4. Vientos de tormenta…

Ron estaba impresionado y sorprendido. Harry estaba comportándose de una manera que lo tenía completamente desconcertado. La semana pasada se había presentado en su oficina, cuando nunca lo hacía, para darle consejos sentimentales, ahora se daba el tiempo para hacer cosas que antes no simplemente estaban prohibidas, como salir a tomar una copa a un bar a mitad de semana con Oliver y él. Se lo ofreció a manera de broma, pero Harry lo sorprendió diciéndole que sería agradable tomar un poco de aire y distraerse del trabajo por un rato. ¿Qué demonios estaba pasando con el frío hombre de negocios?. Tenía que averiguar que estaba pasando y la mejor manera de saberlo era preguntándole directamente a su amigo. Por eso ahora estaba en su oficina, con los brazos cruzados y esperando una respuesta.

Por otra parte Harry miraba a su amigo con una mezcla de asombro y preocupación. ¿Por qué Ron estaba irrumpiendo en su oficina y exigiéndole explicaciones de algo que aún no lograba entender?. Era cierto que en los últimos días había cambiado un poco su actitud, estaba de mejor humor y ya no trataba al resto de las personas como si fueran simples pelagatos, pero suponía que era un buen cambio y no un motivo para que Ron le exigiera explicaciones aludiendo que estaba preocupado por su salud mental. Sonrió, el cambio se debía en gran parte a la conversación que había tenido con Hermione cuando la llevó al hotel. Desde ese momento se puso a reflexionar en su manera de ser y se dio cuenta de la imagen que tenía. No quería seguir con eso. ¿Qué lograría sino que los demás le miraran con miedo?.

- Y bien… estoy esperando. – dijo Ron aún cruzado de brazos y mirándolo fijamente.

- No tengo nada que decirte Ron – contestó. – Tengo mucho trabajo ¿podríamos hablar después?... pero de algo importante y no de mi ánimo…

- Me preocupas hermano… estás muy raro. – dijo su amigo. – Es como en esas películas de gemelos donde el bueno suplanta al malo….

-Estás exagerando… simplemente estoy de buen humor, eso no es tan extraño.

- No es extraño… siempre estás de buen humor cuando no estás en la oficina… o cuando no estás hablando de negocios… - dijo. – Tienes dos personalidades…. La buena que se muestra solo con nosotros… y la mala, que se deja ver el resto del tiempo. Ahora… al parecer, la buena a decidido quedarse a tiempo completo…

- Insisto… Ron. Estás exagerando. – sonrió Harry. - ¿Prefieres que sea un ogro malhumorado a tiempo completo, entonces?.

- Yo prefiero esta versión 2.0 – dijo una voz femenina desde la puerta. Ambos hombres se volvieron para ver a Luna apoyada sobre la puerta con una sonrisa en los labios. – Y debo agradecer a la chica que hizo el milagro…

- ¿Una…. Chica? – preguntó Ron, confuso.

Harry se ruborizó y miró a su amiga con el ceño fruncido. Luna era una de sus mejores amigas y la quería como a una hermana, pero a veces era demasiado directa e indiscreta.

- ¿Estás actuando tan extraño… por culpa de una mujer? – preguntó Ron al tiempo que una enorme sonrisa se apoderaba de su rostro.

- Claro que no… - se defendió. – Solamente me di cuenta de que no quiero vivir de mal humor todo el tiempo… además, he notado que en esta empresa todos parecen tenerme miedo y no es una sensación agradable sentir como la gente tiembla cuando entras a alguna parte. Y no solo en la oficina…

Y era cierto. Se había dado el tiempo de observar las reacciones de los demás cuando entraba a alguna habitación, todo el mundo parecía quedarse callado y la mayoría de las personas lo trataba con un respeto que rayaba en lo exagerado. ¿Cuánto tiempo llevaba la gente comportándose así con él… o él mismo con el resto de la gente?.

- Pues me alegra mucho que hayas decidido darle un giro positivo a tu vida. – dijo Luna sonriéndole.

Harry le sonrió de igual manera. - ¿Qué te trae por aquí?, porque supongo que no viniste solo a felicitarme por mi repentino cambio de actitud…. ¿es que también has venido a interrogarme con Ron?.

- Claro que no… sabes perfectamente que soy mucho más sutil que el troglodita de mi novio. – dijo riendo.

- ¡Hey!... que estoy presente. – se quejó el pelirrojo. -

Luna rió y se acercó para darle un sonoro beso en la mejilla. – He venido a invitarlos a ambos a comer. – preguntó.

Inmediatamente Ron se puso pálido. Hace exactamente una semana su novia había echo otra cena familiar y las cosas habían resultado en un escándalo de proporciones que incluían una persecución del padre de Luna hacia su persona. Harry sonrió al recordar la escena. Había resultado muy divertido ver a Ron correr por su vida. Como había deseado que Draco estuviera allí para que lo acompañara en las burlas. ¿Pero es que a quien se le ocurría invitar a todos sus amigos y a toda la familia para anunciar públicamente que estaba embaraza sin decírselo al padre antes?, aún tenía grabada la cara de su amigo al escuchar de labios de su adorada novia que iba a ser padre. Lo que ocurrió después fue un circo. Ron desmayado, Ron corriendo por su vida mientras su suegro lo perseguía por toda la calle junto con la señora Weasley, la madre de Ron, que no podía concebir que sería abuela. Y los hermanos de Ron haciendo apuestas sobre si su pobre hermano sobreviviría si lo atrapaban.

- ¿Qué es ahora? – preguntó Ron asustado. Luna rió otra vez. – Dime que no vas a decir que tendremos gemelos… Luna… por favor.

- Si Luna… dile que serán gemelos. – la alentó Harry. Ron lo fulminó con la mirada.

- Nada de eso… no hay bebés ni anuncios de boda en esta cena – dijo para tranquilizar a su novio. – Pero al parecer han olvidado que el matrimonio feliz vuelve esta noche de su luna de miel… y quiero darles una cena de bienvenida.

Era cierto, pensó Harry. Draco lo había llamado la noche pasada para decirle que habían adelantado su regreso en dos semanas porque Ginny no se estaba sintiendo muy bien y no tenía que ser adivino para saber que las nauseas matutinas y los constantes mareos eran sinónimos de embarazo. Se alegraba por su amigo, el sueño de Draco era tener un hijo y estaba seguro de que pronto se haría realidad. Rió mentalmente al imaginarse la cara que pondría Ron cuando se enterara. Luna y Ginny, ambas embarazadas al mismo tiempo.

Una punzada de celos lo invadió de pronto. Sus amigos estaban felices, enamorados, Ron sería padre y si sus sospechas eran ciertas Draco también. Y aunque él aún era joven no dejaba de pensar que también quería algo así. Una mujer que lo amara y lo amara… tener hijos. Sonrió ante la ironía de sus pensamientos. Hace unas cuantas semanas el sólo pensamiento lo haría estremecer… Ahora era todo diferente. Inmediatamente a su cabeza vino la imagen de Hermione. Era ella la responsable de todos esos cambios en él. Se preguntó si aquella mujer estaba escalando demasiado rápido la muralla que había erguido alrededor de sus sentimientos. Y también notó, de pronto, que no la había visto todo lo que quería verla.

Luna miró a su amigo con curiosidad. Harry estaba realmente diferente. Sonrió, tenía que conocer a la mujer que lo estaba cambiando de aquella manera. Ginny y Lily se pondrían felices cuando les contara que el duro témpano de hielo se estaba derritiendo por una chica.

*

Hermione suspiró cansada. Había estado corriendo de un lado para otro por culpa de la mudanza, el arreglo de su nuevo departamento y los problemas de su amiga Ginger. Miró a su alrededor, el departamento estaba quedando muy bonito, se dijo con satisfacción, las paredes blancas armonizaban gratamente con el sofá y la alfombra. No eran muebles elegantes, pero si que eran acogedores. Se sentó delante de unas cajas de cartón y comenzó a desenvolver la bajilla que su madre le había enviado. Como echaba de menos a sus padres, se había mudado hace poco más de una semana y ya los extrañaba terriblemente, los desayunos de su madre, las cenas acompañada de ambos.

También pensó en Ginger, ese otro de sus problemas. Su amiga la llamaba todas las noches, desecha en lágrimas para decirle que lo estaba pasando horrible, que Alex seguía sin querer saber nada de ella y el bebé y que sus padres la ignoraban. ¡Cómo si fuera la peste! le dijo en una ocasión. No le habían quitado la ayuda económica, pero se negaban a hablar con ella o a recibirla en su casa. Se sentía realmente mal por su amiga, Ginger estaba sufriendo mucho.

Se preguntó que haría ella en el lugar de su amiga. Seguramente tendría el apoyo de sus padres, pero de todas maneras eran jóvenes para tener hijos y Ginger ni siquiera había terminado de estudiar o tenía un trabajo estable. Gracias a Dios que sus padres seguían sin quitarle el dinero. Gracias a eso Ginger aún vivía en un hotel, en una habitación lujosa y no se preocupaba de trabajar. Había decidido tener a su bebé y eso para Hermione era un alivio.

El abrupto sonido de unos golpes en la puerta la hicieron volver a la realidad. Dejó el plato que acababa de desenvolver en el piso y fue a abrir. Era el repartir que traía su pizza. Pagó y se fue a la desordenada cocina. Ni siquiera estaba comiendo bien.

- El precio a pagar por la independencia. – murmuró.

Mientras comía un trozo su mente vagó desde su amiga y sus padres a la oficina y los líos que tenía en el trabajo. Oliver Wood seguía insistiendo en llevarla a cenar y a ella se le estaban acabando las excusas para negarse. Quizás sería bueno decirle, en tono amable, que desistiera porque no quería ningún tipo de relación extralaboral con él, tal vez debería darle un pequeño empujón en la dirección correcta y decirle que invitara a Katie. Suspiró, ese era otro problema. Desde que Oliver comenzó su cortejo Katie le hacía la vida de cuadritos. No la culpaba del todo, después de todo estaba enamorada de Wood, pero no por eso dejaba de considerar injusto el modo en que la trataba. Angelina y Alicia trataban de calmar los ánimos. Hasta Ron, su jefe, se había dado cuenta del tenso ambiente que se formaba cada vez que estaban Katie, Oliver y ella en la misma oficina. Pero le había dicho en todos los tonos posibles a Katie que ella no quería nada con Olvier, que no le interesaban las relaciones amorosas…. Y eso la llevaba directamente a su último, y quizás el más grande de sus problemas.

En el que no quisiera tener relaciones amorosas con nadie no detenía las sensaciones que experimentaba cada vez que veía a Harry Potter en los pasillos. Además aquel hombre estaba experimentando un cambio y eso no hacía más que acentuar su interés. Deseo nunca haber abierto la boca aquella vez que la llevó a ver su trabajo al hotel, tal vez si no le hubiera dicho nada él seguiría siendo el mismo tipo duro y frío de siempre y a ella le daría igual. Pero Harry estaba siendo amable, sonreía cada vez que la veía… y esa sonrisa la estaba volviendo loca. Cada vez que aquel hombre la miraba a los ojos y le sonreía de aquella manera sentía la sangre hervirle en las venas y el corazón latir a gran velocidad.

Cerró los ojos con fuerza. Estaba comenzando a sentir cosas por su jefe… que no debía sentir. ¿Qué rayos iba a hacer?.

A la mañana siguiente cuando entró en la oficina gimió por lo bajo, la única que estaba en la oficina era Katie, quien al verla entrar la fulminó con la mirada.

- Buenos días. – murmuró dejando su abrigo en el perchero y caminando a su escritorio. Katie ni siquiera se volvió a verla. Hermione suspiró, aquello era tan infantil y absurdo, debía terminar con aquello de una buena vez. – Katie…. Escucha… sé que estás molesta conmigo, pero debes entender que no tengo ningún interés en Oliver. Es él quien no parece entender que no me gusta… ¿Quieres por favor voltear a verme mientras te hablo? Me siento como si hablara con una pared.

- No tengo intenciones de hablar contigo Granger. – dijo Katie con desdén. – Y poco me importa lo que sientas o dejes de sentir por Oliver.

- ¿Entonces que rayos te pasa conmigo? – preguntó poniéndose de pie. Tenía unas inmensas de echarse a llorar. – Cuando te hablo me escupes veneno… cuando me miras es como si quisieras matarme… y sé que todo eso tiene que ver con que Oliver no me deja en paz.

- Y tu no haces nada para evitarlo ¿no es cierto? – dijo Katie volteándose al fin y mirándola a los ojos. – Escúchame…

- Buenos días, señoritas. – interrumpió la voz de Oliver desde la puerta, ambas se voltearon. Lo único que faltaba, pensó Hermione. – Hermione, necesito que vengas a mi oficina… tenemos que afinar algunos detalles sobre el las terminaciones del hotel.

La aludida se puso de pie a regañadientes, lo último que necesitaba era quedarse a solas con Oliver. El hombre le caía bien, incluso lo estaba considerando un gran amigo, pero sabía perfectamente que las intenciones de él no eran precisamente de amistad. Mientras salía de la oficina sintió la mirada de Katie clavada en su espalda. ¿Cómo iba a terminar aquello?, pensó angustiada.

*

Harry miró a su alrededor, de pronto aquella fiesta le estaba resultando terriblemente aburrida. Se preguntó porque antes no había notado lo superficial de aquel mundo.

- Pareces un poco aburrido – dijo la voz de una mujer a sus espaldas. Harry se volvió y se encontró con una bella morena de rasgos orientales y curvas despampanantes. – Ha pasado mucho tiempo… Harry Potter.

- Pero tú sigues exactamente igual – dijo en tono galante.

Cho Chang volvió a sonreírle con coquetería. Harry le devolvió la sonrisa. Era una mujer muy bella, modelo profesional y exitosa mujer de negocios. Y además… había sido su amante hace no mucho tiempo. La última, pensó. Y estaba seguro, por la manera en que lo estaba mirando que Cho quería volver a estar con él.

- ¿Qué te parece si nos escapamos de esta fiesta tan aburrida? – preguntó Cho con tono insinuante. – Necesito un poco de aire fresco.

*

Lily Potter miró a Luna con una sonrisa radiante cuando esta terminó de contarle las buenas nuevas sobre su hijo. Así que Harry estaba experimentando cambios respecto a esa odiosa actitud… y si Luna no se equivocaba en sus presentimientos (cosa que nunca hacía) todo era debido una mujer.

- Que alegría… Harry enamorado. – comentó ilusionada.

- No cantemos victoria aún Lily. – dijo Luna sonriéndole. – Es solo una corazonada.

- Y por supuesto no tienes ninguna noción de quien puede ser la dama en cuestión ¿o sí? – preguntó la mujer.

- Estoy trabajando en eso… hasta ahora he sacado una única conclusión. – dijo. – Debe ser alguna chica de la empresa.

Lily la miró extrañada. - ¿Lo crees?... ¿podría ser la odiosa de su secretaría?. – preguntó.

Luna rió. A ella tampoco le caía bien Susan. – No lo creo… Susan lleva años enamorada de Harry, y él lo sabe… hubiera cambiado mucho antes. Pero como dije… estoy investigando. Te diré cuando tenga a alguna candidata en mente.

Lily asintió, fascinada con la idea de tener una nuera. Harry solía decir que nunca se casaría, que el matrimonio, los hijos… no eran lo suyo. Y ella se moría por organizar la boda de su único hijo. También había tenido sus sospechas sobre el cambio de actitud de Harry en las últimas semanas, James y Sirius solían burlarse de él por el cambio.

Justo en ese momento la puerta principal se abrió. Lily y Luna se levantaron al ver que se trataba de Harry. Venía vestido con un traje elegante, seguramente de alguna fiesta. Traía cara de cansancio.

- Buenas noches… - saludó reprimiendo un bostezo. -

- Hola hijo… - saludó Lily besándole la mejilla cuando estuvo a su lado. - ¿qué haces tan temprano de regreso?.

- La fiesta estaba muy aburrida… - dijo Harry.

Luna iba a decir algo, pero las palabras murieron en sus labios cuando vio entrar a otra figura por la puerta. Sus ojos se abrieron por la sorpresa, Lily también estaba sorprendida. Harry por otro lado se sentía, de pronto incómodo.

- Buenas noches – saludó Cho con una sonrisa.

- Buenas… noches. – dijo Lily contrariada.

- Es un gusto volver a verla, señora Potter. – dijo la chica. – Oh, Luna… cuando tiempo.

Harry suspiró. No quería llevarla a casa, pero tampoco tenía intenciones de ir con ella a su departamento. Había tratado, desde que salieron de la fiesta, de librarse de ella e irse a dormir, pero al parecer Cho no sabía de indirectas, porque no se dio por aludida ni una sola vez ante sus sutiles intentos de llevarla al hotel donde se alojaba y ante ese panorama sólo tenía dos opciones, llevarla a algún bar y tratar de que entendiera que no pasaría la noche con ella o llevarla a su casa, donde seguramente su madre serviría como un escudo contra sus intentos de seducirlo. Era un cobarde, lo sabía, y seguramente sus amigos y hasta su padre se burlarían de él, ¿pero que otra alternativa tenía?, no quería nada con aquella mujer, por muy atractiva que resultara. Cho era el pasado… nada más. Miró de nuevo a su madre, que parecía realmente contrariada por la sorpresiva visita, se encogió de hombros y la miró a los ojos, ella asintió, siempre había sabido como comunicarse con su madre sin palabras. En ese momento Harry necesitaba de Lily, y ella, claro está, no iba a dejarlo solo.

- ¿Porqué no pasamos a la sala? – preguntó. Cho miró a Harry de reojo, pero este la ignoró pretendiendo que veía su reloj. – Acabamos de cenar hace un rato… pero si quieren puedo pedirle a Iris que les prepare algo.

- Yo no tengo hambre, mamá.

- Y yo debo conservar la línea Lily – bromeó Cho. Luna rodó los ojos. – Ya sabes lo que dicen de las mujeres que están demasiado gordas….

- Yo estaré gorda dentro de algunos meses – comentó Luna entonces sonriendo son ilusión. – Y a Ron le encanta la idea…

Cho frunció el ceño al ver como Harry reía ante el comentario de Luna. Aquella mujer no le caía nada bien, y no tenía precisamente en mente una reunión familiar cuando le pidió a Harry irse de la fiesta. Había sido una suerte encontrarlo allí, seguía tan guapo como siempre y sabía que no se negaría a una noche en su compañía. Pero el muy tonto lo había echo, no una sino todas las veces en que se le insinuó en lo que iba de la noche. Pero había tenido esperanzas de que la llevara a su departamento cuando se subieron al coche. Fue una desagradable sorpresa encontrarse frente a la imponente casa de sus padres. ¿Qué pensaba?, había vuelto con las ideas claras, quería a Harry Potter de vuelta en su vida… y no iba a descansar hasta tenerlo a su lado de nuevo. Hace 5 meses había cometido un error al separase de él, pero era lo suficientemente inteligente para saber que con él tenía un futuro prometedor. Harry era guapo y rico… ¿qué más podía pedir?.

Continuará.