Los siguientes días sirvieron como prueba para su relación; tenían avances muy lentos de ambos, porque Kuroo no quería que sus ambiciones sobrepasaran los límites que conocía de Kenma. quería que las cosas fuesen agradables para ambos y de paso aprender más de lo que el armador esperaba de todo esto.
Faltaban al menos cuatro días para el partido de practica contra Karasuno y la atención de Kuroo se centraba principalmente en ello, al principio el armador comprendía que eso era importante para Kuroo y que era una de sus prioridades, pero al pasar los días se sentía muy irritable sin razón aparente; se molestaba con cualquier comentario, movimiento o acción a su alrededor. Se lo atribuía al estrés que le provocaba la actitud estricta de Kuroo.
—¿No se supone que debería ser más considerado conmigo? —le preguntó al libero mientras descansaban.
Yaku enarcó una ceja mientras daba un sorbo a su botella antes de responder.
—Sabes que esto es importante para él, tú lo conoces más que cualquiera, Kenma.
—Lo sé, pero no ha actuado como…
—Como tu novio —interrumpe con tono burlón —, lo sé.
El líbero lo sabía, fue la primera persona en deducirlo. La segunda fue Bokuto y por consiguiente Akaashi, pero eso fue porque Kuroo quería presumir.
Su vista se dirigió al pelinegro que charlaba con el entrenador, posiblemente sobre el desempeño del equipo. El viejo se reía de vez en cuando y algunas veces Kuroo lo hacía también, cuando no se reía como hiena era agradable verlo.
—Agradece que mañana no habrá entrenamiento —habló nuevamente —, los próximos dos días solo será una hora y el domingo nos iremos por la noche.
—¿Mañana no habrá?
Yaku asiente. El descanso termina y continúan con la práctica, Kenma se siente un poco mejor con lo que dijo el líbero; si no se equivocaba, la etapa de dictador del capitán habría terminado junto con el entrenamiento, ya podría respirar tranquilo.
Pudo conseguir pasar el nivel que tantos dolores de cabeza le estaba causando, después de eso pudo concluir el juego satisfactoriamente por lo que abrió uno de los juegos sin estrenar que tenía guardado en su armario. Dejó que el pelinegro jugara una o dos veces, para poder aumentar sus habilidades; si, la forma más fácil de poder avanzar en la relación para él, era considerarlo un videojuego donde tuviera que probarse a sí mismo que podía con aquello.
Estaba consciente de que en este simulador de su mente más que vencer era construir, y estaba bien, le gustaba la idea de construir más cercanía e intimidad con Kuroo. Era algo que de cierta forma disfrutaba, y retomando al presente podía darse cuenta de que la mayor parte del tiempo Kuroo se mostraba cuidadoso en todos los posibles avances que tuvieran. No quería deducirlo por su cuenta, pero presentía que el mayor estaba siendo un poco desconfiado de sí mismo.
Incluso insistía en que la chica de hace días, cuyo nombre era Hannah, volvería a estar tras él y que tomara sus precauciones respecto a dejarse influenciar. —Las mujeres son un poco difíciles de entender — recuerda haberlo escuchado muchas veces, pero no pensaba que Kuroo fuese a exagerarlo hasta que no tuviese argumentos firmes. Solo estaba siendo celoso.
Celos.
Nunca lo había experimentado, a lo mucho sintió celos cuando estaba en primaria y un niño tenía un videojuego de Pokemón más avanzado que el suyo, pero nunca con personas.
—¿Estás bien Kenma? —pregunta el mayor mientras caminaban —, te noto algo extraño.
—No, estoy bien —responde tranquilo buscando su teléfono en sus bolsillos —. Estaba pensando.
Algunas veces el trayecto a su casa era muy ameno, sentía que los 30 minutos que requería el viaje pasaban muy rápido. La idea de pasar el resto de la tarde descansando en el suelo fresco después de un baño le agradaba mucho, sonaba a paz y tranquilidad, y lo entusiasmaba internamente.
Kuroo también estaría ahí, desde antes de su relación nunca se negaba a las invitaciones a su casa a hacer absolutamente nada, a veces a estudiar, a veces a jugar alguna campaña del Call Of Duty. Como había predicho, el libro ya más allá de la mitad, en las rectas finales y quería escuchar al mayor dar sus resúmenes diciendo si el libro era bueno o describir algún acontecimiento importante o que simplemente llamó su atención. Era una de las cosas que disfrutaba desde su niñez, aunque no lo demostrara abiertamente.
Disimuladamente miraba al pelinegro por el rabillo del ojo mientras este caminaba a su lado. Aun le costaba que le gustaba la imagen que Kuroo proyectaba; poco a poco le parecía más y más apuesto. Sintió las comisuras de su boca levantarse apenas en una sonrisa, no quería pensar de esa manera, pero se sentía afortunado.
Una persona se había enamorado de él. Un hombre había cambiado sus preferencias por él, aunque no era lo que esperaba, a decir verdad, y ese hombre era muy deseado por las mujeres por su carisma y sus múltiples cualidades, comenzaba a sentirse estúpido por tanto mencionarlo en su cabeza.
[…]
Abrió la puerta con un poco de impaciencia, después de sus cavilaciones estaba un poco ansioso por pasar tiempo a su lado. Bueno, eso quería creer, estaba intentando con todas sus fuerzas ser todo lo que Kuroo quería o al menos merecía a su lado.
Dejaron sus zapatos y mochilas en el recibidor, Kuroo le besó la frente con cariño, hábito adquirido desde unos días atrás, y después se encaminó a la cocina para preparar algo rápido que pudieran comer. Para sorpresa de Kenma, su madre había dejado comida en el refrigerador.
—Debió llegar después de que me fuera —comentó mientras sacaba los recipientes —. ¿quieres esto o prepararás algo más?
—Esto huele bien —Olisqueó el contenido —, si quieres puedo preparar la cena.
—Está bien.
Kenma metió las cosas al microondas y se sentó en una de las sillas del comedor junto a Kuroo. Sentía como el pie del mayor golpeaba sin fuerza el suyo con insistencia, lo alejaba cada tanto, pero él insistía en molestarlo, aunque cubriera su cara con el libro que sacó de su mochila momentos antes. El pitido del aparato hizo que se levantara a sacar la comida de ahí, pero Kuroo se puso de pie al mismo tiempo.
—Estoy tratando de que esto sea un cliché, al menos aprecia mi esfuerzo —comenta Kuroo en burla, tomándolo por la muñeca. —, ¿debería hacer una escena de musical o algo?
—¿De qué estás hablando? — cuestionó Kenma avanzando sin importarle el agarre, hasta que se volvió incapacitante —, si no tienes hambre adelante, pero yo sí quiero comer.
Ambos dejaron sus distracciones en una de las sillas desocupadas, era algo que acostumbraban desde pequeños, los aparatos electrónicos y cualquier cosa que no fuera necesaria a la hora de comer estaba prohibida. Nuevamente, Kenma estaba comiendo muy poco y eso le preocupaba un poco.
Kuroo lo observó meditabundo antes de poder hablar.
—¿No tienes hambre? —preguntó llevándose un trozo de carne a la boca.
—No mucha.
Sentía que su humor estaba cambiando muy rápido, estaba en un intermedio entre la sorpresa y la nostalgia por cosas que no entendía.
—¿Quieres que te cuente que había en el libro? —sugirió unos minutos después en un intento de desviar lo que fuera que le agobiaba.
Kenma asiente recogiendo los platos.
—Entonces ve arriba —Sonríe ladino —, yo los lavaré.
Subió al segundo piso pasando de largo su habitación y se encerró en el cuarto de baño, no le vendría mal una ducha rápida, no tardó demasiado para volver a su habitación con el cabello húmedo y una toalla cubriendo su desnudez. Kuroo le dio su espacio un poco avergonzado y con el rostro encendido. Comenzó a regañarse por imaginar cosas fuera de lugar.
¡Por el amor de dios Tetsuro! No es la primera vez que lo vez de esa forma, deja de ser tan idiota.
Escuchó el pestillo de la puerta en señal de que podía pasar, Kenma ya estaba vestido y había puesto una sábana en el suelo para ambos. Kuroo se recostó poniendo sus brazos detrás de su cabeza y, sorpresivamente, Kenma se recostó a su lado dejando su cabeza sobre su pecho dejando medio cuerpo fuera de la sábana para después aovillarse para seguir jugando con su consola mientras el mayor leía sin problemas.
Un rato después Kuroo comenzó a contarle cosas sobre el libro, la atención dividida de Kenma era algo ventajoso algunas veces, podía jugar y escucharlo, pero parecía que esta vez solo estaba jugando. No le importó realmente, estaba acostumbrado a ello, sintió los finos dedos de Kenma golpearle las costillas. Bajó la mirada y descubrió que la consola ahora estaba apagada y aquellos ojos ambarinos lo miraban con atención.
—¿Entonces? —le incitó a seguir.
Sonrió complacido, le acarició la mejilla antes de poder continuar.
—"Los miembros del Comité de Crisis se encontraban ahí, todos en un estado lamentable" —citó las palabras del libro.
Siguió leyendo unas cuantas páginas más, Kenma se mostraba aburrido ni nada por el estilo, sino que le seguía preguntando acerca de varias cosas. Además de que le había tomado la mano que en ese momento mantenía acariciando su cabello, como si se tratara de un pequeño felino.
—¿No vas a besarme? —soltó de la nada.
El rostro de Tetsuro se encendió de la vergüenza y de la impresión dejó caer el pesado libro sobre su cara; se quejó perplejo y con un dolor en su nariz.
—Pensé que te gustaba el ritmo que llevaba —Sobó ligeramente el puente de su nariz —, no quiero que te asustes o algo así.
Kenma se incorporó tocando su hombro, también estaba ligeramente sonrojado, pero estaba decidido, pues también apostó con Yaku un anticipo de un videojuego si lograba que Kuroo se sonrojara o dijera cosas cursis. Pero el pensamiento de un beso de Kuroo causaba que su corazón golpeara con fuerza contra su pecho.
Escucha la risa nerviosa del pelinegro y regresa la mirada, sus fuertes manos lo toman por las mejillas y cortan ligeramente la distancia.
—Seré sincero —Besó la punta de su nariz, los latidos de Kenma se hicieron mucho más intensos —. Hace mucho que quería hacer esto.
Él también acercó su rostro, besando con antelación y mucho miedo, Kuroo se aferró a él rodeándole por el cuello. Ese era su primer beso, sintió cosquillas en diversas partes de su cuerpo; su mandíbula temblaba y su estómago daba vueltas. Puso sus manos en sobre los brazos del mayor queriendo encontrar un apoyo adicional; estaba sentado, pero sentía como si fuese a desvanecerse totalmente.
Kuroo hizo una pausa y se separó para poder repetir la acción esta vez en menores lapsos.
Por primera vez, experimentó emociones que no eran negativas. Estaba feliz, porqué tendría la mitad de un anticipo y porque Kuroo le estaba dando un buen momento a solas. Aquella frágil burbuja se estaba transformando en algo más sólido poco a poco, se sentía seguro. Más de lo que se sentía años atrás.
