AÑO NUEVO, VIDA SOCIAL NUEVA.
Bella POV
Era viernes. Y aunque el metro seguía oliendo a sudor y mi agenda continuaba más llena de lo que debería, la perspectiva de un fin de semana por delante hacía que todo se viese mejor, como más claro, más positivo.
- Entonces ¿estás segura que quieres que le diga Alice que ponga un plato más en la mesa esta noche? – me dijo Jasper mientras nos preparábamos un café en la sala de descanso. Esa sala era mi oasis personal, lo juro. –
- Cualquiera diría que sigues pensando en que Alice nos va a envenenar – comenté entre risas-
- Tú ríete… cuando te pases el fin de semana vomitando por una intoxicación no digas que no te avisé – Comenzaba a preocuparme sobre las habilidades culinarias de Alice, aunque no lo suficiente para cancelar una de las pocas situaciones sociales que había tenido desde que llegué a la ciudad. –
- Y ¿quién más me dijiste que irán? – intenté sacar el tema sutilmente, pero si Edward Cullen estaba quizás le tiraba los entrantes por la cabeza… y el postre. No me quitaba su email de la cabeza y encima sus empleados del área social de Cullen Holdings me estaban pidiendo demasiados papeles. Deseaba que Rachel volviera. Quizás fuera yo misma a su casa a buscarla si esto continuaba así y la traería arrastrando hasta su silla de trabajo. –
- Un par de amigos y Emmet y Rose. Ya sabes el hermano mediano de Alice y su esposa. Son muy simpáticos y abiertos, te caerán bien. – dijo con convicción Jasper mientras se comía un donut.
- ¿Carlise y Esme no vendrán? – Tenía un master en prácticamente todo el "clan Cullen". Efectos colaterales de compartir comidas con Jasper y Carlise.
- Ellos se quedarán cuidando de la pequeña Olivia. De vez en cuando Emmet y Rose se la dejan para salir a cenar y tener "tiempo de pareja de calidad". Palabras de Emmet no mías – Explicó Jasper con una pequeña sonrisa. Olivia era la hija de 4 años de Emmet y Rose. Carlise podía pasar horas hablando de su pequeña nieta. La adoraba. –
- ¿Y tú otro cuñado? Edwin se llamaba? – vale… me estaba haciendo la tonta, tenía el nombre de Edward Cullen grabado en mi mente… y en mi lista negra.
- Edward – corrigió entre risas Jasper- No le gustará saber que le llamas Edwin. No él no vendrá, está de viaje de negocios. Vancouver creo.
- Oh qué pena… Al menos alguien sobrevivirá a las dotes culinarias de Alice – de repente deseé que fuera a la cena. Un dolor de estómago por intoxicación alimentaria seguro que le haría perder más el tiempo que contestar un simple email con algo de educación y simpatía –
- Jasper rió con ganas y añadió – Entonces te esperamos en casa alrededor de las 8. ¿Necesitas que te pase a buscar? No me gustaría que fueras sola a esas horas.
- No hace falta. Quédate en casa y asegúrate que Alice no quema nada. Yo llegaré bien, ya sabes que no vivís muy lejos de mi casa. – añadí segura que hasta casa de Jasper había apenas 15 minutos andando. Varios días al salir tarde de trabajar me había acercado en coche hasta mi apartamento porque le pillaba de camino. –
Nunca me había alegrado tanto de que alguien volviese a trabajar. Rachel volvía el lunes. Gloria para mis oídos. Lo que principalmente significaba que yo tendría todo mi tiempo para dedicarme exclusivamente a mis pacientes, pero sobretodo que dejaría de ocuparme de la parte administrativa. Que a su vez significaba que dejaría de tener que contestar los mails de los quisquillosos de Cullen Holdings. De verdad, a veces tenía la seguridad que se inventaban nombres de documentos, era imposible que todo lo que pedían existiese. No entendía como siendo Jasper y Carlise miembros de la misma familia que el estoytanocupadoquenopuedocontestaremails Cullen necesitase tanta información. Bastaba que descolgase el teléfono y llamase a su cuñado. Él ganaba tiempo e información y yo ganaba paz mental. Últimamente mi lista negra crecía tan rápido como los dedos de los empleados de esa empresa podían tardar en teclear un mail. Pero a partir del lunes no sería más mi problema sino el de Rachel. Y eso me hacía sentir bien. Lo sentía por Rachel, pero no tanto como para no brindar mentalmente por mi liberación.
Antes de ir a casa de Jasper y Alice me pasé por el supermercado para comprar un par de botellas de vino. No quería llegar con las manos vacías. Aproveché el corto paseo para llamar a mamá y papá.
-¡Hola cariño! ¡Cuánto tiempo sin llamar! Te echábamos tanto de menos – me contestó mi madre con voz lastimera. –
- Mamá, hablamos ayer. – siempre hacia lo mismo. Si fuera por ella estaría todo el tiempo al teléfono explicándome las maravillas de su nueva clase de costura. Ya se había cansado del yoga y había decidido ir a por algo más tradicional, según ella. –
- Para mí nunca es suficiente – contraatacó. –
- ¿Me intentas hacer sentir culpable porque no voy a ir al babyshower de Jacob y Nessie? -llevaba insistiendo semanas. No podía ir, tenía demasiado trabajo aquí. Jacob lo entendía y Nessie también… mi madre no tanto. –
- Hombre ya que sacas el tema….
- Deja de molestar a Bella y pásame el teléfono, yo sí que llevo días sin hablar con mi pequeña – oh papa! Siempre dispuesto a salvarme de los interrogatorios de mamá. –
- Hola papá – contesté enseguida. Realmente tenía ganas de hablar con él. Las últimas veces siempre que había llamado estaba en la comisaria. Y como no es amigo de las nuevas tecnologías no tenía móvil. De hecho, sí tenía, pero siempre sin batería, así que era como no tener ninguno- ¿Todo en orden por Forks?
- Cariño sabes que lo más interesante del pueblo son las llamadas de la vieja Sra. Robins sobre las aventuras de su gato – me hizo reír mi padre- Así que dime qué tal te va todo a ti.
- Muy bien papá. Mucho trabajo, pero me gusta mucho estar aquí. He conocido a una nueva vecina, Tanya, creo que es un poco mayor que yo y está separada, pero hemos quedado para dar un paseo por el High line park este domingo. Bueno, si sobrevivo a la cena de esta noche… Alice, la prometida de Jasper, mi compañero de trabajo ¿te acuerdas?, me ha invitado a cocinar y me siento un poco conejillo de indias.
- Me alegro mucho cariño, pero ya sabes sí la carne está verde no la comas – Contestó sincero y entre risas –
- Papá te tengo que dejar que ya he llegado a casa de Alice y Jasper, mañana te llamo y hablamos un poco más.
- No te preocupes por tus viejos cariño. Estamos bien, te echamos de menos pero no te dejes chantajear por tu madre, llama cuando puedas. Nosotros estamos bien sabiendo que tú estás feliz.
- ¡Yo no le hago chantaje, Charlie! – se escuchaba gritar indignada a mi madre de fondo-
- Está bien papá. Dale un beso a mamá y otro para ti. Hablamos en otro momento. Os quiero. – me despedí de ellos para poder llamar al timbre de casa de Jasper. -
Llamé al interfono del ático dónde vivían Jasper y Alice. Subí con los nervios a flor de piel. Llevarse bien con Jasper era fácil, muy fácil. Él era un ser social por naturaleza… yo no tanto. Me costaba un poco integrarme, me ponía nerviosa y divagaba. Bueno divagaba más de lo normal.
Respira. Inspira. Respira. Inspira. Respira. Inspira. Me armé de valor y piqué al timbre. De repente escuche un estridente grito. Seguido de pequeños gritos. Juraría que incluso escuche caer algo de cristal. ¿Dónde me estaba metiendo? A parte de una cocinera con pocas dotes culinarias, ¿qué más había allí dentro? Si me espabilaba tenía tiempo de llegar al ascensor sin que me vieran. El lunes ya me inventaría alguna escusa con Jasper. Sin darme cuenta la puerta se abrió y otro grito me perforo los oídos. Y sin tiempo para procesar nada unos pequeños brazos me rodearon del cuello. En serio, tendría que hablar seriamente con Jasper sobre su círculo íntimo de amistades.
- Ahhhhhhhhh Bella qué ganas tenía de conocerte! Tanto tiempo escuchando hablar de ti y al fin te conozco. No puedes imaginar lo que he pensado en este momento. Además, tengo tanto que agradecerte por sustituir a Jasper cuando tenía que salir, me hubiese vuelto loca si lo tengo que preparar todo yo sola. Sabes a veces la gente se piensa que las bodas son cosa de las novias solo, pero yo creo que….
- ¡Alice! Suelta a Bella y deja que entre en casa cariño– la interrumpió Jasper. En serio no conocía a nadie que pudiese decir tantas cosas en tan poco tiempo. ¿Habrá cogido aire antes?
- Buenas noches. Encantada Alice, yo también tenía muchas ganas de conocerte. Traigo vino – contesté aún en shock por la cantidad de palabras que Alice podía decir en un segundo. Jasper y Alice me acompañaron al interior del piso. –
- No te preocupes por Alice siempre es así. Bajo ningún concepto le des café y te acostumbraras. Por cierto, soy Rose Hale-Cullen. Su cuñada. – se presentó una mujer de metro ochenta muy elegantemente vestida y con una melena rubia que le llegaba a media espalda. Era imponente me hacía sentir como si fuese la hermana fea de Frodo Bolsón… si es que eso tenía algún sentido.
- Encantada, yo soy Bella Swan. – contesté con una sonrisa, aunque un poco intimidada por tanta gente nueva de golpe. -
Entré hasta la sala que servía como comedor, el piso era espacioso y grande, aunque no enorme, y decorado con gran gusto. Desde la amplia ventana del comedor se podía ver el puente de Brooklyn y los edificios de Manhattan al fondo. Era realmente precioso. No me podía quejar de las vistas de mi apartamento, pero desde luego no me importaría cambiarlas por las de éste.
Le di las botellas de vino a Jasper y dejé que Alice me enseñase el apartamento. Seguramente a sugerencia de Jasper y Rose redujo la cantidad de palabras por minuto, pero aun así costaba seguirle el ritmo.
Alice era una chica menudita, no mucho más bajita que yo. Vestía con una falda ligera y jersey muy bonitos. Se notaba que tenía estilo, aunque supongo que es normal viniendo de una diseñadora de modas. Su pelo corto y en punta parecía ser complicado de peinar, pero ella lo llevaba con mucho estilo. Era muy simpática, me había caído bien y se notaba que le encantaba conocer gente. Hacía muy buena pareja con Jasper.
- Sabes Bella, realmente tenía muchas ganas de conocerte. Jasper habla mucho de ti y papá también. Mamá lamenta perderse esta cena y conocerte, pero los días con Olivia son algo así como sagrados para ellos… en serio creo que nacieron para ser abuelos. – comentó con el tono risueño que daba la sensación de no perder nunca. -
- Yo también tenía muchas ganas de conoceros. Si no he aceptado las invitaciones de Jasper antes es porque hemos estado llenos de trabajo y acababa agotada.
- Lo entiendo de veras, no te preocupes. Además, estoy segura que vamos a ser grandes amigas. Sabes, a veces creo que veo el futuro – me comentó en tono cómplice-
- ¿Así? – contesté riéndome – y ¿qué ves? Sabes no me importaría saber el número de la lotería de esta semana…
- Mis hermanos también se reían de mí, pero ahora son incapaces de apostar en mi contra – contraatacó apuntando con un dedo a su cabeza- Y con respecto a ti, veo que seremos grandes amigas. Te lo aseguro. – me guiño el ojo. -
- Oh si es así no tengo nada en contra.
Seguimos hasta la cocina y allí estaban dos hombres mirando con interés el horno.
- ¡De verdad chicos, parad! Ya os he dicho que no se me ha quemado, que no os voy a envenenar y ¡que lo que hay en el horno no está vivo! – explotó Alice desesperada. Sospechaba que todos tenían miedo de sus dotes, no solo su prometido. -
- ¡Oh eres tú! – chilló un hombre altísimo mientras me señalaba. Por todos los comentarios de Carlise sobre sus hijos acababa de descubrir a Emmet. Alto. Muy alto. Musculoso y moreno igual que Alice. Como llevaba el pelo corto no volaba cada punta para un lado, pero sospechaba que si se lo dejara crecer le pasaría lo mismo que a su hermana. -
- ¿Soy yo? – Contesté confundida. Sin darme cuenta me vi envuelta en sus brazos con los pies colgando y posiblemente a punto de morir por falta de aire. Esta familia tenía un problema con la belleza y con los abrazos. No se pueden ser todos tan guapos, estaba segura que hacían casting para formar parte. Lo de los abrazos…. Para eso tampoco tengo explicación.
- Si no la sueltas la ahogaras. Entre tú y Alice os cargareis a medio Nueva York esta noche – le recrimino cariñosamente su mujer mientras aprovechaba para burlase cariñosamente de su cuñada. –
- ¡En serio no sé cómo os tengo que decir que no va a morir nadie! No me he saltado ningún punto de las instrucciones – recrimino Alice acompañando su queja de un pequeño mohín y patada al suelo. -
- Receta. Se llama receta, no instrucciones- la corrigió Emmet mientras soltaba una risotada –
- Lo que sea. No vais a morir, así que dejad tranquila a Bella.
- Por cierto, Bella – interrumpió Jasper intentando poner paz entre los hermanos- este es Mike un compañero de colegio de Edward y mío.
- Encantada Mike – Mike era un chico de altura media, un tanto desgarbado. Se veía un poco tímido, pero bueno yo no era nadie para juzgarle en este caso-
- Igualmente, Bella.
- Basta de cháchara y vamos a cenar. Me muero de ganas de que probéis lo que he hecho. – rebatió Alice impaciente. -
Seguí a los demás hasta la mesa, y me senté al lado de Mike. Delante nuestro estaban Rose y Emmet y en cada una de las cabezas de la mesa Alice y Jasper. Éste último ayudó a novia a traer la comida que faltaba mientras que Emmet servía el vino.
A simple vista tenía buena pinta y olía realmente bien. Y si mis conocimientos culinarios no fallaban era pollo con ciertas hierbas aromáticas acompañado de patatas y varias verduras. Simple pero efectivo, desde luego. Levante la vista de la comida y todos tenían caras asustadas. No entendía el drama, seguramente habría algún episodio traumático detrás de la fama de Alice.
- ¿No bendecimos la mesa? – preguntó Emmet-
- ¿Desde cuándo lo hacemos? – contestó Alice –
- Bueno, puesto que puede ser nuestra última…. – contestó Emmet pero antes de que pudiese acabar la frase Alice le tiró su servilleta a la cabeza-
- ¡OH cállate Emmet! Nadie va a morir. N.A.D.I.E – deletreó Alice enfadada con su hermano. -
Intentando poner un poco de paz y apiadándome de la pobre Alice intervine.
- Bueno yo me ofrezco voluntaria para probar la primera si queréis. Realmente tiene muy buena pinta y huele muy bien. – contesté algo tímida cuando me di cuenta que había 5 pares de ojos mirándome con incredulidad. –
- Veis, tendríais que ser como Bella. Muchas gracias. No me equivocaba cuando te dije que seriamos grandes amigas – respondió Alice con alegría. -
Me serví un poco de comida. Nunca me había sentido más observada en la vida. Creo que ni la propia Alice la tenía todas con ella a la hora de la verdad. Siguiendo todos mis movimientos conseguí coordinarme hasta llevar un trozo de carne a la boca. Mastiqué. Saboreé. Tragué. Y sobreviví. La verdad es que estaba delicioso. Cuando todos vieron que iba a por el siguiente bocado sin pensármelo se sirvieron y comenzó la cena. Alice me agradeció con una sonrisa enorme y susurrándome unas gracias.
Me lo estaba pasando muy bien. A media velada nos dirigimos al sofá para hacer más distendida la charla. Mike aprovechó para hablar conmigo un rato. Realmente no era tan tímido como pensaba. De hecho, era de los típicos chicos que intentaba ligar contigo con frases malas de discoteca. Necesitaba más que un par de copas de vino para soportarlo.
- Así que conoces a Jasper desde crío… - intenté cambiar de tema. Sus intentos de ligoteo me estaban dejando sin escapatoria digna. –
- Sí. Junto con Edward éramos inseparables. Bueno, Jasper y Edward eran inseparables y me adoptaron después que me peleara con mi mejor amigo John Harry Jr. – me explico Mike.-
- Oh qué bien… - realmente no sabía muy bien qué decir. Nunca se me ha dado muy bien estas cosas. Con Sam comenzamos porque él insistió y podríamos decir que me cortejó, pero yo para ligar era más bien torpe. -
- No me extraña que Edward no quiera venir. De adolescentes Alice le preparó la comida en uno de los viajes de Esme y Carlise y confundió ingredientes lo que llevó a Edward a mudarse prácticamente un fin de semana al baño de la intoxicación que pilló – explico entre risas Mike. -
Bueno, aunque fuera en el pasado el hermano menos simpático de la familia tuvo su merecido. En serio, tendría que trabajar esta rabia hacía una persona que ni tan siquiera conocía.
Se estaba haciendo muy tarde así que aproveche que Rose y Emmet salían para despedirme de la pareja anfitriona. Alice me hizo prometer, después de intercambiar los números de teléfono con todos los presentes, que iría a la barbacoa en casa de sus padres el próximo fin de semana. Con esa carita de no haber roto un plato no me pude negar.
