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Misato llamó a la puerta de la habitación de Shinji, golpeándola suavemente con los nudillos.
—¡Shinji! —lo llamó, al no obtener respuesta— ¿Qué estás haciendo? Vas a llegar tarde al instituto si sigues remoloneando así.
Una vez más, la Capitana no fue capaz de percibir signos de vida al otro lado de la puerta de madera. Con un suspiro, decidió abrirla.
—¿Shinji? —preguntó, ya un poco preocupada por la falta de respuesta por parte de su joven compañero de piso.
Cuando abrió la puerta se encontró lo habitual: la habitación estaba casi totalmente vacía, con un par de cajas por aquí y por allá, el chelo apoyado en una esquina… y en medio de todo eso la cama de Shinji, bajo las sábanas de la cual se podía ver un bulto del tamaño de un joven de 14 años.
—¿Te encuentras bien? —preguntó Misato, arqueando una ceja.
—Estoy cansado —fue la respuesta que dio el bulto— ¿Puedo quedarme hoy en casa en vez de ir al instituto?
Misato se quedó en silencio, meditando. La primera idea que se le pasó por la cabeza fue llamar a su padre y preguntarle si aquello era aceptable, pero la descartó inmediatamente al darse cuenta de que probablemente el Comandante le diría que estaba muy ocupado, que no tenía tiempo para aquellas cosas y que Shinji era ahora su responsabilidad.
Al fin y al cabo, tendría razón. Ella había tenido la iniciativa de cuidar de Shinji, como Ritsuko le había dicho, y ahora tenía que afrontar las elecciones que ello suponían.
"No pasará nada por dejarlo dormir un día" pensó. "Después de todo, ayer lo hizo muy bien…"
—Está bien, Shinji. Puedes quedarte en cama por hoy, pero quiero que estés despierto para la hora de comer ¿de acuerdo?
—Sí, Misato —contestó su protegido—. Gracias.
La Capitana de NERV iba a decir algo más, pero decidió dejar de molestar al joven. Cerró la puerta con cuidado para no perturbarlo y se apoyó contra ella. Bebió un trago de la lata de cerveza que llevaba en la mano.
—Así que esto es lo que se siente siendo madre ¿eh? —pensó en voz alta.
Pen Pen, que se había quedado en frente de la puerta presenciando toda la escena, la miró durante unos instantes. Luego, con aire de indignación, comenzó a mover sus pequeñas patas para caminar hacia la cocina, encerrándose en su sección de la nevera.
EL EFECTO MAKINAMI
[Capítulo: 03 — Erizo]
Mari se recostó sobre la silla de su pupitre. Sí que eran aburridas aquellas clases, y más si no tenía a Shinji por allí para hablar sobre algo. Lo único en lo que podía pensar en aquel momento era en el calor que le daba aquel uniforme tan largo.
"Esta gente debería adaptarse al calor perpetuo. Todo el mundo estaría más contento si pudiéramos venir con pantalones cortos o una falda que cubra menos que la sotana de una monja".
Pensando en la ropa de verano que la esperaba en casa, mucho más cómoda y fresca, soltó un silencioso suspiro y miró hacia la ventana. Allí estaba sentada Rei Ayanami, como el día anterior. Mari entrecerró los ojos para ver bien a aquella chica tan misteriosa y callada con la que todavía no había tenido el placer de hablar.
"Sí que es pálida" pensó. "Parece una vampira. Y su tono de pelo tampoco es que sea muy normal…"
De pronto, como si pudiera oír sus pensamientos, la chica giró la cabeza hacia el frente y la miró de reojo. Sus ojos, rojos como la sangre, parecían fríos y analíticos, casi tanto como los del Comandante Ikari. Eran exóticos, pero al mismo tiempo la inquietaban un poco. Parecían del mismo color que el LCL sin ionizar…
Mari le sonrió a la Primera Niña. Levantó un brazo para saludarla con la mano, ante lo que Rei no reaccionó de ninguna forma. Se quedó mirándola con la misma expresión neutral que siempre parecía tener en su rostro, como si ya formara parte de él. Después de unos segundos de intentar sacarle alguna reacción, Mari desistió. Volvió a poner su mano sobre la mesa y se encogió de hombros, como preguntándole qué le pasaba. Rei la ignoró y volvió a poner su vista en la ventana.
De pronto, algo interrumpió el intento de comunicación de Mari. Escuchó un pitido mecánico proveniente de su mesa y giró rápidamente la cabeza para ver de qué se trataba. Frunció ligeramente el ceño al encontrarse con que, en el monitor de su pupitre, normalmente vacío durante las lecciones, había aparecido un mensaje en letras rojas.
[SUZUHARA TOJI: Te veo en el patio trasero después de clase. Ni se te ocurra faltar.]
La sonrisa volvió a los labios de Mari. Parecía que alguien quería jugar… y a ella le encantaba jugar. Se ajustó las gafas y, con una risita pícara, tecleó su respuesta.
[MAKINAMI MARI: Allí estaré.]
Presionó el botón de enviar y se volvió a recostar en su asiento, aburrida de escuchar las mismas lecciones que su profesor particular ya le había impartido en Betania durante todo su entrenamiento como pilota. Ni siquiera entendía por qué habían insistido en que fuera a clase.
La única parte buena era que podía usarlo como excusa para conocer un poco más a sus compañeros pilotos. Shinji había demostrado ser una persona a la que era difícil acercarse, y lo cierto era que se trataba de un chico muy tímido, pero ya encontraría alguna forma de acercarse a él.
Rei, por otro lado, parecía aún más cerrada que él. Tendría que trabajársela un poco más.
Pero ese día no. Ese día ya tenía algo que hacer.
Mari sonrió, satisfecha.
—Bueno, el GeoFront sigue entero. Eso es algo.
—Agradezco tu voto de confianza, Ikari. De todas formas, lo único que tuve que hacer fue sentarme y mirar como la Capitana daba órdenes a los pilotos.
Gendo sonrió socarronamente. Sin embargo, al ver al hombre que le devolvía la mirada desde el reflejo en la ventana del metro de NERV, volvió a su expresión seria habitual.
No le gustaba cómo aquella sonrisa se fundía con su rostro. Parecía casi antinatural.
—Podría dejarte más a menudo haciendo mi trabajo —respondió—. Tal vez incluso acabe gustándote.
—Solo si me subes el sueldo —replicó Fuyutsuki, sentado en el asiento en frente del del Comandante, periódico en mano—. Sentarse sin hacer nada mientras los demás ganan una guerra es agotador, pero podría llegar a acostumbrarme.
El Comandante no dijo nada. Aunque estaba de un inusual buen humor aquella mañana, prefirió comenzar a informarse sobre la última batalla a conversar despreocupadamente con su antiguo profesor.
—¿Cuál es el estado actual de las Unidades desplegadas ayer? —preguntó.
—La Unidad 01 sufrió daños leves durante el combate —expuso su subordinado—. Nada que no se pueda arreglar en unos pocos días. La Unidad 03, sin embargo... el Ángel fue capaz de cortarle el brazo derecho como si nada, y quedó bastante dañado durante la batalla. La Doctora Akagi me dijo que tardarán aproximadamente dos semanas en traer piezas de repuesto y repararlo.
—¿No tenemos piezas de repuesto aquí? —inquirió Gendo, sin apartar la mirada de la ventana del metro.
—Recibimos la Unidad anteayer, Ikari. Los de Betania todavía no han tenido tiempo de organizar un envío de piezas de repuesto. Los miembros generados allí son los únicos que pueden acoplarse al Eva-03 sin ser rechazados.
Gendo gruñó.
—Eso nos deja con tan solo una unidad totalmente operativa —dijo—. La Unidad 00 tardará unos días en completar sus reparaciones.
—Bueno, si me permites la observación, la pilota Makinami fue capaz de llevar a cabo una actuación soberbia sin su mano dominante —comentó Fuyutsuki, pasando una página del periódico—. No deberías preocuparte tanto.
—Me preocupo, Fuyutsuki —Gendo frunció el ceño, apartando la vista del cristal para mirar a su viejo amigo—, porque no sabemos qué forma adoptará el siguiente Ángel. Podría forzarnos a utilizar armas de largo alcance, algo que la Unidad 03, como habrás podido comprobar, no puede hacer en su condición actual.
Fuyutsuki se encogió de hombros.
—¿Hemos conseguido recuperar alguna muestra del núcleo del Ángel? —el Comandante volvió a posar su vista en el paisaje artificial que había tras la ventana.
—Me temo que no. Tu chico destrozó el núcleo a consciencia. Una pena, porque nos habría sido útil en la construcción de hipotéticas unidades autónomas…
Gendo asintió. No se esperaba que Shinji fuera capaz de hacer tal demostración de destreza en su segundo combate. Incluso aunque la Segunda Niña le hubiera ayudado, la narración que Fuyutsuki le había hecho sobre la batalla contra el Cuarto Ángel ponía a Shinji como un guerrero feroz. Casi se sentía orgulloso.
Casi.
—Las unidades autónomas no son una urgencia —dijo—. De todas formas, el Eva-04 estará terminado antes de noviembre.
—Te recuerdo que para entonces ya tendremos también a la Unidad 02 en nuestro poder — comentó Fuyutsuki, levantando la vista de su periódico—. ¿De verdad piensas que los peces gordos nos dejarán quedarnos con cinco Evas así por las buenas?
—No —respondió rotundamente Gendo—. O al menos, no sin que yo intervenga.
Fuyutsuki rió.
—Vas a tener que volver a usar esa lengua de plata tuya para convencerlos —dijo—. No van a deshacerse de ese Eva con tanta facilidad. Asumo que preferirán mantenerlo como repuesto por si alguno de los que ya tenemos resulta dañado.
—Tal vez ni siquiera haga falta que yo tenga que decir nada al respecto —contestó Gendo, acariciándose la barba pensativamente—. Si algún Ángel nos causa los suficientes problemas en el futuro, es probable que nos permitan tenerlo... aunque, si todo falla, siempre tenemos un método alternativo.
—Espero que no estés pensando usar a ese espía tuyo —advirtió Fuyutsuki, arqueando una ceja ligeramente en señal de sospecha.
Gendo gruñó, recordando su última y única conversación cara a cara con Ryoji Kaji. Aunque prefería no tener que involucrar a aquel camorrista en sus planes más de lo necesario, tenía que reconocer que el tipo tenía sus recursos.
—El Over the Rainbow sale de Alemania la semana que viene, con nuestro pequeño amigo a bordo —dijo—. Entonces veremos si el señor Kaji es tan útil como creíamos y, si lo es, tal vez lo considere suficientemente fiel como para asignarle una nueva misión.
Fuyutsuki soltó un gruñido de desagrado. Ya había dejado claro en conversaciones anteriores que aquel personaje no le resultaba agradable.
—Un hombre que actúa como él, tratando de ocultar su personalidad con tanto ahínco, no puede ser de fiar —respondió mientras volvía a ojear los titulares del día—. Mi consejo es que mantengas las distancias, Ikari. Ya hemos confiado bastante en él con el tema de Adán, y ahora sabe más de lo que nadie de su estatus debería saber. Además, tenemos que tener en cuenta su relación con la Capitana Katsuragi. No queremos que se filtre ninguna información indeseada.
—Soy perfectamente consciente de su extraño comportamiento y de su red de relaciones, Fuyutsuki. No obstante, es de las pocas personas en las que podemos confiar para realizar un trabajo como ese en el futuro.
—¿Qué está maquinando esa cabeza tuya? —Fuyutsuki pasó una página del diario.
Hubo una pausa.
—Muchas cosas, profesor —fue la respuesta de Gendo cuando el metro finalmente se detuvo en el interior de uno de los hangares de NERV—. Muchas cosas.
Los dos hombres se levantaron y, totalmente en silencio, abandonaron el vagón.
Shinji escuchó la puerta del apartamento cerrarse cuando Misato salió para ir al trabajo. Soltó un largo suspiro. No le gustaba tener que mentirle.
En parte era cierto que había dormido mal, pero aquello era tan solo una consecuencia de algo diferente. La verdad era que no estaba tan cansado. El motivo por el que había decidido quedarse en cama tenía relación con su batalla contra el Cuarto Ángel, sí, pero se trataba de algo muy alejado de su condición física.
Con la cabeza hundida en la almohada, encendió su reproductor SDAT, único regalo que le había hecho nunca su padre, y recordó su temeraria y estúpida actuación con el rifle de asalto. Totalmente cegado por la adrenalina del momento y con el único deseo de terminar con aquella batalla lo antes posible para poder bajarse del Eva, había actuado sin pensar y había puesto en peligro la vida de una compañera a la que acababa de conocer aquel mismo día.
"A su Eva le cortaron un brazo por mi culpa" pensó. Sabía que el Eva se podía reparar, pero también era consciente de que todo el daño que el meca recibiera iba a tener efecto directo en su pilota.
Era por eso que Shinji no se había atrevido a mirar a Mari a los ojos desde que salió de su entry plug. Le daba demasiada vergüenza, y decidió que era mejor evadirla.
"Probablemente esté mejor así" se dijo. Al fin y al cabo, había sobrevivido sin relacionarse con nadie de su clase durante una semana. Podía seguir así el tiempo que hiciera falta.
No tardó en quedarse dormido mientras escuchaba una de sus cintas de Beethoven.
El patio estaba en silencio cuando Toji llegó. Kensuke se quedó en la salida, medio escondido tras el marco de la puerta, mientras su amigo caminaba hacia Mari.
Ella se encontraba de pie, con los brazos cruzados y en una pose desafiante.
—¿Qué te pasa, Suzuhara? —preguntó con una sonrisa dibujada en el rostro— ¿Quieres una revancha?
El chico no dijo nada. En su lugar, siguió andando hacia ella. Mari tampoco volvió a hablar, y se quedó totalmente quieta mientras intentaba buscar un patrón en los movimientos de su rival. Desde aquella posición, podía frenarlo de muchas maneras. Podría darle la vuelta y atraparle el brazo contra la espalda, ponerle la zancadilla para que él solo se cayera al suelo víctima de su propio avance…
"Incluso podría tirarle de los calzoncillos" pensó, divertida. Cuando tenía ocho años, solía hacérselo a niños y niñas por igual por meterse con ella durante el recreo. Sería un agradable regreso a su niñez.
Al fin y al cabo, no quería causarle daños serios al chico. Solo estaba jugando con él.
Después de unos segundos, que se hicieron eternos en la cabeza de la pilota, Toji se detuvo justo en frente de ella.
—Makinami —dijo.
—Suzuhara —respondió ella.
Toji respiró hondo, la miró fijamente a los ojos durante unos instantes y…
…se inclinó en una súbita reverencia, doblando su cuerpo casi 90 grados.
—¡Pido perdón por mi comportamiento de ayer! —exclamó sin abandonar su incómoda posición.
Mari pestañeó, visiblemente sorprendida.
—Oh… —dejó escapar, relajando los brazos y dejándolos caer a ambos lados de su cuerpo.
"¿Qué mosca le ha picado?"
—¡No soy digno! —continuó el joven— ¡Tus dos actuaciones de ayer fueron suficientes para demostrármelo! ¡Por favor, enséñame a golpear tan fuerte como tú!
La sonrisa de Mari volvió a aparecer en su rostro. No parecía mal chaval, después de todo.
—Es halagador que me pidas eso —contestó finalmente—. No muchos guerreros son lo suficientemente dignos como para admitir la superioridad de su adversario.
Se sorprendió a sí misma con el dramatismo de aquellas palabras, como si se tratara de una especie de entrenadora de samuráis. Toji, sin embargo, no se movió, su cuerpo todavía completamente inclinado.
—Puedes… esto… puedes dejar la reverencia ¿sabes?
El joven se enderezó de golpe, su agitada respiración denotando que ya estaba empezando a costarle mantener la postura. No obstante, en ese instante adoptó la posición contraria: totalmente erguido, como si fuera un clavo.
—Bueno —continuó Mari—. Como decía, me halaga que me pidas que te entrene, pero yo llevo ocho años entrenando duro ¿sabes? Por algo soy una pilota de Evangelion.
Toji relajó su cuerpo, decepcionado.
—¿Eso quiere decir que yo no puedo aprender? —preguntó.
—Oh, no quería decir eso —respondió Mari, negando con la mano—. Lo que digo es que te va a costar bastante llegar a mi nivel.
—¡No me importa esperar! —exclamó Toji— ¡Viviré más seguro sabiendo que tú me estás entrenando!
Mari no pudo evitar reír ante lo absurdo de aquella situación. Le puso a Toji una mano en el hombro.
—Ese es el espíritu, Suzuhara—dijo—. No creo que tenga mucho tiempo para entrenarte personalmente, pero si vienes a preguntarme de vez en cuando estoy segura de que podré darte algunos conejos ¿te parece bien?
Toji asintió enérgicamente con la cabeza sin desestabilizar ni un ápice su posición erguida. Mari sonrió, satisfecha.
—Entonces perfecto. Aunque creo que no es a mí a quien le tienes que pedir disculpas. Si no recuerdo mal, era a Shinji a quien le ibas a pegar un puñetazo al principio.
El joven relajó finalmente su postura.
—Lo sé —respondió—, pero no he podido hablar con él porque no ha venido.
—Ya podrás hacerlo mañana —contestó Mari—. Es la única condición que te pongo para ser tu… profesora, supongo.
Toji volvió a asentir. Levantó el dedo índice con la intención de decir algo, pero una voz nueva lo interrumpió.
—¡Suzuhara! ¿Ya estás tramando algo otra vez?
La voz provenía de una joven que se encontraba al lado de Kensuke, en la puerta del patio, con los brazos en jarras y una expresión de sospecha. Tenía el pelo recogido en dos coletas, lo que le daba un aspecto bastante infantil, y la piel morena de su rostro estaba decorada con pecas de color castaño oscuro.
Mari estaba segura de haberla visto antes, pero no era capaz de recordar el contexto.
—Nada que te concierna, delegada —respondió Toji con aires de importancia mientras se cruzaba de brazos—. Cosas importantes.
Hikari hizo caso omiso a la respuesta y caminó en su dirección. Ignorando a Toji, se dirigió a Mari con una leve reverencia.
—No nos hemos presentado adecuadamente visto todo el problema de ayer, Makinami —dijo con un tono educado—. Yo soy Hikari Horaki, la delegada de clase. Encantada.
Mari respondió a la reverencia con un saludo militar totalmente espontáneo. Hikari pestañeó, sorprendida.
—Y ¿a qué se debe este honor, delegada? —inquirió.
—Oh, quería preguntarte si sabías dónde vive Shinji. Como no ha venido hoy, esperaba que alguien pudiera llevarle los deberes.
La pilota se llevó un dedo a la barbilla, pensativa. No sabía dónde vivía Shinji, pero podía contactar con Ritsuko o Maya para preguntarles por el domicilio de Misato, que venía a ser lo mismo.
—No será un problema —dijo finalmente—. Dámelos después de clase y se los llevaré a casa.
Hikari asintió, visiblemente satisfecha.
—Muchas gracias.
Después, se giró hacia Toji y le dedicó una fría mirada de advertencia.
—Y en cuanto a ti, Suzuhara —le dijo—, más te vale no meterte en líos. Y no molestes a los alumnos nuevos, que ya tienen bastante con lo suyo.
Toji frunció el ceño, fingiendo ofensa.
—¡No estaba…!
—Guárdatelo —lo cortó Hikari—. No me interesan tus excusas de mal pagador.
Girándose hacia Mari una vez más, le dedicó una cálida sonrisa y, acto seguido, se dirigió hacia la entrada, dejándolos solos. Mari soltó una risita.
—Te tiene manía ¿eh? —preguntó, mirando de reojo a Toji.
El joven asintió con una expresión de frustración en el rostro. Se llevó una mano a la nuca.
—Me sigue a todas partes, incluso cuando no estoy haciendo nada malo —contestó.
—Creo que le gustas.
—… ¿qué?
Shinji se despertó de golpe al escuchar el timbre de la puerta. Miró el reloj y se dio cuenta de que había dormido hasta la hora de comer.
No sería la primera vez que Misato se dejaba las llaves en casa, pero en aquella ocasión era muy poco probable que ese fuera el caso: la Capitana le había dicho a Shinji que no volvería hasta tarde, pues tenía que encargarse del papeleo posterior a la batalla contra el Cuarto Ángel.
"Es la parte más pesada del trabajo pero eh, alguien tiene que hacerlo" fue lo que la mujer había dicho sobre el tema.
Preguntándose quién podría estar llamando el timbre a esas horas, Shinji se levantó de su cama con lentitud y se dirigió hacia la puerta. Apenas estaba en camiseta y pantalones cortos de pijama, pero no le importaba recibir a la gente así. Probablemente fuera un vecino, una entrega de paquetes o incluso algún empleado de NERV con un recado para Misato.
Grande fue su sorpresa cuando abrió la puerta, pues se encontró cara a cara con Mari Makinami, la Segunda Niña.
—¿M-makinami? —preguntó, sorprendido— ¿Qué haces aquí?
—¡He venido a traerte los deberes, convaleciente! —exclamó ella con entusiasmo, extendiendo el brazo y mostrándole una serie de papeles escritos.
Shinji recogió los papeles, todavía algo pasmado, y les echó una ojeada rápida. Antes de que pudiera decir nada, Mari le puso una mano en la frente.
—Hmm —dijo, poniendo la otra en su propia frente—. No parece que tengas fiebre. ¿Qué te pasa, Shinji?
El joven se encogió de hombros, su vista todavía posada sobre las hojas de papel. Mari era la última persona con la que le apetecía hablar en aquel momento.
Bueno, la penúltima.
—Tierra llamando a Shinji… —insistió ella al no obtener respuesta, agitando una mano en frente de su cara— ¿Qué es lo que te ocurre?
—Estaba cansado, nada más —contestó él simplemente, evitando la mirada de su compañera.
—Y una porra.
—¿Eh?
Mari se cruzó de brazos y arqueó una ceja con incredulidad.
—No eres la clase de chico que se queda en casa solo porque "está cansado", Shinji —aclaró—. Además, esa es la excusa más vieja del mundo. ¿Es que no me quieres contar lo que te pasa?
Shinji bajó la cabeza todavía más, apartando la mirada.
—Lo… lo siento por hacer que tu Eva perdiera el brazo en la batalla contra el Ángel —dijo finalmente, casi en un susurro.
Mari se quedó en silencio. Sus burlas y sus chistes cesaron en un instante, como si aquello la hubiera tomado totalmente desprevenida.
Y, justo después, la chica comenzó a moverse. Era un movimiento compulsivo y repetido, rápidamente acompañado por un sonido que Shinji no es esperaba. La miró, sorprendido.
Mari estaba desternillándose de la risa.
—¿Era eso? —preguntó una vez que su carcajada se relajó— ¿Ese es el motivo por el que no has ido al instituto?
Shinji frunció el ceño, visiblemente molesto.
—Sí —contestó—. Estaba preocupado por si me guardabas rencor.
Otra carcajada. Mari se apoyó en el marco de la puerta para evitar caerse al suelo.
—Ay —dijo, recomponiéndose y secándose las lágrimas de los ojos—. Shinji, eres de lo que no hay. Llevo casi 7 años de mi vida entrenando para este momento, ¿de verdad crees que me voy a enfadar conmigo por un fallo técnico en tu segunda batalla?
—Bueno, yo…
—Shinji —Mari le pasó una mano por el pelo cariñosamente, todavía aguantando la risa—. Esto es una guerra. He asumido que voy a sentir dolor, pero también que ese dolor es pasajero y se pasará cuando me baje del Eva. No te guardo ningún rencor ¿entendido?
Shinji sonrió, pero notó el calor acumularse en sus mejillas de nuevo. Se encogió de hombros.
—Además —continuó la joven—, si alguna vez te pasa algo así, lo que deberías hacer sería hablar con esa persona y disculparte ¿no crees? Mejor eso que estar agobiándote todo el rato.
—Supongo que tienes razón...
La chica le dio unos golpecitos en el hombro, tratando de animarlo.
—Anda, anímate un poco, que pareces un cachorro asustado...
De pronto, un sonido la interrumpió. Una especie de rugido lejano y débil, como si un cachorro de león estuviera intentando sonar intimidante. Shinji no tardó en darse cuenta de que el ruido provenía del estómago de Mari.
—Caray, tengo las reservas vacías —dijo ella— ¿Tienes algo de comer?
Antes de que Shinji pudiera contestar, la joven se inclinó hacia el interior del piso, arqueando las cejas.
—¿No está Misato por aquí? —preguntó.
—Uh, no —contestó Shinji—. Misato va a quedarse todo el día en NERV. Dijo que tenía mucho trabajo hoy…
—¡Oh, genial! ¡Entonces puedo quedarme a comer! —exclamó Mari con entusiasmo.
Sin esperar una invitación, se quitó los zapatos y entró en el apartamento a toda velocidad mientras Shinji la seguía con la mirada, completamente atónito. Cerró la puerta antes de entrar en el piso.
Mari era... extraña. En cualquier otra persona, Shinji habría tachado su comportamiento de infantil e inmaduro, pero ella parecía perfectamente consciente de que lo que hacía era ridículo, invasivo o exagerado. De la misma forma, no semejaba importarle en absoluto que la gente pensase aquello de ella.
—¿Qué tiene Misato por aquí que no sea ramen instantáneo, cachorro? —inquirió Mari, abriendo cada alacena sin preocuparse por aquello que los mortales llamaban "intimidad".
Shinji no pasó por alto que la chica continuara refiriéndose a él como un "cachorro", pero decidió no decir nada. Algo le decía que Mari le iba a prestar poca atención a lo que él tuviera que decir sobre su recién asignado mote.
—Bueno, normalmente cocino yo —explicó—, precisamente porque no me gusta toda esa comida instantánea que come Misato.
Mari apartó la mirada del interior de la alacena para dedicarle una mirada de genuina sorpresa a su compañero.
—¿Cocinas bien? —preguntó.
—Bueno, Misato dice que sí —contestó Shinji—. Aunque la verdad, ella cocina tan mal que no me extrañaría que le dijese eso a todo el mundo.
—Eso está bien. Yo nunca fui capaz de cocinar nada sin hacer arder media cocina ¿sabes?
Shinji no pudo evitar soltar una risita ahogada.
—Si quieres puedo improvisar algo —dijo—. No tenía pensado comer con nadie, pero siempre se puede intentar algo fácil.
—Como quieras —contestó Mari, encogiéndose de hombros—. Mientras se pueda comer...
Asintiendo, Shinji cogió una silla de la mesa de la cocina y la acercó a las alacenas. Acto seguido, se puso de pie sobre ella y comenzó a buscar ingredientes, todavía pensando en qué se suponía que iba a hacer para comer.
Soltando un suspiro, Misato se sentó en una de las mesas de la cafetería de NERV.
"Tengo media hora para comer antes de volver al trabajo" pensó, mirando su reloj de pulsera.
Era la segunda vez que se tenía que quedar a comer en el cuartel general de NERV, y aun así ya entendía por qué nunca iba mucha gente por allí. El ambiente, como en el resto de la base, era bastante aburrido y poco estimulante, por no decir directamente que era deprimente. Y la comida no era que tuviera mucho mejor pinta.
Sin muchas ganas, metió la cuchara en aquella especie de papilla verde que había en el menú y se la llevó a la boca sin muchos miramientos.
"Podría ser peor" pensó, saboreando el alimento. "Ritsu dice que esta bazofia es más nutritiva que el ramen instantáneo".
Al recordar a su mejor amiga, se dio cuenta de que no la había visto en toda la mañana. Ni siquiera había contestado al teléfono cuando la llamó a la una, la hora a la que las dos solían bajar a tomar el café juntas y quejarse de la ineptitud de sus respectivos departamentos. Supuso que la científica estaría trabajando en alguno de sus chismes o echándole una mano al Comandante con alguno de esos rollos ultra-secretos de NERV.
Aburrida, Misato hizo una visual de la cafetería, buscando desesperadamente a alguien conocido.
"Daría la vida por poder hablar con alguien ahora mismo" pensó. Llevaba las últimas cinco horas y media encerrada en una oficina, rellenando formularios y preguntándole cosas a algún superior cada dos por tres para asegurarse de no estar cargándose nada.
La única persona a la que reconoció vagamente en la cafetería era un hombrecillo más o menos de su edad, flaco, de pelo corto y gafas gruesas, sentado solo en una de las mesas más alejadas de la suya, en una esquina. Llevaba un uniforme de técnico de NERV y parecía tan aburrido como ella.
"¿Shigeru… nosecuantos?" pensó Misato, tratando de recordar el nombre de aquel tipo. "Diablos, es difícil recordar los nombres de todos esos tíos. Con esos uniformes, parecen todos iguales".
Se levantó de su asiento, bandeja sostenida entre sus manos, y se dirigió a la mesa en la que se sentaba el técnico. Carraspeó.
—Buenos días, Shigeru —saludó alegremente—. ¿Te importa si me siento contigo?
Shigeru se la quedó mirando unos instantes, luego arqueó las cejas.
—Hyuga —dijo—. Me llamo Makoto Hyuga, Capitana. Shigeru es el nombre de otro técnico.
"Soy imbécil" pensó Misato. "Habría quedado bien si no hubiera dicho ningún nombre".
—Eh, yo… lo siento, Makoto —se disculpó.
El joven, sin embargo, le dedicó una cálida sonrisa. Debió de notar la incomodidad de Misato, porque le restó importancia al asunto con un gesto de la mano.
—No pasa nada, Capitana —dijo—. Claro que puede sentarse conmigo. No estaba haciendo nada, de todas formas.
Misato, todavía insultándose en su cabeza, se sentó al lado del técnico sin rechistar.
—Llevo todo el día con el papeleo encima —comentó—. Me apetecía sentarme con otro ser humano y tener una conversación de verdad.
Makoto sonrió.
—Bueno, yo no suelo tener ese problema —explicó—. Normalmente siempre estoy rodeado de otros técnicos, así que tengo más conversaciones que muchos de los oficinistas de alto rango en NERV.
Se encogió de hombros con una expresión de resignación.
—Sinceramente —dijo—, nuestro trabajo cuando no hay ningún ataque es supervisar el funcionamiento del centro de mando. Y créame, Capitana, puede ser muy aburrido.
Misato suspiró, apoyando la cabeza en una mano mientras removía su comida con la otra.
—Debe ser mejor que rellenar papeleo toda la mañana y no poder ir a comer a tu propia casa —se quejó.
—Bueno, usted tiene suerte —dijo Makoto, volviendo la mirada hacia su propia papilla—. Usted puede volver a casa de vez en cuando. Nosotros tenemos que quedarnos todo el día sentados en el mismo sitio, esperando a que algo ocurra.
"Soy muy imbécil" pensó Misato.
—N-no pretendía…
—No pasa nada —la interrumpió Makoto.
—No, me he sentado aquí y las dos veces que he abierto la boca ha sido para decir estupideces —contestó Misato.
—Está bien, siéntase mal por ello si quiere —respondió el técnico, encogiéndose de hombros pero manteniendo su sonrisa—. En cualquier caso, está bien tener a alguien con quien hablar en este rato libre.
Misato le devolvió la sonrisa antes de llevarse otra cucharada a la boca.
—Ya te digo —dijo—. Sin Ritsuko o Shinji por aquí, no tengo muchas personas con las que entablar conversación.
—Oh, es cierto. El tema del Cuarto Niño ha estado en boca de todos los cotillas de Central Dogma esta semana. ¿Qué tal es vivir con un piloto?
La Capitana detuvo la cuchara durante su viaje hacia su boca, perpleja.
—¿Qué quieres decir con que "ha estado en boca de todos"? —inquirió, frunciendo el ceño. Ignoró la pregunta del técnico.
Makoto se encogió de hombros una vez más, tratando de suavizar el asunto.
—Bueno... —djio, titubeando— a la gente le resulta extraño que un chico de 14 años se vaya a vivir con una mujer que acaba de conocer en lugar de con su padre. Personalmente, a mí no me gusta meterme en la vida de las personas, pero hay muchos rumores circulando entre los técnicos del centro de mando. Lamento ser yo el portador de las malas noticias.
"Genial" pensó Misato. "Llevo dos semanas trabajando aquí y ya tengo fama de pederasta entre mis subordinados".
—No lo sientas —contestó con algo de acritud en su voz—. Está bien saber lo que comentan de mi vida por ahí.
Se hizo un incómodo silencio.
—P-perdona si ha sonado muy borde.
—No, para nada. Es normal que te moleste que otras personas hablen de ti sin tener ni idea. Sé lo que se siente.
Misato le respondió con una tímida sonrisa.
—¿Cómo es eso? —preguntó.
—Bueno, en la universidad no tenía muchos colegas y la gente solía tratarme como un bicho raro —contestó él—. No era que no quisiese hacer amigos, era solo que me lo pasaba mejor leyendo o viendo películas —bebió un trago de su botella de agua y soltó una risa ahogada—. Cuando conocí a Shigeru fue cuando empecé a tener más vida social.
"Esa historia me suena de algo..." pensó Misato.
—Entonces Shigeru era el del pelo largo ¿no? —preguntó, achinando los ojos mientras trataba de identificar al otro técnico en su cabeza.
—Sí. Fue él el que me convenció para que me metiera aquí en NERV.
—Yo también tuve una etapa un poco jodida en la universidad —comentó Misato—. Podría entrar en detalles, pero te llega con saber que estoy acostumbrada a que otras personas se metan en mi vida.
Makoto asintió mientras se llevaba más de aquella papilla irreconocible a la boca.
—La gente de NERV no respeta demasiado la intimidad de los demás —dijo—. Se inventan historias sin fundamento sobre todo el mundo. Y si crees que lo tuyo es malo es porque no has oído las cosas que dicen del Comandante.
Misato arqueó las cejas y se inclinó hacia delante, apoyando los codos sobre la mesa y enlazando las manos bajo su nariz en una postura bastante familiar.
—¿Y qué es lo que dicen por ahí del Comandante? —preguntó con un atisbo de picardía en su voz.
Makoto la miró un momento, para luego pasar la vista disimuladamente por el resto de la cafetería en busca de alguien que pudiera estar escuchando su conversación. Al no encontrar a nadie, inclinó la cabeza hacia delante para responderle a Misato.
—Bueno, dicen que pasa mucho tiempo con Rei —explicó, bajando la voz—. Si sabes a lo que me refiero.
—Oh.
Mari, con las gafas empañadas por el vapor de la comida caliente, le echó unas cuantas ojeadas a su cuenco de yakimeshi, removiéndolo un poco antes de llevarse un trozo de carne a la boca.
—Hm —dijo, saboreándolo bien—. Hace mucho tiempo que no como algo tradicional de Japón. Tendrás que disculparme si soy un poco torpe con los palillos.
—No pasa nada —respondió Shinji— ¿Te gusta?
Su amiga asintió efusivamente. Con un poco de torpeza, consiguió meterse en la boca un poco más de carne con arroz.
—¿Es muy común esta comida? —preguntó.
Shinji se encogió de hombros, masticando la comida de su propio cuenco.
—Solo sé que en mi casa la comíamos mucho —contestó con una sonrisa triste—. A Padre le gustaba, y mi tío me enseñó a prepararla cuando me fui a vivir a su casa.
No tenía muchos recuerdos de su madre, pero siempre recordaría lo rica que hacía aquella comida. En cantidades industriales, además, pues muchas veces tanto ella como su marido tenían que llevársela al trabajo en un taper. Al no tener muchos amigos, no sabía si era muy común en otras familias hacer algo parecido.
—Tu viejo es muy raro —fue lo que respondió Mari.
El comentario tomó a Shinji por sorpresa, pero no reaccionó.
—¿Raro?
—A ver, no digo que parezca un psicópata o algo por el estilo... pero sí que tiene un puntillo chungo, como si pudiera fulminarte con la mirada.
"No todos estarían de acuerdo contigo", pensó Shinji. Volvió a recordar a su tío, esta vez en una de sus habituales conversaciones después de la cena. El hombre había tomado un par de cervezas de más, dejando que los recuerdos se apoderasen de él y llenando su lengua de veneno.
"Estoy seguro de que fue él el que se cargó a Yui" había dicho. "Ni accidentes ni leches. Lo único que quería ese hijo de puta era aprovecharse de mi hermana".
—Da un poco de miedo, sí —contestó finalmente, bajando la vista hacia su cuenco—. Supongo que es por el trabajo que tiene.
Mari asintió en señal de comprensión.
—Supongo que por ese mismo motivo es mejor que no vivamos juntos —continuó Shinji—. Sería una carga para él tener que atenderme todos los días.
—Ya, claro —contestó su amiga—. Pero algo me dice que a ti te gustaría poder vivir con tu padre.
Shinji hizo una mueca.
Daría lo que fuera por pasar tiempo con su padre, aunque solo fuera para poder mantener una conversación con él. Sabía que vivir en el mismo lugar era una posibilidad que había dejado de existir hacía mucho tiempo, pero aquello no le impedía pensar que le gustaría poder decir que tenía un padre normal. O un padre, siquiera.
Tenía tantas preguntas que hacerle...
—Sé que no es posible —repitió Shinji—, pero sí... sí que me gustaría poder vivir con él.
—Entonces deberías pedírselo ¿no?
Shinji la miró con extrañeza. ¿Acaso aquella chica no había conocido a su padre?
—¿Para qué? —preguntó—. Sé que me va a decir que no. No tiene sentido hacer algo cuando ya sabes el resultado.
—A lo mejor tan solo estás asumiendo el resultado.
—¿Eh?
Mari suspiró, cerrando los ojos pero sin dejar de sonreír. Dejó sus palillos en el interior del cuenco y miró a su amigo con una expresión sarcástica.
—No deberías asumir las cosas con tanta rapidez, cachorro —le dijo—. ¿Qué es la vida si no experimentas de vez en cuando?
—¿Qué sabrás tú de mi padre? —inquirió Shinji tratando de no sonar desagradable.
—Bueno, no sé nada de él —admitió Mari—, pero sí que sé que a veces las cosas no salen como pensamos que van a salir. Si vives la vida pensando que sabes lo que va a ocurrir, nunca te llevarás ninguna sorpresa porque nunca te arriesgarás.
Le guiñó un ojo, su sonrisa sarcástica transformándose en una más felina y pilla.
—Y ¿qué es la vida si no te arriesgas?
Shinji la miró unos instantes, sin saber cómo contestar. Nunca le había gustado tomar riesgos, pues ¿para qué hacerlo si ya sabía en qué condiciones se encontraba más o menos confortable?
—Míralo de otra forma —continuó Mari— ¿qué puedes perder por hacer una pregunta?
Entonces, el joven detuvo sus pensamientos. Aquello era cierto.
¿Qué perdía por hacer una pregunta?
—De todas formas —concluyó, volviendo a posar la mirada sobre su cuenco—, de momento estoy bien viviendo con Misato. Pensaré lo de preguntarle a mi padre cuando me haya asentado un poco más.
Mari, todavía con su pícara sonrisa en los labios, se encogió de hombros mientras se disponía a seguir comiendo.
—Shigeru —dijo de pronto Makoto, sin apartar la mirada del monitor vacío que había estado mirando durante casi veinte minutos.
—Dime —contestó su amigo de pelo largo sin abrir los ojos, interrumpiendo su concierto de guitarra imaginario.
—Creo que deberíamos empezar a llevar unos cartelitos con nuestro nombre escrito en el uniforme. Ya sabes, como los de las tiendas de electrodomésticos y los restaurantes de comida rápida.
Shigeru abrió a los ojos para mirar a su compañero.
—¿Qué? —inquirió, confuso por la ocurrencia.
—Sí, para que la gente nos diferencie mejor —expuso Makoto, apartando finalmente la vista de su pantalla para mirarlo mientras se encogía de hombros—. Estos uniformes tan sosos nos hacen parecer a todos iguales.
—Pídeselo al Comandante a ver qué te dice —contestó Shigeru, recostándose en su asiento y juntando las manos detrás de la cabeza. Era obvio que no se había tomado la sugestión de su amigo en serio.
—Probablemente me encontréis muerto en un río durante la próxima semana —bromeó Makoto—. Sabiendo cómo es el tipo, solo gastar su valioso tiempo en una chorrada como esa me valdría una ejecución.
Shigeru rió sin ganas.
Los dos amigos se quedaron de nuevo en silencio.
—Voy a por otro café —dijo Makoto, volviendo a posar su vista sobre el monitor en blanco de la mesa de operaciones antes de levantarse— ¿Quieres que te traiga uno?
—Por favor. A este paso, vamos a volvernos inmunes a la cafeína...
Notas del Autor: Bueno, este ha sido un capítulo más lento y sin batallas. Voy a intentar enfocarme en varios personajes a la vez, así que podéis esperar muchos capítulos como éste en el futuro. En cualquier caso, me alegra saber que los cambios de perspectiva no son un problema para mis lectores.
En cuanto al tema de Makoto y Shigeru: ha sido una especie de broma hacia mí mismo, porque yo era incapaz de diferenciar a uno del otro hasta hace apenas un mes. Tampoco era capaz, por muy extraño que suene, de diferenciar a Boromir de Legolas en La Comunidad del Anillo, así que es algo que me viene de lejos.
EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO: Rei hace cosas, Kensuke tiene un pelín de importancia, se prepara el terreno para la aparición estelar de nuestro octaedro favorito... y un personaje familiar se deja caer prematuramente.
Permaneced atentos.
