hola otra vez!!!muchisimas gracias por sus comentarios de verdad!!me alegra que si les guste la historia!y por lo del disclaimer perdonarme no sabia que debia ponerlo donde yo subo normalmente no es necesario ya que se da por supuesto!!pero aqui si lo hare!gracias a las que me avisaron de ello!!bueno aqui les dejo otro capitulo que espero que tambien les guste!!un beso a todos!!!

disclaimer - los personajes son propiedad de Stephenie Meyer y esta es una historia original basada en ellos.


Capitulo 4:

Edward Pvo

Me acercaba a ella cada vez más, notaba como contenía la respiración cada vez que mi aliento le rozaba el cuello. No lograba concentrarse en lo que hacía, ya que tiro los papeles más de una vez, al igual que el bolígrafo otras tantas. Lo cierto es que yo tampoco era capaz de concentrarme, su aroma, aquel olor a fresas me tenía embragado, olía deliciosamente.

- No entiendo a que viene esto de ayudarme ahora. –dijo por fin.

- No sé a qué te refieres, pensé que necesitarías ayuda con tanto trabajo y aquíestoy yo. – le conteste.

- Sí, pero te recuerdo que eres tu el que me ha mandado tal cantidad de cosas que hacer hoy. –me dijo resentida.

- Pero tenía que hacerlo, esto es parte de tu trabajo, no ha sido culpa mía que el antiguo patán que se ocupaba de esto hubiera dejado tanto sin hacer. –me excuse.

- Ya claro. – espeto sarcástica.

- ¿Qué? ¿acaso no me crees? No creerás que he hecho esto a posta ¿no?- la incite.

- No claro que no ¿Cómo iba a pensar yo algo así? – dijo irónica.

- Si tanto te molesto puedo irme, aunque sin mi ayuda terminaras mucho mas tarde.

Refunfuño algo que no llegue a oír y volvió a centrar su mente en lo que tenía delante, no hacía más que mover papeles por encima de la mesa y revisarlos todos con mucha meticulosidad. Y por el contrario, estaba sumergido en mi propio mundo, que en ese momento se centraba en el escote de Bella, al ser más alto que ella, tenía una posición privilegiada. Aquellas facciones de piel blanca que se dejaban ver eran absolutamente deseables, podía llegar a ver incluso una pequeña tira de color azul en su hombro a ras del cuello de la camisa, esa visión me estaba poniendo nervioso, no sabía cuánto tiempo más podría aguantar quieto.

- Edward, ¿Qué significa esto? –me dijo señalando un párrafo que ni siquiera había leído, el modo en el que pronuncio mi nombre, me sonó como las más bella de las melodías.

- No lo sé, déjame que lo revise bien. –le conteste apartando los ojos de ella y centrándome en lo que tenía delante.

- No vamos a terminar nunca, aquí hay demasiadas cosas que hacer. – se quejo.

- Lo sé pero es lo que nos toca, bueno lo que te toca. –le espete.

- ¿nunca te cansas de ser tan odio? – se burlo.

- ¿odioso yo? hablo doña remilgada – le conteste.

- ¿Qué me has llamado? Eres absolutamente insoportable ¿te lo han dicho alguna vez?

- No tú eres la primera, y la única que me considera tal cosa.

- Arrg. – se quejo y volvió a lo suyo.

Yo lo único que pude hacer ante eso fue reírme, estaba adorable cuando se enfadaba, se ponía a hacer morritos y aquello me encanto.

- ¿Me lo vas a explicar de una vez? – le pregunte.

- ¿Qué quieres que te explique ahora? ¿Cómo ser amable? O ¿Cómo parecer una persona normal? – me dijo irónica.

- Muy graciosa Bella, no solo quería que me explicases porque has huido de mí esta mañana, creo que me merezco una explicación.

- No, tú no te mereces nada, no tengo porque darte explicaciones de lo que hago o dejo de hacer, además eso te pasa por besarme sin mi permiso y por no darme de desayunar.

- Eres ridícula Bella, ¿por no darte de desayunar? No digas tonterías anda, estoy hablando enserio.

- Y yo también, si no desayuno estoy de malas todo el día, asique ahí tienes tu problema resuelto. –me dijo indiferente.

- Déjalo ya, te comportas como una niña pequeña con esas rabietas, que, ¿acaso es tu parte favorita del día? ¿el desayuno? – le dije siguiéndole el juego.

- Pues si mira tú por dónde, me parece la mejor del día. – me aclaro- ¿acaso no es la tuya?

- No, prefiero las horas nocturnas – le dije poniendo una picara sonrisa. –ya sabes, es la hora que escoge el diablo para cometer sus fechorías.

- Eres incorregible. –me dijo.

- ¿acaso te molesta mi forma de ser? – le pregunte.

- Si, y mucho, eres un autentico pedante, no soporto a la gente como tú.

Se levanto y se dirigió a un pequeño escritorio al otro lado de la habitación, se agacho y se puso a buscar algo, yo me levante silencioso y me moví hasta su lado, ella no se dio cuenta, pero cuando se levanto, la acorrale entre mi cuerpo y aquella pequeña mesa.

- ¿Qué te crees que estás haciendo? Déjame pasar ahora mismo.

- No, no hasta que me expliques lo de esta mañana, y no me salgas con jueguecitos estúpidos, porque hasta que no me contestes no te vas a mover. –le susurre al oído.

Ella se estremeció e intento apartarse, pero yo no la deje.

- Bella, contéstame. – le dije ejerciendo aun más presión contra su cuerpo.

- Edward, déjame en paz. ¿Qué quieres una respuesta? Pues muy sencilla, no me gustas Edward, no quiero tener nada que ver contigo ¿lo entiendes? Te he dicho que no me gustan los hombres como tú. Ahora sino te importa tengo cosas que hacer.

- Yo no estaría tan seguro de eso. –le dije rozando su oreja con el puente de mi nariz.- te pones nerviosa cuando estoy cerca Bella, tan indiferente no te soy. ¿sabes que te queda mucho mejor el pelo suelto? – le dije mientras deshacía aquel moño y dejaba que su larga melena cayera en cascada por su espalda.

- Edward… -me dijo nerviosa y con un hilo de voz. – no, no puedo, yo no…

No la deje terminar, acalle su queja con un beso. Ella comenzó por resistirse, pero no tenía escapatoria, pose una mano sobre su cintura, y la atraje mas a mí, note como volvía a intentar zafarse de mi abrazo, pero al final respondió a mi beso. Esta vez no se separo, no sé que la hizo cambiar de opinión, pero acabo besándome con la misma pasión que yo a ella, sus brazos se separaron de mi pecho y se enroscaron alrededor de mi cuello mientras enredaba sus dedos en mi pelo, yo también me deje llevar y rodee su cintura con mis brazos, la estaba besando con fuerza, con insistencia, aquel beso me gusto, estaba sediento de sus labios. Agarre con mi mano su cabeza y la ladee ligeramente para poder besar su cuello, deje caer una lluvia de besos desde su nacimiento hasta su clavícula, allí había algo que me estorbaba, su camisa. Comencé a deslizarla hacia abajo, dejando al descubierto su hombro entero, su respiración era acelerada, respiraba en pequeños y suaves jadeos, quería proseguir, pero de repente ella contuvo el aliento y me pego un empujón.

- Déjame Edward. –me dijo mientras se recolocaba la camisa.

- Pero, tú estás loca, ¿se puede saber qué te pasa ahora? –le pregunte confundido.

- Esto no tiene que pasar Edward ya te lo he dicho, no me hagas esto. – espeto mientras recogía sus cosas. –olvídate de que existo Edward por favor.

Sin decir nada más, volvió a salir sin dar ningún tipo de explicación. Me había enfadado, había conseguido dejarme sin habla ¿pero que le pasaba? ¿Por qué me había respondido de esa manera, y de repente salió corriendo? Era rara, demasiado rara para mí, no quería tener nada que ver con ella, cada desplante que me hacia me dolía, y era una señal de que aquella mujer me complicaría la vida, tenía que conseguir alejarme.

Bella Pvo

Estúpida, estúpida, estúpida. Me lo repetía en mi cabeza sin cesar de camino de vuelta a casa, ¿Cómo podía haber pasado eso? ¿Cómo podía haber claudicado ante un hombre como él? Había conseguido sobrellevar la situación mientras lo tenía sentado a mi lado, pero cuando me acorralo contra la mesa, me fue imposible, su cercanía, sus susurros en mi oído me impedían pensar, no sé cómo paso, pero cuando él me beso intente resistirme, no sirvió de mucho, perdí el control, acabe cediendo ante sus audacias, aquel hombre me volvía loca, hacia que perdiera la poco determinación que tenia. Me sentía tonta por haberle dado lo que quería, por no haber sido capaz de resistirme, pero yo ya sabía perfectamente lo que él pretendía, y no estaba dispuesta a llegar a esos extremos.

No conseguí conciliar el sueño en toda la noche, por mucho que me molestara, solo podía pensar en él, en sus besos, una vez los hube probado me fueron difíciles de olvidar. Me odiaba a mi misma por pensar de esa manera de un desconoció, pero él tenia algo, quizá fuera ese aura de peligrosidad y sensualidad que le envolvía, quizás fuera aquel rostro perfecto o esa perfecta musculatura que se escondía debajo de su chaqueta. Por fuera era un autentico dios heleno, pero su interior no reflejaba aquella hermosura, me lo había demostrado más que de sobra, y yo, estúpida de mi seguía pensando en él. Por mi bien tendría que acabar con ello, no podía volver a ser un simple objeto para nadie.

Por suerte para mi, el día que amaneció era sábado, por lo que tenía un fin de semana completo para olvidarme de mi encuentro con Edward, tan solo necesitaba volver a encontrar el rumbo de las cosas, aquello nunca me había resultado difícil, siempre había sido una persona bastante madura y con las ideas muy claras. No sabía muy bien que hacer ese día, mis antiguas amistades en Fork, ya no estaban allí, y hasta la noche no había quedado con mi padre para cenar, ya que ese sábado se suponía que iríamos a comer, pero había un partido importante y él iría a verlo al restaurante de siempre con sus amigos, por lo que tenía el día entero para mí, lo primero que hice fue ponerme a arreglar un poco la casa, mis cosas aun seguían empacadas en las cajas y debía terminar de sacarlas, también tenía que hacer limpieza general a todo y por último, si tenía tiempo y ganas debería pintar la pared del salón, tenía un color blanco demasiado gastado para mi gusto. Me llevo toda la mañana aquella enorme lista de tareas, después de comer no había terminado ni por asomo, pero lo cierto es que no tenía más ganas de hacerlo, las limpiezas generales y eso de mantener todo en orden nunca fue mi fuerte. Estaba sopesando las pocas posibilidades de cosas que hacer en Fork, cuando sonó mi móvil, mire el numero y no lo conocía de nada.

- ¿sí? ¿Quién es? –conteste.

- Hola Bella, soy Alice ¿te acuerdas de mí? –me dijo alegre.

- Claro Alice, claro que me acuerdo. –le dije mas sorprendida que otra cosa.

- Genial. –dijo aun mas entusiasta. -¿Qué planes tienes para hoy?

- Emm… aun no he hecho planes ¿Por qué? –le pregunte.

No por nada, esta tarde tengo que ir de compras, hay unas cuantas cosas que necesito y bueno, como tú eres nueva por aquí, pensé que tal vez te gustaría acompañarme. ¿te apetecería?.

- Claro –le dije ¿Qué más podía contestarle después de aquel detalle?

- Perfecto ¿Dónde vives? –me pregunto.

- En la calle Washington, el numero diecisiete ¿por?

- De acuerdo, te parece bien si paso a recogerte en digamos… ¿veinte minutos?

- Claro, estaré lista. –le dije.

- ¡qué bien lo vamos a pasar!, nos vemos ahora, adiós.

- Hasta luego Alice.

Cuando colgué el teléfono aun no había salido de mi asombro, no me parecía que aquello pudiera estar pasando en realidad. Alice, que tan solo había estado una tarde con ella y la había conocido por pura casualidad, acababa de llamarme para que quedara con ella, no me había equivocado, Alice ya tenía más que posibilidades de convertirse en una buena amiga. Subí corriendo a ducharme y a cambiarme, no sabía exactamente que debería ponerme para salir con Alice, no sabía donde pretendía que fuéramos. Acabe decantándome por unos leggins negros y una camiseta blanca larga con el hombro descubierto. Era un atuendo casual, pero por si acaso lo complemente con unos tacones, muy a mi pesar, por si acaso se necesitaba ir algo mas arreglado. Como había prometido, estuvo en mi casa en veinte minutos, pito cuando llego y yo Salí rápidamente para montarme en el coche, pero cuando subi, note una presencia más en el asiento trasero.

- Hola bella, vaya estas genial, me encanta tu look. –me saludo.

- Hola Alice y gracias por llamarme.

- Nada, nada. Bueno hoy es tarde de chicas ¿A dónde queréis ir primero? ¿obligaciones o caprichos? – dijo mirándome a mi primero y luego hacia el asiento trasero.- huy se me olvidaba, Bella esta es Rosalie, Rosalie esta es Bella, la chica del súper de la que te hable.

- Hola Bella, encantada de conocerte. –me dijo aquella chica rubia.

- Igualmente Rosalie. –le conteste.

Rosalie, era impresionante, poseía una belleza indigna, me recordaba a alguien, pero ahora no recordaba exactamente a quien. Tenía una larga melena rubia ondulada que le caía por la espalda, un rostro bellísimo y unos preciosos ojos esmeralda. Cualquier modelo a su lado, se habría sentido acomplejada. El resto del camino a Olympia, fue tranquilo estuvimos hablando sobre todo de ropa, metiéndonos con todo tipo de modelitos que habían llevado las estrellas en la última gala televisiva, también me preguntaron sobre mí, sobre mi vida en Florida. No me importo hablar de ello hasta que me preguntaron acerca de los temas sentimentales.

- ¿de verdad que nunca has…? – me dijo Alice incrédula.

- No, nunca. –le conteste avergonzada.

- No me lo creo.-rio Rosalie.- es imposible Bella, veintidós años y aun virgen? Esas cosas ya no existen.

- Pues en mi caso si, siento decepcionaros, pero soy la tonta en ese tema. –me reí.

- ¿Por qué? ¿Por qué nunca lo has hecho? –me pregunto Alice curiosa. –perdón, me he pasado, no debería haberte preguntado eso, lo siento.

Su pregunta no me había molestado en absoluto, puede que si sorprendido, pero tampoco mucho. Otra vez tenía esa extraña sensación de que con Alice podía hablar sin reservas, asique me dispuse a hacerlo.

No te preocupes, no me importa contestarte a eso. –le dije serena.- la cosa esta en que una vez me engañaron, ya sabes uno que tenía mucha cara, y aquello me dolió, no es que me dejara traumatizada ni nada por el estilo, pero no se la noche que había decidido tener mi primera vez, descubrí la verdad y ahora le tengo un poco de recelo a ese tema, además aun no he encontrado una persona con la que quiera compartirlo. –me reí tontamente. –suena estúpido, lo sé. Es algo que ya no se lleva en estos tiempos, pero es así como lo pienso.

- ¡Qué va! , me gusta saber que aun hay gente como tú que cree en el amor y todo eso, tanto como para esperar a la persona adecuada. –contesto Rosalie.

- Ya lo creo –secundo Alice.

Tras eso yo me sentí aliviada de habérselo contado, aunque nos les hubiera podido contar todo, solo sabían una pequeña parte de cómo fue el asunto, la otra parte me la reservaba para mi, esa me daba demasiado reparo contarla. Cuando llegamos a Olympia, Alice y Rosalie, decidieron que primero empezaríamos por los caprichos, estuvimos más de dos horas de tiendas probándonos y comprando ropa, a mi no es que me gustara precisamente mucho eso de ir de compras, pero cuando llevas a dos autenticas voyeurs a tu lado es difícil darles una negativa. Acabe comprándome miles de cosas, desde zapatos de todos los tipos hasta infinidad de vestidos y pantalones, sin olvidar claro está, sus respectivos complementos. Ellas no se quedaron atrás, iban tan cargadas de bolsas como yo, o incluso hasta más. Estuvimos también comentando el tema de la fiesta que Alice había organizado, Rosalie se mostro encantada con que yo asistiera, asique también nos encargamos de comprar los modelitos para la fiesta, acabaron convenciéndome para que llevara un traje que no iba demasiado con mi estilo, rojo sangre y con un vertiginoso escote, y por si fuera poco era largo y con un poco de cola. Si hubiera sabido que la fiesta que se estaba organizando era de etiqueta, hubiera fingido una enfermedad repentina que me tuviera en cama todo el día del evento.

Terminamos con aquella locura que Alice organizo por las tiendas para comprar lo necesario para la fiesta, y nos encaminamos de vuelta a Fork, cuando íbamos en el coche recibí una llamada de mi padre cancelando nuestra cita para cenar, al parecer el partido aun no había terminado y le quedaba para rato. Colgué el teléfono y me queje en voz alta sin darme cuenta.

- ¡mierda! –murmure.

- ¿Qué pasa bella? –me pregunto Alice.

- Nada, que mi padre acaba de dejarme plantada por un par de amigos y un balón de futbol. –dije irónica.

- Los hombres y el futbol. –rio Rosalie. –la única cosa que no falla nunca.

- ¿Por qué no vienes a cenar con nosotras Bella? En casa tan solo esta Esme, los chicos también han ido a verlo, asique no creo que lleguen para cenar, ¿continuamos el día de chicas? Di que si por fi…-me suplico.

- No se Alice, no quiero molestar. –me excuse.

- No seas tonta. –intervino Rosalie. –tú no podría molestarnos, voy a llamar a Esme y le digo que prepare cena para una más. Le va a encantar, adora ejercer de anfitriona.

No pude negarme, ambas habían sido demasiado convincentes, asique fuimos directas a su casa, bueno en realidad era la casa de Rosalie, su prometido Emmett, vivía allí con ellos al igual que Alice que era la novia de Jasper, el hermano mellizo de Rosalie. Estaba nerviosa por ir con ellas, nunca había estado en una cena tan multitudinaria y familiar como esa, me sentía avergonzada, al fin y al cabo ellas eran familia, y se conocían. Yo en cambio me sentía como agregada que tan solo había estado con ellas una tarde. El camino a la casa no se me hizo muy largo, estaba a las afueras de Fork, en un claro del bosque, si hubiera ido yo sola, no creo que la hubiera encontrado ni aunque hubiese querido. Me quede maravillada cuando vi la propiedad, era enorme, tenía tres pisos de altos y unos cuantos metros de ancho, el interior era aun mejor. El enorme salón que tenía delante de mí estaba decorado de manera exquisita en unos tonos claros, que daban una luminosidad pasmosa a la estancia.

- Hola, tú debes de ser Bella. –me dijo una mujer que supuse que era Esme, mientras me estrechaba la mano.- encantada de tenerte en casa.

- Gracias Esme, tienes una casa preciosa. –le conteste.

- Gracias, aunque la decoración se la debemos casi toda a Alice. –dijo con una sonrisa.

Alice, sonreía satisfecha por el reconocimiento que acababan de hacerle. Esme nos dio paso a la mesa del comedor, que estaba ya correctamente puesta, y comenzamos a cenar. Aquello no resulto tan horrible como había imaginado, la velada paso entre risas y un ambiente muy natural. Cuando ya casi habíamos terminado, empezamos a oír ruidos fuera de la casa, que según se fueron acercando, los distinguimos como pitidos de una bocina.

- Campeones, campeones… -coreaban unas voces fuera de la casa.

- Ya están aquí. –confirmo Esme.

Tres grandes figuras entraron por la puerta dando saltos y celebrando su victoria, en ese momento me sentí cohibida, no sabía cómo debía reaccionar. En ese momento un hombre rubio se giro y se percato de mi presencia, se acerco a mí cordialmente.

- perdona por la escena, por cierto soy Carlisle ¿a quién tengo el placer de conocer?

- Hola yo soy Bella, encantada de conocerle Carlisle. –le dije.

- Lo mismo digo –dijo sonriéndome ampliamente. – perdona mi despiste, estos son mis hijos, Jasper y Emmett.

Los dos se acercaron a estrecharme la mano, primero Jasper que acto seguido se fue a dar un beso a Alice, Emmett sin embargo fue más vacilante, se quedo mirándome fijamente, aunque yo a él también, me sonaba de haberlo visto recientemente, pero no sabía exactamente donde, a él, parecía pasarle lo mismo.

- ¿te he visto antes, verdad? –me pregunto dándome la mano.

- Si creo que sí, yo también te recuerdo de algo, pero no sé muy bien de qué.

En ese momento sonó la puerta de otro coche.

- ah, ahí llega mi otro hijo. –dijo Esme.

¿Otro hijo? ¿Pero cuántos eran? Cuando entro por la puerta y le vi con claridad, no podía creerme a quien estaba viendo, mi mandíbula quedo colgando a tres metros de mi cara y no fui capaz de volver a componerme hasta pasados tres segundos. El me miro con la misma cara de sorpresa y a la vez de resignación, se acerco un poco más a mí y ambos dos dijimos al unísono.

- ¡tú!