Holass mis pequeños saltamontes ;*
Aqui vengo con otro capítulo para robarles otro par de minutos de sus vidas xD
Probablemente este es el penúltimo capítulo del fanfic, asi que ojalá les guste...
IV
Yamaguchi tenía los ojos cerrados. Para mí eso era mejor, ya que podía observar a gusto las preciosas marquitas que decoraban su rostro. Las había visto tantas veces a lo largo de todos esos años que había estado a mi lado, que las había memorizado sin proponermelo.
De pronto, volvió a abrir sus ojos y me vio con dulzura. Sus manos acunaron mi rostro y sus dedos acariciaron mis mejillas. Yo no podía hacer más que recibir esas nobles caricias que me provocaban una cálida sensación en el pecho.
Entonces me fijé en ese pequeño y lindo lunar en su hombro izquierdo. Era muy tentador. Bajé la cabeza y con devoción deposité un beso contra su suave piel. Él se estremeció, yo me llené de gozo.
Su respiración temblorosa me incitó, dándome el valor para dejarme llevar por mis deseos. Así que puse mis frías manos sobre sus hombros y las fui bajando lentamente, con las palmas abiertas, abarcando lo que mas podía. Su piel era suave y tierna, debajo de ella sus músculos fibrosos y esbeltos, con las formas propias del cuerpo masculino. Aun así me gustaba, cuando se trataba de Tadashi mi cabeza no razonaba como siempre.
Senti su respiración errática y su bello erizarse por el contacto, mientras que mis manos habían bajado hasta su abdomen. El calor de su dulce vientre calentó gentilmente mis manos y entonces me sentí feliz, en paz... pleno.
Nos besamos con hambre. Tadashi sentía la misma urgencia que yo y saberlo era maravilloso. Lo tuve bajo mi cuerpo. Enterré mi cara en su cuello e inhale profundo su suave aroma, entonces entre abrí mis labios y besé humedamente su piel. El gimió y al oirlo me recorrió una deliciosa corriente eléctrica. Ah... quería más.
Nuestros cuerpos desnudos, tocándose piel contra piel. Él rodeó mis caderas con sus piernas, invitándome. Yo no me hice de rogar e hice lo que quería, lo que ambos queríamos porque sentíamos lo mismo. Éramos un mismo deseo en dos cuerpos diferentes que trataban de fundirse en uno sólo de nuevo. Y al parecer lo lograríamos, porque nuestros jadeos estaban acompasados, tal como el ritmo de nuestras caderas y nuestro sudor se mezclaba igual que la saliva de nuestras bocas.
- Te amo... Tsukki...
Me susurró al oido, enloquecido de placer. Y yo abrí mi boca para responderle diciendo:
- Saca tu pálido trasero de esa cama, Kei!
Abrí mis ojos de golpe y bien grandes. Estaba asustado por aquel grito, pero aun más estaba confundido.
-Voy a seguir durmiendo. No volveré a hablarte aunque mamá me lo ordene de nuevo.
Akiteru me hablaba molesto desde la puerta de mi habitación. Yo estaba acostado entre las ropas de cama. Era de mañana y tenía que ir al instituto.
-un sueño...
Susurre como para hacerme volver completamente a la realidad.
- Sí y qué sueño más pesado. Es la tercera vez que mamá me manda a hablarte. Yo que quería dormir toda la mañana.
Acto seguido Akiteru bostezó, dio media vuelta y desapareció por el pasillo, caminando aletargado.
-matenme... por favor, alguien...
Susurre al recordar el bochornoso sueño que había tenido con Yamaguchi como mi fantasía. En seguida revisé mi pijama y bufé al descubrir mi pequeño 'accidente'.
-maldición...
Me levanté rumbo al baño para darme una ducha. Odiaba cuando me pasaba esto, porque sí, no era la primera vez que me pasaba.
- Vez lo que me haces, Yamaguchi? Y tu ni siquiera tienes idea... deberia castigarte por ser tan ingenuo.
Una sonrisita macabra se formó en mis labios. La que se borró al instante en que recordé lo mal que estaban las cosas entre nosotros últimamente.
Desde aquella vez que lo visité en su casa cuando estuvo enfermo, todo empeoró muy rápido. Creía que se había enfadado conmigo por aprovecharme de su estado vulnerable para darle un beso. Estaba en todo su derecho, pero no calzaba en mi lógica, Yamaguchi no era así.
Pasé todo el día pensando en ello. Y, como era la costumbre últimamente, Tadashi no dio señales de notar mi existencia. En cambio, no se despegaba del lado de ella, siempre ahí sonriendo como estúpido tal cual perro faldero haciendo todo lo que ella le pedía con tal de ganarse unas palmaditas en la cabeza.
Par de imbéciles. Quizás realmente eran el uno para el otro...
Por la tarde teníamos práctica del club de vóley, asi que tomé mis cosas y me fui rumbo al gimnasio. Antes de llegar me desvié hacia los vestidores donde el Rey idiota con su Reina idiota estaban peleando de nuevo. Eran siempre tan insoportables pero al menos en la cancha se podía confiar en ellos. También estaban los senpais de tercero.
Saludé en general y por cortesía. Entonces fui hasta el que se había convertido mi casillero después de tanto tiempo, para vestirme con el uniforme deportivo. Al rato abrieron la puerta y miré de reojo esperando ver a Yamaguchi, pero sólo eran el calvo feo y el enano hiperactivo quienes venían llegando.
Los idiotas se cambiaron en un pestañeo y se fueron al gimnasio, igual que siempre como enfermos tras la pelota. El par de escandalosos incurables se puso la ropa al vuelo y salió a esperar a Kiyoko en la entrada del gimnasio. Cuando termine de cambiarme de ropa, la puerta se abrió de nuevo y esta vez sí era Yamaguchi.
-Apresurate, Yamaguchi. Estás atrasado.
Le dijo el capitán al encontrarse de frontón con él en la puerta del vestidor, cuando iba saliendo y Tadashi venía entrando.
-H-Hi! No tardaré!
Se disculpó el con una leve reverencia. Entonces fue hasta el que se habia convertido en su casillero después de tanto tiempo, es decir, el que estaba al lado del mío. Yo terminaba de ordenar mis pertenencias dentro de mi bolso cuando él llegó a mi lado. En silencio cada uno hizo lo suyo. Hasta que me cabree de esa atmósfera incómoda que se formaba entre nosotros por su culpa y le dije:
-Ahora ni siquiera vas a saludarme?
-H-Hola, Tsukki... shima...
Respondió incómodo y arrepintiéndose de usar el sobrenombre de siempre. Mejor no me hubiese respondido.
-Qué te pasa? Porque estas tan raro conmigo y encima ya no usas ese ridículo apodo que tú mismo me pusiste?
Yamaguchi bajó la cabeza en silencio. Me frustraba, sentía que no lograba llegar a él.
- Te comió la lengua Minami o es que te prohibió volver a hablarme?
Le dije soltando una broma ácida. Pero él levantó la vista sorprendido, como descubierto de pronto.
- Es cierto? Ella te prohibió hablarme?
Exclamé atónito. No pensé que Minami llegara a ese extremo o, en su defecto, que Yamaguchi le obedeciera.
- Dime! Es cierto?!
Lo interrogue, sintiéndo la ira enroscandose en una bola caliente que iba creciendo dentro de mí.
-S-Sí... ella me pidió que dejara de ser tu amigo.
Contestó Tadashi, en voz baja y sin mirarme a la cara.
-Y tú le hiciste caso?
Obtuve un silencio por toda respuesta. Y más frustración.
- No somos amigos desde hace años? Por qué le haces caso a ella entonces?
Pregunté con desesperación, me tenía desconcertado. Con tanta facilidad estaba dispuesto a romper nuetra amistad de tanto tiempo?... Dependiendo de su respuesta yo podía quebrarme o explotar.
Tadashi se mordió el labio con nerviosismo y con la cabeza gacha y los ojos apretados me contestó:
- Porque ella es una chica! Es mi novia y debemos estar juntos! Eso es lo correcto!
Sus palabras partieron mi corazón en mil pedazos. No podía rebatir contra eso.
Cuando reaccioné del shock y mi cuerpo volvió a obedecerme, salí como un rayo por la puerta.
- A dónde vas, Tsukki?!
Me gritó temeroso.
- NO ME SIGAS!
Respondí con una voz terrible.
Me dirigí a la sala de clases. Allí la encontré. Ella estaba yendose a casa con sus amigas. Me interpuse en su camino y le dije que debíamos hablar. Ella me vio un poco aterrada pero aceptó. Entonces la agarre del brazo y me la llevé hasta una escalera de emergencia que nadie solía transitar. No era yo mismo. Mas ya me había decidido. Haría lo que fuera para recuperar a Tadashi.
Continuará...
Chan chan chan! Qué irá a pasar? Quien se quedará con Yamaguchi? Hagan sus apuestas!
Pd: no odien a guchi, por favor, tengo una sorpresita para el otro capítulo.
