Sueños extraños de un tonto enamorado.

Ch. 4 Blanco marca Adler.

o.o.o

Abriste los ojos en el centro de una inmensa habitación blanca. Al principio creíste que te hallabas en un hospital, pero descubriste que - definitivamente - no lo era cuando ella entró por la puerta; La Mujer.

Llevaba un uniforme de enfermera que dejaba ver más de lo que te apetecía, aunque, francamente, no te apetecía ver nada suyo. Pestañeaste una décima de segundo y ya se encontraba a tu lado. Imposible; aunque nada lo fuera.

Mordió tu labio inferior con voracidad y sin cuidado, haciéndote sangrar, manchando tu cuerpo. Por supuesto, estabas desnudo.

No era lo que querías; nunca lo fue, si aún existía alguna duda. No podías moverte, no podías alejarte para siempre. Y todo se volvió borroso tras una punzada en tu antebrazo izquierdo.