III.-Desde prisiones.
A Hinata… a Hinata el amor de hombre le da miedo.
Por qué es como un enorme mar tormentoso, y ella no sabe y no cree nunca, aprender a nadar. Y se ahoga y se ahoga en ese horrendo amor salado hecho de agua, que se le introduce por la nariz, la boca, los oídos y cualquier otra abertura, y la llena de desesperación y egoísmo. Porque este amor solo piensa en sí mismo y en su deleite.
Y su tacto le da tanto temor. Pero Hinata, aunque quiera no puede detener ese amor que dicen es amor del bueno, que ella sabe o quiere creer es mentira, porque quizás puede existir un amor de hombre que realmente sea amor y no esas sandeces llenas de blasfemias. Tal y como ha leído en tantos libros o el de los relatos de Petirrojo
Sin embrago ¿Cómo estar segura de esa teoría esperanzadora, cuando lo único que puede sentir ahora es el lento, rápido rápido rápido, lento, de las embestidas?
Y unas manos sudorosas que presionan sus caderas, y las azotan sin piedad.
Hinata gime, un gemido recluido en el dolor, en la humillación. Hecha la cabeza hacia atrás e intenta contar mentalmente hasta diez y uno más; Y se replantea la idea del amor de hombre, que en este momento como que ya no tiene mucho sentido.
El hombre que la embiste sin clemencia brama, los resortes de la cama resuenan ante el ímpetu y Hinata aprieta las sabanas sudorosas, deseando remplazar el ardor de su entrepierna con el dolor sus dedos haciendo presión entre sí. Y grita pidiendo por más cuando él se lo exige, y finge temblores de placer ante el dolor. Está en cuatro, como una perra, como lo ha reclamado la rígida orden que voló como un látigo hasta sus oídos. Y ya, de plano a desechado la idea del amor de hombre correcto.
Él la embiste bruscamente de nuevo, y ella esta vez no puede evitar soltar un casi imperceptible siseo ante el dolor. El cliente ante la queja, enchueca la boca furioso y como castigo le suelta una fuerte y seca nalgada que deja grabada sus dedos en su blanca piel, Hinata se queda sin aire y se muerde el labio con fuerza para no soltar más quejas, aun así, él le da otra, más fuerte, más seca, seguida de embestidas que la rompen. Ella, esta vez, no puede evitar sollozar, pedir que pare porque la está matando, sin embargo, el continúa masacrándola por dentro y por fuera, y ella continúa rogando, y preparándose mentalmente para lo que vendrá después de que aquel cerdo acabe.
— ¿Cómo alguien como tú, puede rechazar, a alguien como yo? —Le dice él, escupiendo ponzoña, jalándole del cabello, exponiendo su fino cuello, para luego pasarle su áspera lengua y ver como ella se hunde en temblores, ya no de dolor, sino de miedo, impotencia. — ¿Cómo alguien como tú, puede rechazar, a alguien como yo? —Le repite.
Las lágrimas recorren su rostro, las plumas de su máscara se empapan de estas y en su mente hay caos ante esa horrible verdad. Y odio odio odio odio odio odio al amor de hombre.
Y Hinata solo quiere volar, lejos muy lejos. Volar tan alto como Ícaro hasta que se derritiesen sus alas y cayese al vacío.
«Los pájaros tienen un dicho…» Recuerda la desdichada voz de Mei. «El cielo no es tan alto como aparenta.» Y tal vez sea verdad aquello; sin embargo, para Hinata, a quien nunca se le ha permitido aprender a volar, con las alas mutiladas desde el momento en que nació, intentar siquiera tocar el cielo, es una tarea imposible. Tan imposible como aprender a nadar en el mar de amor de hombre.
•••
No llora, ohhhh como abría de poder hacer aquello. Las lágrimas se las deja a Mirlo con su máscara de plumas, no a Hinata con su promesa de "todo mejorara a partir de ahora". Pero no puede evitar sentirse una reverenda basura ahora que esta tirada en su alcoba sobre cobertores y almohadas regadas y el cabello por todos lados. Ha sido una noche muy dura la de ayer, y aunque le gustaría pedirle a Kabuto que le dé el día libre, sabe que él se lo negara. Hinata respira lentamente y siente dolor en todo el rostro, de seguro esta todo hinchado por los golpes.
—Hinata—Escucha que le llaman, pidiendo permiso para entrar.
—Adelante. —Dice, y es Mei la que se abre paso moviendo la gruesa cortina que le sirve como puerta. Hinata se sienta y le sonríe— ¿Ya es hora? ahhh que rápido pasa el tiempo en este lugar.
Mei asiente y le da una mirada llena de condolencia, que a Hinata le aprieta el corazón.
— ¿Cómo estás? —Pregunta y Mirlo se sonroja.
—E-eh tenido peores momentos. —La pelirroja asiente y abre el botiquín que lleva en mano para luego arrodillarse a la altura de ella, pero como rara vez no hace ni una sola broma. Y a Hinata eso le desagrada.
—Kurenai volvió a soñar con el amarillo, por favor trata de ser más cuidadosa.
Hinata asiente y trata de se distrae buscando defectos por el lugar, mientras Mei aplica pomadas en su rostro. Su mirada se posa en el almanaque que cuelga a lado de su ropero. En él, con líneas negras hechas con demasiada presión, al grado de casi traspasar el papel, se cubren ciertos números para que sea imposible el verlos. En cada mes, los mismos números están rayados. Ella los conoce de memoria.
Y la verdad es que casi duele verlos.
—Listo, la hinchazón bajara rápidamente. —Le informa el Petirrojo y se pone de pie. —Te maquillare un poco, pero eso ira después. —Dice dirigiéndose al closet de Hinata y abriéndolo. —Hace mucho no te veo de rojo. —Mei desliza sus dedos por la suave tela de una Yukata roja con flores y la saca, maravillándose de la preciosa prenda y envidiando secretamente que a ella nunca se le verían tan bien las Yukatas como a Hinata. Bahh que importaba eso, para su propio deleite a nadie jamás le quedaría tan excelente el color azul como a ella misma. Si, por más que alguien lo deseara, el azul era completamente el color de Mei Terumi.
—Ayer fue 11. —La suave y titubeante voz de Hinata, saca a Mei de sus pensamientos, y sabe que ella ha juntado mucho valor para decir aquello en voz alta.
—HIna Hina te he dicho miles de veces que esas tonterías que te traes con los números es un problema, tu solita de salas la suerte. —Le dice, y ve como Hinata juega con sus dedos, una manía que solo hace cuando se encuentra muy nerviosa o asustada.
—P-pero si ustedes son siempre las que dicen que hay que creer en las predicciones, leyendo sueños y ese tipo de cosas. —Se queja, y Terumi le da un paño caliente para que se retire la pomada y pueda empezar a aplicarle el maquillaje.
—Es diferente, tu misma lo has dicho, damos predicciones no malos augurios, y eso último es lo que tú haces. —Hinata no reniega, pero hace una mueca de descontento mientras Mei le empieza aplicar polvo por encima de los moretones. —Dime ¿Cuándo fue que comenzó eso de los números? Que aquí llegaste ya con ese mal.
—Mmm no estoy segura, creo que siempre ha estado ahí.
— ¡Tonterías! Nada esta "solo ahí" por casualidad. Las casualidades no existen Hinata. — Mei refunfuña. —Dale de pie, te voy ayudar a vestir
Hinata asiente, y ya de pie empieza a quitarse lo que viene siendo su ropa de diario. Pero de su cabeza no se ha salido aquella pregunta «"¿Cuándo fue que comenzó eso de los números?"» … Hinata no está segura, quizás fue desde lo años, y es que ella es capaz de relacionar los peores momentos de su vida con números. Siempre los mismos malditos números impares. Y cada vez que algo malo le sucedía, se encontraba en el cuerpo de delito alguno de ellos.
Talvez Petirrojo tenga razón y es solamente ella la que se infunde ese miedo absurdo, pero en su defensa Hinata tiene fundamentos en los cuales basarse.
Y a pesar de que los recuerdos son su peor enemigo, hoy a Hinata se le antoja lamentarse con su pasado y no con su presente o futuro. Y así lo hace, porque pensar en hechos pasados ya no duele tanto como antes.
Entonces Hinata recuerda, mientras se termina de vestir, que el día en que cumplió 10 años, tuvo el vago presentimiento de algo le ocurriría, algo importante y que marcaría el resto de su vida, pero claro, en aquel entonces jamás cruzo por su cabeza que ese algo fuera para mal. Después de todo ¿qué podría empeorar en su vida?
Así que como de costumbre se levantó por sí sola, se vistió por si sola y desayudo los huevos fríos, la leche y la fruta con miel, que dejaban en una charola afuera de su habitación, sola. Porque a diferencia de Hanabi o incluso de Neji, a quienes los sirviente les ayudaban hasta a calzar sus zapatos, a Hinata la tenían vetada de tal lujo. No es que envidiara aquello, porque ella nunca ha sido del tipo de gente que envidia cosas tan intrascendentes y materiales, pero debía de admitir que cada vez que daba las gracias por su comida, y la plegaria se perdía en el aire, o cuando soltaba un suspiro de resignación al no poder colocarse bien sus yukatas, le dolía el pecho, porque siempre estaba sola en esos momentos.
Pero Hinata estaba tan acostumbrada a ese dolor, que más que un estado mental, ella creía, era algún tipo de enfermedad patológica.
Hasta que un día, cansada de esa incomodidad que aparte de hacerle doler el corazón, le hacía sentir la garganta llena de púas y los ojos rojos e hinchados, decidió quejarse. El doctor de los Hyūga la fue a visitar un mes después, que fue más o menos cuando Hiashi tuvo la decencia de atender aquella caprichosa petición.
El doctor para propia sorpresa de Hinata, era un anciano regordete y amable, o al menos así lo veía ella, ya que en ningún momento la ofendió o siquiera regaño. Ella había señalado sus dolencias y él la escucho con atención, para luego revisarla debidamente, más cuando termino, el hombre se quitó el estetoscopio del cuello, lo guardo en su maletín y soltó un fuerte suspiro; el diagnóstico:
«—Niña, tu enfermedad no está en el pecho o en los pulmones, está en tu alma. Está en ti, en tu soledad. »
Luego el anciano se marchó, dejándola con los ojos aguados y con esa horrible enfermedad que la asfixiaba y le carcomía las entrañas.
Y en los días de su cumpleaños, ese sentimiento se incrementaba. Pero ahora ella sabía, que este no era producto de algún virus, paracito o deficiencia. Sino de su soledad, su eterna soledad.
Su habitación tenía un gran ventanal, que conectaba directamente con uno de los jardines de la mansión, este estaba lleno de yerbajos y plantas silvestres, ya que al ser el jardín más lejano, en el ala más deshabitada, nadie a acepción de Hinata lo atendía.
Tenía un caminillo de graba extremadamente zigzagueante, que siempre se llenaba de hojas secas en otoño y que desaparecía en invierno por la nieve.
A Hinata, le encantaba los múltiples cambios que podía sufrir su jardín dependiendo de las estaciones, su favorita era sin duda alguna en verano, porque florecían todas las plantas silvestres, llenando el lugar de múltiples colores, y los pajarillos de los arboles comenzaban a silbar nuevas canciones de amor.
Pero era invierno, y todo era blanco, blanco. Como las insípidas paredes. También era frio, frio. Como todos en esa casa. Hinata odiaba el invierno y también el día de su cumpleaños, porque siempre caía en el día más tempestuoso del año. Y para su propia ironía, también en un día impar. Recalcando solo la aberración latente hacia esos números.
La nieve en esa ocasión llegaba hasta casi la mitad del ventanal, por lo que era imposible que saliese aunque sea a caminar un rato sin pescar un horrible resfriado. No es que alguien se preocupase por su salud y la fuera a regañar por ello, pero ya que nadie lo hacía, ella tenía que hacerlo.
Así que la costumbre en su cumpleaños era bastante sencilla, normalmente leía algún libro, resolvía ejercicios que le dejaba su tutor y cuando era hora del almuerzo esperaba pacientemente a que tocaran a su puerta, con la esperanza de que quizás fuera su primo o su hermanita quien le trajera la comida, como había ocurrido ocasionalmente veces anteriores. Pero Hinata sabía de antemano que aquello no ocurriría, porque nunca la visitaban en su cumpleaños, porque estaba prohibido. Porque el día en que Hinata nació fue el comienzo de la desgracia en la familia.
Hanabi ahora tenía ocho años, y tanto la intensidad de sus lecciones como su altanería se habían incrementado. Y las visitas de una vez a la semana se fueron convirtiendo en una vez cada dos semanas, hasta llegar a una vez cada mes.
Y con Neji la relación era tensa.
Era como si su primo sintiera algún tipo de odio que era opacado por lastima hacia ella, y eso más que molestarle, le apenaba a gran medida.
Pero Hinata era infinitamente ingenua, y albergaba la tonta esperanza de que esta vez si la fueran a felicitar. Como de costumbre nadie fue aquella vez, ni siquiera la sirvienta a dejarle el almuerzo, probablemente porque estuviera ocupada en algo importante.
Y cuando la noche al fin cayó, Hinata acostada en su futon, con el cobertor cubriéndole hasta los hombros, sonrió.
Una sonrisa rota.
—Feliz cumpleaños Hinata. —Se dijo, para luego romper en un llanto desenfrenado.
En aquel momento de verdad dolía muchísimo todo aquello, pero ahora a sus casi 15 años, le parecía hasta vergonzoso que sufriera tanto solo porque nadie se tomaba la molestia de visitarla en su cumpleaños. Pero en ese entonces aun no conocía el verdadero infierno.
Y es irónico porque antes deseaba compartir su dolor con alguien más, y ahora, cada vez que ve a las mujeres que están con ella, duele. Pero es un dolor ajeno. Se da cuenta de que quizás, quizás posiblemente ella ha sido mucho más afortunada que las demás de algún modo.
Hinata da una ligera palmada en su obi negro, sacudiéndolo de cualquier posible pelusa. El Petirrojo lo ajusto demasiada esta vez y es algo incómodo.
—Insisto en que te tomes libre la noche. —El petirrojo se encuentra recargada en el marco de la puerta, y ya se encuentra perfectamente vestida y acicalada para la noche.
—S-si se lo pido ustedes tendrán mucho trabajo.
Mei resopla. —Luego no digas que yo te lo advertí.
En la mano ya lleva su máscara repleta de artilugios para hacerla más ostentosa, ya está lista para empezar su agitada travesía. Mei le ayuda a darse los últimos retoques de maquillaje, es martes y tienen turno juntas.
Hoy Hinata lleva rojo, y el rojo y los números impares no son buena combinación para ella
El rojo, a Hinata no le recuerda a una fruta, a la sangre o a un corazón. El rojo a Hinata le recuerda a una persona.
La primera vez, de muchas otras en un futuro, en que se sumió en una depresión, fue cuando recién llego aquel lugar llamado la florería. Recordaba que no estaba segura de cómo funcionaban las cosas ahí, pero sabía que existía alguna especie de jerarquía, dependiendo del nombre que se les asignaba. Todas las flores de alguna manera servían a los pájaros, los vestían, peinaban, hacían de comer e incluso les ayudaban a bañarse. Pero como Hinata era nueva y sobre todo virgen, las flores se mantenían a una distancia prudente, temiendo causarle algún daño al nuevo juguete, y salir perjudicadas. Y los pájaros, a quien solo un par de veces había visto, pasaban de largo su presencia.
Tiempo después Kurenai le dijo que hacían aquello, porque aún no había sido corrompida, porque era una manzana en buen estado y ellas estaban podridas, amargadas en su dolor.
Ah, pero entonces la conoció a ella, a quien nada de esas tonterías le importaban.
Le llamaban Cardenal, y para Hinata fue la madre que siempre deseo.
Al Cardenal le encantaba apretarle las mejillas y restregar su rostro al de ella. También solía obligarla a que durmieran juntas, se bañaran juntas y comieran juntas. Y cuando Hinata lloraba, la mujer le cantaba nanas para que se tranquilizara. El cardenal en sí, era posiblemente la persona más hermosa que Hinata hubiera conocido, bella en todos los sentidos. Y es que era bonita hasta cuando se enfurecía y empezaba a reñir a todo el mundo.
En la actualidad Hinata sonríe, sintiendo nuevamente en la garganta ese nudo tan conocido en su infancia, recordando que el Cardenal le hacía sentir de una manera única y que le era totalmente desconocida: le hacía sentir en casa, le hacía sentir querida.
Con su cabello de fuego, sus ojos pizpiretos, su perfume de camelias y manos de madre, le había proporcionado a Hinata un hogar, uno efímero, de apenas cuatro… tres semanas, pero un hogar al fin de cuentas.
A veces se suele preguntar si aquella comodidad solamente era por su parte, porque la realidad es que el Cardenal sabía todo lo relacionado con la vida de Hinata, pero ella, ella apenas y conocía la punta del iceberg en lo que se refería al Cardenal.
Un día Hinata se disponía a barrer la sala común cuando de reojo la vio, estaba hundida en el único sillón verde lima, con la vista perdida. Hinata no pudo evitar ir a su lado, y permanecer en completo mutismo junto a ella por largos minutos, hasta que el cardenal rompió el silencio.
—Te contare un secreto. —Le había dicho oteando el lugar, analizando que nadie estuviera lo suficientemente cerca como para escucharla, y acercándose a ella cubrió parte de su boca y de la oreja de Hinata con la mano. —Yo tengo un hijo. —Le susurro.
Hinata escondió sus manos en su Yukata, analizando lentamente y con demasiada calma la reciente confesión.
— ¿E-enserio? —De alguna forma no le sorprendía, la mujer se había cruzado de brazos y con una sonrisa en la boca asentía.
—Sí. De hecho… —El Cardenal se llevó un dedo a la barbilla, —ahora debe de tener tu edad. —y luego la melancolía invadió el rostro de la mujer. —Debe de estar tan grande, ojalá pudiera celebrar alguno de sus cumpleaños con él, nació el 10 de octubre, de verdad. Era una cosa pequeñísima, una monada con el cabello idéntico al de su papa… —Hinata podía percibir en cada silaba frustración, la mujer había recostado su cabeza en un costado del sillón, y sus ojos se empezaban a llenar de lágrimas.
Hinata se alarmo y sacudió los brazos desesperada.
—M-mi cumple-pleaños… es el 27 de diciembre. —Fue lo primero que salió de su boca sin pensarlo, más por tonto que fuera, sirvió para que el cardenal levantara la cabeza, le sonriera rotamente y le pasara una mano por el cabello; un tacto suave y cariñoso, que Hinata recordaría por el resto de sus días.
—Sin duda celebraremos tu cumpleaños ¡te lo prometo, ttebane'! —Le había dicho antes de que el Cardenal se incorporara del sillón y la tomase de la mano para que ambas se marcharan
Era el segundo lunes del mes, y el reloj indicaba que debían de ir a su revisión.
Y Hinata realmente ¡realmente! creyó en esa promesa.
Pero el Cardenal se había matado antes de que siquiera entrara el invierno.
Con las mangas del Kimono Hinata se limpia las esquinas de los lagrimales, si llega a soltar una sola lágrima su maquillaje se arruinará. Sorbe ligeramente su nariz y ve como Mei la mira extrañada.
Hinata sonríe. —Nunca me dejes Petirrojo. —le dice, porque no podría soportar que ellas, que son su único hogar también la abandonaran, ya demasiada gente lo había hecho antes. Mei le devuelve el gesto.
—Claro que no, nunca podría dejar a mis chicas… pero a cambio tú tampoco me dejes nunca nunca Hinata. —Y ella asiente.
—Es una promesa.
—Es una promesa. —Reafirma Mei, sin saber, que aquella sería la tercera promesa que Hinata rompería muchos años después. La más importante de todas.
Luego ambas se colocan la máscara.
•••
«Cuando sonríes Tenten, los problemas se hacen menos pesados…»
La voz de Lee, su mejor amigo de la infancia, es lo último en lo que divaga antes de abrir los ojos. Son alrededor de las ocho de la noche, y tiene el cuerpo engarrotado, el cabello hecho una maraña y los ojos lagañosos. La ha despertado el cuchicheo proveniente de a lado, de la habitación de Hinata.
Da un largo bostezo, estirando tanto como le es posible su cuerpo mientras permanece aún acostada, los huesos le truenan y ella suelta un chillido de satisfacción. La boca le sabe amarga, y todo rastro de sueño a desaparecido por completo, más aún permanece recostada, con las manos entrelazadas sobre su abdomen y mirando el techo poroso de su recamara. Tiene que arreglarse porque su jornada empieza a las nueve, pero honestamente solo el pensarlo le da pereza.
Tenten sonríe, la primera sonrisa de la noche, que como siempre va dirigida a Lee.
A su amigo de cejas pobladas, vestimenta extravagante y determinación de fuego. La mejor de las sonrisas para su difunto amigo Lee.
Ella ríe con total honestidad ante los infantiles momentos junto a él, que inundan su cabeza, esos alegres y estúpidos que siempre surgen cuando lo recuerda, de cuando eran unos chiquillos que algún día conquistarían al mundo.
«Ah, Rock Lee, ¿qué será de ti en el infierno?» Piensa Tenten con descaro cuando termina de reír, sabiendo perfectamente que a Lee así le hubiera gustado que ella hablara de él. Sin pena, sin sutilezas, diciendo la verdad, porque por más que a Tenten le gustara pensar que su amigo se encontraba en un lugar mejor, la cosas no eran así. «Porque los asesinos nunca van al cielo.» Alega y es que Rock Lee era exactamente eso.
Tenten da un salto de su futon completamente dispuesta a comenzar su arreglo personal, no existe nada que la aliente más que pensar en él, su mejor amigo. Deambula por el largo pasillo de los pájaros, pasando por las recamaras de sus compañeras, cuyas puertas son cortinas de tela gruesa con diferentes diseños, hasta llegar al fusuma que delimita la sala común con sus habitaciones, y antes de deslizarlo toma una enorme bocanada de aire y recuerda nuevamente las palabras de Lee:
«Cuando sonríes Tenten, los problemas se hacen menos pesados...»
Y si, es verdad, porque cuando sonreía quitaba la carga de preocuparle a los demás, porque cuando sonreía su trabajo se hacía menos odioso, más fácil de llevar, menos tortuoso, porque cuando sonreía los clientes la trataban mejor y ella corría menos riesgo de ataque. Porque cuando sonreía, las demás también lo hacían para devolverle el gesto.
Ella se lleva las manos hasta cada comisura de la boca, y pestañea lentamente, como el suave batir de una mariposa monarca que despierta de su sueño de invierno. Sonreír y no complicarse más su vida y la de los demás. Esa es su ideología, sonreír sin importarle que su mundo nunca más estuviera completo sin Rock Lee, sin las noches de luna llena en que se atiborraban la boca de nueces, y la infancia de sueños paganos y muy, muy estúpidos. Sin impórtale lo desgraciada que en realidad era o… lo toxica que se volvía.
Y en eso ha estado pensando mientras ha comido, ha reído, se ha acicalado, vuelto a reír y vestido. Y en eso sigue pensando hasta que dobla de camino al vestíbulo, completamente vestida con la máscara en la mano, y escucha unos quejidos desesperados.
Tenten trata de obligarse así misma a no voltear, de verdad que trata. Pero los gritos son desgarradores, y le parte el corazón pensar en que podrían ser los de Hinata, Kurenai o los de cualquiera otra de las chicas, inclusive los suyos.
Se deja guiar por las quejas que cada vez se hacen más intensas, y cuando al fin llega, palidece.
Conoce aquel lugar, es el invernadero, la puerta está abierta, y la muchacha que grita, y se sostiene de la cabeza cuando Kabuto la jala del cabello es el Canario, el quinto pájaro, llegado hacia medio año y quien lleva más tiempo en confinamiento que en servicio.
Kabuto furioso le propina un rodillazo en el rostro, la tira al suelo y le da varias patadas sin clemencia. Tenten reacciona de su estado de shock, está dispuesta a dar media vuelta y largarse de ahí, tiene miedo de que también la castiguen por andar por donde no debe, pero cuando da un paso hacia atrás, sus zapatos hacen un siseo en la alfombra, delatándola.
Entonces Kabuto levanta la vista, se acomoda en un rápido y sutil movimiento el cabello pegado a su frente, y controlando su agitada respiración, entorna el rostro en una mueca agradable e hipócrita, que hace a Tenten temblar, porque es como si se viera en un espejo ¿Sera que las demás la ven de la forma, en que ella ve la ensayada expresión de Kabuto? O será que…
Él posa su mano en su hombro, y es una sensación horrible que la contamina por cada milisegundo en que los dedos de aquel hombre hacen una suave presión en su piel.
—Llévatela, y encárgate de dejarle en claro que, si vuelve haber una próxima vez, no va a ser ni capaz de reconocer su rostro en un espejo. —Tenten asiente, la mano de Kabuto en su hombro se siente como plomo… plomo que libera veneno con una sutileza terrorífica, y está esparciendo su toxicidad en ella, (otra vez) se esparce, se esparce ¡la está volviendo toxica! (aún más de lo que ya es). ¡Va a envenenar la sonrisa de Lee! ¡La sonrisa de Lee!
Tiene la garganta seca, quiere gritar. La sonrisa que ha permanecido inmóvil en su rostro tiembla, pero no desaparece, solamente se ensancha aún más.
—Si Kabuto.
—Buena chica, Ruiseñor. —Luego Kabuto le acaricia suavemente la mejilla guiñándole el ojo, y se va.
Tenten tarda unos segundos en acoplar su respiración, la piel le arde. El "Buena chica, Ruiseñor" es un maldito eco en su cabeza, la caricia le quema la piel, y casi puede ver a Lee furioso, borbotando regaños.
E inhala una gran bocanada de aire «Huele a desierto…» Piensa, tratando de cambiar mentalmente de tema, y arruga la nariz frunciendo la boca, cuando siente el sabor salado de las lágrimas en el aire, «huele a ella».
La luz que entra por la puerta, solo las ilumina a ellas dos y a la caja detrás del Canario.
Es una caja de hierro, parecida a una de seguridad. La llaman cariñosamente el invernadero, y es en pocas palabras el portal al infierno.
En donde para caber tienes obligatoriamente que abrazar tus piernas. Te encierran ahí, completamente desnuda y cuando la obscuridad omite por completo tu vista, es imposible evitar el hecho, de que todo, ¡absolutamente todo!, venga a tu cabeza.
Tenten e acerca al canario, poniéndose de cuclillas a lado de ella.
—Aprieta tu nariz para que el sangrado pare. —Le dice con sutileza e intenta sostenerle los hombros, pero es interrumpida por un rápido manotazo.
— ¡No me toques! —El Canario al fin ha levantado la vista, y sus ojos fieros como bestia taladran a Tenten. Están rojos por las lágrimas, pero aun así solo vuelven más amenazante su mirada. Tenten sinceramente no está de humor como aguantarse la horda de comentarios que el Canario piensa dedicarle. Más cambia de opinión al ver las piernas de la muchacha, llenas de raspones, moretones y sangre seca. Ella ha estado también de esa forma, y en aquel tiempo hubiera dado todo porque alguien le ayudara.
Así que da una larga bocanada de aire y trata de mantenerse calmada, en realidad la relación entre ellas dos nunca ha sido la mejor.
Tenten odia el desierto, odia lo salado, ella creció entre colinas verdes y ríos de agua dulce.
Y el Canario es todo lo que Tenten odia. Esa mujer es una briza de aire seco, que quema piel y te golpea el rostro como si de una bofetada se tratase. Y para Tenten con su actitud fresca y hasta cierto grado despreocupado, alguien como aquella mujer la saca de quicio.
— ¡Vete no necesito de tu ayuda! —Grita Canario con la voz rota y cansada e intenta levantarse sin éxito alguno.
Tenten rueda los ojos hastiada, y se despoja de su abrigo largo, quedando solo con un ajustado corsé rojo de encaje. Va en ropa interior, porque su cliente de hoy ordeno ciertas modificaciones en su ropa.
—No puedes ni mantenerte en pie…. Póntelo, —Le ordena, extendiéndole la prenda. — te llevare con las otras, para que te curen las heridas y puedas tomar un baño. Kabuto te dejara descansar algunos días, pero si no quieres terminar peor que ahora debes de obedecer todo lo que él te ordene, ¿entiendes Canario? —La cuestionada permanece con la cabeza gacha y apretando los dientes con furia. — ¿Entiendes Canario? —Repite.
— ¡ES TEMARI! ¡Me llamo Temari, no Canario ni de ninguna otra forma! — Reclama la rubia, roja de la ira y aventándole el abrigo en la cara a Tenten. Ruiseñor truena los dientes, con la sonrisa aun puesta en su rostro, su paciencia está en su límite.
—Shhh, lo sé, lo sé; pero no grites que puede venir alguien más, y entonces nos irá de mal en peor a las dos. Creme se lo que estás pasando…
— ¡Tu no lo entiendes! ¡Ellos me necesitan! ¡Gaara todavía es un niño!... ¡Me están buscando! ¡Te lo aseguro! ¡Ni Shikamaru, ni ninguno de ellos va a abandonarme!
Tenten suelta un resoplido fastidiada. A las personas como Temari el hablarles con rodeos y delicadeza no funciona en lo absoluto.
—Ya me disté ese discurso princesa, y te vuelvo a repetir, no importa cuánto te busquen, ellos no van encontrar este lugar. Créeme esta jaula está protegida por el mismo Satanás en persona. —Sabe que sus palabras son rudas, empero de que otra forma haría entender a esa bestia de que sus berrinches son inútiles. —Así que si eres tan lista como te haces conocer, será mejor que cooperes, si quieres conservar ese lindo rostro en su lugar. —Temari ante aquello, parece cavilar algunos segundos, digiriendo todo aquello; las manos le tiemblan.
— ¡Cállate maldita zorra, tú estás con ellos! — La odia de verdad que la odia, Temari siente un desprecio colosal hacia aquella castaña, que permanece inmóvil con la misma expresión y con sus palabras punzantes. — ¡Y borra esa sonrisa que es fastidiosa! —Oh, si quiere jugar rudo con las verdades, que así sea. — ¡Todas aquí son unas rameras asquerosas! Creen que, porque a ustedes las dejaron abandonadas aquí, conmigo va a ser lo mismo. Oh no, yo si tengo gente que me está buscando, no como tú putita.
— ¿De verdad crees que las cosas son así? Que mal estas. —Su sonrisa ya casi ha desaparecido, y Temari se siente triunfante ante aquello.
—De seguro te revuelcas con ese bastardo al que le dicen Kabuto, ah y esa sonrisita que tienes ¿no te das asco? ¿Cómo puedes vivir contigo misma?
—No, no es eso, escuch…
— ¡Crees que no los escuche! —Dice e imita la voz de Kabuto—Buena chica, Ruiseñor… JAJAJA ahora resulta…
Entonces Tenten explota
— ¡Yo quiero vivir! —Y Temari se calla por completo. —Por supuesto que odio todo esto, ¡¿Cómo no hacerlo?! ¡Que, crees que me gusta ser una puta, que disfruto andar cogiendo con desconocidos! —La rabia llena cada pedazo de su ser, las palabras salen como fuego de su boca y no le importa en lo absoluto haber borrado su sonrisa. — ¡Yo también quiero volver a mi casa, con la gente que quiero! ¡Todas aquí lo hacemos! ¡Tú no eres la única atrapada en este infierno! ... — El pecho se le sacude, las palabras empiezan a surgir entrecortadamente. —pero yo sé, que, haciéndome la ruda, forcejeando… y llorando mis desgracias, no lo voy a lograr. Que a ti te maten a golpes si lo prefieres a tener sexo con desconocidos, pero por mi parte y la de todas ellas no lo deseamos.
» Yo quiero vivir, —Vuelve a repetir, ahora con la voz rota, los ojos aguados y mordiéndose el labio con furia. — y no me importa si para hacerlo tengo que volverme una maldita perra sumisa.
Y luego se va, azotando sus pasos, tallándose con una fuerza exagerada las lágrimas y volviendo a formar en su cara a su mejor amiga, a su confidente, su sonrisa.
•••
Como de costumbre, el chofer lo espera en la entrada del colegio; dentro de dos meses será por fin su clausura, y Sasuke podrá dejar de asistir a esa estúpida secundaria. Está a punto de graduarse con el mejor promedio y la peor asistencia de su curso. En todo el año apenas piso la escuela un par de veces; no lo pueden culpar, con todas esas niñas gritonas revoloteando a su alrededor y peleándose hasta por quien será su futura esposa.
Él camina de forma pausada y sin prisa, deseando poder evadir el hecho de ir al despacho de Madara. En esos momentos no tiene cabeza para aguantar las estupideces de aquel sujeto, y si bien es consciente de que aquel hombre es un reverendo genio, también lo es de que él no es alguien de quien fiarse.
El chofer lo saluda con respeto, y Sasuke asiente con la cabeza mientras escucha bobas risas y despedidas de sus acosadoras. Y entonces Sasuke no puede evitar hacer algo muy estúpido, y compara aquellas muchachas fastidiosas con Mirlo.
Mirlo que parece casi una ilusión cuando la recuerda. Mirlo que invade su cabeza cada vez que puede. Mirlo que lo saca de quicio.
Y no, no es que él sienta gusto hacia ella, sino que aún no logra descifrarla, y Sasuke no es del tipo de personas que deja las cosas a medias, además, aunque no lo admita, ha adquirido cierta costumbre a visitarla.
Y Sasuke ha descubierto que en realidad no es tan indiferente del sexo femenino, o bueno, no al menos con ella. Porque por extraño que parezca todo en esa muchacha le es, ¿cómo decirlo?... interesante, curioso. Desde sus pies siempre descalzos, la forma en que juega con sus dedos, y hasta la torpeza de sus palabras cuando se pone nerviosa al hablar y tartamudea.
Sasuke también ha descubierto que es un reverendo idiota, mira que pensar de aquella forma por una casi completa desconocida, solo le podía pasar a un estúpido. Pero no lo puede evitar, cuando esta con ella, le es realmente complicado mantener el ceño fruncido y estoico. Se siente relajado a su lado, lo invade una extraña calma y todo peso desaparece de sus hombros. Y en esos momentos ella puede ser el nirvana que Sasuke no busca, pero necesita.
Pero luego recuerda, que ella es una puta; que no solo a él lo trata bien, que no solo con él se sonroja coquetamente, que en realidad los tartamudeos y el nerviosismo pueden ser fingidos, que bien todo eso se lo proporciona a cualquiera que tenga suficiente dinero como para pagar una ida al cielo entre sus piernas. Y entonces la odia, la sangre se le sube a la cabeza del coraje, su estómago vibra de rencor, y desea tomarla de los hombros, y gritarle hasta que la garganta se le seque todas sus malditas verdades.
Para acabarla también están los celos, celos porque la tratan como un adulto, celos porque el mismo sabe que merece ser tratada de esa forma, celos de los hombres que la frecuentan, celos porque le gustaría ser el único quien pueda recibir ese privilegio.
Mirlo llena de dualidad a Sasuke, por un lado, el extraño y agradable lazo de codependencia que ha desarrollado hacía ella para poder estar en calma, y por otro el extremo rencor que le tiene por la misma razón.
Entonces no sabe si odiarla u otra cosa. Ahora se ha vuelto como un perro faldero con ella, cada que puede la visita y Mirlo siempre siempre lo recibe de la misma forma y lo trata de la misma forma, con amabilidad. Y como pero como le irrita el pensar que con todos es así.
—Señor llegamos.
El edificio principal de la compañía es un monstruo totalmente de vidrio, en la entrada lo recibe una secretaria que le da paso directo a la oficina de Madara. El hombre se encuentra inundado de papeles, y sin embargo da lentas y prolongadas caladas al puro entre sus dedos, sin prisa alguna retiene el humo en sus pulmones y lo deja salir segundos después por la nariz.
Sasuke se apoya en el margen de la puerta de cristal ahumado, ya se ha retirado el saco de la escuela y el portafolio con sus libros permanece inmóvil en el suelo. No anuncia su llegada porque sabe que Madara ya es consciente de ello.
—¿En qué preparatoria te inscribirás sobrino?
—Mi educación es lo de menos. Me ira bien en donde sea.
—Nada de eso, la clave de un Uchiha está aquí. — Con el índice apunta su propio frontal. —No eres más que un mocoso con buen apellido si no lo sabes manejar Sasuke. — Dice e invita a su sobrino a tomar asiento. —Por suerte te pareces más a mí, que a mi hermano que en paz descanse, a diferencia de Itachi que aún tengo la duda de a quien salió.
Sasuke contrae el rostro en un rictus de furia. —Por suerte claro.
Madara suelta una carcajada a sabiendas de que logro su objetivo.
—Ya muchacho, si quieres acabar con tu hermano debes de empezar por lo primordial, y vuelvo a repetir que lo que nos hace Uchihas en nuestro enorme conociendo. —Habla y suelta un montículo de carpetas enfrente de Sasuke. —Ahora a trabajar.
Sasuke tiene los nervios a mil, siente que en cualquier momento va a estallar, ¡Maldito Madara, como lo odia! Pero tiene razón, un Uchiha no es nada sin su conocimiento, la base del poder es aquel, no hay de otra. Y aunque le duele admitirlo para eso necesita a Madara.
No le importa tener que aguantar aquello y mucho más con tal de derrotar a su hermano. Ese canalla de Itachi va a pagar por todos sus crímenes. Por haberlo engañado todo ese tiempo, por haber preferido su codicia antes que su familia, pero, sobre todo, por no haber confiado en él, que habría dado todo por su hermano. Oh sí Sasuke aún recuerda con nitidez sus palabras:
«—¿De verdad eres tan tonto Sasuke, crees que acaso fue un jodido accidente? No nada de eso, ese solo fue un pequeño sacrificio si queríamos salir bien de todo este problema, deja de ser tan estúpido niño. Esto no es algo que te pueda confiar. —Y él, aunque quería abogar no lograba pronunciar palabra alguna, y en su mente solo se repetía: "Confía en mi hermano, confía".»
Pero nadie confía en Sasuke, porque es solo un adolecente prepotente, un niño.
El lápiz entre sus manos se rompe, y su tío solo le da una rápida mirada. —Eso se pagará de tu mesada.
Sasuke gira los ojos con la rabia contenida, esta de un humor de perros. —No soy ningún niño, no necesito una mesada.
Madara suelta un chiflido. —Ah sí sí había olvidado que él niño ahora es todo un hombre. —y luego ríe. Con una rápida mirada observa los papeles con graficas en los cuales su sobrino acaba de empezar a trabajar. —Esto no. —Dice y se los arrebata. —Es demasiado importante, no puedo confiártelo.
Sasuke lo mira con la intensidad de un toro furioso, y a él que le encanta hacer rabiar a su sobrino aprovecha y saca otro tema, rompiendo abruptamente el silencio. —Me han dicho que últimamente has estado yendo mucho a la florería. —él fingiendo seriedad espera uno segundos la respuesta.
—Si lo que te preocupa es el dinero… —Comienza Sasuke, pero él lo interrumpe, sabiendo perfectamente la escusa barata que le piensa dar.
—No muchacho, nada de eso. Simplemente me parece interesante.
— ¿Interesante? —Por unos segundos ve duda en su sobrino.
—Sí, ya sabes quién iba a imaginar que mi sobrino el rarito tuviera tanto interés por lo que hay en las piernas de las mujeres, al parecer no te enseñan lo suficiente de anatomía en la escuela.
Sasuke suelta un monosílabo incoherente y hace valer de nuevo su eterna paciencia para no estallar en insultos.
—Aunque, a decir verdad, Oroochimaru me dijo que solo pides a una en específico ¿se puede saber la razón? —Madara espera una respuesta voraz por parte de su sobrino, pero Sasuke se mantiene en silencio. Ahora sorprendido y levemente molesto por aquella barbaridad pregunta con el puro en la boca: —Acaso ¿te estás encariñando con esa puta? —Sasuke quiere contestar, pero de su boca solo sale el sonido de sus dientes chocando entre sí. Madara deja caer el puro. — ¡Por Dios! No me digas que eres así de estúpido. —Dice y su serio semblante desaparece en una estruendosa carcajada. Sasuke tiene las manos hechas puños.
—Esperaba más de ti Sasuke
—No es eso, es que ella me complace lo suficiente, y no es ruidosa como las otras. —Se defiende con las palabras atropelladas, claro que sabe que es un idiota por aquello, pero aun así no va a permitir que Madara lo humille aún más. Ve a su tío pensar algunos segundos, adoptando una mirada ladina y una voz ronca.
—Si es tan buena como dices, —Madara se relame los labios y habla pausadamente. —quizás debería probarla. No te molestaría compartir con tu tío, ¿verdad muchacho? — Y luego rompe en una estruendosa risa. —JAJA, que cara tan seria, vamos, sabes que yo no te quitaría a tu querida putita, porque bueno eso es lo que es, claro al menos que ella me lo pidiera. —De nuevo sus carcajadas inundan el lugar, y ahí esta Sasuke sintiéndose más estúpido y más niño que nunca, sin poder avocar porque sabe que cada una de las palabras de Madara es cierta. Mirlo no es más que una puta.
•••
Cuando Hinata se pone en su papel (el de Mirlo, cual otro pues) su mente se vuelve un total caleidoscopio y ya no sabe si lo que pasa es real o no, y a veces siente que es una película, y ella solo es una pobre y frustrada actriz.
Lo más gracioso es que siempre hay hermosa música de fondo, como si todo fuese un cuento de hadas y ella solo se tiene que dedicar a crear historias a base de estas:
Cuando está retumbando el lago de los cisnes de Tchaikovsky entre las paredes, ella se vuelve una hábil bailarina que le sigue el compás a las preciosas mujeres-cisnes y que seduce hombres con su picardía, para luego llevarlos al lecho a base de mentiras y matarlos con el veneno de sus plumajes.
O cuando el magnífico bolero de Ravel hace presencia con el finísimo sonido de las flautas abriendo la orquesta, Hinata se encuentra entonces entre ser la misma música que flota con su temple inmutable de comienzo a fin saltando entre la trompeta con sordina, violines, clarinetes y oboes o ser la musa que inspiraría aquella obra maestra.
O bien otra de sus favoritos, un poco más tenebrosa, la Danza macabra de Camille, que la vuelve una chiquilla traviesa que se deja guiar por sus demonios y mata a todos los niños y adultos que fueron tan malos con ella, quien solo ríe y salta de pura felicidad, sin darse cuenta que sus demonios solo la ayudaban con el fin de hacer pecar su alma, para poder devorarla al final.
Hinata siempre está en fantasías, obras de teatro, danzas y películas, cuando el momento de trabajar llega, porque que mejor manera de aprender a convivir con la realidad que evadiéndola.
Pero a pesar de que hace todo eso, hay cosas que no puede evadir por completo, como el asco cuando otro hombre eyacula en ella, el terror de volver a ser golpeada y dejada o bien el latir desbocado de su corazón ante la intensa mirada de Sasuke Uchiha.
Si bien lo último es más que nada algo nuevo, aun así, no deja de ser incómodo y surgen cuestiones tontas como ¿porque? Y ¿por él?
Esta noche Hinata está muy sumergidas en estas incógnitas, porque a pesar de que trata enfocarse por completo en la plática que mantiene con uno de sus clientes, su mente no está en una nueva historia creada con la música de Bach, sino que se centra totalmente por no dejarse llevar por la mirada de Sasuke, en luchar con el impulso de ir a darle las buenas noches y pedirle que la pida nuevamente para que así ella no tenga que acostarse con alguien.
Ah quizás esa es la razón, concluye Hinata, que Uchiha-kun es más bien una pequeña bote. Que le da, aunque sea un poquito de descanso en toda esa porquería. Va también quizás sea porque él es un niño a ojos de Hinata, es arisco y mandón; pero nunca ha intentado propasarse con ella, y eso ya es más que suficiente para que él sea de su agrado.
Y cuando siente como las manos de su cliente la toman del rostro para susurrarle algo al oído, Hinata no puede más y encara aquel rostro enfurruñado.
A Sasuke en una ocasión su madre le había dicho que las verdaderas verdades, valga la aparente redundancia, nunca salen de la boca para llegar a los odios; sino que salen de la vista y el tacto para penetrar la cabeza y corazón. Y es que una acción vale mil palabras.
Él con desdén había observado como aquel idiota tomaba del rostro a Mirlo, pasando una mano por debajo de su cabello y acariciando la mejilla de esta con la otra. Y ella le sonreía al sujeto, mientras que Sasuke sentía lava hirviendo en la boca del estómago, y entonces para propia sorpresa de él, Mirlo había desviado la vista, y encarado su mirada.
Y entonces había sentido como aquellos ojos que dicen todo y a la vez nada lo taladraban. Pupila sobre pupila. Y parece, aunque suene algo loco o desesperado por parte de él, que ella le pedía ayuda.
Porque Mirlo lo taladraba con la mirada, porque la cabeza ya le quería estallar y porque parecía que ella estaba al borde de la desesperación, es lo que se dice a sí mismo como excusa para pedirla nuevamente esa noche, aunque él se había propuesto que solo iría a mirar, para tratar de curarse esa estúpida obsesión que de a poco se instala en él. Pero es tarde, ya el hombre que da las noticias nocturnas se le ha adelantado, y a Sasuke nada más le queda ver con impotencia como él se la lleva, y esperar su turno para estar con Mirlo, esperar para que el corazón se le relaje a su lado.
Si, y ahora está seguro de que la razón de que vuelva con ella, es que a su lado se siente, muy extrañamente en paz. Como un chiquillo arropado por su madre. Joder, ¿de cuándo aquí tiene complejo de Edipo?
Ni yo me la creo de que estoy actualizando, jajaja.
1.- Ignora esto si quieres: Saben mi vida es algo así como un remolino de polillas; no soy de dar explicaciones porque creo que son una pérdida de tiempo, pero la verdad, lo mejor de las palabras escritas es que la gente puede decidir si las desea leer o no, así que, si gustan, estaría encantada de contarles las brizas que han alterado mis remolinos de polillas.
Creo que ya tiene más de dos años que actualice, y es muy gracioso porque de verdad estoy muy enamorada de esta historia, pero soy taan masoquista, que cada vez que me empieza a gustar algo más de lo debido, lo dejo. Porque toda la vida me enseñaron a no apegarme a las cosas, (a no apegarme a mama, a no apegarme a papa, a no apegarme a los amigos). Vale, creo que ya estoy profundizando demasiado en mis problemas personales, más para mi propio deleite y egoísmo ninguna de ustedes me conoce, así que soy libre para escribir todo lo quiera de mi sin miedo.
Como sea, es sorprende como cambian las cosas en dos años, y, ahora les contare un secreto, a pesar de que me dijeron que nunca me encariñara con algo, yo desobedecí aquella ideología, y me apegue a una sola cosa desde que tengo uso de razón. Una sola cosa en casi 15 años. Una meta (y la llamo meta, porque eso de sueño está muy trillado).
Y me trague tantas cosas por ella, tanto coraje, y tanta mala vibra solo para poder cumplirla, ¡Y lo logre! Volví realidad aquello antes de tener siquiera los 18 años, mi meta de 14 años al fin cumplida.
¿Y saben que sentí el día en que se hizo realidad? Nada, absolutamente y jodidamente nada. Y eso me decepciono mucho. Vale, y las polillas solamente se desesperaron, porque habían estado batiendo sus alas continuamente, resistiendo ante las inclemencias del tornado, y para que, si al final su ocaso no era más que un nublado atardecer.
La verdad es que me enorgullezco de que tengo mucha resistencia emocional, y a pesar de que ahora hay días en que ¡rayos! Me siento nuevamente esa chiquilla de 12 años que ya no podía con su existencia, creo que he mejorado mucho mi vida. Ahora vivo sola, en otra ciudad lejos de mis padres, por cierto, honestamente creo que ahora que estoy a kilómetros de ellos, he mejorado muchísimo mi relación con mis progenitores, y eso me hace feliz, porque a pesar de que siempre me he considerado una persona madura, ahora creo que soy capaz de dejar todos aquellos traumas que me agobiaban tanto y he aprendido a perdonar, y agradecer (aunque aún persisten algunos monstruos)
Actualmente tengo 19 años y cuando publique esta historia todavía iba a cumplir los 17, ósea que lleva existiendo alrededor de cuatro o cinco años en mi mente y algo así como 3 en fanfiction… esta historia soy yo, tiene muchísimas experiencias mías, frases mías, y personalidades o enseñanzas que gente me ha mostrado. Repito, esta historia soy yo, así que gracias por agárrale cariño, gracias por comprenderla… de verdad muchas gracias, porque esta soy yo en todo mi esplendor, de traumas, manías y cosas que la verdad no debo de andar divulgado (ojo cuando digo que son mis experiencias no me refiero a que me prostituían jaja)
Ah si, la vez pasada les comenté que iba a la prepa, y pues ya me gradué ¡yuju! Estoy en 2do año de universidad (foráneo vip), también les dije que tengo problemas de anemia, y quede enamorada y conmovida por todas sus preocupaciones, muchas gracias, ahora estoy bien.
Saben ahora que lo pienso mi vida seria un buen fanfic, me pasan muchas desgracias jaja, luego les contare.
2.-Acerca de la historia: Honestamente lleva años escrito el cap, pero yo me decía "falta más, quiero agregarle más", pero hoy me di cuenta de que quizás el capítulo hasta ahí se quedó, quizás no avanza porque así lo desea la historia, y bueno yo respeto esta historia. No hay interacción entre Sasuke y Hinata, y tampoco sale Itachi, eso es del próximo capitulo que debe de estar a finales de enero o principio de marzo, daré lo mejor para actualizar. Perdón por las faltas de ortografía, es que me da pereza revisar, si ven alguna me dicen. Por cierto ¿Todavía existe por ahí uno de los lectores que empezaron conmigo esta historia? ¿Siguen ahí? Les quiero pedir perdón por tardar tanto, es que no podía con mi vida, pero ya estoy de regreso con Rapsodia a la tristeza, porque amo esta historia y también a ustedes, y eso es lo importante.
La verdad me muero de los nervios de que no les guste este cap o les parezca aburrido, creo que siempre esa sera mi preocupación.
3.- ¿Algo más?: Ya les conté de mí, si quieren háblenme un poco de ustedes, quiero conocerlos, también hay algo que deseen que salga más? o por ejemplo si sienten que indago demasiado en los recuerdos de Hinata y sus sentimientos, díganme y le bajo dos rayitas. Cualquier duda que tengan adelante, para que yo los vaya resolviendo en los capítulos si es que se me esta pasando.
Creo que es todo. Y gracias por los Reviews, sus mensajes me motivan a seguir aquí. Las quiero.
Perdón por una nota tan larga~
Por cierto, meimoon21: Por favor cuéntame de ese final que te armaste en tu cabeza, me mata la duda jaja, al final tú me diste el último impulso para actualizar a las 4:00 am hora mexico.
En verdad gracias mis lectores.
Y... ¡ANIMO!
A favor de la Campaña "Con voz y voto",porque agregar a favoritos y no dejar un comentario es, como han dicho otras autoras:"como manosearme la teta y salir corriendo."
13/01/2017. Viernes.
