Disclaimers: Descendientes no me pertenece sino a Disney, sólo uso los personajes para este fanfic, escrito por diversión y sin esperar una paga más allá de los reviews y las lecturas que ustedes me dan. Si notan algún parecido con la película, es porque es una versión propia de los eventos de esta, en la que incluyo OC de mi creación.

Vidas Descendientes

Capitulo 4: Poción de Amor

Era el día del gran juego de Tourney contra los Halcones del Bosque de Sherwood, y la verdad Ben estaba pensando en hacer la primera malicia en toda su vida y hacerse el enfermo para faltar al juego, pues durante la noche se la había pasado gran parte pensando en lo ocurrido con Carlos, y la verdad no estaba seguro de cómo iba a enfrentar al pequeño villano luego de eso.

El príncipe de Auradon era consciente que había sentido una corriente eléctrica en su espina que nunca había sentido cuando estaba con Audrey, una que lo hacía sentir verdaderamente bien y sabía que Carlos también había sentido esa sensación; Lo que no sabía, y le preocupaba pensar, era qué hubiera pasado si Chico no les hubiera ladrado para llamar su atención.

Sabiendo que no podía, y la verdad ni quería, escapar para siempre de Carlos, y que de hecho tenía un compromiso con el equipo como co-capitán, el de pelo color miel no tuvo más elección que levantarse de la cama y arreglarse para su día, que incluía el gran partido.

Por otra parte, Carlos se levantaba de un sueño que lejos de ser reparador lo había dejado con más preguntas que con las que se fue a dormir. Sabía que había corrido un gran riesgo lo que había ocurrido con Ben, pero no pudo evitarlo, y en el fondo de su corazón agradecía a Chico por la oportunidad que tuvo con el joven príncipe.

Un secreto que nadie sabía, ni siquiera sus compañeros, era que el joven De Vil sentía una gran admiración por el príncipe Ben, desde que lo vio por primera vez en televisión cuatro años atrás, cuando vio por televisión la primera aparición formal ante los medios del heredero de Auradon, que fue precisamente la cobertura de su doceavo cumpleaños. Y cabía decir que salía bastante guapo.

Desde ese día, Carlos seguía de cerca al joven príncipe, de hecho siempre procuraba ver todas las apariciones en televisión del chico de pelo miel, ya fuera en su casa, aprovechando de que su madre no se hallaba en casa, o en su casa del árbol abrazando a su querida Belcebú mientras escapaba de su progenitora. No es que estuviera obsesionado con Ben de manera insana y perturbadora, sólo que admiraba lo amable que era y el gran corazón que tenía el joven, y en el fondo siempre deseó conocerlo en persona.

Pero una cosa era conocerlo en persona y otra muy distinta haber estado a punto de besarlo, como el de pelo blanco y negro sabía que había estado a punto de pasar, de no haber ladrado Chico. Ahora Carlos estaba nervioso de qué estaría pensando el príncipe sobre lo ocurrido. El ladrido del pequeño can llamó su atención, y Carlos sonrió con ternura mientras acariciaba al animalito. Apenas hace tres días le daba terror estar cerca de un perro, y ahora hasta tenía pensado pedirle a Evie que le confeccionara accesorios a Chico que combinaran con los trajes que su casi hermana le había prometido hacerle.

-"¿Quién diría que estaría acariciando un perro viviendo en Auradon?"-pensó el jovencito mientras rascaba el mentón del perrito.

-Bien, ya estás despierto-dijo Jay, quien salía del baño ya vestido-¿listo para el súbito cambio de pareja de Ben?-preguntó malicioso. Eso tomó al pecoso por sorpresa.

-¿Qué?-preguntó el menor ligeramente sorprendido.

-La poción de amor, ¿recuerdas? ¿La noche anterior?-preguntó, como si pensara que el De Vil tuviera amnesia selectiva.

-Ah, sí, perdona, ando medio distraído por lo del juego de Tourney-se excusó el menor.

-Y eso que seremos Marguerite y yo los que vamos a jugar-señaló el chico árabe divertido-como sea, sólo será que Ben se enamore de Mal, ella robe la varita y listo, los villanos tendrán su final feliz-declaró el ladrón emocionado.

No era que a Carlos lo hiciera sentir muy feliz la idea de hacerle semejante crueldad a Ben, incluso para ellos que eran villanos en entrenamiento era demasiado cruel, pero Jay tenía razón, debía centrarse en el plan, conseguir la varita del Hada Madrina y liberar a sus padres del encierro, era todo lo que importaba al final. Malos de Corazón, ¿Verdad?

Oscar por su parte salía de su baño, vestido con una camiseta de cuello largo color negro, gris y verde en su ya titular patrón de costura, jeans negros con cinturón café, su gorro tejido, guantes de cuero sin dedos, tenis color pergamino y una chamarra color pergamino, gris y marrón, también siguiendo ese patrón característico del Joven Boogie.

-Oye-dijo una voz a sus espaldas, espantándolo, y al voltearse se halló con su compañero de cuarto, Jackson Skellington, quien se terminaba de poner una camiseta negra de manga corta, lo que le permitió a Oscar apreciar la piel pálida con varias costuras del hijo del enemigo de su padre, lo que evidenciaba que Jackson, para fines prácticos, era como su madre, Sally.

-Por el diablo, Skellington, ponte un cascabel-declaró el Hijo de la Sombra que Inspira Horror, queriendo calmarse del espanto sufrido.

-Perdona, viejo, no quise asustarte-declaró el platinado, levantando su manos en supuesta señal de rendición-oye, Oscar, me preguntaba, ¿por qué siempre te vistes en el baño? Ambos somos chicos, dudo que tengamos algo que el otro no tenga, bueno, salvo lo obvio-señaló, haciendo hincapié en las costuras de sus brazos, visibles gracias a las mangas cortas de su camiseta.

-Ni te imaginas-pensó Oscar con amargura-pues para que sepas, no es tu asunto, flacucho-declaró con desprecio el isleño, diciendo el apodo incluso del mismo modo en que su padre lo había usado contra el Rey Calabaza, deteniéndose unos minutos en su camino hacia la salida-oye, Skellington-le dijo de pronto a su compañero.

-¿Si dime, Oscar?-preguntó Jackson con interés.

-¿No te incomoda andar con los brazos descubiertos? Digo, se nota que no eres tan…-Oscar no supo como terminar la oración.

-¿Perfecto como el resto de los de Auradon?-terminó el rubio platinado-soy de la Ciudad de Halloween, ellos ya saben que lo último que me interesa es ser "perfecto", además, ocultar mis costuras sería afirmar que me avergüenza ser como mi mamá-explicó el Príncipe Calabaza.

-Entiendo-fue todo lo que dijo Oscar antes de seguir su camino y salir de la habitación, bajo la mirada fija de su compañero de cuarto.

Una vez fuera, y aprovechando que al parecer no había nadie, Oscar pasó su mano por su torso por sobre la tela de la camiseta, pero de forma que siguió un rastro al parecer especifico desde su hombro izquierdo y por su torso hasta su cintura, antes de suspirar y ponerse en camino hacia el campus.

Delphine, ataviada con una camisa a botones de manga corta color syrah (N/a: un tipo de vino, un poco más oscuro que el color vino tradicional), chaleco y jeans negros, y zapatos de tacón bajo color burdeos, además de su gargantilla al cuello y sus brazaletes y pulseras en sus brazos, llevaba las galletas que habían horneado la noche anterior y habían dejado reposando en la cocina.

Se había asegurado de, en contra de sus principios como villana, levantarse temprano para asegurarse de recogerlas sin arriesgarse a que nadie tomara siquiera una; ya se imaginaba que a Mal no le interesaba tanto la idea de fingir amar al principito, Delphine no estaba segura que a su amiga le hiciera mucha gracia tener a alguien más que a Ben enamorado de ella. De milagro había evitado que algunos chicos que se habían topado en el camino tomaran de las galletas.

Y hablando del diablo, la hija del Hombre Sombra sonrió al ver a su amiga de cabello morado, caminando junto a Evie, y cabía decir que las dos chicas se encontraban usando atuendos sencillamente de miedo. Estaba segura que Evie había cosido ambos atuendos.

-Hablando del demonio-declaró la chica Facilier, llamando la atención de sus amigas-justamente te buscaba, Mal, aquí tengo las galletas para Ben-anunció, ofreciéndole a la Hija del Dragón el platón de galletas, tapadas con una tela suave.

-¿Crees que funcione?-preguntó Evie, levantando la tela para revisar las galletas que ocultaban.

-Es la receta de mi madre, así que seguramente funcionará, sólo una galleta y Ben enloquecerá de amor por mí-declaró Mal no sin algo de arrogancia. Delphine aguantó las ganas de rodar los ojos ante la declaración de la pelimorada.

-Bueno, tendremos que darnos prisa, creo que hay que alcanzar a Ben antes de que vaya al campo de Tourney, mientras más rápido hagamos a Ben enamorarse de ti, más rápido conseguiremos la varita-sentenció la chica negra.

-Sí, tienes razón-declararon las otras dos chicas con una sonrisa malévola.

Corey por su parte paseaba por los pasillos en camino para reunirse con el grupo. Ese día se había peinado su cabello en una coleta baja, e iba vestido con una camiseta blanca con mangas rojas, con una rosa hecha a partir de manchas de pintura en el pecho, jeans negros y tenis rojos con blanco, además de sus guantes de red, su sortija de rosa y su corona.

Otro motivo por el cual buscaba darse prisa para llegar donde sus amigos era que quería evitar a su compañero de cuarto, pues lo último que deseaba el Príncipe de Corazones era tener que soportar las atenciones del chico árabe, pues a estas alturas lo único que detenía a Corey de tirarle los dientes a Aziz de un golpe era saber que si lo intentaba lo podrían devolver a la Isla. Y averiguar de Jay lo que "Habibi" significaba no ayudo mucho.

-Los chicos intentando darle las condenadas galletas a Ben, y yo intentando evitar a un árabe degenerado-declaró el de pelo rojo y negro con frustración.

-Habibi, estoy dolido, ¿piensas darle galletas a Ben, pero no a mí?-preguntó una voz a sus espaldas, espantándolo, y al darse vuelta se encontró con precisamente la persona a quien quería evitar: su atrevido compañero de cuarto, quien iba elegantemente vestido con una camisa árabe blanca con detalles azules, jeans azul claro y tenis blancos. Cabía agregar que tenía las manos en la espalda.

-Maldita sea, Abubu, ¿no tienes un maldito cascabel?-preguntó el isleño molesto, más que nada por no evitar pensar que el árabe lucía apuesto con su atuendo. Aziz sonrió con la pregunta de Corey.

-Creo que tengo derecho a hablar con mi compañero de cuarto, ¿no es así?-preguntó el árabe con una sonrisa entre tierna y divertida.

-¿"Hablar"? Yo diría "acosar", ¿no crees, Habibi?-ironizó el Príncipe de Corazones, diciendo con ironía el apodo con el que Aziz lo llamaba. El árabe, para extrañeza del chico isleño, se llevó una mano al corazón con una sonrisa sincera, cerrando los ojos, manteniendo la otra mano a sus espaldas.

-Oírte llamándome "Habibi" enserio me ilumina el día-declaró el príncipe con genuina alegría.

-Tú enserio estás loco-declaró el de pelo negro con rojo desdeñosamente.

-Loco pero por ti, Corey-declaró el Hijo del Diamante en Bruto, mientras mostraba lo que guardaba tras la espalda: un ramo de rosas rojas-son para ti, me aseguré que todas fueran rojas, por si tuvieras eso en común con tu madre-explicó, mientras ofrecía sonriente el ramo a Corey, quien se lo arrebató de mala gana.

-Gracias, supongo-dijo Corey ante el detalle. Para su sorpresa, y ligera incomodidad, Aziz se acercó peligrosamente a él, y por un segundo pensó que le daría un beso en la mejilla.

-Espero que vayas a verme en el partido de Tourney, trataré de hacer varias anotaciones para ti, Habibi-declaró el príncipe de Agrabah, antes de separarse del pseudo-príncipe y seguir por su camino. Una vez solo, Corey se llevó una mano al pecho.

-Tranquilízate, De Crims, eres un príncipe, no puedes dejar que el hijo de una rata callejera te afecte de éste modo-se dijo a sí mismo, pensando en lo que el padre de Jay hubiera dicho de Aziz. Fue cuando notó algo que no notó la primera vez que vio el ramo: entre la rojiza belleza de las rosas, surgía una sola rosa blanca, como una perla en un mar de sangre.

-Ni siquiera sabe armar bien un ramo de rosas-declaró el Príncipe de Corazones con desprecio. Estuvo a punto de sacar la rosa blanca del ramo, tirarla al piso y pisotearla, pero cambió de opinión al darle una segunda mirada a la flor.

Su madre siempre le enseñó que el color rojo era por mucho superior al blanco, jamás dio un porqué claro, sencillamente porque ella lo decía y punto, pero había algo en la pureza del blanco de esa única rosa que le fascinaba. Con un suspiro acomodó suavemente los pétalos de todas las rosas, las rojas y la blanca, y siguió su camino.

Marguerite se dirigía al patio, donde ella y el resto habían acordado la noche anterior que se reunirían para darle a Ben la poción de amor para que se enamorara de Mal y pudieran obtener la varita del Hada Madrina. Ese día iba vestida con una camiseta ajustada amarilla con detalles color café, jeans negros, y botas cafés de caña alta, además de llevar el cabello en una cebolleta, pues el entrenador Jenkins le explicó que debía llevar el pelo recogido para cuando se pusiera el casco.

En el fondo, a Marguerite casi le daba pena tener que abandonar algo como el Tourney, pues concordaba con Jay que no era tan malo practicar un deporte como ese, que los llenaba a los dos de emoción y adrenalina. Claro, tenían que aguantar la idea de tener que trabajar en equipo, lo que para la Hija del Cazador resultaba más agrio por la idea de tener que compartir candelejas con Ben, pero valía la pena poder sentir que demostraba que era tan buena en los deportes como los Gastones y Gil, si no mejor que los tres.

-Disculpa-escuchó decir a alguien a sus espaldas, y al voltearse se encontró con un joven de pelo pelirrojo cobrizo rizado, piel ligeramente bronceada y ojos azules, quien iba vestido con una camiseta blanca, jeans y una chamarra color bronce. Marguerite lo reconoció como Herkie, el hijo de Hércules y también un compañero del equipo de Tourney.

-¿Puedo ayudarte en algo, Herkie?-preguntó Marguerite con una desdeñosa curiosidad. Fuera lo que fuera que quisiera el Hijo del Héroe, lo mandaría al diablo rápidamente.

-Pues, quería saber si estabas nerviosa, Maggie, y quería preguntarte si necesitabas algo, digo hoy es tu primer partido de Tourney, por no decir que serás la única chica en el campo como jugadora, no es que eso sea malo-empezó a decir el chico griego, rascándose la nuca con algo de nerviosismo, con el rostro pintado de rojo. Eso volvió más notorias las pecas que espolvoreaban el rostro del más alto, las que a Marguerite de golpe le recordaron a las de Carlos, mismas que concordaba con Evie en que eran su punto más difícil de resistir. Pero la isleña se repuso de golpe.

-En primera, vuélveme a llamar "Maggie" y te dormiré de un golpe, en segunda, puede que tú estuvieras nervioso en tu primer partido, pero yo soy una Legume, y a los Legume no hay nada en que nos superen-declaró la rubia no sin algo de la arrogancia típica de su familia.

-¿No te gusta? Es que pensé que "Marguerite" era un nombre demasiado serio y sin energía, casi sin vida, digo, un nombre de solterona-empezó a decir el parte-dios, notándosele en la cara su esperanza de que su comentario hiciera reír a la isleña.

-Así se llamaba mi tía abuela-dijo la rubia, matando al pelirrojo con los ojos.

-Oh, ya veo-respondió Herkie, queriendo que la tierra lo tragase de la vergüenza.

-Como sea, ¿sólo viniste a perder mi tiempo preguntándome si estoy nerviosa?-preguntó la Hija del Cazador con desdén.

-No-dijo el Hijo del Héroe, ganándose otra mirada ponzoñosa de la rubia-quiero decir, también quería preguntarte si, pues no sé, si después del partido se te antojaba ir por una malteada o algo-explicó el muchacho con algo de nerviosismo.

-¿Una la malteada?-repitió Marguerite con desprecio, y mentalmente repasó la agenda para su semana: hechizar a Ben, usarlo para robar la varita, derribar la barrera, liberar a sus padres, reinar sobre Auradon…-no, lo siento, no creo poder-dijo la chica con una sonrisa que casi estaba segura hasta Herkie habría notado que era falsa.

-Por favor, Marguerite, te prometo que te divertirás-prometió el adolescente, esperando que no pareciera demasiado desesperado por convencerla. La hija de Gastón lo miró de arriba abajo con expresión aburrida antes de rodar los ojos.

-Lo hablaremos luego del partido-dijo finalmente, antes de pasar de largo al pelirrojo y continuar con su camino.

-Claro, nos vemos en los vestuarios ¡digo! En el campo, no es que fuera a meterme al vestidor de mujeres o que tu vayas a ir al de hombres… quiero decir… nos vemos-dijo el hijo de Hércules, y apenas vio a Marguerite alejarse por una esquina empezó a festejar y dar brincos emocionado, feliz de haber conseguido una cita con ella.

No notó que la isleña había asomado la cabeza por la esquina por la que había doblado, viendo al pelirrojo saltar como canguro mientras reía emocionado y se felicitaba a sí mismo por su "hazaña", y Marguerite no pudo evitar sonreír, pues contra toda su naturaleza villanesca no pudo evitar hallar tierno el actuar del chico, y además ¿para qué negarlo? Herkie era bastante lindo. Sin más siguió su camino, debía reunirse con los otros.

En el patio, Carlos e Evie discutían sobre lo bien que se le veía el uniforme de porrista, y el de pelo monocromático no pudo evitar reírse cuando la peliazul compartió su pensamiento sobre meterse ella también a los animadores, que ni su explicación de que seguro para Mal ya era un fastidio que él fuera porrista para que ella también lo intentara lo salvó del golpe en su oreja proporcionado por la mayor; Jay, Oscar y Delphine, quienes se hallaban más interesados en ver en qué momento Mal atacaría y le daría la poción a Ben que en la plática de los dos más jóvenes presentes. En eso se unieron Marguerite y Corey, que les permitió a los otros ver el ramo de rosas que el Príncipe de Corazones llevaba con él.

-¿Y esas rosas?-preguntó Jay extrañado.

-Yo le pregunté lo mismo y no quiso responder-declaró Marguerite divertida.

-Son muy bonitas-declaró Evie con una sonrisa apenas reparó en el ramo.

-Y son mías-declaró el de pelo negro con rojo arisco, buscando alejar las flores del alcance de la Hija de la Reina Egoísta.

-Si ya acabaron, ya es hora de la función-declaró Delphine, apuntando con la barbilla hacia los casilleros, o mejor dicho hacia donde estaba Mal.

Y justo como la Hija del Hombre Sombra anunció, los chicos vieron como el Príncipe de Auradon, luego de alejarse de Chad y de su futura ex-novia Audrey, se acercaba a Mal, quien no dudó en ofrecerle la galleta, todos se pusieron de pie para acercarse en cuanto vieron que Ben había empezado a comer. Sólo Carlos dudó antes de también ponerse de pie.

-"Supongo que es el final de esa historia"-pensó Carlos no sin cierta amargura.

-Y, ¿cómo te sientes, viejo?-preguntó Jay al joven príncipe en cuanto estuvo cerca de él. Parecía que Ben no notaba que él y el resto de los hijos de villanos lo rodeaban casi como una manada acorralaba a una presa, probablemente porque el confiaba en que las galletas eran un gesto amable.

-La verdad… me siento enamorado-declaró el príncipe esbozando una pequeña, y Jay no pudo evitar soltar una risa al tiempo que chocaba palmas con unos igualmente sonrientes Marguerite y Oscar; Delphine chocó puños con Mal bastante satisfechas las dos, e Evie y Corey se sonrieron el uno al otro maliciosamente mientras asentían satisfechos del resultado; sólo Carlos miraba a Ben con una gran tristeza. Pero en el momento en que sus ojos se cruzaron con los verdes de Ben la sonrisa del príncipe se ensanchó.

-De pronto siento ganas de cantar el nombre de él-declaró Ben sonriendo, tomando a todos los jóvenes isleños totalmente por sorpresa. ¿"De él" había dicho?

-Car…-empezó a decir, o mejor dicho cantar, el joven príncipe, siendo rápidamente callado por Mal cuando esta le puso las manos en la boca.

-Bueno, te dejamos, imagino que tendrás mucho que hacer antes del gran partido-declaró la pelimorada divertida, mientras ella y el resto se despedían del joven príncipe y se retiraban al interior de la escuela-bueno, supongo que igual esto funciona-declaró divertida y satisfecha.

-Y hasta mejor-secundó Oscar-Audrey se va a desmayar-declaró divertido al imaginarse el escenario.

-Ben… se enamoró de mí…-murmuraba Carlos aún sorprendido.

-Mejor tú que yo, a mí no me van los príncipes-declaró Mal simplemente.

-A Carlos sí-declaró Jay divertido.

-Bueno, como sea, aún tenemos un rato antes del partido, así que mejor nos vamos a relajar antes de apreciar el espectáculo-declaró Mal frotándose las manos. Y sin más se el grupo se separó para esperar al partido.

En su habitación, Carlos fue a buscar su uniforme de animador para ir a cambiarse para el partido, además de que intentaba memorizar la rutina que la entrenadora Esmeralda quería que hicieran para el partido, pero la verdad al menor se le hacía imposible siquiera pensar en cuáles serían sus partes en la coreografía de animación por un simple motivo.

-Carlos tiene novio, Carlos tiene novio, Carlos tiene novio, Carlos tiene novio-canturreaban Jay y Oscar, llegando a bailar al ritmo de sus cantos burlones contra el De Vil.

-Ya basta ustedes dos-declaró el de pelo blanco y negro harto de las burlas.

-¿Crees que te dedique varios goles en el partido? Sería divertido verlo dártelos a través del casco-sentenció Jay divertido.

-Chicos…-empezó a decir Carlos.

-¿Nos dejarás ser los padrinos de tu boda? ¿Y a dónde irás de luna de miel?-preguntó Oscar, aguantándose para no reírse.

-Ya basta, enserio-reclamó Carlos.

-¿Y tus hijos me dirán "tío Jay"? "Hey, tío Jay", "Te amamos, tío Jay", "Baila ese ritmo, oye tío, eh, eh"-declaró el árabe, ya llevando las cosas al límite.

-Chicos, ¿les puedo decir algo?-preguntó el De Vil, guiando a los otros dos afuera de la habitación-Adiós-dijo simplemente, cerrando la puerta en la cara de Jay y Oscar-par de idiotas, insistir con esto como si diera risa que Ben esté enamorado de mi-declaró el menor amargamente.

-Yo no lo veo tan malo-declaró Oscar, mientras él y Jay salían de la puerta del baño.

-Caray, ¿cómo fue que ustedes dos…?-empezó a preguntar Carlos realmente confundido, pues no entendía cómo el par habían entrado por otra puerta como si nada.

-Además, tampoco es que tú no le correspondas, Carlos-aseguró Jay.

-¿Qué? E-est-t-tás loco J-Jay, y-yo no soy gay-empezó a tartamudear asustado el hijo de Cruella.

-Claro, señor De Vil, no eres gay, sólo hay que ignorar cuando te me quedabas mirando cuando yo estaba sin camiseta, o cuando evitabas mirarme cuando salía de bañarme, o cuando incluso casi tienes un orgasmo cuando jugábamos a las luchas me quitaste el gorro-declaró el joven ladrón, recordando las veces que citaba, dándole su característico tono burlón que usaba para molestar.

-J-j-Jay, b-basta, p-p-por favor…-llegó a rogar el menor, mientras lagrimas bajaban por sus mejillas, que no pasaron desapercibidas por el hijo de Oogie Boogie.

-Jay-llamó el Hijo del Fantasma, dándole un ligero manotazo en el brazo al mayor, haciendo que el Hijo de Jafar reparara en su amigo y compañero de habitación.

-Mierda-dijo por lo bajo, dándose cuenta lo lejos que había llevado sus chistes-espera, Carlos, tranquilo, la verdad a mí me halagaba que tuvieras esas reacciones hacia mí, además ni a mí ni a Oscar nos molesta, ¿verdad?-afirmó, buscando al otro isleño para que confirmara sus afirmaciones.

-Claro que no, y te puedo apostar que al resto tampoco le importaría, sólo nos extraña que lo mantuvieras oculto, incluso para nosotros-declaró el pelinegro.

-Es porque la gente puede ser muy cruel-explicó el menor, aún con los ojos llorosos. Al par de mayores no les costó estar de acuerdo con su amigo, pues a ellos les había tocado soportar esa crueldad, y eran perfectamente conscientes de cuanto la había sufrido el de pelo monocromático.

-Pero aquí es Auradon, aquí la gente no te trataría como en la Isla-declaró Jay, poniéndole una mano en el hombro al menor.

-Es verdad, además, nosotros y el resto somos tus amigos, puedes confiar en nosotros para algo como esto-declaró Oscar, poniendo también una mano en el hombro libre de Carlos.

-Gracias-declaró Carlos, poniéndole una mano sobre la que cada uno de sus amigos le puso en el hombro, sacándoles sonrisas idénticas a los Hijos del Visir Traidor y de la Sombra que Inspira Horror.

Ninguno estaba seguro de porqué no les molestaba siquiera la escena sentimental que sabía estaban montando, ni se detuvieron a preocuparse qué les estaba haciendo Auradon para comportarse de esa manera que consideraban tan cursi, sólo les importaba que a través de esa sentimental escena significaba una forma más profunda de demostrarse su apoyo.

En el partido los Caballeros de Auradon estaban empatados con los Halcones de Sherwood, y faltaba poco para que el partido terminara y necesitaban un milagro para poder ganar, un milagro que vino en forma de que Jay sugiriera que Marguerite saliera al campo, bajo el argumento de que al ser la más pequeña y delgada del equipo era por tanto la más rápida, y en resumen perfecta para esquivar a los jugadores rivales sin problemas.

El entrenador no tuvo problema en aceptar el argumento del isleño y mandó a la rubia por al campo, y fue una decisión más que acertada, pues el tamaño de la hija de Gastón la hacía imposible de atrapar, lo que la hizo una combinación fatal junto con Ben y Jay, siendo el joven príncipe quien finalmente marcó el tanto que le otorgó a Auradon la victoria sobre Sherwood; Marguerite estaba tan emocionada por la victoria y por saber que ella contribuyó a conseguirla que no le importó la idea de estar celebrando y de incluso abrazar a Ben.

Y fue cuando todo se fue al diablo, y no en el sentido que a los isleños comúnmente les gustaba: de un momento a otro Ben pidió el micrófono al locutor, y lo hizo para básicamente proclamar su enamoramiento por Carlos al pedir una porra para el joven animador. Carlos, sintiéndose blanco de todas las miradas, sólo acertó a salir corriendo, sólo llegando a ver por el rabillo del ojo como Audrey se desmayaba de la impresión. Ni notó que sus amigos, Ben y hasta Lonnie corrieron tras de él.

Cuando el grupo de estudiantes llegaron a la habitación de Jay y Carlos, cosa fácil pues literalmente toda la escuela se encontraba en el campo de Tourney, la puerta se encontraba cerrada con llave, por lo que era imposible entrar al cuarto. Tras intentar en vano entrar a su propio cuarto, y suspirar pesadamente, Jay se acercó al príncipe con evidente enfado en el rostro.

-¡No tuviste ningún derecho de exhibirlo así!-declaró el árabe furioso.

-Pensé que le gustaría-se defendió Ben, aún preocupado por Carlos. Jay sólo suspiró mientras contaba mentalmente hasta diez.

-Lo sé, sólo… déjalo en paz-pidió Jay más calmado.

-Nosotros hablaremos con Carlos, de momento no creo que él quiera verte ahora-pidió Oscar, y Ben tuvo que asentir con semblante triste.

-Yo creo que fue muy tierno-declaró Lonnie, queriendo mejorar la situación, consiguiendo medias sonrisas de parte de Evie y Marguerite.

-Ben, ¿podrías llevar a Lonnie a nuestro cuarto antes de irte al tuyo? Lonnie, luego te cuento cómo nos fue aquí-propuso Delphine.

-Está bien, por favor díganle a Carlos que no fue mi intención incomodarlo, y que haré lo que pueda para hacerlo sentir mejor-pidió el príncipe, y acto seguido se retiró acompañado de la Hija de la Heroína. Una vez se perdieron de vista, Jay volvió a golpear la puerta.

-Carlos, somos sólo nosotros, Ben ya se fue-explicó el joven ladrón, esperando que con eso el menor finalmente abriera la puerta.

Esto pareció funcionar pues se oyó el clic que evidenciaba que el de pelo monocromático ya había destrancado la puerta, y cuando la abrieron vieron al hijo de Cruella acostado en su cama, acariciando a Chico mientras escondía su rostro lloroso en la almohada, al tiempo que el animalito le lamía el mentón sabiendo que algo andaba mal con su dueño.

-¿Cómo es que…? Olvídalo-dijo Mal, sabiendo que no tenía sentido preguntar cómo había hecho el menor para quitar el seguro y vuelto a su cama antes de que ellos abrieran la puerta. Eso evidenciaba cuán rápido era su amigo.

-Carlos, sabes que no es del todo su culpa, la poción resultó fuerte-dijo Jay, mientras se sentaba en el colchón de Carlos junto a él, igual que Evie. Mal y Corey se sentaron en la cama de Jay, mientras Delphine, Marguerite y Oscar se sentaron en la mesa en el centro del cuarto.

-Tal vez demasiado fuerte-declaró Marguerite, dándole a Mal una mala mirada.

-No te preocupes, Carlos, seguro en un par de horas el asunto se enfría-dijo Evie con suavidad, acariciando el pelo de su casi hermano.

-Además, es por el Mal Mayor, ¡para conseguir la varita!-declaró Mal, mientras sus ojos soltaban su característico brillo tenebroso, ganándose un manotazo en el brazo de un enfadado Corey.

-Hay algo llamado tacto, Mal-declaró enfadado el Príncipe de Corazones, consciente que incluso para ellos que eran villanos la pelimorada se estaba pasando del límite. Mal suspiró antes de ver a Carlos con tristeza.

-Carlos, lo siento, no pensé que Ben llegaría tan lejos, olvidé lo sensible que eres con estas cosas, tal vez hubiera sido mejor que se enamorara de mí y no de ti-empezó a decir la Hija del Dragón, cuando notó que la respiración del menor se había vuelto más lenta.

-¿Carlos?-preguntó Jay preocupado. Un largo suspiro evidenció que Carlos se había quedado dormido, sacándoles risillas a las chicas y sonrisas a los chicos.

Viendo que al parecer Carlos ya se había tranquilizado del golpe, Jay se levantó del colchón y, ayudado por Oscar quien se había levantado de la mesa, levantaban a Carlos mientras Marguerite, que había seguido el ejemplo de Oscar, tomaba a Chico en brazos e Evie, quien también se había levantado, retiraba las sábanas de la cama de Carlos.

-¿Qué come éste niño? ¿Piedras?-se quejó el pálido pelinegro, sacándole una risilla al joven ladrón.

-Al menos ya no está llorando-dijo un Corey aliviado, mientras veía a Jay y Oscar colocar a Carlos sobre el colchón una vez retiradas las sábanas.

-Sólo esperemos que esté mejor mañana-secundó Delphine, aún preocupada por el menor.

-Duerme bien, pequeño-deseó Mal con ternura, siendo ella quien se encargó de cubrir al menor con las sabanas una vez que Marguerite pusiera a Chico en los brazos de Carlos, antes de que ella y el resto salvo por Jay se retiraban a sus respectivas habitaciones…

Continuara…

Luego de una larga ausencia, finalmente pude continuar esta historia, ahora Ben ya se enamoró de Carlos y pronto va a ocurrir lo mejor de la historia. Ojala dejen muchos reviews y además se lo comenten a sus amigos. Los veo en el siguiente capítulo, el cual pueda subir pronto.