Inuyasha y sus personajes son propiedad de la talentosa Rumiko Takashashi Sensei.
Yo solo los uso para cumplir mis mas alocadas fantasías.
Capitulo 3:
Recreo
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—Oh, Ayumi, ¡Es maravilloso! —exclamo Yuka juntando las palmas de sus manos con una expresión soñadora en el rostro.
—No puedo creer que por fin te lo haya pedido — dijo Eri igualmente encantada.
Ayumi miro una vez mas la brillante piedrecilla que adornaba majestuosamente su dedo anular. La luz del sol de primavera jugueteaba y se fragmentaba en miles de pequeños destellos.
—Fue tan romántico.—suspiro ella.
—Ya era hora que lo hiciera. Tenerla siete años esperando no fue muy educado señorita Ayumi —comento muy serio el pequeño Miroku asintiendo con la cabeza.
Los niños correteaban ruidosos por el patio disfrutando de su recreo. A lo lejos se veía un grupo en una nada amigable guerrilla de tierra. Otro par competía por quien llegaba mas arriba de un alto y poco seguro árbol. Aunque nada de eso parecía importarle al trio de maestras y al niño que estaba con ellas.
—Miroku tiene razón —concordó Yuka— siete años es mucho tiempo.
—De haber sido yo, Señorita Ayumi, no habría sido capaz de esperar un solo mes sin habérselo propuesto — afirmó Miroku con toda seguridad.
—Eres tan dulce, Miroku — la profesora Ayumi no pudo evitar soltar una risillas avergonzada.
—Es mucho mas educado y atento que cualquier hombre con el que haya salido — dijo Yuka.
—Si tan solo Miroku tuviera unos 15 años mas... — dijo Eri soltando un dramático suspiro.
—Mi abuelito dice que para el amor no hay edad — los ojos azules del niño brillaron con intensidad.
—Sin duda tu esposa será muy afortunada, Miroku — agrego Yuka divertida.
— Yo solo espero que sea tan hermosa como mis profesoras.
Las voz del niño sonó tan sincera que las jóvenes maestras se sonrojaron halagadas.
— Ah, ¿Pero que cosas dice este niño? — Ayumi se llevo las manos a sus mejillas ruborizadas.
Sango llevaba observando la escena desde hace largo rato con mirada turbia. Cosa difícil de hacer cuando estas jugando a las quemadas, pero ella tenia buenos reflejos y esquivaba la pelota con facilidad a pesar de tener la mirada puesta en otro lugar.
—Dinos Miroku, ¿Hay alguna niña de la clase que te guste? —pregunto Eri en tono chismoso.
—Ahm… —el niño se llevo un dedo a su barbilla considerándolo— las niñas del salón son lindas, pero… prefiero a las chicas mayores —concluyo con una galante sonrisa en su rostro infantil.
Las maestras soltaron un corto gritito cuando una rápida pelota se estrello con la cabeza de Miroku, botándolo al piso.
—¡Miroku!, ¿Estas bien? — exclamo Yuka arrodillándose a su lado.
El niño se removió débil y se llevo una mano a la nuca. Una expresión de dolor surco su rostro.
—Oh, pobrecito — dijo Ayumi apenada tomando al niño en sus brazos y acurrucándolo cerca de su pecho.
—No te preocupes, te llevaremos a la enfermería, estarás bien. —arrullo Eri con voz dulce acariciando los lisos y negros cabellos del niño.
Sango observo desde lejos a las tres maestras llenando a Miroku en mimos mientras lo llevaban a la enfermería. El niño parecía de lo mas feliz.
—No la lance tan fuerte. —mascullo la niña, molesta. — Idiota.
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Otro cortito.
Imagino a Miroku siendo coqueto desde siempre. Ser el Miroku adulto requiere años de práctica.
Gracias por leer!
