Capitulo IV: Bajo el muerdago (Editado)

Aunque Zabinni se mostraba más frío y altanero con Draco de lo normal, se cuidó de volver a criticarle por algo. Crabbe y Goyle representaban por los pasillos la escena en la que el primero golpeaba con la bludger a Benjamin Dewey cada vez que alguno de los de Ravenclaw estaba cerca, pero a Draco ya no le hacía gracia. Durante la clase de pociones, se levantó con el pretexto de ir a buscar polvos de doxy al armario porque los suyos se habían acabado y al pasar al lado del caldero de Hermione, arrojó disimuladamente un botecito de pus de bubotubérculo que estropeó por completo su poción. Su caldero comenzó a humear con un olor muy desagradable y su poción adquirió un tono caqui nada atractivo. Draco se rió abiertamente con Zabinni cuando Slughorn se mostró muy decepcionado con la chica por no haber sido capaz de realizar la poción transmutadora y le propuso con todo el tacto posible que fuera a verle en los recreos para preguntarle sus dudas si es que pretendía superar sus Extasis. Aunque Harry y Ron intentaron explicarle a Slughorn por qué la poción de Hermione se había convertido en una masa maloliente, cuando salieron de las mazmorras, Malfoy comprobó con satisfacción que la muchacha tenía lágrimas en los ojos.

Cuando una tarde se presentó en la biblioteca acompañado de Pansy (a la que le había invitado a acompañarle) vio a Hermione con Dewey en la mesa de siempre. Se rió cruelmente al comprobar que la chica tenía que repetir cada palabra unas cinco veces moviendo mucho los labios para que Dewey pudiera entenderla, ya que al parecer después del golpe que le dio la bludger, apenas escuchaba por su oído izquierdo. Pansy les señaló con el dedo riendo tontamente mientras se sentaba junto a Draco en una mesa cercana a la de la Gryffindor y el Ravenclaw. Dewey no había escuchado sus risas, pero Hermione sí y miró a ambos desdeñosamente antes de volver a dedicar su atención al Ravenclaw.

—No sé que hace Dewey con ella —dijo Pansy con maldad —Resulta patético que un mago de sangre limpia como él, se interese por la muchacha más vulgar del colegio.

Draco permaneció en silencio no sabiendo si las palabras de Pansy le hacían sentir comprendido o si le ofendían. Un poco desconcertado comprendió que le irritaban, aunque lo atribuyó a que prefería meterse con Granger él mismo.

—Bueno, Dewey tampoco es gran cosa... —comentó con desprecio. Pansy le miró fijamente durante unos segundos como si hubiera dicho algo impropio de él, pero después sonrió tontamente y le miró con ojos brillantes.

—Lo sé —dijo ella mirándole tiernamente—No trataba de decir que Dewey tuviera nada especial, de hecho ni siquiera es guapo. Yo no encuentro atractivo que sea tan fornido, y se nota que no tiene suficiente cerebro para aprobar sin la ayuda de una sangre sucia —comentó con desprecio y Draco entendió que Pansy había pensado que había dicho eso porque estaba celoso de Dewey por el comentario que ella había hecho. Decidió no sacarla de su error y se encogió de hombros indiferente, fijando de nuevo sus ojos en la Gryffindor.

—Y ella desde luego, es de lo más insignificante que tiene Hogwarts. La pobre además de sangre sucia es muy poco agraciada...se nota que hasta ella misma se ha dado cuenta y se da por perdida, sólo hay que ver como lleva el pelo... —Draco observó el pelo alborotado de Hermione cayéndole hasta la mitad de la espalda. Era de color castaño pero a la luz que entraba por los ventanales de la biblioteca tenía un brillo dorado. Malfoy pensó que no había nada de malo por en su pelo —y en cuanto a su cara...con esos dientes que le llegan hasta la barbilla y esa boca tan enorme... —Draco fijó sus ojos en la boca de la chica, sus dientes hacía años que ya no sobresalían entre sus labios que ahora movía pronunciadamente para hacerse entender. El labio inferior era un poco más grueso que el superior y cuando sonrió a Dewey, comprobó que tenía una sonrisa muy bonita. Draco se preguntó si alguna vez la había visto sonreír antes, seguramente sí, pero no era capaz de recordar que su sonrisa le hubiera gustado.

—...alargada...Draco... ¿Draco, me estás escuchando?

La voz irritada de Pansy le sacó de sus pensamientos y apartó bruscamente la vista de la Gryffindor para mirar a su compañera. Pansy le observaba ofendida y con un aire suspicaz poco usual en ella.

—¿En qué estabas pensando?, ¿La estabas mirando a ella?—inquirió con tono acusador.

—¿A quién?, ¿a la sangre sucia? —respondió con aversión —Sólo alguien que se cayó de la cuna y recibió varios golpes de bludgers en la cabeza podría encontrarla interesante. A mi sólo me da asco —y cuando vio como Dewey acariciaba una mejilla de la chica, se puso en pie cerrando su libro bruscamente —De hecho encuentro tan patético y nauseabundo el espectáculo —dijo en voz bien alta asegurándose de que Hermione y tal vez Dewey le oyeran perfectamente —que me voy para no vomitar.

Hermione ni siquiera le dirigió una mirada y se mostró inexpresiva, pero Pansy parecía muy satisfecha cuando siguió a Malfoy fuera de la biblioteca.


—Chicos, volveré en un momento —dijo posando la pluma con la que había estado escribiendo su traducción de runas mágicas y levantándose de la butaca en la que se sentaba con sus amigos en la sala común de Gryffindor.

—¿A dónde vas? —preguntó Ron con suspicacia y tono seco —¿Vas a ver de nuevo al tontorrón?

Hermione puso los ojos en blanco. Ron había comenzado a llamar a Benjamin "el tontorrón" por las horas que la chica pasaba ayudándole en encantamientos y transformaciones.

—No, y no le llames así —contestó ella cerrando el bote de tinta con aire distraído.

—Entonces, ¿a dónde vas? Te pasas tantas horas con el tontorrón que apenas te vemos el pelo —continuó Ron con él mismo tono. Harry parecía muy concentrado en su libro de Defensa contra las artes Oscuras.

—No digas tonterías, Ron —respondió Hermione cansada, habían tenido esa conversación un millón de veces —Tan sólo le ayudó un par de tardes a la semana, el resto del tiempo lo paso con vosotros así que no creo que lo que dices sea cierto.

—¿Y si Harry o yo necesitáramos que nos ayudaras? —contraatacó Ron, no dispuesto a aceptar los argumentos de su amiga.

—Creo que los dos podréis vivir sin mi un par de horas a la semana —replicó ella comenzando a hartarse —Además, yo nunca me quejo cuando os pasáis horas en los entrenamientos de quidditch o hablando sobre ellos.

—Eso es distinto —Ron parecía muy indignado.

—¿Y qué me dices de Ginny o de Lavender? Yo nunca os digo nada cuando pasáis tardes enteras con ellas —replicó Hermione mirando a Ron con los ojos entornados —Y yo puedo gastar mis horas libres cómo y con quién quiera.

Y dicho esto salió de la Sala Común de Gryffindor con aire digno. Ron estaba de lo más insoportable últimamente con todo lo que tuviera que ver con Ben y por si fuera poco, Malfoy no la dejaba en paz. Desde el día del partido de quidditch la molestaba todo lo que podía, la insultaba cada vez que se cruzaban por los pasillos o en los comedores y se pasaba las clases de Defensa contra las artes Oscuras metiéndose con ella a media voz y provocando las risitas estúpidas de Pansy sin que Snape dijera nada.

Malfoy siempre la había odiado, pero ese año parecía rebasar sus propios límites. Cada vez que la veía, aunque Hermione no le hiciera o dijera nada, siquiera le mirara, parecía aumentar más su odio por ella. Se pasaba al menos una tarde a la semana por la biblioteca para meterse con ella y con Dewey, e incluso parecía haber perdido el interés por meterse con Harry. La mayoría de sus pullas eran para ella y unas pocas para Ron, pero Harry parecía haber perdido importancia para él. De hecho, después de ella, parecía que su mayor enemigo era Dewey y eso era lo que más extrañaba a Hermione. Sabía que a ella la odiaba por ser una sangre sucia, porque la consideraba inferior, pero Dewey pertenecía a una famosa familia de sangre pura y Ravenclaw no estaba especialmente enemistado con Slytherin. No tenía ninguna razón para meterse tanto con él, más allá del hecho de que fuera amigo de ella. Pero ese motivo le parecía un poco inestable y cojo. No acababa de tener sentido.

Cuando giró un recodo de las mazmorras a las que se dirigía para hablar con Slughorn a propósito de la poción transmutadora que Malfoy le había arruinado, se lo encontró apoyado en una pared con Pansy muy cerca de su cara. Hermione no podría haberlo asegurado, pero tenía la impresión de que Malfoy la había visto por el rabillo del ojo antes de ponerse a susurrarle al oído algo que a su compañera de casa la provocó una risita nerviosa e insoportable.

—¿Qué haces aquí, sabelotodo? —preguntó Pansy volviéndose hacia ella y enlazando su brazo con el de Draco con una mirada de orgullo —¿Has venido a llorarle a Slughorn por lo de tu poción?

Draco vio como la chica les miraba distantemente y sin darles mayor importancia. Frunció los labios, fastidiado ,y pasándole una mano por la cintura a Pansy la acercó más a él y miró a Hermione esperando alguna reacción. Ella le miró fijamente, pero totalmente inexpresiva.

—Al menos yo tengo el suficiente talento para poder cursar pociones, Parkinson —replicó Hermione dignamente. Draco tuvo que reprimir su risa al ver la cara que puso Pansy, pues el año anterior se había llevado un gran disgusto al no poder estudiar pociones como él.

—¿Talento tú? —replicó la Slytherin mirándola como si fuera una asquerosa cucaracha —Sólo eres una rata de biblioteca sin ningún encanto.

Hermione soltó una mezcla entre risa despectiva y un bufido.

—Mi tiempo es demasiado importante para desperdiciarlo contigo, Parkinson —y alzando mucho la cabeza se alejó de ellos con aire digno. Pero a Draco no se le escapó el detalle de que llevaba los puños apretados, muy apretados.


Las Navidades se aproximaban a Hogwarts y con ellas la nieve que a principios de Diciembre ya cubría todos los terrenos del colegio y congelaba la superficie del lago. El castillo lucía su típica decoración navideña y por los pasillos colgaban aquí y allá ramilletes de muérdago. En la misma entrada de la biblioteca había unas hojas de muérdago especialmente visibles, a pesar de que la Sra. Pince las observa con desagrado desde su mesa.

Los alumnos revoloteaban disimuladamente en torno a los ramilletes de muérdago esperando que la persona que les gustaba pasara bajo ellos, para acercarse con aire casual y preguntarle como quien no quiere la cosa si se había dado cuenta de donde estaban, pero Hermione permanecía ajena a todo eso. Estaba demasiado histérica por la proximidad de las Navidades, porque eso significa que cada vez estaban más cerca de los Éxtasis. Se pasaba la mayor parte de sus horas en la biblioteca, ya fuera ayudando a Benjamin, como con sus amigos, como sola.

Draco acudía a la biblioteca de vez en cuando aunque no estaba muy seguro del porqué. Simplemente se había convertido en una especie de ritual el pasarse por allí un par de veces a la semana para meterse con Granger. A medida que pasaban los días, cada vez la veía más desquiciada y en los últimos tiempos ya no se mostraba capaz de ignorarle. Replicaba ásperamente a las afrentas del Slytherin y cuando estaba con sus amigos o con Benjamin, ya no hacía sus habituales intentos de apaciguar los ánimos, simplemente se mantenía al margen, como si ya estuviera harta de todo eso. Draco disfrutaba provocándola y viéndola estallar, pero lo cierto (y lo más preocupante) era, que cuando quiso darse cuenta descubrió que solía ir a verla cuando sabía que estaría con Dewey. Se sentaba desde una mesa en la que pudiera verles y les observaba furtivamente sin plantearse la razón. Simplemente era como si no pudiera ni leer una palabra sabiendo que ella estaba unas mesas más allá coqueteando con ese estúpido Ravenclaw. Desde que se instauró la nueva decoración navideña, vio en más de una ocasión como Dewey pasaba bajo el muérdago con Hermione, y lo miraba con aire desesperado, pero finalmente no se atrevía a decir nada, y como la chica iba demasiado inmersa en repasar las lecciones, ni siquiera se daba cuenta. Malfoy se había reído para sus adentros y había imitado la escena para Pansy hasta que ella comenzó a mirarle de una forma que no le gustó nada.

Pero ahí estaba de nuevo, vigilando la salida del imbécil y la sabelotodo. Se percató de que ese día, Dewey parecía haber puesto especial empeño en arreglarse. Llevaba una túnica impecable y se había repeinado con gomina que hacía relucir su pelo oscuro. Draco tuvo el presentimiento de que en esa ocasión sí se iba a atrever a besarla y con una mezcla de mofa y algo que no sabía identificar, se situó en una mesa en la que tenía buenas vistas de la salida de la biblioteca.

Hermione caminaba delante de Dewey observando distraída su libro de Encantamientos y murmurando por lo bajo, por lo que Draco tuvo la impresión de que estaba hablando para sí misma y no con el Ravenclaw.

—Hermione —musitó éste con voz débil. Ella se detuvo justo bajo el muérdago y le miró después de terminar de leer un párrafo.

—¿Si? —preguntó al ver que Dewey no parecía dispuesto a decir nada a pesar de haberla llamado.

—Bueno...yo...tú... —comenzó el chico titubeando y retorciéndose una de las mangas de su túnica —Verás...¿has...¿has visto donde estamos?

Hermione le miró seriamente como si estuviera preocupada por la salud mental del chico, pero entonces miró en la misma dirección que los ojos nerviosos de Dewey y vio el muérdago colgando sobre sus cabezas. Aún desde su posición, Malfoy pudo distinguir como enrojecía profundamente. Dewey debió interpretar el gesto como un mudo asentimiento, y lenta y nerviosamente se inclinó hacía ella, que permaneció quieta observándole con los ojos muy abiertos. Draco sintió que se le retorcían las entrañas cuando vio como Dewey posaba su boca sobre la de la Gryffindor y estrujó inconscientemente una de las hojas de su libro de pociones. Se obligó a desplegar los dedos que parecían engarrotados y a concentrar su vista en ellos en lugar de la escena que veía. Tenía una sensación muy desagradable y a la que no podía poner nombre porque nunca había sentido nada parecido. No era asco, tampoco envidia. Era algo más...profundo y preocupante. Cuando finalmente reunió valor para mirar la entrada de la biblioteca vio como Dewey se alejaba corriendo y Hermione se quedaba paralizada bajo el marco de la puerta. Draco cogió su libro, cerrándolo bruscamente y se levantó de su mesa decidido a largarse de la biblioteca. Cuando se acercó a la Gryffindor pensó en algo hiriente que decirle pero su mente parecía haberse quedado extrañamente vacía de cualquier palabra, sólo tenía una imagen fijada: la de Granger y Dewey besándose. Sacudió la cabeza con violencia y entonces vio de nuevo a Hermione, que le estaba mirando y parecía muy desconcertada. Incapaz de hablar, pasó a su lado, empujándola con su cuerpo para apartarla y se alejó de allí a toda velocidad.


Cuando faltaba una semana para las vacaciones de Navidad, Hermione decidió que ese año volvería a casa, aunque en principio había pensado quedarse en Hogwarts ya que ese sería su último año allí. Pero el panorama que se le presentaba no era muy halagüeño. Ron apenas le hablaba después de que escuchó como Hermione le relataba a Ginny lo sucedido en la biblioteca con Dewey.

Dewey por su parte, después de besarla había salido corriendo sin decir palabra y Hermione se había cansado de esperarle en la biblioteca sin que él apareciera. Y cuando coincidían en Encantamientos y Transformaciones, él se había pasado las clases colorado y sin atreverse a mirarla. Hermione había intentado hablar con él, pero siempre que lo hacía, Benjamin argumentaba tener algo muy urgente que hacer.

Malfoy ya era un caso a parte. Hermione todavía no comprendía por qué la había mirado de esa manera aquel día en la biblioteca y la había apartado como si estuviera muy enfadado con ella. Además tampoco había vuelto a aparecer por la biblioteca y Hermione tenía la muy extraña sensación de que la evitaba. Cuando lo veía en clase, estaba callado y apagado, sin sus habituales insultos o comentarios insidiosos que ahora se encargaba de prodigarle Parkinson. Y las escasas ocasiones en que se encontró con su mirada, parecía profundamente con ella. Hermione no sabía como describir esa mirada, pero sabía que nadie la había mirado de esa manera nunca.


Tachán xD

Eso ha sido todo. Espero que os haya gustado :) ¿Qué os parece Dewey? Es un poco paletín el pobre xD ¿Por qué ahora evita a Hermione? ¿Y qué le pasa a Malfoy que se ha cabreado tanto al verles besarse?, ¿por qué Pansy le mira de esa manera que no le gusta?, ¿qué pasará antes de las vacaciones de Navidad? (Me estoy rayando de tantas preguntas xD)

Se admiten conjeturas y teorias jaja El siguiente capitulo creo que os gustara bastante, o eso espero, pero no podré publicar hasta el miércoles o el jueves.

Como siempre, muchas gracias por los reviews, que me animan muchísimo a continuar con la historia:) Mil gracias

Con cariño, Dry.