Disclaimer: KHR no es de mi propiedad. Podemos disfrutar de esta obra gracias a la gran Amano-san, yo solo escribo sin fines de lucro, meramente por diversión. Si fuera mío habría hecho a Haru la protagonista y con todo un harem (?) :v
Notas Autora: ¡Yahoo! xD No me tarde demasiado, verdad? Bueno, considerando que fue menos de un año :v
¿Que tal? ¿Como han estado? Espero que hayan tenido una buena semana, como dije, aunque no sé cada cuanto actualizaré por lo menos tengan en mente que no tardaré tanto como la última vez :)
No quiero extenderme demasiado, no tengo mucho que decir. Solo que espero que el capitulo sea de su agrado, sé que voy lento pero seguro(?)
Siempre he pensado que nunca avanzo en los capitulos y le doy mucha vuelta a lo mismo :P
Espero que para los siguientes no sean así.
Disfruten de la lectura, nos leemos más abajito :)
Advertencia: Probablemente haya OOC (Out Of Character), pero intentaré que no sea tan obvio :v
Aclaraciones: [Cursiva- Recuerdos, flashback, palabras extranjeras(?), etc.]- [« Pensamientos » ]- [Negritas- Especificaciones o palabras recalcadas :v]
(Y creo que eso es todo por el momento :P )
Fic dedicado a: Esta historia esta dedicada TOTAL y COMPLETAMENTE a Hiyori Ishida. Mi muy querida amiga que no me ha abandonado, y que me ha llenado de alegría con sus dibujos para mi fic, además de darle vida al amor de muchas xD ¡Shito Okawa! ¡MUCHÍSIMAS GRACIAS!
• Waiting for you •
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(…)
Capítulo III
Namimori, Japón
Una semana atrás…
— Voy a casarme, Haru-chan — cuando la chica que sostenía el teléfono escuchó aquella frase del otro lado de la línea, no pudo evitar sentir como si algo estrujara su corazón.
A pesar de que estaba contenta de escuchar esa noticia –considerando que por fin llegaba el tiempo en que su mejor amiga era feliz– algo dentro de ella parecía no sentirse del todo bien. No era como si desconociera que Sasagawa Kyoko había encontrado a un hombre durante su estancia en Canadá, alguien que se había encargado de estar a su lado cuando ellos no pudieron hacerlo. Era lógico que tarde o temprano ella tomara esa decisión puesto que todas las conversaciones que sostenían por teléfono siempre lo involucraban, eso había hecho que Haru supiera casi al instante que su amiga había encontrado por fin al hombre de su vida.
No, eso no tenía nada que ver con lo que sentía en esos momentos.
El problema era que, a pesar del tiempo, al escucharla no pudo evitar pensar que muy probablemente ella podría ya conocer esa faceta. Si ella no hubiera regresado a Namimori, quizá…
Sacudió la cabeza.
— ¿Estás bien, Haru-chan? — la voz de Kyoko al otro lado de la línea parecía preocupada.
— Claro que sí — contestar con euforia fue lo único que se le ocurrió para remediar el error que de seguro había cometido — ¡Estoy muy feliz por ti, Kyoko-chan! ¡Muchas felicidades!
— Gracias Haru-chan. Sé que aún faltan algunos meses para la boda, pero me gustaría tener todo preparado, aunque es un poco difícil considerando la situación — ella se detuvo, y poco después continuó: — hemos decidido casarnos en Italia. Sabes que a pesar de todo, para mí lo más importante es poder compartir con mi familia este momento tan feliz. Onii-chan, Tsuna-kun, los demás y tú… son mi familia.
Haru mordió su labio inferior. Para ella también lo eran, eran igual de importantes, pero sentía como si ella hubiera renunciado a esa familia.
— Yo he comenzado ya con algunas cosas y detalles, pero no puedo dejar Canadá y puesto que la boda será en Italia, eso me dificulta poder ir a arreglar algunas otras cosas que necesito, he hablado con I-pin-chan y ella me ha dicho que me ayudará; también me gustaría que Chrome-chan lo hiciera pero ahora mismo ella está ocupada en una misión, Hana-chan esta con onii-chan en Australia. Y como imaginarás no puedo encargar nada de esto a los chicos, sería un desastre — Haru pudo escuchar a su amiga reír del otro lado de la línea — es por eso que te he llamado. Sé que tal vez sea algo egoísta pedírtelo, pero eres la persona en la que más confío. Eres una de mis mejores amigas y sé que contigo no necesitaré preocuparme por esos detalles, porque elegirás todo sin necesidad de preguntarlo. Me conoces bien.
La de ojos chocolate sonrió. Realmente estaba feliz de que Kyoko y ella fueran así de unidas. Nunca imagino que aquella chica se convertiría en su mejor amiga, y que ambas se conocerían tan bien. Pero seguía habiendo un problema, y no era desconocido para ninguna de las dos.
— Yo…tal vez sea incomodo para ti lo que voy a pedirte — tan pronto escuchó a la chica dudar, Haru no pudo evitar pensar en lo tonta que sería si se negaba solo por su propio bienestar.
Ya no era una niña, ahora era una joven de 24 años. El tiempo había pasado, y se supone eso debía haberla hecho madurar.
— ¿Quieres que vaya para organizar todo? — preguntó, aunque realmente sabía que eso era lo que Kyoko deseaba pedirle — No tienes que preocuparte, yo iré al lado de I-pin-chan. Es demasiado trabajo para que ella pueda realizarlo sola, además ahora mismo no tengo ningún inconveniente. — Un silencio inundó la bocina del teléfono, e imaginando lo que pasaba por la mente de la pelimiel se dispuso a continuar: — Además no es como si Tsuna-san y yo hubiéramos terminado mal, él y yo lo hablamos; además ya pasado tiempo de eso. Así que no debes preocuparte Kyoko-chan.
— ¿Estás segura? Sabes que Tsuna-kun no aceptará que te hospedes en un hotel.
— Lo sé, tampoco tengo ningún problema con eso.
— Muchas gracias Haru-chan. Los niños estarán muy contentos de volver a verte... — la chica continuó hablando.
Sin embargo Haru ya no prestó atención a lo que su amiga decía, por su mente solo pasaba aquella última vez que había visto la entrada a la mansión Vongola.
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Italia
Actualidad
Ella no había imaginado que alguna vez volvería a entrar por aquella puerta que una vez dejó atrás sin siquiera regresar la mirada.
Había tenido un vuelo de muchas horas, uno que era agotador para cualquier persona, pero para ella era más agotador pensar en lo que haría estando ahí. Igual que tres años atrás cuando había partido, ahora volvía en ese auto negro.
Miró a través de la ventana. Nada en aquella casa había cambiado, todo seguía igual a como lo recordaba. Pero probablemente eso solo sería en el exterior, pues no sabía cuánto habían cambiado sus amigos en esos años. Según lo que Kyoko había dicho, además de los niños y Tsuna, los únicos guardianes que acompañaban al castaño eran Yamamoto y Gokudera, pues todos los demás estaban realizando otras labores.
No estaba segura si aquello era bueno o malo.
Aunque llamaba a menudo a los niños –aunque seguramente ya no podía llamarlos de esa manera– nunca había sostenido una conversación con el resto. Mucho menos con Tsuna. Después de aquel día, no había escuchado de nuevo al chico ni una sola vez.
Cuanto más se acercaba a la entrada principal, más crecía el sentimiento de estar cometiendo un error. Se suponía que no debía verle más.
La chica bajó del auto mientras el chófer sacaba una pequeña maleta que llevaba con ella. Realmente no necesitaba mucho estando ahí. Cuando él ofreció su ayuda para cargar la maleta, ella negó con la cabeza y una sonrisa se asomó en sus labios.
— Puedo hacerlo yo misma, muchas gracias — dijo, y entonces el chófer hizo una reverencia y subió de nuevo al auto.
Haru acomodó su ropa, peinó delicadamente su, ahora, corta cabellera chocolate y subió los escalones hacia la puerta.
Respiró profundamente.
— Vamos Haru — se dijo — esto solo es temporal. Las cosas han cambiado, nada de eso va a suceder. Solo tienes que averiguar que todo está bien, dedicarte a que la boda de Kyoko-chan salga maravillosa y volver a Namimori.
Deseaba creer esas palabras, que nada podía pasar estando ella ahí.
Tocó el timbre una vez, esperando una respuesta. No pasó mucho tiempo antes de que la puerta se abriera de par en par dejando ver una silueta muy bien conocida por ella.
— Hola Gokudera-san — saludó lo más normal que pudo permitirse.
Pero definitivamente la mirada irritada del peliplata no le facilitaba para nada las cosas.
Gokudera estaba parado, con aquella mirada verde clavándose en ella. Esa mirada que había tenido la última vez que lo había visto, fría y despectiva.
La mirada que se le dedica a alguien a quien odias. Era más que claro que Hayato era quien menos quería verla.
— No esperaba que el primero en darme la bienvenida fuera Gokudera-san precisamente — intentó bromear, aunque sabía que con él eso no funcionaría.
— Es mi trabajo vigilar quien pone un pie dentro de esta mansión y asegurarme que no sea un peligro para el Décimo. — Respondió frío —Aunque signifique que algunas visitas me desagraden, es parte de mi trabajo.
El peliplata se dio la vuelta dándole la espalda. Haru suspiró de nuevo, apenas llevaba un minuto frente a esa puerta y ya sentía toda la tensión que desprendía la atmosfera. Aunque no duró demasiado cuando atravesó aquella puerta y pudo ver a los tres jóvenes que venían a su encuentro con una sonrisa.
— Haru-san/Haru-nee/ Haru — los tres la llamaron al unísono.
La felicidad que sintió en ese momento compensó lo de hacía un momento.
Los chicos corrieron hacia ella y la abrazaron con fuerza.
— ¡Vaya, han crecido en este tiempo! — rió con algunas lagrimas la chica, mientras veía el rostro de los jóvenes — sobre todo tú, Fuuta-kun. Has dado un estirón — comentó entre risas mientras se separaba de ellos.
— Haru-nee también se ha puesto más hermosa — dijo el joven.
Tal y como recordaba a Fuuta de ese viaje que habían hecho para derrotar a Byakuran, el chico era alto y seguro cuidaba muy bien de I-pin y Lambo. Los dos más pequeños del grupo también habían crecido en su ausencia.
— Haru-san, estoy contenta de que estés aquí — esta vez la que la llamó fue I-pin — Kyoko-san dijo que contigo a mi lado todo saldría muy bien.
— Así es, trabajaremos duro I-pin-chan — le guiño un ojo.
— Nee Haru — el bovino también la llamó — debemos ir al comedor, ya es hora de desayunar.
— Es verdad, Haru-nee debe estar cansada y hambrienta.
Tan contentos estaban de su llegada que habían olvidado por completo que era la hora del desayuno. Pero para ellos, la emoción de haberla esperado toda la noche era más intensa que todo lo demás.
El bovino tomó de la mano a la chica mientras la arrastraba al comedor. Aunque ella no estaba del todo segura, le siguió el paso. Detrás fue el resto, incluso Gokudera que seguía con aquella mirada fulminadora.
Una vez ahí, observó al guardián de la lluvia que ya estaba sentado. Este levantó la vista de inmediato, y a diferencia de Gokudera, le sonrió genuinamente. Se puso de pie, y apartando una silla para que se sentara, esperó que se acercara.
— Bienvenida Haru — dijo mientras tomaba asiento a su lado.
— Gracias Yamamoto-san — la chica sonrió, realmente la actitud del pelinegro la hacía sentir más tranquila.
Al menos, no todos ahí la odiaban.
— Hey bakadera, ¿cuándo vendrá Tsuna?
— Tchs vaca estúpida deja de…
— Buenos días — cuando el peliplata estaba a punto de iniciar otra pelea, la tranquila voz de Tsunayoshi se oyó en el comedor.
Haru, que estaba de espaldas, se estremeció al escucharlo.
Se había preparado con muchos días de antelación para cuando nuevamente le viera, pero ni siquiera eso había logrado controlar la sensación que ahora mismo tenía. Ni siquiera había visto su rostro, pero ya estaba temblando al escuchar sus pasos y como se acercaba a la mesa donde todos se encontraban.
Fijó la mirada en él cuando tomó asiento, su rostro parecía más maduro y sus ojos mostraban presencia. Estaba concentrada viendo cada detalle de su rostro, perdida en sus pensamientos y entonces sucedió.
Sus ojos se encontraron, Tsuna le miró un par de segundos sin decir nada y poco después una sonrisa se formó en su rostro.
— Hola Haru — tan solo escucharlo pronunciar su nombre hacía que su corazón latiera demasiado rápido — me alegra que hayas llegado con bien. ¿Qué tal estuvo tu vuelo?
No estaba muy segura de cómo debía tomar aquello. Claro que sabía que la amabilidad de Tsuna era demasiada como para que le guardará algún rencor, pero tampoco podía asimilar la manera tan tranquila en la que estaba hablándole. Como en el tiempo en el que aún eran unos adolescentes, como si ellos nunca hubieran tenido una relación.
— Fue pesado, no estoy acostumbrada a viajar demasiado — respondió intentando no sonar desconcertada — pero fue bueno recorrer las calles de Italia una vez más. Aunque estaba más dormida que despierta en el trayecto hacia aquí.
Una pequeña risa salió de sus labios, los demás la imitaron. No podía decir que era como antes, pero al menos no se sentía tan tensa como creyó que lo estaría.
— Sí, siempre es difícil tener tantas horas de vuelo — continúo el chico — también me gustaría ir a Namimori, extraño las calles que solíamos recorrer todos juntos.
La mirada de sus guardianes se fijó de inmediato en su jefe. Ambos compartían el mismo sentimiento, puesto que ya había pasado tiempo desde que habían podido tener un rato libre para ir de visita a Japón.
— Tu padre… ¿está bien? — preguntó el chico con mucho tacto.
Haru, que en ese momento tenía el bocado en la boca, tragó con algo de dificultad al escucharlo.
— S-Sí — respondió finalmente — él ha vuelto a casarse. Esta feliz.
El castaño le miró, como si intentará indagar en su mente. Quizás no esperaba escuchar eso, pensó la joven Miura, ya que su padre era la principal razón que había utilizado para irse de ese lugar.
— Tsuna-san… — intentó desviar el tema rápidamente — los chicos me han dicho que estás haciendo un buen trabajo. Me alegra que ahora por fin estés cumpliendo con tu propósito. También he escuchado lo mucho que ha cambiado Vongola gracias a ti. Y-Yo… yo estoy muy contenta de que sea de esa manera.
Sus ojos nuevamente se encontraron. Algunos segundos de silencio los rodearon, pero Tsuna seguía mostrando esa sonrisa amable que lo caracterizaba.
— Tchs… — el gruñido de Gokudera fue audible para todos, pues rápidamente se había ganado la mirada de ellos — Décimo, me retiro.
El peliplata se puso de pie, lanzando la servilleta de tela que tenía en la mano y mirando con enfado a la chica.
Tsuna asintió y regresó la mirada a la joven con una sonrisa tranquilizándola.
— Gracias, es un trabajo que hemos logrado todos juntos — dijo con alegría — ahora, creo que tendré que dejarlos. Estoy atrasado con algunos papeleos, y necesito terminarlos cuanto antes. Yamamoto, ¿puedes acompañar a Haru a su habitación? — le dirigió la mirada al pelinegro.
El joven asintió, y Haru observó al castaño ponerse de pie para ir detrás de su mano derecha. Sin embargo, antes de salir le dio una última mirada a Haru.
— Gracias por venir, Haru. Espero que estés cómoda en tu visita.
No supo que decir.
Su forma de tratarla, prácticamente la había desarmado. Una parte de ella estaba contenta de que Tsuna siguiera siendo aquel chico amable y cálido que siempre conoció. Pero también pensó que quizá… no había sido tan difícil superarla después de todo.
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La casa no había cambiado nada, Haru conocía perfectamente cada pasillo y habitación que ahí se encontraba. Yamamoto lo sabía, pero aún así se encargó de la tarea encomendada por Tsuna.
Después de todo, Haru era quien había organizado muchas de las decoraciones de esa casa.
— Se siente como la primera vez que llegamos aquí, ¿no, Haru? — preguntó el chico con su característica sencillez.
Sí, definitivamente era como esa vez. Aunque ahora no estaba tan perdida y preocupada como la primera vez.
Ambos llegaron hasta la habitación de ella, aún conservaba aquel letrero rosa que ella había colgado para identificarla. Haru no pensó que incluso eso siguiera igual. Yamamoto le entregó una pequeña llave, que la de ojos chocolate reconoció como suya, y entonces abrió la puerta.
La decoración también seguía intacta. Ordenada y limpia, como si estuviera esperándola de regreso.
— Supongo que deseas dormir un rato — habló Yamamoto dejando la maleta dentro — vendré por la tarde para que cenemos juntos.
Ella asintió, sentándose en la cama.
Yamamoto dio la vuelta, pero antes de cerrar habló mientras aún le daba la espalda.
— Haru, perdona que sea tan repentino, pero ¿estás segura que deseabas separarte de Tsuna?
Ella no contesto.
En su lugar solo hubo un largo silencio, uno que Yamamoto comprendió a la perfección.
Salió dejándola ahí. Tal vez, era ella quien más estaba pasándola mal en todo ese asunto.
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Aquel vuelo había logrado rendirla por completo. Y aunque solo había dormido un par de horas, sintió como si hubiera descansado días. Quizás era porque había pasado una larga temporada sin poder conciliar bien el sueño.
Lo más probable era que estar ahí de nuevo, le había dado alguna extraña paz que no alcanzaba a comprender. Aunque ahora no deseaba ahondar demasiado en eso. Había cosas en las que debía ocuparse, no era como si hubiera ido de vacaciones solamente.
Haru, después de darse un baño, bajó de nuevo las escaleras. Esperaba que la primera persona que se encontrará no fuera Gokudera, porque seguramente la sacaría de ahí si tuviera la oportunidad.
Para su buena suerte, no parecía haber nadie por ahí. La de cabellos chocolate llegó hasta la sala, donde se recostó en el sofá. Ya no estaba cansada, pero eso no significaba que podía permitirse dejar de estar inquieta.
Cuando estaba por ponerse de pie, un ruido la alertó. Se asomó por encima, y entonces vio a una chica pelirroja que la miró con curiosidad acercándose poco a poco.
— Perdona, no era mi intención asustarte — se disculpó — parece que últimamente nadie está pendiente de la puerta.
Haru parpadeó confundida.
La joven llevaba unos jeans y una camisa blanca, muy sencilla pero no por eso dejaba de verse bien. Aquellos ojos amables no pasaron desapercibidos para la castaña.
— Aunque siendo sincera, creo que Gokudera siempre ha exagerado con eso de la seguridad — exclamó con confianza tomando asiento junto a Haru — creo que es mejor así.
Haru siguió sin comprender. Esa chica parecía cercana a ellos, pues incluso hablaba de Gokudera como si lo conociera muy bien. O por lo menos, eso era lo que sentía.
— ¿Eres una invitada de los Vongola? — preguntó.
Al escuchar la pregunta, Haru por fin reaccionó.
— A-Ah… yo, s-sí… — se limitó a decir. No es como si pudiera presumir de ser su amiga — Mi nombre es Haru, Miura Haru. Mucho gusto — se inclinó levemente.
— ¿Haru? — la castaña observó la cara de sorpresa de la pelirroja, aunque más que eso, era como si ella estuviera tratado de reconocerla. — Ya veo, así que tú eres Haru — la chica la tomó de la mano con alegría — he escuchado hablar de ti.
No era posible. Haru no recordaba haberla visto ni una sola vez cuando ella estuvo en Italia. Y no creía que alguno de los chicos hablará de ella, quizás alguno de los más pequeños, aunque era poco probable.
— ¡Oye Sabatine! ¿Quién dijo que podías entrar a…? — el gritó de Gokudera alertó a ambas chicas.
Junto a él también venía Yamamoto. Ambos observaron a las dos chicas, aunque el primero en hablar fue el pelinegro.
— Hola Aryana — saludó, después dirigió su atención a la castaña — Haru, ¿has descansado bien? Creí que dormirías más tiempo.
La castaña solo intentó sonreír, aunque teniendo a Gokudera en el mismo lugar no era sencillo, así que solo asintió. Después paso la mirada a la chica, que ahora miraba al peliplata.
— Vamos Gokudera, es tu culpa por no estar pendiente de la entrada — habló la pelirroja, llamando la atención de los presentes — además estaba hablando con Haru, ¿podrías dejar que termine de presentarme?
Nuevamente giró hacia la chica, y estiró su mano a modo de presentación. Haru la tomó.
— Mi nombre es Aryana Sabatine, y soy…
— Es la novia del Décimo.
Haru siguió sosteniendo la mano de la chica, pero no pudo evitar mirar a Gokudera cuando dijo eso.
Novia
Ahora entendía porque la recién llegada parecía muy bien familiarizada con el lugar.
— Deberías cuidar tus palabras Gokudera — habló la chica—Tsunayoshi podría sentirse incómodo. Sabes bien que no es algo oficial, ni siquiera mi padre lo sabe. No creo que quieras que Tsunayoshi se enteré que estás hablando sin su autorización.
Gokudera chasqueó la lengua. Esa mujer también era un dolor de cabeza para él.
Aryana miró de nuevo a Haru, soltando su mano de paso.
— Como decía, soy parte de la famiglia Sabatine, mi padre hace negocios con los Vongola — continuo — así que he pasado algo de tiempo en esta mansión después de que nuestras familias se aliaron. Lo que Gokudera — al mencionar al peliplata hizo un énfasis mientras le miraba — quiso decir es que, Tsunayoshi y yo tenemos una especie de "relación" aunque aún no estoy segura de cómo considerarla.
Para Haru, esa frase significaba prácticamente lo mismo. De hecho ni siquiera sabía porque estaba recibiendo explicaciones cuando se suponía que a ella no debería interesarle.
— Y como parte de esos negocios, he venido a entregarle a Tsunayoshi un reporte que le manda mi padre. Creo que mi principal tarea aquí es ser la
"recadera" — Aryana se acercó a los dos guardianes riendo, mientras daba la espalda a la castaña.
— Tsuna está en su oficina, puedes pasar a verlo — dijo Yamamoto.
Por un momento, Haru sintió como si estuviera de más en aquel cuadro. Ella ya no tenía nada que ver en los asuntos de la famiglia, así que tal como lo había predicho, estaba comenzando a sentirse lo suficientemente incomoda como para no desear estar ahí. Y esto apenas era el principio.
— Yo, voy a regresar a mi recámara — atinó a decir — fue un gusto conocerte Sabatine-san.
— Aryana está bien, no necesitas agregar honoríficos. Me gustaría mucho que pudiéramos platicar algún otro día, Haru — la pelirroja sonrió en forma de despedida.
La castaña asintió, no sabiendo si realmente tenía algo de lo que hablar con ella. En ese momento su único pensamiento era el de poder estar sola. Como pudo, subió las escaleras con rapidez encaminándose a su cuarto.
Tan pronto como estuvo en el pasillo Gokudera le dio alcance, y la detuvo con un agarre brusco.
Sus ojos chocolate se clavaron en la mirada verde de Gokudera.
— Mujer… — le llamó, y Haru pudo sentir aquella frialdad una vez más — no voy a repetir esto, así que escúchame bien. No te acerques al Décimo de nuevo. Es una advertencia que solo te daré una vez.
Ella comprendía perfectamente porque Gokudera se preocupaba tanto por Tsuna. Sabía el daño que le había hecho, y que efectivamente, ella no tenía derecho de estar cerca de nuevo. Pero consideraba injusto su trato, nadie dentro de esa mansión podía comprenderla, nadie sabía porque lo que ella tuvo que pasar.
Ella era la única que conocía ese dolor. Si tan solo…
— No tengo ningún interés de acercarme de nuevo a él — soltó notando una leve sorpresa en el rostro del peliplata.
Para ese tiempo, ya no importaba si alguien la comprendía o no. La decisión la había tomado ella, tres años atrás.
— No dejes que sea Tsuna-san quien se acerque a mí… eso es lo que debes hacer — le dijo por última vez antes de entrar a su habitación.
Gokudera se quedó de pie en silencio.
Si fuera aquel adolescente impulsivo de antes, habría tomado sus palabras como un desafío. Pero esta vez, por mucho que sintiera desprecio por ella, sintió algo más profundo en aquella frase.
Era como si estuviera pidiéndole cuidar de Sawada Tsunayoshi.
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Ninguno de ellos sabía cómo era posible que Reborn ideara salir de "campamento" en un lugar que ni siquiera conocían bien.
En palabras del tutor espartano, era el entrenamiento perfecto para el capo de Vongola. Aunque, para Tsuna era solo otra de las ideas locas del hitman. Ya estaba acostumbrado a los combates que preparaba para fortalecer su cuerpo, también se había hecho a la idea de todas las clases que debía tomar, pues desde que llegaron a Italia, había tenido un curso intensivo de todo lo que debía aprender. Y se había vuelto peor después de la ceremonia de sucesión.
Lo único que agradecía es que no le dejaran solo – ni Reborn, ni Nono- tan pronto como asumió el cargo. Tsuna apenas comenzaba a entender cómo realizar su papel de líder en una poderosa familia mafiosa.
Pero seguía sin comprender cómo es que en ese momento se encontraban en medio de un bosque todos los miembros de Vongola – incluso Haru y los niños- si ese era un entrenamiento para el que llevaba las riendas, no había necesidad de que todos estuvieran allí.
Aunque considerando la violencia natural de Reborn, todos los miembros prefirieron no contradecirlo y relajarse en ese lugar.
Haru, que en ese momento estaba con el peliplata tratando de armar una casa de campaña, lucía realmente enfadada.
— ¡Hahi! Gokudera-san está haciéndolo mal —le dijo una vez más. Si no estaba equivocada, ya era la cuarta vez que deshacían de nuevo la casita.
— ¡Cállate mujer estúpida! Tú eres la que no sabe nada de esto.
— Haru no tiene la culpa de que seas un neandertal y no comprendas las claras instrucciones para armar esto~ desu — señalo el instructivo que había sacado de la bolsa de su equipaje.
— Maldita… ¿crees que tú...? — el peliplata, que ya estaba exasperado con la situación se acercó hasta la castaña.
Si alguien más los viera, seguramente pensaría que eran capaces de matarse el uno al otro.
— Etto… Gokudera-kun… Haru — Tsuna, que estaba viendo toda la escena, les habló intentado calmar los ánimos. — Creo que es mejor que Yamamoto te ayude, Gokudera-kun. Y-Yo iré a recoger leña para la fogata, ¿quieres acompañarme, Haru? — el chico consideró que lo mejor era separar a esos dos.
— No se preocupe Décimo, yo iré con usted y después armaré esto solo. No necesito la ayuda de ningún inútil— recalcó viendo a Haru.
— ¡Hahi! Haru no es ninguna inútil, por lo menos no del tamaño de Gokudera-san…
Estaban a punto de iniciar otra pelea, cuando Tsuna les interrumpió.
— No, deberías encargarte de esto Gokudera-kun. Se nos hará más tarde, y si oscurece no podremos ver nada. Confío en que puedes encargarte de esta tarea — dijo con seriedad Tsuna.
Aquellas palabras habían bastado para que el peliplata aceptara como si se tratará de una misión de vida o muerte.
Tsuna y Haru caminaron adentrándose al bosque. La chica, por supuesto, iba quejándose de Gokudera, lo cual no era nada extraño considerando que esos dos siempre se peleaban.
Así que Tsuna intentaba calmarla tratando de desviar el tema. Después de un rato de caminar recogiendo la leña, ambos ya se encontraban en una animada platica sobre lo difícil que había sido acostumbrarse a vivir en Italia y todas las cosas que habían aprendido estando ahí. Dos años seguían siendo muy poco para considerar que ya estaban adaptados, pero ninguno se quejaba.
En Italia tenían muchas oportunidades de estrechar sus lazos como familia. Tal y como Reborn les había dicho.
— Tsuna-san, ¿crees que esas estén bien? — Haru habló mostrándole, no muy lejos de ellos, unas maderas que se encontraban por una de las orillas de la montaña en la que estaban.
— Creo que con las que tenemos son suficientes, mejor nos apresuramos para volver con los chicos.
— Solo llevaré esas~ desu, con eso no necesitaremos más.
— ¡H-Haru…!
Haciendo caso omiso del llamado del chico, Haru corrió hasta acercarse. Tomó las maderas introduciéndolas en la mochila que colgaba de su espalda, pero justo cuando dio la vuelta para regresar con el castaño, la tierra que estaba floja en la orilla se desbarranco, haciendo que la chica resbalará.
— ¡HARU! — gritó Tsuna, mientras corría rápidamente para tomarla de la mano.
Con suerte llegó hasta ella. Pudo ver el rostro asustado de la chica que colgaba sosteniéndose solo de su mano.
— T-Tranquila Haru, voy a subirte — le dijo intentando sonar seguro.
Con las fuerzas que pudo sacar, jaló de ella.
Haru se aferró a su mano, y empujándose para hacer más fácil su subida, terminó por caer encima del chico.
No supo como había ocurrido. Estaba tan asustada de caer en ese acantilado que no había pensando, lo único que había hecho era empujarse hacia él sin pensarlo demasiado, pero para cuando Haru abrió los ojos, pudo ver la mirada marrón de Tsuna muy cerca de ella.
El chico tenía los ojos abiertos –demasiado- y Haru solo pudo parpadear confusa. Sintió entonces un suave roce en sus labios.
Ahora comprendía por qué, repentinamente, Tsuna se sentía demasiado cerca.
Ella le había besado al caer encima de él.
— ¡H-Hahi! N-No… y-yo… — la castaña se separó de Tsuna, que seguía sorprendido, y balbuceó torpemente sin decir nada realmente.
Había un fuerte sonrojo en sus mejillas.
Un accidente, era un accidente pero la chica no podía ni hablar.
Tsuna se enderezó lentamente, rascó torpemente su cabeza y con un leve sonrojo le miró.
— ¿E-Estas bien? ¿No te has lastimado? — no supo cómo, pero pudo decir algo para romper aquel silencio formado.
— S-Sí… Haru está bien… — ella se puso de pie, sacudiendo sus ropas.
Su acción dejó algo extrañado a Tsuna, pues él seguía en el piso mientras ella ya estaba unos cuantos pasos lejos.
— L-Lo siento, lo siento mucho Tsuna-san… — se disculpó con exageración mientras hacía una torpe reverencia.
Haru estaba demasiado nerviosa. Ya no pudo mirarle de nuevo, simplemente pidió disculpas y sin esperar una respuesta, salió corriendo de ahí.
— H-Haru, espera…
Sin embargo, fue inútil. Ella había huido.
Tsuna también estaba confundido. Era la primera vez que alguien le besaba, claro, había sido un accidente. Pero seguía siendo su primer beso.
Tocó sus labios con la yema de su dedo, y sonrió.
No había imaginado que un beso se podía sentir tan cálido como el que acaba de recibir de Haru.
.
.
Continuara…
NOTAS FINALES: Bueno, esto es todo por hoy. Como se podrán dar cuenta, lo que hay al final del capitulo es un pequeño flashback. En el primer capitulo, Tsuna mencionaba que aunque los demás no creían que estuviera realmente enamorado de Haru, lo estaba. Porque habían pasado por cosas juntos, y eso había hecho estrecha su relación.
Aunque esta historia ha comenzado algo triste(?) en cada capitulo, ya sea al principio, en medio o al final, veremos a que era lo que se refería Tsuna :P Creo que no perjudica en nada conocer esos detallitos :P (Obvio son necesarios jajaja)
He decidido darles algunas fechas, para que sepan más o menos en que tiempo esta avanzando la historia. Me gusta lograr que los lectores se metan en la línea temporal(?) así que aquí les dejo unos pequeños datos.
Entrenamiento para la sucesión: Tsuna contaba con 16 años al viajar a Italia, entrenó durante dos años.
Ceremonia de Sucesión: Tsuna toma el mando de Vongola a los 18 años.
Comienzo del noviazgo entre Tsuna y Haru: Dos años desde que asume el mando, Tsuna tiene 20 años.
Separación: Poco después de que Tsuna cumple 22 años.
Arco Argumental: 10 años en el futuro- Tsuna tiene 25 años
Estos son mínimos detalles, pero gusta que los conozca :)
Ahora sí, preparense para el siguiente capitulo, porque comenzará lo bueno de la historia(?) Saludos y gracias por leer.
Especial agradecimiento a: Lizvet Ardlay-Kuran, Hiyori Ishida, Sion K y Angelacorus :)
Sion K: Ay, gracias por esperarme estos 84 años :( ¡Lo siento de verdad! Pero me puso muy, MUY contenta darme cuenta de que seguías esperando por la actualización :) Gracias. Espero que este capitulo no lo sientas demasiado flojo :P prometo que los siguientes serán mejores.
Gracias por tus lindas palabras, nos vemos en el siguiente capitulo :)
