Capítulo 4

El dolor… un dolor tan intenso como pocas veces había experimentado en su vida se expandió como un relámpago por todo su ser. Intenso, lacerante, punzante, indescriptiblemente horroroso. El dolor pareció que se volvió uno consigo mismo y al mismo tiempo como si fuese una cosa ajena. Y entonces, sólo entonces empezó a redimir hasta el punto de desaparecer, en conjunto con los pocos retazos de consciencia.

Draco despertó lentamente, sólo podía recordar haberse transportado a la mansión Malfoy y de repente… nada. Al levantarse estaba algo desorientado. Podía ver que su cuerpo había volado varios metros del lugar donde inicialmente había querido transportarse, pero lo que más le sorprendió fue percibir algo que no había sentido en muchísimo tiempo, paz. Estaba tranquilo, muy tranquilo, la sensación compresiva que siempre lo acompañaba era inexistente, de hecho, parecía como si se hubiese tratado más del resquicio de un mal sueño que de una presencia permanente en su haber cotidiano. De todos modos sentía su cuerpo adolorido, como con el tipo de dolor que sientes cuando te pegas un fuerte cabezazo, o cuando haces demasiado ejercicio en el gimnasio. Era un dolor incómodo pero no incapacitante y definitivamente era más sobre llevable que la sensación incómoda que hasta hace unos instantes estaba eternamente plantada en su ser.

-Auch –escuchó a lo lejos una voz curiosamente familiar y que definitivamente no debería estar en su mansión en esos momentos- ¡Diablos!, de haber sabido que Narcisa iba a mantener las protecciones en alto no me hubiera transportado aquí.

Y viendo a Potter levantarse Draco se quedó congelado en el tiempo y en el espacio por un instante. Fue la sensación más extraña que jamás había experimentado, en cuanto a vio a Potter fue como si mil emociones con una intensidad inusitada se desbordaran la principal de todas, curiosamente, fue la preocupación. Y sin poder controlar adecuadamente su cuerpo se lanzó directo hacia Harry Potter, su enemigo jurado por tantos años, para poder socorrerle.

-¿Te encuentras bien Potter? –preguntó con un tono de voz que no pareció el suyo propio ya que parecía emocional.

Harry se sentía adolorido, pero lo extraño no era el dolor, era una sensación incómoda que sentía en su pecho y que apretaba con fuerza su corazón. Como si lo carcomieran por dentro pero a la vez como si tuviera una pared que no le permitiese expresar o demostrar las emociones que percibía.

-Auch –dijo, además de la incomodidad en su pecho todo su cuerpo dolía, de seguro era culpa de las protecciones de la mansión Malfoy - ¡Diablos!, de haber sabido que Narcisa iba a mantener las protecciones en alto no me hubiera transportado aquí.

Mientras abría sus ojos y el dolor corporal se reducía pudo escuchar la voz más atípica que jamás en su vida hubiese podido escuchar. No era el hecho de que fuese la voz de Draco Malfoy, era el hecho de que la forma en que salió la voz fue tan "no Malfoy" que daba miedo.

-¿Te encuentras bien Potter?

Al alzar la mirada pudo ver el seño de Draco fruncido con preocupación su mano extendida para levantarle y un claro temblor en sus manos y en su labio inferior que mostraba lo preocupado que debía estar.

¿No que los Malfoy jamás muestran sus emociones?

-Sí Malfoy –dijo Harry, pero su voz sonó fría como el hielo, era como si toda la calidez propia que siempre impregnaba su voz se hubiese esfumado y dejado no más un saco vacío y carente de expresión emocional- muchas gracias por tu ayuda.

Y al escucharse a sí mismo descubrió que algo estaba terriblemente mal. Absoluta, rotunda y terriblemente mal. Las emociones que él debía estar sientiendo debían ser las de Draco y la forma de comportarse de Draco era la propia de él… eso implicaba que la única explicación posible era…

-¡Diablos!