Dear diary,
No me arrepiento de nada.
Anoche al llegar a la torre Eiffel, Chat ya me estaba esperando sentado en una de las vigas con los pies colgando. Parecía tranquilo y en paz. Llegué de espaldas a él así que al principio no se percató de mi presencia.
Verlo tan en calma me intrigaba. Muy pocas han sido las veces que he tenido el lujo de contemplar esa parte de él, de su personalidad. Siempre me deja con la intriga de si el chico coqueto, valiente, alocado y descarado que conozco con la máscara es igual sin ella. A veces quiero creer que conozco una parte de mi compañero que nadie más conoce; como es en mi caso.
Una vez lo saludé por detrás se sobresaltó un poco en su sitio, pero segundos después se incorporó y como ya si era normal en él se acercó a mí para besar mi mano con galantería a modo de saludo. No pude evitar tampoco en aquella ocasión, por el cambio repentino de su actitud, no alejar mi mano y reírme levemente. Sin esperar más incentivos le extendí la pequeña bolsita que tenía escondida tras mi espalda. Me pareció ver en él la misma reacción que vi en Alya aquella mañana y me alegró que le gustara.
Resultó demasiado tierna su reacción. A pesar de la máscara negra vi cierto rubor en sus mejillas y escuché como tartamudeó sorprendido levemente para preguntarme si eran mías y las había hecho especialmente para él.
Le dije que era una forma de agradecimiento por todo lo que hacía por París junto conmigo y por las veces que nos habíamos apoyado el uno al otro. Me conmovió como incluso miraba con cierta adoración la bolsita y se fijaba en cada uno de los detalles hechos a mano con su nombre, "Chat Noir".
La mirada dulce que me lanzó después me atravesó y de desconcertó. Aún la recuerdo como si estuviera enfrente de mí. Me tensé y sin esperar más decidí marcharme para que iniciáramos la patrulla por separado como siempre. Sonreí y me despedí para después lanzarme de un impulso con mi yo-yo en dirección hacia el Trocadero.
Una vez en paz, resguardada en la seguridad de las sábanas de mi cuarto no he podido evitar pensar que los ojos gatunos de Chat me habían recordado con esa mirada dulce a los ojos de Adrien aquella vez que me dio su paraguas…¿Por qué habrá sido así?
Debe ser el cansancio…
Tikki tiene razón…
Necesito mimarme de vez en cuando…
¿Cómo se me ha pasado por la cabeza comparar a los dos rubios?
Definitivamente la doble vida afecta.
Hoy en la escuela una vez llegué todo transcurrió como cualquier clase de normal.
Tampoco fue Adrien…o al menos durante las primeras horas de clase.
Tres días sin verle dios. ¿Por qué tiene que ser tan perfecto?
Nada más verle entrar al salón de clases hablando con Nino ya me dejó paralizada.
En la hora del recreo todos dejamos nuestras mochilas como era costumbre en el aula. Alya no paraba de codearme para que le diera la dichosa bolsita a Adrien. Pero yo no me atrevía.
El verlo después siendo agarrado del brazo por Chloe quién quería captar su atención echó a perder mis planes de acercarme a él. Así que aprovechando el despiste de mi amiga que fue a discutir algo con Nino, fui de vuelta a clases y en la mochila de él escondí la bolsita de galletas dentro de ella.
Puede que no sepa que yo se las di, pero al menos había cumplido mi parte para agradecerle todo lo que significaba para mí.
Alya me recriminó después a la salida de la escuela por mi cobardía, pero no me importó mucho al ver la rubio en la entrada también saliendo ciertamente un poco presuroso.
Me llamó la atención que mirara de un lado para otro como si buscara algo o a alguien, pero lo que más me sorprendió fue que llevaba en su mano la pequeña bolsita de galletas que yo escondí en su maleta.
¿Estaría buscándome?
¿Sabía que yo se las había dado?
Mi corazón por segundos pareció salirse por mi pecho. Mi garganta palpitaba y sentía que me quedaba sin voz cuando con una cara de resignación ante su búsqueda el chico volvía a contemplar la bolsita en sus manos y sonreía con la misma dulzura y candor que me enamoraba. En ese momento supe que no había mejor recompensa que su sonrisa. Poco después pintaron desde la entrada para que el fuera a su limosina y poder marcharse.
Mientras veía como se marchaba el vehículo y en el resto del camino a casa he llevado una sonrisa boba en la cara que nadie ha podido quitarme. Agradecí que mis padres no me preguntaran hoy nada y grité como una loca por la alegría que me inundaba una vez llegué a mi habitación y en compañía de las risas y la sonrisa cómplice de mi kwami.
Ay…
Adrien…
…
Ojalá supieras que locuras haría con solo una sonrisa tuya…
…
See you tomorrow diary,
Marinette
