Disclaimer: Harry Potter y sus respectivos personajes corresponden a J. K. Rowling y empresas asociadas a su producción y distribución. No tengo fines de lucro con ese fic ni pretendo tenerlos, así que no me demanden.

¡Disfruten del fic!.

Su instinto de licántropo no le dejaba tranquilo ni por un segundo, aunque no hubiese luna llena; y por esa estúpida razón, estaba de pie en medio del pasillo donde estaba el retrato de la Señora Black, olisqueando el aire.

-Huele a sangre… - le dijo al silencio que reinaba el lugar.

De pronto, el ruido de la puerta principal atrajo su atención. Los goznes chillaron al girarse, y su olfato se afinó más; del otro lado provenía el olor que tanto le atraía en sus noches de transformación. Sacó la varita del bolsillo derecho del pantalón y se pegó a la pared, con sus sentidos alertas- levemente transformados en su lado lupino- y esperó, hasta descubrir quien entraba a duras penas, sosteniéndose del dintel de madera.

-¿Tonks?-preguntó al reconocer gracias a la poca iluminación del pasillo, el tan característico pelo rosa chicle-. ¿Qué te pasó?.

Avanzó los dos pasos que le separaban de la puerta y ayudó a la chica a entrar casi a rastras.

-Lestrenge…- murmuró con un hilo de voz, aferrándose a la camisa del hombre.

El olor a sangre le golpeó directamente en la nariz, cuando logró que Tonks le pasase los brazos por los hombros para cargarla. Pudo distinguir que el líquido vital fluía de una herida en el cuello de la mujer.

-Te recuperarás pronto- le dijo pegándola a él para subir las escaleras. El cuello de la bruja estaba a la altura de sus labios, tentándolo.

Llegaron a la primera habitación que encontraron. La dejó lo más suavemente posible sobre la cama y quiso salir a buscar ayuda- a Sirius, que debería estar ebrio en alguna parte de la mansión-, pero de nuevo el olor le llegó, mucho más fuerte que al comienzo. Descubrió que el aroma era distinto al suyo- la única sangre que se atrevía a beber- y mucho más atrayente, fresco, joven; deseable.

La tenía ahí, media muerta por fuese a saber Merlín qué hechizo de Rodolphus, y podía beber de su sangre sin que lo supiese- porque ya no estaba desmayada, sino inconciente- y así calmar sus necesidades licantrópicas. Aún faltando dos semanas para la luna llena de ese mes, sus rasgos sangrientos se estaban haciendo cada segundo más incontrolables. Caminó de vuelta hasta la cama y se arrodilló al lado de Dora, apartándole el pelo que se había pegado a la herida, dejando que sus dedos resbalaran por la sangre reseca.

Sintió sus colmillos cosquillear, gritándole que la mordiese, que la transformase y así poder amarla sin el resentimiento que tenía por ser un hombre lobo, otorgándole todos los- que eran pocos- beneficios que eso conllevaba, pero a último segundo se detuvo.

Algo dentro de sí apartó fieramente a su lado lobuno que intentaba dominarle, haciéndole entrar en razón. No podía arruinarle la vida a esa chica que recién empezaba a vivir; no podía darle el calvario del rechazo y el ocultismo… no podría soportar que ella le odiase por usarla para satisfacerse, dejándola dañada… no soportaría el verle con las mismas cicatrices que el tenía por morderse a sí mismo; intentando expiar culpas que no le correspondían…

Se paró ágilmente y salió en busca de su amigo; descubriendo que sí podía vencer la sangre contaminada que quería dominarle.