"Sherlock" es propiedad de la BBC, mientras que Enola Holmes es propiedad de Nancy Springer. Mía solo la idea, y no gano ni un peso con esto, solo sus comentarios.
04
Anthea conocía desde hacía algún tiempo ya al señor Holmes, su jefe. Aunque ella parecía estar sumergida en su teléfono móvil día y noche, no era así, y en todo ese tiempo como asistente del señor Holmes, había aprendido que él tenía hermanos. El mayor era un hombre del que jamás había oído su nombre, pero sabía que no estaba en la isla. El segundo era el señor Sherlock Holmes, todo un caso. Era detective tanto consultor como privado, que resolvía casos para Scotland Yard, también algunos casos para el señor M. Holmes, aun cuando este ya tenía la respuesta pero no quería parar de comer pastelillos y levantarse de su silla mullida. Para ella, esos eran todos los Holmes.
Por este motivo fue que su shock fue suficiente para que dejara de sostener el celular y arqueara las cejas sorprendida al llegar con su jefe a la casa del menor de los Holmes y el doctor Watson. El señor Holmes le había pedido que consiguiera ropa de mujer que entrara en el estilo de una mujer de la talla de Mycroft Holmes, cosa que ella interpreto como un vestido elegante y zapatillas altas. Creyó, por algún momento y con cierta gracia, que se trataba de alguna broma o apuesta perdida entre el señor Holmes y Sherlock, o algo así. Incluso sospecho que era para uno de sus disfraces extraños y peculiares, pero… bueno, no espero aquello.
No espero ver a una chica con el cabello con mechas, pircings por todos lados y ropa tan a la moda punk como la que tenía delante. La chica, que la miro con aquellos grandes ojos azules, tenía cierto parecido con el señor Holmes, que al verla vestida con la camiseta rota y ajustada solo pudo entornar la mirada y hacerle una seña a Anthea para que le trajera aquella ropa.
―Cámbiate— Ordeno, ofreciendo el vestido que iba guardado en una bolsa de tintorería, haciendo que la más joven arqueara las cejas sorprendida.
―Claro, también me alegro de verte, Mike— Enola frunció el ceño. Los puños de la joven se apoyaron en sus caderas y clavo su vista en su hermano mayor, quien dio un profundo suspiro para controlarse.
—Mi nombres es Mycroft, no te cuesta nada llamarme con mi nombre tal cual es, y estaré alegre de verte cuando luzcas como una persona civilizada, Enola. No puedo estar alegre viéndote como una pordiosera.
―Yo estaba alegre cuando tenías barriga y chocolate atiborrado en la cara― Gruño la joven.
Ella tomo el vestido, pero lejos de ir a ponérselo, lo tiro sobre el escritorio, delante del doctor Watson, y se dejó caer sobre el sofá. Sherlock se había ido a quien sabe dónde, por lo que el medico tuvo que recibir a Mycroft y presenciar la pequeña pelea entre hermanos que se estaba llevando acabo. Anthea, luego de otra mirada de su jefe, dejo el piso y volvió al auto. Mycroft se froto el puente de la nariz, con gesto cansado.
El que su hermana menor estuviera ahí, luego de años de estar desaparecida, no era algo que encontrara muy cómodo, porque significaba que le había perdido la pista desde hacía ya varios meses. Algo imperdonable, pero ya se ocuparía de los inútiles de sus empleados. De todos sus hermanos, con Enola tenía una relación totalmente imposible, era incluso más fácil llevarse bien con Sherlock que con ella, y todo era porque la chica era una terca. Al menos, así lo veía el político.
Enola lo veía de otro modo. Su hermano era inflexible, insensible y distante con todo ser viviente, por lo que sus personalidades chocaban directamente una contra la otra, y aunque para Mycroft fuera fácil leer a la joven, para ella era sencillo entender que Mycroft era más máquina que humano, al menos en cierta forma. Aun así, se esforzaba por no discutir tanto con él... aunque Mycroft no la ponía fácil. A veces creía que en serio era de hielo. Luego de esa tarde, ya no pensaba de ese modo.
Por otro lado, el Doctor Watson se sentía algo fuera de lugar en ese momento. No tenía idea de cómo era la relación entre esos dos, pero no se veía agradable, y comenzó a pensar que ningún Holmes soportaba a otro de la familia. Cuando giro el rostro y vio a la señora Hudson traer una charola con té y galletas, casi cayó al suelo de rodillas adorando a la mujer. Tomo la charola y la puso en el centro, sirviendo el té.
Mycroft declinó la invitación, y Enola se arrojó una galleta a la boca antes de tomar un sorbo de té. El silencio que se produjo fue… aterrador. John sentía que en algún momento alguno de los dos Holmes haría algo aterrador, y casi grito del susto cuando la puerta se abrió y Sherlock entro al lugar con sangre en la camisa. Enola arqueo las cejas sorprendidas, Mycroft ni se inmuto, pero John se levantó sorprendido.
— ¿Qué rayos te paso?
—No hay tiempo para eso, John― Sherlock se sacó el abrigo y camino rápido hasta su hermana, sujetando sus hombros, para fijar su vista en ella. —, ¿Por qué tardaste tanto en acudir a mí con lo de Tom?
— ¿Tom? ¿Quién es Tom?― John arqueo las cejas sorprendido.
Pero fue ignorado. Los tres Holmes se habían puesto repentinamente serios. Enola suspiro dramáticamente mientras Sherlock entornaba la mirada porque encontraba aquello demasiado tonto para el momento. Mycroft tomo asiento, y se dignó a responder la duda del doctor Watson con una diminuta sonrisa pre ensayada.
—El mejor amigo de Sherlock— Contesto simplemente, y esta vez tomo la taza de té que iba a ser suya, dándole un pequeño sorbo. —. Cuando mi hermano recién comenzaba su carrera de detective, Tom le ayudo en varios casos… Supongo que era lo que ahora es usted.
Por increíble que pareciera, al Doctor Watson aquello le sentó horrible. Le disgusto la idea de que Sherlock recibiera ayuda de alguien más, persona a quien ahora iban a buscar porque aparentemente estaba secuestrado, o algo así. La idea de imaginarse a Sherlock con el tal Tom le dio una punzada brusca en el pecho que no supo identificar, o más bien, fingió que no sabía que era, aunque en el fondo estaba consciente de sus propios celos.
Enola se levantó para ir a la pequeña mochila que había llevado consigo esa mañana, dentro de la maleta tenía varios papeles y saco el mapa de una casa, dibujado a lápiz común y corriente con algunas anotaciones en rojo. Esto último parecía hechas con labial, porque, bueno, estaban hechas con labial. Enola no era de las que recordaban de llevar lápiz o se daban la molestia de buscarlo cuando tenían algo en mente que ocupaba ser atendido con rapidez.
―Tom estaba aquí― Señalo en el mapa, a los ojos de sus hermanos, aunque Mycroft ya no sabía qué hacía ahí. ―. Según la escena del robo, entraron por esta puerta, recorrieron el pasillo, eran alrededor de unos diez u once metros hasta la puerta de Tom, y se lo durmieron con un dardo. Encontré el dardo.
Coloco el mencionado artefacto sobre la mesa, Sherlock lo tomo y observo. Un dardo pequeño, fácil de transportar sin levantar sospechas. Incluso podía ser disparado con una cerbatana. Por la mirada de Enola, supo que ella sospechaba lo mismo.
―El sujeto que vimos en el parque hoy, tenía relación con Tom, así que nuestros casos están relacionados, así que voy a ayudarte.
―Perfecto― Enola sorprendió a todos al estirar los brazos y rodear el cuello de Sherlock. Le planto un beso en la mejilla, haciendo que el más alto se sorprendiera y la apartara. Sabía que solo lo hacía para fastidiar. —. Tom estará tan contento de verte de nuevo, ya verás, ¡querrá besarte!
John no pudo evitar bufar. Tom comenzaba a caerle mal.
Lamento mucho no haber actualizado, tuve contratiempos de causa mayor para esto, pero ya estoy de vuelta. Espero que el capitulo les guste, también agradezco a quienes han comentado esta historia, sus reviews son un gran aliento a continuarla. Hasta la próxima. Moores se despide.
