Siento haberme retrasado unos días aquí el capitulo 3 y ahora subo el 4.


Capítulo 3: Regreso.

Hablamos un rato más y Ben acabo animándose. Incluso reímos con alguna tontería. Deje de estar tan nerviosa y empecé a disfrutar de la compañía.

Últimamente había estado algo sola.

– Y a todo esto… ¿Qué se siente tenerlos?

– Bueno, no gran cosa.

– ¿Duelen? – Pregunté.

– Creo que no. – Dijo con una risa.

– ¿Puedo? – Dije alargando la mano.

– ¿Tocarlos? Eh, si. – Aceptó.

Llevé mi mano al cuello de Ben y los toqué suavemente. Estaban fríos, eran como simples trozos de metal.

– ¡Au! – Gritó y me aparté rápidamente.

– ¡Lo siento!

– Era broma. – Dijo y yo golpeé su brazo con fuera.

– Idiota, no me asustes. – Dije molesta pero me reí junto a él.

Ben se levantó y fue hacia el espejo grande de mi habitación. Se puse de lado y levantó su camiseta mientras se miraba la espalda.

– Se deben ver horribles… – Dijo algo entristecido.

– ¡No! – Dije levantándome.

– Te crecerá la nariz por mentirosa. – Dijo volviendo a la broma y bajándose la camiseta.

– ¡No era una mentira! – Dije mirándole y él sonrió.

Nos quedamos un minuto en silencio y me atreví a hablar.

– Mira. – Dije dándole la espalda levantando la mía. – Se que no es lo mismo pero mi espalda tampoco es perfecta.

– ¿Qué te pasó? – Dijo sorprendido y curioso.

Tengo una cicatriz en toda la columna, 30 cm, de arriba abajo. El corte aún podía verse enrojecido y puntos a los lados, marcas de las grapas al cerrar la herida.

– Fue una simple operación de escoliosis pero bueno, ¿ves? – Dije girándome y mirándole. – La mía también es fea.

Quizás no ayudaría en nada pero quería animarle un poco.

Ben me giró y me levanto la camiseta de nuevo para mirarme. Acarició toda mi columna y mi cicatriz con la mano. Despacio y delicadamente. Sensación que me hizo cosquillas en el estomago.

– Que tonterías, si es preciosa… – Susurró.

– ¿Qué? – Dije creyendo no haber escuchado bien y ruborizada.

– ¡N–nada! – Contestó esquivando mi mirada y enrojeciéndose también.

Lo ignoré y hice creer que no lo había oído.

– ¿Neus has visto a Be..? ¿Dónde cojones estabas Ben? – Dijo Hal que acababa de entrar en la habitación.

– Aquí. – Contestó su hermano.

– Eso ya lo veo, era una pregunta retórica, te busca la Dra. Glass tienes que hacerte una revisión. – Explicó.

– De acuerdo voy. Adiós Neus. – Se despidió y se fue junto a su hermano.

Hal entró unos segundos después y me sorprendí.

– ¿Qué estabais haciendo aquí? – Preguntó confuso y medio a broma.

– ¡Nada! – Dije yo entre ofendida y avergonzada.

A continuación volvió con Ben.

Yo decidí salir a ver si encontraba a Lourdes o Matt. En vez de eso encontré algo mejor. Mi hermano y el grupo con el que iba habían vuelto. Fui corriendo a saludarle.

– Hola enana. – Me dijo amablemente. Es un mote con el que me llama desde pequeña.

– Hola, y hola Tatiana – Saludé a mi cuñada, que iba con él. – ¿Qué tal ha ido? – Pregunté.

– Bien, traemos recursos y sin ninguna baja. – Dijo mi hermano.

– Me alegro.

Estuve hablando con ellos un rato, primero con mi hermano mientras mi cuñada se duchaba y luego a la inversa.

Tatiana me dijo que había estado nerviosa, no solía ir a misiones. Lo normal es que estuviera en la enfermería ayudando a Anne. Ella era bióloga y podía ayudar más ahí que en el campo de batalla.

Yo tampoco solía ir a expediciones, solo algunas. Siempre y cuando mi hermano también fuera ya que no me dejaba ir sola. Tampoco era de las que estaba en medio de la batalla, yo era francotiradora. Me gustaba más permaneces apartada y cubrir de lejos. No seria capaz de pelear contra una "maquina" o un "deslizante" cara a cara. A pesar de eso nunca había necesitado disparar un arma.

La noche cayó y decidí ir a dormir. Por suerte esta vez me encontré con Lourdes la cual hoy no hacia guardia ya que le tocaba a Anne.

– ¿Qué tal el día? – Me preguntó desde la cama.

– Tranquilo supongo. He estado con Ben. ¿Y el tuyo?

– Ajetreado con los niños. ¿Cómo es que has estado con Ben? – Me preguntó curiosa.

– Bueno me dijo de enseñarle el lugar… – Contesté nerviosa.

– Entiendo. – Dijo con una risita.

Poco después nos dormimos.