Los personajes son propiedad de S. Meyer. La historia es de una servidora.

Bueno, como podéis ver, las cosas se están poniendo muy calientes para nuestros protagonistas. Espero que mi ansia por actualizar diariamente no me haga perder la cabeza y montarles una mega-orgía en plan todos con todos. ¡Jaja! ¡Es broma!. Pero, en serio, me está costando un montón llevar la trama porque hay que tener en cuenta que Edward ¡lee las mentes! Suerte que no puede leer la de Bella, pero Jasper ha de ser muy habilidoso para mantener sus pensamientos ocultos. ¿Se llegará a enterar alguna vez? Tendremos que esperar para descubrirlo... mientras nos divertiremos sabiendo cómo sofoca Bella las calenturas que le produce Jazz...

Capítulo 4

El flamante BMW rojo se desvió de la autopista para parar a repostar en un área de servicio a pocos kilómetros de la ciudad de Olympia. La lluvia arreciaba en aquel momento y el viento había comenzado a soplar con fuerza. Bella se sentía aliviada de que tuvieran que hacer aquella parada, primero porque necesitaba ir al servicio y segundo porque necesitaba tomar un poco de aire y despejar su mente después de la conversación que había compartido con las chicas Cullen. Caminó apurando el paso hacia los aseos mientras se subía la cremallera de su sudadera y se calzaba la capucha. Se frotó su naricilla roja por el viento frío y se le escapó una sonrisa tonta al recordar de repente al rubio vampiro que aquel fin de semana había conseguido que perdiese la cabeza y casi casi su virginidad. Miró atrás, saludó con la mano a las tres bellezas que esperaban por ella al lado del coche. Suspiró aliviada al saber que su relación personal con Alice no se había deteriorado. La morena vampira había tenido que insistir incluso para que Bella se creyese que lo que había pasado no había sido para tanto. La joven humana se había quedado muy sorprendida acerca de las conductas íntimas de los integrantes de su futura familia, tan desinhibidos que no se lo esperaba. ¡Qué distinto era Edward! Su novio era como un caballero andante de brillante armadura, con unas ideas sobre el amor y la pasión muy de acorde con la época en la que todavía era humano. Esme le había dicho que en parte eso era precisamente lo que lo hacía irresistible. El cobrizo inmortal quería que su parte más humana persistiera en su posterior existencia vampírica para hacer que ella se sintiera lo más cómoda posible a su lado. El pequeño problema era que ambos pertenecían a épocas muy distintas.

Entró en los lavabos de señora y se estremeció al sentir el frío que hacía allí. Se abrazó a sí misma frotándose los brazos para entrar un poco en calor. Pasó mirándose al espejo colgado en la pared y observó que sus pezones despuntaban bajo la ropa. Sonrió y le pareció que lucía sexy y provocativa, incluso con los mechones de su pelo alborotados y sus mejillas encendidas. Sin saber porqué pensó en Jasper y sintió como sus pezones se endurecieron dolorosamente. Apartó avergonzada la mirada de su propio reflejo y entró en uno de los servicios. Se bajó las braguitas y una sensación parecida a un escalofrío le recorrió el cuerpo. Aunque se estaba haciendo pis se aguantó un poco y se tocó. Se sorprendió al notar el calor y la humedad que desprendía su sexo. Gimió levemente mientras pensaba en el rubio vampiro. Pensaba en sus manos acariciando sus pechos. Metió una de sus manos por debajo de la ropa y se acarició por encima del sujetador. Su mano estaba fría en contraste con su pecho cálido, justo como había sentido la piel de Jasper sobre la suya entonces. Eso la hizo recordar más al guapo inmortal. Su sexo se inundó y se abrió como una flor exótica. Rozó levemente la protuberancia entre sus labios hinchados y ahogó un gemido más fuerte. Pensó en el perfecto cuerpo de Jasper, sentado en la cama y ella encima, desnuda sobre sus muslos. Estaba muy mojada y caliente. Inspiró hondo recordando el impresionante bulto que apenas podía mantener dentro de su bóxer de color gris; percibió el olor que provenía de entre sus piernas. Tenía que admitir que le parecía un aroma embriagador, le gustaba. Sabía que en esa zona no podía descuidar la higiene y su madre le había dicho que nunca debía permitir que desprendiera olor; pero le encantaba... y sabía que a Jasper también. Con aquel recuerdo su cuerpo se sobrecogió como si una corriente eléctrica le recorriera pezones y clítoris. Por su mente pasó el momento en el sintió la dureza de su miembro contra sus nalgas. Su único deseo y pensamientos eran agarrar su masculinidad y sentir lo dura y consistente que era. Recordó sus dedos introducirse dentro de ella. Con mano temblorosa se introdujo un dedo y luego otro. Gimió y pensó en él otra vez, y otra, y otra, mientras se daba placer. Angustiada porque no llegaba ni siquiera de cerca a sentir lo que le había hecho sentir él. Jadeó agotada y contuvo la respiración cuando escuchó abrirse la puerta del cuarto de baño. El leve sonido de unos tacones reverberó en la estancia.

-¿Bella?... ¿va todo bien? -Alice llamó con voz preocupada. Se hizo el silencio un momento.

-Sí... sí, Alice, va todo bien -dijo nerviosa intentando disimular su voz agitada, como si le faltase el aire- Enseguida salgo.

Las tres vampiresas ya estaban dentro del coche cuando Bella salió. Corrió hasta el coche y se acomodó detrás. Para su sorpresa, Alice era la que ocupaba ahora el lugar de Esme. Le sonrió con amabilidad mientras le enseñaba un montón de revistas de moda que tenía en su regazo.

-Podemos aprovechar lo que queda de viaje para ir pillando ideas para el Gran Día -el entusiasmo de Alice parecía inquebrantable.

"Gran Día". ¡Sonaba TAN ostentoso! Le costó pensar en ser una blanca, pura e inmaculada novia el día de su boda cuando minutos antes se había estado masturbando en el baño de una gasolinera pensando en el hermano de su prometido. ¡Aaaah, parecía un mal guión para una película porno cutre!. Frotó su enrojecida cara con sus manos y luego miró a Alice componiendo una forzada sonrisa en plan "¡yupi!". Rosalie la miraba por el espejo retrovisor moviendo la cabeza de un lado a otro y poniendo los ojos en blanco. La guapa vampira no podía entender como no podía hacerle más ilusión la celebración de su boda.

El resto del viaje lo pasó mirando más por la ventanilla que a las revistas que le enseñaba su morena amiga. Pensaba que quizás todo aquello pasaría más rápido de lo que creía y que pronto sería una mujer casada. Casada con el ser más maravilloso del mundo; alguien que la colmaría de felicidad y la cuidaría para siempre, por toda la eternidad. Alguien que la cuidaría, y amaría con total delicadeza... alguien que no le arrancaría la ropa y la pondría contra la pared, haciéndola suya con violencia... alguien con el que su vida no correría peligro. ¡Maldita sea!

Las chicas caminaron por la principal calle de Olympia a buen paso, resguardadas de la lluvia bajo sus elegantes paraguas blancos.

-¿Os habéis fijado en el detalle? -Alice sonaba exultante y muy orgullosa- Los paragüas son blancos. ¡En plan boda!

-Eso ya es pasare -murmuró Bella entre dientes.

-Por una vez le tendré que dar la razón a Bella -Rosalie agarraba del brazo a Esme que sonreía divertida- Esto ya es excesivo, incluso para mí.

Entraron en un local muy elegante. Una tienda de moda exclusiva de la ciudad. En cuanto entraron por la puerta una elegante mujer madura las observó y reconoció a Alice. La menuda vampira era una clienta habitual, con muy buen gusto y que además gastaba cuantiosas cantidades de dinero en moda.

Oh, Señora Hale -corrió sobre sus tacones Louboutin con inscrutaciones de cristales de Swarosky. Bella había visto unos zapatos como aquellos en el armario de Alice en una ocasión- ¡La estábamos esperando! Los hemos recibido hoy mismo y espero que sean de su gusto.

Alice le sonrió con ilusión sosteniendo entre sus manos enguantadas las de la emocionada señora.

-Hola Matilde -dijo con su dulce voz- Estoy segura de que así será.

-Bueno, ¿dónde está la futura novia? -dijo pasando su mirada entre las bellas y fabulosas Rosalie y Esme y sin soltar la mano de Alice- ¿Quién es la afortunada futura cuñada de esta genial mujer?

Bella suspiró fastidiada por tener que convertirse en el centro de atención en aquella tienda tan exclusiva en medio de aquellas elegantes y bellas mujeres. Rosalie la agarró por los hombros y la adelantó hacia Matilde. De un tirón le quitó la capucha dejando su alborotada melena al descubierto y su rostro enrojeció como era ya habitual últimamente.

¡Oh! -los labios de la dueña del local formaron un perfecto círculo rojo carmín al ver a Bella- Vaya... ¡qué jovencita eres!... ¡Estarás espectacular! -entrelazó su brazo con el de ella y el otro con el de Alice y las dirigió a los probadores- Bueeenooo... hay mucho trabajo por hacer.

Las otras empleadas se dirigieron a las dos Cullen que quedaban.

-Señora McArthy, Señora Cullen... -una de ellas se acercó con una bandeja con dos copas de champang- ¿desearían que empecemos con la prueba de sus vestidos?