Volvía a caminar sola por la calle, no era tan tarde como el día anterior, pero aún así se sentía un poco nerviosa, aunque había más gente alrededor de ella y nadie parecía sospechoso.

Y en ese momento lo sintió.

No sabía dónde, ni cómo pero estaba segura de que alguien la observaba.

Pero por más que volteaba no veía que nadie se estuviera fijando en ella.

Comenzaba a sentir lo mismo que ayer, desesperación, miedo.

Creía que en cualquier momento le pediría ayuda o algo a la primera persona que viera, aunque realmente no supiera lo que le diría.

Volteo una vez más hacia atrás y luego chocó con alguien.

-¡Ahhh! Perdón, lo siento, yo…¿Sebastian?

Él estaba de nuevo frente a ella, y por un breve momento le pareció ver en sus ojos algo de ¿odio?

-Hola, no esperaba encontrarte- le dijo él, tenía una sonrisa en su rostro y ahora sus ojos se veían amables y hermosos igual que la otra vez.

-Sí, yo tampoco, iba a mi casa y…nada. Me alegra volver a verte.

-¿Estás bien?

-Sí…yo…¿por qué preguntas?

-No, nada. Me pareció que estabas nerviosa.

-Bueno, aún sigo pensando en lo del callejón.

-Tranquila, él ya no volverá a hacerte nada, a nadie.

La manera en la que lo dijo se le hizo un poco extraña, hasta cierto punto parecía como si estuviera enojado con aquel hombre, lo cual era extraño ya que no lo conocía y era muy raro que él se preocupara tanto por ella, pero aún así no pudo negar que le encantaba que él se interesara en ella.

-Sí, gracias…supongo que después de que alguien te persigue no te quedan ganas de volver a hacerlo.

-Ajá.

-Bueno…iba para mi casa, ¿quieres…?

-Lo siento, tengo que ir a otro lugar.

-Sí…claro…de acuerdo…

-Cuídate mucho, nos vemos después.

-Sí.

Ella se quedó parada mientras Sebastian se iba por la dirección de la que ella había llegado, y cuando Ciel miró hacia atrás…otra vez había desaparecido sin dejar rastro.

Suspiró y siguió caminando, había comenzado a anochecer.

Mientras tanto, en otro lado, la luna llena ya estaba llegando a lo alto del cielo que comenzaba a cubrirse de estrellas.

Una casa "abandonada" a las afueras de la cuidad siempre era testigo de cosas que para las demás personas resultarían imposibles de imaginar.

Sebastian entró en esa casa, se subió por las escaleras y caminó hasta llegar a la última habitación del pasillo.

-Adelante, aprovecha que él no está aquí.

-Déjala en paz.

-Vaya, tranquilo Sebastian, cualquiera diría que esa chica te importa. Además, tú fuiste el que lo hizo enojar.

-Dorcell se lo buscó primero. No era la primera vez que lo hacía y no iba a permitir que lo siguiera haciendo.

-Pero era tu familia…hacerle eso y dejarlo en ese callejón, muy mal Sebastian. Ahora él no se va a quedar tranquilo.

-Si alguno de ustedes la vuelve a tocar…

-Yo sólo sigo órdenes, aunque eso no signifique que algunas veces no lo disfrute.- Dijo con una sonrisa de arrogancia en su rostro.

Sebastian no podía perder el control, o por lo menos aún no.

-Escucha Lau, si no se tranquilizan, lo pagaran, y no me importa lo que piensen, ni siquiera él.

Sebastian se dio media vuelta y salió de la habitación, pero a sus espaldas pudo escuchar claramente que Lau lo despidió con un "Nos veremos muy pronto".

Sebastian estaba en lo más alto de un edificio observando el cielo. Sintiendo algo que durante toda su existencia nunca había experimentado, y por lo tanto no estaba seguro de lo que realmente era.

Vio dos estrellas que brillaban con gran intensidad y los ojos de Ciel vinieron a su mente.

No, no podía permitirse el pensar y sentir eso.

Alguien como él no lo tenía permitido. Nunca podría ser feliz de esa manera.

Por la ventana abierta entraba la luz de la luna la cual hacia que los ojos de Ciel brillaran de una hermosa manera.

Esos ojos llenos de intriga, esos ojos que podían decir más que mil palabras.

Cerró los ojos y dejó que la luz de la luna llena cayera sobre ella.

"Nos vemos después", eso había dicho él, pero ¿ella realmente quería que pasara eso? Probablemente sí.

Suspiró y cerró la ventana, en ese día había suspirado mucho por culpa de Sebastian.