, es que debes regalarla, porque ésta es importante. Tanto como aquello que necesitas ver o incluso encontrar.
El balanceo de aquel columpio de madera, colgado en la firme rama de un árbol de cerezo, de pronto se detuvo. Y yo, quien en esos momentos movía mis piernas para tomar impulso e ir más y más arriba, reacciono al no sentir la brisa chocando contra mí.
¿Pero qué es lo que siento ahora?
Un sonido. Y cierro mis ojos, queriendo saber de qué se trata. Mi oído musical me dice cosas, mi corazón dice otras. Sin embargo yo misma me encargo de identificarlo.
Hay quienes me dicen que me ponga de pie y corra. Debería seguir las palabras de aquellas voces. Hallar la fuente de todo esto y calmar mi repentino entusiasmo por lo desconocido.
Aunque, ¿sabes? Pensándolo mejor, no es tan desconocido como parece…
No podría ser capaz de confundirlo. Ni en el más extraño de los sueños. Y si llegara a perder mi memoria, siento la seguridad de que tampoco lo olvidaría.
Desperté con la dulce melodía de aquel instrumento creado por Cristofori. Y mi vida se la debía a él, junto con su valentía y creatividad. ¿Te imaginas vivir sin la sensación de escuchar o tocar música? Tu música.
La música que ansiaba un encuentro conmigo.
Mis ojos seguían cerrados, negando la posibilidad o tal vez dudando aún de mis extraños presentimientos. ¿Qué tal si estaba equivocada? ¿Y si todo era producto de mi imaginación?
Vamos, no puedes entrar en pánico. Respira tranquila y confiada. ¿Te das cuenta? Lo conoces demasiado bien como para tener alguna duda al respecto.
Entonces sentí un ligero calor. No recordaba haberme cubierto con mantas antes de ir a dormir. Sólo de dejarme caer libremente sobre la almohada y entregarme a Morfeo. Tal vez Eriol se había preocupado de hacerlo. En realidad era muy atento conmigo después de todo. Creo que por eso tomé la decisión de hospedarme en este lugar. Iba a necesitar a un amigo que estuviese pendiente de mí, que me recordará en que día estoy, que me orientará. Soy tan despistada…
Sólo sonreí, y cuando me convencí a mí misma de lo consciente que estaba, abrí finalmente mis ojos.
No tarde en sentarme y apoyarme sobre mis dos manos sobre la cama. Aún tenía a Kero a mi lado, y sentí de alguna forma, que Tomoyo estaba aquí conmigo. El peluche, después de todo, era la gran sorpresa que mi amiga tenía guardada para mí. Y estaba haciendo un buen trabajo en hacerme compañía. Sus alas eran tan adorables como su cabeza, y ¿te digo una cosa? Parece un tierno osito de peluche.
Empujé las mantas hacia atrás cuidadosamente, procurando no ocasionar un desorden. No tenía ganas ordenar... menos ahora.
Mi mente se iba a las nubes, pero no a aquellas que cubrían el cielo de Londres ahora.
Y yo seguía escuchando esa dulce melodía. Es simple el hecho de saber que no estaba muy lejos de ella, y que el encargado de interpretarla seguramente lo estaba haciendo a propósito. Aunque, por otra parte, si este sonido sería el que me despertaría todos los días para ir a la universidad, entonces me levantaría con un enorme ánimo cada mañana. Y claro, procuraría no llegar tarde…
Por favor, desde ya sé que no será el mejor despertador del mundo.
Salí de la cama en menos de un segundo, y cuando mis pies tocaron el suelo de la habitación, sentí un pequeño calambre en ellos. El sacrificio de andar con tacones por más de veinticuatro horas. Caminé en punta de pie lentamente hasta la puerta y giré la perilla con cuidado. Una vez afuera, el sonido se escuchó con más fuerza que antes, y pese a que no sabía de dónde provenía, dejé que la música me guiará hacia el tesoro.
Conté cinco pasos en línea recta y un giro a la izquierda. Entonces me encontré con ¿una escalera? Sí, así es. Me encogí de hombros y suspiré. Está bien, no eran más de ocho peldaños hacia arriba, no me iba a matar por dar un último esfuerzo subiendo cada uno de ellos. No obstante, la ansiedad que tenía hizo que temiera en si perdería el equilibrio y volvería a caer. El último de los escalones me probó lo contrario, topándome con él bajo mis pies sin ningún tipo de problema.
No había puerta alguna que me apartara de lo que tenía en frente. Una habitación con un enorme ventanal en lugar de techo. Y no sólo éste era de vidrio, pues las paredes habían sido reemplazadas también. Unas cuantas persianas, que estaban subidas, servían como una especie de escudo contra el mundo exterior, bloqueando para mi disgusto, la luz de la ciudad. Para estar en un tercer piso, no veías más que un parque cercano. Una vista que te daba la impresión de estar en el edificio más alto del mundo.
Este lugar era perfecto.
La imagen de mí misma disfrutando una tarde de lluvia en el lugar me dejó embobada por unos momentos, hasta que mis ojos bajaron la mirada inconscientemente.
El ritmo de mi corazón se aceleró a mil por hora cuando vi por primera vez aquel Pianoforte, justo en medio de la habitación. Mi reacción fue tal y como lo esperaba. No hice otra cosa más que sonreír tiernamente y cruzarme de brazos, negando con la cabeza.
Efectivamente el responsable de todo esto era Eriol. Se hallaba sentado frente al piano, el cual parecía haber sido pulido hace poco porque brillaba de una manera sorprendente. Supuse que si me acercaba a él podría ver mi propio reflejo.
Eriol parecía tan concentrado mientras tocaba una canción que no conocía. De tal forma que no había notado mi presencia hasta que me acerqué a su lado. Quise buscar apoyo a un costado del Piano, pero al comprobar que efectivamente mi reflejo estaba allí, me detuve antes de tocarlo.
Mi desastroso reflejo, mi cabello alborotado por la siesta y un poco de maquillaje fuera de su lugar. Pero, ¿sabes? no le tomé atención, así que procuré olvidarlo. Por otra parte, Eriol me había visto en peores condiciones. Esto no se comparaba con nada vivido anteriormente. Decidí permanecer allí, mirándolo fijamente sin dejar de sonreír.
—Buenas noches, pequeña gatito —Me saludó Eriol, sin dejar que la música se apagara.
Sentí cómo mis mejillas se tornaron tibias y de seguro se pintaron de un color rosa cuando escuché aquel sobrenombre. Es extraño que me produzca algo así justo ahora en lugar de haberlo hecho en la habitación. Tenía tiempo sin haber escuchado a alguien llamándome por ese apodo. Sólo Eriol y pocas veces Tomoyo se referían a mí de esa forma.
—Buenas noches, Eriol —Saludé, esta vez mis ojos estaban cerrados, queriendo atrapar a la perfección la melodía—. ¿Qué estás tocando? Llevas un buen rato en lo mismo sin cambiar de nota.
—¿Acaso logré despertarte con ella?
Me has traído a la realidad con ella, siendo lo más sincera posible.
Obviando mi pregunta, Eriol siguió tocando. Y yo, pues comenzaba a hundirme en la curiosidad de saciar mis dudas. Incliné la cabeza hacia un lado, no queriendo quitarle la mirada de encima. Esperando alguna pista, algo.
—¿Para qué arruinarlo? —Sus manos de detuvieron en seco, y levantó la vista para encararme, siempre con su sonrisa—. ¿Por qué no lo descubres tú misma? Justo ahora.
Di un paso hacia atrás cuando él giró sobre la butaca para levantarse. Y lo volví a hacerlo cuando me indicó con su mano para que tomara asiento.
Las infinitas emociones que transmitía mi corazón no me permitían pensar con claridad. Y realmente no sé cómo logré caminar lo necesario para quedar entre la butaca y el piano, a segundos del primer contacto con éste.
Los recuerdos de ver a mamá en la habitación tocando música por las tardes, invitándome a unirme a aquel espectáculo que era solamente nuestro, vinieron a mi cabeza. Mi pecho se apretó fuertemente, pero no me asustó en absoluto. Éste era mi momento. Y aunque no lo pareciera, estaba tranquila, porque todo lo que yo sabía se lo debía a ella.
—Sé que no puedes esperar —Lo oí decir junto a mí—. Es tu turno de hacer algo de magia.
Mi mirada y todos mis sentidos estaban fijos en el Pianoforte. La cuenta regresiva se encontraba próxima a llegar a su fin. Es ahora o nunca, Sakura.
Tomé asiento, sin prestarle atención a nada más. Observé con sumo detalle cada tecla del piano. Sostenidos y Bemoles, juntos en un único camino. Apoyándose mutuamente, sabiendo que una no sería nada sin la otra, así como yo no sería nada sin ellas.
Mi mano derecha fue la primera en hacer contacto con él. Cuando mi dedo índice hizo sonar la primera nota musical, mi corazón rompió el límite de velocidad nunca antes permitido. La conexión se sentía tan fuerte que me quedaría sin aire muy pronto.
Los deseos de llorar no se ausentaron. Me fascinaba el hecho de poder mejorarlo todo simplemente haciendo esto. Mi escape era la música, mis manos creando una pieza de arte y yo disfrutando al máximo del momento.
Tenía que llevarlo a la realidad, volverlo concreto y ser un testigo fiel de mis propias habilidades.
El ambiente se volvió aún más increíble cuando un extraño ruido logró que alzara la cabeza hacia el ventanal que se posaba sobre nosotros. Creyendo falsamente que podría desconcentrarme y desviarme de mi propósito. La visita estaba muy mal encaminada si deseaba hacerlo.
Divisé a través del ventanal que la lluvia comenzaba a caer nuevamente. Era hora de comenzar a aceptar la idea de que la tormenta no me dejaría en paz, pero no podía quejarme. Ya no podría quejarme de absolutamente nada con respecto al clima. Alguien me dijo una vez que la lluvia era un mal augurio, y hubo otras que me dijeron lo contrario.
¿Pero a quién creerle?
Al final todo termina siendo lo mismo.
—Tal parece que las gotas de lluvia también quieren escucharte.
Ahora sabes a qué me refiero.
La lluvia se encargaría de ser la banda sonora secundaria, acompañando a la dulce melodía que estaba a punto de interpretar. Y me refugiaré aquí, hasta que la tristeza se apague. Me prometería a mí misma tocar y no parar hasta que aquella oscuridad que lo atormenta se esfume.
Y mi cabeza bajó bruscamente junto con las imágenes que habían pasado rápidamente frente a mis ojos, chocando con la partitura de la canción.
A simple vista no parecía un gran reto, pues claro, no se trataba de alguna pieza musical compuesta por Chopin. Y es que ese hombre me había costado semanas de sueño, calambres en las manos, dolores de espalda y un sinfín de cosas. Pero en un punto de todo el problema, simplemente entiendes el por qué. La fuerza, el sentimiento de la sinfonía y la manera en que ésta se apodera de ti… para luego fluir. Sientes cómo cobra vida con cada movimiento de tus dedos y el desplazamiento sobre el piano.
Repasé mentalmente la partitura, asegurándome que comprendía el ritmo, las notas y cómo debía interpretarla. Pero antes de poder hacer algo, cerré los ojos y comencé a mover mis manos sobre las teclas a una cierta distancia que me impedía hacer contacto completo con ellas. Entonces inspiré tan hondo como pude y las dejé caer, produciendo un acorde maravilloso que apretó mi pecho sin consultarme.
Me entregué al sentimiento en un cien por ciento. Mis manos de a poco fueron cogiendo soltura, relajándose y volviéndose cada vez más cálidas al compás de la canción, y la electricidad que recorría mis dedos uno por uno sin excepción alguna. No tardé en conectarme con la canción, así como mi voz tampoco se quedó atrás. Comencé a tararear instintivamente, transmitiendo lo que el piano y la música me hacían sentir.
Me mantenían viva, sin pequeñas frustraciones… alejándome de todo el dolor e incomodidad que me había envuelto en las últimas horas.
La melodía fue tomando mucho más ritmo a medida que me acostumbraba a ella. Y pese a ser la primera vez que tocaba en este Piano, supe que me llevaría perfectamente bien con él.
Huesos que se hunden como piedras.
Todo por lo que luchamos.
Hogares, lugares donde hemos crecido.
Todos nosotros estamos hechos para ello.
—Sólo disfruta.
Shh. No, basta. ¿No comprendes que no puedes interrumpirme ahora? Digas lo que digas, yo no abriré mis ojos. Sabes que no lo necesito, tú más que nadie está al tanto de que conozco al Piano como a la palma de mi mano. Sé la dirección, sé los acordes y sobre todo… sé que mis manos nunca se encontrarán en esta canción. Por más que se acerquen entre sí, el encuentro no se llevará a cabo. Así es como está escrito, y justamente así lo demostraré.
Y vivimos en un mundo hermoso.
Es así, es así.
Vivimos en un mundo hermoso.
Reí sarcásticamente producto de los recuerdos. ¿Es realmente así?
Pruébalo.
Ya sabes en dónde encontrarme.
Syaoran's POV
¿Cuántas cursilerías eres capaz de soñar?
Te diré las mías: Una fábrica de chocolate, un boleto para entrar gratis a un bosque, y una cascada de humo.
Yo sé que puedes estar pensando en la posible mierda que pude haber fumado recientemente, pero tendrás que aceptarlo cuando te diga que no me fumé nada. Todo eso era parte de, quizás, el sueño más loco e increíble que he tenido durante toda mi vida. Si es que no los he tenido peores… pero no me detendré a recordar porque no se me da la gana ni me llama la atención.
Aunque es absolutamente odioso que, justo antes de poder dar un salto a la cascada, y caer en un lago de chocolate, el sonido de mi teléfono me despertara injustamente.
Nunca había odiado tanto una canción de Coldplay como lo hacía ahora. Algún día terminaría arrojando el teléfono cuando escuchara "The Scientist". Díganme, ¿cómo se me ocurrió usarla como ringtone? Luego no puedes escuchar la canción ni aunque quisieras por gusto. Y para colmo… no alcancé ni siquiera a contestar la llamada de mierda.
Pude haber marcado de regreso, pero no. Me quedé recostado sobre la cama mirando hacia el techo, en lugar de cuestionarme sobre quién sería el responsable de interrumpir mi sueño. Me parecía una mejor entretención el preguntarme por qué todos o la mayoría de los techos tienen que ser de color blanco.
¿Quién había sido el genio sin imaginación o posible daltónico con una idea como esa?
No me agradaba el color blanco, bajo ninguna posible circunstancia. Era tan… hospital, que me resultaba perturbador con sólo pensarlo. Un lugar que me daba terror y había odiado desde siempre. Lo que menos necesito ahora es vivir pretendiendo erróneamente que estoy en un edificio tan tétrico.
—¿Qué tal si pintas el maldito techo y dejas de pensar idioteces de una buena vez?
Me cuestioné a mí mismo, como si existiera otro yo paralelo que pudiera contestar.
—Olvídalo, tengo cosas mucho más valiosas por hacer como para preocuparme del color de mi techo.
Y como ese alguien no existía… pues tenía que conformarme conmigo mismo. Y es más que suficiente.
Mis brazos se encontraban cruzados bajo mi cabeza. No sé cuánto tiempo habrán permanecido en esa posición, pero sabía que si no los movía pronto, probablemente más tarde no podría. Entonces tendría un grave problema si permitía un espectáculo así. Por lo tanto les di la maravillosa tarea de servirme como un apoyo útil, y así poder sentarme. Y la verdad es que me costó un poco de trabajo porque ya estaban medios dormidos.
—Ah, vaya…
Cerré mis ojos y dejé salir un suspiro bastante largo y notorio. Opté por quedarme quieto hasta que mis ojos volvieran a abrirse. Al momento de hacerlo, di con la ventana. Las cortinas seguían dobladas tal cual las había dejado antes de ir a dormir. Cada una en su respectiva esquina. El ventanal estaba realmente asqueroso, que me daba repugnancia el saber en las condiciones precarias con las cuales me habían entregado el departamento. Pero probablemente, todo se debía gracias a la tormenta.
Un pequeño escalofrío recorrió mi espalda y me hizo tiritar de golpe, provocando que me abrazara a mí mismo. Giré todo mi cuerpo para buscar con mayor facilidad aquel objeto que, supuestamente, debería estar en la habitación o en algún lugar del departamento. Sin embargo, al inspeccionar todo los alrededores y al no encontrarlo, no tuve más opción que levantarme, tomar la manta que había usado a la hora de mi siesta, y cubrirme con ella todo lo que alcanzara.
Caminé tranquilo hasta la puerta sin que nadie me apurara, y giré la perilla para salir hacia el pasillo. Dios, ¿de qué pasillo estoy hablando? Por favor, esta mierda más bien parecía un congelador. El frío me obligó a aferrarme a la manta con mucha más fuerza, y seguir con la búsqueda de dicho objeto que en estos momentos era esencial para salvarme de una posible hipotermia... o incluso la vida misma, de ser sólo un poco exagerados.
Al salir, fui hacia mi derecha, recorriendo la pared con mi mano queriendo dar con algún posible interruptor de luz. En el camino me tropecé con una puerta que no tenía ni la más mínima idea que existía. Aunque dudaba mucho la posibilidad de que allí estaría lo que quería. De todas maneras la empujé y encendí la luz.
—Eh…no.
Bien, el baño no era la X roja en mi improvisado mapa del tesoro. Pero déjenme decirles que no estaba nada mal. Era espacioso, tenía una ventana y las paredes no eran blancas, sino verde agua. Hice una mueca pasajera de aprobación y asentí con la cabeza antes de cerrar la puerta.
Supuse entonces que tal vez debería revisar en el living, sería lo más sabio que pudiera hacer. Al llegar a la sala principal, dejé salir una ligera risa al comprobar que efectivamente, la estufa eléctrica se encontraba allí. Y eso debí haberlo notado al momento de llegar, pero como estaba tan agotado, sólo me preocupé de dirigirme a la habitación e ir a dormir.
Sí, a veces pasa que ni siquiera te percatas que hay un baño aquí. He aquí el ejemplar de persona que no lo notó.
Vi que parte de mi equipaje seguía en la entrada junto a la puerta. Me había hecho el despistado al principio, pero sabía que debía comenzar a ordenar. Y cuanto antes lo hiciera, pues mucho mejor. Pero ya era demasiado tarde y la cama no tardaría mucho rato en empezar a llamarme de vuelta, y yo correría a sus brazos como lo hacía siempre.
Después de observar fijamente la estufa, y presionar un par de botones (incluso los que ni siquiera eran de ésta) logré encenderla. Y el maravilloso aire cálido convirtió el ambiente en un lugar agradable y algo hogareño. No obstante, eso no significaba que abandonaría la fiel manta que traía alrededor de mi cuerpo.
¡Y es que odiaba completamente el frío! Pero vaya uno a saber por qué mierda se me ocurrió escoger como destino para el intercambio Inglaterra. Ajá, el lugar más deprimente de todo el mundo. Alto, no malinterpreten ni comiencen a preparar tomates podridos para arrojarme, que con deprimente me refiero al clima. Pero eso ya lo sabían, supongo.
Hablando del clima londinense, tenía la diminuta esperanza de que mañana estuviera un poco más placentero y no tan sombrío como estaba ahora. Lo digo muy en serio. Conociéndome, no iba a tener ánimos de intentar ordenar si la madre naturaleza seguía con tanta depresión. A pesar de que siempre había sido una persona ordenada, sin importar qué. Pronto me aburriría y no iba a soportar tanto desorden. Primero enciérrenme en un hospital, pero jamás en un departamento hecho un caos.
—Me parece absurdo que prefieras esa mierda antes que…
La vibración de mi queridísimo teléfono en mi bolsillo me interrumpió con mis planes de dialogar conmigo mismo. Y debí controlarme un poco. Cambiaría el puto sonido en cuanto terminara de hablar. Busqué dentro de mi bolsillo, apresurándome por sacar el teléfono y evitar perder la llamada otra vez.
Miré la pantalla y entrecerré los ojos involuntariamente, preguntándome por qué Sakura estaría llamándome a esta hora. En vez de responder, intenté recordar si es que por cosas de despiste mío, había traído algo suyo por error… pero nada. Le devolví la atención al teléfono, el cual seguiría sonando hasta que yo me dignara a contestar o a cortar la llamada.
—¿Sí? —Contesté con mi mejor tono de voz.
—Ah… hola Syaoran, soy Sakura. —Respondió ella al otro lado de la línea luego de dudar si es que era yo la persona con la que estaba hablando. Mi rostro y su expresión se quedarían así por el resto de la llamada.
Pero…
—¿Qué sucede? —Me limité a ir directo al punto para no darle vueltas al asunto. Abandoné mi lugar en el sofá y caminé la cocina con el propósito de prepararme un café de vainilla. Y curiosamente, ésta estaba justo donde yo suponía que se hallaba.
—Me preguntaba si tienes planes para mañana…
Cajón por cajón, de izquierda a derecha… cada cajón que abría, terminaba cerrándolo sin encontrar un mísero pote con café. ¿No se suponía que estas cosas debían estar equipadas con comida? Lo único equipado que tenían era polvo, aire y nada más. Joder, me indigné poco a poco al darme cuenta de las falsas esperanzas que me había dado, convenciéndome que no debería ir a dar una vuelta al supermercado.
¡No había ni una puta cosa aquí! De hecho, ni siquiera podía hallar una maldita taza en la que pudiera preparar mi bebida caliente. Claro, sí habían electrodomésticos y lo agradezco, ¿pero de qué me sirven? Empujé con fuerza el último de los cajones, y con una vuelta brusca me dirigí al refrigerador.
—… podríamos ir a conocer la ciudad…
¡¿Dónde mierda está el café?
A mí nadie me había dicho que debía comprar absolutamente TODO…
¿No lo hicieron? Ni tú te lo crees.
¡Está bien! Sí lo hicieron, pero los había ignorado como siempre. A veces tantas instrucciones por parte de mamá se vuelven tan irritantes. ¡Vamos, tengo veintidós años! Sé lo que tengo que hacer. Y es una y otra y otra vez. Es como si olvidaran que había vivido dos años gloriosos sin ellos en Francia, hasta que sus llamadas me echaron a la basura mi vida independiente de adolescente.
—Eh, Syaoran ¿sigues ahí?
La vocecita de pronto de desconcertó. Bravo, había olvidado que estaba hablando por teléfono con Sakura, pero mi mente para variar había sido poseída por alguna rara especie de distracción. Tal cosa que sólo con una buena taza de café de vainilla podía combatirla.
Ja, muy gracioso ¿verdad?
—Tengo que hacer las compras, este lugar está totalmente vacío. —Gruñí mientras abandonaba la equipada cocina para regresar a la habitación, y era una bendita suerte de que ésta contará con una cama. Y para acotar, ahora me sorprendía que esta mierda tuviera muebles.
—¡Genial! ¿Te parece si vamos juntos? También hay algunas cosas que debo comprar —Ella sonaba con tanta energía. Todo lo contrario a mí, se los aseguro—. Pediré prestado el auto a Eriol. Pasaré por ti a las diez y treinta de la mañana, ¿qué opinas?
Un momento. ¡Alto ahí! No se muevan, no querrán perderse el segundo show del día.
—Whoa, ¿sabes conducir? —Pregunté burlescamente mientras me recostaba sobre mi cama. No se equivocan, yo no bromeaba. Y reí un poco cuando la escuché quejarse al otro lado de la línea.
—¡Claro que sé conducir! ¿Quién crees que soy?
Entonces reí nuevamente.
—Oh, nadie en especial, pero realmente prefiero ir caminando. —Pude escuchar un diminuto suspiro. Esto era señal de una cosa: Sakura no seguiría discutiendo conmigo. Una lástima, pues me estaba divirtiendo un poco.
—Como quieras —Manifestó sin ganas—. ¿Está bien la hora?
—Te veo mañana.
—Que descanses —Se despidió y cortó la llamada.
Era un completo idiota. Más que cualquier otro idiota, incluso aquel que me dijo que no tendría que comprar nada.
¿Cómo diablos se me ocurre caminar por esas calles, congelarme, coger un resfriado en lugar de ir en auto sano y salvo? Genial, si no tenía un café para beber, tendría que conformarme con fumar. Alcancé con la mano la cajetilla en la mesa de noche, y saqué un cigarrillo. No me tomé la molestia de abrir la ventana, ¿qué más da? El humo no me molestaría.
A pesar de mi estúpida decisión, si lo pensaba mejor ahora, hubiera tenido que ir caminando de todas formas o simplemente vía autobús. Tenía que ir a buscar mi auto a la automotora y traerlo al departamento. Ah, mi propio auto por seis meses. La sensación de tener el volante bajo mis manos, conduciendo a toda velocidad en la carretera, no tenía precio.
Inspeccioné la cajetilla, calculando cuántos cigarrillos me quedaban todavía. Oh, dios. Me había fumado casi la mitad de ésta y la mayoría en el aeropuerto, sólo para distraerme de la mirada de mierda de este tipo amigo de Sakura.
Pero no voy a malgastar mi cigarrillo pensando en huevadas.
Una calada, dos caladas, tres caladas.
Este lugar pronto sería tan mío que me llevaría mucho trabajo querer abandonarlo.
Sakura's POV
En el preciso momento en que me sentí llena de energía, bien recibida y dentro de mi burbuja musical… fue sólo en ese momento que me detuve.
Llevaba tocando el piano y practicando la nueva partitura desde que Eriol me había dejado sola en la habitación. Cuando abandonó el lugar, todo lo que sentía cambió. Pero el cambio fue notoriamente placentero. Me dejé llevar por la música y por la tormenta que caía allá afuera, y déjenme decirles una cosa: el que la habitación estuviera rodeada de ventanales era casi como un sueño hecho realidad. Pues nunca imaginé que tendría la oportunidad de tocar el piano en el centro de la lluvia y las luces de los rayos.
Luego de detenerme, recordé un par de cosas que tenía que hacer al día siguiente. No quería que Eriol me acompañara a ningún lugar de Londres. Pretendía ir yo sola o en compañía de otra persona. Por lo que se me ocurrió que podría resultar bien invitar a Syaoran e ir juntos. Si bien cuando lo telefoneé no parecía muy animoso, insistí con la idea hasta que accedió, pero rechazando ir en auto.
No soy una mala conductora, tengo mi licencia de conducir y había rendido bien el examen. A pesar de haberme despistado un par de veces durante la prueba práctica, pero nada que se pudiera solucionar con un regaño por parte de Touya.
Estaba sentada en el sofá cerca del comedor, esperando mientras Eriol terminaba de cocinar. Me había negado la posibilidad de ayudarlo, y al no poder discutir con él, no me quedó más alternativa que cruzarme de brazos. Pero que se preparara, porque sería yo la encargada de todo mañana… o pasado mañana.
—La cena está lista Sakura —Anunció Eriol, apareciendo desde la cocina con una bandeja enorme.
Yo apenas había terminado de hablar con Syaoran cuando escuché mi nombre. Guardé mi teléfono en uno de los bolsillos del abrigo que llevaba puesto, y me acerqué a la mesa con cuidado de no tropezar con alguna utilería.
Eriol era un excelente cocinero. Desde que lo conocía, él ya sabía preparar platillos deliciosos. Además, se manejaba bastante bien en la repostería tal como yo. Aún recordaba la vez en que él, Tomoyo y yo habíamos horneado más de una docena de pastelillos para venderlos. Si mi memoria no falla, queríamos juntar un poco de dinero para luego gastarlo en el nuevo parque de diversiones de Tomoeda. Pasamos una tarde completa en mi casa estudiando la receta en los libros de papá y luego poniendo en práctica lo aprendido en clases de cocina. Los decoramos con unas flores de cerezo hechas de azúcar, y no tardamos nada en venderlos todos en una jornada de clases. Esa misma tarde, disfrutamos el tiempo libre en el parque. Fue la mejor tarde de todas.
Cuando escogí una de las seis sillas, me senté en una que quedaba frente a Eriol. Bajé la mirada hacia mi plato, guiándome por el aroma que expulsaba éste. Entonces quise levantarme de golpe y saltar en el lugar.
¡Eriol sí que era mi mejor amigo!
¡Este platillo me fascinaba!
—Arroz tres delicias, exclusivo para darte la bienvenida y en compensación de las cosas malas que han pasado y que podrían pasar.
—Eres maravilloso, es una grandiosa bienvenida —Le sonreí muy contenta—. ¡Muchísimas gracias, Eriol! —Aplaudí dos veces con mis manos, y las mantuve juntas mientras seguía observando la mesa con los aperitivos. Mi estómago comenzaba a molestarme, y es que no había comido prácticamente nada hoy.
—Tendrás que comer con servicios, no tengo palillos aquí. —Comentó antes de levantar su tenedor y picar algo de su plato. Asentí con la cabeza en respuesta.
—Está bien, por mí no hay problema —Respondí—. No debes preocuparte por nada.
—No me preocupa, Sakura —Dirigí mi atención hacia él con el tenedor a medio camino de mi boca—. No hay que entrar en pánico, ¿recuerdas?
Dudé un segundo antes de comentar.
—¿Te refieres a la canción? —Pregunté, dando el primer bocado a mi comida. Eriol sonrió y no dijo nada con respecto a mi pregunta.
—¿Vas a necesitar el auto?
Bajé el vaso de agua y resoplé ante el recuerdo de la bromita de pésimo gusto.
—No.
Eriol levantó su cabeza y me miró extrañado. Su expresión lo decía todo. Él, como siempre, no me creía o no se convencía de mis palabras. ¿Y qué si está vez yo también prefería caminar? Aunque está claro que no fue decisión mía. Digamos que sólo acepté… pero sólo por ahora.
—Syaoran prefiere caminar por la ciudad en lugar de movilizarse en auto —Dije terminando con un silencio incómodo. Obviamente dejando afuera eso de que yo sabía conducir y bla bla bla.
—Debes tenerle confianza si decidiste ir con él y no conmigo —Manifestó inclinando su cabeza—¿Cómo lo conociste?
Ah, es una historia muy larga de contar…
—En una cafetería en el centro de París. Estaba intentando ordenar un frappé cuando se interpuso entre el vendedor y yo. Según él sólo estaba perdiendo el tiempo… Hey, ¡no te rías! Sabes que no soy buena hablando francés. —Protesté cuando Eriol comenzó a reír a carcajadas, burlándose de mí.
—No puedo creer que no pidieras ayuda, Sakura.
—Pues porque quería hacerlo yo sola. Quería demostrarme a mí misma que podía lograrlo, y a él que podía ordenar un café sin ayuda de nadie —Confesé, olvidando mi comida, el vaso con agua y el hambre—. Estaba cansada de tener que recurrir a otras personas cuando se presentaba algo que me lo impidiera.
—Puedes decirme eso a mí, a Tomoyo e incluso a toda tu familia, pero cuando le pruebas algo a un extraño, ni tú logras controlar esos comportamientos infantiles que tienes. Debes aceptar que a veces es buena una mano amiga.
¿Por qué Eriol salía con una conversación así?
—¿Por qué sigues insistiendo?
—Quiero verlo con mis propios ojos.
¿Dónde estaba la voz de mi conciencia que solía callar a la otra voz que me daba los consejos más tontos?
Pues estaba clarísimo que no estaba conmigo cuando se me ocurrió decir, quizás, la cosa más torpe del día…
—Está bien.
Todo lo que sé, es que no hay nada de lo que huir.
Syaoran's POV
Luego de desempacar un par de cosas de las maletas y asignarle un lugar especial a mi guitarra, me senté en el sofá con un nuevo cigarrillo de chocolate. Buscaba un tiempo para descansar un rato y quizás dormir una pequeña siesta.
¿Para qué quieres dormir? Me pregunté. La verdad es que no tenía sueño después de haber dormido toda la tarde. Tampoco soy esa clase de personas que pueden pasar toda la noche inconsciente como un bebé que no sabe del mundo. Lo que intento decir, es que yo aprovechaba cada segundo del día siempre que podía. Tiendo a guardar en mi memoria cada detalle que mis ojos puedan captar. Valiosos momentos pueden ser muy útiles cuando tengo que dar vida a un personaje. Todo sirve de alguna manera: Películas, libros, música… incluso mi poco común y a la vez interesante vuelo a Londres desde Hong Kong. Y eso, dado por firmado, lo usaré para alguna de las tantas obras de teatro que me quedan por delante.
No sé cuánto pretendía quedarme sentado en el living sin hacer algo. Podría esperar la salida del sol o ver la tormenta anhelando su deceso. Fue aún más idiota pensar que sería capaz de salir al balcón e intentar fumar allí. Y me causaba bastante gracia con sólo ver la escena en mi cabeza, porque sería la última cosa en mi lista de idioteces. Bendita idea de querer hacerlo ahora.
En eso sentí una musiquita proveniente de la puerta. Terminé de darle una calada al cigarrillo y miré con atención al aparato en la pared. Era cierto, se trataba del timbre. Puse ambos pies en el suelo antes de levantarme para atender la llamada.
Se me ocurrió que la recepcionista no tenía nada mejor que hacer, y que por esa razón su intento de voz animada sonaba tan irreal. Me irritaba. Apenas unas horas aquí y ya no la aguantaba.
Pero no se comparaba con la noticia que tenía para mí. Algo sucedía y no estaba bien. Supuestamente tenía visitas. Sí, no se lo están imaginando.
Visitas, a las once de la noche.
¿A quién, en su sano juicio, se le ocurre ir de visitas a esta hora de la noche? Hablo en serio. Además… ¡yo no conocía a ninguna maldita persona todavía! ¿Quién se suponía que tendría que venir a visitarme? ¿Era acaso mi familia que ya comenzaba a vigilarme?
Colgué el teléfono y esperé impacientemente junto a la puerta. Y que esa persona olvidará desde ya la idea de que me tendría atendiéndola. ¡Ni siquiera tenía una taza de café para mí! Típico de la gente en Londres, les importa poco atender como corresponde a los extranjeros.
¡Dios! ¿Quién diablos me mandó a venir a este país?
Permanecí apoyado sobre la pared, hasta que escuché al fin cómo alguien golpeaba la puerta del departamento. Pero no abrí de inmediato. Si venían a joderme pues yo también jodería. Aguardaría hasta el tercer golpe para enfrentarme con quien sea estaba detrás de la puerta.
Jamás llegué a oír el tercero. Sólo hubo un golpe, por lo que no me quedó otra opción que abrir.
—Ah… H-hola, Syaoran.
Mi reacción fue espontánea, pero a diferencia del libro, logré sujetar el cigarrillo antes de que éste callera.
¿Por qué mierda ella estaba en mi puerta?
—Sakura —Le eché un vistazo de pies a cabeza sin quitar la expresión de mi rostro— ¿Qué…? N-no, no… me parece que te has confundido. Era a las diez de la mañana, no… —Me detuve cuando presentí que un par de tartamudeos salían de mi boca— ¿Qué diablos haces aquí?
Contuve la respiración. Ella tenía que dar las gracias de ser una chica, de lo contrario ya hubiera cerrado la puerta de un golpe sin importarme una mierda si la persona se lastimaba o no. Pero el que estuviera aquí, en la puerta de mi departamento, no me sorprendía del todo. Era algo que ella traía y que se encontraba en el piso junto a sus pies.
—¿Por qué traes tu maleta?
Se quedó en silencio unos segundos, como si estuviera inventando una excusa. Cualquier cosa la cual definitivamente iba a necesitar para entender qué ocurría. Si tan sólo abría la boca y decía alguna puta palabra…
—Digamos que…—Hizo una pausa bastante incómoda y comenzó a reír nerviosa.
—¿Digamos…?
Sus ojos, sus malditos ojos verdes hicieron que me congelara antes de tiempo.
—Eriol, me echó del departamento.
Porque sí, todos tenemos alguien en quien apoyarnos.
Notas Capitulposas: Antes de decir cualquier cosa… ¡HOY ES MI CUMPLEAÑOS! YAAAAAY! Y como ya lo mencioné en el principio, ahora mismo también está de cumpleaños Choco! Todo gracias a la diferencia de horarios. Así que como un buen regalo me dejan muchos reviews hermosos, capitulposamente fangirlísticos porque los eché mucho de menos y ustedes a mí también.
¿Qué tal ese final? La verdad es que desde que lo pensé y lo escribí hace muuuuuuuuuuchos meses atrás, ansiaba con saber sus reacciones. Y ya que por fin lo leyeron, me dirán todo. Por otra parte, tenemos a un nuevo personaje: Eriol.
No podía NO incluir a Eriol en esta historia, y ya ven que se las trae este hombre, jojojo… lo amarán algún día por las cosas que está haciendo. Yo lo amaré, y eso que no es de mi preferencia xD
La escena de la fotografía es una de mis favoritas. Realmente me los imagino en el avión y toda la cosa, ¿ustedes no? Y para qué decir del espectáculo que se mandaron con la maletita de Tomoyo! Yo les dije que ella tendría una participación en este Capitulpo. Supondré que no se la esperaban de esta forma, ¡pero está genial!
Ahora, una de las escenas que me costó mucho trabajo escribir, fue la del Piano (ñe) Sabía que tenía que poner mucha atención a los sentimientos y reacciones de Sakura. Me gusta bastante el resultado, aunque lo edité bastante!
¿Ya saben que viene? Sí! Las curiosidades Capitulposas!
Curiosidades: En la versión original, Luke no existía. Fue agregado para apoyar a Syaoran en el segundo capítulo y formar parte de sus recuerdos. ¡Te amamos, Luke!
Antes que me despida, ¡Muchísimas gracias a todas las personas que me han saludado hoy! En realidad son muuuuy geniales, lo agradezco de corazón! Y especialmente, muchas gracias por leer, por seguir aquí y por favor… nunca abandonen esta aventura :')
Por cierto, es importante decir que debes darte una vuelta obligatoria al blog de TIFY (el link está en el profile). Allí encontrarás un mapa del departamento de Syaoran. Te aconsejo que lo veas ;). Por otra parte, he creado una cuenta en Form Spring para quienes quieran preguntarme algo! (hay un enlace directo en el blog)
¡Un abrazo de oso mutantoso!
Nos vemos en la próxima actualización. Si todo marcha bien, el 13 de Julio.
¡Feliz Cumpleaños, Choco! ¡Feliz Cumpleaños para mí!
